Utopía

—Abre los ojos.
Oigo una voz a mi lado que me habla pausadamente. Mis ojos pasan lentamente de la oscuridad absoluta a una tenue claridad. A mi lado una hermosa mujer a la que reconozco perfectamente: Eva, mi amor. El entorno no me resulta tan familiar…
—¿Qué tal te encuentras? –pregunta ella sonriendo.
—Bien, pero... ¿qué ha pasado? –respondo yo con otra pregunta, aturdido y desconcertado mientras me siento en la cama.
—Son efectos adversos de la vacuna –dice Eva.
—¿Vacuna? –repito, extrañado.
—Si, la llaman así pero es ARN modificado que provoca un cambio a nivel sistémico. Se copia en una célula, lo que provoca un efecto en cascada en la fabricación de la enzima telomerasa, y se adhiere a los telómeros en el ADN de todas y cada una de tus células, lo que nos otorga una larga vida. Como el cambio puede resultar algo desagradable al ser tan rápido, te han sedado hasta completar el cambio.
Mientras lo cuenta me levanto y acerco a la ventana. No reconozco dónde estoy ni lo que veo. Pequeños vehículos con capacidad para una o dos personas se mueven ágilmente por el aire, los edificios y casas tienen una especie de pintura extraña en los tejados y paredes, y en el suelo hay pequeños caminos rodeados de hierba, arbustos y árboles.
—¿Qué es todo esto? –algo tenso y nervioso, busco una respuesta a mi desconcierto–. Lo último que recuerdo es hablar contigo sobre las tristes y desesperantes noticias de la pandemia, la gran guerra que se nos avecinaba y conducir el coche hasta la clínica.
Eva me mira tranquila.
—Es normal que no reconozcas nada al principio. Es un efecto secundario a causa del ARN. La primera cepa se consiguió de una persona en el primer cuarto del siglo XXI, y por razones desconocidas la impronta de la donante ha permanecido, de ahí tu confusión. Pero en unos días empezarás a recordar.
Eva observa mi expresión de desconcierto.
—Tranquilo, nos ha pasado a todos y seguirá ocurriendo, pero gracias a ese efecto secundario la guerra inminente nunca tuvo lugar, porque los primeros receptores fueron los grandes mandatarios y experimentaron el malestar que tú sufres ahora. Por primera vez se unieron por la paz y la salud mundial. Con el tiempo prácticamente han desaparecido los conflictos bélicos de la faz de esta Tierra, aunque no puedo decir por completo. La violencia es intrínseca al ser humano, pero estamos en ello poco a poco –dice ella sonriente.
—¿Esta Tierra? –pregunto, consciente del modo en que ella lo había dicho.
—Si –responde–. Cambiar los recursos bélicos hacia la paz ha llevado a un desarrollo rápido en muchos otros aspectos además de la medicina, como la navegación y la colonización espacial. Encontrar planetas como el nuestro y llegar a ellos ya no son problemas sin solución, y por tanto la superpoblación ya no existe. Somos grandes colonizadores. Por tu cara de extrañeza al mirar por el ventanal, creo que debo recordarte que junto con el viaje a grandes distancias hemos desarrollado la gravedad artificial y la capacidad de crear campos antigravedad, lo que facilita el desplazamiento y reduce la contaminación a cero, además de permitirnos eliminar las vías terrestres para vehículos...
—Entonces… –interrumpo.
—Entonces ahora tenemos más espacio para la naturaleza, la generación natural de oxígeno y el filtrado del dióxido de carbono aunque, para ayudar, cada una de las viviendas tienen un sistema de reciclaje de toxinas ambientales porque, a pesar de todos los avances, la contaminación generada hasta mediados del siglo XXI ha sido suficiente como para estar descontaminando durante varias generaciones la atmósfera. En cuanto a los elementos que rodean las casas y edificios, no son más que un polímero de carbono y bacterias que con el rozamiento de una simple brisa de aire ligeramente húmedo genera electricidad suficiente para el consumo diario de cada hogar.
—¡Me parece increíble! –exclamo con los ojos como platos–. Y también me parece que me lo estás explicando formidablemente –recalco.
—Si, aunque tú ya lo recordarás –dice–. Me dedico a esto cada día. Mi misión es que las personas tengan una transición tranquila tras la “vacunación” y que se adapten hasta que empiezan a recordar de nuevo.
—Me siento como en una realidad futura, una utopía. Eva, ¿realmente es cierto todo lo que me cuentas?
—Es cierto mientras tú quieras que sea cierto –responde, críptica.
—No entiendo… ¿Cómo que mientras yo quiera que sea cierto? —pregunto mientras mi mente se obnubila y una sensación extraña me atrapa.
—Para cambiar tan solo hay que proponérselo y no ver pasar el tiempo mientras todo se destruye y nadie se mueve para arreglarlo...
¡¡¡¡¡Biiiip, biiip, biiiip!!!!!
—Las 7:32 –protesto–. ¡Maldito despertador!
“Tal vez sea hora de empezar a cambiar y ayudar al planeta”, pienso.
—¡Arriba!
  • Hits: 41

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN