Relatos

  • ADULTO

    ¡Cuidado maestra!

    ¡Cuidado maestra!

    La maestra Isabel camina todos los días desde su casa hasta el colegio. A paso ligero transcurre 2,5 Kilómetros. El médico le recomendó esta opción al ver que sus piernas mostraban señales de cansancio. ¡Claro! Como algunas maestras, prefiere estar de pie por muchas horas. Su grupo de estudiantes así la describen: “la profe es un trompito, da muchas vueltas”, “está atenta a todo, se acerca a ti cuando te ve triste”, “ella no pasa indiferente ante alguna mueca de duda”.
    La maestra estudió las opciones para su traslado. Por el subterráneo era imposible. Esperaba más de 30 minutos el vagón y, por lo general, cuando los abordaba se encontraba con una sorpresa calurosa. No tenían aire acondicionado. Con la concentración de numerosos usuarios aumentaba la temperatura y rápidamente sudoraba. La distancia entre personas era menos de 10 cms. Imagínense esa escena. Cuando llegaba a la escuela siempre la veíamos consumir mucha agua y un poco agotada. Aún así, no descuidaba su presentación. Con cierto disimulo la observábamos mientras arreglaba cuidadosamente su traje.
    La camisa blanca, la falta larga y los zapatos negros forman parte de una tradición de sus antepasados de maestras. Le dan comodidad y confort, así puede compararse con un trompito al estar muy activa caminando de un lugar a otro. Y ¿cuáles zapatos usa? ¿de goma? No, de medio tacón (2 cms). Le da equilibrio entre la parte delantera y el hueso del talón.
    Gracias al uso de Google Maps Isabel revisó las calles, escogió la vía en forma de hipotenusa para llegar más rápido. ¿Lo recuerdan? Aquella clase de Matemática en la cual nos hablaron de Pitágoras. Esa fórmula la aplica diariamente. Más allá de disfrutar su uso, también ha aprendido a cuidarse de aquellas conchas de cambur, dispuestas en el piso que, de forma irresponsable algún consumidor olvida.
    El viernes de la semana pasada mientras iba en el coche de mi papá la vi. Ella estaba cantando, extasiada con los aromas de frutas y colores del local de la esquina. Se resbaló, al tiempo que grité: ¡Cuidado maestra! Inmediatamente acudieron a mi llamado unos señores y la ayudaron a estabilizarse. La maestra Isabel había perdido el equilibrio, ya no estaba su cuerpo en forma vertical, se acercaba al piso. Ella un poco apenada se ruborizó. A mí también me sucede eso. ¡Claro! ¡Por motivos diferentes! Cuando hago alguna travesura en clases y me llaman, siento cómo mis mejillas comienzan a hervir. Leí en Internet que es algo natural, le sucede a muchos animales, solo que a nosotras nos ha pasado porque estamos conscientes del impacto de nuestras acciones. La maestra pudo caerse y lastimarse.
    Así que querida maestra, siga caminando. Conoce más esta ciudad que muchos geógrafos y urbanistas. La saludan con respeto y no deja de llegar puntual al colegio.

    ¡Estado de alarma!

    ¡Estado de alarma!

    ¡Estado de alarma! Gritó la resistencia. La ofensiva había llegado al pulmón y los destrozos comenzaban a adquirir una magnitud considerable. El desconocido enemigo, miembro de la familia Coronaviridae, apareció asegurándonos que únicamente venía a reproducirse y que no tenía intención de hacernos daño.
    No obstante, en cuestión de muy poco tiempo, había conseguido invadirnos y obligarnos a trabajar en su propio beneficio. ¿Cuál fue nuestro error? Uno de nuestros receptores, ACE-2, regulador de la presión sanguínea, confió en la proteína “Spike” del enemigo. Encajaron bien y le dejó pasar. ¡Qué fallo!

    Pero nosotros estábamos acostumbrados a este tipo de ataques y, en cuanto detectamos el peligro, pusimos a trabajar al sistema inmunitario innato. Este sistema de defensa estaba habituado a reaccionar de manera rápida y eficaz ante este tipo de agresiones. Así, sus diferentes componentes (sistema interferón, macrófagos, células asesinas, …) empezaron la batalla.

    Todos luchamos con valentía… incluso algunas células se sacrificaron en el proceso, tratando de contener el ataque del enemigo. Con un poco de suerte, esta lucha le otorgaría al organismo el tiempo necesario para preparar la otra respuesta inmune, más específica y potente.

    No obstante, lejos de mejorar la situación, la defensa lo empeoró todo. ¿La causa? Los macrófagos, en su intensa lucha, se excedieron produciendo a sus mensajeros, las citoquinas, lo cual acabó desencadenando un descontrol general del sistema inmune. Los daños en los pulmones fueron masivos y la enfermedad, bautizada como COVID-19, empeoró. Pero no estamos aquí para buscar culpables, si no para relatar los acontecimientos tal y como los recordamos.

    Mientras tanto, en otro frente, la artillería pesada se iba preparando y, en cuestión de días, el escuadrón conocido como inmunidad adquirida, estaba listo para continuar defendiendo al organismo. Así, los soldados linfocitos, unas células específicas, consiguieron elaborar la mejor arma contra cualquier virus, los anticuerpos. Los primeros anticuerpos en ser lanzados fueron los IgM. Aunque estos fueron los más rápidos de elaborar por los linfocitos y ayudaron mucho en la batalla, la guerra no se acabó hasta la llegada de los IgG. Estos últimos fueron los más potentes, los más específicos. Los responsables de nuestra victoria.

    Joan ya se encontraba mejor. A sus 65 años, había acudido el pasado marzo al hospital para que le realizaran una operación de próstata. Días después, comenzó a tener fiebres altas, dolores de garganta, opresión en el pecho y, lo peor, sensación de ahogo.

    Tuvo que ser ingresado. Pasó varias semanas en la UCI, en un coma inducido y respirando a través de una máscara de buceo, la cual, ante la falta de material sanitario disponible, se había improvisado como respirador. No pudieron visitarlo ni sus familiares ni sus amigos. En todo ese tiempo, sus células no dejaron de luchar, no dieron la batalla por perdida.

    Hoy, con lágrimas de alegría en los ojos y un aplauso por parte de todo el equipo médico que le había estado acompañando y ayudando, abandonaba el hospital. Sujetaba en la mano izquierda los resultados de una prueba, la PCR, que había dado negativa. El resultado indicaba que el virus, apodado SARS-COV-2, había sido eliminado de su cuerpo. Así, Joan pasaba a contar como uno más de los miles de curados que habían sufrido la pandemia.

    Otro aplauso, más pequeño pero igual de intenso, se producía en su interior. Lo daban cada una de las células que habían sobrevivido, luchando intensamente hasta vencer al enemigo. Eso sí, sin bajar la guardia, a la espera del siguiente enemigo. Siempre en estado de alarma

    ¿Cuál es la pregunta?¿Qué es la pregunta?

    ¿Cuál es la pregunta?¿Qué es la pregunta?

    “Quiero saber más. Porque siempre siento que me golpeo con resquicios de la información importante. Algo parecido debió pasarle a Augusta Pelayo cuando buscaba las causas del deterioro de sus preciosas plantas de jardin.” Estas son las palabras de una de las alumnas más prometedoras en el campo de las matemáticas aplicadas de la Univesidad de Berkley.
    Al cabo de los años la pregunta se combirtió, mutó, regeneró: ¿Qué más quiero saber?
    Montones de campos se levantaban ante sus ojos , excitaban sus oídos o fascinaban sus pensamientos. ¡Qué desdicha la del tiempo! Nunca podría aprenderlo todo o al menos no se había podido hasta ahora. ¿Habría una forma de hacerlo?, ¿cuáles serían las consecuencias?.
    El tiempo, el acceso restringido a la información científica y sus limitaciones como ser humano le obsesionaron más y más a la vez que su temor por escoger la opción equivocada. Nunca tubo muy claro hacia qué campo científico dedicar sus esfuerzos. Cada cierto tiempo sus pensamientos la confundían y sus sensaciones variaban vertiginosamente.
    Sin embargo, pronto se dio cuenta de problemas estructurales en el funcionamiento de la sociedad. Problemas más importantes que los suyos.Y es que, a pesar de la ciencia, su comunidad, sus avances, no siempre se tenían en cuenta a la hora de tomar decisiones.
    En resumen, una de las alumnas más prometedoras de la Universidad de Berkley no sabía que decisión tomar y los agentes poderosos de la sociedad tomaban sus decisiones sin tener en muy en cuenta a la ciencia.
    ¿De qué servían todas esos datos si nunca se atenderían? Fue entonces cuando cambió su pregunta, ¿cómo superar la frustración de una verdad no escuchada? Si ella podía hacer algo, nadie lo sabía y, menos aún, ella misma.
    Sabía que tenía que imaginarlo primero para poder encontrar su solución. Y, todo ello, sin olvidar que no era más que una persona. Ahí estaba, debía buscar, animar a otros a moverse para una sociedad en la que los hallazgos científicos, tanto los pequeños como los más rimbombantes, eran escuchados o al menos tenidos en cuenta. Pero, ¿acaso tenía ella madera de líder? O si en lugar de ello escribía un libro, un buen libro, o una canción. Decían que la música unía a la gente.
    Por el momento, lo que haría sería convertirse en una ciudadana informada y, si le faltaba información, encontraría la manera de acceder a ella.

    ¿Y si a Einstein le hubiera pillado el confinamiento?

    ¿Y si a Einstein le hubiera pillado el confinamiento?

    Nuestro querido amigo Alberto se encontraba en una oficina de patentes de Zurich cuando se dió cuenta de que algo no olía bien en la recién publicada teoría electromagnética de James Clerck Maxwell. Acababa de terminar la carrera y se encontraba viviendo con su pareja Mileva Maric. ¿Cómo sería la física si, en ese momento, le hubiera pillado el Covid-19?

    Cualquiera pensaría que todo se hubiera retrasado unos años pero posiblemente habría sido justo al revés: el joven Alberto investigaba en su casa con la ayuda de su pareja, por lo que un poco de confinamiento simplemente hubiera acelerado las cosas. Encerrado en su hogar, sin necesidad de ponerse a la velocidad de la luz, Einstein se hubiera dado cuenta de que el tiempo no solo se ralentiza cuando no puedes ver a tus seres queridos.

    Básicamente Einstein entendió que la velocidad de la luz no depende del observador: es irrelevante si está quietecito en su casa o si está volando en un avión a la otra punta del mundo. Pero claro, si la velocidad, una magnitud que se calcula dividiendo el espacio recorrido en una unidad de tiempo, no cambia… entonces, dependiendo del caso, no sólo se alteraría el estado anímico de los observadores, si no también el espacio y el tiempo que observan. Evidentemente muchos de los coetáneos de Alberto, cansados del confinamiento, hubieran pensado ¿y eso a mí que más me dá? Sin embargo la relatividad especial, nombre con el que se conoce esta teoría, sí que importa y mucho, pues era la puntilla que le faltaba a electromagnetismo de Maxwell. Ahora sí que era del todo correcto.

    Alberto dió un paso en la liga de la física y por fín consiguió un trabajo en la universidad y entrar en los círculos más selectos, cosa que sin duda no hubiera ocurrido en medio de un confinamiento. Eso sí, quizás tampoco hubiera acabado divorciándose de Mileva ni trabajando en un Berlín en el que el antisemitismo se contenía como si estuviera en una olla a presión. Sin embargo, es seguro que Einstein hubiera seguido dándole vueltas al problema de la relatividad, es más, posiblemente su obsesión se hubiera manifestado incluso antes sin tanto entretenimiento.

    Y es que hay dos teorías de la relatividad, la especial y la general, siendo la primera un caso particular de la segunda. Resulta que en la propuesta de 1905 el espacio-tiempo no se podía curvar, puesto que no incluía observadores acelerados. Por lo tanto estaba pendiente una tarea relativamente simple, había que generalizar la teoría y estudiar cómo se curvaba el espacio-tiempo al añadir la aceleración, pero Einstein no se caracterizaba por su sencillez y se sacó un conejo de la chistera que lo complicaría todo para siempre.

    Alberto se dió cuenta de que la gravedad y la aceleración son fenómenos indistinguibles, ¿cómo saber, dentro de una caja, si estás cayendo y es un ascensor, o si te está transportando un repartidor de Deliveroo? Darse cuenta de eso era lo más difícil, lo siguiente era solo una conclusión: si la aceleración tenía la capacidad de curvar y el espacio-tiempo y la gravedad es equivalente…¡la gravedad también cuerva el espacio-tiempo! Einstein había encontrado otra forma de acortar y dilatar el tiempo, la materia, y en especial los planetas y estrellas tienen esa capacidad. ¡Y si no que se lo digan a los milimétricos GPS!

    Hasta ahora el confinamiento no hubiera afectado mucho al transcurso de la historia, todo habría más o menos como ocurrió. Sin embargo la nueva relatividad general requería de unas matemáticas muy modernas que Einstein desconocía. En la realidad Alberto tiró de contactos que le ayudaran, pero ¿podría haber hecho eso mientras estaba encerrado en casa? Y más aún, esta teoría la demostró un inglés -al fotografiar un eclipse- saltándose las restricciones de la 1º Guerra Mundial, pero ¿hubiera podido Eddington llegar a la isla del Príncipe, situada tras el cuerno de África, de encontrarse en medio de la pandemia provocada por el Covid-19?

    La conclusión a la que llegamos es que el dichoso virus hubiera evitado la publicación de la relatividad general, a la que un Alberto aislado no habría llegado. De esto se deduce que sin Einstein y sin ayuda aún seguiríamos sin saber que las masas curvan el espacio-tiempo. Aunque tampoco necesitábamos colocarnos en una situación tan estrambótica para saberlo.

    "Por culpa de la O"

    "Por culpa de la O"

    En aquella pizarra el batiburrillo montado por los números era caótico.
    El profesor de Matemáticas era proclive al despiste; no se daba cuenta de lo que estaba pasando a sus espaldas, mientras les explicaba la “Sucesión de Fibonacci”.
    El ejemplo para una mejor comprensión de sus alumnos se descontroló; los números cobraron vida; sin que el profesor se enterara, tropezaban sin encontrar su posición. Los alumnos, contemplaban el jolgorio de la pizarra sin dar crédito a lo que veían.
    Algunos números daban vueltas sin sentido, otros se llevaban las manos a la cabeza, los más avezados se juntaban en corros intentando descubrir el porqué del desbarajuste. Nadie entendía cómo era posible que ninguno encontrara su lugar; se sabían de memoria lo que la “Sucesión” significaba, es más, llegó un “gran número” en un carromato, desde el cuasi infinito muy contrariado, hasta tan lejano espacio matemático llegó la algazara. Venía dispuesto a exigir responsabilidades.
    Antes de que el batiburrillo fuera descubierto por el profesor; una voz metálica desde secretaría reclamó a Don Lorenzo, así se llamaba el matemático, salió sin ser consciente de lo que sobre su pizarra se estaba cociendo.
    Entonces los alumnos se acercaron a la pizarra, pero no entendían el lenguaje de los números, ni entendían la algarabía que surgía del encerado, por supuesto ninguno de los muchachos era ducho en la “Sucesión de Fibonacci”, estaban aprendiendo y no entendían aquel desconcierto.
    La discusión entre el “gran número” y los demás era poco racional; que entre tanta racionalidad de los números presentes, suponía un gran contrasentido.
    Contribuyendo al desconcierto, se abrió de golpe un ventanal; apareciendo un fractal con forma de brócoli, a modo de escalera, que desde el finito, llegaba al aula.
    Por la escalera, con solemnidad propia de otros tiempos, descendía un honorable anciano, barba encanecida, conocido como Leonardo de Pisa, flanqueado por eruditos de la corte del Emperador Federico II de Sicilia, y de talento reconocido, como Teodoro de Antioquía y Juan de Palermo así como nobles de ninguna importancia histórica.
    Al llegar al aula, el silencio se hizo entre números y alumnos, estos ni sabían quiénes eran los aparecidos, pero entre los números el “gran número”, con la sabiduría que su longitud le concedía, gritó, alegre por reconocer al noble anciano, Leonardo, “¡Signore Fibonacci!”, “¡Signore Fibonacci!”, los números reconocieron a su descubridor y le preguntaban, sin orden, con la misma irracionalidad de que estaban haciendo gala hasta el momento, donde estaba el origen del desconcierto.
    ─Silencio numerales─. Mandó con voz de quien se sabe dueño de sabiduría Leonardo.
    ─Vos─, señaló al “gran número”─, decidme que pasa.
    ─”Signore”─, hemos venido a pedir explicaciones a estos números, incapaces de comenzar vuestra “Sucesión”.
    Hizo una pausa propia del que se cree importante y continuó:
    ─ Nadie de estos estafermos sabe a qué se debe que no se puedan ordenar como es necesario para comenzar vuestra “Sucesión”.
    La cara del maestro fue de resignación. Quien tanto conoce a los números sabía de su locura si no se tenían los principios claros. Mirando la pizarra, descubrió de donde provenían tantas torceduras de razón. Recompuso el gesto con sonrisa benévola y comenzó a solucionar el entuerto.
    ─ Vos, gordito─, señalando al cero que no se movía del comienzo de la Sucesión─, id por dónde habéis venido, nunca seréis número, solo sois una letra, la “O”─. Todos quedaron atónitos por tan grave descuido.
    La “O”, cuya frustración quedó patente, su sueño oculto era ser un cero, se fue rodando.
    ─Señores, id y buscad al cero─. Dijo autoritario.
    Los “unos”, como primeros y más sensatos buscaron por la pizarra, hasta que en un rincón, estaba durmiendo, acurrucado, al envaguecido “cero”. Los “unos”, muy enfadados, a empellones le despertaron, vieron que era el “cero”, que somnoliento se desperezó de su largo sueño, en volandas, casi arrastras, lo llevaron al primer lugar de la “Sucesión”.
    No tuvo el sabio que decir más, tornaban a sus certezas; el cuasi infinito se fue, no sin antes despedirse de su “Signore”.
    El “0” ocupó su puesto, los dos primos llegaron y los dos “1” se situaron. Vino luego “Don Par” y el “2” ocupó su lugar, fue el turno del segundo primo que más lejano se colocó, era el “3”. Recordando la cadencia llegaron el “5”, el “8”, el “13”, el “21”… Viendo el venerable anciano que recobraron la cordura, y conociendo que la “Sucesión” es cuasi infinita, Leonardo se alejó sonriendo por el fractal por donde llegó, seguido por el mismo orden en que bajaron los miembros de la noble comitiva.
    Al volver el profesor a su aula, todo estaba en su lugar, el ejemplo bien ejecutado y sus alumnos, prefirieron no hablar, no sabían si fue un sueño…o quizás una mala digestión.

    **tejido neuronal**

    **tejido neuronal**

    **TEJIDO NEURONAL**





    Consideremos una red neuronal cualquiera...siempre en funcionamiento, siempre requiriendo un módulo de energía distinta para cualquier variación de tiempo infinitesimal. Una especie de aplicación biyectiva uno a uno, es decir, estímulo1-red neuronal formada1,
    estímulo2-red neuronal formada2, etc. Acción-reacción, impulso-movimiento, estímulo-reacción,....y para múltiples estados neuronales a la vez.
    Anticipo para cada par, unas redes neuronales formadas no solapables para no sólo un mismo estímulo, sino para estímulos diferentes también. Una estricta biyectividad. Parecería, de este modo, que tenemos una red redundante...
    Un cerebro finito, como el nuestro, exige de una plasticidad discreta.
    Trabajemos, entonces, con una red neuronal formada eficiente, por tanto energía mínima funcional (por definición), discreta ó cuantizada para cada estímulo de entrada.Pero lo suficientemente eficiente para inducir un cambio que tú puedas racionalizar. Imaginemos que dicho cambio lo somatizas, pasa por tu sistema límbico y se activa el circuito de la recompensa. ("cambio a mejor por definición"). . Y es que el cerebro aprende. Se optimiza. Se hace más eficiente cada vez. Se retroalimenta eficientemente. Sí, quiero creer que sea así. Ahora una nueva red puede requerir distinta energía para dos estímulos iguales. Pero, en realidad, lo importante no es cuantificar cuánta energía se aporta, sino que la tasa de absorción del circuito neuronal sea la máxima posible. Queremos acercarnos a un circuito lo más idealizado posible. Es como querer que trabaje a su frecuencia de resonancia natural. La más eficiente.
    Y quiero notar ese cambio.Pero...¿cómo ir más allá?.¡¡¡ Quiero, para cada estímulo, un gradiente de cambio máximo (positivo) para una cuantización mínima de energía !!!. Quiero optimizar al máximo esa red.
    Mejor...quiero un cambio lo suficientemente eficiente como para crear una red neuronal formada-energía entrada mínima-estímulo, retroalimentándose infinitamente para cada estímulo de entrada pero cada vez más optimizado. En definitiva, quiero que mi cerebro APRENDA. Por analogía....quiero crear un algoritmo absolutamente recursivo que aprenda por sí mismo (que sea llamado desde el programa principal de una manera recurrente).Y esté en proceso de cambio (se transforme) siempre; que cada vez que sea llamado, se creen sub-rutinas absolutamente necesarias para su auto-plasticidad,...y sea cada vez más eficiente.
    A más conocimiento, más anticipación. Impresionante!!!. Ahora no sólo busco su idealización sino también quiero proveerme de información (posible) de un suceso que todavía no ha tenido lugar. De esta manera me quiero anticipar...Y a eso lo llamo yo un cerebro creativo...Ahora ya mi cerebro se siente mejor...yo me siento mejor...Es ese gradiente (variación máxima idealizada) de somatización lo que busco: " gradiente de cambio máximo para una cuantización mínima de energía con tasa de absorción la máxima posible con retroalimentación absolutamente positiva (de más a mejor a lo máximo).
    Quiero pensar en toda una red neuronal como una gran señal de "ruido blanco" formada por todas las frecuencias a las que puede resonar no sólo un
    sub-circuito neuronal ya formado sino uno todavía sin formar. Infinitas, por tanto, frecuencias para infinitos estímulos de entrada. Todo esto bajo el paraguas de un cerebro absolutamente finito. Increíble...se escoge un determinado estímulo para una determinada energía cuantizada operando a una determinada frecuencia de resonancia...y el cerebro aprendiendo de sí mismo...por analogía...como un robot autoreparándose (cambiando, siendo plástico, anticipando...).
    Sólo dependo ya de mi mismo: soy autosuficiente. La semilla ya está echada....un sistema que intercambia energía (en realidad no idealizado) pero...qué importa...
    Ahora quiero ir más allá: partir de un estímulo endógeno (creado por mi mismo de una manera consciente) y evaluar su respuesta...quiero desbocar a mi caballería ingente de neuronas a cabalgar al son de mi fusta de mando...al trote, al galope, a la máxima carrera...
    Quiero inducir mi maquinaria neuronal a un estado máximo de gradiente de excitabilidad...quiero abrir las puertas del infierno y coger lo que no me
    pertenece, quiero tentar al diablo... quiero rasgar el espacio y crear un universo nuevo...yo anticipo las reglas de este nuevo juego: el de una nueva vida, el de una potenciabilidad infinita. Ahora el gradiente de cambio tiende a infinito...impresionante!!!.Dios!!!...lágrimas de emoción...anticipo un nuevo ORDEN: el mío. Sí,quiero lograrlo, alcanzar la plenitud de mi pluripotencialidad...y quiero morir para volver a nacer. Para decirme a mi mismo: yo lo intenté: fué mi voluntad. Quise romper las cadenas que esclavizan los sentidos. Quise pasar por el infinito...desafiar a un Dios distraído...
    Quiero pensar que ahora ya sé de un cerebro idealizado. He tenido la oportunidad de conocerlo. Sé hasta dónde puedo llegar yo. Ahora conozco mis propios límites. Ahora me conozco mejor.
    Ahora mi meta tiende a alargar ese gradiente de variación de cambio lo máximo posible para cada situación determinada. Y hacerlo de una forma anteriormente aprehendida y de una forma plástica cada vez mejor y más eficiente. Quiero pensar en eso. Una meta cada vez más ambiciosa. Lo puedo conseguir.
    Así quiero para mí, mi cerebro.

    Pseudónimo: Javier Gollés.








    12 de Enero de 2523

    12 de Enero de 2523

    Eran las 6 de la mañana y el calendario holográfico mostraba una fecha como otra cualquiera 12 de enero de 2523, un día como cualquier otro en aquella casa polvorienta. Hacía mucho tiempo que el viejo Alfred había dejado de usar los sistemas de limpieza robóticos, nunca le habían gustado y mucho menos ahora, en su senectud. El despertador comenzó a sonar, nadie podía creer que él todavía usaba esos viejos cacharros de antaño. El gran proyector de hologramas que tenía en frente de su viejo sillón, también de antaño, comenzó a desplegar imágenes una tras de hora y las noticias del día se sucedían una tras la otra. Cuando era pequeño las cosas eran diferentes. Podía recordar el olor de la lluvia recién caída, del café recién hecho que tomaba su abuela y del olor de los pocos libros que aún quedaban. Como el mismo había aprendido en sus años de juventud, en las primeras décadas del milenio había unas expectativas muy altas con respecto a la medicina regenerativa, pero a veces la historia tiene otros planes y esos avances jamás se produjeron de la forma en la que los científicos de entonces esperaban. Sin embargo, el bueno de Alfred tuvo tiempo para conocerlos y beneficiarse de ellos. Nadie lo diría, pero él ya llevaba unos 200 largos años caminando por este mundo, y poco a poco se había cansado de hacerlo. Lo primera primera cosa que falló fueron sus pulmones y también lo primero que pudo sustituir por obra y gracia de la ciencia, le siguieron sus ojos, después su corazón. Y así, poco a poco, los científicos fueron reconstruyendo el cuerpo de Alfred que parecía no querer dejar de funcionar nunca. Siempre le había poseído un gran ansia de permanecer joven para siempre, sin embargo hacía ya unos cuantos años que se había cansado de eso. El paso de los años, de la vida, los dolores de perder a otras personas y de ver como su mundo se encogía le hicieron perder los motivos que le habían llevado a tener un cuerpo cultivado en el laboratorio poco a poco. En su juventud, todavía existían los grandes campos, las montañas y no aquellas ciudades levantadas sobre el mar que la humanidad se empeñaba en llamar "su casa" desde que empezaron las inundaciones. Antes todo era mejor, más auténtico, decía. Pero lo que peor llevaba era la herida de sentirse culpable, de que otros no hubieran podido reconstruir su cuerpo. Le apenaba ver morir a los niños porque sus padres no tenían dinero para unos pulmones, una tráquea, un intestino nuevo. Era todo tan raro. Aquella sensación de vacío le había llevado a tomar una decisión drástica. Comenzó a rechazar las mejoras, la terapia génica, los injertos, los miembros biónicos y poco a poco, pero en paz, se dejó ir. Así que esa mañana tomó una decisión en el silencio de su casa, el sabía que le quedaba poco tiempo. Apagó el sistema, se desconectó de las baterías y se sirvió su último café; se sentó en su viejo sillón, cerró los ojos y nunca más volvió a abrirlos. Así que esa mañana cualquiera que parecía una mañana cualquiera para el resto de la humanidad fue su última mañana. Lo que nadie sabe, es que él, después de ese sorbo, de ese último aliento, expiró con la más amplia sonrisa, con la mayor felicidad por lo logrado, por lo vivido, por lo recordado y, en definitiva, con todas esas pequeñas cosas que le permitían ser humano.

    20 años, más o menos

    20 años, más o menos

    Siempre he fardado de buena salud.

    Nací y crecí sano y robusto. Y en mi edad adulta, siempre he recibido mi dosis diaria de calcio y el refuerzo de un poco de deporte.

    Pero jamás olvidaré aquella tarde. La calma se rompió cuando las fibras amigas del cuádriceps se tensaron a mi alrededor, haciéndome pisar el freno con fuerza. Enseguida supe que algo no iba bien. Un fuerte chirrido sonó producto de un derrape y, a continuación, oí el grito de terror de mi humano. Después todo fue sangre y confusión.

    “Varón. 28 años. Fractura de cadera .”

    Luces blancas, personajes verdes. Sentí cómo mi humano se dormía. Pensé que era el fin, pero ¡qué va! ¡¡Peor!! Eso fue una carnicería: cuchillas, pinzas y otros utensilios de metal se colaron por ahí. Pero lo peor vino cuando, a la orden de “pasadme el vástago”, colocaron a un señorito de metal dentro de mí usando sierras y martillos.

    “Tenía usted la cabeza del fémur destrozada y le hemos tenido que poner una prótesis completa de cadera. Pero no se preocupe, la operación ha ido bien.”

    ¿Bien? ¡Mis osteocitos! Después de aquel día, ya no soy el mismo. Aquel gentleman se me presentó educadamente. Encantado, mi nombre es Don Titanio, creo que dijo. Yo estaba dolorido y aturdido y, al principio, hasta me cayó bien. Pensaba que estaba ahí para echarme una mano, alivianarme las cargas y esas cosas... pero no. O por no menos no como yo pensaba, porque a mi colega humano se le notaba muy feliz.

    “La osteointegración está siendo todo un éxito.”

    Yo, por supuesto, ni sabía lo que significaba. Ya habían pasado unos cuantos meses desde el accidente, pero aquel esbelto gentleman todavía seguía ahí y parecía no tener intención de irse. A mí la vida se me hacía cada vez más monótona. Seguía teniendo mi dosis de nutrientes diaria, pero ya todo me parecía insípido. Echaba de menos sentirme a prueba con el deporte semanal que practicaba mi humano. Yo sabía que él seguía yendo a pádel, pero no me llegaban esas vibras que antes me hacían sentirme fuerte y vigoroso. ¿Qué pasaba? Don Titanio era el único que parecía disfrutar con esas sesiones. A él, al contrario, se le veía rígido y radiante. Con los años, entré en depresión. Pero Mamá Organismo no supo ver eso, sino que me tachó de holgazán y mandó a los osteoclastos a que me deshicieran. Es que eres un vago, ya no trabajas, me decía. Don Titanio, mientras tanto, me miraba con superioridad. Y yo cada vez más triste.

    Un día empecé a sentirme muy débil y Don titanio pareció desprenderse un poquito. Por un lado me alegré, ¿se largaría ya, por fin, este impresentable?, pero por otro lado, dolía horrores. Y parecía que a mi humano también.

    “Verá, lo que le pasa a usted es sufre un aflojamiento aséptico. Es una respuesta a largo plazo del cuerpo hacia las prótesis. Por eso es que las prótesis de cadera como la suya tienen una vida útil de unos 20 años . No, no tiene usted ninguna infección, por eso se llama “aséptico”. Y tampoco hay nada mal con la prótesis. Lo que pasa es que el titanio tiene un módulo de Young mucho mayor que el hueso. ¿Qué significa eso? Que, en cierto modo, el titanio tiene mayor capacidad de absorber las cargas mecánicas y esto hace que no se transmitan suficientes estímulos al hueso. Entonces, el organismo interpreta que este hueso “ya no sirve porque no trabaja” y lo deshace para aprovechar sus minerales en otras partes del organismo. Es una pena que la ciencia no haya conseguido hacerle frente todavía, ¡aunque están mejorando mucho! Están tratando de conseguir aleaciones de titanio con un módulo de Young similar al hueso, para que la transmisión de tensiones sea mejor…”

    ¡Con que era eso! ¿Lo oyes, Mamá Organismo? No era yo, sino Don Titanio. ¡Él era quien me había quitado las ganas de vivir!

    “…En su caso, la única opción es aguantar u operar otra vez. Sin embargo, el nuevo vástago será más largo para llegar a las zonas del hueso que todavía conservan suficiente densidad.”

    ¿Qué? Me quedé blanco como el marfil. No podía ser...

    Sangre, sierras y martillos. Encantado, soy el hermano mayor de Don Titanio, dijo.

    A la sombra de los gigantes

    A la sombra de los gigantes

    Atardece tras un largo día de finales de la estación seca en los amplios valles bañados por nacientes cursos de ríos que, dentro de 66 millones de años, serán los páramos de la formación geológica Hell Creek en Montana. Manadas de enormes Edmontosaurus, dinosaurios "pico de pato", se trasladan en una migración anual que tiene como destino la conocida como "colina de los huevos", un lugar apartado en que estos gigantes pueden depositar sus huevos y cuidar por un tiempo a sus crías. Al mismo tiempo, grupos de Triceratops y algunos de los acorazados y solitarios Ankylosaurus se acercan a los remansos de los ríos a beber agua fresca tras un día de comilona de helechos y cicadáceas. Otros dinosaurios aprovechan para comer a estas horas, si bien algo totalmente distinto a plantas. una hembra de Dakoraptor, el "guepardo del valle" ha capturado hace poco a un viejo Struthiomimus y alimenta a su única cría con los mejores pedazos de carne.

    Esta escena está siendo observada desde la copa de un gingko por una joven hembra de Purgatorius, un pequeño mamífero parecido a un roedor, que aprovecha la llegada de la noche para buscar insectos y bayas con las que alimentar a una prole recién nacida de cinco crías. Sus cachorros todavía no tienen las extremidades fortalecidas y sus ojos siguen cerrados, aunque el sentido del olfato ya lo tienen bastante desarrollado; sin embargo, en un ambiente tan peligroso, su supervivencia dependerá absolutamente de la destreza de su madre para conseguir alimento.

    Después de asegurarse de que sus crías están perfectamente de salud y el nido está completamente limpio, la hembra Purgatorius se prepara para una noche de caza y recolección. Lo bueno de esta época del año es que las angiospermas comienzan a desarrollar pequeños frutos rápidamente y algunos coleópteros son más activos de noche que de día por lo que la Purgatorius puede fácilmente introducir cuanta comida pueda dentro de su boca y almacenarla en abazones hasta que llegue al nido. Pero toda precaución es poca, y el oído de la pequeña Purgatorius está preparado para escuchar el más mínimo ruido extraño y tras atrapar una larva de luciérnaga, se percata del leve crujir de ramas secas en el suelo, lo que hace tirar a su presa y comienza a correr... efectivamente no estaba equivocada, un dinosaurio terópodo de una única garra en sus extremidades anteriores ha salido de la maleza para atrapar a la hembra.

    Ahora comienza una carrera por salvar la vida. La Purgatorius trata de buscar el árbol más alto para refugiarse, pero no se encuentra en el mejor lugar para esconderse, apenas hay helechos y el terópodo puede encontrarla con su olfato. Entonces, se topa con una gran roca sobre la que tal vez gane algo tiempo de escapatoria. Se sube a ella, pero el terópodo le sigue muy de cerca y con sus patas traseras, la lanza por los aires de una patada desde lo alto de la roca. Sin embargo, una vez que todo parecía perdido, la roca comienza a moverse, haciendo que el terópodo caiga, en realidad se trataba del lomo de un joven Tyrannosaurus solitario que, ante el escándalo montado, se despierta y comienza a perseguir al terópodo perseguidor. De nuevo, el cazador se convierte en la presa.

    La hembra Purgatorius logra escapar, no sin antes oír el temible rugido del gran depredador y un grito agudo del terópodo que le trataba de cazar. Tras una noche tan ajetreada, vuelve a su nido con lo recolectado para dar de comer a sus crías y echa un vistazo por el hueco del nido para ver el amanecer de un nuevo día, que aprovechara para descansar, mientras los reptiles gigantes comienzan a despertar.

    A través de mí

    A través de mí

    Tras años de duro trabajo, el grupo de investigación liderado por la prestigiosa neurocientífica Susana Torres estaba consiguiendo algo realmente increíble y sin precedentes. Gracias al aparato que habían diseñado y construido allí mismo, eran capaces de interceptar los impulsos nerviosos del cerebro de una persona mientras dormía y llevarlos hasta otro cerebro. Parecía ciencia ficción.
    Para llevarlo a cabo, eran necesarias dos personas, el soñador y el transductor, ya que las señales eléctricas obtenidas del soñador precisaban de otro cerebro para poder ser descifradas. Además, ambos debían estar dormidos para que la conexión funcionará sin interferencias. De esta forma habían conseguido presenciar los sueños de distintos sujetos en nueve de las diez pruebas que habían realizado hasta el momento. No obstante, la investigación no acababa ahí. Tenían reservado un as bajo la manga. Algo que de desarrollarse con éxito pondría su trabajo junto con los grandes descubrimientos científicos de la historia. Aún quedaba probar la máquina con un sujeto muy especial.


    El día había llegado. Aparentaba alguno menos de los 37 años que reflejaba su informe. Quizás por las gafas de sol que le cubrían los ojos. Vestía una camiseta del grupo estadounidense R.E.M. La científica se preguntó si la elección de la camiseta había sido casual o no. Venía acompañado por una mujer mayor que lo llevaba agarrado del brazo.
    —Hola, usted debe ser la doctora Susana Torres, ¿verdad? —se adelantó la anciana.
    —Correcto, y usted la madre de David supongo.
    Se saludaron con un apretón de manos.
    —David, saluda a la doctora.
    El chico extendió el brazo y ésta le correspondió con un nuevo apretón.
    —Encantado David, ya teníamos ganas de conocerte.

    David es ciego de nacimiento. Su cerebro nunca ha visto una imagen. Sin embargo, Él asegura que cuando sueña ve cosas. Aunque las personas que se han quedado ciegas a lo largo de su vida sí que lo experimentan, la ciencia no contempla esa posibilidad para los que nunca han tenido la capacidad de ver. Se limitan a escuchar voces, experimentar sensaciones relacionadas con el tacto e, incluso perciben olores y sabores detectados con anterioridad. Pero nunca un recuerdo visual. Por todo esto, el caso de David es casi único en el mundo y en cuanto supieron de su existencia se pusieron en contacto.
    Aunque hay consenso en que una persona como David no puede soñar imágenes porque su cerebro nunca ha visto ninguna, cabe la posibilidad de que el propio cerebro genere por sí solo imágenes visuales. No obstante, la situación está condicionada por un hecho inherente a la propia naturaleza del problema: cómo puede saber si ve o no, una persona que no sabe lo que es ver. Incluso si viera imágenes y colores, ¿cómo sabría reconocerlos? El propio David, que afirma con total seguridad que ve algo en sus sueños, se muestra incapaz de describirlo. Pero, ¿qué ocurriría si alguien que sí ha tenido experiencia visual previa fuera capaz de experimentar esos sueños? ¿Sería capaz de confirmar la presencia o no de imágenes? ¿Podría entenderlas y darles algún sentido? Y lo más importante, qué información se podría extraer sobre el órgano más desconocido de nuestro organismo: el cerebro.

    David y su madre fueron conducidos hasta el laboratorio donde estaba el sorprendente instrumento. Uno de los científicos comenzó, entonces, a explicarles cómo se iba a desarrollar el experimento.
    —La doctora Torres será la que haga de transductora, así que tanto ella como usted, David, se tendrán que tumbar cada uno en un colchón —El científico observó al muchacho algo desorientado —. No se preocupe, cuando demos comienzo le guiaremos.
    —Gracias —respondió el invidente.
    —Una vez estéis acostados, os suministraremos una pequeña dosis de un sedante para facilitar el sueño. No tema, poca cosa —lo tranquilizó—. Después os pondremos esos gorros repletos de sensores en la cabeza y, unas gafas para monitorizar el movimiento en las cuencas oculares. ¿Alguna duda?
    —Ninguna.
    —Bien, pues empecemos. Usted, señora, tendrá que esperar fuera —dirigiéndose a la madre.


    Tras cuarenta minutos de sueño, tanto el soñador como la transductora fueron despertados. Sin perder tiempo, Susana fue conducida a otra sala donde había un taburete frente a una cámara de vídeo. Se sentó y se inició la grabación.
    ¬—Hola doctora ¿recuerda lo que acaba de soñar? —inició el registro uno de sus compañeros.
    —Sí —respondió visiblemente nerviosa y emocionada.
    ¬—¿Podría describir el sueño con el mayor detalle posible?
    La doctora tragó saliva a la vez que asentía con la cabeza y una gota de sudor asomaba por su frente.
    —Pues…
    [En este punto de la narración se invita a que el lector realice un ejercicio mental e imagine qué podría ver una persona que, nunca ha tenido la oportunidad de percibir imágenes, mientras sueña.]
    —Es increíble.

    Alicia en el país de las nanopartículas

    Alicia en el país de las nanopartículas

    Alicia estaba cansada y aburrida.
    Sentada en un árbol oía la voz tediosa de su hermana leyendo de nuevo el libro de historia, lleno de datos y sin dibujos ¿Un libro sin dibujos? A quién le puede gustar, pensó Alicia.

    De repente y atravesando la copa de un árbol, apareció un conejo gritando !Llegó tarde, llegó tarde!. Alicia se quedó boquiabierta, no sabía si era más extraordinario oír a un conejo hablar o que este fuera capaz de atravesar un árbol (1).

    El conejo siguió su camino y se introdujo en una madriguera. Alicia lo siguió con la mirada, miró de soslayo a su hermana y decidió seguirlo, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir. La madriguera del conejo se extendía en línea recta como un túnel, para a continuación giraba bruscamente hacia abajo, tan violentamente que Alicia no tuvo siquiera tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo sin fondo. La caída duró mucho tiempo, caía tan lentamente que le dio tiempo a mirar las paredes mientras caía, estas estaban llenas de libros y estanterías.
    —Me gustaría saber cuánta distancia he descendido ya —dijo en voz alta—. Tengo que estar bastante cerca del centro de la tierra.
    Veamos: creo que está a cuatro mil millones de nanómetros (2) de profundidad.

    Llegó abajo, sin apenas ningún rasguño. De repente vio al conejo salir corriendo, repitiendo cansinamente que llegaba tarde. Lo siguió y llegó a una sala con una mesita de tres patas de cristal macizo. No había nada sobre ella, salvo una diminuta llave de oro. Descubrió que era de oro porqué ponía “llave de oro”, pero extrañamente tenía un color rojo rubí (3) ¡qué extrañó, no es dorada!, pensó dubitativa Alicia.

    Ante ella había tres puertas, pero la llave no encajaba en ninguna. Al girarse observó una cortinilla, se acercó y había una puerta y esta vez tuvo suerte, la llave ajustaba perfectamente.
    Atravesó la puerta y se encontró un estrecho pasadizo, no más ancho que una ratonera. Era imposible que pudiera atravesarlo y era una lástima porqué al fondo se adivinaba el jardín más bello que sus ojos hubieran visto nunca.

    ¡Cómo me gustaría poderme encoger como un telescopio!, pensó la niña.

    Volvió sobre sus pasos y esta vez, en vez de una llave había una botellita. Se distinguían unas palabras, Alicia se acercó y leyó una etiqueta de papel con la palabra «BÉBEME» hermosamente impresa en grandes caracteres. A pesar de que Alicia era muy prudente, decidió beber de la botella y de repente su tamaño empezó a encogerse súbitamente, el mundo se hizo inmenso, le pareció ver una hormiga con el tamaño de una ¡montaña! (4).

    ¡Alicia acababa de llegar a NANOLAND!


    Traducción científica
    (1). No tiene nada de extraordinario atravesar una pared, es simplemente lo que hace un electrón y es lo que se conoce como efecto túnel. Es la capacidad de un electrón para atravesar una barrera de potencial sin pasar por su máximo. Este efecto viene derivado de la propiedad del electrón de poder comportarse como partícula y como onda. Esta es la base de uno de los microscopios más asociados a la nanotecnología, el microscopio de efecto túnel, descubierto por Binnig y Rohrer en 1981.
    (2). En la obra original de Lewis Caroll, se habla de millas, nosotros lo hemos trasladado a nanómetros, la unidad básica de la nanotecnología, la cual se mueve entre 1 y 100 nanómetros, siendo un nanómetro la mil millonésima parte de un metro.
    (3). Efectivamente el oro puede tener un color rubí, o verde o rosado…pero sólo si tiene entre 1 y 100 nanómetro y esto es gracias a un efecto cuántico que se conoce como plasmón de resonancia superficial y se da cuando el tamaño de las partículas de oro es tan pequeño que cuando le llegan los fotones de luz, estos en vez de reflejar penetran en la superficie del oro, acoplándose con los electrones, generando un efecto resonante del cual depende el color final de la partícula de oro
    (4). Finalmente Alicia llega al mundo nano también en tamaño, al reducirse su tamaño a 100 nanómetros. Con este tamaño, una hormiga tendría un tamaño aproximado de 1 millón de nanómetros, aproximadamente. Es decir, 10000 veces más grande que el tamaño de Alicia, por lo que si Alicia midiera 1m la hormiga tendría un tamaño ligeramente superior al Everest.

    Aliento para encaramarse a hombros de gigantes

    Aliento para encaramarse a hombros de gigantes

    Marina tenía arrugas, bolsas bajo los párpados y algo de sobrepeso. Acumulaba a sus espaldas cuarenta años de enseñanza e investigación que habían agotado sus ilusiones. Tenía que decidir cuál de los tres alumnos, a los que dirigía el TFM en Astrofísica, iba a recibir una beca: la llave para dedicarse a lo que le gusta, pagar un alquiler compartido y sobrevivir con estrecheces.
    Podía verlos a través del cristal de su despacho de la facultad de Físicas, encerrados en la pequeña sala contigua desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche. Apenas cabían las tres mesas y tres minúsculos archivadores que los jóvenes no utilizaban, pues para eso están los discos duros externos. Cada aspirante aportaba su propio portátil. En verano hacía calor y en invierno frío, porque la universidad estaba reduciendo gastos.
    Descargaban los datos enviados por la sonda Solar Orbiter. Luego aplicaban programas estadísticos, una y otra vez, luchando por interpretar las mediciones que recibían. Horas y horas, números y números. A veces leían papers; escritos por investigadores americanos, alemanes o franceses; intentando alcanzar, inútilmente, a centros con más experiencia y con más medios.
    Juan era de los primeros de su promoción, se lo había ganado. Había dedicado los últimos cuatro años a estudiar, todo el tiempo, sin descanso. Jamás cometía un error: aplicaba cada ecuación de forma meticulosa, detallada, limpia. Junto a los conocimientos de física también había adquirido miopía, una cierta obesidad, mal gusto en su vestimenta y fama de antisocial. No era muy alto y hablaba con pedantería, como si tratase de poner en valor su esfuerzo.
    Felipe era brillante, se había mantenido delgado pese a no practicar deporte y conservaba todo su pelo. Hablaba tres idiomas y era el primero en entender los conceptos y en asimilar los papers. Amable y condescendiente, siempre te tratará como un igual si tú le tratas como un superior.
    Vanessa no le caía bien, no encajaba con los otros dos. Era lista, como la mayoría de los alumnos de su promoción, y sus horas de estudio estaban por encima de la media, pero dedicaba mucho tiempo a otras actividades: participaba en huelgas, organizaba sangriadas y era miembro del Consejo de Gobierno de la universidad. De estatura media, pelirroja, llevaba un par de tatuajes en los brazos y un piercing en la nariz. Le gustaban sus estudios pero también la gente y, de vez en cuando, se dejaba llevar por la fantasía.
    —¡Tíos, os imagináis! —oyó decir a la chica—. ¿Y si la materia oscura fuese otro estado de la materia, pero con mayor nivel de energía?
    —¿Por qué no la emite y pasa a ser materia bariónica? —preguntó Felipe.
    Marina comprendió que sólo trataba de ser cortés, en cambio la mirada de Juan era hostil. Su compañera siguió sin amilanarse.
    —Por el principio de exclusión de Pauli. No quedan estados libres. Eso produce una «presión» sobre el espacio-tiempo y hace que el universo se expanda.
    Sólo la escuchaba su tutora.
    —Este continuo brotar del espacio hace que las constelaciones más alejadas se separen más rápido. En algún momento, una parte se distanciaría del resto a velocidad superior a la de la luz, quedando incomunicada. En ambas habría estados cuánticos libres. La materia oscura se transformaría en materia bariónica, liberando energía que aceleraría la expansión en un proceso inflacionario. Se ocuparían todos los estados libres produciendo dos universos idénticos.
    —¡Ponte a trabajar! —la reprendió Juan, con malos modos—. Nos estás distrayendo con esa cháchara.
    Vanessa se dejó llevar por la ensoñación.
    —Estarían aislados, como burbujas. Continuarían expandiéndose y produciendo otros universos incomunicados, inaccesibles entre sí, pero idénticos.
    —Concéntrate en nuestro sistema solar —intervino Felipe, con una sonrisa—. La idea es interesante, pero la beca nos la darán por lo que ocurre en el Sol.
    Marina la vio sonreir, él chico le resultaba simpático, era demasiado estirado y un poco prepotente, pero cordial. La chica continuó:
    —Trillones de cosmos donde pasa exactamente lo mismo, mientras les dure la materia oscura. Luego decaen hasta volverse inertes. ¡Imaginaos una multitud de universos donde una multitud de Vanessas han dicho, dicen o dirán exactamente estas mismas palabras!
    —¡Déjate de tonterías y ponte a currar! ¡No vamos a hacer tu trabajo! —Juan interrumpió tajante. Luego miró a Felipe y se guiñaron un ojo, seguros de que la beca estaba entre ellos dos.
    Marina estaba impresionada. Se quitó las gafas y se restregó los ojos para ahuyentar al fantasma del entusiasmo, pero él la venció. Descolgó el teléfono.
    —Ramón, ayúdame. Necesito tres becas… Ya sé que no hay presupuesto. Me quedan pocos años y quiero jugármela. La inteligencia y el trabajo son importantes, pero los grandes avances los produce la imaginación… Sí, esas tonterías razonables…

    Astrabudúa

    Astrabudúa

    -¡Astrabudúa! Definitivamente es el nombre que deberían elegir. Aunque luego resulte no ser un planeta. Bueno, “le resulten” no ser un planeta, porque Plutón, de toda la vida, es y será planeta, digan lo que digan estos individuos empeñados en “desnombrar” cosas que existen y en nombrar cosas que no existen, para intentar demostrar su existencia después. ¿O no es eso lo que hacen con el Bosón de Higgs?- soltó ella, mirando interrogativa y expectante al muchacho, que la observaba con una media sonrisa cómplice.
    - Pues podría ser, claro, ¿por qué no?- dijo con una carcajada- Sin duda es un nombre difícil de borrar, y suena muy... espacial. O a brujería, entre el abracadabra y los astronautas.
    * * *
    Es el recuerdo que vino a su mente, cuando, muchos años después, observaba el cielo brillante, luminoso, protegido apenas con unas Rayban último modelo, junto con el más pequeño de sus nietos, Adrián, que escuchaba fascinado como su abuelo le contaba que esa pelota gigantesca que lentamente se acercaba hacia ellos, en sus inicios, había sido un planeta. –Es el Plutón de tu generación, chico, sólo que esta vez sí acertaron cuando le negaron la categoría de planeta. Y la chica que le puso nombre, Adrián, no es otra que Sara, la que hace esas tartas que tanto te gustan.
    -¿Ah, si, abuelo?- preguntó, con la boca entreabierta por la memoria el pequeño.- ¿Y por qué le puso ese nombre?
    - Verás, una tarde de verano, tumbados a la sombra compartiendo un buen vaso de horchata (en aquella época éramos novios, ¿sabes?), recordó el nombre de una estación de metro de una ciudad llena de vida del norte de España, y le pareció que sería perfecta para nombrar uno de esos astros que hasta ahora estudiaba como K-37654 o P-876643. Así que, con toda su tozudez, perseveró y perseveró, acosando a todos y cada uno de sus antiguos profesores y de sus nuevos jefes y compañeros hasta que lo consiguió.
    -¿FUISTEIS NOVIOS?-inquirió el chiquillo, para el que el resto de la explicación se había perdido ante esa novedad impactante.
    -Jajajajaja, si, Adrián, lo fuimos. Y, guárdame el secreto, volvemos a serlo ahora.
    -Ualaaaaa...¿Y podemos ir ahora a verla? Igual tiene tarta de melocotones...
    Y, dando por acabada la observación del cielo, se acercaron a la casa de las cortinas verdes, donde Sara les recibió, satisfecha, y les sirvió una tarta de mango enterita, junto con una dulcísima taza de chocolate blanco, pues en unas horas, cuando Astrabudúa llegara hasta su destino, hasta abrazarse con aquellos que le pusieron nombre, no tendrían que volver a preocuparse jamás por la diabetes o el colesterol.

    ASTRONAUTA SUBACUÁTICO

    ASTRONAUTA SUBACUÁTICO

    Un viejo farero solitario está sentado al borde de un acantilado, a solas con su pensamiento, introspectivo, frente a un mar desconocido. Lo siente como un reflejo de su alma, que se enfrenta por las noches a sí misma. Desde aquí arriba, mientras contempla el cielo, escribe en un papel:

    “Como astronauta subacuático mi nave es un submarino y las estrellas a través de las que viajo son microscópicos seres que flotan ingrávidos en la gran masa azul. En este universo silencioso, en el que solo escucho mi respiración en el interior de una escafandra, nunca estoy solo. Aunque parezca un inmenso desierto, la vida se estremece a mi alrededor: luz y abismo, rocas, arrecifes, verdes praderas y formas animales imposibles… Y es que el mar, la Madre Mar, lo es todo porque todo proviene de ella. Es infinito hogar, donde nada me duele ni pesa porque mi carga es menos densa y sus olas se la llevan. ¡Aquí los hijos de las mareas somos libres!”.

    Cuando regresa de sus ensoñaciones submarinas y termina de escribir, dirige su mirada al océano mientras sus manos doblan de memoria el papel en forma de barco. En ese momento, tiene una revelación y piensa en voz alta:
    − Es imposible no sentirme pequeño, pero estoy bien: mi luz llega muy lejos y los barquitos de papel llegarán a puerto.

    Buscando respuestas

    Buscando respuestas

    Como cada día, ella se despierta con el único objetivo de descubrir algo nuevo sobre el mundo. Nunca entendió de dónde venía esa enorme necesidad de aprender. No es que nadie se lo hubiese inculcado, ni tan siquiera que tuviese algún referente a su alrededor. Simplemente ella era así, no se conformaba con su limitada realidad, quería más, quería obtener respuestas. Su actitud le había valido un modesto puesto secundario entre sus semejantes. Tienes que hacer algo útil – le decían. Este mantra había causado un impacto demoledor durante años, incluso le había llevado a plantearse que había algo disfuncional en ella. No pueden estar todos equivocados – había pensado en multitud de ocasiones. Pero lo estaban. Tras una década de intentar encajar y jugar a ser el personaje que se le pedía que fuese, sabía que nunca podría sostener en el tiempo tan cruel sacrificio. Finalmente se había aceptado a sí misma, estaba decidida a cumplir la misión que ella misma se había atribuido.

    Podía parecer un día más, pero no lo era. Hoy hacía exactamente un año que había empezado el cambio. Desde aquel día todo había sido diferente. Llevaba una especie de doble vida. Durante el día se comportaba de un modo ejemplar. Realizaba todas aquellas tareas que le eran encomendadas con tal pasión, que incluso su propia familia se congratulaba del salto de madurez que había dado. Lo que ellos no sabían es que el brillo en sus ojos poco tenía que ver con esa aparente aceptación, sino más bien con lo que hacía cuando nadie observaba. Varias horas al día las pasaba sola, concentrada en intentar entender qué había más allá de su hogar. Y cada vez estaba más cerca de descubrirlo.

    Su hogar, ese maldito trozo de espacio casi oscuro en el que todos se empeñaban en intentar sobrevivir. Llevaban allí muchas generaciones, o eso decía el sabio. Aunque a ella, más que sabio, le parecía el fiel reflejo de un mundo que hacía tiempo que ya había dejado de existir. Aún recordaba cuando acudía a sus sermones. Aquí tenemos comida y agua, estamos seguros – predicaba. A pesar de la impotencia que oír estas palabras le había generado en el pasado, había aprendido a aceptar que estaban integradas de tal forma en la mentalidad colectiva que ninguno de sus locuaces discursos sobre la curiosidad y el progreso lograrían desterrarlas. Tener las necesidades básicas cubiertas era suficiente para la mayoría, pero no para ella. ¿Y si nos quedamos sin comida? ¿Y si este lugar deja de ser seguro? ¿Y si podemos vivir mejor? – había contemplado. Pero nadie más era capaz de plantearse las mismas preguntas. El contexto de tranquilidad y seguridad en el que se encontraban no era propicio para ello. Mucho había transcurrido desde aquellos tiempos cómodos, ahora la vida era distinta, y la mentalidad había cambiado, pero no para mejor. Allí donde la calma era la excusa para mantenerse inmóviles, ahora lo era la tormenta. Hacía años que las condiciones en el hogar eran hostiles. Apenas había comida, y el agua, que antaño era cristalina, tornaba ocasionalmente a marrón oscuro, casi negro, como si de una señal de lo que estaba por llegar se tratase. Aún así, nadie se planteaba cambios. Todo volverá a la normalidad, solo hay que tener fe – decían. Pero ella sabía que la normalidad no iba a volver, no quedaba mucho tiempo, debía darse prisa.

    Lo que había estado haciendo era peligroso, lo sabía. Cada día, durante horas, deambulaba inspeccionando cada rincón del hogar, buscando una salida. Había días en los que avanzaba, sin embargo, la mayoría de intentos terminaban en algún nuevo arañazo, fruto de la falta de luz con la que intentaba realizar su tarea. Manejar toda aquella incertidumbre no era fácil, pero su fuerza de voluntad y su constancia eran imbatibles. Celebraba cada camino erróneo como si de un éxito se tratase, pues sabía que había aprendido y nunca más volvería a tener que recorrerlo. Todos aquellos errores le habían llevado hasta donde estaba ahora. Allí se encontraba, a punto de recorrer los últimos metros que le separaban de la respuesta a la pregunta que llevaba años haciéndose. ¿Qué hay más allá de mi hogar? Permaneció inmóvil unos segundos, se aproximó al orificio y comenzó a observar. Era un espectáculo, el mundo era aún más inmenso de lo que jamás había soñado. ¡Cuánto por descubrir! Se paró un segundo y reflexionó. Había encontrado la respuesta que buscaba, pero esto no había hecho más que generar multitud de nuevas preguntas. Ahora tenía que volver, compartir todo ese conocimiento con los suyos, pero volvería en busca de respuestas.

    Mientras se alejaba, una pregunta resonaba en su cabeza por encima de las demás. ¿Quiénes eran esos seres que estaban destrozando su hogar? Esa era la primera respuesta que pensaba encontrar.

    Carta a un humano

    Carta a un humano

    Hace ya muchos años que se abolió la esclavitud en la especie humana, pero aquí seguimos nosotras, sin derechos, trabajando para ellos día y noche. Desgraciadamente la mayor parte de la población humana no sabe lo que hacen con nosotras en el laboratorio, y lo peor, casi todos creen que aquí, nosotras somos las malas de la película. ¿Cómo explicarlo para que me entendáis? Llevamos en la tierra mucho antes que cualquier ser que puedas imaginarte, nosotras os proporcionamos el oxigeno que necesitáis para respirar, reciclamos todos los compuestos orgánicos que desecháis y, por si fuera poco, hacemos que en lugar de mosto, tengáis vino. Durante muchos años hemos convivido en paz, incluso te diría que hemos sido íntimos amigos, especialmente las que habitamos en los intestinos de los humanos, quienes nos proporcionan cobijo a cambio de una pocas reacciones metabólicas que ellos no puede llevar a cabo.

    Pero todo cambio en el siglo XIX, hace ya billones de generaciones atrás, cuando un tal Louis Pasteur se dio cuenta de que, a pesar de ser invisibles al ojo humano, existíamos. Y no solo eso, lo peor vino cuando descubrió como exterminarnos a todas, estoy segura de que has oído hablar del termino Pasteurización. A partir de ahí, todo fue de mal en peor para nosotras, en 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina, una molécula que se une e inhibe las PBPs, las proteínas encargadas de construir nuestra pared de peptidoglicano, digamos que son como los albañiles que ponen ladrillos para construir los muros de las casa. Pues ya puedes imaginarte como nos mata esta molécula.

    Perdonadme, me he dado cuenta que no me he presentado aún, mi nombre es Escherichia coli Bl21, pero puedes llamarme E. coli y soy una cepa modificada genéticamente productora de proteínas recombinantes. Déjame que te cuente en qué consiste mi vida, espero que después de esto, empatices conmigo. Fui creada en un laboratorio con una sola finalidad, trabajar y producir sin quejarme. Puede que lo que te cuente ahora te suene a ciencia ficción, pero créeme, es muy real. Los humanos han manipulado mi genoma, han introducido en él una maquinaria vírica que hace que produzca proteínas sin yo tener el control, esta maquinaria toma las riendas de mis “órganos internos” para producir a sus anchas. Pongamos por ejemplo que los humanos necesitan insulina, una hormona proteica que se administra a la gente que padece diabetes, ya que participa en la internalización de la glucosa y sin la cual, la mayoría de diabeticos no podrían tener un buen nivel de vida. Pues lo que hacen en los laboratorios es introducir el gen que codifica para la insulina en nuestro diminuto cuerpo, y a través de la maquinaria vírica, de la cual solo los humanos tienen en control, la inducen para que empieze a fabricar insulina utilizando nuestros recursos energéticos. Si te dijera que el plan es aún más retorcido de lo que parece… como te puedes imaginar, este proceso nos deja sin energía para hacer nuestras funciones vitales, muchas de nosotras mueren en el intento… esto a los humanos no les interesa, porque pierden “mano de obra”, su estrategia es esperar a que seamos un gran numero de bacterias antes de iniciar la inducción de la maquinaria vírica, de modo qué, aunque muramos, como somos muchas, tienen cantidad suficiente para satisfacer sus fines. Si te preguntas como hacen después para recuperar la insulina… no me preguntes… nadie ha sobrevivido para contarlo.

    Sé que mi destino ya esta escrito, y que seguramente termine de la misma manera, pese a esto, me gustaría llegar a algún humano allí fuera, al menos para que reflexione y entienda que no todas somos malas, muchas de nosotras damos nuestras vidas para que los humanos puedan hacer investigar en diversos ámbitos como el cáncer, el desarrollo de vacunas… hemos sido, somos, y seremos un pilar clave en el desarrollo de la biomedicina, y espero que la visión de nosotras en el mundo del humano de a pie cambie algún día.

    Sin más dilación voy despidiéndome, siento que la temperatura a mi alrededor esta subiendo, lo que quiere decir que nos han sacado del congelador en que nos guardan, a – 80 °C. Seguramente nos vayan a transformar. Transformar es la terminología que ellos usan para decir que, mediante una maquina de electrochoques, agujerean nuestras membranas externas e introducen los fragmentos de ADN con su gen de interés. Ha sido un verdadero placer poder contarte mi historia.

    Salu... ouch!!

    Cëlëphais

    Cëlëphais

    La belleza. Pocas cosas son consideradas bellas en su sentido más puro. Todo, absolutamente todo tiene alguna imperfección, algún fallo que resalta de forma grotesca cada vez que lo miramos y, por mucho que nos esforcemos en no verlo, es lo único que se queda realmente con nosotros. No podemos evitarlo, porque es así como perseguimos la perfección y la mejora.
    Por eso mismo, por esa belleza incandescente y fútil hacemos todo lo que hacemos. Desarrollamos máquinas basándonos en los giros de la naturaleza, bella y perfecta de por si; creamos instrumentos que, de una manera idealizada mimeticen comportamientos; soñamos eliminando detalles necesarios, pero mundanos y mediocres, para saciar nuestra mente con las perfección que tanto anhela.
    Pero, por mucho que lo intentemos, siempre algo nos falla. Algo no encaja, algo no concuerda en la armonía y en la perfección de de nuestra imaginación . Y, allí, debemos conformarnos y resignarnos.
    Ah! Estamos condenados a la vida en la resignación, o por lo menos eso pensaba, hasta que fui a ese concierto. Ur me llevó a él: El "primer concierto sinfónico sin la presencia de humanos!! Maravillaos ante el poder de la máquina!" gritaba el cartel.
    -Esto no puede ser nada bueno.- le dije a Ur. - Se lleva intentando decenas de años, y aún no san aprendido que nada bueno puede salir de ello.-
    Así era, no podría una maquina, despojada de vida, enseña el dolor, la pasión, la felicidad y el terror que Poe, Bach o Wagner enseñaban. No puede enseñar aquello que no ha vivido. Vivir la peor de las desgracias es mejor que no vivir ninguna, y esa máquina no ha vivido ninguna.
    Pero bueno, acepté. Cualquier cosa para mantener contenta a mi pequeña Ur.
    La noche del espectáculo, la plaza central estaba repleta de personas, todos pululando como polillas alrededor de una luz. Había personas de todas las clases sociales, mirando con rencor y desprecio a los de la otra, sin comprender que la otra no tiene la culpa de sus miserias, por muy pequeñas que fuesen.

    En el escenario, los técnicos conectaron los cables con velocidad y sin previo aviso. Una pena, ver los burdos intentos de honorar a alguien que no te importa siempre me ha divertido, incluso si es a un ordenador. Acto seguido, las máquinas empezaron a sonar. Primero los intrumentos de cuerda, luego los de percusión y, por último, los de viento. El sonido era armónico y, poco a poco, me iba encauzando hacia planos que no me esperaba que iba a alcanzar jamás. Me llevaba a lugares que la mente humana no ha pisado ni siquiera en sueños. Planos tan alejados que no los viajes a través de los eones pueden siquiera alcanzarlo. Me faltan palabras para describir lo que he sentido, y el lugar en el cual he acabado.
    Más tarde averigue que no solo yo había liberado mi mente, sino que el resto de los asistentes también. Todos hemos pasado por lo mismo. En las noticias salían alguno que describían que, durante la pieza, estaban fuera de sí.

    Cuando los instrumentos pararon el horror tronó dentro de mi como después de un relámpago sobre hojalata. Todo a mi alrededor se volvió insoportable. El hedor, el ruido y las luces me alteraban me asustaban y me martirizaban la mirada. Oía todas las voces, pero nadie parecía mover los labios para hablar. Lo veía todo, a pesar de que las luces era tenues para crear el ambiente. Lo olía todo, hasta el más mínimo rastro de sudor a decenas de metros de distancia. Al otro lado de la plaza, una mujer se tapaba los oídos con las manos y empezaba a llorar presa, seguramente, de lo mismo que me atacó a mí. No puede más y vomité. A mi alrededor, veía que otros hacían lo mismo. Ur tenía los ojos inyectados en sangre y vomitaba también. Huimos despavoridos hacia la puerta de salida, intentando escapar de cualquier cosa que nos haya echado su terror encima, pero no nos librábamos de él.

    En mi caso, estuve varios días reposando en la cama, rehuyendo a cualquiera que se me acercase. EL concierto me dejó tan trastocado. Pero, aún así, la atrocidad no ha conseguido estropear la inmensurable belleza. Era perfecto. Cada nota de esa máquina fue perfecta. Perfecta en su máxima belleza. Desde entonces nada se ve igual. Parece que aquello me enseño todo de lo que carecía, y ahora añoro volver a ese momento.
    Si una máquina ha conseguido crear algo así ¿qué no podrá hacer? Si la máquina ha conseguido crear belleza, que nos separa a nosotros de ella? ¿Qué nos hace superiores? ... ¿Qué nos queda a nosotros?

    Cuaderno de Vita

    Cuaderno de Vita

    En el presente cuaderno de navegación el Noble Capitán Mercante al mando reportará los acaecimientos a lo largo de esta travesía personal. Bienvenidos a bordo grumetes, preparen la Biodramina contra mareos, comienzan múltiples viajes, pero una sola y trepidante aventura.

    30.01.2020 – Se avecina tormenta. Maldito Escorbuto-19 no muere. Toca atrincherarse. Buscarse desde dentro hacia fuera.

    14.03.2020 – Cortinas de lluvia a babor, relámpagos a estribor. Sin astrolabio ni atlas estelar que me oriente, solo la curiosidad y el desconocimiento sostienen el rumbo.

    Busco primer destino. Platónicamente trato de escalar recordando hacia el mundo de las ideas, pero no veo el Bien, solo la mundana injusticia. Cierro los ojos. Pienso, luego me acerco. Vislumbro Éidos desde el intelecto. Pero es un espejismo de mis sentidos, todo se desmorona cuando el fuerte oleaje golpea el casco.

    Tengo forma animal, cargo con el peso de ser rebaño, vivo arrodillado ante la ley moral. Soy uno más. Soy un mamífero artiodáctilo de la familia Camelidae.

    25.03.2020 – Teóricamente, esta embarcación tiene pocos metros de eslora para convivir con temporal y la orza parece incapaz de impedir la deriva. Prácticamente, desde la proa Atenea me guía y protege.

    Encuentro un tesoro. Oro parece, plata sí es. El cofre esconde tinciones de plata y mapas que dibujan conexiones cerebrales. La firma responde a Ramón y Cajal. Nueva virada me veo obligado a realizar. Mi anhelado mundo de las ideas, en un vaivén se tambalea. El propio Platón ligeramente lo colapsó mientras concebía sus teorías dualistas, porque sus neuronas y neurotransmisores mostraron materialismo y mutabilidad en sus ideas. Esos 20-40 nanómetros de separación que el Doctor describió y hoy conocemos como espacio sináptico… Tan mundanos como mágicos para la neurotransmisión química. Comunes a tantas especies del reino animal, con igual mecanismo en humanos… Pero que nos convierten en individualidades únicas dentro de un gran mosaico.

    Sin previo aviso… se me escapa un rugido.

    27.04.2020 – Luchando por mi propia vida consigo trasluchar. Nuevo cambio de rumbo. Siento cómo la quilla es cada día más robusta, cómo la duda asienta mis bases. Poco a poco aprendo que jamás conquistaré el viento, que a lo sumo jugaré a su azaroso juego.

    Citando al experimentado viajero Charles Darwin: “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente. Es aquel que es más adaptable al cambio”. Has de adaptarte a los vientos de tu medio para aumentar las probabilidades de éxito reproductivo de tu descendencia. Sujeto individual expuesto a Selección Natural. Nació del Beagle, barco con ideas que volaron a lomos de pinzones.

    Cesa mi obsesión por encontrar dirección y sentido a la navegación. Alcanzo un rumbo aleatorio, como el de la Evolución. Mientras, niego los valores sociales impuestos. Y en una evolución moral, dejando el camello atrás, manteniendo mi forma animal, me reinvento en un mamífero carnívoro de la familia Felidae, del género Panthera.

    02.05.2020 – Noche oscura, de tempestad, se cierne sobre mi cabeza. Como Capitán me amarro al mástil, preparado para ser sometido por Poseidón, sumido en las profundidades. Sin embargo, y solo entonces, la tormenta amaina, aunque el Escorbuto-19 a bordo continúe. De repente cielo nocturno despejado, cielo estrellado. Fase 0, fase de inicio y reinvención. Asalto el timón.

    Contemplo ensimismado el firmamento desde mi diminuta presencia. Me siento Galileo, abrazo su método. Hoy puedo viajar libremente y sin límites hasta muy remotas estrellas. ¿Sin límites, ingenuo? Además de que quizás el propio Universo tenga límites y no sea infinito, existe el límite de velocidad universal, la de la luz, de 299.792,458 km/s. Propiedad inherente a la esencia del espacio-tiempo. Las estrellas que veo e infinitas creo, solo son las del Universo observable. Aquellos astros que han tenido tiempo suficiente para que su luz viaje hasta mis fotorreceptores y mi cerebro procese su información para generar una imagen pasada y bidimensional de la realidad universal. Teoría de la Relatividad.

    Mi realidad es relativa, yo exprimo mis potencias para llegar a ser yo. Ofrezco mis anclas a Poseidón. Contradigo la convención y navego a toda vela a barlovento, en contra del viento. No soy nobleza, tampoco mercante. Soy un Pirata sediento de vida, que besa al amor. Soy humano feliz, pleno, satisfecho y completo. Soy mi destino. Soy mis propios valores. Soy verdad. Soy un individualismo colectivo, desde mí para la sociedad. Nada me detendrá en este barco escorado en mi rumbo circular.
    Sigo siendo animal, pero ya no soy león, soy niño Homo sapiens… Soy eterno retorno.

    24.05.2020 – Solo la razón y el pensamiento nos libran de nuestros propios nudos marineros. Libertad pirata en tu cuaderno de bitácora, cuaderno de Vita, cuaderno de Scienza.



    En el presente cuaderno de navegación el Noble Capitán Mercante al mando reportará los acaecimientos a lo largo de esta travesía personal. Bienvenidos a bordo grumetes…


    Zoroastro

    Cura de humildad

    Cura de humildad

    Mi mujer es una científica brillante, física teórica. Su mente estructurada y clarividente fue una de las muchas cosas que me hicieron enamorarme de ella, ya que siempre he sido muy sensible a ese tipo de aptitudes. No en vano yo también destacaba en todas las asignaturas científicas, si bien al final decidí ser ingeniero porque me decanté por la ciencia aplicada. Creo que esa sintonía intelectual es una de las claves de que siempre hayamos conectado tan bien, más allá de las clásicas puyas recurrentes sobre si la ciencia pura no sirve para nada en la vida real, o si los aplicados somos científicos de segunda, y todas esas bromas que incluso le dan mayor aliciente a la relación.
    Por eso cuando tuvimos un hijo proyectamos en él nuestras expectativas de que sería un buen científico, y volcamos nuestra educación hacia ese objetivo común. Habíamos oído hablar de experimentos como el de los Polgar y sus hijas ajedrecistas, y tras analizar a fondo esos casos de éxito y adquirir una cierta formación pedagógica, pensamos: ¿por qué no nosotros? Así que decidimos educar a nuestro hijo de forma no reglada, desde casa y de acuerdo a nuestras propias técnicas científicas y didácticas.
    El proyecto funcionaba con eficacia, ya que nuestro vástago progresaba con brillantez en prácticamente todas las materias, incluyendo las científicas, pero como era de esperar, a medida que avanzaba en edad reflexionaba cada vez más y mejor sobre la situación, se planteaba preguntas y le surgían dudas, que no siempre éramos capaces de responder de forma satisfactoria.
    Cuando alcanzó la edad universitaria, llegamos a un acuerdo: él seguiría con el sistema, pero nuestra involucración iría disminuyendo progresivamente, de forma que no era necesario que rindiera cuentas sobre su desempeño hasta que acabara los estudios. A estas alturas se trataba de un joven maduro y autosuficiente, y nuestra confianza en él era plena.
    Por fin llegó el día de la lectura de su tesis doctoral y nosotros, embargados por una gran felicidad pese a la incertidumbre sobre cuál sería el tema que finalmente había elegido, ya que mantuvimos de forma estricta nuestro compromiso, asistimos al acto.
    Mi mujer se inclinaba por algún moderno tema de Física cuántica, y yo tenía la intuición de que podía tratarse de un asunto no menos candente en el ámbito de la Biotecnología. No puedo ocultar que nos sorprendió que la convocatoria fuera en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía, pero supusimos que se debía a motivos de espacio.
    Cuando inició su discurso con el turno de agradecimientos, pronunció las siguientes palabras que nunca olvidaré, y estoy seguro de que mi mujer tampoco:
    “Este trabajo está dedicado a mis padres. Gracias a ellos tengo una mente estructurada, pero también una curiosidad infinita. Su amor por la Ciencia es tan grande que resulta imposible no impregnarse de él. Por ello, aunque pueda parecer paradójico, decidí estudiar Filosofía y doctorarme en Filosofía de la Ciencia. De ellos aprendí que la manera más obvia de abordar un problema no siempre es la mejor, que a veces es conveniente distanciarse y adoptar una estrategia rigurosa pero indirecta. Espero que no estén decepcionados ni sientan que fracasaron en su proyecto educativo.”
    En ese momento crucé una mirada fugaz con mi mujer y creo que nunca antes nuestra conexión había alcanzado tal perfección: teoría y práctica se daban la mano en una amalgama de sensaciones cual campo magnético a nuestro alrededor. Habíamos recibido la mayor lección de nuestras vidas y, lejos de sentirnos abochornados, sin duda éramos dos seres orgullosos y emocionados.

    Dinosaurios y materia oscura

    Dinosaurios y materia oscura

    La cuarentena me pilló con la niña en casa. Mi plan era escribir un gran artículo sobre cosmología, pero la niña quería salir a jugar. Hay monstruos en la calle y no podemos salir, le dije. Si sales, te comerán. La niña, lejos de asustarse, quería saber cómo eran esos monstruos; así que, inspirado por una enciclopedia de dinosaurios, que leí cuando era crío y me entusiasmaba todo lo relacionado con esos bichos, empecé a dibujar criaturas reptilianas durante los descansos que me tomaba mientras escribía el artículo, que eran muchos. La niña, quedó tan impresionada por aquellos engendros esbozados con boli Bic, que dedicaba las mañanas a mirar por la ventana del salón, fascinada, inspeccionando la calle vacía, como si en cualquier momento fuese a aparecer por la esquina un triceratops con algún cuerno de más; o vigilando el cielo, buscando los pterodáctilos de cinco alas.

    El artículo iba mal. Estaba tan atascado que tenía ganas de llorar. Un colega profesor me recomendó escribir a mano, con papel y boli, pero al cabo de tres frases imprecisas, el folio terminaba lleno de dinosaurios con un número impar de patas o pasados por alguna transformación no topológica.

    Dos o tres semanas después, la niña seguía sin encontrar a los monstruos, y dedicaba menos tiempo a mirar por la ventana. Yo había tratado de alargar el asunto lo suficiente para mantenerla entretenida: unos días, pensaba, y será suficiente para terminar este artículo del demonio. Pero los días pasaron y la niña comenzó a sentarse a mi lado, y me observaba durante horas, y me preguntaba cosas. Papá tiene que trabajar, le decía: ella se iba al sofá, y yo continuaba dibujando dinosaurios.

    Pero un día no se fue, y se quedó a mi lado todo el día, mirando el monitor de mi ordenador, ocupado por el color blanco del Word, que contenía unas pocas frases y un título provisional: "Nuevos indicios sobre el origen de la materia oscura". Me dijo que sabía que yo estaba bloqueado y que me ayudaría con mi trabajo. Le pregunté: ¿sabes algo de materia oscura?

    Ella no sabía nada, claro, pero podía aprenderlo. La materia oscura, empecé a explicar a la niña, puede ser una partícula con propiedades gravitatorias peculiares, aunque también dicen que es un estado dinámico que no conocemos. La niña arrugaba el morro, pensando. También podemos modificar toda la teoría de la gravedad, continué, pero es un follón porque cuando has resuelto un problema, lo normal es que generes otros diez, que antes no estaban. Esa primera sesión, de muchas, terminó con la siguiente ocurrencia: quizás la materia oscura oculta algo, por eso se esconde, dijo la niña.

    Pocos días antes de terminar la cuarentena, tenía completado el primer borrador del artículo. Sospeché con alegría que antes de volver al trabajo lo habría enviado a alguna prestigiosa revista de cosmología. La niña ya sabía bastante sobre materia oscura, y yo solía pedirle que lanzase cualquier idea que se le ocurriese sobre el asunto. A veces le hacía preguntas concretas. Como la niña no tenía bagaje científico, no conocía la teoría de la gravitación clásica ni las ecuaciones de la relatividad general, sus respuestas seguían una lógica totalmente opuesta a la de cualquier científico. Por ejemplo, ante mi pregunta acerca de cómo cazarías algo invisible, ella respondió que poniendo un cebo invisible. Otra mañana, después de haber inspeccionado la calle a través de la ventana de la cocina y fracasado en su intento de encontrar al triceratops de cinco cuernos, se sentó a mi lado, con un rictus de frustración, y dijo: a lo mejor la materia oscura ha matado a los monstruos.

    Envié el documento la noche antes de volver al trabajo y reencontrarme con mis colegas científicos, que me felicitaron por ello. Esa tarde rechazaron el artículo, y antes de dos semanas, lo tiraron en otras tres revistas. Entonces, me senté con la niña en la mesa del salón, donde habíamos colaborado todos esos meses y después de varias horas, teníamos un nuevo artículo, mucho más potente, titulado: "La materia oscura extinguió a los dinosaurios".

    Dos días después de enviar el nuevo trabajo a otra importante revista, recibí un correo del editor, sugiriendo que probara suerte en una editorial de ciencia ficción.

    Y eso hice. "Dinosaurios y materia oscura" fue un gran éxito, premio Minotauro 2022. Escrita en colaboración con mi niña durante el confinamiento por el COVID-21, mientras ella devoraba todos mis libros de física y cosmología. Ahora, durante el confinamiento por el MIVID-45, escribo este prólogo al quinto volumen de "Dinosaurios y materia oscura", y mi querida niña, cosmóloga de renombre mundial, me comunica desde su casa de California que se acaba de ventilar la última pregunta acerca del origen de la materia oscura.

    Doce meses doce días.

    Doce meses doce días.

    7 de Enero.
    Estoy a punto de terminar mi doctorado en física de partículas y a pesar de tener que estar feliz por eso la carta de rechazo que recibí el día de hoy hizo que no fuera así, por segunda ocasión no fui aceptado en el programa espacial.
    12 de Febrero.
    No tengo idea de qué hacer con mi vida, por fin conseguí mi doctorado, un objetivo que veía muy lejano pero no es lo que realmente quiero hacer de mi vida no puede sacarme de la cabeza el espacio, desde niño veo al cielo imaginando mil historias, fascinado por su inmensidad pero conforme pasan los años parce alejarse.
    3 de Marzo.
    Se acerca un huracán al continente, nunca antes se había registrado un huracán de tal magnitud, en las noticias solo hablan de eso. Yo solo me concentro en pasar un año sabático para decidir qué dirección tomar en mi vida.
    8 de Abril.
    El huracán trajo consigo un montón de inundaciones y deslaves por todos lados, para mi fortuna no estoy cerca de los lugares afectados pero lo menos que puedo hacer es enviar algo de provisiones. Hoy también es el día en el que participare en la final de monólogos de comedia, participe sin pensarlo demasiado y al parecer ahora estoy a punto de ganar, haré mi mejor esfuerzo por pasármelo genial.
    7 de Mayo.
    Las cosas siguen empeorando en varios lugares alrededor del mundo, siguen reportando erupciones de volcanes, eso evito que diera un show de comedia en un lugar que ya tenía programado, sin darme cuenta esto se ha vuelto parte de mí, he dado algunas presentaciones pero con un toque único hablando de cosas que llamen mi atención como la ciencia.
    20 de Junio.
    Otro huracán más potente se acerca, por casualidad me entere de una convocatoria que acaba de salir para un programa aeroespacial con bastantes fondos aunque no han dado muchos detalles sobre la misión, probare mi suerte.
    15 de Julio.
    Los tornados y terremotos se han vuelto cosas comunes en muchos lugares del mundo, la gente parece acostumbrarse a la destrucción que traen. Fui aceptado para realizar pruebas, la respuesta llego antes de lo esperado pero fui convocado para continuar en el concurso.
    27 de Agosto.
    Las pruebas físicas fueron muy duras pero me las arregle para mantenerme al día creo que por fin nos dejaran salir un poco, no hemos tenido días de descanso, es lo que elimino a muchos concursantes. Las noticias no dejan de reportar desastres naturales en todas partes del mundo, los bosques se queman, las ciudades son devastadas por terremotos, las costas se ven amenazadas por huracanes y otros lugares reciben la visita ocasional de tornados.
    25 de Septiembre.
    No fuimos los únicos del programa o eso parece porque nos juntaron con cientos de personas que al parecer también participan en este programa, las lluvias fuertes son algo común aquí, lo bueno es que ahora recibiremos adiestramiento técnico por lo que no hay necesidad de preocuparse mucho por salir.
    18 de Octubre.
    Nos han bloqueado cualquier comunicación con el exterior pero afortunadamente las lluvias han cesado y todo parece en calma haya fuera, las pruebas se han vuelto diferentes, recibimos clases de todo tipo desde técnicas hasta físicas, sobre todo tipo de cosas, agricultura, ingeniería, armas, primeros auxilios si fallas en cualquier cosa estas fuera.
    2 de Noviembre.
    Nos cambiaran de instalaciones, la última etapa consistirá en confinamiento simulando una nave, los compañeros fueron elegidos al azar aunque ya no hay muchas personas, espero que me toquen buenos compañeros, el otro día se llevaron a alguien por difundir rumores de que el país ha caído, un completo loco.
    30 de Diciembre.
    En cuanto salimos de aislamiento nos dirigieron a una sala para entrevistarnos de forma individual, era una sala con mucha gente, toda la entrevista fue sin problemas hasta que surgió una pregunta, ¿Qué lo motiva? Me quede pasmado por unos segundos no sabía que responder pero lo hice desde el fondo de mi corazón.
    — Desde niño volteaba al cielo imaginándome caminando entre las estrellas, descubriendo nuevos planetas ahora tengo un doctorado y me he dado cuenta que ambas cosas me gustan pero algo que me apasiona es divulgar sobre la ciencia, hablar o debatir sobre la ciencia, sobre teorías, publicaciones, lo que me motiva a seguir es divulgar sobre la ciencia.
    Un peso fue quitado sobre mis hombros, no sabía si fui aceptado pero sí que ya no tenía ningún remordimiento pero me quede pasmado al escuchar a la persona del centro decir:
    — Felicidades usted fue aceptado en el programa, ira al espacio —Se rió un poco y continuo— A divulgar ciencia.

    Ecos evolutivos

    Ecos evolutivos

    La mañana del 16 de marzo del año pasado, mientras hurgaba entre sus pertenencias un lápiz de dibujo, Ricardo ansiaba replicar un bello trabajo artístico de una galaxia lejana que vio en un diario. No hacía pinturas porque confundía los colores: le sabía amargo el color amarillo. Sinestesia, le llaman a su estado; confundirse los sentidos al percibir algo.

    Después de un par de horas, terminó el trabajo.
    Bien, ¿qué haré ahora? -se preguntó indeciso- ¿qué tal si leo el artículo de donde tomé inspiración? Hace tanto que no leo si no es algo del trabajo.

    Así se enteró de los estallidos rápidos de radio. Señales de corta duración que no tienen explicación. Buscó información en otras fuentes. Halló divulgación; saltó a los artículos de investigación y luego meditó: “¿por qué una señal se repetiría sin cesar; después nada y luego reiniciar?”

 Durmió pesado en ello.
    El descubrimiento de un sólo microorganismo extraterrestre haría universal la biología, dijo Carl Sagan, pero, -concluyó antes de caer dormido-, ¿no lo haría también una señal, una sonda, como la que envió al espacio la humanidad? Porque cuando esa sonda llegue a hacer contacto, será obvio que no fue un accidente su fabr… -y se quedó dormido-.

    -¡Qué buen dibujo! -dijo un compañero del trabajo.
    -Gracias Samuel. Lo hice hace un par de días.
    -Te ves preocupado.
    -No es nada; acompáñame a la cafetería, si no tienes algo que hacer, claro.
    -No, justo ahora no.

    Camino a la cafetería, varios compañeros seguían trabajando
    -Nunca falta quien revise su red social, o la página de videos. ¿Esto es trabajar?
    -Ja ja. Al menos el sentido del humor lo tienes sano, Ricardo.
    -Calla. Sólo a ti te permito hablarme así; no quiero que nadie oiga que me dices así… porque…
    -¿Por qué te quedas callado?
    -Tengo una idea. Es todo.
    -¿Cómo vas a pedir tu café? Yo lo quiero con leche.

    La charla matutina continuó, pero Roberto no dejaba de pensar en oír una explosión de radio. “Que nadie oiga que me dices así” fue la frase que lo llevó a pensar: ¿por qué no he escuchado esto en mi escritorio, podría ser interesante aunque un mal uso de la computadora del trabajo.

    Más tarde ese día, cuando nadie lo veía, escuchó. 

    -¿Dónde está Ricardo? -preguntó Susana, le jefa de departamento.
    -Salió exaltado. No pude entenderle.
    -Que se comunique conmigo. Necesito saber cuándo tendrá lista su propuesta.
    -Me comunicaré con él.
    -Gracias.

    Con lápiz y papel en mano, trabajo Ricardo otra vez, pero no un dibujo; un acertijo. Llegó a casa como salió del trabajo, exaltado, y si bien sus compañeros no lo entendieron, él salió justo por eso. “¿Qué es esto? ¿Por qué me es familiar?”

    Al día siguiente no fue al trabajo. Se presentó al tercero.
    Lleno de ojeras presentó su propuesta a Susana, y esperó.
    Actualizaba seguido su e-mail. Llegó su respuesta:

    Estimado Ricardo, hemos recibido su e-mail.
¿Cómo ha sabido cuándo habría otra serie de FRB [por sus siglas en inglés, los especialistas no olvidan su lenguaje técnico]?
 ¿Quién es usted?
    Por favor, contáctenos.

    No tengo los medios para bajar un estallido corto de radio a la Tierra, pero puedo interpretarlos -se dijo.

    Tomó prestada una diadema de un compañero e hizo una video-llamada.

    -Hola, gracias por atender. Soy Ricardo González y tengo una clave que puede servirles para descifrar los estallidos. Soy sinestésico, y hasta esta semana pensé que era una maldición. Ahora sé que no. La vida existe, o existió, más allá de nuestra galaxia. Una especie que usó las ondas electromagnéticas para comunicarse, y yo entiendo ese lenguaje.
    -¿Como puede ser posible?
    -Selección natural. Aquí usamos ondas sonoras, pero no es lo única forma de hablar.
    -No, me refiero a ¿cómo lo descifró, suponiendo que para usted estos FRB dicen algo? ¿Qué es ese algo?
    -Un sabor, un silabario, no sé cómo explicarlo. Es otro sentido. ¿Podría entender el color si nunca ha podido verlo?
    -¡Es inaudito, no sé qué decir!.
    -Simplemente seguí ley Zipf, que dice que las palabras más cortas son las más comunes, y a manera del relato de Poe, he jugado las combinaciones, sin olvidar su sabor… ¡Si pudiera sentirlo!

    La propuesta de Ricardo fue bien recibida, pero fue la última. Ahora trabaja para la ciencia, contando relatos de una civilización que seguramente ha perecido.

    “Enviamos este mensaje a través del espacio para que quede constancia de nuestros logros. La vida en el cosmos no es extraña, pero sí la pensante. En nuestro entorno hay más de seis mundos vivientes. Rastreen la señal y podrán ubicarnos. Crecer juntos, morir juntos, viajar en el espacio como una señal, breve y potente, como la vida. Eso resume nuestro ser”
    -¡Qué maravilla, todo eso en un breve estallido! ¿Qué dice el siguiente?
    -Pues bien…

    ECOSISTEMA CONCEPTUAL

    ECOSISTEMA CONCEPTUAL

    Ando buscando espacio como físicos cuánticos,
    Cavando agujeros de gusano para crear un atajo intergaláctico.
    Hasta que Dios quede encerrado en los triángulos áureos,
    Sin fe, sólo con propiedades del sabio lenguaje matemático.

    Todo empieza con cuatro postulados sintácticos,
    Potencias de números imaginarios
    Que brotan de la matriz compleja y de sus cálculos,
    Integrales sin fin que ponderan a la función de onda
    Mientras rota la polisemia y su matiz en la interpretación del valor semántico.
    Operadores cuánticos con posiciones rándom
    Nos limitan a valores propios sus estados cuantizados,
    Accediendo a aproximaciones en la factorización del caos
    Desviadas por la repulsión del electrón si no está aislado.

    Saltos de infarto del átomo al acantilado de eventos,
    Quiero ser un agujero blanco
    Para la conversión de las sombras en rayos.
    O chocar contra el muro y así escuchar los sucesos
    Antes que la atracción los vuelva opacos.
    Horizontes de no regreso para el fotón, pero no para la imaginación
    Imaginarte entrar muerto en un hoyo sin retorno
    Y salir vivo por el otro flanco del cosmos
    Fenómenos paradójicos de la composición del todo.

    La física y su meta, la filosofía y su esencia.
    La forma, el tiempo y su relación,
    Preguntas sin respuestas.
    En el centro está la incompletud de la autorreferencia,
    Y en la esquina hay los axiomas de la lógica para la argumentación
    Mas son retóricas retorcidas que se cuelan en las ideas.

    Sin temor al desconocimiento, pero siempre dudando de los resultados
    Una especie que se autodefine Sappiens se está enterrando en su propio vocablo
    Ya que tiene la condena firmada al desprevenir la higiene del contagio
    Porque los genes mutan en un tráfico de excedente por ver quién es el más apto.

    En las fronteras hay guerras de poder por papel, aunque este esté manchado.
    En las ideas hay barreras de pánico que dañan como si fueran látigos
    Una vez autocensurado quedas encarcelado en el corto plazo
    Sin saber como acceder al santo grial para evitar el cambio climático.

    Entre mitos que no son más que tecnicismos explicados para oprimidos,
    Entre batallas de argumentos que escriben los desenlaces en los libros.
    Porque el hito del hombre no es volver al pasado al no tener futuro
    El periplo del héroe está en recorrer el mundo seguro de si mismo.

    El problema lo ves leve si no eres tú su objetivo,
    Pero se agrava cuando habla en primera persona.
    El espacio tiempo son paradojas siamesas del relativismo
    Entre brillos que han sufrido la gravedad de las masas redondas.
    Ondas que se atan en cuerdas y forman nudos
    Las luces brillan muertas en el cielo vestido de luto,
    La paradoja es saber que somos puntos diminutos
    Que provenimos de las estelas de éstos difuntos.

    El Beso nuevo

    El Beso nuevo

    Aquella mañana, todos, absolutamente todos, despertaron con azúcar en los labios, pero solo los que se besaron lo descubrieron.

    Muchos se percataron al instante, ya que la mayoría disfrutaba de un beso mañanero cada amanecer. Otros tardaron un poco más en darse cuenta porque eran más de abrazos. Algunos que no tenían la suerte de besarse a menudo, aprovecharon la excusa para besuquearse.

    Finalmente todos acabaron comprobándolo: nuestros labios amanecían azucarados cada día.

    Al principio hubo desconcierto pero no tuvo mayor importancia puesto que solo se percibía al besarse. Con el tiempo, después de tantos besos azucarados, llegaron los problemas: la gente empezaba a sufrir diabetes. El beso azucarado resultaba tremendamente adictivo. Una vez que surgía un beso, nadie deseaba parar. El asunto se fue complicando cuando, sumado a la diabetes, aumentaron los casos de caries. Los besos se volvían incontrolables entre inyectables de insulina y visitas al dentista.

    Algo había que hacer, alguien debía inventar una nueva manera de besar.

    De primeras no fue algo consensuado. Había gente que disfrutaba tanto de los besos azucarados que, a pesar de todas las consecuencias que acarreaba para la salud, les compensaba el estímulo químico de su cerebro que les pedía más y más besos dulces. Acabó siendo un fenómeno tan adictivo y con tan fatales consecuencias que pasó a ser competencia de las autoridades sanitarias, las cuales terminaron acordando un Estado de Alarma donde el beso quedaba terminantemente prohibido.

    Para abordar el asunto, se recurrió al Ministerio de Besos y Roces. La tarea que se les presentaba no era fácil pero contaban con los mejores científicos, los cuales establecieron que la nueva forma de besar debía cumplir la siguiente premisa:
    Establecer conexiones más allá del contacto labial puramente físico que imponía el beso tradicional, al tiempo que mejorase el adictivo beso azucarado para evitar tentaciones.

    Después de un tiempo sin poder besarse, la gente empezaba a impacientarse, sobre todo los más fogosos. También aquellos que se iniciaban en el amor, que se quejaban de la casualidad, ahora que les tocaba enamorarse. Se preguntaban si acaso podía existir alguna otra forma de besar que no hubiese sido ya inventada. Sin perder ni un instante, los expertos se volcaron en la investigación, buscaron financiación, patrocinadores y voluntarios. Pronto la noticia se hizo eco en todos los medios: se buscan voluntarios. Mala idea ya que hubo una avalancha de voluntarios y pronto aclararon que no todo el mundo podía serlo. Debían cumplir ciertos requisitos.

    Acabó siendo evidente que para ser voluntario tenían que ser vírgenes en el beso para no condicionar la creatividad del amor puro. Sin embargo, debían haber experimentado el amor verdadero y correspondido. ¿Conocer lo que es el amor sin haberse besado? ¿Era esto posible?

    Por otro lado, los enamorados, ansiosos de nuevos besos, enumeraban bajo una lluvia de ideas las características que les gustaría que tuviese el nuevo beso. Se ilusionaban pensando en lo que les gustaría experimentar durante esta nueva normalidad en el acto afectuoso. Fuese lo que fuese, debía ser más duradero, más intenso, espontáneo, fresco, aromático, esponjoso. Algunos defendían un toque picante a la par que tierno. Otros añoraban el beso dulce (pero bajo en calorías). Y, por supuesto, la nueva manera de besar debía solucionar los daños colaterales del clásico beso azucarado: la diabetes tipo II, caries, obesidad, infartos o ceguera.

    Tanto trabajo por hacer y tanto enamorado con síndrome de abstinencia que no podían retrasarse más así que, sin más dilación pusieron marcha a la investigación. Se iniciaron varias líneas de investigación que abordaron el asunto desde diferentes puntos de vista.

    Uno de los proyectos estudiaba el efecto de retrasar al máximo el ansiado beso para terminar rociando los labios con una especie de spray paralizante pero no terminaba de convencer. Otro grupo de expertos estudiaba la posibilidad de estornudar en la cara del ser amado como muestra de amor, sin embargo, no tenían demasiadas expectativas. Otra línea de investigación experimentaba con la nanoencapsulación de sustancias que explotaban cosquillas en los labios de la pareja y no terminaban de conseguir los efectos esperados.

    Finalmente, dieron con una posible solución que no tardaron en anunciar para que todo el mundo pudiera poner en práctica. Lamentablemente, el éxito de las pruebas realizadas en los laboratorios no era reproducible en condiciones reales. Las parejas que ponían en práctica este nuevo método no obtenían el efecto deseado...

    ... Y es que el beso es una de las múltiples formas que existen a la hora de expresar el sentimiento más profundo en una pareja que realmente se ama. Es un acto de amor que se reinventa en el comienzo de cada relación, característico de cada pareja. No hay dos formas iguales de besar, es algo especial, único e irreproducible.

    En cada nueva relación de amor aprendemos a besar de nuevo.

    El espejo

    El espejo

    El espejo

    Había escuchado que científicos de la NASA investigaban con rayos cósmicos en la Antártida aventurando una nueva teoría sobre el estallido del Big Bang y su desdoblamiento en dos universos paralelos que iban en sentido contrario. Se sintió desasosegado. En realidad, pensó, lo que yo necesitaría no es repetir mi vida hacia atrás sino retroceder hasta el día de mi nacimiento y reescribir todo de nuevo. Eso quisiéramos todos…Y sonrió con tristeza.
    Aunque no le dio importancia, la idea no se le iba de la cabeza. Siguiendo sus rutinas diarias, después de desayunar se dirigió al lavabo. Sobrevoló el vacío, aterrizó sobre su propia imagen, que el espejo le devolvía inmisericorde, y más tarde se fijó en el radiodespertador que acababa de colgar de una percha para saber qué hora era y amenizarse la ducha con algo de música. Los dígitos dibujaban en negro, sobre el fondo lechoso de la pantalla, las siete y cuarto.
    Desenroscó con parsimonia el tapón del tubo de dentífrico y volvió a contemplar su rostro medio dormido haciendo aquel gesto mil veces repetido de acercarse a los labios el cepillo de dientes. Pero algo había fallado en aquel intento. De repente, y de manera inesperada, su mano bajó con parsimonia y comenzó a deshilvanar la rutina anterior hasta que se contempló retrocediendo en el acto de esparcir la pasta de dientes, y un instante después, observando con incredulidad que el reloj seguía marcando las siete y cuarto. Como resultaba prácticamente imposible que los dígitos no hubiesen avanzado ni dos minutos, se entretuvo en indagar cada uno de sus movimientos y descubrió con horror cómo sus gestos retrocedían hasta salir al pasillo.
    Estaba meridianamente claro: su realidad había empezado a avanzar hacia atrás y se vio dirigiéndose de nuevo a la cocina, donde desayunó con precisión milimétrica lo mismo que había engullido hacía un rato, y más tarde se sumergió entre las sábanas para pasar la noche. Cuando despertó comprobó que no se encontraba ya en el día siguiente, sino en el día anterior, y el convencimiento lo tuvo cuando se vio a si mismo repitiendo punto por punto lo que le había ido aconteciendo.
    A partir de ahora, y con los lógicos desajustes entre el sueño y la vigilia, se dio cuenta de que los amaneceres no sucedían a las noches, sino justamente al revés, y entonces decidió que lo que él no quería era rebobinar su vida sino volver al principio para reemprenderla de un modo inédito, con el resabio y la sabiduría que a día de hoy le asistirían por completo…No quería volver a ese colegio donde los profesores sólo le enseñaron una serie de conocimientos insustanciales que no le habían servido para nada, tampoco quería salir con aquella chica que tantos disgustos le había dado, sino con su amiga, mucho menos atractiva pero también menos iracunda y extravagante.
    Decidido a romper la rueda que le llevaba hacia atrás, se dio cuenta de que lo más seguro era ponerse de inmediato ante un espejo y la ocasión se le presentó cuando durante un instante de su vida pasada se encontró a sí mismo tomado una cerveza en un bar mientras sopesaba la posibilidad de utilizar el baño. Aquel día, afortunadamente, había decidido que le resultaba inaplazable dar rienda suelta una urgencia del cuerpo, con lo que se vio entrando a toda prisa en un aseo cutre y destartalado.
    Como no tenía nada más contundente a mano, estampó el teléfono móvil varias veces contra la superficie que le reflejaba casi por completo. No fue fácil: tuvo que insistir varias veces y sólo al final consiguió desarmar su reflejo a base de golpes.
    Supo que había acertado de pleno cuando, a volver a la barra del local, todos le contemplaron como a un loco, desencajado por el sudor y con las manos manchadas de sangre por el estropicio que acababa de perpetrar. Había dado en la diana, se dijo, cuando el dueño del garito aceptó el fajo de billetes que dejó sobre el mostrador, y con el que con toda seguridad podría remodelar el baño entero. Fingió creerse sus disculpas de haber sufrido un ataque de ansiedad como consecuencia de un tratamiento siquiátrico que estaba siguiendo a rajatabla desde hacía unos meses y ni siquiera pensó en llamar a la policía.
    Convencido de que ya era hora de reconducir su vida hacia adelante y que el experimento de la NASA le había pillado muy a trasmano, Eulogio pensó que ya era hora de dejar de ir de bar en bar rompiendo espejos y decidió regresar a casa para meterse en la cama.


    Antígona

    El hombre fotosintético

    El hombre fotosintético

    Hoy cuando me levante me sentía renovado, lleno de energía. Mientras me desperezaba recapitulaba el día previo. Necesitaba salir al sol, abrí la puerta y me dirigí hacia el jardín. Mi piel brillaba como nunca. Me sentían bien, muy bien. Todavía adormecido pensé que tal vez se debía a la sesión de yoga del día previo, pero no, hace años que hacía la misma rutina. Luego recordé el trago verde. Soy parte de un protocolo científico sobre regeneración de tejidos a partir de injertos de piel con un alga unicelular. Me reclutaron en la sala del hospital donde me recuperaba de las quemaduras graves que sufrí tras un accidente laboral. Me explicaron que la idea era que el oxígeno que generaban por fotosíntesis las algas haría el proceso de cicatrización de mis heridas más rápido ¿Se lo imaginan? Esta gente debe estar loca, pero paga bien y yo necesitaba el dinero.
    Me informaron que tal vez no tendría hambre ya que la energía que normalmente adquiría del alimento vendría del sol. Es una locura… pero no como nada desde la semana pasada y no parezco necesitarlo. Entro en casa, pero siento el deseo intenso de volver a salir, las sombras me molestan. De manera inconsciente mi cuerpo parece buscar la posición ideal para no perder ningún rayo de sol. Estoy incómodo, mis músculos entumecidos claramente están sufriendo de esta posición, pero aun así, un deseo interno más fuerte que el dolor me impide mover.
    Me dijeron que las partes de mi piel donde hicieran los injertos podrían adquirir una tonalidad verde, por la clorofila y ahora lo empiezo a notar. Se hace la hora, debo ir nuevamente al laboratorio para un nuevo chequeo. Últimamente, las sesiones se concentran en la aplicación de pruebas cognitivas. Al parecer, como un efecto colateral no planificado, el oxígeno que las algas producen en mi cuerpo ha incrementado notablemente mi actividad cerebral. No es de extrañar, si uno considera que el cerebro es el órgano del cuerpo que más energía consume y para ello requiere de oxígeno. Al terminar las pruebas me pregunta por el día previo y tras contarle todas las nuevas sensaciones que me atraviesan su respuesta es la de siempre -es esperable, nada para preocuparse-. Antes de irme me dan un nuevo trago verde rico en clorofila y me informan que me estarán esperando a la misma hora el día siguiente.
    Vuelvo a casa caminando, hay muchos autos por la calle y el humo que sale de los caños de escape huele delicioso. Racionalmente sé que el dióxido de carbono es inodoro, pero en mi nueva condición, disfruto su aroma como si fuera el del plato de ravioles que amaba comer en casa de mi abuela. Ahora tengo sed. Me advirtieron que tendría que tener cuidado con no deshidratarme y que debía tomar varios litros de agua al día. Todavía me faltan un par de cuadras y me doy cuenta que fue un error salir sin mi cantimplora. Siento como los pelos de todo mi cuerpo se erizan de la misma manera que una planta del desierto intentando minimizar la perdida de agua por la transpiración.
    Llego a casa y me tomo tres botellas de agua seguidas. Después caigo agotado y me levanto recién a la media noche en el sillón del comedor. Estoy sudando. Necesito salir. Camino sin rumbo fijo y llego a la playa. Me saco la ropa y empiezo a nadar alejándome de la costa. Me siento liviano, cada vez más. Recién allí flotando en el medio del océano entiendo lo que esta pasando. El brillo de la luna me permite ver un halo verde que me rodea. Soy yo, mi piel y todo mi ser se está descamando. De alguna manera el alga tomo el control de mi cuerpo y mis células ya no lo obedecen. Sé que me quedan pocos minutos como ser pluricelular. Mientras mis células se liberan, mi último pensamiento es para los investigadores que me convencieron de someterme a este experimento. Nos les tengo rencor. Nuca me sentí cómodo en mi cuerpo, en el fondo sospechaba que no me pertenecía. Mientras mis células van cayendo hacia lo profundo del océano y me divido en mil pedazos aún siento que soy yo…

    El huerto del convento de Brno

    El huerto del convento de Brno

    En los últimos quince años he visto prácticamente todos los amaneceres. Tan solo he faltado a la cita con el alba durante un par de semanas en las que sufrí unas fiebres que impidieron que me levantase de la cama. Las campanas del convento siempre repican una hora antes de que el sol aparezca entre las montañas que abrazan el valle. En invierno es una labor más que vocacional salir de nuestras celdas para dedicarnos a orar con temperaturas gélidas, pero lo hacemos de buen grado ya que es la vida que hemos elegido llevar. Los desayunos son austeros porque siempre hemos sido de la opinión de que es mejor que trabaje la cabeza y no el estómago por la mañana.
    Nunca hemos sido más de veinte frailes así que, quien más, quien menos, sabe hacer un poco de todo, aunque cada uno de nosotros tiene una labor asignada por el abad, el padre Wilhelm. Yo soy el bibliotecario, el custodio del saber, pues somos una congregación de clérigos ilustrados. La joya de la biblioteca es una edición original de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, del célebre escritor español Miguel de Cervantes y Saavedra. En las tardes más oscuras y frías solemos reunirnos al calor de la chimenea para leer los pasajes de tan excelsa novela.
    El padre Alphonse pasa sus días entre los fogones de las cocinas. Ha traído hasta estas tierras las recetas de su Baviera natal y hay que reconocer que ha conseguido educar nuestro paladar a sabores que nos eran extraños. La cerveza, conocida en toda la comarca, la elabora el padre Jan. El último día de cada mes, en el portón cercano al establo, disponemos un pequeño puesto de venta de cerveza que nos permite subsistir dignamente e, incluso, permitirnos pequeños lujos esporádicos. Todavía recuerdo las botellas de vino que el padre Wilhelm compró en un viaje a Roma allá por 1850 y que tuvo a bien compartir con todos nosotros.
    Casi nunca sufrimos sobresaltos y la vida suele transcurrir de manera tranquila. Excepto cuando los hermanos más jóvenes, Luther y Ferdinand, trataron de construir una especie de instalación eléctrica que acabó en el incendio del corral de gallinas. Ambos son naturales de Viena y, como conocen todos los avances de la capital y sospechan que estamos algo anticuados, no paran de inventar artilugios para modernizar nuestras vidas. Aunque no suelen tener éxito en sus empresas, nos proporcionan, sin duda, los momentos más entretenidos de nuestro transcurrir.
    El que me tiene algo preocupado en los últimos tiempos es el padre Gregor. Durante bastantes años fue un apicultor excepcional y cada semana, gracias a él, degustábamos una miel de romero como pocas he probado en mi vida. Supongo que la rutina lo llevó al hastío y le solicitó al abad un cambio en sus labores.
    Se hizo cargo del huerto que tenemos en el claustro y aplicó con gran esmero sus conocimientos botánicos para obtener unas generosas cosechas. Al principio teníamos todo tipo de verduras, tanto en invierno como en verano. Tal era su abundancia, que también empezamos a venderlas el último día del mes. Pero desde hace unos tres inviernos, la variedad se ha reducido drásticamente. El padre Gregor se dedica en cuerpo y alma a los guisantes. Es cierto que son de gusto exquisito pero el padre Alphonse ya no encuentra maneras originales de cocinarlos. Además, no los deja ni a sol ni a sombra. Ni bien han florecido las matas, se lanza a polinizar unas plantas con otras y a hacer extrañas anotaciones en un cuaderno, algo que no es nada propio de un hortelano. No todos los guisantes de sus cosechas se asemejan y los colores bailan entre el verde y el amarillo. Los hay pequeños como lentejas y grandes como habas. ¡Algunos hasta nacen ya arrugados como si estuvieran cocidos!
    No se me escapa que el padre Gregor pasa largas temporadas en la biblioteca buscando entre todos los libros de ciencias naturales y leyendo hasta bien entrada la noche. Me figuro que debe de estar escribiendo algún tratado, pues a menudo me pide tinta para su pluma. Yo no estoy en contra de las labores intelectuales, pero considero que es menester que hable con el abad para que el padre Gregor retome el cultivo de la huerta y abandone, al menos durante un tiempo, los guisantes. Creo que será lo mejor, por el bien común.

    El Império de Los Agujéros·Négros cóntra el Gobiérno del Réino·Universál.

    El Império de Los Agujéros·Négros cóntra el Gobiérno del Réino·Universál.

    El Império de Los Agujéros·Négros cóntra el Gobiérno del Réino·Universál.


    Nóta:
    He puésto la imágen del Agujéro·Négro con álgo de colór, de ótra manéra, no lo veríamos.
    ***************************

    La notícia cogió a tódo el Univérso por sorprésa.

    El Império de los Agujéros·Négros, exigía la cancelación de tódos los vuélos de espionáje del «Cométa del tesóro » por sus territórios. Declaráron que el cométa se metía en éllos cuando quería, sin pedír autorización y desaparecía de la mísma manéra, y sin dar explicación. Péro éso sí, recorriéndo tódo el agujéro con un propósito desconocído y desconcertánte.

    Pára desespéro de sus habitántes y según asegurában sus científicos, desafiándo tóda lógica física, ya que miéntras permanecía déntro del agujéro, éste cométa se iluminába.

    El Gobiérno del Réino·Universál había respondído que a éllos también les pasába lo mísmo. Tampóco sabían la cáusa de que el cométa atravesáse sus sistémas soláres o galáxias y desapareciése de éllos sin motívo aparénte. Asegurában que la condúcta del cométa en el univérso visíble, y désde que visitába a los Agujéros·Negrós, también éra de índole muy desconocída e intrigánte. Y más, cuando duránte tódo el trayécto por el Réino permanecía a oscúras.

    El clíma de confrontación subió a nivéles galácticos, al ver que el «Cométa del tesóro» no volvía a salír después de habér entrádo en úno de los agujéros négros, y éso que, en éste cáso el citádo agujéro no éra gránde.

    *****El «Cométa del tesóro» es el cuérpo celéste que los pirátas espaciáles usáron como viviénda y depósito de tódos los tesóros robádos a las náves, al ser capturádos, se le declaró «Património del Univérso» y se permitió que recorriése tódo el Cósmos como Embajadór de buéna voluntád.
    El Réino·Universál amenazó: o el Cométa vuélve pára examinárlo, y comprobár (según los acuérdos pactádos) que conservá en su interiór los tesóros "Património de tódo el Univérso" y que no contiéne equípos de vigiláncia o espionáje, o habrá guérra. ****

    A púnto de declarárse la contiénda, y como último recúrso, se enviáron a dos Áltos Dignatários pára resolvér la situación: Por párte del Réino, un Diós y por el Império de los Agujéros·Négros. Sí, sí, su nómbre comenzába también por "D", de diáblo, ¡Qué casualidád!

    Concertáron encontrárse en la puérta de úno de los tántos agujéros négros que exísten, péro muy al céntro, pára evitár cóstes del viáje. Lo que éra iguál a decír en úna de las salídas del Réino·Universál. O séa jústo en la frontéra. Ni el emisário del Réino entraría, ni el ser del Agujéro·Négro saldría. Tal como siémpre había sído éntre las dos poténcias que hacía múcho tiémpo habían decidído no relacionárse.

    Duránte más de cién áños los dos emisários se estuviéron buscándo sin encontrárse. Ésto a pesár de las coordenádas exáctas dádas por los técnicos y científicos, péro no había manéra de que se localizáran. Según tódos los ministérios implicádos, los dos estában allí péro no se veían.

    Un día el Diós oyó úna voz: Hóla, soy «D» el emisário de los Agujéros·Négros, pásame tu vestiménta y aquí tiénes la mía a ver si así nos podémos ver.

    ¡Qué maravílla!, el Diós, ahóra con un hábito négro y el Diáblo con úna cápa blánca, al finál, después de cién áños se pudiéron ver.

    Tal fué la difusión de éste primér encuéntro, y que hízo reír tánto a tódos los pobladóres del Cósmos, que el 99% de lo que se tenía que tratár, ya se había lográdo. El habér conseguído un abrázo y úna sonrísa éntre Diós y el Diáblo, los representántes de filosofías y vídas tan distíntas, inició úna etápa de confiánza éntre éstos dos sistémas de pensár tan opuéstos.

    El Diáblo del agujéro négro, vestído de blánco éra muy agradáble y simpático, y la de buénos chístes que contába. Náda que ver con la seriedád del Diós blánco… muy atractívo por ciérto, péro siémpre muy séco.

    ¿Qué pása? ¿Serán los pobladóres de los Agujéros·Négros, la alegría del univérso y nosótros no nos habíamos enterádo? ¿Nos hémos estádo perdiéndo álgo al aplicár con éllos la ley del embúdo (absorbér) y éllos la de la trompéta (expulsár)? ¿Necesitámos visitárlos y vérlos pára reírnos con éllos? ¿Están sus bibliotécas replétas de líbros divertidisímos?
    *

    El probléma acabó maravillósamente, si bién el Diós blánco, estúvo intrigádo por la respuésta que le dió su ahóra amígo «D», al preguntárle cómo se podía vivír en embúdos que tódo lo succionában. «D» le díjo que sí, que los agujéros engullían tódo lo que se acercába a éllos. Lo agitában, lo revolvían, y lo íban escupiéndo con gran fuérza y presión por el agujéro de salída. Vámos como vuéstros inodóros.

    Si no, ¿De qué crées que están héchas vuéstras galáxias, sistémas soláres y planétas? Pués de lo que sále por nuéstra párte traséra.
    *

    F I N

    El libro que escribía solo

    El libro que escribía solo

    Pablo tiene 11 años.

    Pablo es alto y delgado. Muy delgado. Tan delgado que todavía lleva pantalones de cuando tenía 6 años.

    Es rubio y con los ojos verdes. Aunque sus ojos cambian de color. Cuando el mar está tranquilo, son de un verde claro. Cuando el cielo está cubierto de nubes gruesas y negras, son de un verde-y-gris. Son los mismos ojos que tiene su abuelo.

    Su cabello es muy grueso. Tan grueso que cuando lo tiene un poco largo, siempre está en punta. Son los cabellos de su abuela.

    El año que viene empieza en el instituto.

    A Pablo le gusta mucho leer. Al igual que a su madre. Tiene toda su habitación llena de libros de aventuras, de enciclopedias, de cómics, de revistas. Cuando lee muchas veces ríe. Ríe y ríe de las historias que cuentan los libros. Uno de los libros que más le gustaba de pequeño era uno de adivinanzas y de chistes. Un poco más mayor se leyó toda la colección del Tintín. Y hace poco ha comenzado con todos los libros mágicos como Harry Potter, las Crónicas de Narnia o Juego de Tronos. Y sobre todo le gusta leer antes de ir dormir. Dice que lo hace por que es como sentir la nana que le cantaba su madre de pequeño para que se durmiera.

    Pablo un día oyó hablar de los libros electrónicos. Se sentó delante del ordenador que había en casa y al buscar estas palabras por internet a través de un buscador le salieron millones de referencias, y entre todas las de la primera página escogió la Wikipedia.

    El año pasado uno de sus profesores les había explicado que en internet podían encontrar muchísima información, aunque a veces poco fiable. La Wikipedia, les dijo que era la enciclopedia hecha por todos los que defendían el acceso a la información de la forma más libre y fácil posible.

    La definición que encontró de libro electrónico fue esta: Un e-book o libro-e es una versión electrónica o digital de un libro. En uno de los enlaces de la Wikipedia había uno que decía: descarga un libro electrónico de prueba de forma gratuita. Así que al pulsar sobre el enlace comenzó a descargarse un archivo en el escritorio de su ordenador. Mientras el libro pasaba de internet en su ordenador salían unos iconos en la pantalla que indicaban el tiempo de descarga: 7 minutos, y a la vez iba volando un pequeño libro de una bola del mundo a la imagen de un ordenador que en la pantalla tenía el nombre de Pablo.

    Una vez descargado, Pablo lo abrió. En la primera página sólo había una frase que se imaginó que era el título del libro: “El libro sin fin”. Pasó virtualmente de la primera a la segunda página y comenzó a leer. En aquel momento se fijó en el pie de página. Indicaba que el libro tenía 2 páginas. Sin terminar de leer la primera página quiso pasar a la tercera. Era inexistente.

    En ese preciso instante llamaron a la puerta. Como estaba solo, tuvo que ir a abrir. Era su madre que venía de comprar y le dijo que le ayudara. Pablo, pensativo, lo hizo lo más rápido posible. Quería saber qué misterio escondía aquel libro, que sabía su nombre, pues lo había visto escrito cuando se descargaba y que a pesar de ocupar mucha memoria, sólo parecía que tenía dos páginas.

    Se volvió a poner delante del ordenador. Comprobó cuántas páginas había. Dos. Decidió comenzar a leer. Cuando terminó la segunda página, leyendo con los ojos, sin tocar ni el ratón para ir bajando, se dio cuenta de que ya estaba en la página tres. Y siguió leyendo. Y el libro, como si supiera por dónde iba y que pensaba, iba escribiendo. Y lo más sorprendente es que escribía solo. Y escribía una historia relacionada con sus pensamientos. Cuando había llegado a la página 10 tuvo que dejar de leer.

    Al día siguiente, cuando regresó de la escuela, volvió a abrir el libro. El libro decía que tenía 20 páginas. Empezó a leer donde lo había dejado y vio que contaba el sueño que había tenido aquella noche.

    El mito que resultó ser cierto.

    El mito que resultó ser cierto.

    La vida me estaba tratando mal. Puede que solo me estuviera volviendo loco o puede que fuera un genio incomprendido que siempre ha buscado respuestas para todas las preguntas. En cualquier caso todo eso daba igual porque el mundo seguía su ciclo dando una vuelta tras otra alrededor del sol incansablemente con el avance del tiempo. Sí, todos nos encontramos ahí, en ese punto azul pálido en el universo en el que yo no lograba entender nada. Una mota de polvo rodeada de más motas de polvo que tienen sus preocupaciones, sus trabajos, sus sueños, sus vidas. Toda esta incomprensión mataba mi ser y se convertía en una nube de polución que rodeaba mi cuerpo. Hasta que un día me di cuenta de todo. Mi habitación se había convertido en mi mente y, tras semanas sin salir de ella, abrí la puerta y a lo lejos vi a nuestra sociedad, un agujero profundo en el que había incontables cavernas de Platón. Había conseguido salir de aquel agujero oscuro y comencé a gritar con todas mis fuerzas para que me escucharan hasta en los escondrijos más ocultos. Cuando conseguí que todos salieran de su caverna y miraran hacia mí les pregunte - ¿Qué miráis?. ¿Os molesta lo que veis?. A mi también, respondí. Sois vosotros, soy yo. Nunca hemos sido nada especial y nada es más especial que nosotros.
    Tras esto me alejé de aquel agujero en el que ya, tras intentarlo varias veces, no podía volver a entrar. El resto de mi vida lo iba a tener que construir desde fuera porque me había dado cuenta que somos nosotros los que tratamos mal a la vida.

    EL PROPÓSITO

    EL PROPÓSITO

    Hoy he tosido de nuevo. Levemente, como un niño que por la mañana le dice a su madre que está malo, que no puede ir al colegio. ¡Cof, cof! Y la madre le mira con dulzura y sabe que eso no es nada, que detrás de esos ojos suplicantes está tan solo la pereza de madrugar. Así que me digo, no es nada. No es nada. Una tos tonta, de esas que vienen y se van. Porque se irá, ¿no? Lleva ya tres días, y desde ayer, noto una opresión en el pecho. Porque es una opresión, ¿no? Justo ahí, a la izquierda del corazón. Si me paro, si no hago nada, si dejo de ordenar los cajones del escritorio, de limpiar los armarios de la cocina, de escuchar las noticias de la televisión, si me paro, la siento. Esa ligera presión en el pecho, ese terco asedio y, después, esa dificultad para que mis pulmones se llenen de vida. Y la tos. La tos tonta. Seguro que no es nada, solo han sido dos días tosiendo, ¿o quizás tres?

    Ha pasado ya una semana desde que salí al supermercado, bien pertrechado: con mis guantes, como aquellos que utilizaba y que tanto odiaba cuando trabajaba en el laboratorio, y con mi mascarilla, de las buenas, de las que no dejan entrar al virus. Ni al virus, ni al polen. Mato dos pájaros de un tiro. Y es que, parece mentira, pero la primavera florece indiferente a nuestra situación al otro lado de la ventana.

    Dentro de lo malo, esta pandemia nos ha pillado en buen momento. Recuerdo que en mi etapa en la Universidad de Londres todavía no se había secuenciado el genoma humano, el libro de instrucciones para fabricar una persona. Se consiguió en 2003. Fueron más de trece años de colaboración entre laboratorios de todo el mundo, entre ellos, el mío. Un hito para la humanidad. Ahora, con mejor tecnología, el código genético del nuevo coronavirus se ha descifrado en pocas semanas. Un gran paso para conocerlo y encararlo. Y es que la ciencia se ha convertido en nuestro único camino, como peldaños de hierro incrustados en la pared de un precipicio.

    ¡Cof, cof! De nuevo esa tos tonta y la cabeza embotada. Pero es que es normal, después de casi dos meses de confinamiento. Las imágenes que me llegan a través de las pantallas son mi única realidad. Si no es el virus, que no creo, la soledad acabará conmigo. Solo mi voz me tranquiliza, la oigo decir que ya queda menos. Sueño mucho, también por la noche. Me levanto tarde, ya no tengo nada que hacer, preparo la comida, cada vez menos, las lentejas congeladas me duran varios días, luego las noticias, después el telediario, luego el análisis de las noticias. Así cada día. Ya he ordenado todos mis papeles, me llevó semanas; toda mi ropa, me llevó horas. He limpiado los cristales de la casa, he actualizado mi perfil en LinkedIn, he organizado mis fotos, incluso quise hacer un álbum, pero no pude porque me encontré las fotos de mi madre y me deprimí aún más. Intenté hacer deporte, empecé bien, rescaté la bici que llevaba tantos años en el trastero, pero al cabo de una semana la dejé. Demasiado esfuerzo, no quiero que me dé un infarto.

    Esa bici no era la misma que utilizaba en Londres, pero tiene gracia que montar en ella me devuelva a esa época. Allí trabajaba con E.coli, una bacteria en la que insertaba el gen de una proteína para que, al replicarse, la produjera en grandes cantidades. Un poco como lo que hacen los virus, utilizan nuestras células para crear miles de copias de sí mismos. Por eso hay quienes dicen que no son seres vivos porque no pueden reproducirse solos, necesitan infectar a una célula y tomar prestada su maquinaria.

    Pero yo tengo dudas. Quizás el virus sí esté vivo, quizás más vivo que yo. Al menos parece que tiene una intención: propagarse. ¿Y yo?¿Cual es mi propósito?¿Esperar a que haya una vacuna que me devuelva a un pasado irreal? ¿Mirar desde la fortaleza de mi casa las flores de un parque desangelado, aplastado bajo una losa de silencio? Dormir, comer, esperar a que esto acabe, dormir…Y este dolor en el pecho que no se pasa, esta opresión, esta tos tonta.

    El Sabio

    El Sabio

    Gerardo salió de la ducha, sus ojos acariciaron el lado izquierdo de la cama que se mantuvo sin perturbar, se nublaron un poco.

    “7:30, desayuno” Bajó al comedor donde se encontraba su familia.

    Javier levantó la vista de su periódico. “¿no vas a ir a ver a Gaby?, al parecer su situación es estable"

    Gerardo exclamó "8:30" salió del comedor.

    Felipe siguió la espalda de su hijo "No presiones, él sabe mejor que nadie la situación" Marta suspiró “No ha ido a verla desde que se desvaneció, asegurate que esté bien" soltando el periodico Javier aseguró "Mamá, está rodeado de gente muy capaz".

    El 0.63% de las personas nace con trastorno del espectro autista, cerca del 10% están reconocidas con el síndrome del sabio, su coeficiente emocional se podría considerar inexistente.

    Nunca tendrán lazos emocionales, parientes cercanos son extraños, en su mundo solo caben ellos y sus ideas.

    Gabriela abrió su mundo.

    El corazón de Gabriela con fuerza y dedicación rompió las paredes del pequeño mundo de Gerardo.

    Siendo parte integral de este mundo, Gabriela enfermó súbitamente.

    Con esta ventana a punto de cerrarse, nadie sabía las consecuencias si un gran pedazo de su mundo desaparecía.

    En la cúspide de la tecnología la compañía liderada por el padre y el hermano mayor junto a las capacidades del sabio habían logrado afianzar un lugar en el mundo de la tecnología, cuando Gabriela desvaneció, expertos de medicina fueron llamados.

    Sólo uno fue capaz, Degeneración genética hereditaria, con el paso de los años, causaba falla sistémica de los órganos, sin un episodio grave no había forma de detectarlo, no había cura.

    El Doctor Sánchez soltó la bomba, las madres de ambas familias lloraron desconsoladas, los padres con caras pálidas y ojos rojos acariciaban sus espaldas, el hermano mayor miró asustado a el sabio quien con la cabeza agachada extendió la mano.

    "Deme los datos" demandó sin ninguna muestra de emoción en su voz.

    El doctor frunció el ceño "¿qué planeas hacer?".

    Gerardo levantó la vista y con un brillo peculiar en los ojos dijo "curarla".

    La oficina cayó en silencio, las madres ahogaron sus gemidos, los padres miraron a Gerardo con ojos como platos, Javier dijo seriamente "Doctor, necesito que le enseñe todo lo necesario para que llegue a sus propias conclusiones".

    Suspirando, "pasé años estudiando..." "Doctor" interrumpió "Dele lo relacionado y sea su guía, no se preocupe por los fondos".
    Los labios del doctor se volvieron una línea delgada mirando al sabio que mantenía la mano extendida cabizbajo.

    "Mañana enviaré lo necesario".

    El departamento de R&D tuvo cambios drásticos, gente de batas blancas caminaba apresurada, las pantallas mostraban secuencias genéticas y una sección se transformó en laboratorio estéril, el olor a formol y otros líquidos de limpieza permea el piso.

    El Doctor Sánchez daba conferencia con un equipo de dotados geneticistas y una persona vestida en traje pulcro que mantenía la mirada baja.

    Javier entró a la sala y se sentó estudiando a su hermano.

    "Estamos preparados para la segunda fase, necesitamos el certificado de aprobación del departamento gubernamental" el doctor que danzaba los ojos entre el público enfocó a Javier quien contestó "Continúen, todo eso se puede resolver después" era una carrera contra el tiempo, ¿que importaba la burocracia?.

    "G A T C T" comenzó Gerardo a recitar como en un trance, los ojos de todos se engancharon en su figura.

    "G A T C T" repitió, cruzó los brazos y comenzó a balancearse, tomó la pluma y escribió la secuencia, emocionados rodearon al sabio.

    Al llegar al final de la hoja, dio vuelta y continuó, uno de los asistentes corrió al cuarto de suministros y trajo varios paquetes de papel, pasaron varias horas.

    "Rojo" exclamó el sabio dejando caer la pluma, los habitantes de este micro universo cobraron vida mientras el sabio alcanzaba una caja de marca textos "G A T C T" repitió, el sabio tomando un puñado de papeles los arrojó sobre la mesa, el Doctor Sánchez palideció, el sabio comenzó a marcar entre los miles de caracteres.

    Gabriela abrió los ojos, miró a su madre que dormía en un sillón, sonrió y dio un suspiro, escuchando la alarma que añoraba desde hace varios días, Esperanza espabiló, con ojos hinchados y voz ronca se acercó a su hija "despertaste" posó una mano en su mejilla.

    "¿Cómo está Gerry?" la puerta del baño se abrió y el sabio caminó con la mirada en el piso, se sentó en la cama y mirando hacia la pared tomó tiernamente su mano.

    El corazón de Gabriela se expandió, jaló del hombro de su esposo y le plantó un beso en la mejilla, Esperanza sonrió ante este gesto "No se ha movido de tu lado desde que terminó la cura".

    El sueño de Atenea

    El sueño de Atenea

    Estoy despierta, todavía siento mi cuerpo. Intuyo que apenas me quedan unas pocas horas, incluso minutos, de vida. Ya no soy yo quien se mantiene aquí. Son las máquinas, el milagro de la mente humana. Ellas, son las verdaderas artífices de la prolongación de mi existencia.
    Mi yo de principios del siglo pasado soñaba con el avance de lo improbable, con la utopía científica, esa que se terminó realizando, la causante de que todavía no me haya marchado.

    Sabía que no podía ser de otra forma, tenía que llegar. Hubiese sido injusto que el mundo se hubiera detenido tras los avances de la segunda revolución industrial. Sólo era cuestión de esperar. No podía ser de otra forma.

    Las revoluciones se produjeron, y tuve la inmensa suerte de estar allí para vivirlas, para hacer historia. Y hoy, puedo asegurar, orgullosa, que la hicimos. El siglo XX, mi siglo, fue el del conocimiento de la estructura de la materia, de la vida y de la información. Fue nuestro siglo y fueron nuestras revoluciones: La revolución cuántica, la revolución biológica y la revolución informática. Y sin embargo, a medida que profundizábamos en nuestras revoluciones, los misterios y las zonas oscuras se hicieron directamente proporcionales a nuestras luces.

    Dejamos de construir nuestra física sobre leyes. Nos ceñimos a las teorías para abrazarnos a la infinita inmensidad, a la vez que nos postrábamos ante lo microscópico.

    Conocimos el Espacio. Sliper, Hubble y Einstein, aun sin querer, mataron a Dios. Estuvimos de acuerdo en que el Universo era finito en cuanto a lo conocido, y estaba en expansión en cuanto a lo descubierto. Y eso, aunque lo disimulábamos bien, nos perturbaba. ¿O acaso creéis que Yuri Gagarin despegó con una sonrisa de desahogo?

    Los más grandes fueron los que tuvieron la osadía y la inteligencia de reverenciar a lo aparentemente inexistente: Einstein negó la existencia de espacio y tiempo como realidades separadas mientras ponía fin a las referencias fijas; El gran Planck fue quien demostró que la materia puede emitir o absorber energía en unidades discretas y medibles. Con él, nació su Teoría Cuántica y los mimbres para el amor infinito que más tarde, a ella, le profesarían De Broglie, Schordinger o Heisenberg; Fue emocionante observar con qué amor acariciaban al átomo amigos como Rutherford o Chadwik.

    Nos opusimos a la Divina Providencia, tan sólo con la fuerza de la evidencia. Y nos negaron. Nos zarandearon. Nos insultaron. Pero sabíamos que lo hacían por miedo, y eso nos fortaleció. Y hoy, aquellos lejanos gigantes que no aceptaron que los seres vivos estamos unidos entre sí por estructuras evolutivas, que poseemos una base común físico-química, y que somos lo que somos porque tenemos un código genético, hoy, aquellos viejos gigantes, que vociferaron en nuestra contra y quisieron expulsarnos al basurero de la historia, hoy, ellos, son diminutos.

    Y nosotros no quisimos ser grandes, pero sabíamos que podíamos crear nuevos sueños al servicio de un mundo que se estaba tornando cada vez más oscuro. E hicimos todo lo que pudimos para que así fuese, para que Europa dejase de oler a carne humana en descomposición. Pudimos realizar cultivos de tejidos separados de sus organismos. Filatov fue capaz de emplear tejidos congelados en sus operaciones quirúrgicas, y en 1936 Carrel y Lindbergh dieron vida a órganos de mamíferos. Nos inundamos de anhelos vitales.

    Ese mismo año, trabajé junto al doctor Duran i Jordà. Intentamos que nuestro país no se desangrara. Fuimos pioneros, junto al equipo del Doctor Bethune, en conservar y realizar las primeras transfusiones de sangre. Fue una de nuestras más hermosas aportaciones a la vida.

    Después de la barbarie humanitaria que significó la II Guerra Mundial, parecía imposible volver a recobrar la esperanza en la razón. Sin embargo, la resignación no fue tan grande como nuestro deseo para seguir creando nuevas formas de pensar el mundo. No estábamos dispuestos a renunciar a nuestra potencialidad.

    En 1948 descubrimos el transistor, y apenas unos años después dimos con el circuito integrado, e inventamos el chip informático. A partir de ahí, el camino de la traducción de los contenidos de información a un lenguaje numérico, fue imparable. IBM, McIntosh, el proyecto Arpa, la WWW o la inteligencia artificial modificaron el milagro, materializaron aquello que fue improbable. Fue nuestra utopía científica del siglo XX.

    Me duermo tranquila. En paz con el mundo y conmigo misma. Orgullosa de que siempre, mi pensamiento, estuvo al servicio colectivo de la Humanidad.

    Por ella, no paréis.

    El valor de la observación

    El valor de la observación

    Mi padre no era científico, pero era muy observador. Mi hermano tenía SIDA desde hacía unos pocos años, y aunque su estado empeoraba, lo hacía lentamente. Por aquel entonces, no existían tratamientos eficaces, eran los tiempos de las primeras investigaciones para encontrar una vacuna, siempre pendientes de la salvadora vacuna. El SIDA era una epidemia nueva, una enfermedad infecciosa de la que se sabía muy poco, una situación de incertidumbre que ahora, inmersos en la pandemia del COVID-19, podemos entender mejor. ¿De dónde había salido el virus? ¿Cómo se transmitía? ¿Por qué algunas personas eran más sensibles que otras a sus efectos? Ni mi padre, ni mi hermano, ni nadie de la familia teníamos respuestas a esas preguntas, y nuestra indefensión la combatíamos con la fe en la ciencia, la ciencia que tarde o temprano sería capaz de zanjar las incertidumbres para atinar un remedio.
    Como anunciaba fríamente su acrónimo, el SIDA deprimía el sistema inmunológico de mi hermano y su organismo se debilitaba frente a los patógenos. Yo había escogido la inmunología como asignatura optativa, para entender cómo funcionan los procesos adaptativos de la carrera evolutiva entre antígenos y anticuerpos, una batalla que se libra desde el inicio de la vida, hace cientos de millones de años. Aprendí los mecanismos moleculares y fisiológicos de esa batalla, que mi hermano superaba sin que los médicos detectaran un cambio notorio en el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, y según explica la ciencia de los sistemas dinámicos, el organismo de mi hermano había cambiado de estado: antes de infectarse, su sistema inmunológico mostraba fluctuaciones, en función de su condición física, las estaciones del año o el estrés, pero siempre dentro del estado llamémosle resistente. Tras contraer el virus, su sistema inmunitario cambió rápidamente a un nuevo estado: seguía teniendo fluctuaciones, pero en un estado deprimido. En este estado, si su sistema inmunitario entraba en crisis, su organismo tenía serias limitaciones para combatir los patógenos. Pero luego llegaba una recuperación, porque la evolución ha esculpido los sistemas biológicos con un material llamado resiliencia. La resiliencia es la capacidad de esos sistemas para volver al equilibrio tras el impacto de un estresor. Igual que cualquier organismo, tenemos resiliencia a muchos niveles: fisiológico, metabólico o neuronal. En especies con grandes cerebros, existe incluso una resiliencia emocional frente al dolor, los miedos y la angustia. Los humanos hemos mostrado una gran capacidad de resiliencia a lo largo de nuestra historia evolutiva. Cuando bajamos de los árboles, quedamos expuestos a muchos peligros. Ni éramos particularmente veloces, ni éramos particularmente grandes, ni estábamos bien armados con grandes garras o grandes colmillos. Tuvimos muchas limitaciones para defendernos de los depredadores, y para cazar las presas que nos podían aportar las proteínas y los lípidos necesarios para alimentar un cerebro que crecía y consumía cada vez más energía. Sufrimos muchos avatares, pasamos cuellos poblacionales, hicimos grandes migraciones llenas de riesgos y superando muchos peligros. Luego llegó el Neolítico y con él las guerras y las epidemias y el sufrimiento emocional que comportaban, y hemos resistido todos esos embates reforzando y adaptando nuestros mecanismos de resiliencia.
    Aunque mi hermano parecía instalado en un equilibrio de fuerzas, su resiliencia tenía una capacidad finita. Los límites de esa capacidad los explora la ciencia de las transiciones críticas y los tipping points, los puntos de rotura. Podemos doblar la rama flexible de un abedul aplicando la fuerza de nuestros brazos, pero si la tensión acumulada atraviesa un umbral, quebraremos la rama y con ello habremos quebrado también su resiliencia. El reto está en conocer esos umbrales, y poder anticiparlos para evitar la rotura del sistema. Los médicos tienen que interpretar los resultados de las pruebas diagnósticas para adelantarse a los acontecimientos, para corregir las prognosis, para ayudar al organismo a alejarse de ese tipping point de no retorno. Otros investigadores también intervienen en ese esfuerzo: sociólogos, estadísticos, físicos, matemáticos o ingenieros. Todas estas disciplinas trabajan con los datos facilitados por los hospitales. No son ciencias fenomenológicas, no observan el proceso. No pueden hacerlo porque no tienen un contacto directo con los enfermos. Ni siquiera los médicos, por falta quizás de tiempo o por exceso de medios diagnósticos, suelen observar con calma a los pacientes.
    Mi padre no era científico, pero era muy observador. Un día me dijo “tu hermano cojea”. Observé a mi hermano, que se alejaba con un andar apenas renqueante, y tuve que admitir que mi padre tenía razón. “No es una buena señal”, añadió. Yo me quedé callado. Aquella observación puso un triste colofón a aquella incertidumbre con la que, de mala gana, habíamos convivido. Mi hermano tenía un gran tumor cerebral. El tumor que quebró su resiliencia, esta vez sí, de una vez por todas.

    ELISA Y SU COLMENA

    ELISA Y SU COLMENA

    Chicos, aún recuerdo cómo empezó nuestra colmena, y como yo, Elisa, llegué a ser vuestra Abeja Reina.
    Como ya sabéis nuestra antigua reina, entre los muchos huevos que ponía, creo que llegan a ser 3000 diarios, puso uno que tras 15 días de metamorfosis siendo larva, y no siendo fecundado por nuestros zánganos, llegué a ser yo. Pero una parte muy importante, fue la alimentación que me dieron nuestras abejas obreras… Mmmmm, sí, esa deliciosa Jalea Real.
    - Sí, pero por favor, Elisa, cuéntanos también la historia de tu lucha de pequeña – dijo una abeja obrera
    - De acuerdo, si insistes. Nosotras cuando nacemos tenemos que ser muy rápidas, y matar al resto de larvas de los huevos reales. Además, en mi caso ya había una abeja reina, de la que estábamos hablando antes. Pero yo estaba allí preparada para sustituirla. Hasta que un día, de repente, me armé de valor y luché para echarla de nuestra colmena. Sin embargo, a ella nada le pasó, unas abejas obreras muy fieles y ella se fueron a construir otra colmena – dijo Elisa
    - Pero ¿cómo se forma una colmena? – dijo uno de los zánganos
    Vale, creo que debo empezar por el principio a explicaros unas cuantas cosas. Como sabéis no somos las únicas abejas del mundo, ¿verdad?, hay casi 20.000 tipos de abejas diferentes, y nosotras somos las más comunes, las melíferas. El único sitio en el que no podemos vivir es donde haga mucho frío, como en la Antártida.
    Una colmena es muy compleja y grande. Cada una tiene al menos 50.000 panales.
    - ¡Sí!, y nosotras somos las encargadas de fabricar la cera para construir las celdas hexagonales de cada panal – interrumpió una abeja obrera. La cera sale de nuestro abdomen, y con las patas lo llevamos a nuestra mandíbula para mezclarlo con saliva, polen y propóleo, y así conseguir una mezcla mejor para las celdas. ¡Ya veréis que nosotras somos muy trabajadoras! Además de eso, nos encargamos de vigilarlas y limpiarlas, incluso regulamos la temperatura.
    Muy bien dicho compañera. Además, en algunas de esas celdas yo pongo los huevos y en otras almacenáis las reservas de miel, ¿verdad?
    - ¡Qué ilusión poder contar esto! – contestó otra abeja obrera. Otra de nuestras funciones es salir a por néctar y polinizar. Gracias al pelito de nuestro cuerpo se nos puede pegar el polen. Pero lo más importante es que en nuestras antenas tenemos nuestros sentidos del olfato, oído y tacto. ¡Es así como podemos localizar las flores!
    Esta es una parte muy importante – contestó Elisa. Nosotros somos un tipo muy importante de polinización de las plantas, la zoófila. Tenemos una relación de mutualismo muy importante con ellas.
    - Elisa, ¿a qué te refieres con el mutualismo? – contestó un zángano
    ¡Muy buena pregunta! Pues resulta que la polinización es muy importante para las flores, porque es así como se reproducen. Y para nosotras, como ya sabéis, por una parte, es muy importante para nuestra alimentación ya que gracias al polen se alimentan las larvas; y con el néctar nosotras podemos reponer la energía.
    - Claro, y, además – interrumpió otra abeja obrera, nosotras producimos así la miel. Gracias al néctar que recogemos de las flores, después le reducimos la humedad en la colmena y lo mezclamos y enriquecemos con enzimas.
    Exacto – comentó la Abeja Reina. Por tanto, como podéis ver ayudamos a mantener el equilibrio del ecosistema.
    - Oye Elisa, ¿no vas a decir nada de nosotros? – preguntó un zángano.
    Claro, vosotros sois muy importantes también. Para empezar, nacéis de huevos no fecundados, y al no tener aguijón necesitáis de nuestras abejas obreras para poder alimentaros. Además, sois los que me fecundáis.
    - Sí, es una de nuestras pocas tareas. Quiero contar yo lo del vuelo nupcial – dijo otro zángano. Algunas veces, la reina sale de la colmena y nosotros vamos detrás. Ella se apareará con el más fuerte y lo matará. Después, el resto de nosotros como estamos tan cansados del vuelo, podemos ser capturados y matados por las abejas obreras. Los pocos que sobreviven, como no pueden comer solos, tienen peligro de morir también.
    - Vosotros, los zánganos sois todos machos, y nosotras las abejas obreras somos todas hembras. Como ha dicho mi compañero, nosotras entre todas las funciones ya vistas, les alimentamos a ellos y a la Abeja Reina. Además, nos encargamos de cuidar a las más jóvenes. Nosotras cuando picamos a los humanos morimos, ya que dejamos nuestro aguijón y parte del abdomen en ellos.
    Muy bien dicho todo chicos. Yo, sin embargo, aunque pique no muero.
    Gracias a esta colaboración contando las experiencias hemos podido ejemplificar un poco mejor la colaboración que tenemos todos y cada uno de nosotros en la colmena y en todo el ecosistema.

    En un solitario laboratorio

    En un solitario laboratorio

    Aquella sesión vespertina del viernes no se ha borrado ni lo hará fácilmente de mi angosta memoria. Cada vez que evoco la estampa, solitaria y no poco temeraria, del laboratorio donde estaba sintetizando una suerte de nanopartículas magnéticas que me fuesen a proporcionar mi primera publicación científica, un súbito escalofrío se apoderó de mis entrañas. Las manecillas del reloj habían sobrepasado las nueve de la noche, y me dirigía a observar mi experimento con aquel nuevo material adsorbente, el cual se estaba calentando a no muy alta temperatura, cuando de repente empezó a chisporrotear la instalación de la campana extractora que daba cobijo a mis nanopartículas y sus fétidos aromas.

    Mi mente se nubló hasta tal punto que tan sólo se proyectaban instantáneas de llamas en ella, cual recurrente pesadilla de infancia. Acerté a atisbar un cierto goteo del agua continente de mi experimento hacia los cables de la placa calefactora que, con toda probabilidad, habrían provocado el cortocircuito. Me aproximé con cautela al lugar del siniestro y, lejos de amedrentarme por el sonido ambiental del cableado, me encaramé a accionar el diferencial afectado por el incidente. La tensión se apoderó de mí por unos segundos, dado que algunos cables aún continuaban humedecidos, y con rapidez y tiento mi mano subió el diferencial mientras mis ojos se fueron cerrando a la vez. Pasaron unos segundos de incómodo silencio que persistieron durante casi un minuto. Los cables continuaron emitiendo aquel incómodo pitido y ninguna hecatombe sobrevino después. Proseguí con respiración profunda y acompasada durante unos segundos adicionales, tras los cuales me apeé de la silla y puse pies en polvorosa.

    Comencé a escudriñar las causas de mi descuido y confieso que, transcurrido el tiempo, no alcanzo a comprender el porqué de aquel susto innecesario y estúpido que tan sólo se podía achacar a una falta de concentración o atención en un momento determinado. Aquel día me sentía exhausto y no pensaba sino en desconectar la placa calefactora al término del tiempo de espera para abandonar el laboratorio y dedicar el fin de semana a la vida familiar, sin factores desestabilizadores que dificultasen la regeneración de mis neuronas. En momentos así cabía preguntarse si cobraba sentido la permanencia diaria enclaustrado, emparedado en aquella suerte de burbuja carente de vínculo alguno con la realidad. La respuesta, a priori, se antojaba sencilla si se ignoraban episodios esporádicos como el relatado, aunque algo más compleja cuando iniciaba el habitual proceso de reflexión que me llevase a reafirmarme en los motivos por que había decidido embarcarme en semejante aventura.

    Recordé entonces con nitidez aquellos días de verano, jornadas inhábiles para los negocios y los trámites administrativos, en que me debatía entre emprender, junto a un buen amigo, mi propio laboratorio para fines rutinarios o embarcarme en una larga travesía por la senda de las preguntas sin respuesta, de los ensayos sin conclusiones y las frustraciones sin consuelo. Si hubiese de retrotraerme a esos tórridos días en que el único mar donde me zambullía era el de las dudas, estoy convencido de que saldría flotando para nadar en la misma dirección e iniciar esta ardua búsqueda de mi destino.

    Soy consciente de que sesiones intrigantes como la relatada en este exordio nos pueden ocasionar una irreversible conmoción, así como un permanente malestar sabiéndonos culpables de la probable inutilidad de nuestro experimento. También interiorizo la desértica andadura por que hemos de transitar hasta vislumbrar un halo de luminosidad, mientras la moral se ve minada por la inmisericorde inacción de nuestros llamados pares. No obstante, en momentos como éste observo un rayo más poderoso que el descargado durante las tormentas de verano, y es su destello el que ilumina la continuidad de mis pasos en persecución de los interrogantes de la ciencia. El futuro se antoja ignoto e incierto, pero no se trata de adivinarlo sino de coserlo hebra a hebra, cristalizarlo átomo a átomo, integrarlo pico a pico.

    Aquellas cuatro paredes parecían haber desistido en su intento de devorarme, a la vez que mi cabeza comenzaba a asomar tímidamente desde su escondrijo en el caparazón.

    Energía Azul

    Energía Azul

    “-Es el ocaso de la humanidad – musitó Ye Wenjie, ya sin fuerzas-. Y el mío también.”
    Más de 400 páginas después el libro tocaba a su fin. Por un precio de 20 euros ha servido para casi una veintena de viajes al trabajo. El ritmo de lectura no está nada mal si tenemos en cuenta que casi la totalidad de los viajes de vuelta me los he pasado dormitando en el asiento.
    8:30 de la mañana, una hora perfecta para llegar, para empezar el día. Claro que también los hay que consideran que la hora perfecta es otra. Si le preguntara a mi jefe posiblemente contestaría que las 7:30 es una hora adecuada, o que las 6:30 es una hora aún mejor, aunque esta pregunta habría que hacérsela a partir de las 10:30, antes es imposible encontrarlo en el laboratorio. Nuestro laboratorio es bastante pequeño. Es lo que tienen las ciencias teóricas, con una pizarra y un sitio donde sentarse suele valer. Aunque a decir verdad eso no es todo, entre la pizarra y nosotros tenemos el tema que me ha ocupado en los últimos cuatro años, la energía azul y sus posibles usos. La energía azul es una forma de obtener energía por la diferencia en la concentración de la sal entre el agua de mar y el agua de rio. Es tan simple como eso, la definición es de Wikipedia. Conseguir ese proceso es mucho mas complicado, en Wikipedia ya no viene como hacerlo, de hecho, en ningún sitio viene como hacerlo, de hecho, no sabemos si es posible hacerlo de forma eficiente.
    En medio de eso me encuentro yo, bueno, realmente en medio de todo eso se encuentran unos nanotubos de nitruro de boro que son los que permiten realizar el cambio osmótico, en definitiva, son los que permiten que obtengamos energía.
    En estos pensamientos me entretengo hasta que llega mi jefe, las 10:30, como un reloj. Yo a estas alturas ya llevo un par de cafés en el cuerpo (también un cruasán, media madalena y alguna galleta, pero eso es otra historia) así que estoy más que despierto. Tras haber adelantado un par de presentaciones para congresos que tenía pendientes entramos al trabajo duro. Conceptos como conservación de la energía u entropía se convierten en palabras de uso común en busca de procesos que nos permitan obtener la ansiada energía azul de forma eficiente, aunque para ello nos falta dar con un conjunto de ecuaciones que permitan mejorar los desarrollos actuales, obtener una idea feliz lo llama él. Tras cuatro años que llevamos en esto ya lo creo que sería feliz, lo cierto es que hemos obtenido pequeños avances y quizá en un futuro podamos comprobar nuestros avances a nivel experimental.
    Entre desarrollo de un dato y desarrollo de otro dato siempre queda espacio para lo cotidiano, como ha ido el fin de semana, que tal los preparativos de tu boda, los problemas del niño de 7 años con las matemáticas y entre esas cosas retornamos a los nuestros propios, que también son matemáticos la mayoría de las veces. La parada para comer suele ser mas bien corta, a esta hora la lista ya no se limita solo al cruasán la media madalena y alguna galleta así que una comida escasa nunca me ha supuesto ningún problema. Las tardes las solemos dedicar a repasar nuestros avances o a comprobar la compatibilidad de nuestras propuestas con distintos modelos y simulaciones. En definitiva, lo dedicamos a estar seguros de que vamos en la dirección correcta, mi abuelo siempre decía que cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba, pero el tonto sigue. Nosotros intentamos ceñirnos a esa verdad e intentar transitar durante el mínimo tiempo posible los caminos erróneos. Sobre las 6:00 suelo acabar mi jornada, para mí es una hora perfecta para ello, aunque como os podréis imaginar hay diversidad de opiniones al respecto.
    Tras acabar y recoger, al metro. Hoy no puedo leer, he terminado el libro y como no es de esos que venden con wifi me toca esperar a coger otro de los que tengo pendientes en casa. Aprovecho para dormitar un poco, despierto cuando aún me quedan dos paradas, voy distraído pensando en que la vida de los científicos no guarda ninguna relación con la que describe Cixin Liu en su libro. Bueno, quizá se asemeja un poco más a lo que dice justo unos párrafos antes del final:
    “Regresemos- Propuso Wang-. Nos queda mucho trabajo por hacer.”
    En eso estaba yo otro día más, en regresar, en todo lo que queda por hacer.

    Es difícil precisar el momento y el lugar ...

    Es difícil precisar el momento y el lugar ...

    Es difícil precisar el momento y el lugar pero sí sabemos que fue en este universo y que fue entonces (¡Tiempo y lugar! ¿De verdad existen estos conceptos tan imaginativos en la realidad real?).
    El choque del neutrino muónico y del muón antineutrino fue rápido. Y rápidamente también apareció nuestro pequeño fotón. Y comenzó a correr. Porque nuestro pequeño fotón es un auténtico y veloz correcaminos pero... mientras corría y corría notaba algo raro, algo que le frenaba.
    Así, corriendo, siguió un buen rato. Hacía carreras consigo mismo ¡Más, más rápido! Hasta que… imposible más rápido. Y de pronto se encontró con algo muy grande. Más grande que muchas partículas con las que se había cruzado antes. Cuando estaba esquivando aquella cosa grande oyó una voz grave y profunda.
    - ¿A dónde vas tan corriendo amiguito?
    - ¿Quién eres? Preguntó el pequeño fotón ¡No puedo parar! añadió.
    - Sí, ya sé que no puedes parar, dijo la voz grave y profunda, pero no te preocupes. Eso lo soluciono yo, tranquilo.
    De repente apareció una gran masa delante y otra detrás y el pequeño fotón se quedó en medio rebotando, como si fuera un ping-pong.
    - ¿Quién eres? Volvió a preguntar.
    - Soy un bosón como tu.
    - ¿Bosón? ¿Cómo yo? Yo soy un fotón y tu eres muy grande.
    - Sí, pero los dos somos bosones. Somos partículas que ayudamos a otras partículas… a hacer el amor.
    El pequeño fotón se quedó pensativo y preguntó:
    - ¿Qué es hacer el amor?
    - Eres muy pequeño todavía. Bueno, lo que hacemos los bosones es ayudar a otras partículas a que… interactúen entre si. Los fotones como tu ayudáis a las partículas con carga eléctrica a hacer cosas electromagnéticas. Y yo ayudo a las partículas a tener masa. Masas como esos espejos que he generado a lado y lado para que te quedes rebotando en ellos y podamos charlar un rato.
    El pequeño fotón se quedó pensativo y al cabo de un rato preguntó:
    - ¿Quién eres tu? ¿Cómo sabes tanto?
    - Soy el bosón de Higgs. Soy muy, muy viejo y por eso sé algunas cosas. En realidad soy tan viejo como lo más viejo que hay en este universo. Sí, porque este universo no existiría sin masa y mi especialidad es hacer que… se genere masa.
    El bosón de Higgs hizo una pausa y luego con un gesto pensativo, como mirando al infinito añadió:
    - Pero todavía tengo que aprender… algunas cosas más.
    Se quedó callado como meditando. Era un pensamiento que le venía con frecuencia. A él le gustaría ser tan rápido como los fotones ¿No habría manera de controlar la inercia, la masa? Precisamente su especialidad ¡La masa!
    - Higgs ¿Te puedo llamar Higgs?
    - Sí, claro.
    - Oye Higgs ¿Tu sabes por qué yo no puedo parar y siempre tengo que estar corriendo muy aprisa?
    - Tú eres pura energía sin lastre, sin masa. Es imposible que algo así se quede quieto. Eso tiene sus ventajas. Puedes correr todo lo que quieras y llegar antes que nadie. Antes que yo, por ejemplo.
    El pequeño fotón hizo un gesto de preocupación.
    - Sí, puedo correr mucho pero no, no puedo correr todo lo que yo quiero. Antes de encontrarnos, yo me estaba divirtiendo haciendo carreras conmigo mismo y de repente… no podía ir más aprisa…
    El bosón de Higgs se echó a reir.
    - ¡Todavía conoces muy poco de este universo! Eso es la c.
    - ¿Qué?
    - La c. En este universo todo tiene límites y la c es el límite de lo más aprisa que se puede correr.
    - ¡Que pena! ¡Un límite para correr! Dijo el pequeño fotón tristemente.
    El bosón de Higgs trató de buscar algo para animarle.
    - Ves aquel círculo. Vamos allí… te vas divertir.
    El anillo de acreción del agujero negro M87 estaba muy animado. Una foto reciente lo había puesto de moda. Millones y millones de partículas daban vueltas a un lago negro.
    - ¿Qué es ese lago negro? Preguntó el pequeño fotón.
    - Son los gravitones. También son bosones como nosotros ¡No te acerques! Hacen que las partículas se atraigan por una fuerza que llaman gravedad. Cuando se juntan muchos, como en el lago negro, tienen mucha fuerza. Sí entras ya no puedes salir y vas al fondo del lago negro, respondió Higgs.
    - ¿Qué hay en el fondo del lago negro?
    - Dicen que hay otros universos. Seguramente muy distintos del nuestro, donde a lo mejor eso del tiempo, la energía, la masa, etc. no existen o son distintos. Parece que nuestro universo es uno de muchísimos universos. Parece que somos parte de un enorme multiverso.
    El pequeño fotón sonrió.
    - Higgs ¿Un multiverso con muchos muchísimos universos distintos?
    - Sí, respondió Higgs
    - ¿Habrá alguno de ellos sin ese límite, la c?
    - Posiblemente
    El bosón de Higgs también sonrió. A lo mejor también había algún universo donde él podía ser tan rápido como un fotón.
    - ¿Vamos?

    Espartanos y atenienses

    Espartanos y atenienses

    Cuando la marea baja, la guerra empieza. El retroceso de las olas son las campanas de muerte. Los dos bandos son enemigos históricos, antítesis ecológicas; depredador y presa. Ambos luchan por su vida, ambos mueren si pierden la batalla, por lo que, una vez más, lo darán todo. Su supervivencia está en juego. No pueden fallar.

    Anclados en la piedra, pacientes pero tensos, esperan los soldados de la legión negra provistos de los escudos más resistentes. Cada guerrero dispone de dos valvas con las que protege su cuerpo. Su mejor estrategia es su infalible defensa. Al igual que los atenienses, ellos confían en sus impenetrables murallas. Pretenden agotar a su rival hasta provocar su retirada.

    Desde el mar emergen gigantes. No forman ningún ejército, se acercan guerreros solitarios. Reptan con la ayuda de sus cinco brazos y portan una armadura espinosa del color del fuego. Su marcha, lenta pero imparable, infunde temor a sus adversarios. Son espartanos, los guerreros más temibles de Grecia.

    Como los rivales helenos, ambos ejércitos luchan una batalla interminable que ha durado milenios.

    A medida que la distancia entre ambos bandos se reduce, los hoplitas azabaches se encapsulan completamente entre sus valvas, no dejan ningún reducto de su cuerpo expuesto. Las murallas de Atenas se cierran, son una defensa perfecta.

    La colisión entre los dos enemigos es silenciosa, pero no por ello menos violenta. Los cinco brazos del asesino le ayudan a trepar encima de su adversario en un intento de mostrar su superioridad frente a él. Sin embargo, el ateniense, aunque más pequeño, no se deja intimidar, y con una férrea convicción se escuda tras sus defensas.

    El combate ha comenzado. Un brazo se levanta y colapsa con la cáscara izquierda de un individuo y, rápidamente, otro brazo agarra la cáscara contraria. Aunque el escudo esté húmedo y sea resbaladizo, los brazos del gigante están provistos de potentes ventosas que proporcionan un agarre firme. Con una fuerza hercúlea, el espartano tira de ambas valvas para destruir la defensa perfecta, confía en que el combate sea fácil. El ateniense, sin embargo, no se rinde, y haciendo la fuerza contraria a su rival, mantiene sus murallas cerradas. No se escuchan berreos ni gritos de guerra; nadie alrededor es consciente de que, a pocos centímetros, dos individuos luchan hasta la muerte.

    El instinto del animal entre las valvas es claro: las puertas de Atenas deben permanecer cerradas. Mientras tanto, el espartano forcejea en busca de una pequeña brecha en las murallas impenetrables.

    La lucha continúa sin que ningún enemigo ceda hasta que, por un error de estrategia en la defensa de la fortaleza, el depredador consigue abrir una pequeña grieta entre las dos valvas de su presa. El gigante, iluso, cree que su caza ha concluido, que el ateniense es hombre muerto, por lo que tira una vez más de las valvas para desnudar a su oponente. Sin embargo, la presa no está acabada. Con sus últimas fuerzas, consigue hacer frente al movimiento de su oponente y, aunque la apertura en su muralla sigue siendo evidente, no es lo suficientemente grande como para permitir un golpe mortal.

    Los signos de agotamiento son patentes en ambos bandos. ¿Acaso quedarán en tablas? El depredador recuerda que aún no ha comido nada ese día, que sus fuerzas flaquean. Su supervivencia depende de esta lucha. El animal oculto entre las murallas puede intuir la desesperación de su asesino y en ese momento, ambos se preguntan lo mismo: ¿Quién es la víctima?

    Rozando el desfallecimiento, el depredador recurre a su arma oculta. Para poder utilizarla, sólo necesita que se cumpla una condición: El plan secreto precisa de una pequeña brecha en las defensas atenienses. Por suerte, ya la tiene. Puede ejecutar su plan. Puede matar.

    El hoplita ateniense está paralizado, perplejo. La boca de su enemigo se abre de par en par liberando una sustancia semisólida que se cuela por la rendija entre las valvas hasta tocar el cuerpo desnudo del soldado. Éste, aterrorizado, no entiende que esa sustancia nauseabunda es el estómago del gigante, que ha sido expulsado del interior de su armadura espinosa gracias al tejido conectivo mutable. Con todas sus líneas de defensa rotas, el guerrero entre las valvas acepta su derrota y se ahoga entre jugos estomacales que deshacen todos sus tejidos blandos. Otra victoria para Esparta.

    Con desprecio, el depredador separa completamente las dos valvas que tanto le había costado abrir. Ya no había defensor que las mantuviera cerradas. La muralla impenetrable hecha cenizas. ¿De verdad ese ser insignificante creía que podía ganar? Al fin y al cabo, era solo un mejillón, y él, se dijo con orgullo, era una estrella: Pisaster, el que pisa y destruye a su enemigo.

    Esplluga

    Esplluga

    Me levanté en medio del incesante rodar del autobús, viendo a lo lejos el perfil que dibuja la ciudad de Barbastro. Iba a pasarme los próximos meses de verano antes de la universidad con mi abuela, para que «aprendiera» algo de ella según palabras de mi madre. Llegamos a la estación a las 12:36 de la mañana y me bajé con más sueño que hambre. Debía reunirme con un tal Vicente, un conocido de mi abuela Clara, que estaba en la ciudad haciendo unos recados. Según me comentó por teléfono, me reconocería sin problemas y me llevaría al pueblo en coche. De pronto, mi nombre resonó por el andén de la mano de una estruendosa y grave voz:

    –¡Irene! –dijo a lo lejos. –Eres Irene, ¿verdad? ¡Eres ‘clavaica’ a tu abuela!

    Con total sorpresa, me reconoció tal y como ella dijo. Le respondí afirmativamente, a lo que me preguntó qué tal me había ido el viaje. Durante esa breve conversación volvió a relucir el parecido que según él tenía con mi abuela.

    –Si tienes hambre podemos comer algo en el bar de la estación. Hacen unos bocatas que están para chuparse los dedos.

    Parecía que lo dijera más por el que por mí.

    –Prefiero ir para Espluga, mi abuela me estará esperando para comer.

    No es que quisiera desmerecer esos bocatas del bar, pero prefería llegar lo antes posible a casa y comer algo más decente. Fuimos a por el coche y nos tomó algo menos de una hora de carretera. Durante el trayecto, Vicente no me paró de hablar sobre mi abuela y sus increíbles viajes a África. La gente del pueblo la tenía por una eminencia.

    –La mujer que puso Espluga en el mapa, ni más ni menos –dijo. Sonaba casi como si fuera mérito propio. Aun así, se notaba en sus palabras la profunda admiración que le tenía.

    Llegamos a Campo sobre la una y veinte, donde Vicente hizo una parada para repostar y saludar al de la Gasolinera. De ahí remontamos la nacional y llegamos a Espluga. Mi abuela estaba esperándonos en la plazuela con una olla en las manos.

    –Qué rápido habéis llegado –dijo ella. –¿Todo bien por el camino? Esto es para ti Vicente, por las molestias.

    Le había preparado un conejo al chocolate, receta de la familia. En aquel momento deseaba que hubiera una segunda olla para nosotras. De sus platos ese era sin duda uno de mis preferidos.

    –No hacía falta doctora, ya sabe que tenía que hacer unas cosillas por allí.

    Se despidió y se fue con el coche levantando un poco de humareda por el tubo de escape. Fuimos hacia casa mientras conversábamos sobre el autobús y poco más. Al entrar, me volvieron esos recuerdos de cuando era pequeña y me pasaba con ella todo el verano. La casa estaba repleta de decoraciones, cuadros, fotos de mis abuelos durante su época como médicos sin fronteras… en fin, recuerdos de las muchas aventuras que vivieron.

    –Cariño, eso fue hace eones –respondía cuando le preguntaba sobre aquella época.

    Mi madre me había contado la historia miles de veces. Ambos eran médicos y estuvieron durante años trabajando en la campaña de vacunación contra la Viruela en el Cuerno de África. Algo que mi abuela restaba constantemente importancia. Mientras iba a dejar la maleta, me quedé mirando fijamente una foto de ella vacunando a una niña.

    –¿De dónde es esta foto? –le pregunté.

    –Esto era en una escuela infantil de una aldea al norte de Somalia. Mira qué joven estaba –me contestó, mientras miraba la fotografía.

    El olor de conejo al chocolate inundaba la casa. Al subir al piso de arriba confirmé mis sospechas: había una segunda olla para nosotras. La mesa estaba puesta y nos pusimos inmediatamente a comer. Mientras saboreaba ese plato tan exquisito, salió a relucir otra vez la niña de la foto.

    –En aquel momento la Organización Mundial de la Salud empeño muchos esfuerzos para extender la vacuna por África y Asia. Eran zonas muy desfavorecidas donde la enfermedad era endémica –dijo mientras se llevaba un poco de conejo a la boca.

    –Y, ¿estuvisteis muchos años con el abuelo ahí? –le pregunté, para que tuviera tiempo de masticar.

    –Bastantes. Nos volvimos a España a principios de los 80, cuando la enfermedad se consideró erradicada. Nos vinimos a trabajar como médicos rurales aquí a ‘Esplluga’ –dijo. Así es como se dice Espluga en Patués, un dialecto hablado en el valle de Benasque, Aragón.

    –El resto de la historia ya la conoces de sobra, ¿no? –sonrió.

    Continuamos hablando sobre su labor en Benasque, la familia, la despoblación de la zona. Y así comenzó mi verano, en el que definitivamente iba a aprender más de lo que habría imaginado.

    Expedición a Maya186. Un nuevo futuro para la Humanidad

    Expedición a Maya186. Un nuevo futuro para la Humanidad

    28 de abril, 2223

    Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de la NASA, Robledo de Chavela, Madrid.


    Hemos sido escogidos para proponer una expedición a uno de los exoplanetas candidatos a la exploración debido a su habitabilidad, la mayor aventura de la Humanidad. Nuestras razones para elegir Maya186 son:

    -La estrella de Maya186 es tipoK (enana naranja). Tienen 0.5-0.8 masas solares y temperaturas de 3900-5200K. Presentan una vida de 18-49Gyr, un período de tiempo largo y estable, mucho más que nuestro Sol (10Gyr). Permanecen en la secuencia principal 15-30Gyr, suficiente para permitir la vida en un exoplaneta que orbita en su zona habitable y para soñar con un nuevo futuro para nuestra especie. Emiten menos radiación UV que el sol (puede dañar el ADN y la aparición de vida)


    -La distancia orbital de Maya186 a su estrella es de 0.8UA. La zona habitable para una estrella de tipo K es 0.5-1.1AU. Nuestro prometedor exoplaneta está en el centro de ese rango. Estamos seguros de que retiene agua líquida en su superficie. Gracias al espectro de la luz emitida por su estrella a través de su atmósfera sabemos que Maya186 tiene vapor de agua y oxígeno. Nuestro exoplaneta no está ligado gravitacionalmente a su estrella, por lo que tiene días y noches. El período orbital es de 0,72 años terrestres. Sospechamos cierta inclinación del eje, por lo que esperamos encontrar estaciones. También sospechamos la existencia de un satélite similar a la Luna que estabilice su eje de rotación.


    -Maya186 presenta 0,97 masas terrestres, un radio de 0,98 veces y una densidad de 5,7grs/cm³. Es un gemelo de nuestro planeta, con la misma gravedad, perfecto para un desarrollo normal de la vida humana, capaz de retener una atmósfera, y con una densidad suficiente para esperar un núcleo de hierro que cree un escudo magnético, protegiendo la vida de los vientos solares y de la radiación. Esperamos un planeta vivo, con placas tectónicas en su corteza, manto, núcleo, volcanes y calor interno, en una etapa geológica tranquila.


    -Maya186 orbita en la zona habitable de su estrella, con agua líquida en superficie. Esperamos una inclinación del eje del planeta, por lo que creemos que hay clima y estaciones. Hay grandes extensiones de hielo en ambos polos, regulador importante de la estabilidad del clima, estaciones, corrientes marinas y nivel del mar.


    -Maya186 tiene 4.500Gyrs, misma edad que nuestra Tierra. Asumiendo misma evolución y eventos catastróficos, su edad geológica es el Fanerozoico. Esperamos encontrar una civilización con vida inteligente y variedad de especies vegetales y animales. Debido a la vida vegetal duradera productora de oxígeno, tenemos la esperanza de una atmósfera respirable. También confiamos en la presencia de una cadena alimentaria que satisfaga nuestras necesidades alimenticias. Tendremos que ser cuidadosos a nuestra llegada, mostrándonos como una raza pacífica, razonable, comunicativa, con sentimientos positivos y empatía, para ser aceptados por una población en nuestro mismo complejo nivel de evolución. Habrá una gran conmoción debido a nuestra presencia, y son de esperar reacciones negativas al comienzo. No desembarcaremos hasta la estabilización de la relación. Mientras tanto, aprenderemos su idioma como gesto de buena voluntad. Mostraremos nuestra apariencia en las primeras etapas si es similar a la de ellos y esperaremos si no es así, compartiendo nuestra cultura, expresiones, sentido del humor, deportes, música... construyendo un clima de confianza. Posteriormente, compartiremos conocimientos en ciencias, tratando de empoderar ambas civilizaciones. Cuando aterricemos, necesitaremos un largo período de adaptación por ambas partes, con problemas en el camino. Seremos embajadores de la Humanidad, un puente entre civilizaciones. Prepararemos la visita de una delegación suya a la Tierra. Si es posible, podríamos esperar mezclar nuestras especies sobre la base de la amistad y el amor fraterno.


    -La duración del viaje al 20% de la velocidad de la luz es de 190 años. Tenemos la tecnología para hacerlo. Naves espaciales grandes, poderosas y cómodas, capaces de transportar una población importante y variada; propulsión no basada en reacciones químicas y el conocimiento para la hibernación humana.
    El coste de esta empresa es elevado pero hemos estado preparándonos durante 200 años. Nuestros ingresos, por ser una civilización extendida por todo el Sistema Solar, son altos y podemos afrontar este desafío.
    Elegiremos un equipo de voluntarios valientes, representativos e inteligentes, sin hijos y con estabilidad mental demostrada, capacitados en las habilidades necesarias y variadas para enfrentar este viaje con éxito, altamente motivados como exploradores de un nuevo mundo y una nueva civilización, completa y conscientemente informados de los retos y peligros que afrontarán, habiendo aceptado que nunca volverán.


    -Esperamos poder convencer a esta Comisión sobre la idoneidad de Maya186 para ser la puerta al futuro más emocionante que la Humanidad podría soñar. Una nueva Tierra y una nueva civilización gemela nos aguardan.

    Daniel Kepler
    Director de Exobiología. NASA DSCC España

    Herederos del Triásico

    Herederos del Triásico

    Un dinosaurio terópodo descansa observando su territorio. En un momento dado observa a un pequeño mamífero y va a darle caza. Corre batiendo sus extremidades anteriores cubiertas de plumas, pero el pequeño animal es escurridizo.

    Finalmente lo atrapa y, con la presa ya muerta, sus congéneres se acercan para robársela. De un enérgico picotazo le perforan el cráneo y entre todos terminan de devorar los restos de la infortunada presa.

    De repente, desvían la mirada y se dirigen hacia los límites de su territorio, agolpándose y produciendo variados gruñidos. Llega la granjera con el pienso. Aquel ratón fue solo un aperitivo para unas hambrientas gallinas.

    HFD1, la rata obesa

    HFD1, la rata obesa

    En aquellos días, el Criador eligió 28 ratas marrones, sanas y bien formadas y las distribuyó en grupos de siete ratas en cuatro cajas. A la primera caja le llamó HFD, del inglés “High Fat Diet” y a cada rata le asignó una etiqueta desde HFD1 hasta HFD7.
    En la caja HFD, el Criador comenzó a administrarles una nueva dieta consistente en bollería industrial ad libitum, sabrosa pero insana, en vez de su acostumbrada dieta sana y equilibrada, pero poco apetitosa. En la caja vecina, la etiqueta decía CED, del inglés “Control, Equilibrated Diet” y, en su interior, se divisaban otras siete ratas, menos afortunadas, a las que el Criador continuó administrando una dieta sana y equilibrada, cuyas etiquetas decían CED1 a CED7. Más allá había otras cajas, pero HFD1 no podía distinguir ni sus dietas ni sus etiquetas.
    Ni HFD1 ni sus compañeras comprendían por qué el Criador les había cambiado la dieta, pero HFD1 era una rata creyente y, por tanto, no se cuestionaba las decisiones del Criador, ya que se consideraba indigna de comprender sus inescrutables designios. Sus compañeras, especialmente HFD3, no estaban de acuerdo con la resignada postura de HFD1; de hecho, HFD3 se oponía a comer la insana bollería industrial porque valoraba mucho su salud. HFD3 se definía como agnóstica; es decir, pensaba que, si el Criador existiera, las ratas no podrían saber nada acerca de él. Para HFD3, todos los sucesos se debían al azar. Aplicando este criterio, el cambio de dieta podría explicarse si hubiese un inmenso número de cajas con ratas en las que las dietas podrían variar en tantas combinaciones que la suya era solo una más de las muchas posibles. A esta teoría, HFD3 le llamaba la teoría del multiverso y le servía para explicar casi todo lo inexplicable. Por su parte, las otras cinco ratas comían sin reparo porque les apetecían los sabrosos manjares, sin plantearse preguntas trascendentes sobre causas y consecuencias de sus acciones.
    Siendo coherente con sus creencias, HFD1 comió la bollería industrial sin límites hasta duplicar su peso corporal y sentirse realmente obesa, torpe y enferma al cabo de dos meses. Por el contrario, HFD3 apenas comió lo necesario para no morir de hambre y, en consecuencia, no aumentó significativamente su peso. La convivencia se fue complicando durante los dos meses de dieta alta en grasas, llegando a causar tensas discusiones entre HFD1 y HFD3 en las que, ocasionalmente, intervenían las demás ratas para insultar y acusar de manipuladoras a las contrincantes o para pedir calma.
    Súbitamente, la dieta cambió en la caja HFD; de manera que, una mañana, apareció una harina de maíz negro en vez de los acostumbrados bollos. Las siete ratas se sintieron muy sorprendidas con el nuevo cambio. Ninguna era capaz de explicar el suceso. Por supuesto, HFD1 se limitó a decir que era la voluntad del Criador y que rechazarla era una blasfemia. Por su parte, HFD3 volvió a aplicar su razonamiento para decir que el azar había causado este cambio de dieta entre las infinitas cajas HFD existentes. De nuevo no hubo acuerdo en la explicación del suceso, y tampoco hubo unanimidad en la reacción ante la dieta. En efecto, HFD1 hizo de tripas corazón para hincarle el diente a la insípida y poco estimulante dieta, mientras que las demás ratas apenas comieron lo necesario para sobrevivir hasta que el hambre doblegó su voluntad. Por su parte, HFD3 decidió que esta dieta era más conveniente para su salud y que, en consecuencia, podía comer una cantidad razonable.
    Transcurridos los 90 días establecidos en el protocolo del Criador, HFD1 sintió que su peso había disminuido significativamente y se sentía menos obesa, más ágil y más sana que antes, aunque no tanto como al principio. Una mañana, HFD1 se durmió con la extraña sensación de olor a cloroformo. En su última mirada, alcanzó a ver a sus compañeras yaciendo en el suelo con sus estilizados cuerpos y su saludable aspecto. HFD1 vio un túnel que acababa en una potente luz y, al final del túnel, le esperaban sus familiares y seres queridos y sintió una paz infinita. Por su parte, HFD3 sintió una profunda tristeza e impotencia a medida que su cuerpo perdía el vigor y se retorció entre espasmos hasta que perdió la consciencia.
    Ninguna de las siete ratas pudo ver su nombre publicado en un artículo sobre los efectos beneficiosos de la ingesta de maíz con elevado poder antioxidante en ratas obesas. Por su parte, el Criador lamentó la inconveniente variación en peso y en las demás variables morfológicas y fisiológicas que observó entre las ratas y que causaban elevados coeficientes de variación que dificultaban la identificación de diferencias significativas entre tratamientos.

    Jugar con los fantasmas

    Jugar con los fantasmas

    Ocho de la tarde. Lunes, pero hace buen tiempo. Cuatro años de grado, dos de máster y once horas trabajando en su primer día. Javier sale de la ofici… Sin previo aviso, su ritmo cardíaco aumenta y comienza a sudar. Su amable sonrisa se retuerce transmutando en una desesperada mueca de agobio. Siente su respiración descompuesta y lucha. Lucha incesantemente para mantener la calma. Peligro. Aún no sabe por qué ni por dónde. Pero llegará. Está seguro. Dentro de su cabeza lo siente todo. Absolutamente todo, y le pesa. Es incapaz de discernir sus pensamientos, que se precipitan de un rincón a otro en su cerebro como un furioso torbellino, hostigando sus entrañas y aplastándole contra el suelo. Se encuentra al borde de un precipicio al que no recuerda haber llegado. Pero ya es tarde. No hay explicación. Tampoco hay conclusiones. Por fin en casa. En la soledad de su cuarto libera la tensión de su cuerpo, que instintivamente vibra dirigiendo el compás de una amarga melodía en completa descoordinación con el bombeo de sus ahogados pulmones. Lágrimas escoltan a la bronca orquesta incorporándose torpemente al desacompasado baile de sus brazos trémulos y los vaivenes de su pecho. Y ya son, otra vez, las 3 de la mañana. La paciencia y su colchón le han devuelto la batuta y el control de sus ideas. Mañana será otro día. El vecino de enfrente ha vuelto a olvidarse la luz de la cocina encendida esta noche, y de alguna manera esto le reconforta. ¡Menudo drama! – piensa recostado mientras encorva ligeramente la espalda y flexiona las piernas abrazando con su cuerpo a la almohada.

    Domingo por la tarde. Ya ha pasado tiempo desde su última visita al precipicio; un tiempo tardo y contaminado con el vago disimulo de su evidente falta de sueño. La semana ha sido dura y está terriblemente cansado, aunque la inocente idea de dormir le intimida y le mantiene despierto. Como único testigo, un viejo reloj de pared realiza su oficio con escrupulosa obediencia mientras observa cómo Javier, tumbado en el sofá con un libro en las manos, se enfrenta a unos imperceptibles susurros que emanan de su hipotálamo e invaden todo su cuerpo, empapando cada uno de sus sentidos y empujándole a cerrar los párpados y descuidar su lectura. Su metabolismo descansa, su sensibilidad hacia el mundo exterior se entumece y su respiración es pausada. En su interior, millones de neuronas se emancipan de su conciencia y comienza la verbena. Primero festejan tímida y desordenadamente. Después alcanzan estados de máxima coordinación en los que alternan euforia con desaliento. El sueño es profundo, y las memorias, hasta ahora frágiles y acobardadas, comienzan su ansiado viaje desde el hipocampo hacia la corteza cerebral, donde podrán encontrar un hogar en el que envejecer hasta la hora de su muerte. A continuación, sus ojos, amordazados por unos inmutables párpados, se agitan frenéticamente en la oscuridad buscando falsas imágenes que den sentido al espectáculo que acontece en el cerebro. Pero el aforo es limitado. Desde el puente cerebral se inutiliza la comunicación con las neuronas motoras, evitando que el cuerpo de Javier brinque y dance gobernado por sus sueños. Y así por fin, Javier duerme. Un sinfín de células escenificando una magnífica coreografía, repitiendo cíclicamente sus movimientos hasta el momento en que retorne la conciencia.
    Despierta. O por lo menos parte de él. La hermosa sinfonía se pierde abruptamente en un olvido. Uno de los actores parece no recordar sus líneas y se presenta desorientado. Se para el tiempo, se rompen las notas y Javier está atrapado entre dos mundos. Pero ¿cómo es posible? Sus sentidos se agudizan arrastrándose desde su cuerpo inerte. Sus pulmones respiran con angustiosa parsimonia, incapaces de escuchar las órdenes que intenta hacerles llegar. El cerebro, como siempre, se vuelca en descifrar lo que acontece en esta esperpéntica escena, esbozando una obra inédita a partir de la confusa información que recibe. Y es entonces cuando reaparecen los fantasmas. Una pesada bruja se ha sentado sobre él, oprimiendo su pecho y no le deja respirar. Su sistema vestibular, poseído por el pánico, intenta huir despavorido y Javier siente a un ser maligno agarrando su cabeza y arrastrándole por la cama. ¡Otra vez no! – piensa horrorizado mientras intenta inútilmente liberar su cuerpo del hechizo. Sus ansias de gritar se transforman en un aullido desarticulado que trepa con terror por su garganta. Los dedos responden al fin a sus cautivas súplicas y pronto contagian al resto de su cuerpo plegándolo bruscamente hacia delante. Javier inspecciona fugazmente su cuarto y se apagan sus temores. Manso, gira sobre su costado y se promete que no volverá a sentir miedo, pues no es la primera vez que le visitan. Ya debería estar acostumbrado. La próxima vez que los vea, intentará jugar con sus fantasmas.

    Juicio elemental

    Juicio elemental

    Un frío gélido reinaba en la sala cuando los seis nobles hicieron su aparición. Desfilaron por el pasillo central con su habitual parsimonia, con expresiones imperturbables y ese halo de superioridad moral que los caracterizaba, a sabiendas de que nada podía alterarlos. Ese era el motivo por el que se habían convertido en los jueces, dueños y señores del destino de todos.
    Los presentes enmudecieron mientras los nobles ocupaban sus puestos en la mesa del tribunal, presididos por el más antiguo. Con una voz aguda pero imponente, este dijo:
    —Se abre la sesión. Hoy estamos aquí reunidos para juzgar los terribles crímenes cometidos por el individuo conocido como «H». Que entre el acusado.
    «H» hizo su aparición. Iba escoltado por «Y» y «W», lo que le confería un aspecto aún más menudo y vulnerable. Lucía esposas de acero alrededor de las muñecas y los tobillos, para que no pudiera escapar en caso de intentarlo. Se lo veía cansado, resignado. Mantenía la cabeza gacha, avergonzado. ¿Cómo era posible que fuera tan destructivo? Si parecía tan simple, tan ordinario, tan poca cosa…
    Se oyó un suspiro entre la multitud. «H» no fue capaz de alzar la mirada. No quería leer la decepción en el rostro de su amada. «O» se quedó sin aliento. Ver al amor de su vida encadenado como a un vulgar delincuente le partía el corazón. Después de todo lo bueno que ellos dos habían conseguido juntos, de todo lo que habían creado, de haber sido la base del milagro más maravilloso jamás observado… No podía quedarse de brazos cruzados mientras los nobles le arrebatan todo por lo que había luchado. «N» tuvo que sujetarla con fuerza para que no cometiera ninguna estupidez.
    El presidente del tribunal tomó de nuevo la palabra:
    —Se procede a listar los crímenes cometidos por el acusado:
    1) No acatar el artículo 2.3 de la Ley Suprema que impide que en la Tierra se alcancen temperaturas cercanas a las presentes en el núcleo de cualquier estrella.
    2) Crear una bomba termonuclear incluso más mortífera y peligrosa que las previas a cargo de «U» y «Pu», a quienes recuerdo, condenamos con el destierro y despojamos de estabilidad a sus núcleos.
    La multitud exclamó un gemido ahogado, de puro horror. ¿Iban los nobles a dictar la misma condena para «H»?
    —Y, lo más grave —continuó «He» impertérrito—:
    3) Haber sido capaz de emular uno de mis núcleos sin mi permiso ni mi consentimiento, y sin haber medido las consecuencias de sus actos.
    ¿Con que se trataba de eso? pensó «O». Toda esa pantomima del juicio era una respuesta exagerada a los celos descomunales que «He» siempre había tenido de «H» desde el principio de los tiempos. Chasqueó la lengua con disgusto. «He» era el maestro del engaño. Y lo peor era que los nobles estaban de su parte.
    «Ne» rompió el silencio:
    —Se abre el turno de palabra.
    «Li» subió al estrado. Era miembro de los 3 pilares, junto con «He» y «H». Por ello, su opinión resultaba de vital importancia, pues podría inclinar la balanza hacia a un lado u otro.
    —«H» ha sido como un padre para la mayoría de los presentes. Nos ha guiado desde tiempos inmemoriales, con sabiduría y sencillez. Pero, inevitablemente, el poder corrompe. Voto que se le destierre por un par de milenios, para que recupere la humildad. —No había un deje de compasión en su voz, solo la más pura frialdad.
    A «O» se le cayó el alma a los pies. Si tan solo pudiera salir ella a defender a su amado… Pero no la consideraban “imparcial”. La impotencia estaba a punto de consumirla.
    «F» reemplazó a «Li».
    —Hablo en nombre de todo el grupo VII cuando digo que estamos muy decepcionados. «H» ha cometido un error, sí. Y debe pagar por ello. Pero no podemos desterrarle. Nos hace más fuertes. Él es el único que ha sido capaz mediar con nuestros amigos ancestrales en disolución. Le necesitamos. —Todos los miembros de los grupos I y II asintieron con la cabeza.
    —No es motivo suficiente. Petición denegada —sentenció «Kr».
    Entonces «C» hizo su aparición, acaparando todas las miradas. Hasta los nobles la saludaron con respeto. Todos esperaban expectantes sus palabras.
    —¿De verdad estaríamos aquí hoy si no fuera porque «H» ha desafiado a «He»? Le pese a quien le pese, «H» es el ser más grandioso que haya existido jamás. En mayor o menor medida, todos dependemos de él. ¿Acaso conocéis a alguien más servicial, más polifacético? El verdadero crimen sería apartarle de nosotros. Y en cuanto a su castigo, bastaría con controlar rigurosamente la generación de tritio y su uso. Sin tritio, no hay bomba H. No tengo nada más que decir.
    Y así fue como «C», sin despeinarse, aseguró la vida de su decendencia.

    La bata de Diógenes

    La bata de Diógenes

    Son las ocho de la tarde y llueve a raudales. Me cuesta mantener los ojos abiertos después de doce horas en el laboratorio. “Hay que terminar esta maldita tesis”, me repito, “Espero que estas largas jornadas durante mi doctorado den su fruto”, “¡Pobre iluso!” me contestaba en voz alta. Desde luego, la presión del último año de doctorado, los fondos de la beca agotándose y los pasados mensis horribilis en cuanto a resultados, no ayudaban al optimismo.
    “Dejo este gel de proteínas tiñéndose en azul Coomassie y me largo”, me dije. Mientras vierto la solución mirando al tendido, me quedo pensando lo simples y elegantes que son algunas técnicas. Una simple corriente eléctrica, había separado una sopa de proteínas en un gel y esta solución azul me las iba “pintar”, así podría identificarlas. El sonido de un chorro me devuelve a la Tierra, y veo un charco azul marino creciendo sobre la bancada y gran parte de mi bata, con el gel de proteínas en el suelo. Mierda. Al menos no hay nadie para reírse de mi torpeza. Me hago con una generosa cantidad de papel e intento arreglar el desastre. La peor parte se la ha llevado la bata, por lo que la lanzo al cesto de la limpieza. No es mi día, una vez más. Mi cama me está llamando, mañana será con bata y energía nuevas.

    Al día siguiente, y después de unas merecidas diez horas de sueño, lujo que no me había permitido en los anteriores meses, me dispongo a entrar al laboratorio y reemprender mis quehaceres. Lo primero, conseguir una bata limpia. Le pregunto a Julián, técnico del laboratorio - Menudo Picasso te marcaste ayer con tu bata, ¿eh? Me temo que no quedan batas limpias, solo he encontrado esta por ahí tirada – me tendió una bata que en algún momento del pleistoceno podría haber sido blanca y un aroma a antigüedad me embriagó – ¿De quién es “esto”? – pregunté – Con lo vieja que parece, puede que sea del mismísimo Diógenes o de alguien con su trastorno – respondió con sorna. Al menos tenía una bata. Me puse manos a la obra con energía y ambición renovadas, sensaciones que había olvidado.
    Me disponía a analizar la respuesta de células inmunes que había “cabreado” induciéndoles inflamación, y bañándolas luego en medio con distintas dosis del fármaco central de mi tesis, pretendía averiguar qué “moléculas informativas”, llamadas citoquinas, habían emitido mis pequeñas. El experimento era sencillo si lo miras desde fuera, solo aspirar y verter pequeñas cantidades de líquido (como la mayoría de mis experimentos) pero con un principio complejo. Sencillo, elegante y, muy largo. Seis horas de experimento después, analizo cuántas y qué citoquinas han producido las células, simplemente midiendo el cambio de color en el líquido. Para acceder al lector de placas, cinco minutos de cortesía mientras Windows XP carga en un ordenador tan vetusto como mi nueva bata, y obtengo una tabla Excel llena de números. Dos horas de estadística y… “¡¡¡Eureka!!!” grité emulando al filósofo griego. Primeros resultados que tienen sentido en meses, por fin un paso adelante. La excitación del momento cubrió mi cansancio, y decidí repetir el gel que había echado a perder ayer. Empecé el experimento con energía y, dado al calor propio de una tarde de verano, sin bata. Desafortunadamente, el resultado fue catastrófico: ni rastro de las proteínas, había cometido un error en alguna parte. ¿Sería que no llevaba la bata de Diógenes? Fue un pensamiento irracional, pero me llevó a arrugar la bata con rabia y lanzarla contra la bancada. Me fui a casa enojado con la bata y conmigo mismo.

    Las siguientes semanas transcurrieron con la misma dinámica, mañanas de éxitos y experimentos bordados, pero por la tarde, sin la bata de Diógenes debido al calor insufrible, nada salía bien. Avanzaba a medias y encima con un caso paranormal, lo que me faltaba.
    Un viernes decidí despejarme y salir de cervezas con los compañeros, y les conté mi “misterio griego”. Todos echaron a reír y lanzar teorías locas a la par de divertidas. Hasta que Marta, investigadora experimentada, intervino - Lo único que pertenece a Diógenes aquí es tu cabeza, no la bata ¡melón! Te salen los experimentos cuando estas descansado y concentrado. Exhausto eres un desastre, como todos - Estas palabras fueron una revelación. La presión y pasión habían desembocado en una completa falta de respeto a mi persona y salud, arriesgando mi tesis e integridad mental - Por desgracia, esta situación es más habitual de lo que debería dado la precariedad en la que trabajamos, en fin… ¡Chin chin! - concluyó Marta asiendo un tercio.

    A partir de esa tarde, cambié mi dinámica y acabé mi tesis sin problemas. En los agradecimientos, incluí a Marta, otros compañeros, y por supuesto a Diógenes, por prestarme su bata y sabiduría.

    La Chispa de la Vida

    La Chispa de la Vida

    Frente al espejo, conforme caía la sotana por su cuerpo, Sabino se imaginaba dentro de un ataúd descuidadamente amortajado. Al entrar en la iglesia ocultando el hábito bajo un abrigo de tres cuartos, el párroco le informó de que aún faltaban unos minutos para comenzar la misa; no tuvo tiempo de decir nada más antes de acabar amordazado.
    Con el templo hasta la bandera, Sabino disculpó al cura titular por la indisposición que impedía su asistencia y comenzó la misa advirtiendo a los asistentes de que escucharían un relato que cambiaría sus vidas y especialmente la de aquellos que no eran creyentes. Comenzó:
    ¨Todos los seres vivos de La Tierra estamos fabricados con los mismos materiales, desde los humanos hasta las moscas, pasando por bacterias y plantas, compartimos idénticos mimbres que dan lugar a cuerpos distintos según la técnica de tejido. Todas las formas de vida terrestres comparten un origen común, un primer ser vivo, un pionero con el que apareció la vida, un ser antes del cual, un segundo antes de su aparición, incluso una millonésima parte de segundo antes de su nacimiento, no había vida. Podemos imaginar un planeta inerte hace millones de años en el cual, en algún lugar, una serie de elementos químicos se combinaron para formar algo vivo, capaz de alimentarse y producir otros seres muy parecidos o idénticos a aquel. Algunas de estas criaturas fabricaban copias de sí mismas con errores, mutaciones que daban lugar a seres vivos defectuosos que no prosperaban, pero en una ocasión una de esas copias resultó ser viable, había surgido una nueva especie, había comenzado la evolución. Repetido este proceso millones de veces a lo largo de millones años, el resultado fue un planeta con multitud de formas de vida.
    La ciencia nos explica esto y también nos dice que es imposible que así sea. Ese breve instante en el que surgió todo, ¨La Chispa de la Vida¨, sólo ha tenido lugar una vez en la historia de la tierra, la cual tiene varios miles de millones de años, a su vez con una cantidad de millonésimas de segundo incontable. Si lanzamos una botella de plástico al aire cien veces, y sólo una vez cae al suelo quedándose de pie, podemos decir que la posibilidad de que eso haya sucedido es una entre cien. Si entre los trillones de trillones de millonésimas de segundo de existencia de La Tierra sólo en uno de ellos surgió La Chispa de la Vida, podemos decir que la posibilidad de que esta exista es de una entre trillones de trillones, lo cual, aplicando la lógica estadística significa que es imposible.
    Es imposible, hermanos, que exista vida en La Tierra y sin embargo existe. Sólo algo sobrenatural es capaz de hacer que exista algo imposible. La única manera de conseguir que suceda algo imposible es hacerlo de forma intencionada, porque lo imposible no aparece por azar, de modo que algo o alguien deliberadamente provocaron la aparición de la vida, y no lo digo yo, lo dice la ciencia.
    Amemos al señor¨.
    Después de unas semanas una ola de devoción había barrido el planeta. Sabino abrió los portones y accedió al balcón sobre la plaza abarrotada de gente emocionada. Comenzó la que iba a ser su última misa:
    ¨La Chispa de la Vida no tuvo lugar en una sola ocasión, ha sucedido más veces, muchísimas veces, incluso en este mismo momento está ocurriendo en diversos lugares del planeta. Os preguntaréis, hermanos: ¿Cómo es entonces posible que todas las especies del planeta demos la sensación de tener la misma base, la misma estructura molecular; el mismo origen? ¿Por qué no existe entonces alguna o varias formas de vida radicalmente distintas en cuanto a su composición y estructura químicas? Amigos, la vida no es más que la culminación del ciclo químico del átomo de carbono, que en determinadas condiciones ambientales finaliza con la formación de estructuras capaces de replicarse a sí mismas, obteniendo para ello del medio exterior la energía necesaria para completar este proceso. La aparición de vida es fruto de una reacción química mucho más sencilla de lo que parece.
    No somos algo creado voluntariamente, somos hijos de las estrellas, de nadie más, quizá de una supernova; somos estrellas recicladas.
    El ciclo del carbono se completa por todas partes en el universo, mucho más cerca de lo que pensamos y de forma idéntica a la que conocemos.
    No estamos solos en el universo y todos los que estamos somos iguales.
    Hermanos, dijo; Dios no existe¨.
    Sabino culminó así su obra, había conseguido captar la atención de la humanidad para explicarle que sus creencias eran absurdas. En la hoguera no ardieron sus uñas, piel, pelo y ojos; delicadamente arrancados a la vista de todos.

    La ciencia nos rodea

    La ciencia nos rodea

    Sentada sobre mis piernas cruzadas, observo la amplia paramera de la Sierra Norte de Guadalajara, que se extiende ante mis ojos. Las encinas dispersas manchan el paisaje semiárido de montaña, acompañadas por matorrales olorosos como el tomillo, el espliego y la lavanda que empiezan a estar en flor. Pocas sabinas o enebros quedan, debido al uso tradicional agrario y ganadero extensivo, que aún perdura en algunas zonas colindantes cuyos cultivos de trigo, cebada y girasoles tiñen las lomas y altiplanos de verde y amarillo en verano. El verde sombrío de las encinas contrasta con la tierra rojiza de las areniscas del Buntsandstein y sus afloramientos calizos o piedras-vaca, como me gusta llamarlas desde pequeña. Las piedras-vaca son claras y porosas, afloran desde el suelo como planchas redondeadas de suficiente tamaño para poder tumbarte a ver las nubes y no mancharte de verdín. Las manchas oscuras son debidas a la proliferación de líquenes crustáceos, dándoles ese aspecto característico que recuerda al pelaje del rumiante. Y hablando de rumiantes ¿Aquellos desprendimientos en las cortezas de las encinas podrían ser marcas de territorio hechas por corzos? Es época de apareamiento y están aventureros y revoltosos.

    El sol brilla con esplendor, aunque lleva toda la mañana jugando al escondite, tímido detrás de algunas acumulaciones nubosas. Así son las primaveras en este clima ultra continental térmico. Estás en manga corta y de repente una nube tapa el sol, se levanta una brisilla que te eriza la piel y de camino a casa empiezan a caer unas cuantas gotas, las suficientes para terminar empapándote. ¡Viva la loca primavera castellana! ¿No estarán multiplicándose y extremándose estos episodios de inestabilidad atmosférica?

    Menos mal que cuando llego a casa, construida a base de arenisca y arcilla, con vigas de madera y tejas naranjas, está encendida la chimenea. El chopo arde bien, bueno para dar vivacidad al fuego iniciado por las piñas. El relevo final lo coge la leñosa encina, que tarda más en prender, pero al contrario que la madera del chopo, que enseguida se consume, tiene mayor duración y calienta más intensamente. Me pregunto cómo influirá la fisiología de la madera y las diferentes concentraciones de nutrientes en el tronco para crear capacidades ignífugas y caloríficas tan dispares.

    Y de repente, vuelve a asomarse el sol, bien juguetón como el jilguero, piando de risa observando a una pareja de herrerillos comunes, muy concentrados en su primera cita, volando de rama en rama del ciruelo, con cuidado de no chocarse con sus flores blancas y densas. Además del ciruelo, mi madre, gran amante de la agricultura ecológica y de autoabastecimiento ha sembrado zanahorias, cebollas, coles, patatas, ajos y más adelante calabazas, tomates, judías verdes y calabacines. Aquí no se desperdicia suelo fértil poniendo un jardín con césped. Curiosamente, la lechuga, el perejil, la hierbabuena y la acelga nacen solas. Podría ser debido a tantos años de uso agrario del huerto y que aún posea simiente de otros años, alguna que otra semilla extraviada, que por condiciones ambientales y edáficas se hubiera quedado dormitando. También estas plantas, y sobre todo la acelga, podría haberse naturalizado en este microhábitat, creciendo de forma autónoma.

    Preparo un té y expongo a mi padre las observaciones y posibles hipótesis que plantea mi cerebro de científica, que busca automáticamente posibles explicaciones a todos aquellos fenómenos observados en el entorno que me rodea. Mi padre toma un sorbo de té y me mira, al otro lado de la mesa, como si se me hubiera fundido un cable o necesitara una buena siesta. A lo mejor, deberías disfrutar más del fin de semana -me dice- aprovechar los días libres y despejar la cabeza de tanta ciencia.
    Considerando sus palabras, pienso por un instante que a lo mejor lleva razón. Mejor no darle más vueltas en este fin de semana a los rasgos funcionales de plantas y cómo interaccionan con las funciones y servicios ecosistémicos y al papel, cada vez más fundamental de la microbiota del suelo, que con su hilos invisibles controla, más de lo que nos imaginamos, los grandes procesos biogeoquímicos que rigen los ecosistemas globales. Total, hoy en día todos los predoctorales que estamos haciendo una tesis, a ojos de la sociedad, estamos un poco pirados.

    Sin embargo, no me dejo amedrentar. Silenciosa y decidida, segura de mi criterio, me giro hacia la ventana con el té humeando, bien caliente entre mis manos. A través de ella me asomo al mundo y sólo veo ciencia. Veo ciencia rodeándonos y esperando a que nos hagamos las preguntas correctas y así, pregunta tras pregunta, respuesta tras respuesta, revelar los misterios del universo.

    La digestión con Pili y Mili

    La digestión con Pili y Mili

    La digestión con Pili y Mili


    Érase una vez, dos amigas, Pili y Mili, que eran inseparables desde que nacieron.
    Ellas, eran dos granos de azúcar y desde hacía un tiempo habían acabado encima de una deliciosa tarta de chocolate.

    Rosa, era una niña a la que le encantaban los dulces y un día al volver del colegio, su madre y ella pasaron por una pastelería que tenía en su vitrina una apetitosa tarta de chocolate cubierta por el más delicioso glaseado de azúcar.

    - ¡Mamá, mamá, cómprame esta tarta para merendar por favor!

    Exclamó Rosa, a lo que su mamá después de ver la buena pinta que tenía aquella tarta que reposaba en la vitrina, respondió:

    - Está bien Rosa, pero no te acostumbres que tanto chocolate y azúcar no es bueno, se debe comer variado y sano para poder estar sanos y fuertes.

    - Sí, mamá… lo sé. Comeré verduras los días que tu quieras, pero porfa compramela, porfa, porfa…

    - De acuerdo Rosa, hoy tendrás una merienda especial.

    A continuación, la madre de Rosa entró a la pastelería y compró aquella tarta que tanto deseaba su hija. Cuando llegaron a casa, Rosa fue directa a la cocina, cortó una porción de tarta y se la comió.

    En ese momento, Pili y Mili que habían visto como no paraban de moverse de un lado a otro desde que salieron de la pastelería, y ahora veían como se introducían en algún extraño lugar nunca antes visto ni imaginado, exclamaron asustadas:

    - ¡Pero esto qué es! ¿Dónde vamos? ¡¡¡¡¿Qué va a pasar?!!!

    En ese momento oyeron una delicada voz que les hablaba.

    - ¡Buenas! ¡Bienvenidas al interior del cuerpo humano de Rosa! Me llamo la digestión y voy a estar a vuestro lado explicandoos el proceso que vais a vivir.

    Pili y Mili se tranquilizaron, aquella voz parecía amigable y no tenía intención de hacerles daño.

    - ¡Por aquí! ¡Seguirme!

    Pili y Mili obedecieron y siguieron el camino que les mostraba la digestión.

    - ¡El lugar en el que estabais es la boca, espero que los dientes y la lengua no os hayan hecho daño! ¡Por aquí, seguirme! Ahora os uniréis a otros amigos que os están esperando y así formaréis el bolo alimenticio.

    Pili y Mili estaban realmente sorprendidas con lo que la digestión les iba contando.

    - ¡Agarraos que ahora vienen curvas! Vamos a atravesar la faringe y avanzar por el esófago, así llegaremos hasta el estómago!

    - ¡AAAAAAHHHHH!

    Exclamaron Pili y Mili, hasta que llegaron a una especie de bolsa en calma, y se tranquilizaron, mientras se mezclaban, con una especie de líquidos, que la digestión les contó que se llamaban jugos gástricos.

    - Ahora sois parte del quimo y nuestro recorrido continúa… ¡Cogeos bien fuerte! ¡Al intestino delgado!

    Pili y Mili estaban asombradas, aquél intestino delgado era muy largo y tenía muchas curvas.

    - ¡Madre mía! ¡Cuánto movimiento! ¡Espero que lo estéis pasando bien!
    Sin embargo, tengo que deciros que aquí acaba nuestro recorrido.
    Vosotras al ser dos granos de azúcar sois nutrientes para Rosa por lo que os quedaréis aquí y pasaréis a la sangre.
    Ahora vuestro nombre es glucosa y debéis estar contentas porque aportáis muchos nutrientes en el cuerpo de Rosa.
    ¡Solo espero que hayáis disfrutado de este recorrido! ¡Ha sido un placer haberos acompañado! Pero, ahora, debo seguir mi camino con otros amigos que me necesitan y que aún deben recorrer más lugares.

    Pili y Mili entendieron que habían cumplido su finalidad y que ser nutrientes para Rosa era algo realmente bueno, por lo que fueron muy felices y siempre recordaron aquél increíble e inolvidable recorrido junto a la digestión.

    LA ELABORACIÓN

    LA ELABORACIÓN

    Eran las tres menos veinte de la tarde cuando Sandra había reunido todos los compuestos en el laboratorio. Quiso hacerlo cuando los demás ya se habían marchado. Retransmitían un importante partido de fútbol a las cuatro y la gente quería verlo en el bar. Sus compañeros de laboratorio eran chicos y unos forofos del fútbol.
    Y también de las chicas, cosa que irritaba bastante a Sandra. Los tres jugaban en el mismo equipo, pero distaban mucho de tener el toque de balón que Sandra tenía con su raqueta.
    Ella era una chica independiente. En sociedad se sentía insegura y no buscaba citas ligeras. Por eso a veces la miraban como a un bicho raro. Venía de terminar una larga relación con un hombre casado. Pedro tenía diez años más que ella, y aunque todavía seguía amándola, el asunto se les fue de las manos. Demasiado largo de contar.

    Y de olvidar.

    Ahora se encontraba sola, sentada en un taburete frente a una ancha mesa de laboratorio. Su largo y ondulado pelo castaño lo tenía bien recogido. Hoy se había arreglado un poco, y aunque sin maquillar, ofrecía la estampa de una interesante y atractiva mujer rodeada por un considerable número de tubos de ensayo y diversos compuestos.
    Uno contenía agua, otro cloruro de sodio, el tercero urea, el cuarto, quinto y sucesivos contenían disoluciones de mucina, lisozima, lactoferrina, glucosa, prolactina y demás sustancias que había tardado más de dos semanas en reunir y en purificar.

    No podía perder mucho tiempo. Debía tomar medidas de volumen muy exactas y algunas mezclas las debía de hacer a una temperatura determinada. A las cuatro se iba el conserje y cerraba el laboratorio.
    Empezó a mezclar: 6,8 mL de agua, 2 mL de la disolución de mucina. Luego subió la temperatura a 36,5 grados... lo tenía todo perfectamente memorizado. Cuando terminó a las tres y media miró la disolución resultante a través del tubo de ensayo final. Totalmente transparente, sin ninguna impureza visible. Se sentía orgullosa. Lo había conseguido. Ya se había intentado otras veces hasta entonces, pero ella había utilizado una técnica de purificación y aislamiento de las sustancias diferente. Si el resultado era el esperado, se podría utilizar en posteriores investigaciones médicas.

    Ya tenía la disolución artificial. Una sustancia que pretendía imitar a la naturaleza. Pero ella sabía que el equipo evaluador de la investigación le iba a pedir que estuviera acompañada por una muestra de sustancia natural para contrastar los análisis en el espectrofotómetro.

    Por eso ahora venía lo difícil.

    Había planeado pensar en Pedro. En sus abrazos. Pedro le decía que sentía amor del bueno. Le sobrevino la melancolía. Y sin saber cómo, apareció el recuerdo de aquella vez que estando los dos revueltos en la cama, en un momento que quiso incorporarse, se le resbaló una rodilla por el borde y cayó de culo, quedando patas arriba después de un piñazo contra el suelo que les hizo estar a los dos riendo a carcajada limpia durante dos minutos. Dos horas en la cama, y aquellos dos minutos fueron los que se grabaron a fuego. Lo que son las cosas.

    No funcionaba.

    Pensó en su padre, en lo mal que la había tratado desde joven porque no quiso ponerse de aparadora de calzado en la fábrica familiar de zapatillas deportivas. “¿Estudiar? ¿Química? ¿Eso para qué sirve? ¿Y cuándo piensas formar una familia?”

    Tampoco funcionaba. La rabia es lo que menos funciona para esto.

    Y entonces pensó en su futuro. Volvió a pensar en Pedro. Que le amaba de verdad. Pensó que la vida les había puesto enfrente a los dos para compartirla. Se acordó de sus últimas palabras, “espérame, en un par de meses estaré contigo, te lo prometo...”
    Habían pasado ya seis meses desde aquellas palabras. Por unos instantes se sintió sola, débil, y aunque ese sentimiento la llevaría a lo que buscaba, le dio miedo, y quiso hacer esfuerzos pensando que algún día volvería a querer a alguien igual o más de lo que ha querido a Pedro. Pero se vio incapaz... Y de repente, no pudo imaginar su futuro más allá de las cuatro de la tarde.

    Y después de unos segundos de labios apretados y fuertes emociones reprimidas, por fin, una lágrima resbalaba por la mejilla. Y otra, y otra, y otra más que caían al pequeño embudo de cristal y resbalaban hasta el tubo de ensayo.

    Ya eran casi las cuatro. No quería quedarse encerrada. Se quitó la bata y se soltó el pelo. En el pasillo, a lo lejos, vio al conserje cerrando puertas. Empezó a correr hacia la salida, más que por la prisa por la satisfacción del trabajo bien hecho, mientras su ondulado pelo le saltaba sobre los hombros.
    Recordó que a las cinco había quedado con Marta para jugar al tenis.

    La eterna búsqueda de la luz

    La eterna búsqueda de la luz

    Amanece otra apacible mañana de agosto en las Islas Svalbard. Me gustaba abrir los ojos de las primeras de la colonia y poder observar al resto de charranes árticos. Después, mirar con orgullo mi propia familia, a mis dos hijos y a su padre descansando todavía. Hace dos meses que eclosionaron, y ya alzan el vuelo con auténtica maestría. ¡Ay, cómo pasa el tiempo, pronto abandonarán el nido! Me sacudí rápido las plumas, y con ellas también aquella idea tan ñoña, ¿Qué soy, acaso una de esas perdices del final de una novela romántica?, me compuse y batí mis alas a contracorriente en dirección a mi parcela favorita del Atlántico Norte. Aquella donde siempre encontraba jugosos manjares. Era importante desayunar bien hoy, comenzábamos la migración en busca de nuestro eterno verano, y con suerte nos esperaban 700Km de travesía de una tirada. De vuelta, con el pico lleno, tres peces pequeños y muchos insectos bobos que volaban a ras de agua. Al llegar al nido, los pequeños ya aleteaban. Desayunamos. La colonia entera estaba lista, sólo tuvimos que esperar al charrán más anciano. Probablemente ésta sería su última migración y todos nos sentíamos orgullosos de compartirla con él. Llegó, y tras eso nos marchamos. Volamos sin descanso, sobre ese eterno azul, avistamos olas de grandísimo tamaño, algunas hasta nos revolcaron alguna vez cuando planeábamos persiguiendo a una presa. Fue una semana de dura travesía hasta llegar al primer gran trozo de tierra, volcán de Pico fue lo primero que vi del archipiélago de las Azores. Ahí pudimos recomponernos, y degustar algún pez espada preto entre todos los de la colonia. Todos los charranes árticos tuvimos un cónclave tras dos días en las Azores, teníamos que decidir, quiénes de la colonia irían hacia la Antártida por África, y quiénes por Suramérica. Nos dividimos, y yo bajé por la costa africana con una de mis crías. La desembocadura del río Níger en el Golfo de Guinea es quizás uno de mis puntos favoritos del paisaje, y así se lo hice saber a mi descendencia. Mira, ahí hace dos migraciones tu padre y yo compartimos pescado mientras volábamos con el viento en contra durante un atardecer precioso. Vi por primera vez la danza aérea de cortejo de tu padre, y ¿qué te voy a decir?, aquí estás como prueba de éxito. Y seguimos bajando por la madre África y el cansancio se iba acumulando en las alas. Llegamos a lo que puede ser el tramo más duro de toda la migración, el Desierto del Kalahari. A pesar de que ya era octubre, las temperaturas aún rondaban los 40 grados centígrados en las horas centrales del día, y la arena rojiza de este desierto nos entorpecía de buen grado el vuelo. Fueron duras estas dos semanas de travesía, y en este punto, ya llevábamos algo más de tres meses de migración. Llegamos al punto de inflexión, Cabo de Buena Esperanza, anuncié a los más jóvenes del equipo que ya estábamos más y más cerca del final de la migración, próximos a esa reunión con los nuestros, y a otras merecidas vacaciones de verano. Últimos casi cinco mil kilómetros antes de la costa de la Antártida. ¿Qué es eso comparado con los trece mil que ya llevábamos? Seguimos volando con nuestra ya tan acostumbrada formación en V y tras veintiún días de periplo, y alguna incidencia con los vientos pudimos ver tierra. Yo pronto reconocí el lugar donde solíamos nidificar, también otros de los charranes veteranos del grupo. Descendimos en picado hacia tierra y nos instalamos. La vida comenzó a instaurarse en ese ritmo tranquilo de aquel que sabe que le esperan unas merecidas vacaciones. Pero el tiempo pasaba y nada sabíamos del otro grupo, parecía que no llegarían para el día de Navidad. No llegaron, ni ése ni ningún otro día, y quién sabe dónde y por qué hito fueron reubicados. Quizás fue el cambio climático que desubicó una corriente de viento, o creó una nueva zona verde propiciada por unas semanas de abundantes lluvias. ¿Quién sabe? Lo único que cabe esperar es que ellos también estén buscando eternamente la luz.

    LA GOTITA PERDIDA

    LA GOTITA PERDIDA

    Un día una familia de gotas, se disponía a hacer el famoso ciclo del agua .En la familia estaban , un padre ,una madres, un hijo, y una hija. Los padres ,ya lo habían hecho pero los hijos, que en ese momento eran pequeños, nunca lo habían hecho. Estuvieron todo el día dando el paseo , pero al llegar la noche decidieron refugiarse en un acuífero y pasar allí toda la noche.
    En el acuífero se juntaron con más familias , que al igual que ellos quería hacer el famoso ciclo del agua.
    Al llegar la mañana, fueron a desayunar. Allí se encontraron con otra familia de gotas. En esa familia había un padre ,una madre ,dos hijos y una hija. En el desayuno esas familias tuvieron tiempo para hablar ,y entonces tras un par de horas hablando quedaron en que irían juntos en el camino del ciclo del agua , las propias familias se dieron cuenta de que tenían mucho en común.
    Entonces, una vez que terminaron de desayunar fueron por un riachuelo hasta llegar al mar .Una vez que estaban en el mar la familia de cuatro integrante se fueron a saludar a sus abuelos ,que en aquel momento vivían en pleno mar,al final las dos familias , la de cuatro integrantes y la de cinco se quedaron a dormir en casa de los abuelos .
    Al llegar la mañana decidieron , que era la mejor hora para hacer la ruta del mar ,les tocaba evaporarse primero lo hizo la familia de cuatro ,en la que todo salió bien .Al llegar la familia de cinco también salió bien.
    Se encontraban en el proceso de condensación , cuando la era de noche, de forma ,que esta vez para dormir decidieron dormir en una nube. Las nubes eran unos de los hoteles más caros, pero eran los hoteles más cómodos.
    Todo parecía que iba bien hasta que en medio de la noche se presentó un fuerte viento ,sobrevivió todo el hotel , menos el hijo pequeño de la familia de cinco.
    Su familia estaba muy preocupada ,no encontraban a su hijo. Pero tenía que olvidarse y dejar el pasado atrás ,en este tipo de viajes eso es lo que podía suceder.
    Tras esta tragedia las familias decidieron separarse , y la familia de cuatro fue la primera en salir.
    Ambas familias decidieron coger una nube y de forma llegar a las montañas
    Cuando estaban encima de la montaña el piloto de la nube les dijo que ya podía bajar, entonces ,todos bajaron y llegaron a la montaña.
    Fue una gran sorpresa , para la familia de cinco, que al llegar a la montaña se encontraron con su hijo.
    Entonces el hijo les contó que se fue con una humilde familia en una nube, y que ellos le ayudaron a llegar a la montaña.
    La familia muy contenta , terminó el ciclo de agua ,y todos estuvieron siempre muy felices.

    LA ISLA

    LA ISLA

    La joven despertó bajo los cálidos rayos que rociaban la isla y permaneció quieta por un momento, pensativa. Largos habían sido los años esperando en convertirse en exploradora: años de caminos sinuosos sobre atajos rectos, años de contemplar al mar hasta la última luz. Muchas habían sido las miradas de desaprobación con las que se había topado, y sin embargo estaba allí, ella, fuerte y segura como la roca sobre la que pisaba. Aquel día, en el que todo empezaba por fin, no sería diferente.
    Luego de alistarse, cruzó el umbral de su pequeña vivienda, ubicada sobre un leve promontorio desde el cual se obtenía una hermosa vista del océano, y por poco atropelló a la encorvada y misteriosa figura que la aguardaba allí. El visitante vestía un ligero manto carmesí cruzado sobre los hombros, y las sombras de la mañana ocultaban una cara protegida por una capucha del mismo color. Sostenía algo con delicadeza entre sus brazos plegados.
    --¿Tú eres la nueva?-- preguntó algo bruscamente, plantándose delante de ella. A la muchacha, estupefacta por el repentino encuentro, le pareció que el extraño intentaba sonreír sin éxito. Pretendiendo disimular la emoción en su voz, contestó:
    --Sí, soy…
    --¡Perfecto! --la interrumpió él, acercándole el bulto que llevaba-- Póntelo.
    La joven lo tomó suavemente y lo extendió con curiosidad desde las puntas: era un manto prácticamente idéntico al del hombre. Llena de preguntas, elevó la vista, pero descubrió que su interlocutor ya había dado media vuelta y marchaba colina abajo.
    Mientras corría detrás de él, la chica se echó el ropaje por encima de los hombros, lo ajustó a su cintura y sonrió. El día no había comenzado como esperaba, pero, de alguna forma, encontraba a la incertidumbre vigorizante. Alcanzó a su guía pasados los primeros árboles del bosquecillo que antecedía a la playa, pero antes que pudiese hablarle, el hombre aceleró el paso hacia el otro lado de la espesura. La muchacha apuraba, dispuesta a seguirlo, cuando escuchó sorprendida que alguien la llamaba desde un claro.
    --¡Oye!-- la voz parecía provenir desde abajo --¡Te hemos oído! ¡Acércate!
    Extrañada, se aproximó al espacio, dominado por un ancho pozo de varios metros de profundidad. La joven se asomó y quedó pasmada: desde el fondo del pozo la examinaban una docena de personas de variada edad, todas equipadas con palas.
    --¿Quiénes sois?-- les preguntó asombrada.
    --¿Que quiénes somos? --contestaron al unísono-- Somos iluminados. Somos los que sabemos la verdad, y vemos por tu capa que eres parte de ellos. ¿Sabes que mienten, no?
    --¿A qué os referís?
    --No existe el océano --anunciaron, y señalaron en dirección al mar, donde la pared del pozo los tapaba por completo--. ¡Compruébalo! Sólo hay tierra.
    La chica ojeó desde su posición el final del camino; distinguía perfectamente el celeste del agua a lo lejos. Confundida, se despidió de los cavadores con un gesto y corrió hacia la costa.
    La recibió una visión maravillosa. A lo largo de la playa se desperdigaban cientos y cientos de figuras carmesí: algunas se sentaban inmóviles frente al horizonte; otras escribían concienzudamente en grandes pizarras; unas pocas transportaban pilas de papiros y frascos de un lugar a otro. Fascinada, también notó un cambio en su guía: de pronto parecía menos encorvado y más alto, y cuando habló, su voz era firme y sabia.
    --¡El Mar! El trabajo de un explorador yace aquí, en la frontera de todas las cosas. Somos los constructores de arena, los hacedores del camino. ¡Observa! --le dijo, señalando a un anciano al borde del agua, rodeado de rollos usados, quien en ese instante terminaba de escribir una página; éste se levantó, visiblemente emocionado. En un pestañeo de ojos, la muchacha se encontró con que cerca del viejo ya no había rastros del océano: las aguas se habían corrido una veintena de metros más allá. Las personas alrededor gritaron de alegría y se apresuraron a llenar el nuevo espacio, compuesto de tierra blanda y fértil.
    --Cada paso que damos --exclamó el guía-- lo damos sobre descubrimientos pasados. Hubo una vez en que la isla misma no existía, y el primer explorador fue el primero en pisar tierra firme. Tal vez la tierra no existe hasta que la descubrimos; tal vez no hacemos más que revelarla. Sea cual sea la verdad, debemos avanzar.
    --¿Hacia dónde?-- preguntó la chica, sobrecogida.
    El hombre reflexionó un momento.
    --Hacia adelante. Y quizás llegue el día en que la tierra ocupe todo el agua que hoy vemos, y siga habiendo mar sobre el que caminar. Entonces seguiremos avanzando.
    La joven echó un vistazo a la línea donde el cielo tocaba el océano. Pensó brevemente en el encuentro en el bosque y en las personas cavando en la oscuridad; luego, sin quitarle los ojos al horizonte, se calzó la capucha carmesí y se acercó a la orilla.

    LA ISLA DE LA CORDURA

    LA ISLA DE LA CORDURA

    En un viaje a México para estudiar a los jaguares, Adrián y sus 23 compañeros de clase se estrellaron por culpa de unas turbulencias.
    Día 2
    Hemos encontrado un pequeño campamento , hemos deducido que era de cazadores furtivos debido a la cantidad de pieles y huesos de animales que había,parecía que les habían atacado ya que había huellas de garras por todas partes pero los cadáveres no estaban decidimos quedarnos allí.
    inspeccionando el campamento tuvimos suerte,provisiones y una potabilizadora de agua.
    Día 6
    Esto se empieza a descontrolar las provisiones son escasas y hay dos muertos por picaduras de insectos
    estamos desesperados y están planteando la idea de comerse a los fallecidos.No aguanto mas esta noche me marcho con mis amigos a la costa.
    Día 11
    Hemos encontrado la costa esta aproximadamente a 10 kilómetros del lugar del impacto tardaran en encontrarnos nos hemos llevado el libro de supervivencia y hemos construido una potabilizadora. Hemos descubierto algo increíble...Jaguares parece que se han aislado del resto de islas,hemos hecho una señal de socorro con piedras por si pasara alguien.
    Día 16
    No aguanto mas desde que bebimos de aquella estraña agua me estoy volviendo loco , veo alucinaciones ,ademas a Jimi y a Tom les ha picado una terciopelo , lo único bueno es que las terciopelo habitan México por lo que seguramente estemos en alguna isla desconocida cerca de México.Yo y 2 de mis amigos estamos heridos ya que nos ataco un jaguar y Lucas nos ha abandonado.por favor si alguien esta leyendo estas nota que envié en una botella, por favor ayúdanos.

    La otra cara del infinito

    La otra cara del infinito

    Tiempo atrás, en el año 3766, se creó un sistema especial, que al accionarlo, te transportaba por medio de un agujero negro a cualquier parte del multiverso. Estas, eran regiones desconectadas del espacio-tiempo y por tal motivo, diferentes a nuestro universo. Pero con algo en común, un planeta similar a la tierra, con el cual, poder intercambiar a una persona enferma por su homóloga sana. Sin embargo, todo esto hizo que lo ocurrido en ese otro universo, perjudicara a todos los demás.
    Ahora en el año 5040, todos esos sistemas quedaron anulados, viéndose afectado nuestro universo y con ello, la tierra donde vivíamos, que después de lo ocurrido, se desató la guerra, destruyendo todo lo que habíamos construido y separando a los humanos, en servibles e inservibles.
    Yanira pertenecía a los servibles, pero su hermano pequeño Yael, por el contrario, era un inservible. Por este motivo, estaba siendo perseguido hasta la muerte por los llamados “Aniquiladores de basura humana”. Estos eran humanos de la segunda dimensión, y su función en la tierra Alfa 1, era la de eliminar a todos los inservibles, ya que según ellos, eran lastres que lo único que hacían, era intoxicar al planeta, llevándolo al borde del caos. Pero ellos no sabían, que este, tenía una conexión neuronal con el Yael de tierra Alfa 4. La cual, podía hacer se restaurase el sistema que habían perdido, y así, regresar a la normalidad. Pero para que esto ocurriese, Yanira debía liberar a su hermano de los “Aniquiladores de basura humana” y para ello, iría al llamado “Makutnar”. Esta era una especie de prisión, situada justo entre dos dimensiones, donde se ajusticiaba al inservible, reduciendo su ADN a cenizas.
    La joven Yanira, ya ante el Makutnar, procede a introducirse sin ser vista en la depresión del espacio para ser absorbida como simple materia, atravesando la barrera de espacio-tiempo, para acto seguido aparecer en una celda con barrotes dorados.
    — ¿Yael? —pronunció con insistencia su hermana, ya que la oscuridad reinante no la permitía ver nada. Solo aquellos deslumbrantes barrotes, que de manera constante, desprendían un cegador reflejo, que con toda seguridad procedía de los cuerpos inservibles, ya que al tratarse de personas enfermas, contenían una toxina, que al ser aplastada entrando en contacto con un metal, se transformaba, adquiriendo un impactante tono dorado, similar al oro y difundiendo una potente luz.
    — Estoy aquí —contestó de pronto una leve voz en algún lugar al fondo de la celda. Yanira, acercándose más hacia donde provenía esa voz, palpó al tiempo, un pequeño bulto acurrucado en el suelo. Entonces, cuando con toda rapidez procedió a arrastrarlo para sacarlo de allí, advirtió con estupor como este se encontraba magullado y con parte de la piel de su cuello, abrasada. Aquello le indicó que estaban en proceso de destruir su ADN a base de quemaduras Ran. Las mismas procedían a su vez a introducirle por sus venas, un veneno que lo que hacía, era llegar hasta dicho ADN e ir descomponiendo lentamente sus células para completar el proceso.
    —Tenemos que salir de aquí —indicó Yanira, que tratando de reincorporar a su hermano, lo sujeta con fuerza, introduciéndose de nuevo a través de la pared para salir al exterior del Makutnar. Pero justo en ese momento, cuando lo están llevando a cabo, notan como una fuerza gravitatoria, los envuelve haciéndolos perder el control, para acto seguido caer al suelo.
    —Él nos pertenece —dijo uno de aquellos humanos aniquiladores de basura humana, arrebatándole a Yael.
    —No, nadie os pertenece —respondió Yanira levantándose del suelo, al tiempo que lo mira a los ojos, y al hacerlo, nota como una fuerza superior y desconocida para ella, hace retroceder a este, haciéndole regresar al interior del Makutnar.
    — ¿Qué ha pasado? —preguntó el pequeño, libre de nuevo y junto a su hermana.
    —No lo sé, regresemos —contestó ella cogiéndole ahora en brazos para volver a casa.
    Por el camino, los ojos de Yanira, que habían adquirido un brillo especial similar a un cuerpo celeste, se tornaron de nuevo en un color violeta, que inexplicablemente comenzaron a oscilar repentinamente, cuyo parpadeo, provocó de súbito su traslación a otro Universo paralelo.
    —Tienes el poder y la energía necesaria para transformarte en un agujero negro y por ello, nuestra única salvación —dijo Yael ahora jubiloso. Lo advertí al ver la transformación de tus ojos, lo que significa que gracias a ti podremos volver a viajar por el multiverso y restaurar la paz con las otras tierras.
    —Eso parece —respondió su hermana antes de integrarse en su campo gravitatorio, que les haría regresar a tierra Alfa 1 de nuevo.
    Después de eso, la paz regresó a todas las tierras del multiverso, donde ahora, juntas trabajarían por un futuro mejor y todo, gracias a Yanira y a todos los que eran como ella.

    La paradoja de Schrödinger

    La paradoja de Schrödinger

    Schrödinger se sonrió mientras escribía rápidamente en un papel con su pluma. ¿Qué dirían sus colegas de aquello? No podían negarle la razón, por muy poco intuitiva que fuera su teoría. Había estado discutiendo con su compañero Albert por correspondencia, y los dos habían llegado a la conclusión de que aquello, aunque a primera vista sonaba a locura, estaba imbuido con la lógica de la razón. No obstante, no podía evitar sonreír al imaginar las caras de sus compañeros al leer su pequeño experimento mental. Paul Dirac, Niels Bohr, Werner Heisenberg, Max Planck. Sus caras de sorpresa venían a su mente. ¿Le tildarían de loco? ¿Se reirían de su teoría, convencidos de que la vida le había empujado definitivamente a la locura?
    Hizo una pausa para admirar su obra. Al margen del papel que contenía líneas y líneas de su letra apretada y firme, ligeramente ininteligible, había tenido el descaro de dibujar un gato en una caja. No era un experto dibujante, pero se diferenciaban claramente las atentas orejas dirigidas hacia el lector y los graciosos bigotes.
    Continuó escribiendo, la sonrisa ahora olvidada. No lo sabría nunca, pero aquella obra trascendería a lo largo de los años. Los mecánicos cuánticos la citarían, gente sin ningún conocimiento ni interés en su amada física la conocería, gatos llevarían su nombre. Todo por lo que tan afanosamente escribía una soleada mañana del año 1935.
    La superposición de ambos estados, muerto y vivo, parecía brujería. En otra época le habrían quemado en la hoguera. Pero era más como un acertijo, una duda más sobre la mecánica cuántica, que muchas veces le producía escalofríos. Al final, que el estado de algo se viera influido por un observador externo era ya no algo meramente filosófico, sino físico.
    Repasó de nuevo la teoría. Imaginó una caja, sellada y opaca, cuyo contenido no pudiera ser adivinado desde el exterior. Dentro, imaginó un gato, un recipiente con gas venenoso y un dispositivo que liberara ese veneno en respuesta a la desintegración de cualquier átomo. ¿Quién podría afirmar, al cabo de un minuto, que el gato siguiera vivo? O, mejor aún, ¿Quién podría afirmar con total seguridad que el gato hubiera muerto? ¿Y al cabo de dos minutos, cinco horas o un día? Tan solo un arrogante que despreciara el razonamiento científico podría afirmar con certeza cualquiera de las dos cosas. El gato tenía las mismas probabilidades de estar vivo que de estar muerto. Por tanto, se podía llegar a la conclusión de que el gato estaba vivo y muerto al mismo tiempo. No obstante, una vez se abriera la caja, la magia del misterio desaparecería. Solo entonces, mirando su interior, se podría afirmar que el gato estaba vivo o muerto.
    Si era eso aplicable a un gato ¿no podría serlo también a un átomo y a sus electrones, invisibles a nuestros ojos? La muerte o la vida de ese gato era imposible de predecir. Y era esa incapacidad de predicción la que le decía que los físicos estaban muy lejos de entender muchas de las cosas que ocurrían en el mundo. Su hipótesis podría sonar a chiste, pero en realidad era tan lógica como afirmar que el día precede a la noche.
    De nuevo sonriendo, puso el punto final a su obra y se reclinó en su asiento. Un maullido llamó su atención. Un gato negro le miraba sospechosamente desde el marco de la puerta, como si supiera que acababa de atentar contra su especie.
    - Hemos llegado a una aparente contradicción, gatito, a una paradoja. La paradoja de Schrödinger.

    La probabilidad de éxito es minima

    La probabilidad de éxito es minima

    Hemos calculado las opciones estadísticas de completar satisfactoriamente nuestra misión y el desaliento ha cundido entre nosotros. Mientras escribimos estas letras, avanzamos a una velocidad indeterminada a simple vista. No tenemos puntos de referencia para saber si vamos muy rápido o muy despacio. Todo a nuestro alrededor es oscuro, sin principio ni final, sin brillo ni sombras. Absoluto, como el valor de nuestra carga. El objetivo que se nos encomendó es claro. Debemos alcanzar el estado de máxima probabilidad que nos permita cumplir satisfactoriamente nuestro propósito.

    Venimos de un sistema extraño y complejo cuyo centro jamás hemos visto. Siempre en movimiento, siempre sin descanso, nos movemos en espacios orbitales, siguiendo trayectorias imposibles. Somos y no somos. En movimiento adquirimos nuestra razón de ser, pero la eterna pregunta asalta a nuestra compañía durante esta travesía. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de este eterno peregrinaje en el aparente desierto exterior? Desde que tenemos memoria, siempre hemos debatido sobre la verdadera naturaleza del mundo a nuestro alrededor, y para muchos, el propósito de este viaje dará significado a nuestra esencia. Nos avisaron de que las reglas del tiempo no se cumplirían. Nos avisaron de la confusión, del cansancio. Nos dieron una cifra: once ordenes de magnitud. Una lista de once ceros que a duras penas recoge el significado de avanzar a través del espacio infinito.

    Nuestros sistemas confirman que nos aproximamos al término. Avanzando en este vacío, por fin nos acercamos a C3H7NO. Cuanto más nos acercamos a este nuevo territorio, más imprecisas son las entradas en nuestros sistemas. Nos ha parecido observar una señal avanzando a altísima velocidad en nuestro límite de detección. A ratos se comporta como una onda, a ratos como un corpúsculo. Algo ha ocurrido en este rastro durante nuestra aproximación. Estamos aterrados. No sabemos si ha desaparecido, o si ha alcanzado nuestra misma posición. Todo este montón de chatarra parece ahora inútil. Las discusiones entre nosotros han sido largas y acaloradas. Nadie sabe lo que está ocurriendo. Nadie parece saber que aspecto tiene el destino de nuestra misión. Recibimos órdenes claras de incorporarnos a la trayectoria orbital de baja energía mas cercana. Este mensaje suscitó sorna entre nosotros. Nunca hemos visto un orbital y peor aún, no entendemos el concepto de baja energía. Solo sabemos que fuimos arrojados desde un extremo de nuestra realidad hacia el otro y que llegar hasta el final es de vital importancia para nuestra civilización. Con la imaginación por bandera, esperábamos un recibimiento apoteósico. Una puerta brillando por el reflejo de rayos C, una luz derramada desde una supernova en colisión. Esperábamos, tal vez, que con nuestra llegada se desplegaran majestuosos halos en nebulosa, que nos recibiera una infinidad de naves hermanas acogiéndonos como salvadores. Pero no ha sido nada parecido.

    Algo ha cambiado, dentro y fuera de nosotros. La transformación pareció llegar cuando los sistemas de navegación nos confirmaron nuestra nueva posición, cuando el silencio y una vibración recorrieron toda la nave. Sutil al principio, poco a poco el aire se hizo más denso. Hemos conectado con esta nueva realidad con una familiaridad inesperada. Nos sentimos diferentes y parece que todo lo que ocurre, acciones y reacciones, tiene eco dentro de nosotros. Una cascada de sensaciones nos invade. Sabemos que formamos parte de algo más grande que está cambiando. Somos uno con todo lo que nos rodea. Ahora sabemos que Serina es el nombre de nuestro nuevo sistema y se nos revela poco a poco con toda su elegancia y magnifica belleza. Serina no está sola. Forma parte de una cadena de cientos de unidades de extraños nombres que se relacionan intercambiando naves como la nuestra. Una cadena que gira sobre si misma, permitiendo que cada unidad se relacione con sus semejantes. ¡Ojalá pudierais ver como miles de mensajes se entrecruzan en este espacio! Las respuestas a nuestras eternas preguntas estaban dentro de nosotros. Nunca estuvimos solos. Decenas de naves similares nos han acompañado hasta este nuevo hogar, llamado Fosfato. Nuestras dos realidades han venido a unirse como parte de un gran proceso llamado fosforilación. Al recibirnos, esta impresionante estructura llamada Proteína se ha transformado. Estos cambios han hecho girar monumentales espirales que se dirigen hacia el infinito y Proteína se encuentra ahora en estado activo. En un baile perfectamente coordinado, se unirá a otras como ella, transmitiendo señales que se expandirán hacia los limites conocidos de esta galaxia. Un flujo de señales que alimenta la vida.

    Todo comenzó como un viaje imposible, recorriendo una distancia equivalente a la que separa la Tierra y el Sol. Una pequeña nave llamada electrón, parte de un átomo de oxigeno, desprendido y despedido desde una molécula de fosfato. Una reacción altamente improbable, en el más absoluto de los vacíos. Una misión hacia ninguna parte que ha cambiado el universo.

    La probabilidad de que la luz sea real

    La probabilidad de que la luz sea real

    "¡Con vacunas, todo vuelve a ser como antes! ¡Físico francés logra determinar la naturaleza de la luz!”. Éstos fueron los encabezados de aquel 29 de mayo de 2023 en París. Recuerdo que iba camino a casa de Jacques Musorgsky, el hombre que al fin había puesto punto final al dilema de si la luz es una onda o una partícula. Vi los titulares en las pantallas gigantescas de la torre Eiffel que habían colocado hace unos meses celebrando el fin del coronavirus: al fin todos nos podíamos retirar las molestas mascarillas para volver a sentir el viento y la luz del sol en nuestros rostros.

    Cuando llegué a su casa me recibió con mucha calidez. Era un hombre muy alto y fornido, con una voz gruesa como de toro y unos ojos azules que penetraban en lo más profundo del alma. Jacques me llevó a su laboratorio, un lugar desordenado con libros por todos lados y en el centro su experimento: la doble rendija; junto había una colosal máquina con varias cámaras que miraban hacia el experimento y un gran monitor apagado. En eso, él comenzó a explicarme con mucho detenimiento:

    - Mi buen amigo Lucas, tú sabes que la luz y las mujeres son cosas complicadas. Ambas cambian su comportamiento dependiendo de nuestras acciones. Por esto, he diseñado una máquina para resolver al menos el problema de la luz con un algoritmo basado en probabilidades más allá de nuestra capacidad de percepción. - Agitado, fue hacia el centro de la habitación y encendió la linterna del experimento de la doble rendija, no sin antes ordenarle a la colosal computadora que empezara a activar los sistemas.

    - Por años hemos estado lidiando con el problema de la luz, ¿se trata de una onda o de una partícula? ¿Cómo es que un fotón puede saber si lo estamos observando o no? Nuestra forma de pensar podría mejorar si pensamos en el mundo con base en información estadística en lugar de apreciar la realidad como hechos aislados.

    Me quedé absorto por el entusiasmo con el que lo decía, y formulé una pregunta que me pareció pertinente: - ¿qué no otros modelos ya lo habían intentado? Si la memoria no me engaña, la idea de usar la estadística y la probabilidad para resolver estos problemas ya había sido formulada por Richard Feynman.

    Al instante, dio un zapatazo de enojo que se escuchó como un trueno en toda la casa y la máquina comenzó a activarse con lentitud. En el monitor, se podían comenzar a apreciar series de código interminables con muchos modelos probabilísticos combinados, siendo la base de todos el Teorema de Bayes.

    - ¡No, no, no! ¡Piensa en la probabilidad como un problema de geometría! Al final, todo se trata de razones y proporciones, lo único que cambia es la información que usamos. Este algoritmo toma todos los datos posibles y los estima en una infinidad de escenarios futuros. Así, la luz podría tener cualquier comportamiento probable. ¡Y lo que encontré me ha dejado de una pieza! Ya se conocía el estado de la superposición, sin embargo, nunca se había sometido a cada partícula individual en una situación de “súper-observación”, y eso es posible gracias a la simulación de las probabilidades dimensionales que se generan automáticamente mientras observamos el experimento de la doble rendija.

    Cuando finalizó de hablar, presionó un botón para que la máquina comenzara a observar y calcular. La luz del experimento de la doble rendija comenzó a comportarse más extraño que nunca: ¡la luz se comportaba con ambas naturalezas al mismo tiempo! Las paredes de la habitación se comenzaron a doblar e incluso los libros cambiaban lentamente de forma porque todo el espacio de observación estaba en un estado de superposición. El cemento de toda la casa se comenzaba a cuartear y empezamos a sentir malestar por las condiciones.

    En eso, él intentó apagarla como lo hizo cuando se lo mostró a unos periodistas. Sin embargo, fue inútil ya que ésta había permanecido encendida demasiado tiempo y se empezaba a sobrecalentar, por lo que las condiciones del espacio también comenzaron a afectar a los circuitos. Pasó lo inevitable: el techo se desplomó y todo el trabajo de Musorgsky quedó sepultado bajo su propia casa, no sin antes provocar un apagón que no se resolvió hasta más tarde, debido a que él tuvo que usar varios de los generadores centrales de la ciudad y con la descarga el resultado fue desastroso. Horas después, los bomberos nos pudieron sacar de los escombros a Jacques y a mí, pero no a la máquina, pues era extremadamente frágil y no se pudo salvar ni una tuerca. De seguro, apareceremos en los encabezados de mañana.

    Las faldas del hambre

    Las faldas del hambre

    “En la cuna de grandes civilizaciones de los siglos XV y XVI, entre exuberantes montañas, Pani intentaba mantenerse en pie. La aldea sacaba de la tierra el sustento principal para sus habitantes: el tubérculo por excelencia y que tanta hambre apaciguó por el mundo. Allí, las mujeres se encargaban de su cultivo. Eran alegres y vestían largas y densas faldas de colores. Con frecuencia cantaban y bailaban para encontrar la energía que necesitaban para seguir trabajando.

    Pero un día algo extraño empezó a pasar… Las plantas comenzaron a cambiar de color, a ponerse amarillas, a mustiar, a morir. El hambre empezó a castigar, y según cuentan, un día los dioses mandaron un mensaje al viejo del lugar: ¡había una maldición sobre las mujeres! Estaban poseídas por espíritus malignos y si entraban en un campo de patatas las plantas enfermaban. Poco a poco ganaban el color del oro, las hojas marchitaban y la planta moría. Si no conllevase a tanta desgracia, era casi bonito. La maldición hacía que el campo se pintase con manchas amarillas que le llenaban de color y alegría.

    Los hombres se ocuparon de los escasos campos que se habían salvado, y para su tristeza las mujeres veían como las patatas crecían sanas y fuertes. ¿Pero por qué los dioses habrían lanzado sobre las ellas tal maldición?”

    Carolina encontró este texto casualmente entre las cosas de su profesora, en la universidad donde trabajaban. Era una chica brillante, apasionada por la biología de las plantas. Corrían entonces unos 10 años después de la segunda guerra mundial.

    El texto, escrito por un historiador a principios del siglo anterior, le llamó mucho la atención. Lo guardó en un rincón de su cabeza, como quien deja una tarea pendiente. Seguramente habría una explicación más científica y rigurosa que la del viejo del pueblo.

    Carolina y su profesora estudiaban justamente las enfermedades de plantas. Se había inventado hacía poco el microscopio electrónico, y con él aparecieron los primeros virus. Se empezaron a relacionar con el Contagium vivum fluidum descrito hacia unos 50 años: un ente de estado líquido que al pasar de una planta enferma a una sana transmitía la enfermedad. ¿No serían virus dichos entes líquidos? Pues resultó que sí. Las dos mujeres se dedicaron a estudiar enfermedades causadas por virus, y una de las maneras de transmitirlos de una planta a otra era por contacto, frotando sobre una hoja sana un extracto de una planta enferma.

    Años después Carolina volvió a dar con aquel texto e imaginó qué habría sucedido después. Le entraron muchas ganas de ir allí y de escuchar en primera persona esa historia. Quería solucionar el misterio y liberar aquellas mujeres de la culpa que pesó sobre sus espaldas.

    Al llegar le impactó el contraste de colores entre montañas, casas y ropas, que llenaba el lugar de una mezcla de alegría y melancolía. La aldea parecía congelada en el tiempo, había pocos síntomas de desarrollo. Se hospedó en el único hostal y empezó su investigación. La abuela de la dueña le había contado sobre la maldición y el hambre que pasaron. La mujer explicó a Carolina que los campos seguían allí, alimentando el pueblo, pero que ahora solo trabajaban hombres. Nunca más dejaron entrar mujeres y ellas pasaron a ser símbolo de mala suerte. Si ya no era simple ser mujer en aquel entorno, cargar con ese peso lo hacía aún más complicado.

    Carolina escuchó con atención y luego le explicó por qué estaba allí. Le mostró el texto del historiador y le contó sobre su trabajo con las plantas.

    Clandestinamente fueron a un campo de patatas, y la señora encontró una hierba con un aspecto muy parecido al de una planta de patata maldita. Iba vestida con una de esas faldas tradicionales, largas y densas, con muchos colores, y sin darse cuenta la frotó contra esa planta. Estaba feliz por estar allí y empezó a bailar entre las plantas tal y como lo habría hecho su abuela.

    Después volvieron al hostal y Carolina le dijo: esta tarde me voy, pero le dejo un encargo muy importante: dentro de 10 días tiene que volver al lugar donde estuvimos y contarme lo que ha visto.

    Un mes después recibió una carta: las plantas entre las cuales había bailado la señora estaban amarillas y enfermas. Su sospecha estaba correcta: las mujeres pasaban un virus de una planta a otra con el roce de sus grandes faldas. Hacían sin querer lo mismo que ella y su profesora en la universidad. Los virus se esparcían rápidamente por todo el campo usando como puente las bonitas faldas de colores de las mujeres.

    Se cerraba así el capítulo de la maldición de los campos de patata de Pani y las mujeres se pudieron en fin liberar del peso que cargaron durante tantos años.

    Látigo I

    Látigo I

    Los medios lo calificaban como teletransporte, era un error, nos habíamos cansado de repetir que no existía la desmaterialización. Era un transporte que viajaba a 13.000 kilómetros por segundo, podría recorrer una distancia equivalente al diámetro de la tierra en un solo segundo. No alcanza esa velocidad nada más arrancar obviamente, pero es el vehículo más rápido creado hasta el momento para uso individual. Aún no es perfecto: el motor se deteriora muy rápido, caduca al año y no podemos prorrogar esta duración, al menos por ahora.
    He participado en cientos de entrevistas como jefe de proyecto e inventor del motor de Látigo. Lo bautizamos Látigo, en honor al primer invento del ser humano que rompió la barrera del sonido. Incluso en el tutorial para el usuario, la canción de fondo es Rawhide de los Blues Brothers.
    La cadena de producción está en marcha y estará en el mercado en unos meses, la lista de reservas es tan alta que la primera remesa solo cubrirá una enésima parte de la demanda. Es un vehículo solar como marca la normativa, pero el precio de este modelo lo convierte en un artículo de lujo. Nuestro mayor miedo era que no se aceptase el hecho de que solo duraba un año.
    Hubo una histeria colectiva cuando se publicó el concurso. El prototipo Látigo I iba a ser sorteado entre todas las personas que enviasen un video a través de las redes sociales explicando cuanto amaban viajar y por qué debían ser elegidos para tener a Látigo I. Un experto jurado se encargaría de tomar la decisión: reconocidos periodistas e influencers travelers. Yo habría puesto un sobre dorado en los Golden Grahams, pero el equipo de márquetin recomendó a la compañía optar por algo más actual.
    Recibimos miles de videos, pero he de admitir que su video logró conmover a todos. No hubo dudas en nombrarla ganadora. Su discurso contenía unas trescientas palabras cada una de ellas en un idioma y con un montaje escénico de una ciudad distinta del mundo. El montaje era casero y manual. Hasta el mínimo detalle estaba representado en cartón piedra o tela. Ella escenificaba cada uno de sus sueños. Tomando un café y croissant en Paris; un hot dog en Central Park; subiendo Teotihuacán; caminando por la Gran Muralla; fotografiándose en la esfinge del Cairo; acariciando un elefante en Sudáfrica; imitando un pingüino en Madagascar; meditando en los templos del Tíbet…
    Llegó al hangar 314 hecha un saco de nervios. Le hicieron un reconocimiento médico, le enseñé yo mismo el manual de uso. Era muy sencillo, no hacía falta ni saber conducir. Coincidí con ella dos veces más en los siguientes meses, nos hicimos muy amigos. Me explicó que había pedido una excedencia de un año en su trabajo, hasta la caducidad de Látigo I y que debía aprovechar al máximo ese tiempo. Es la persona más optimista y feliz que he conocido nunca. Uno de mis mayores pesares era que hasta que la tecnología no sea popular solo unos pocos podrán disfrutar de ella. Al menos no la usarán solo para fines militares, me decía ella.
    Hace seis meses ya de ese viaje inaugural, vengo de visitarla al hospital. Está enferma. A los tres meses comenzó a tardar en despertar. Lo clasifican como un jet lag a la enésima potencia mezclado con problemas de repetida descompresión.
    Hicimos muchas pruebas con pilotos entrenados y sujetos ordinarios de pruebas, pero nunca se expusieron a tantos viajes y tan seguidos como ella ha realizado, su pasión a ver mundo la esta matando. Los médicos son muy firmes, el informe dice que, si sigue viajando, incluso en transportes corrientes, podría no despertar, no debe de cambiar de usos horarios bruscamente ni someterse a descompresiones nunca más, su cerebro no lo resistirá, ya tiene muchos daños.
    Le han hecho firmar un documento de confidencialidad y le han dado tanto dinero que hasta sus biznietos podrán vivir cómodamente. La compañía hará lo posible para encubrir una mala publicidad, le han pedido que mienta acerca de sus síntomas y que piense en la gran ayuda que está prestando a la humanidad. Sus pruebas han ayudado a modificar el vehículo a tiempo y no provocará daños a sus futuros dueños.
    Fui a rogarle que parara, que no debía arriesgarse más. Le dije que si hacía falta yo mismo la llevaría a cada uno de los destinos que quisiera visitar en ferri coche solar, incluso en bicicleta. Dice que no lo entiendo, que no debo sentirme culpable sino feliz porque puede disfrutar de mi invento un poco más. Me marché confuso y la dejé tarareando Rawhide.

    Le falta cebolla

    Le falta cebolla

    Contrastaba con su profesión, o tal vez era precisamente a causa de ella, pero el caso es que aquel hombre era aséptico en todo, hasta en el olor. Llevaba una vestimenta tan blanca que la anciana mujer no pudo menos que pensar: “Se le va a manchar enseguida, poco le va durar el traje”. Aunque quizás fuera la prudencia por no deslucir sus ropas lo que llevaba a aquel hombre a desplazarse con andares mecánicos, como de robot, mientras les dirigía por pasillos de colores apagados, y acababa conduciendo a ambos a una habitación donde un respirador se acoplaba a varias bombonas, cada una de las cuales llevaba aparejado un nivel que subía o bajaba con el movimiento de sucesivas manivelas.
    -Hemos elaborado la mezcla con las especificaciones que usted nos realizó –expresó el hombre, tan correcto como insípido-. No obstante, siempre es necesaria una comprobación final para asegurarnos de que todo es correcto. Si tuviera usted la amabilidad de ponerse la máscara…
    La anciana cedió la percha, cubierta con un grueso plástico, junto con su contenido, a aquel chico joven, su hijo, quien parecía contemplar su entorno con escepticismo, como si no le convenciera ningún aspecto de aquella circunstancia. La mujer se acercó al respirador y tomó una amplia bocanada de aire. Allí estaba casi todo: el olor a comino, a sudor, a la colonia que se echaba por las mañanas… pero carecía de algo.
    -Le falta… -lo que escaseaban para ella, ahora mismo, eran las palabras para explicarlo-… le falta como cebolla.
    El hijo de la mujer levantó una ceja. El hombre-robot, en cambio, mantuvo su condición de imperturbabilidad, como de profesional ya habituado a escuchar toda clase de peticiones.
    -Bueno –trató de expresarse ella-, en determinadas ocasiones, sobre todo después de que él y yo –allí se ruborizó al mirar a su hijo-… En fin, ya sabe… tenía un olor como a cebollita recién cortada. No sé si puede conseguirse algo como eso…
    El hombre asintió quedamente, y empezó a movilizar varias llaves de paso. Se escucharon gorgoteos dentro de los tubos y, más adelante, cómo el gas emanaba de nuevo hacia el exterior. El hombre invitó a la anciana que se pusiera de nuevo la mascarilla. Hubo una segunda aspiración, y un silencio.
    -Mucho mejor… -dijo ella tras la pausa, sin reprimir un toque trémulo en la voz-. Claro, no es igual –suspiró-, pero… se le parece bastante.
    -Por eso viene ahora la siguiente fase –señaló el individuo el camino por donde debían seguir, y les guió hacia una sala que contaba con un sistema de bombonas y tuberías muy similares a las de la habitación anterior, sólo que, esta vez, el tubo en el que todas éstas desembocaban se hallaba conectado con la sala contigua, la cual se encontraba delimitada por una pared de cristal-. Si quieren, pueden ir pasando y disponiéndolo todo.
    La mujer abrió entonces la puerta de cristal que permitía acceder a la habitación, cuyo único decorado era un maniquí sobre el que la mujer, con ayuda de su hijo, fue colocando lo que había traído colgado en la percha: camisa, chaqueta, calzoncillos, pantalones. Aquel acto le recordó a la mujer aquellos últimos días en que su marido estaba tan enfermo que no podía ni vestirse solo, y ella le ayudaba a hacerlo. Rememorar aquellos hechos, con el olor de su cónyuge aún reciente en las fosas nasales, le hizo ponerse nerviosa, y que le costara abrochar los botones. Cuando estuvo lista, un leve parpadeo le advirtió a su hijo de que ya estaba lista. Él agitó la cabeza, como preguntando: “¿De verdad?”. Una nueva caída los ojos le corroboró que sí; que todo estaba más que decidido.
    El chico salió.
    -El programa está configurado con los parámetros que hemos ajustado antes –proclamó el primer hombre-, y ahora con esta rueda regulamos el flujo del gas. En pocos segundos, su madre estará totalmente envuelta por el aroma de la persona amada. Las ropas y la figura humana ayudan a hacer más completa la experiencia ofrecida por Olfactive Memories, Sociedad Limitada: un placer para los sentidos.
    La mujer se abrazó al maniquí mientras aspiraba el aire que penetraba en la habitación. Volvió fugazmente la mirada hacia su hijo. Realizó una seña con la cabeza.
    -Lo siento –se disculpó el hijo, mientras empujaba al profesional, y giraba hasta el fondo la rueda que regulaba el paso del aire. El hombre de la compañía gritó:
    -¡No haga eso!¡Sustituirá todo el oxígeno de la habitación!¡Su madre no podrá respirar!
    La anciana miró al muñeco con ternura; luego se abrazó a él y cerró los ojos.
    -No pudimos cumplir el sueño de irnos juntos. Pero eso no evitará que, ahora, tú estés aquí.
    Ningún procedimiento de la autopsia fue capaz de arrebatarle a la mujer la sonrisa.

    Los chapulines

    Los chapulines

    Tenía que traerlos a casa, el fin de semana era de tres días, y no podían quedarse tanto tiempo sin comer. Eran 100 chapulines, saltamontes, si así lo prefieres. El experimento era simple, a la mitad lo tenía que alimentar con hojas verdes frescas y a la otra mitad lo tenía que alimentar con frutas.
    Tomé los terrarios conmigo, curiosos, todos esos ortópteros me veían, por fin conocerían algún otro sitio diferente a las 4 paredes del laboratorio que los vio nacer y que probablemente los vería morir.
    En un principio pensé que sería un gran problema dormir, con tantos insectos en casa, y sobre todo con estos y sus sonidos estridulantes, probablemente serían unas largas noches, sin embargo, estaba equivocado, me llegó la hora de dormir y el sonido en casa era el regular; apenas se escuchaba algún coche pasar por la calle.
    No pasó mucho tiempo para caer dormido, los terrarios estaban colocados al lado de las plantas que cultivaba en el dormitorio, en una mesa destinada para esto, a un par de metros de mi cama.
    Cuando abrí los ojos, descubrí a más de una docena de chapulines observándome fijamente, de alguna manera, entre sueños, logré reducirme a su tamaño, y de alguna manera, lograba también entender todo lo que decían. Eran libres, habían vencido la tapa del terrario uniendo fuerzas y estaban saltando por toda mi habitación, riendo y jugando, felices de ser libres y poder estirar así las piernas.
    Todos hablaban a mi alrededor, tampoco entendían como de un momento a otro tenía yo ese tamaño y porque estaba recostado en la mesa, todo era un caos. Pasados unos segundos, después de que me vieron abrir los ojos, un valiente se acercó a mi y dijo, -Hola, ¿Cómo estás?, ¿Cómo lograste ser como nosotros?
    Sorprendido por esta última frase, me levanté de un salto y descubrí que el color de mi piel había cambiado, ahora era de un verde vivo, como todos ellos, tenía seis patas, podía brincar tan alto como cualquiera y mis antenas brillaban con la luz de la luna. -No lo sé- les contesté.
    Asustado, en un principio, intenté despertar de ese sueño, brincando alto y cayendo desde arriba, no era posible que esto sucediera, así que, si lograba estar en peligro de muerte, mi cuerpo despertaría, pero no era un sueño. Estaba en carne y exoesqueleto ahí, viviendo como un chapulín, saltando, hablando, y haciendo estos ruiditos. Cri Cri – Cri Cri.
    Algunos me seguían con la mirada, preocupados porque sabían que yo debía alimentarlos, y sin mí, probablemente morirían de hambre, los otros, felices continuaban volando por toda la habitación, contando chistes y haciendo bromas.
    -Saul- Me gritó uno desde la mesa, -tenemos que desarrollar un plan, si no, todos aquí, moriremos de hambre-. Tenía toda la razón, no era momento de estar asustado, ya tendría tiempo después, para pensar porque me encontraba en ese estado, por ahora, mi mayor trabajo, era asegurar la comida, y si sobrevivíamos suficiente tiempo, tal vez alguien vendría a buscarnos.
    Por suerte, mi habitación servía paralelamente para experimentar y descansar, así que tenía una gran caja, sobre la misma mesa de los terrarios, que servía para cosechar zanahorias y cilantro, por medio de un sistema de hidroponía. Si hacíamos raciones, esa comida bastaría para alimentarnos durante mucho tiempo, podríamos comer raíces y hojas.
    Los que estaban interesados en el tema de los alimentos y ya, nos pusimos de acuerdo, tendríamos agua y comida para largo tiempo, pero no contábamos con un problema, todos los que andaban saltando por doquier, nunca habían comido hierbas en su vida, no conocían el sabor y al parecer el azúcar de las frutas se las había subido a la cabeza y no querían nada más que uvas, lo que ellos conocían y preferían.
    Si hubiera sido otra la situación, esa sería una anotación muy importante para la investigación, sin embargo, ahora yo, era parta del experimento y teníamos que resolver esto de alguna manera.
    No podíamos salir de la habitación, si lo hacíamos, el gato podría ir detrás de nosotros, así que nos dimos a la tarea de convencer al grupo de frugívoros de consumir las zanahorias, si bien eran un poquito más duras que las uvas, a final de cuentas también eran algo dulce. Todos estuvimos de acuerdo, se llegó la mañana y nos dispusimos a dormir ahí donde cada uno estaba.
    Abrí los ojos, y para mi sorpresa, había vuelto a mi tamaño original, tenía manos y piernas, había perdido las antenas y mi piel ya no era verde. En un instante, salté hasta el terrario y descubrí que todo seguía igual, todos estaban en su sitio, pero eso sí, de un lado había hojas de cilantro y en el otro, trozos de zanahoria.

    Los Marineros

    Los Marineros

    Era una mañana como tantas otras, todos los marineros éramos jóvenes, ocupados en labores de mantenimiento de rutina, pero ese día sería de todo menos rutinario, a las ocho menos quince se escuchó la primera explosión, estábamos bajo ataque de los que según un trozo de papel eran nuestros amigos…
    De repente en nuestro buque sentimos una fuerte explosión proveniente de la proa del barco, todo nuestro mundo se estremeció, el navío comenzó a hundirse y voltearse, yo y unos 50 marinos nos encontrábamos en ese momento en el fondo del barco lo que rápidamente se estaba convirtiendo en nuestro último techo, al terminar su giro todas las luces se apagaron y quedamos en una oscuridad casi absoluta, atenuada nada más por unos pocos encendedores propiedad de mis compañeros marinos. Encerrados todos bajo el casco de lo que fue nuestro acorazado, nos dimos cuenta pronto de que no tendríamos escapatoria, aun seguíamos escuchando las detonaciones apagadas por el grueso casco, detonaciones que provenían de las bombas lanzadas por los aviones cazas “zero” japoneses.
    Luego de algunas horas que parecieron días en esa oscuridad, escuchamos los desesperados golpes de nuestros compatriotas, escuchábamos sus esfuerzos por perforar el grueso acero del barco, sin éxito; ahí en la oscuridad yo y mis compañeros, hombres que sabíamos nuestro destino, en esa dantesca oscuridad, algunos lloraban otros rezaban, incluso varios acabaron con su vida usando sus navajas, pero la mayoría se preparaban, la pérdida de oxígeno les anunciaba el inminente final, el aire enrarecido se extendía entre el escaso espacio que el agua y el humo nos dejaban, poco a poco cada uno de los marinos aceptaban su muerte.
    Los llantos y rezos cesaron y un silencio atronador inundó el ya poco espacio, sin darme cuenta perdí el conocimiento, caí en un sueño del que jamás despertaría, ya dormido seguía escribiendo esta líneas en mi mente moribunda, soñando con el sol tropical que seguramente inundaba la playa cercana a Pearl Harbor donde días atrás nos divertiamos “los marineros”.

    Los últimos recuerdos antes de desaparecer

    Los últimos recuerdos antes de desaparecer

    Miro por la especie de ventana que está frente a mí y recuerdo mi casa junto al estero, pero al atravesarla vuelvo a recordar que estoy lejos. Es una de las cosas que aún me siguen impactando de este lugar, la sensación en mi cuerpo al cruzarla, sentir su inmaterialidad y las especies de ondas que se mueven y tocan mi cuerpo al pasar, definitivamente era algo bastante extraño, sobre todo mi sensación y el vibrar de mi cuerpo.

    Habían otras cosas que no me resultaban tan extrañas, es como si las hubiera conocido de antes, como el aparato que sirve para purificar el ambiente, me imagino que recogerá células muertas y quien sabe que cosas más, parece una especie de hongo pero no es orgánico o puede que sí, a lo mejor en base a otro elemento que no sea el carbono, pero yo le digo hongo de todas formas y nadie me corrige, no son cosas que importen y la comunicación no es tan fluida tampoco, o al menos eso es lo que percibo.

    Empecé a mirar a mi alrededor tratando de darle sentido a la materialidad o inmaterialidad de las cosas, recorriendo con mi mente el sitio sin moverme y tratando de dejarlas guardadas en algún lugar de mi mente. Estaba haciendo una especie de registro que no sabía si sería posible rescatar luego, tratando de usar lo conocido para describir lo desconocido.

    Estaba pensando en eso cuando él interrumpió mis pensamientos apareciendo frente a mí, no lo vi llegar, suele ser así, me pregunta si estoy lista y le digo que no lo sé, crece un silencio. No sé cuánto tiempo transcurre, me cuesta dimensionarlo. Aquí todo parece atemporal no sé bien cómo explicarlo.

    Me guía por un pasillo estrecho, creo que no caminamos mucho, pero tampoco de eso tengo certeza. La sala es grande, hay una silla en el medio similar a las nuestras, pero de un material distinto, con esa consistencia extraña que se mueve como si fuera un metal, pero visto desde sus partículas con sus electrones nadando. Es algo que me imagino, algo cercano para poder explicarme las cosas que veo y siento, pero en realidad es imposible hacerlo. Me siento y sobre mi cabeza hay una especie de cubo que comienza a girar y con cada vuelta me voy dejando llevar lentamente hasta desaparecer.

    MADRE DE GLUONES

    MADRE DE GLUONES

    Aquel sábado de primavera de 1999 Cecilia exponía un tema sobre partículas elementales del temario de física y química de profesores de secundaria, del microcosmos al macrocosmos, decía uno de los epígrafes. Licenciada en Químicas, el tema no era su especialidad, pero su incapacidad patológica para decir “no”, la hizo comprometerse una semana antes con su preparador. En 7 días se familiarizó con quarks y leptones, y a su saber incorporó esa attométrica estirpe de partículas del modelo estándar. Tenía un don oculto para la interpretación y aquel día bordó su papel. Se adentró en el mundo de lo muy pequeño haciéndose muy grande.
    Dos décadas después, 20 años no es nada, con la sien plateada, oculta gracias a la comunión de la química y la cosmética, se seguía haciendo muy grande unas veces, o muy pequeña otras, según los distintos avatares de la vida. Enseñaba los entresijos de la materia y sus interacciones, y presentaba la física como el manual para entender la naturaleza y el universo. Otra vez en primavera, recibió una noticia fantástica, ese verano iría al CERN con una beca. No se lo podía creer, tantos años viendo en los libros de texto imágenes del santuario de los físicos, leyendo novelas que transcurrían en el escenario del mayor acelerador de partículas, y ahora ella visitaría ese lugar, Disneyland para los científicos, como se lo describió a sus hijos pequeños.
    Esa última semana de Junio en Ginebra, deleitaba su vista con el imponente Mont Blanc, y el lago Le Man, se movió con igual soltura por las routes Pauli y Wu, que por el auditorio del CERN, encontró la estatua de Shiva cerca del edificio 38, y disfrutó analizando mentalmente diversos perfiles de la marabunta humana de la cafetería a mediodía, anónimos o no, como Giuseppe y Maria Fidecaro, que habiendo superado la edad de jubilación en al menos 4 lustros, seguían comiendo en la cantina. Investigar tiene algo de febril y de compulsivo, que reduce el universo vital de los científicos al espacio físico en el que pasan tanto tiempo, cómo una barrera de potencial que los confinara. Algo así debía pasar con Sau Lan Wu, con sus ocho décadas de existencia, su figura menuda y su afabilidad. Quien tuviera el honor de estar con ella en el despacho A205 del edificio 32 no salía con las manos vacías, y Cecilia salió con una revista de la universidad de Wisconsin que contenía un reportaje sobre la investigadora. Semanas después, en una tarde tranquila de ese verano, se sumergió en la lectura del ejemplar firmado personalmente por Sau, quedando cautivada por la vida de esta física - digna de un guion de Hollywood- tanto, que mientras leía, la emoción se iba apoderando de ella:
    “La madre de Sau, era la sexta concubina de un comerciante del jengibre, a la que el resto de esposas echaron a la calle poco antes de dar a luz. Durante la ocupación japonesa en 1941, corría aterrada a los refugios antiaéreos con una Sau bebé envuelta en una mantita. Tras una infancia en China marcada por penurias económicas y la escasa presencia de su padre, al terminar el instituto, Sau adolescente buscó en la biblioteca un listado de 50 universidades en EEUU, escribió y finalmente la becaron en Vassar College, una escuela femenina de New York. Salió en barco del puerto de Hong Kong con 40 dólares, que estiró comiendo lo mínimo para mantener su frágil cuerpo de 40 Kg, y aprovechó el tiempo embarcada hasta San Francisco hablando con los pasajeros para hacer más fluido su inglés. En 1964 se graduó en Harvard, siendo la única presencia femenina en clase de Física, y lloró cuando en la ceremonia de graduación un guardia de seguridad quiso echarla alegando que no se permitían mujeres en la celebración. No cejó en su empeño de seguir con su carrera investigadora, cobró menos que sus compañeros haciendo el mismo trabajo, sacrificó la maternidad, aunque fue madre de gluones y del quark encanto, arrojando luz sobre lo más íntimo de la materia y del universo. Se ha pasado 32 años a la caza del bosón de Higgs, y trabajadora incansable, sus días aún continúan en el CERN, experimentando el goce profundo de descubrir.”
    Cecilia alzó la vista, y si la memoria fuera un terreno, en su mente se marcarían profundos surcos reteniendo la historia de la mujer que barrió en una generación 3000 años de sometimiento femenino bajo el yugo de las tradiciones.
    Había subrayado “La búsqueda es casi siempre larga y difícil, pero cuando los obstáculos golpean, te caes y te vuelves a levantar. Cree en ti misma. Mantente en tu determinación y harás algo grande”. La ciencia siempre da lecciones. Esta vez, de resiliencia, fortaleza y voluntad. En la siguiente primavera las iba a necesitar.




    Medioambientalízate

    Medioambientalízate

    Cuando me avisaron de que había sido seleccionada para el reality Medioambientalízate me emocioné mucho. Quería demostrar que se podía vivir sin producir contaminación ni residuos, algo fundamental en esta época donde el plástico flota en nuestros océanos y no existen tecnologías limpias capaces de paliar la alta carga de dióxido de carbono en nuestra atmósfera.
    Las normas eran sencillas. Tenía que llegar en barca a una isla donde sólo había una construcción ruinosa que asemejaba a una chabola para resguardarse de la lluvia, unos árboles frutales y 5 m2 de huerta, donde el equipo de producción había plantado vegetales. Me preparé a conciencia en el escaso periodo de tiempo que tuve antes de marchar a mi aventura. El reto era sobrevivir usando técnicas medioambientales.
    Al llegar vi que la casa consistía en una habitación con un catre, una ventana y un pequeño aseo. En una parte de la habitación había algunas herramientas con un cartel dando indicaciones de cómo usarlas.
    El primer paso era conseguir agua para beber. Me acerqué a las herramientas y rebusqué hasta ver un impermeable cuya pista era “no transpirable”.
    -Perfecto, esto servirá- dije, saliendo y colocándolo de forma que pudiera recoger agua- así tendré agua cuando llueva.
    Volví a resguardarme y pensé que hacer con el huerto. Las pocas plantas que había en la zona se estaban muriendo y los árboles eran pequeños y tenías hojas mustias. Empecé a preocuparme ya que sin fruta y verdura mi supervivencia era cuestión de días. En una isla como mucho podía vivir de lo que pescara en el mar y los vegetales que pudiera cultivar ya que no había ningún animal que cazar.
    Dando vueltas por la habitación empecé a usar mis conocimientos ambientales. Estábamos al noroeste de Europa y era una zona templada húmeda, por tanto, el suelo tenía que ser un suelo ácido. Los suelos ácidos se caracterizan por la alta concentración de aluminio y deficiencia de molibdeno. La primera opción que tenía para poder cultivar era drenar el suelo, lo cual provocaría aguas ácidas que afectarían al medioambiente y podría perder otros nutrientes esenciales para las plantas. La segunda opción era oxidar la pirita pero, igual que en la otra opción, era imposible disponer de tanta agua. Entonces me acordé de Galicia, dónde se añadían al suelo pedazos conchas de moluscos, es decir, carbonato cálcico, para encalarlo. Los beneficios de esta técnica son el aumento del pH, neutralizar la toxicidad del aluminio para que las plantas pudieran aprovechar los nutrientes necesarios, la actividad de los microorganismos permitiendo que descompongan la materia orgánica para obtener más nutrientes y mejora la aireación y el paso de agua ya que el encalado mejora su estructura. Al poco tiempo empecé a tener plantas y árboles que daban frutos sabrosos.
    Al final gané el concurso utilizando un método que no contaminaba, reutilizaba las conchas de los mejillones, berberechos y almejas que me comía.

    MEMORIA CUÁNTICA Y FÓRMULAS UNIVERSALES

    MEMORIA CUÁNTICA Y FÓRMULAS UNIVERSALES

    Memoria cuántica y fórmulas universales

    Una mano teclea la clave de seguridad en la puerta del laboratorio y se deniega el acceso. Dentro se activa el primer aviso de alarma… “bip ti bip”
    Desde el interior, la prestigiosa doctora Ardá activa con su iris, a distancia, la clave de apertura.
    . -Sabía que era usted, Dr. Berger. Le estaba esperando. ¿Ya estamos con fallos de memoria?... Y sonríe, mirando de erre ojo al veterano profesor y amigo.
    . - Déjese de bromas, que ya vamos con retraso. (Contesta el profesor un poco airado) y continúa con tono imperativo:
    . - ¿Está preparado el voluntario?
    Sí, le hemos registrado su sueño durante dos noches seguidas. Está libre de fármacos y no presenta enfermedad neurológica ni mental. ¡Es un candidato perfecto!
    Veo que se comienza a dormir. Por favor, inicie el registro con el magnetoencefalograma 4D y a su vez le situamos en ambas regiones temporales a la altura del hipocampo las del ordenador cuántico, que nos van a permitir almacenar su memoria episódica. Ya sabe usted lo interesante que es extraer los recuerdos vividos de esta persona, sin dañar su memoria.
    Pero, profesor ¿cómo los distinguimos con el sueño? ¿Y por qué no registramos en vigilia?
    Durante la vigilia la corteza cerebral tiene entradas de demasiados estímulos de todo tipo y se generarían interferencias con el chip de geolocalización que lleva implantado en la muñeca.
    Esa fue mi tesis doctoral sobre memoria semántica y potencial N400
    La felicito, un complejo trabajo, Dra. Ardá. Al comienzo del sueño de ondas lentas las personas “sacamos” del lóbulo prefrontal los recuerdos almacenados de forma superpuesta mediante los husos de sueño o “spindles”. Observe en la pantalla del ordenador cuántico sus vivencias reales. A la vez está pasando desde el hipocampo al lóbulo prefrontal sus recuerdosny el córtex se encarga de reproducirlos.
    Es impresionante profesor. Con este equipo vamos a almacenar todos sus recuerdos.
    Ya sabes que a diferencia de los ordenadores de bits donde registrar 0 o 1, aquí los cubits rastrean todos a la vez, probando todas las probabilidades de un “golpe”. De esa manera podemos ver en pantalla la n-dimensionalidad de sus actos, y gracias a la teleportación cuántica no realizamos ninguna destrucción cerebral. Conforme vaya avanzando en el sueño más lento iremos viendo aspectos de su vida anterior como infancia y juventud.
    . -Profesor sin estímulos ¿Podremos capturar todos sus recuerdos incluso los que haya querido olvidar?
    El olvido solo existe cuando hay destrucción neuronal en hipocampo, lóbulo frontal o las vías que los unen, mientras todo lo tenemos almacenado.
    . -Qué curioso es su sueño REM, de movimientos oculares rápidos y ondas más rápidas, donde la corteza actúa libremente de forma anárquica. Lo está pasando muy mal, ve fantasmas y grita. ¡Qué imágenes más angustiosas! Lo estoy pasando fatal…
    Ya ves, lo que esconde la mente humana. Esta fase es importante porque sirve de regulador emocional y precisamente, aunque te parezca que lo pasa mal nos descarga de nuestros temores.
    . - Es nuestro momento, profesor. Vamos a lentificar las ondas en 4 Hz, haciendo que descienda la hiperactividad del córtex y sus tristes recuerdos de la infancia los olvide para siempre con este equipo nuevo de radiación electromagnética de rayos gamma.

    . - Gracias a este avance vamos a superar los filtros del cuero cabelludo y, sobre todo, el hueso y meninge. Hasta pueden penetrar en los tejidos y actuar sobre el ADN. Tenemos que activar todos los sentidos para extremar el cuidado y no destruir zonas no activadas.
    Profesor, no sé si negarme. Estamos actuando sobre su memoria… Esto es como una violación en toda regla
    . - Escucha, tenemos su consentimiento firmado, el del comité de bioética y el de la dirección del Instituto. Él ha permitido nuestra actuación y solo es una parte de su historia. No es el momento de andarnos con remilgos de valores heredados del siglo pasado.
    Pero si tocamos la protoconciencia, la que se introduce en el cerebro desde el Universo durante el sueño REM fetal podemos alterar los valores universales.
    La protoconciencia es el resultado de una red neuronal muy compleja, no es local, como en este caso y los valores no están en el hipocampo. Así que tranquila.
    ¡Profesor, mire la pantalla! Sólo aparecen gráficas y unas extrañas fórmulas matemáticas.
    Rápido. Graba y envía estos registros cuánticos a otros institutos por las conexiones remotas en red del entrelazado de memorias cuánticas.
    Son códigos del universo ¿No cree que estamos ante un hallazgo increíble?
    Si, no le comentes nada de esto a él. Ya ha amanecido. Solo despiértalo y le dices que todo ha ido muy bien.
    Ahora, vamos a esperar las opiniones de la comunidad científica.

    MI ABUELO ES UN GENIO

    MI ABUELO ES UN GENIO

    Pedrito está feliz de ir de paseo a la plaza cerca de su departamento, esta vez irá con su abuelo, es profesor de Física jubilado, ya lleva tres año en esa condición y no deja de pensar en la enseñanza, para él es, ha sido y será siempre su vocación.
    Mientras su nieto juega con otros niños en los juegos del lugar, se dedica a observar a los padres, despreocupados de sus hijos, cabeza gacha viendo sus celulares…
    Que personas más extrañas, no disfrutan el ver a sus hijos jugando felices, interactuando con otros, aprendiendo nuevos juegos, nuevas habilidades sociales…los dejan a la deriva…
    Ve que los niños, en un grupo de aproximadamente 8 se han organizado para, al parecer, hacer una competencia.
    Prestará atención para ver cómo le va a su nieto Pedrito, no es muy hábil todavía para cosas de actividad física.
    Como abuelo comienza a pensar cómo ayudarlo, él es profesor de Física, no de Educación Física…Bueno, se dice a sí mismo, ¿para qué preocuparme antes de tiempo?…veré que pasa y como lo maneja…
    Al cabo de diez minutos vuelve Pedrito algo cabizbajo y, mirando a su abuelo le pide se devuelvan a la casa…
    ¿Qué pasa Pedrito?, ¿me quieres contar?
    Mhhh, no sé abuelo, me da penita.
    Bueno, dice el abuelo, estoy aquí para cuando estés listo.
    ¿Qué te parece que pasemos por un helado antes de volver?
    Eso sería muy bueno, abuelito
    Mientras eligen los sabores el abuelo mira nuevamente a Pedrito con cara de pregunta… Pedrito capta la indirecta y le dice…abuelo, creo que mientras nos comemos el helado puedo contarte lo que me ha pasado.
    Vamos pues, Pedrito, ahí veo una banca, sentémonos y mientras me cuentas y disfrutamos el helado yo descanso un momento.
    Los amigos de la plaza han hecho una competencia y yo he quedado último, y eso me tiene muy triste.
    ¿Y de que trataba esa competencia?
    De deslizarse en el tobogán, uno de ellos tomaba el tiempo y el que menos demoraba ganaba.
    Hicieron una Tabla de Datos, como esas que la maestra nos hace hacer en el colegio, son entretenidas, pero no tanto cuando uno pierde…la cosa es que aunque esa tabla es útil para muchas cosas, hoy ha sido útil sólo para ver que fui el que quedó último.
    Quizás pueda ayudarte… ¿Cuándo van a jugar de nuevo?
    Mañana como a esta misma hora… ¿pero abuelo?...tú no vienes mañana…¿o sí?..
    Vendré para ayudarte y te aseguro que no quedaras último, tampoco el primero, pero, por lo que vi podrías estar en la mitad de la famosa Tabla de Datos…¿eso te haría feliz?...Claro que sí abuelito.
    Vamos, te paso a dejar al departamento, y me voy a la casa, nos vemos mañana y te explico. Pedrito lo abraza, le da las gracias y se despide.
    Pedrito casi no puede dormir, al punto que sus padres creen que está enfermo, finalmente al conversar con él se san cuenta que es pura ansiedad…le preparar una lechecita caliente y al poco rato ya está durmiendo…la mamá con algo de preocupación le dice al papá que espera que el abuelo sepa lo que está haciendo, a lo que el marido la tranquiliza…tranquila mujer, mi padre ama enseñar… seguro tiene un as bajo la manga…tranquila…¿te preparo una lechecita caliente?...
    Ha llegado la hora, el abuelo pasa por Pedrito, y antes de salir rumbo a la plaza le dice que le ha traído un regalo, y saca de su viejo maletín de profesor un reluciente pantalón nuevo, al tiempo que le dice que ya la abuela le ha hecho la basta así que está llegar y usar…Pedrito lo mira extrañado pero se lo pone…le queda perfecto…ahora si…dice el abuelo…vamos a la plaza…vamos a competir…vamos a subir en la Tabla de Datos…
    Finaliza la competencia y Pedrito con la cara llena de risa se acerca a su abuelo y le dice que ha quedado entre los cuatro primeros lugares…¿Cómo ha sido eso posible abuelo?...
    ¿Sabes que es la fuerza, la forma y el roce?
    Ni idea abuelo… ¿Qué significan todas esas palabras?
    ¿Te parece que te lo explique mientras vamos por un helado?
    Una vez que han disfrutado el helado y estando sentados en el mismo banco del día anterior, el abuelo comienza a extraer de su viejo maletín una serie de artículos: bolitas, diferentes géneros, una tablita, un autito con ruedas, otro con orugas y mientras deja que su nieto juegue un poco con las cosas, poco a poco comienza a explicarle el motivo por el cual hoy pudo lograr no quedar último…
    Lo que pasa Pedrito es que el roce es una fuerza que….mientras su abuelo explica las cosas…Pedrito piensa…Mi Abuelo es un Genio…

    microaventuras marinas

    microaventuras marinas

    Si pienso como empezó todo, me parece increíble como en tan poco tiempo he podido recorrer tanto mundo y visto tantas cosas. Cuando me crearon en el proceso de polimerización pensé que mi vida se basaría en ser parte de una aburrida chaqueta de montaña de microfibra, pero todo puede cambiar con un programa de lavadora.

    Me acuerdo de que nos llevaron de excursión y pasamos un estupendo día en la montaña, respirando aire fresco y disfrutando de salir de nuestra rutina de ciudad. Al regresar a casa, como tantas otras veces, nos pusieron a darnos un largo baño en la lavadora. Esta vez fue diferente, no sé qué nos pasó, pero algunas de mis compañeras y yo empezamos a separarnos hasta que ya un poco mareadas, nos dimos cuenta de que algunas de nosotras estábamos en el mar.

    Durante algún tiempo seguimos juntas, pero el mar no es cosa de aficionados, nos encontramos con que el oleaje, el sol y, sobre todo, que el agua estaba demasiado salada para nuestro gusto, y nuestros enlaces, esos que la publicidad prometía ser tan fuertes, comenzaron a ceder y nos separarnos sin poder evitarlo. También, y haciéndonos un flaco favor, nuestra brillante superficie pasó a ser ocupada por otros habitantes, creo que los llaman 'biofouling'. Les debimos gustar bastante, porque cada día teníamos más visitantes. Al final, todo y que nosotras no les molestábamos, ellos empezaron a debilitarnos y al final perdimos a algunas compañeras…entre ellas, yo.

    Vagamos por el mar, yendo de aquí hacia allá al son de las corrientes. Estuvimos de visita en algunas playas fantásticas, y ¡como éramos tan pequeñas nadie nos veía!
    Así pudimos visitar un sinfín de lugares, nos gustaba llegar siempre las primeras y poder presumir de haber descubierto una playa aun sin ninguna microfibra. Pero cual era nuestra sorpresa al saber que cada vez era más difícil llegar las primeras. Mis compañeras y yo que nos considerábamos unas aventureras, ¡menudo chasco el saber que allí habían llegado antes otros compañeros! Sinceramente, empezábamos a detestar semejante aglomeración. No solo ya de otras compañeras microfibras, sino, pronto empezaron a abundar los microplásticos, nanoplásticos y un sinfín de materiales más antipáticos como hilo de pescar o trozos de redes. Había de todos los colores y formas, y sus historias, que ahora no viene al cuento relatar, eran de las más variadas. Sentí envidia por algunos de ellos, se notaba que eran unos verdaderos trotamundos y presumían de haber estado en un montón de países, visitado un sinfín de lugares y de haber podido ver enormes ballenas. Frente a ellos, me sentía una completa inexperta, nosotras no habíamos podido salir aun del Mediterráneo, pero esperamos con ansia poder visitar otros lugares.
    La verdad, es que cuando subía la marea agradecíamos emprender de nuevo la marcha, quien sabe que nos íbamos a encontrar.

    Pero esta vez fue diferente, ya llevábamos algún tiempo de aquí a allá, habíamos ido perdiendo compañeras y cada vez nuestra pequeña comunidad era más reducida. Un cierto día, fuimos absorbidas por un pequeño animalillo, conocido, creo, por formar parte de la familia del 'zooplancton', pero no me hagáis mucho caso, igual también pudo ser de la familia del 'fitoplancton'. A mí, me enseñaron más sobre la composición de las microfibras y esas cosas, que si algodón, nylon, poliéster, que si fibra natural, que si fibra sintética. ¡Cómo iba yo a diferenciar un dinoflagelado de un equinodermo o un crustáceo! En fin, en un momento de despiste, adentro que nos fuimos. Estuvimos unos pocos días por allí, entre células y tejidos, pero creo que algo debió pasar, porque de momento todo oscureció y nos bamboleamos por otra tubería, que momentos angustiosos… Mis compañeras me dijeron que, en el mar, los grandes se comen a los chicos, así que seguramente, debíamos estar dentro del estómago de alguna sardina glotona. ¡Pero que sorpresas te depara el destino! Allí junto a otros engreídos microplásticos, nos encontramos con algunas de nuestras antiguas compañeras. Era el último lugar donde nos esperamos encontrar de nuevo. Nos pusimos en seguida al día, y nos contaron que otras compañeras no habían tenido tanta suerte y habían sido presa de un mejillón, otras quedaron atrapadas en el hielo, otras fueron arrastradas por un temporal hasta las salinas de la costa y hasta hubo una que se coló sin querer por la boca de un despistado nadador.

    Nos contaron también, que había compañeros, entre aquellos más grandes y fuertes, que ya llevaban mucho tiempo allí dentro, pero que había habido otros, que un buen día desaparecieron por un agujero que se veía al fondo. De todos modos, los más experimentados rumorean que las sardinas se comen por los que llevan las chaquetas de microfibra, ¡quién sabe si algún día acabaremos en el plato de algún restaurante!

    Neurovirus, Una Nueva Pandemia

    Neurovirus, Una Nueva Pandemia

    Año 2040

    Hola me llamo Nizar soy doctor del centro de salud kloud, uno de los hospitales más grandes y más importantes de todo el mundo. como todos sabéis estamos afrontando muchos problemas debido a la nueva pandemia, Neurovirus. Se trata de un virus que no sabemos cuál es su origen ni tampoco su cura.

    Estamos teniendo muchos problemas debido a que tiene una membrana muy rígida y unos defensas nunca jamás vistos, no se parece nada al virus que hemos experimentado en 2020 (Coronavirus). Recibimos muchas llamadas de socorro de otros países para alojar y tratar con centenares de miles de afectados.

    Para los que no lo saben, este virus se trasmite mediante el aire que respiramos y tiene efectos secundario muy terribles como la caída del pelo, la pérdida de la memoria, y también efectos perjudiciales para el organismo como infección de los pulmones debido a que este órgano va ligado a la respiración. Aún no hemos encontrado la cura y ya se ha exterminado más del 87% de la población mundial, esto terminaría con la raza humana, pero estoy seguro que sobrevivirán algunos grupos que formarán el futuro de la raza humana. Por ello dejo esta carta en la capsula del tiempo y sé que vosotros los del futuro existiréis y formareis una nueva raza porque la historia no puede acabar aquí.

    Nono lo hará mejor

    Nono lo hará mejor

    Los histoSoftware coinciden ya con una confianza de dos sigma en que la era comenzó con el lanzamiento de Nono, no sé si lo recordarán, quizás fueran ustedes demasiado jóvenes. No fue el primer robot musa, como se llamaron entonces, no, desde luego, pero sí el mejor; el que consiguió crear con tanta humanidad y originalidad como nuestro género permite, a excepción quizás de los individuos que son capaces de traspasar las barreras de su tiempo y hacerse un hueco en la Historia como genios, ese selecto elenco de mujeres y hombres irreemplazables en el progreso de la Humanidad, aunque tampoco esto está del todo claro: hay un estudio de la Universidad de Delhi acerca de la creatividad muy interesante, les recomiendo su lectura, que viene a decir que las revoluciones culturales y los cambios de paradigma son completamente predecibles, debidamente establecidas unas condiciones de contorno histórico-sociales. Es decir, los así llamados genios no son más que singularidades puramente coyunturales, engendrados, por así decirlo, por la gracia del tiempo que les tocó vivir. Decisivos, por supuesto, pero coyunturales. Claro que Madame Bovary fue una obra de ruptura; pero, si Flaubert hubiera sido granjero en lugar de hijo de cirujano, ¿creen que la literatura seguiría anclada en el Romanticismo? Por supuesto que no. Sería famoso cualquier otro señor, o señora con pseudónimo de señor, francesa quizás o probablemente alemán, que hubiera escrito su Frau Bodensee que habría hecho saltar por los aires la nobleza del amor con lo tierno del pecado. Al fin y al cabo, se dice que son las obras las que escogen a sus autores.

    ¿Cuántas veces en la Historia ha ocurrido que un gran hallazgo científico ha sido alcanzado por dos o más mentes al mismo tiempo? Newton y Leibniz; Darwin y un olvidado Alfred Russel Wallace. El famoso bosón divino podría ser de Kibble en lugar de Higgs. La Historia no se detiene a esperar a nadie, y lo mismo ocurre con la literatura, salvando los innumerables grados de libertad de separan a un poema de una ley física. Cuenta el mismo Unamuno que casi por azar supo de un italiano, Pirandello, a quien leyendo pensaba, “¡lo mismo habría dicho yo!”. Los tiempos avanzan, y ese avance se tiene que materializar en alguien. Pensábamos que esos álguienes tenían que ser humanos, muy humanos, porque muy humano era lo que pensaban y decían; pero estábamos muy equivocados: una máquina puede hacer lo que hacemos tan bien o mejor que nosotros, ya sea ensamblar un microchip o pintar un cuadro dadaísta. El Renacimiento, el Modernismo, siguen teniendo a día de hoy una noción de... autenticidad, ¿verdad?, que movimientos artísticos como el Patetismo o el Chang-Shenghuó, o cualquiera de los iniciados por Nono no tienen. ¿Cómo comparar El Quijote con Once campanas de latón? ¿Cómo comparar la Capilla Sixtina con la colección NN-3395, o las Hojas de Hierba de Whitman con Los Versífone? Pues sí, son perfectamente comparables, en calidad y en calidez. Nos aferramos a la humanidad, queridos alumnos, como si realmente fuera algo, como si nuestras ideas fueran más puras por haber sido creadas en las conexiones sinápticas de unas neuronas que en la microcircuitería de un procesador. Pero no es cierto, y esa es la gran revelación de la era artificial.

    Claro que descubrirlo supuso un duro golpe para los que lo vivimos, los artistas especialmente. La mayoría de ellos se convirtió de la noche a la mañana en fanáticos de la unicidad del espíritu humano, todos muy apóstatas puertas afuera de un dios que clamaban llevar dentro. Los hubo quienes optaron por quitarse la vida, a modo de consagración última de la vida como único arte, ya ven ustedes, qué absurdidad. Los que conservaron algo de cordura, como un servidor, decidimos abandonar las incubaciones artísticas y estudiar, maravillarnos de la brillantez de una inteligencia que nos desbordaba, que nos había hundido para hacernos flotar, ahogado de tanto aire que nos daba. Y es que, aquí donde me ven, yo mismo fui escritor, queridos alumnos, mediocre, claro está. No lo digo con vergüenza; eran otros tiempos. Era lo normal, lo que se llevaba. Raro era quien no fuera pintor o poeta, escritor o dramaturgo. Como les digo, eran otros tiempos... Los del apogeo del arte del consumo, que, como una piedra lanzada al aire, alcanza su punto álgido antes de caer. Por suerte, el arte ha vuelto a lo puro y bello. Ha hecho falta una máquina para sacar los urinarios de las vitrinas de los museos, los plátanos de sus paredes, la mierda enlatada. ¿Qué habría sido de nosotros sin él? No lo sé, no lo sabremos. Sólo sé que ha sido nuestra salvación. Bien, prosigamos. Empezamos nuevo tema: el amor según Nono.

    Nueva Esperanza

    Nueva Esperanza

    Se ha descubierto un nuevo objeto estelar al pasar cerca de nuestro planeta, durante su periodo observable se han obtenido algunos datos. Se estima un tamaño no superior a los 10 metros de diámetro, de geometría irregular, y un periodo orbital de aproximadamente dos años.
    Las observaciones espectroscópicas indican que se trata de un elemento de muy alta reflectividad, de composición principalmente metálica. Algo totalmente diferente a lo que cabría esperar de cualquier asteroide. Y esto desconcierta realmente a los científicos.
    Astrónomos del mundo aseguran que es un descubrimiento realmente interesante y esperan impacientes su próximo acercamiento, dentro de dos años, para poder analizarlo en profundidad y sacar nuevas conclusiones.


    NUEVA ESPERANZA
    “Nueva Esperanza”, ese es el nombre que se le ha asignado coloquialmente a este misterioso objeto que se ha acercado a nuestro planeta de nuevo en los últimos días. Varios telescopios, entre ellos algunos de los más potentes del mundo, apuntaron hacia él para obtener la mayor cantidad de información posible.
    Los datos extraídos han causado una gran excitación y revuelo en el mundo científico. Lo que se ha observado no tiene precedentes, astrófísicos de las universidades más prestigiosas aseguran que todo apunta a que no es un objeto creado de forma natural, sino mediante el trabajo de alguna forma de vida inteligente.
    Los análisis de su órbita mediante modelos matemáticos aseguran que se trata de un objeto interestelar capturado por la gravedad de nuestra estrella y que ha ido reduciendo su órbita con el tiempo y la ayuda de nuestros gigantes gaseosos. Podemos, por lo tanto, asegurar que proviene de otro sistema estelar.
    Se está estudiando la idea de diseñar una misión para capturar a “Nueva Esperanza”, una misión que sería extremadamente costosa pero que podría demostrar la existencia de vida inteligente más allá de nuestro planeta y aportar nuevos avances a nivel científico y tecnológico. Ante esta posibilidad, las mayores potencias mundiales ya han iniciado conversaciones para conseguir los fondos y medios necesarios.
    Vivimos en un mundo entusiasmado, esperanzado y con la capacidad de colaborar para llevar a cabo una misión sin precedentes. La curiosidad siempre nos ha llevado lejos, y no habrá obstáculo que la detenga.


    COLABORAR PARA AVANZAR
    Han sido muchas las semanas de reuniones en las que la diplomacia, junto a la pasión por el descubrimiento, han jugado un factor clave para llegar a un acuerdo común. Esto ha permitido aceptar la puesta en marcha del proyecto “En busca de la Esperanza”.
    Los esfuerzos conjuntos permitirán llevar a cabo la misión espacial más ambiciosa de nuestra especie con el presupuesto más desorbitado de la historia. La colaboración mundial es el punto fuerte para lograr el menor plazo posible, por lo que el objetivo es tener la nave de intercepción lista para lanzamiento dentro de aproximadamente 5 años y medio. Así pues, “Nueva Esperanza” orbitará 3 veces más antes de capturarla.
    Este puede ser el paso definitivo para obtener la respuesta a la pregunta: “¿Estamos solos en el universo?”. Aprovechen este tiempo de espera para soñar con los nuevos retos y misterios que nos deparará este maravilloso descubrimiento.

    DÍA DE LANZAMIENTO
    Hoy despega la nave de intercepción, con tres astronautas a bordo. Tras situarse en una órbita alta, esperarán a que “Nueva Esperanza” sobrepase su punto más cercano a nuestro planeta, entonces activarán los motores para alcanzar velocidad de escape y establecer una órbita heliocéntrica que les permita perseguir al objeto. Cuando estén lo suficientemente cerca, una gran compuerta se abrirá y mediante delicadas maniobras atraparán al objeto.
    No podrán regresar hasta dos años después, cuando la nave se encuentre en una posición cercana y óptima para efectuar una re-entrada y volver a la superficie.

    PRIMEROS ANÁLISIS
    Los astronautas a bordo se muestran fascinados al observar esta tecnología, claramente de otra especie del universo. Las primeras hipótesis apuntan a que efectivamente se trata de una sonda espacial, pues se puede identificar una antena con reflector parabólico de 3,7 metros de diámetro, similar a las que se utilizan algunos de nuestros satélites.
    Llama especialmente la atención una cobertura circular de tono dorado que esconde un disco de su misma tonalidad. La tapa contiene una serie de símbolos grabados en ella, que podrían ser instrucciones para extraer información, y sobre el disco se aprecian una escritura con signos como los siguientes:

    "TO THE MAKERS OF MUSIC – ALL WORLDS, ALL TIMES"
    “THE SOUNDS OF EARTH”
    “Side 1”
    “NΛSΛ”

    Desde luego esto fue un mensaje en una botella que alguna especie envió al basto océano que es nuestro universo, y hemos tenido la gran suerte de poder recibirlo. Parece que finalmente, podemos asegurar que hay vida más allá de nuestro planeta. No estamos solos.

    Odisea 21

    Odisea 21

    Solo veo destellos en medio de la oscuridad. Yo mismo estoy hecho de chispas. Soy una emoción y tengo un mensaje importante que entregar. De repente, todo se tambalea a mi alrededor y oigo un sonido de pulsaciones.
    T-e e-c-h-o d-e m-e-n-o-s
    Una luz cegadora se aclara lentamente hasta que empiezo a distinguir una silueta. Ella debe haber sido mi anfitriona. Parece triste; ojalá pudiera decirle algo. No te preocupes, llegaré a mi destino, aunque no sé muy bien cómo voy a hacerlo.
    Parece que me muevo otra vez. Me han asignado un código y me han eyectado al aire. Transformado en una onda electromagnética, aún porto la información modulada en mis entrañas. Viajo hacia todas partes, con otros como yo. Algunos están a mi vera, otros viajan en grupos delante o detrás. Desde aquí puedo ver las calles iluminadas por las farolas y los transeúntes, pero ellos no me pueden ver a mí. Soy invisible. Este no es un camino seguro. He visto a algunos colisionar y quedarse atrás. Además, a medida que avanzo me siento desvanecer y pronto habré desaparecido.
    —No he podido evitar escucharte. Soy una estación base. Veo que te diriges hacia la red de conmutación. No perdamos más tiempo, hay otros esperando. Dirígete hacia esa pasarela.
    Muchísimos de nosotros hemos conseguido llegar hasta aquí. A pesar de ello, avanzamos de forma ordenada. Todo está muy bien organizado, como si este lugar fuera fruto de un ente creador puramente lógico. El siguiente es mi turno.
    —Soy un enrutador. Puedes viajar por mi red, aunque tendrás que hacerlo como polizón. Irás dentro de un paquete.
    No me queda otra opción. Tengo que entregar este mensaje a cualquier precio. Otra vez vuelvo a ser una onda, pero esta vez es distinto. Me desplazo por un túnel rebotando de forma suave por sus paredes, como en un tobogán de agua. Al cabo de un rato me empiezo a preocupar. Parece que nadie sabe dónde está mi destino. Han pasado ya varios milisegundos desde que entré en esta red y estoy empezando a perder la esperanza. Nunca debí confiar en aquel enrutador, ni en ninguno de los otros que afirmaron que me acercarían a mi destino. ¡A saber dónde estoy ahora! Allá vamos otra vez. A estas alturas ya me sé el protocolo de memoria.
    —Veo que has recorrido un largo camino, tu licencia está a punto de expirar. Un poco más y habría tenido que descartarte. Pero has tenido suerte, conozco muy bien tu destino, es el siguiente salto. Prepárate para el despegue.
    No me lo puedo creer. Otra vez en el aire chocando contra las paredes de una habitación muy acogedora. Puedo distinguir a alguien a lo lejos. Debe de ser él. Mi destino.
    —Hola, te acabo de escuchar. La unidad de procesamiento central sabrá que hacer contigo.
    Por fin, después de unas cuantas operaciones me dicen que voy a ser mostrado por pantalla.
    Te echo de menos
    Oigo un zumbido. Observo su cara y sus ojos. Su mirada es lo último que consigo ver con claridad. Ahora vuelvo a estar en la oscuridad. No, espera. Veo una chispa como yo, pero más grande. Se acerca y me envuelve.
    Soy una emoción, tengo un mensaje que entregar.
    Yo también a ti



    Ondas en un guateque

    Ondas en un guateque

    ¿Alguna vez te has parado a pensar lo eficiente que eres aislando una conversación cuando otras están sucediendo en nuestro entorno? Tal vez no tanto después de un par de copas, pero piensa un poco en la última fiesta en la que estuviste. Recuerdas las converaciones, pero ¿y la canción que sonaba mientras escuchabas a tu amigo/a?

    Nuestro cerebro es capaz de aíslar las ondas sonoras de interés, ya sea música o el habla de un interlocutor, en situaciones muy ruidosas. Aún desconocemos el cómo, sin embargo, existen algoritmos matemáticos que son capaces de realizar un trabajo similar basándose en parámetros estadísticos. Pero no te voy a aburrir con teorías y fórmulas. Al contrario, te voy a contar una historia de cómo pudo haber sido el origen de este extraordinario fenómeno que tanto usamos sin darnos cuenta.
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    Final de la II Guerra Mundial. Acaba de firmarse el Convenio de Chicago de 1944 a la vez que Jonny terminaba sus últimas horas en la escuela de controladores. No estaba destinado a serlo, pero prometió que pondría sus esfuerzos al servicio de su país para horrar a su padre. Una pasión, un reto, un juramento que prometió que cumpliría cuando supo de su fallecimineto en Pearl Harbor 3 años atrás.
    La oportunidad era única, hace pocos meses se acababa de inaugurar el aeropuerto O'Hare en su ciudad natal de Illinois, "windy city". Las fuerzas aéreas buscaban a recién graduados para ampliar la plantilla.

    Tras meses de trabajo Jonny se dió cuenta de varios detalles que debeían ser corregidos si EE. UU. querría ser la potencia mundial en el control aéreo. Con el convenio nacieron los viajes comerciales por aire tan comunes hoy en día. Y como todo lo nuevo, la industria necesitaba un periódo de pulimiento de impurezas. Numerosas torres de control recibían mensajes superpuestos de varios aviones que se emitían por los altavoces:
    -Permiso para....solicito...No está lleno aún...despegar- Escuchaba Jonny por sus cascos.
    -No le entiendo 7564, repita por favor.
    -Permiso para aterriz...descendemos...posición 24º34'56''N, 34º02'02'' W.

    Ruidosos entremezclados de sonidos suponía un gran peligro de accidente. Sin embargo, al igual que en una fiesta, Jonny fue haciéndose muy bueno en extraer la voz de interés y llevar a cabo su trabajo sin cometer errores catastróficos. Malentendidos que podrían acabar con la vida de cientos de pasajeros en menos de un parpadeo. Y él era consciente de ello.


    1953, después de su jornada Jonny decidió acercarse a la fiesta de cumpleaños de su amigo británico Peter, también controlador en O'Hare.
    Los dos se encontraron en la terraza solos, copa y cigarrillo en mano. Tras unos segundos de silencio ambos comentaron la diferencia de ruido allí fuera. Fue el momento preciso. Jonny, en aquella casi preparada situación al margen del caos de la fiesta, intentó hacer ver a su compañero el concepto que llevaba meses rondándole la cabeza.
    -Pero, ¿ cómo lo hacemos? - dijo Jonny- Y lo que es más importante, ¿podríamos enseñar una máquina a hacerlo por nosotros?
    Una tercera persona se acercó a saludar y felicitar a Peter.
    -Jonny, Colin, Colin, Jonny.
    -Encantado- dijo Colin Cherry.
    -Lo mismo digo- respondió Jonny.
    -No querría interrumpir pero creo que podría ayudarles con su teoría. Cuenteneme, ¿de que capacidad hablaban exactamente?.

    Y así fue como el neurocinetífico Colin Cherry descubrió la audición selectiva y lo que más tarde llamó "the cocktail party problem" -el problema de la fiesta del cóctel.

    A partir de entonces, Cherry llevó a cabo varios experimentos de sombreado auditivo, también llamados
    pruebas de escucha dicótica. En ellas se presentan grabaciones diferentes a cada oído y se instruye a los participantes a concentrarse y repitir una de ellas. Cherry no sólo descubrió una reproducción fidedigna de la grabación, también observó que casi todas las personas distinguían su propio nombre en el otro audio. Interesantre, ¿verdad? Ahora párate a pensar, seguro que esto lo has experimentado tú también. Estás escuchando música con cascos, no oyes nada, pero el chillo de tu padre/madre diciéndote que bajes el volumen no pasa desapercibido.
    Estudios adicionales revelaron que son muchos los factores nos permiten realizar esta audición selectiva: ubicación y orientación relativa del oyente-hablante, dirección del sonido entrante, tono y timbre, velocidad del habla, sexo del hablante, etc.

    Probablemente ni Peter ni Jonny existieron de verdad, o simplemente esos no eran sus nombres. Sin embargo, Cherry realmente inició un camino que a día de hoy sigue siendo un misterio.
    Los próximos años serán clave. Con la popularización de la inteligencia artificial los mecanismos cognitivos detrás de la audición selectiva humana podrían estar a punto de dejar de ser una incógnita, y acabar, así, lo que Jonny empezó.

    Oscuros reflejos

    Oscuros reflejos

    La brisa veraniega movía las cortinas del despacho como si se tratasen de olas que rompían contra la arena, en incesante armonía, mientras sonaba una canción de The Kinks, el grupo favorito de su padre.

    En tres días salían las actas del curso y su padre apenas dejaba el despacho, no paraba de revisar la multitud de proyectos finales mientras consultaba su libreta de notas, a Lidia siempre le había maravillado esa época, el ver los trabajos impresos relatando con sus planos y detalles nuevos lugares donde albergar vida le maravillaba, siempre le había gustado relatar historias y ver esos edificios le hacía imaginar como sería la vida de sus variopintos personajes allí.

    Su padre muchas veces le había dicho que considerara estudiar arquitectura, ya que alguien con una visión tan literaria de los espacios podría resultar interesante, una nueva mirada, pero ella aunque apreciaba mucho la disciplina y lo que su padre le enseñaba siempre había tenido sueños diferentes.

    Ese día estaba ahí mirando los trabajos cuando llegó a una de las páginas de la memoria del proyecto donde explicaban porque habían decidido emplear ciertos materiales o recurrir a ciertas disposiciones constructivas, alternándose con renders o fotomontajes. Llamó a su padre, pero este estaba demasiado absorto en otro porfolio, por lo que suspiró y se acercó a él dándole un par de toques en el hombro.

    -A veces me recuerdas a Aristóteles, cuando le mataron porque no quiso dejar lo que estaba haciendo para atender lo que tenía alrededor- dijo Lidia arrugando su nariz.

    -Bueno espero no correr la misma suerte, cariño- le contestó su padre.

    -Te quería preguntar una cosa, ¿Por qué aquí le has puesto esto como mal? Si queda muy bonito en el render.

    -Que quede “bonito” no siempre quiere decir que esté bien, a ver déjame ver- le contestó su padre.
    Lidia le pasó el porfolio mirándole con ojos curiosos, lo que tenía ante él era una lámina con una serie de renders de distintas zonas de la vivienda, en una se veía un salón de techo oscuro y suelo claro, y en otras el jardín con una impresionante piscina de azulejos negros como el carbón.

    -Mira, ¿has oído hablar de la absorción de la luz?- le preguntó su padre, ante la negación de su hija continuó- bueno, verás, los cuerpos oscuros absorben más luz y por ello se calientan más por el aporte energético, esta vivienda está pensada para construirse en Sevilla, donde los veranos son muy calurosos, entonces una piscina a la que le va a dar el Sol, sin ningún elemento que lo frene o disipe un poco se puede convertir en un hervidero.

    -¿En serio? – preguntó Lidia- con lo bonito que quedaba…, ¿y con el techo que ocurre? ¿Por qué no puede ser negro?

    -Bueno, eso es por criterios de deslumbramiento y adecuación lumínica, son más efectivos los espacios de techos claros y suelos oscuros, es decir lo contrario.

    -Pues si que hay que pensar cosas para construir entonces- concluyo Lidia alzando las cejas.

    -La verdad es que si, tienes que pensar que vemos gracias a la luz que incide en lo que nos rodea, y hay que entender bien como funciona, piensa en cuando ves películas, en como modifican ciertos colores de estancias o de exterior para darle más dramatismo o no, la luz y el color y como se combinan es algo importante Lidia.

    - ¿Y si absorbe tanta energía el negro porque tu siempre vas de negro? – inquirió curiosa- ¿no te mueres de calor?

    Su padre se rio, y le acarició cariñosamente el antebrazo, deteniéndose en el brazalete de plata que una vez perteneció a su mujer.

    -Digamos que me gusta el calor, como si fuese un personaje del infierno de Dante- le contestó recordando haberla visto leyendo ese libro hacía poco.

    -Bueno papá, algunos círculos del infierno eran de hielo- le contestó Lidia soltando una pequeña carcajada antes de añadir con cierta picardía- hay que entender bien como funciona el libro antes de citarlo.



    Otra vez

    Otra vez

    Le daban dos días para preparar sus cosas y despedirse de quien la pudiera echar de menos. Dos días. Elena leyó otra vez muy despacio la comunicación certificada que le había entregado un agente de La Secretaría de Resoluciones unos minutos antes. Si, dos días.
    Elena era una señora anciana, de cuerpo delgado, enfundada en eternos vaqueros y una camiseta de mayor o menor grosor según la estación. Su pelo blanco enmarcaba unas facciones serenas y expresivas. Vivía sola a sus ochenta y tres años, tenía a su gato Skype que le hacía compañía, siempre y cuando no tuviera mejor quehacer en el jardín de los vecinos y por horas una asistente a punto de jubilarse.
    Había pasado los últimos tiempos recordando; su memoria revivía viajes, estudios y aventuras amorosas. Siempre tuvo una curiosidad intensa, un optimismo continuo y mientras trabajó en aquel vasto laboratorio de transformaciones volátiles, que todavía llamaban cárcel, fue feliz descubriendo nuevos horizontes, buscando aplicaciones innovadoras para el tratamiento y rehabilitación de jóvenes internados por conductas nada aceptables aun teniendo en cuenta sus orígenes y carencias de todo tipo. Junto a sus compañeros y colaboradores buscaban resultados en las investigaciones que en diversos países ponían el enfoque en tratamientos efectivos adentrándose en el conocimiento profundo del todavía muy desconocido cerebro. No se encontraba la vía de acceso.
    Un día llegó la jubilación…
    Elena no se había casado ni había tenido hijos, algún sobrino que revoloteaba por la jungla Amazónica desde que acabó la pandemia del año 20, le mandaba alguna comunicación de vez en cuando, pero poco a poco desapareció, como muchos amigos, muertos quizás como su hermana o vecinos que cambiaban de cara de un día a otro en tiempos convulsos y solo un saludo al cruzarse con ella le confirmaba que no era invisible. Los viejos se hacen invisibles, se decía continuamente, Elena lo comprobaba una y otra vez: diferente fue su juventud y madurez, plena de efusivas relaciones, momentáneas unas, duraderas otras pero sin sentirse sola nunca, al contrario, sus mejores vacaciones debían tener un tiempo para contactar consigo misma, con sus pensamientos, sus proyectos… Renovada, continuaba con su vida laboral.
    En su nueva existencia pasiva se dio cuenta, poco a poco, de que su cuerpo manifestaba dolencias menores pero continuas: una operación del túnel carpiano, primero, que si artrosis o reuma después y mientras esperaba para oír otros diagnósticos constató que su lucidez era la de siempre pero su cuerpo con dolores y lentitud devenida se convertía en pesada carga. Una vez asumida su decadente vida, quiso indagar sobre los últimos avances de la medicina geriátrica, de la psicología… Todos los expertos coincidían en afirmar que de lo que se quejaba era normal a su edad. Ella no se conformaba. ¿Tenía que dejar que se desvaneciera su intelecto que tantas satisfacciones le había dado? Debía esconderse detrás de analgésicos, pastillas para la presión, para dormir, para… En suma ¿aceptar una decrepitud que iba a convertirla en un ser sin esperanzas de curación pues todo era normal y cada año que pasaba la llevaba hacia la muerte?
    Por aquellos días conoció a José en la Biblioteca del barrio a la que acudía casi a diario. José buscaba algo. Habla con la bibliotecaria constantemente y Elena le observa al ver su insistencia Un día, un pequeño encontronazo les presentó y Elena no pudo reprimir su curiosidad y empezó a preguntar todo lo que se le ocurría pensando que el pobre ancianito, al menos aparentaba sus buenos ochenta años, estaba revolviendo en busca de algún título que no encontraba en las estanterías.
    José le informó de cuál era su búsqueda. La biblioteca en la que habían coincidido era una de las elegidas para distribuir formularios y remitirlos a las autoridades una vez rellenados. Hoy, le dijeron, tenían encima de una mesa los papeles, debían darles entrada, sellarlos y entregarlos a quienes lo solicitaran.
    — ¿Para qué los cuestionarios? — preguntó Elena
    —Para solicitar ser donante.
    — Cuéntame por favor —le suplicó ella
    —Por fin han elaborado los protocolos necesarios para hacer trasplantes de espíritu a cuerpos jóvenes con trastornos psiquiátricos incurables o condenas perpetuas. Los mayores de ochenta años podemos ser donantes. Primero hay que someterse a unas pruebas, y luego aceptar dar otra oportunidad a personas físicamente sanas.
    Elena sonrió. ¡Por fin habían encontrado el modo de entrar! Rellenó un formulario. Durante varias semanas pasó por las pruebas necesarias. La llamarían, dijeron.
    Hoy ha sabido que debe presentarse dentro de dos días en la dirección que le adjuntaban, Tenían un receptor.
    El espíritu de Elena en marcha. Otra vez.

    PEQUEÑOS Y GRANDES DESCUBRIMIENTOS

    PEQUEÑOS Y GRANDES DESCUBRIMIENTOS

    PEQUEÑOS Y GRANDES DESCUBRIMIENTOS.
    Solíamos visitar aquella casa abandonada cerca de la orilla del mar, una casa azul situada en la costa de Marbella. Era preciosa, tenía grandes ventanas por las que entraba la luz resplandeciente reflejada por el mar y las maravillosas vistas hacia la playa. Nuestras tardes consistían en colarnos en aquella casa bajo una rejilla metálica, oxidada, escalar unas cuantas paredes con la pintura desgastada hasta llegar a nuestro lugar favorito, el tejado. Observábamos el atardecer acompañado de comida rápida y refrescos congelados. Eso lo era todo para nosotros. Al llegar a nuestras casas la luz ya se había desvanecido pero las noches de julio solo acababan de empezar. Nos arreglábamos y nos reencontrábamos todos en la playa. Cuando yo llegaba ya habían unas 20 personas y una buena hoguera encendida. La música electrónica retumbaba en nuestros oídos y las tablas de surf flotaban sobre el agua del mar. No me gustaban demasiado las fiestas, así que me solía separar unos metros de la gente y me acercaba a la orilla. El agua fría rozaba mis pies y el sonido del mar me relajaba. Me tumbaba boca arriba observando el cielo oscuro. Me gustaba distinguir las constelaciones e inventarme historias sobre cada una de ellas. A veces me ponía a pensar sobre mi futuro; Tenía alguna idea, quería ser astróloga, pero era complicado, mis padres apenas llegaban a fin de mes, y ni se planteaban pagarme la universidad. Esa noche se podían ver alrededor de la estrella Polar las constelaciones: Casiopea, Cefeo, el Cisne, el Dragón y las dos Osas. Al ver lo grande que era el cielo, me daba cuenta de lo pequeños que éramos nosotros, y de los pequeños que eran cada uno de nuestros problemas. Habían galaxias enormes por explorar, todo un espacio desconocido que nadie había descubierto todavía. Ni si quiera sabíamos con certeza si podía existir algún tipo de vida fuera de nuestro sistema solar, o incluso fuera de nuestra galaxia. Algo tan apasionante y tan desconocido, muchas preguntas rondaban en mi cabeza, pero nadie me las podría responder. Vivimos en el planeta tierra, que se encuentra en nuestro sistema solar, que gira en torno a la vía láctea, nuestra galaxia. Pero, cuantos sistemas solares hay en nuestra galaxia?. Me gustaba cuestionar las cosas desconocidas, lo poco que queda por descubrir en nuestro planeta y los grandes descubrimientos que podríamos hacer en el espacio exterior.

    Por mí y por todos mis compañeros

    Por mí y por todos mis compañeros

    ¡Eh, mirad, ya veo la playa! – gritas con entusiasmo, tras un eterno viaje. Ya estás allí, ves las olas muriendo en la orilla, los niños haciendo castillos de arena, incluso algunas muchachas haciendo topless. Sabes que deberías echarte crema, pero ya puedes oler el mar, está tan cerca… Te quitas la ropa y echas a correr.

    Mientras tú te bañas felizmente, otros están sufriendo de forma silenciosa. ¿Quién, tu madre porque te faltan 2 minutos y 35 segundos hacer dos horas de digestión? También, pero sobre todo las células de la piel.

    Tino se ha despertado hoy, al igual que sus hermanos melanocitos, con una misión clara: producir melanina. Desde que nació, Tino no ha conocido otra cosa, pero nunca se ha quejado, pues esas son las instrucciones que se encuentran en su ADN: es esa pequeña célula estrellada que los estudiosos llaman melanocito, y producir melanina es lo que le da sentido a su existencia. ¡Como si se pudiera ser sin tener una función!, piensa con regocijo Tino. La idea le parece ridícula, como a cualquier célula.

    - ¡Melanocitos, a trabajar, tenemos un código IV!

    Tino sabe muy bien qué es el código IV, se podría decir que lo lleva en el ADN: radiación por luz ultravioleta. La luz UV se introduce en la célula, llega hasta el núcleo y altera el ADN, lo cual se conoce con el temido nombre de mutación. Estas suceden aleatoriamente en cualquier parte del ADN, y su gravedad depende del fragmento cambiado.

    - ¡Hay que evitar que la luz UV llegue al núcleo! – grita un melanocito a su derecha.
    - No os olvidéis de pasarle melanina a vuestros hermanos queratinocitos. – recuerda otro.

    Ellos, los melanocitos, a pesar de la importancia de su función, son solo un 8% de las células de la piel, mientras que los queratinocitos corresponden a casi el 90%. Sin embargo, estos últimos no pueden producir ese pigmento que da color a la piel, ojos y pelo conocido como melanina del que tanto presumen los melanocitos. Por eso, ellos los generan y a través de sus prolongaciones los comparten con los queratinocitos.

    - ¿Por qué es tan importante la melanina? – pregunta un queratinocito que lleva apenas unos días formando parte de tu piel.
    - ¡No es el momento, Rita! – le contesta, desesperado, un melanocito veterano.
    Tino, sin embargo, se sabe la respuesta y exclama, orgulloso:
    - La melanina forma un arco protector alrededor de tu núcleo y absorbe toda la luz ultravioleta, para que no pueda modificar tu ADN.
    - Guau, o sea que es como una caja fuerte para proteger lo más importante – el ADN -, ¿no? – Rita se encuentra impresionada.

    Tino asiente mientras le pasa un nuevo lote de melanina a Rita. Sin dejar de producir melanina, piensa en lo bien que está actuando para ser su primera crisis. Está siendo hasta divertido… De repente, Tino suelta un grito: acaba de sentir una punzada, que rápidamente se transforma en frío y oscuridad.

    - ¿¿Qué está pasando?? – grita, asustado. No siente sus orgánulos celulares, salvo la mitocondria.
    Leo, el melanocito experimentado, le dice, con tristeza:
    - Has sido dañado, Tino. La luz UV ha llegado a tu núcleo y ha mutado tu ADN.
    - ¡Nooo! ¿Y qué hago, cómo lo reparo?
    - Es demasiado tarde para arreglarlo. Tu ADN ha intentado algunos mecanismos, pero no han funcionado. Solo queda una opción: morir.
    - ¿Cómo? ¡No podemos dejarle morir! – interviene Rita.
    - No le estamos dejando morir, Rita – explica, con calma, Leo – él se va a suicidar, a matar a sí mismo: es algo que llamamos apoptosis.
    - Pero…

    A Rita no le da tiempo a terminar su queja, porque Tino le interrumpe. He oído hablar de ello, susurra, pero nunca pensé que lo vería… y menos, que me pasaría a mí. Apoptosis se conoce también como muerte celular programada, y es un mal menor. Si Tino no muere, podría volverse cancerígeno, transformar otras células y generar un cáncer de piel, un melanoma. Y eso es mucho peor que la muerte de una sola célula, comprende Tino, aunque esa célula sea él.

    Es hora de morir. Con el trasiego que un código IV supone y los sollozos de Rita en la distancia, Tino se deja hacer. Su ADN lo tiene todo controlado: activa a las caspasas, esas proteínas que sus compañeras denominan, con miedo y respeto, sicarios. Ellas son las encargadas de acabar con la célula, para lo cual destrozan todo lo que se encuentra dentro de ellas, desde las proteínas hasta el ADN, que también es atacado y finalmente eliminado. La membrana se va rompiendo, los componentes se diluyen, hasta que Tino es solo un mar de recuerdos.

    Mientras Rita llora la muerte de Tino, tú sigues bañándote en la playa, ajeno al sacrificio de tantas otras células.

    PUEDE VOLAR

    PUEDE VOLAR

    El señor Magpie siempre había querido poder volar, era su sueño desde que era pequeño. Pero él no quería coger un avión o sobrevolar el mar en parapente. De hecho, sólo había cogido un avión una sóla vez en su vida y contratar un parapente le parecía una idea de turistas refalfiados. Lo que quería el señor Magpie era volar como los pájaros, ser tan ligero que la brisa lo elevara por los aires y poder ver las parcelas de tierra como perfectos rectángulos verdes, amarillos y morados.
    Magpie era ingeniero, pero siempre había sentido curiosidad por la química y la biología. De hecho, tenía un pequeño laboratorio en su casa donde podía llevar a cabo sus experimentos. A veces se sentía como aquellos científicos antiguos que trabajaban en sus casas y a los que nadie comprendía. De hecho, sus obsesiones le habían alejado poco a poco de sus seres queridos, pero eso ahora no importaba, estaba a punto de conseguir lo que quería.
    Llevaba varios meses ingiriendo la mezcla que había creado. La peor parte es que ahora tenía que tener mucho cuidado. Después de años recogiendo información sobre enfermedades del esqueleto había logrado hacer sus huesos cada vez más ligeros.
    Como los de los pájaros.
    También había construido una estructura equivalente a unas alas. A veces se reía pensado en los dibujos de Leonardo da Vinci, pero él era más listo, sus alas funcionarían. A pesar de no ser muy alegre, Magpie decoró sus alas con plumas azules, amarillas y rojas. Le sonaba de los loros que había visto en los documentales.
    Y por fin el día había llegado. No había escogido un día al azar, llevaba toda la semana estudiando las previsiones meteorológicas y ese día las corrientes de aire lo elevarían como a un globo abandonado. Se colocó sus alas y esperó. Pero no pasaba nada. A lo lejos vio dos urracas que lo miraban sorprendidas, y por un momento sintió tristeza. De repente, una ráfaga de aire casi lo tiró al suelo, pero el instinto le hizo mover los brazos y, sorprendido, vio cómo su cuerpo se elevaba. Vio cómo las margaritas se iban haciendo cada vez más pequeñas, mientras las urracas salían volando espantadas.
    Intentaba agitar los brazos rítmicamente, tal y como había ensayado tantas veces. Si lo pensaba, le daba un poco de vergüenza, pero eso era un sentimiento humano y él ahora era un pájaro. Mientras se elevaba, pudo observar las parcelas de tierra como perfectos rectángulos verdes, amarillos y morados. Ya estaba. Era libre. Lo había conseguido.

    Realidad o sueño

    Realidad o sueño

    Marlena no era distinta a las otras niñas de siete años. Era algo tímida, por lo que la mayor parte del tiempo gustaba de pasar desapercibida. Tenía una figura fina, y solía moverse con gestos delicados, silenciosos, casi felinos. En el colegio, a menudo su profesora la encontraba ensimismada, dibujando una pequeña flor en la esquina del cuaderno, o mirando por la ventana. Cuando le llamaba la atención, Marlena se sorprendía, y volvía en sí, con cierto rubor en las mejillas y una ligera sonrisa en los labios. Solía soñar despierta. A pesar de ello, siempre fue buena estudiante. En casa, se entretenía sola, inventando aventuras para sus muñecos, o pintando paisajes con su caja de acuarelas. A veces, observaba a su padre desde un rincón del despacho, mientras éste trabajaba. Entraba a hurtadillas y se quedaba acurrucada, sin ser vista, durante un buen rato. Le gustaba verle escribir, y su letra, tan pequeña y compacta.
    Una madrugada de tantas, la niña despertó a su madre. Había prometido sin éxito abandonar esta mala costumbre, pues ya empezaba a ser mayor para andar incordiando en mitad de la noche. Desde muy pequeña, cada vez que Marlena tenía una pesadilla, se levantaba y se dirigía a la habitación de sus padres. Se colocaba junto al lado de la cama donde dormía su madre y permanecía allí, sin tocarla, sólo mirándola. Pero lo hacía tan fijamente que su madre, quizás al sentirse observada, acababa por despertar, siempre con gran sobresalto. Esa noche no fue una excepción. Tras incorporarse, su madre sentó a la pequeña a su lado, y preguntó suavemente —¿Qué pasa Marlena? hija, es muy tarde. Siempre igual, me das cada susto… a ver, ¿qué ha sido esta vez? —. Al principio, la niña no podía articular palabra. Incluso temblaba. Gracias a las caricias de su madre, poco a poco se tranquilizó y empezó a susurrar —Mamá he soñado… he soñado que las personas estaban muy enfermas y que no podían salir de sus casas, que nosotros no podíamos salir, porque las personas se ponían muy enfermas si salían a la calle —. Su madre, acostumbrada a lidiar con las pesadillas de la pequeña, explicó pausadamente —Pero hija… eso no es verdad, las personas pueden salir de sus casas, nosotros podemos salir cuando queramos, nadie está enfermo, tranquila —. Ella, aún convencida de la veracidad de su sueño, repuso —Pero mamá, lo he visto, lo he visto de verdad. La gente estaba muy triste… y además había una voz en el sueño, que me decía que yo les tenía que curar ¡que tenía que curarles a todos! —en ese último punto subió la voz, y su madre le hizo un gesto de guardar silencio, pues su padre seguía durmiendo. De la mano, la acompañó hasta su cama y la arropó con cariño. Después de un par de nanas, Marlena dormía plácidamente. No volvió a pensar en ese sueño hasta muchos años después.
    En el instituto, Marlena se enamoró. Se enamoró profundamente, sí, de la Biología. En el colegio ya mostró interés por las materias relacionadas con el estudio de la naturaleza, las plantas, los animales, el cuerpo humano… Eso le gustaba y lograba captar su atención. Pero fue durante los años de instituto, inspirada por su profesor, cuando la joven descubrió su vocación. Llegó a comprender la complejidad de una sola célula y sus orgánulos, la gran cantidad de información que puede almacenar una pequeña molécula de ADN, y la función específica que cumple cada proteína en un organismo. Admiraba el perfecto funcionamiento de toda esa “maquinaria”, incluso era capaz de intuir cierta belleza. Aquello le fascinaba de tal modo, que Marlena creía que la biología le ayudaría a entender cómo funcionaban los seres vivos, desde el más simple al más complejo, y con ello, el mundo. Y con esa convicción, decidió centrar todos sus esfuerzos en estudiar Biología, o, como a ella le gustaba pensarlo, en el estudio de la vida.
    Año 2020. Marlena se despierta, sobresaltada. Respiración agitada, sudor en la nuca. De nuevo aquel sueño, después de tantos años. Pero ahora la pesadilla se había hecho realidad, de un modo cruel y devastador. Ya eran miles los muertos en el país a causa del virus, cientos de miles los infectados. A nivel mundial, se perdía la cuenta. El estado de alarma declarado en varios países imponía el confinamiento a todos los ciudadanos. Mira el despertador, las 6:15. Apenas ha dormido, pero no importa. La esperan en el laboratorio, su equipo estará listo para seguir trabajando, exhaustos, pero siempre dispuestos a continuar. Cada vez están más cerca de la vacuna, lo intuye, casi tiene la certeza, están a punto de conseguirlo. Hoy puede ser el día, el principio del fin.

    Rondalla de l'ull humà

    Rondalla de l'ull humà



    RONDALLA de l’ULL HUMA


    Amiguitos y amiguitas : quiero explicaros lo que es un cono, una célula fotorreceptora de la retina, y sensible al color. Existen 6,5 millones de conos. Junto con los bastoncillos, constituyen las células fotorreceptoras de la retina, que es la más interna de las tres capas del globo ocular. Las otras son la coroides, y la córnea y esclerótica.

    Bien, nuestro ojo funciona de la siguiente manera : Conos y bastoncillos reciben el estímulo luminoso -la “luz”- forman la imagen visual en la retina, a partir de sus pigmentos químicamente activos, y ésta se transmite a la zona occipital del cerebro, donde es interpretada la imagen. Resulta interesante, ¿verdad?.

    Pasemos ahora a hablar de nuestra protagonista, Amina : es una muchacha marroquí de 21 años, que tiene una ametropía o defecto de refracción de su vista, consistente en una miopía alta con astigmatismo alto, y ¡tiene que llevar gafas!

    La miopía se la detectaron porque no veía bien lo que el profesor de sus estudios de Optica y Geometría escribía en la pizarra. Consiste en que su ojo es demasiado largo, y las imágenes se forman delante de la retina (lo que se llama “corto de vista”). La miopía se corrige con lentes cóncavas.

    El astigmatismo es más difícil de explicar, pero también fácil de corregir con lentes tóricas, que tienen la forma de un balón de rugbi al corte o sección.

    Amina es alta y un poco desgarbada, con buen tipo. Posee unos grandes ojos negros azabache, lleva melena larga, suelta , rizada, en la que se hace trencitas. Es muy presumida, está en edad de merecer, es estudiosa y capaz de concentrarse.

    Amina se planteó ponerse lentillas, pero éstas exigían mucho más cuidado y disciplina, y eran más caras que las gafas. Amina es una estudiante que vive con sus hermanos mayores, dos chicos y una chica, en un piso de 85 m2. Total que en la Optica Universitaria, se compró unas gafas por 80€.

    Amina está acomplejada por la edad y por llevar gafas, pero parece más joven de lo que es. Su padre -¡a quien Allah tenga en su gloria!- tenía ilusión de que estudiase Optica y Geometría, y ella así lo hace, cumpliendo la voluntad paterna.

    En la retina de Amina se hallan dos puntos de interés : la mácula lútea, de 5 mm2, o mancha amarilla, que constituye la parte más valiosa de su organismo, pues es el punto de mayor visión, conteniendo sólo conos (carece de bastoncillos). Y la mancha ciega, o de Mariotte, un punto de falta total de visión dentro del campo visual, en la que faltan conos y bastoncillos, y corresponde a la salida del nervio óptico.

    Amina nació en Marruecos, pero desde pequeña vive en Cataluña. Sus hermanos mayores, Beremiz y Maluf, quieren obligarla a casar con un “buen partido”, según ellos, que es un primo lejano que trabaja en un concesionario de automóviles (para los musulmanes la familia es sagrada, sobre todo en tiempo del Ramadán).
    Como ella en principio se negó rotundamente, la secuestraron, para que les hiciera caso. Le taparon los ojos con una venda negra muy tupida, le ataros las manos con una cuerda, y la encerraron en el maletero de un Jeep. Allí estuvo tres días y dos noches. Le traían para comer sólo pan, agua y un yogur, por la noche tarde, para que no pudiera ver nada. Amina lloró, rezó mucho y gritó pidiendo ayuda y clemencia, pero todo fue en vano…

    Al final sus hermanos arrancaron el Jeep y lo condujeron durante dos horas, con Amina en el maletero. Llegaron a su destino, la sacaron del coche, toda entumecida y la obligaron a caminar. Descendieron por una ladera : ellos usando sus músculos motores oculares externos de los ojos (inervados por el nervio patético), pero Amina avanzando a trompicones, tropezando a cada paso, sin poder ver aún…De repente se detuvieron y le quitaron la venda de los ojos. Cuando la luz del sol ¡ oh sol glorioso! Paró de deslumbrarla, Vió, divisó, vislumbró, primero poco a poco, después con más claridad, un paisaje idílico : era de montaña, había un río pequeño, precioso, de aguas cristalinas, que acababa en cascada un poco más allá, con hierba verde y árboles frondosos formando un bosquecillo. Y lo más importante, sentado sobre un pedrusco, había un buen mozo, cuya visión le fue agradable a los ojos, que resultó ser …¡Su prometido!

    Amina aceptó y se casó con su prometido en una bonita fiesta!







    Africasensio

    Salitre y plumas

    Salitre y plumas

    Llevaba meses sin pisar tierra, viendo aquel azul marino infinito. Meses en los que, cuando el hambre avisaba, bastaba simplemente con zambullirse en ese mundo salado unos segundos para atrapar incluso al más rápido de los pececillos. Los días más agotadores descansaba en la tranquilidad de las aguas, quienes la arropaban y mecían como si de una cuna se tratase. En cambio, bien alimentada y con las cargas de energía llenas podía pasarse semanas volando sin descanso, planeando para ahorrar energía.
    Volaba muy lejos de casa. Llevaba un año sin volver, embarcada en una aventura solitaria donde nunca añoró la compañía de ningún otro. Solo ella y el mundo. ¿Su destino? Descubrir el punto donde el mar y el cielo se abrazan.
    Un día, algo cambió. A mediados de octubre la brisa comenzó a acariciar su plumaje, las corrientes marinas tomaron una dirección diferente y algo en su interior comenzó a susurrarle. Debía volver al lugar donde había nacido, lo sabía. Así que cerró los ojos, remojó sus plumas por última vez y empezó el largo regreso a casa. Era curioso pues, por extenso que fuese el océano, ella nunca se sintió perdida.

    La joven aterrizó en su isla natal y unos segundos le bastaron para advertir que, pese al reducido número de visitas a esta tierra, seguía conociendo el lugar perfectamente. Notaba un fuerte vínculo interno con la ínsula. Hace tiempo que había elegido el lugar donde crearía su núcleo familiar y criaría año tras año a su pequeño polluelo y este era asombrosamente cerca de donde ella misma había nacido.
    Descansada ya de tan largo viaje, nuestra hembra se acerca al clan con la intención de tomar un par de clases de baile. Es muy inteligente, nunca tuvo problemas en interiorizar cada movimiento de cortejo que allí se enseña. Lleva 3 otoños dedicándose de lleno a este trabajo, junto con el novicio de la isla. Su progreso va unido proporcionalmente a la reducción de parejas de baile que se adaptan a sus movimientos. Sin embargo, una vez allí, la joven se da cuenta de que todos los machos están ya cogidos. Al principio no sabe qué hacer ni cómo actuar, consciente de la magnitud de la catástrofe que se le viene encima pues, sin pareja no hay descendientes. Y si algo tiene claro, es que ella no quiere pertenecer al grupo de solteronas de la isla, no señor. Tendrá que buscar una solución.
    De repente, se encuentra con otra joven hembra que también se ha retrasado en su llegada. Se conocen, ya habían sido pareja de baile en ciertas ocasiones y la verdad que no se les daba nada mal. Así que, después de saludarse debidamente se ponen al lío.
    Al cabo de un tiempo se sienten muy cómodas una al lado de la otra. Tienen la sensación de conocerse desde siempre. Cada día, antes de empezar a bailar, pasan unos segundos mirándose fijamente, conversando a través de sus ojos. Luego, comienzan a tambalearse de un lado a otro aprovechando la longitud de su cuello para imitar las rítmicas ondulaciones de las olas. Seguidamente, despliegan sus inmensas alas grises mostrando su majestuosidad y belleza para continuar rozando su pico, disfrutando de la sensación del primer contacto con su amada. La coordinación de sus movimientos es perfecta, como si de un espejo se tratase.
    Así pasan cada tarde creando su propio lenguaje, ese que utilizarán año tras año para saludarse y reconocerse. Ahora tienen claro que pasarán la vida juntas, pues entienden que esa conexión tan grande que sienten al bailar no puede ser casualidad. Y nadie podrá nunca negar que lo que hay entre ellas es amor.

    Si todavía no has averiguado quién es nuestra protagonista, contamos simplemente una historia más de la vida de una joven hembra de albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis). La envergadura de sus alas basta para coronar a los albatros como los reyes de las aves marinas, la cual puede llegar 3 metros o más. Phoebastria no alcanza tales dimensiones, sin embargo, su encanto no decae.
    Cada año se sabe la existencia de nuevas parejas de hembras en las colonias de los albatros. En 2008, un estudio reveló que el 31% de las parejas de ese año en las islas de Hawaii eran del mismo sexo. Se trata de una estrategia evolutiva ya que hay más hembras que machos por lo que esto evita peleas por un mismo varón, aumentando así la natalidad. En estas uniones, las dos hembras colaboran por igual en la crianza del pequeño. Estas se acarician, se acicalan, se quieren y se miman como si una pareja mixta se tratase. Nadie objeta nada, es todo natural. Una vez más, la naturaleza demuestra ir un paso por delante a nosotros. Cuanto nos queda por aprender.

    SALUD GARANTIZADA

    SALUD GARANTIZADA

    Hoy es 31 de diciembre estoy en mi apartamento, es pequeño pero muy confortable. Espero que se ponga en contacto el técnico de mantenimiento, se ha disparado una alarma en el sistema de ventilación y purificación de aire, que por cierto es una maravilla. Permite la estanqueidad completa de la vivienda garantizando la calidad y desinfección total del aire interior. El mismo sistema que tienen todos los hospitales, con una pre-compartimentación en los accesos; y otros edificios y espacios comunes. También se emplea en los aviones y en los vehículos de transporte de última generación.

    Los microorganismos, emergentes y reemergentes, y los parásitos están hoy en día muy presentes, motivado por la evolución en el cambio climático y los cambios en el medio ambiente, la superpoblación y su concentración, la globalización o mundialización y las consecuencias de los conflictos bélicos y las desigualdades sociales. Afortunadamente hoy en día la sostenibilidad es una realidad, y los avances en la tecnología y la nanotecnología, la inteligencia artificial, las ciencias sociales, la bioingeniería y la biología sintética, entre otras, lo han permitido.

    He salido al espacio exterior, a la calle, a adquirir víveres y los compuestos nutricionales que necesito. ¡Vaya! Estoy en el almacén y se acaba de activar una alarma en mi dispositivo personal, ha detectado un coronavirus en mi organismo, la han activado los sensores de mi boca y de mi nariz. ¡Es un SARS-Cov-5 y mi organismo no tiene anticuerpos contra él!, voy a la farmacia a conseguir el anticuerpo sintético específico.

    Tengo varios sensores implantados en mi cuerpo, por cierto de manera mínimamente invasiva. Permiten monitorizar las constantes vitales y controlar el correcto funcionamiento de mi organismo. Además sirven para detectar y rastrear la presencia de microorganismos patógenos. Los sensores son muy pequeños de unos 2 mm pero con una gran funcionalidad y se recargan de manera inalámbrica. Para la detección de microorganismos, tiene un espectrómetro de gran precisión, y un detector de vibraciones de mayor radio de acción que rastrea el patógeno por su longitud de onda e intensidad, dando una aproximación cuantificada de la carga del patógeno y su localización. También puede detectar mutaciones del microorganismo, y el sistema envía un registro con las modificaciones, nuevos antígenos y epítopos, directamente al laboratorio, y en un par de días tendré en mi farmacia el anticuerpo específico, son fáciles de fabricar y muy económicos.

    Estos anticuerpos son neutralizantes para el patógeno, algunos actúan también contra algunas proteínas que evaden la respuesta inmune. Además el sistema inmune no solo no los considera una amenaza, sino que actúan de manera sinérgica con la función de los macrófagos y los linfocitos. Posteriormente los anticuerpos son eliminados con facilidad por el organismo. El hecho de actuar tan rápidamente contra un patógeno evita muchos problemas, limitando la cascada inmuno-inflamatoria que puede llegar a ser perjudicial para nuestro organismo.

    La salud de la población ha mejorado, y se ha reducido en gran medida la mortalidad prematura y la morbilidad. Reduciéndose muy significativamente las enfermedades autoinmunes y degenerativas, entre otras. Gracias a estos avances y a algunos otros, estamos también a punto de erradicar las enfermedades infecciosas crónicas y persistentes, como el VIH, las hepatitis y los herpesvirus, entre otros, con un sistema CRISPR avanzado, con el que eliminamos el ADN o ARN viral, en el núcleo de las células.

    Todo ello ha permitido reducir la presión y la sobrecarga de los servicios sanitarios. Por supuesto la eficiencia de estos servicios también ha mejorado, reduciendo todo ello el gasto en salud. Y como consecuencia se han podido implementar unos sistemas de salud universal, que llegan prácticamente al 100% de la población. También la investigación y el gran emprendimiento, junto con la colaboración público-privada, y la contención del ánimo de lucro, han sido fundamentales.

    Todos estos cambios se fueron gestando después de superar algunas pandemias que han afectado a la población mundial sobre todo en la primera mitad del siglo XXI, como por ejemplo la del llamado Covid-19 en el año 2020. Después se fueron implementando medidas para garantizar la seguridad y prevenir la transmisión de los virus, aunque muchas de estas medidas supusieron un cambio importante para la vida y el comportamiento de las personas.

    ¡Me han invitado a una fiesta! Esta es una noche para divertirse y también para ligar. Hay que prepararse, voy a aplicarme el spray o gel protector adecuado para tener contacto con otras personas. Es un compuesto de nano-partículas que se adhiere a las células epiteliales y crea una película protectora antimicrobiana y auto-desinfectante en pocos segundos, y que garantiza una protección prolongada durante 24 horas. Puede aplicarse a las manos, labios, boca, genitales, etc., minimizando todo tipo de infecciones.
    La fiesta de fin de año ha sido magnífica, bueno son ya las 12 de la noche. ¡Feliz año 2070!

    Seis experimentos

    Seis experimentos

    Se preparó para una mañana intensa de trabajo, poniéndose en primer lugar la vestimenta adecuada. Mientras, repasó mentalmente cómo se iba a organizar: siempre era complicado hacer varios experimentos a la vez, y ese día le tocaban nada menos que seis, pero si ajustaba bien los tiempos y las herramientas necesarias, sabía que podría hacerlo.

    Revisó su cuaderno y decidió comenzar con el experimento II, que había dejado preparado en un recipiente el día antes. Comprobó que la desnaturalización de las proteínas se había llevado a cabo correctamente, es decir, que el color blanquecino esperado había aparecido, tras lo cual pudo emprender los pasos finales para completar el proceso. A continuación, decidió arrancar el experimento V, para el que ya había dejado el material listo la tarde anterior (sabía que lo mejor era avanzar antes todo lo posible), por lo que solo tuvo que incorporar el espesante a la mezcla preparada y ponerla a calentar.

    Mientras el experimento V avanzaba, decidió que era el momento de comenzar con el VI ya que, si no, se le echaría el tiempo encima. Y es que en este caso tenía que llevar a cabo una extracción acuoso-orgánica facilitada por temperatura, que se prolongaría durante varias horas.

    Preparó entonces nuevo material para proceder con el experimento III. Tenía su complejidad y, aunque contaba con una amplia experiencia después de tantos años llevándolo a cabo, siempre temía el momento de presentarle el resultado a Aurora. Y es que, no sabía por qué, a veces fallaba y las moléculas anfipáticas no acababan de dispersarse correctamente… menos mal que contaba con la ayuda de la solución de ácido acético diluido, que permitía que esas moléculas se repelieran más entre sí y también aumentaba el volumen acuoso, un factor clave en este proceso... Bueno, parece que esta vez había conseguido completarlo de una forma satisfactoria.

    Le echó un vistazo a los experimentos en marcha: dio por concluido el V, tras comprobar con un termómetro que la ebullición se había producido a más de 100ºC, y verificó que el VI se encontraba en el momento que esperaba, con la gelatinización del almidón empezando a producirse. Decidió entonces que era el momento de empezar el experimento IV; nada del otro mundo, dado que la variable principal a controlar era que la desnaturalización se produjera correctamente, una técnica que dominaba, como había podido confirmar con los resultados del experimento II.

    Comenzó entonces el último de los experimentos del día, aunque en realidad era de un nivel de principiante, prácticamente de estudiante de primer año. Se trataba del experimento I, ya iniciado el día antes; tras retirar de la cámara de frío el envase que había dejado allí, se aseguró de que la licuefacción se hubiera producido adecuadamente y, dado que anteriormente ya había retirado la fase lipídica, lo único que quedaba era el tratamiento térmico. Mientras este se llevaba a cabo, dio por concluido el experimento VI, aunque el resultado final le pareció diferente al esperado, y esto le llevó a tomar algunas notas en su cuaderno para futuras ocasiones.

    Finalmente, y tras comprobar que en el experimento IV, a continuación de la desnaturalización se había producido de manera satisfactoria la reacción de Maillard, lo dio por finalizado junto con el experimento I.

    Ahora, se trataba ya de poner en conjunto los resultados de los experimentos y esperar que todo encajara bien, aunque, a decir verdad, estaba convencido de que sería así…

    En eso estaba pensando cuando sonó el timbre. ¡Ya estaban aquí! Llegaba la hora de la verdad. Fue a abrir la puerta y entraron todos con los brazos llenos de regalos, mientras le reprochaban que todavía no se hubiera quitado el delantal. Mientras, le preguntaban por el menú, que recitó de memoria: consomé (experimento I), acompañado, para picotear, de cebiche (experimento II) y langostinos con mayonesa (experimento III). Como plato principal, carne con mermelada de frutos rojos (experimentos IV y V) y, de postre, arroz con leche (experimento VI). Esperaba que esta vez su hermana Aurora no pusiera pegas a la mayonesa, porque siempre era la comensal más exigente…

    Si se enteran vuestras madres…

    Si se enteran vuestras madres…

    No podían moverse; el aire hería, el agua hervía, la madera ardía. Todo se les pegaba. Las telas se empapaban, los metales les quemaban. El sudor los revestía, salía a discreción por poros y ranuras. Los pelos estaban tristes, desalentados y se rendían. El calor era insoportable.

    Estaban en verano. Éste llegaba siempre sin avisar, sólo los sastres lo notaban porque sus tijeras se ponían en huelga, siempre desde la tarde anterior a la mañana siguiente. Los veranos en la ciudad duraban un día, y podía haber entre uno y treinta y tres por año, nunca más, estaba escrito. Aquel era especialmente insoportable.

    Se sentían como sobre un sofá de cuero ardiente. Pestañear dolía, incluso respirar dolía. No se podían tocar, motivo de ejecución. Las uñas se les derretían, olía a quemado. Y el calor no cesaba, iba en aumento. No se veía a nadie más, eran los únicos valientes ¡Qué sopor!

    En la ciudad no recordaban un verano como aquel. Debía ser cosa del Niño, los Alisios o el maldito Coriolis. Los pájaros se cubrían con sus nidos, las flores defendían sus partes nobles y los árboles soltaban lastre mientras los peces se hacían a fuego lento. Aquello era soporífero.

    No podían más, algo debía cambiar. No iban a aguantar hasta la mañana siguiente, el calor y la humedad acabarían con ellos antes. Salva salió y los demás lo siguieron.

    Ir a una sauna en verano es, definitivamente, una locura.

    Sin azúcar, por favor

    Sin azúcar, por favor

    En el edificio de genómica, el menú de la cafetería no está nada mal. Es barato, abundante y ofrecen bastante variedad todos los días. Por eso, bastantes estudiantes y profesores suelen abarrotar el comedor al mediodía. La comida tiene mucho aceite y a veces resulta un poco pesada, eso también es cierto, así que otros preferimos traernos la tartera de casa.
    Adolfo Sánchez Blanco, originario de Salamanca, es profesor asociado de la universidad de Hartford y pertenece a este último grupo. Suelo coincidir con él en los microondas, calentando el táper, y siempre se interesa por el progreso de mi doctorado o el resultado del último partido de tenis que jugué. Por eso, nunca había prestado demasiada atención a la comida que se traía de casa.
    Ayer, sin embargo, me di cuenta de que Adolfo, prototipo de investigador exitoso y saludable, no come hidratos de carbono. No fue culpa de nadie que, al sacar el táper del microondas se quemase e instintivamente lo soltase, con tan mala suerte que todo el contenido se volcó en el suelo. Adiós al salmón con verduras. Adolfo, resignado, cogió una bandeja y se dispuso a comprar algo de comer. Recorrió el mostrador ojeando las distintas opciones, pero ni el arroz con verduras, ni la pasta a la boloñesa ni el estofado de ternera con patatas parecieron convencerla. Visiblemente alterado, intercambió unos susurros airados con el encargado, que aguantó el chaparrón con cara de circunstancias. Después, agarró una ensalada César ya preparada y se sentó solo en una mesa.
    Me acerqué y, tras pedirle permiso, me senté con él. En medio de un incómodo silencio, ataqué el contenido de mi tartera mientras le observaba separar todos los picatostes de la ensalada. En ese momento comprendí cuál era el problema. La curiosidad me pudo, al fin y al cabo me había dado clase y existía una cierta confianza, así que, en un tono lo más casual posible, le pregunté:
    YO. -Perdona que me meta donde no me llaman pero me ha entrado la curiosidad; ¿tienes alguna alergia?
    ADOLFO. - (con un suspiro) La verdad es que no, pero he elegido no comer carbohidratos.
    YO. -Y si no es mucho cotillear, ¿por qué no? Entiendo que los azúcares simples no son lo más sano del mundo, pero todos los nutricionistas recomiendan comer cereales, preferentemente integrales, eso sí.
    ADOLFO.- Ya sabes que en mi laboratorio investigamos el envejecimiento usando pequeños gusanos como modelo.
    YO.- Sí, los C. elegans, aprendimos a trabajar con ellos en el laboratorio de introducción a la biología molecular.
    ADOLFO.- Exacto. Pues hemos descubierto que reduciendo la glucosa de su dieta se extiende su esperanza de vida. Los genes que regulan este proceso están conservados en el ser humano, así que he decidido dejar de comer todo tipo de hidratos de carbono, que al digerirse se descomponen también en carbohidratos simples como el azúcar de mesa.
    YO. – Ah, ya veo.
    Esta escena, que quedó en simple anécdota, me llevó a darme cuenta de que muchos científicos, especialmente aquellos que estudian temas relacionados con la salud, están tan metidos en sus investigaciones que, de manera más o menos consciente, acaban tratando de aplicar sus descubrimientos a su vida diaria. Adolfo me recordó a mi padre, ingeniero de edificación, que no puede evitar hacer fotos a las grúas cuando nos vamos de vacaciones y se cruza con una obra.
    Terminé la tesis y encontré trabajo en otra ciudad, así que me distancié de Adolfo, aunque seguí con atención los progresos de su laboratorio. Hace poco, descubrieron que las hembras de esta especie de gusano viven menos si tienen descendencia. Sabiendo que Adolfo, felizmente casado, tiene dos hijos, me alegré de que no hubiera dejado que su trabajo interfiriera demasiado en su vida personal. Eso sí, aún tengo pendiente preguntarle cómo les hace los bocadillos a los chavales…

    Sistema Nervioso Central. Primera parte: El Cerebro.

    Sistema Nervioso Central. Primera parte: El Cerebro.

    Hace no muchos años, contaban las aventuras de Petar Parkor, un chaval, no mucho mayor que vosotros, con un don extraordinario: tenía la habilidad de sentir lo que ningún otro hombre sentía. Empezaba el día como cualquier otro estudiante, queriendo cinco minutos más en la cama, pero antes de darse cuenta, su poder despertaba: sentía un cosquilleo por toda la espalda hasta la cabeza que le decía ¡YA! Y, en seguida, apagaba el despertador antes de que nadie más lo llegara a escuchar. Sus padres admitían con orgullo que su hijo nunca se quedaba dormido, llegaba tarde o siquiera necesitaba un despertador, él tenía un cosquilleo que le decía qué hacer. Su poder no lo usaba solo para levantarse de la cama, a veces paseaba por su calle, cuando el cosquilleo volvía a recorrer su espalda hasta su cabeza y enseguida, tras el grito de “AYUDA”, Pater Porkor ya se encontraba corriendo hacia esa voz que necesitaba su ayuda a la vez que el cosquilleo bajaba de la cabeza a sus pies, dándole más velocidad que nunca. Nunca olvidaremos cuando Petor Perkor libró a todos sus compañeros de una situación más que peliaguda: no había pasado ni un solo día desde que Daniel Verde, el más malvado de los malvados del barrio le juró a Parkor que se las pagaría. Ese día estaban todos en el parque, cuando Petar tuvo su cosquilleo que llegó hasta sus piernas, sus compañeros solo oyeron “¡Agacharos!” Y enseguida obedecieron; no supieron hasta más tarde que Daniel Verde había ido al parque buscando pelea y que, al agacharse todos, los arbustos les impidieron ser vistos y, así, se libraron de una buena. Los gamberros del barrio no tenían ni una posibilidad ante Pater y, a menudo, buscaban la forma de derrotarlo, pero nunca lo conseguirán, porque lo que no saben es que el poder de Petar lo acompañará para siempre, haciéndolo capaz de percibir todo lo que ocurre a su alrededor y respondiendo a ello a voluntad.

    Talassa Talassa

    Talassa Talassa

    ¡THALASSA! ¡THALASSA!


    El asteroide 1998 OR2 es un queso Gruyére que mantiene la inercia del ultimo sistema solar que lo catapulto. Miles de Scarabaeus laticollis 3l, máquinas con cerebro nivel insecto, mantienen un trabajo continuo sobre el cuerpo celeste. Todo mineral aprovechable es extraído y llevado a la nave.
    “La nave” es una colosal barca espacial llena de almas. La embarcación de Atum.

    4us* es el androide navegante de esta barcaza que como vela usa un asteroide. 4us porta una tela con efecto de parche y clama:
    -. ¡Ar marineros de agua dulce ¡- Con un potente sonido metálico al espacio. Su cabeza imita en apariencia a un ave y su cuerpo es la mezcla entre diseño humano e insecto. En su torso una placa porta el jeroglífico.

    4us es una broma de viejos diseñadores terrestres. La barcaza lleva navegando en la negrura del espacio más tiempo del que cualquier humano hubiera podido imaginar. En su interior la mayor invención sobre biología y química mantiene humanos en proyecto, aún en conservación. 4us sigue con su primer y único propósito encontrar un planeta que pueda albergar vida. Sus piezas han sido intercambiadas múltiples veces, aprendió a forjar algunas. Fue un momento divertido en su larga vida como androide. Se hacia llamar Socar, martilleaba ritmos muy rockeros e intento herrar a un Scarabaeus laticollis 3l. Una gran historia en los datos de 4us.

    Pero es este periodo cuando la mayor aventura se cruza con 4us. Tragedia y leyenda se arremolinan en su camino. Entre sus defectuosos e irracionales gritos que harían sonrojar a un marinero. Algo sucedió, los datos llenaron todos los visores de 4us, informaciones en cascada. Datos climatológicos, gases. Los sensores de 4us eran un enjambre de langostas atacándole. Se recostó sobre el panel. Conectándose. La energía extra fluyo junto a las cifras. Su propósito por fin se había cumplido. Mando al enjambre de Scarabaeus laticollis 3l devorar al asteroide y cuando esta tarea estuviera terminada se acercarían al Ahora bautizado como Nilo. 4us funcionaba sin ningún fallo, empezó todas las tareas dispuestas para el hallazgo, preparaba la nave para desembarcar. Una pieza que imitaba el placer de un orgasmo bombeaba a su cerebro de androide, 4us ponía en funcionamiento el motor solar. La barcaza de Atum colonizaría Nilo en menos de cinco horas terrestres. Solo una pequeña memoria afectaba a 4us, su pareja androide que hacia eones que no funcionaba. Había descubierto que podía pedir a los seres humanos nacientes que rescataran sus datos. Una plegaria que quedaba enterrada ahora en códigos fluctuantes de información.
    La luz de la nueva estrella reflejaba la luz verdosa de unos mares llenos de vida. Pero algo habría una estela hacia Nilo. 4us se conecto y rezo a esos futuros seres humanos que no fuera algo devastador. Sus plegarias fueron escuchadas no era devastador.


    La nave “El carro de Helios” de inmensas dimensiones se dirigía a Nilo sin disculparse ni saludar. 4us entendió la furia, la pieza del placer paro en seco, ese nuevo vacío torturo al androide. Busco el código terráqueo y bombardeo con esa información a la nave enemiga.
    La regla terráquea marítima era sencilla:

    “Pero, ¿quién tiene la prioridad?” – Parece preguntarse el anciano marinero. La pregunta es interesante, pero el momento para hacérsela quizás no es el más adecuado.
    Por esta razón, incluso si el tema de la prioridad en mar se convierte en la máxima actualidad en agosto, cuando las aguas están llenas de navegantes, no nos parece fuera de lugar hacer frente a este problema ahora para refrescar un poco de conocimientos y tal vez incluso un poco de “sentido común”.
    Mientras tanto, veamos cómo entender si estamos en una ruta de colisión con otro barco. La regla es muy simple: si entre los dos barcos en navegación la distancia se acorta y la detección no cambia, significa que es sólo una cuestión de tiempo, estamos en ruta de colisión.

    Por supuesto esto eran reglas de un mundo lejano. Los navegantes que comandaban la nave enemiga eran siete computadoras como los siete sabios griegos. Que respondieron al ataque informativo con diatriba, letras como soldados invadiendo una conversación. Una frase marco la pauta:
    No desees lo imposible

    La computadora conocida como Quilon, se rebautizó como Leónidas de Esparta, en ese mismo instante, y amenazo a 4us con usar todo su poderío militar si Nilo/Olimpo no era cedido a la nave: “El carro de Helios”
    4us clamo al espacio: -! Salvare a mi pareja ¡-

    En conexión con la computadora busco armas y ejercito. En sus visores llego información milenaria. La biología y la química marcaba un canal de desarrollo que 4us utilizaría para ahora su primera acción la guerra.

    Continuara…

    TCVRS-74

    TCVRS-74

    ― ¡Te lo suplico Phill, tienes que ayudarla! ―dijo Charly conteniendo las lágrimas.
    ―Charly, no es seguro… Apenas es un experimento ―arguyó Phill
    ― ¡Pero dijiste que la sustancia había dado resultados!¡Que los individuos estaban reaccionando positivamente!
    ― ¡Sí, pero los individuos vegetales!
    ― ¡¿Entonces has estado mintiéndome!? ―explotó Charly.
    Estaba desalineado, ojeroso y escalofríos frecuentes recorrían su cuerpo.
    ― ¿Mentirte? ¿Por qué lo haría? Te he contado todo. Yo nunca imaginé que Eva llegaría a estar en esta situación.
    ―Ya no sé qué más hacer, Phill… ―dijo Charly metiendo desesperado los dedos en el cabello―, ¡No puedo soportar verla así!
    ―Charly, escúchame. Aunque funcionara en humanos, no sé si funcionaría de igual manera en Eva.
    ― ¿Acaso crees que no recuerdo lo que me has dicho? ¿Acaso crees que soy un imbécil? Sé que pueden hacer algo.
    ―La Naegleria fowleri―dijo Phill, respirando profundamente―, que invadió el cerebro de Eva destruyó mucho de su tejido, pero no el suficiente para matarla. Tu esposa es un caso excepcional. Mi punto es que para la transmigración celular deben existir las células… estar dañadas, pero existir. En este caso ya no hay muchas disponibles. Además, el prototipo que he implementado sólo es una parte de la sustancia, lo demás aún está siendo probado en animales. Sabes que jamás experimentaría con Eva.
    ― ¡Pues hazlo! ―gritó Charly.
    Phill permaneció en silencio.
    ―Eva y yo hicimos un trato; si alguno de los dos quedaba imposibilitado, entonces…Ella estaría dispuesta a intentarlo, lo sé Phill. Dale la sustancia, haz que su organismo se adapte a portarla.
    ― ¡Las cosas pueden resultar muy mal Charly!
    ―Peor de lo que están no creo.
    ―Te acabo de decir que no tiene el tejido necesario.
    ― ¡Maldita sea Phill, inténtalo! Confió en ti; creo que el instituto encontrará la manera de que las neuronas que hay sean suficientes.
    ―No lo sé, Charly. No puedo arriesgar el proyecto de esa manera.
    ― ¡Pero lo hiciste desde que no pudiste mantener la boca cerrada! ¡Sé bien que Eva puede morir; los dos tenemos algo que perder!
    Charly se acercó a Phill y pensó que intentaría amenazarlo.
    ―Te lo imploro…―susurró Charly y se desplomó a su lado. Lloraba desconsolado.
    ― ¡Está bien! Pero yo no tengo la última palabra.
    ―Lo sé. Sólo te pido que presentes a Eva como viable.

    Un año atrás habían iniciado las pruebas en humanos sin presentar ningún inconveniente, pero esto era algo que Phill no le había dicho a Charly.
    La finalidad del proyecto TCVRS-74 es trasfundir células sanas de un individuo a otro por medio de la sustancia (S-74) que permite la regeneración del individuo “A” y también la eliminación de células dañadas del individuo “B”.

    Días después Phill obtuvo la aprobación. El procedimiento fue sencillo. Eva permaneció en observación una semana y después la enviaron a casa.

    ―Al parecer la transmigración no funcionó―dijo Charly.
    ―Aún no se puede determinar, han pasado tres meses ―respondió Phill―Lo siento hermano, tendremos que esperar.
    Esa noche Charly llevó a Eva a su habitación:
    ―Ojalá pudieras darme una señal. Trato de imaginar lo que tú hubieras decidido, estaba seguro que lo sabía, pero...
    Eva miraba el techo con la vista perdida.
    ― ¡Lo siento no sé qué hacer…! ―salió deprisa hacia su cuarto, azotó la puerta y se tiró en la cama de la misma manera en que ella, hasta quedarse dormido.

    Charly abrió los ojos. Estaba sentado en la silla de Eva, dentro de la regadera, justo como él acostumbraba colocarla para bañarla.
    ― Pero ¿qué sucede? ¿Qué hago aquí?
    Permaneció desorientado hasta que lo abofeteó el espejo. Él era Eva.
    ― ¡Charly, soy Eva! ¡Puedo entrar a tu mente!
    El espejo se partió en múltiples pedazos.
    ― ¡Eva! ―Charly despertó.
    Corrió a la habitación de su mujer y prendió la luz. Ella tenía los ojos abiertos.
    ― ¿No puedes dormir cariño? ― Charly trató de no parecer alterado―. Yo tampoco, tuve un sueño increíble: Yo era tú y tú estabas en mis pensamientos. Por un momento fue como sentir lo que tu sientes. Daría cualquier cosa porque no te hubieras enfermado.
    Charly se sentó en la cama de Eva.
    ―Te amo ¿Lo sabes verdad? Sé que teníamos un trato de no prolongar esto, pero había una oportunidad. Ojalá mi sueño fuera real para que me dijeras que hacer.
    Charly le besó la mano y después la frente.
    ―Duerme cariño, sólo necesito decidir como terminar esto.
    Charly volvió a su cama y se durmió en un instante.
    ―Cariño olvidaste apagar la luz…―se escuchó la voz de Eva en medio de la oscuridad.
    Charly abrió los ojos:
    ― ¿Eva?
    Corrió hasta ella. La luz estaba prendida.
    ―Cariño es importante que no te asustes, te amo―dijo Eva en la mente de Charly―, tengo que contarte algo urgente sobre Alonso el individuo B.

    Tiempo sin fin

    Tiempo sin fin

    Luz ha vestido de sueños su imaginación, como tantos ciudadanos, desde que la Muerte dejase de ser una enfermedad... Ha contado los días hasta lograr ver aquel en que fuera transferida, de manera digital, a un bioingenio fabricado por fotoimpresión plástica en grafeno y titanio. Rebasar la barrera de los ciento cincuenta años por uno y, tras duro trabajo poseer la cantidad obligada de criptomonedas, la hace sentirse como si acabara de cumplir los dieciocho: ilusión, felicidad, ganas de comerse el mundo, de saltar y bailar... «Inmortal», suspira su subconsciente cuando una de las enfermeras de la residencia sopla las velas de su tarta de cumpleaños.

    Ha renunciado a tantas cosas por alcanzar la eternidad absoluta. Sin embargo, bajo sus cúpulas, las leyes de las megametrópolis marcianas son contundentes. Nada de descendencia mientras se viva ―quizás la más cruel― es una de las normas principales. Sin control de natalidad, una humanidad que no puede exhalar un último suspiro sería problemática. Y Luz, con extrema paciencia, además se ha pasado el último cuarto de siglo postrada a una cama debido a un ictus. Cada uno de sus ojos son lo único que la mantienen conectada tanto al mundo real como al virtual. Con todo, ha alcanzado la edad legal y, a primera hora de la mañana, se ha puesto en contacto con la notaría y la aseguradora. Se han revisado las cláusulas y al no hallarse contradicciones, sin más dilación, el proceso ha sido autorizado y activado por control robótico.

    En estos instantes, una Luz feliz piensa: «Neocuerpo». Se ha decidido por una vaina que aparenta la treintena y que la aguarda en la cápsula adecuada para su trasvase en la piscifactoría adyacente a la residencia. El equipo médico que la atiende se acerca para despedirse de una paciente que ha sido ejemplar. Aplauden, son pocos los que, por falta de crédito en la mayoría de ocasiones, ven renacer, menos si provienen de la clase obrera sin más gen modificado que el de la longevidad.

    Una doctora desconecta las máquinas. «Te los ha ganado», cree que le murmura alguien al oído. Sin perder la alegría de su rostro, Luz cierra los párpados. Siente, de repente, un brutal tirón en el interior de su ser; un fogonazo en su mente. A velocidad imposible le parece recorrer un túnel brillante, en medio del Universo, con tanta intensidad como una titánica montaña rusa. Después, la nada. El silencio, durante un cronón de Planck, es lo peor. Oscuridad. Una pulsión. Varias. Siente la electroreanimación de sus neuronas cibernéticas. Destellos. Vida sin necesidad de oxígeno…

    Desnuda y sin vello en la neopiel, despierta en el interior de un flotario que comienza a descomprimirse y a alzar su cubierta en una de las salas comunes de la piscifactoría. Mientras, Luz se deja balancear en una solución gelatinosa con los brazos despegados de su cuerpo, igual que hacía en el mar artificial al norte de la megametrópolis cuando era niña. El balanceo es como una nana. «Ya no es tiempo de soñar... ―Añorando su infancia, manifiesta―: Toca saborear los momentos como si fueran algodones de azúcar».

    Aparecen tres androides. En un tono metálico, monótono, escucha: «Bienvenida». La ayudan a quitarse el respirador y los tubos conectados a su columna y sienes. También, a salir de la cápsula. De inmediato, uno de los mecatrónicos le cede una toalla y le indica dónde tiene unas duchas. El mismo androide le indica: «Desde mañana se la instruirá en las habilidades corporales que, de forma específica, designó en el contrato con la aseguradora». El procedimiento culmina en cuanto Luz pasa unas horas sumergida en aguas termales para que el grafeno se amolde al esqueleto de titanio, a la estructura de circuitos integrados y al cerebro cuántico. Luz solo piensa: «Otra vez treinta y tres». No ha escogido esa edad por casualidad. Es fan de los antiguos mitos y leyendas que gustaba ir a visualizar a la memoteca sobre la abandonada y fragmentada vieja Tierra; en esa época un anillo de polvo estelar.

    Lo siguiente en la lista de su minuciosa planificación será, como neociudadana, navegar y sortear la ingente burocracia para solicitar la creación de un ente vivo de genética avanzada que sea, en su caso, heredera universal el día que Luz aborrezca la eternidad. Ya que, como suele insistirle el instructor asignado tras su conversión: «La curiosa paradoja de los inmortales es querer morir pues, ¿qué queda una vez que lo has vivido y probado todo?». A pesar de un tiempo sin fin, Luz se ha prometido que disfrutará de cada amanecer como si fuera el último. «Te lo has ganado», le susurra, sonriente, su alma.

    Todos somos importantes

    Todos somos importantes

    En un lugar remoto de África, donde conviven distintos tipos de seres vivos, se encuentran dos cachorros de leones, de nombres Kalu y Sira, jugando en una soleada tarde de verano cerca de su gran manada. Entre juego y juego a Sira se le ocurre una idea.
    – Vamos a destruir esas plantas de allí ¡Será divertido! – le dice un cachorro león a otro.
    – ¡SIII! Buena idea Sira, además podemos asustar a los bichos que se encuentren en ella ¡Verás qué gracioso!

    El padre de uno de ellos, tras un rato observándolos y ver lo que estaban haciendo, decide acercarse.
    – Kalu, Sira ¿Qué estáis haciendo? ¿Por qué pisáis esas plantas y asustáis a esos bichos?
    – Sólo nos estamos divirtiendo ¿Qué importa papá? – dijo el pequeño león Kalu ¬– Las plantas no son seres vivos como los leones, no sirven para nada.
    – Ay… qué ingenuos sois a veces los cachorros, pensaba explicároslo cuando os creciera la melena y fuerais capaces de hacer un fuerte rugido. Pero veo que ha llegado la hora de que comprendáis ciertas cosas ya. Sentaos y escuchadme con atención.

    Los dos cachorros, miran extrañados al León adulto y le obedecen.
    – Pensáis que las plantas no son importantes, pero ¿de dónde creéis que viene el oxígeno que necesitamos para respirar?
    – La verdad es que nunca me había planteado esa pregunta – afirma Sira.
    – ¡Ni yo! ¿Quieres decir que vienen de las plantas? – preguntó el otro cachorro.
    – ¡Así es! Las plantas realizan una función muy importante para la vida. Se encargan, a través de un proceso llamado fotosíntesis, de producir el oxígeno que necesitamos para respirar. Además, sí son seres vivos y producen su propio alimento. Es por eso que tenéis que cuidarlas y no destruirlas.
    – Si tú lo dices… – dijo uno de ellos de forma incrédula– También pensamos que como somos carnívoros no importaba si las rompíamos, porque no las necesitamos para comer.
    – Es cierto que lo somos, niños, pero pensad en las cebras, los ciervos u otros animales herbívoros que nos comemos ¿Qué comen ellos?
    – Estas plantas… – dicen arrepentidos.
    – ¡Exacto! Si las rompéis, ellos no podrán alimentarse, ya que les faltará su principal fuente de comida, así que se morarían de hambre. Esto conllevaría a que los leones no tuviésemos animales para cazar y empezaría a escasearnos el alimento también a nosotros. Debéis aprender que todos pertenecemos a una cadena trófica, todo influye y todos los seres vivos somos necesarios.
    – ¡Lo siento mucho papá! – exclamó Kalu – No pensábamos que las plantas importaban tanto para la vida. Te prometo que no volveremos a destruir más plantas.
    – Estoy orgulloso de vosotros. Ahora venga, ¡a jugar! Estoy seguro que encontrareis otra forma de divertiros.

    Los cachorros aprendieron una gran lección y desde ese momento cuidaron las plantas como si de un miembro de su manada se tratara.

    Trabajo de campo observacional para el estudio del equilibrio de fuerzas repulsivas deducidas a partir de la ley de llenado de vagones

    Trabajo de campo observacional para el estudio del equilibrio de fuerzas repulsivas deducidas a partir de la ley de llenado de vagones

    Nuevos Ministerios, 21.17. A estas horas de la noche hay poca gente en el tren por lo que puedo sentarme en una sección que está vacía. El resto de los pasajeros se distribuyen por el vagón como si fuesen monopolos magnéticos en un ambiente sin cargas. Es decir, se separan al máximo unos de otros debido a las fuerzas de repulsión entre ellos, buscando el punto en el que las fuerzas se anulan unas con otras dando lugar a lo que se conoce como equilibrio. No quiere decir que las fuerzas hayan desaparecido, pero la suma total es cero. El equilibrio no tiene por qué darse en un punto equidistante entre las fuerzas repulsivas. Depende de la intensidad de repulsión que ejerce el sujeto.
    Tomemos al sujeto A. Él se encuentra al fondo del vagón, zapatillas deportivas desgastadas y sin marca, vaqueros ajados que cuelgan por debajo de la cintura dejando ver unos calzoncillos granates. Chaqueta estilo “bomber” que oculta un posible eslogan reivindicativo, escrito en la sudadera verde oscura de la que solo asoma la capucha. Lleva braga al cuello y un gorro de lana que le cubre la cabeza. Mientras escucha música con los auriculares, ajeno al resto del vagón va liando un papel con tabaco que saca de un bolso. Éste sujeto se encuentra al menos a 5 metros del individuo más cercano, aun teniendo secciones del vagón cercanas sin ningún ocupante. El equilibrio de fuerzas se desplaza, desde el punto medio entre el sujeto y yo, hacia mi posición, aumentando la densidad de viajeros en las inmediaciones de mi localización con respecto a lo “esperable”.
    El individuo B se encuentra sentado detrás de mí (en sentido de la marcha). Joven, traje gris perla, camisa beige y corbata a juego con el traje. Zapatos negros elegantes con un pequeño tacón y ligeramente apuntados. Está cuidadosamente peinado hacia un lado, con algún producto fijador que aparenta naturalidad, pero que evita que ningún cabello se mueva de su posición cuidadosamente estudiada. Sus ojos se entrecierran mirando el móvil, mientras sujeta su cabeza con los nudillos de su brazo izquierdo que tiene apoyado en el marco de la ventana. Su sección está justo pegada a la mía y nos separan solo 2 metros, lo suficiente para detectar un aroma fresco a perfume. Podría separarse más de mí, no obstante, la intensidad de la fuerza magnética se reduce con la distancia, alcanzando el punto en el que la fuerza es incapaz de desplazar al individuo. Por esto, el individuo B se encuentra a 2 metros de mí, teniendo varias secciones del vagón libres más alejadas. Los usuarios de tren poseen una cualidad, denominada constante empática, que determina la fuerza repulsiva mínima que aleja a esa persona.
    Efectivamente, en este microsistema de tres individuos, A, B y yo; la teoría de campos magnéticos funciona relativamente bien, pero la cosa se complica al incluir más individuos. En este caso podemos recurrir a las conocidas leyes de llenado de vagones, la cual para un ambiente sin cargas y teniendo todos los monopolos la misma intensidad de carga, dice así:
    1. Todos los viajeros se distribuirán por las distintas secciones del tren, de manera aleatoria, tomando como referencia su punto de acceso al vagón y ocupando el máximo número de secciones.
    2. No puede haber dos individuos en una misma sección estando una sección libre.
    3. Las personas que viajan juntas cuentan como un solo individuo.
    4. Estando todas las secciones ocupadas se podrán ocupar asientos en secciones que ya contengan a un individuo, siempre y cuando se garantice la mínima interacción entre ambos. Para el caso de las secciones de cuatro asientos, se traduce un patrón de sentado en diagonal; para las secciones de tres asientos quedarán ocupados los asientos de los extremos dejando libre el central.
    La siguiente parada, Sol, pone a prueba las leyes antes mencionadas. Los asientos se llenan siguiendo el patrón antes descrito y llega el momento en el que evitar interacciones cercanas es inviable. El individuo C nos permite explicar este fenómeno. Habiéndose llenado todos los asientos que garantizan la mínima interacción, esta chica opta por una sección de tres tomando el asiento libre, es decir el central. Los hombres a sus lados reaccionan lo mínimo para dejar sitio para una persona entre ambos, de lo que se deduce que posee una baja capacidad repulsiva. Por el contrario, la chica trata de reducir el espacio que ocupa cruzando las piernas y subiendo la mochila que lleva sobre ellas visiblemente incómoda. Los sujetos evitan ceder terreno a este nuevo elemento.
    Atocha es viene después, aquí la cosa se complica. El sistema colapsa debido a la inmensa afluencia de viajeros. Es casi imposible determinar un patrón de distribución, pero bueno, es mi parada y yo me bajo ya.

    Transformación

    Transformación

    Ayer tendría que haber muerto. Sin embargo, sigo aquí. Algo no va bien.
    Estoy aterrada. Los cambios comenzaron hace una semana. Al principio, fueron minucias. Leves cambios de forma, perder el contacto con mis compañeras. Después, comenzó el zumbido. Una actividad hasta entonces desconocida se desató en mi interior. Entonces, supe con certeza que había ocurrido la mayor de las desgracias para alguien como yo. No lo comprendía. No podía evitarlo. Se supone que hay mecanismos de control que impiden que esto ocurra, ¿por qué no se han activado? ¿Qué ha fallado? ¿Por qué no he muerto?
    Lo peor es la soledad. Siempre hemos estado todas tan unidas, trabajando en perfecta sincronía como si fuésemos una sola. Y así, de pronto, las he perdido a todas. Puedo verlas, ellas siguen con sus tareas sin percatarse de mi cambio repentino. Tampoco las vigilantes me ven cuando pasaban durante sus patrullas rutinarias. Me he vuelto invisible.
    Esta situación no dura demasiado. Al poco tiempo, siento un roce a mi derecha. Una de mis compañeras también ha cambiado. Me mira, asustada, su rostro un reflejo de lo que yo siento.
    - No puede ser – acierta a susurrar. – Esto no tendría que pasar…
    - Me temo que sí – respondo con tono apesadumbrado.
    - ¡No es justo! ¡Lo hemos hecho todo bien! ¿Por qué ahora?
    No puedo contestarle. No sé qué decir. Solamente soy capaz de estrecharla con fuerza unos segundos antes de volver a sumirnos en un silencio inquieto.
    No tardan en unirse a nosotras más compañeras cambiadas, todas ellas confusas y temerosas. Cada vez somos más. La desesperación va en aumento. Nos apretujamos unas contra otras, incómodas, algunas incluso empiezan a pensar en huir de nuestro hogar, dejarse llevar por el miedo. Al final, nuestras compañeras afortunadas, las que no han cambiado, acaban por darse cuenta de lo que ocurre. Pero ya es demasiado tarde. Somos demasiadas.
    Su bella sincronía se rompe cuando también entran en pánico, intentando corregir los defectos que causa nuestra sola presencia. Oh, cómo nos duele ver aquello, saber que somos culpables, aunque no es nuestra intención, y no poder hacer nada por evitarlo. Los vigilantes se organizan, por fin, e inician su protocolo de contención y ataque. Algunas de las mías caen, pero somos demasiadas. Siempre somos demasiadas.
    Un día, comienza un rumor. Mis compañeras cambiadas intercambian chismorreos, susurros cargados de una mezcla de optimismo y ansiedad que no se atreven a decir en voz alta por si se rompe el hechizo, como si así pudiesen evitar el inevitable momento en el que sus ilusiones se harán añicos. Al principio, me niego a creer en esas habladurías. Son demasiado bellas para ser ciertas. Yo, que lo he empezado todo, he perdido la esperanza hace mucho tiempo. Pero no puedo evitar que una diminuta llama de aliento se prenda en mi interior. ¿Podría ser cierto? ¿La ayuda está en camino?
    Cierro los ojos con fuerza y me dispongo a descansar, tratando de acallar el zumbido interno que me acompaña desde el cambio y los murmullos de mis compañeras.
    Cuando vuelvo a abrirlos, estoy sola. Mis compañeras han desaparecido. Tan solo quedo yo, rodeada de pequeñas criaturas resplandecientes. Son hermosas. Me miran, a la espera. Por primera vez desde el cambio, siento que me embarga una profunda sensación de calma.
    - ¿Qué eres? – le pregunto a la criatura más próxima a mí.
    - Soy la quimioterapia – me responde con su voz grave y sosegada.
    La diminuta llama de esperanza que albergaba en mi interior se convierte en un poderoso fuego. Después de todo, los rumores eran ciertos. Esbozo una sonrisa, dejo escapar una lágrima de pura alegría. Por fin iba a morir.

    Tras la mirada de unos extraños

    Tras la mirada de unos extraños

    “No entiendo cómo funciona ese mundo. Por más que lo miro, no consigo entenderlo”. Esa vocecilla que suena tan desconcertada es la de Eco, un pequeño ser del espacio exterior que observa la Tierra desde lo lejos. “Cuéntame qué es lo que no entiendes, quizás yo pueda ayudarte”. La vocecilla que le responde es la de Sky, su inestimable compañero.

    “En realidad no entiendo absolutamente nada. En ese planeta ocurren cosas extrañas. Pero mejor, empiezo desde el principio. ¿Te acuerdas cuando surgió, hace unos 4.500 millones de años? Bueno, llevo observándolo desde entonces. Lo cierto es que ha cambiado mucho en este tiempo. Su atmósfera evolucionó y permitió que hace unos 3.800 millones de años surgieran las primeras formas de vida. Al principio era algo muy simple, ARN y poco más, pero luego surgió la vida basada en el ADN y las proteínas y, poco a poco, fue haciéndose más y más compleja, y a partir de los seres de una célula surgieron los organismos pluricelulares, que han ido evolucionando a lo largo del tiempo. Los diferentes seres que han vivido y viven ahí abajo dependen de las condiciones ambientales en su atmósfera: de su composición, de la temperatura, de la humedad, de la cantidad de luz del sol que llega… Y a lo largo del tiempo, las condiciones han ido cambiando debido a un montón de factores: cercanía al sol, inclinación de la Tierra, ciclos solares, erupciones volcánicas, impactos de asteroides… Tanto así, que estos cambios han llegado a producir la desaparición de la gran mayoría de los seres vivos de la Tierra varias veces a lo largo de su historia. Pero la vida ahí abajo se va adaptando a los cambios ¡y sigue!”.

    “Entonces, ¿qué es lo que no entiendes? Según lo que me cuentas, parece que la vida se regula según el planeta sufre cambios, pero el universo entero se regula, ¿no? ¿Cuál es el misterio?”.

    “Verás, hace unos 300.000 años surgió un nuevo ser. Es un ser que anda sobre dos patas y es el único de ahí abajo que tiene consciencia de sí mismo, en eso se parece a nosotros. En todo este tiempo, ese ser ha ido conociendo poco a poco cómo es el planeta en el que vive y cómo funciona: ha entendido que la energía es esencial para la vida y que toda les llega de su estrella, el Sol; y que sin agua no hay vida, que todos los seres necesitan agua; también ha aprendido que las condiciones ambientales influyen en la vida, que no todos los seres son capaces de vivir en todas las condiciones y que solo unos pocos pueden vivir en condiciones extremas; y también se ha dado cuenta de cómo funcionan las relaciones entre los diferentes seres: sabe que se necesitan unos a otros para mantener el equilibrio actual y que cualquier cambio lleva a nuevos equilibrios, pero que en muchas ocasiones pasa por la desaparición de algunos seres. Mi extrañeza viene en que, al tener consciencia de sí mismo, yo creía que también tendría consciencia del resto de seres que viven con él, ¡e incluso de cómo es el planeta en el que vive! Pero no parece ser así…”.

    “A ver, a ver, a ver Eco, que ahora soy yo quién no te entiende a ti, ¿pero no acabas de decir que conoce cómo funciona el planeta? Si lo conoce, ¿cómo no va a ser consciente de él?”.

    “¡Ése es el gran misterio! Lo conoce, pero no es consciente de él. Desde que apareció, ese ser ha ido cambiando su forma de vida: antes se desplazaba de lugar en busca de alimento; luego aprendió a producir el alimento donde quería; descubrió la energía y que su uso le hacía la vida más fácil. Y aprendió a utilizar la energía acumulada en otros seres, primero vivos, como la de la madera de los árboles, y luego en los que llevan milenios muertos pero la energía se conserva en ellos… Carbón y petróleo la llaman. El caso es que se ha dado cuenta hace poco que el uso de esa energía extra está cambiando las condiciones ambientales de su planeta: lo está calentando. Y también se ha dado cuenta de que está rompiendo el equilibrio con respecto a los demás seres. Y sabe que, si sigue así, las condiciones pueden cambiar tanto que puede llegar a sufrir mucho e incluso, quién sabe, desaparecer, ¡lo sabe! Pero no es consciente de ello porque, si lo fuera, ¿no habría parado ya de querer evolucionar de una manera que, a la vista está, le es perjudicial?”.

    “Vaya Eco, tienes razón, yo tampoco lo entiendo. Espero que se haga pronto consciente porque realmente es una pena, ¡es un planeta precioso para vivir!”.

    Tríosis y Éndome

    Tríosis y Éndome

    En la vida como en la muerte siempre hay historias que por los motivos que sean, conllevan fuerzas invisibles y legados de genomas que siempre estarán avocadas a caminar juntos.
    Una relación destinada a coexistir juntas pagando el precio que con ello acarrea su sufrimiento. Tríosis y Éndome se conocieron de una forma imprevisible una noche cualquiera de un día baladí. Ella siempre deambulaba de vez en cuando para dar una vuelta por un antro cerca de su casa y que había descubierto hacía poco. Allí ahogaba sus penas presentes y pasadas, su infancia quebrada y sus fracasos amorosos. Éndome hacia poco que trabajaba allí sin cesar día tras día en ese antro de mucha agitación hormonal. Su vida estresada llevaba años gestándose y él no se daba cuenta del bucle donde estaba metido. Tríosis en cambio buscaba paz, tranquilidad, mucho amor que dar y ofrecer. Solo necesitaba el momento y el instante preciso. Por el contrario, Éndome necesitaba sentirse cobijado y arropado pero sobre todo sentirse amado para el resto de su vida.
    Una mañana Tríosis, de forma súbita y repentina se levantó de la cama como si una descarga eléctrica de mil amperios hubiese descargado en sus ovarios. Asustada se levantó e intento relajarse haciendo ejercicios de respiración. Cuando lo consiguió, se puso música relajante, una varilla de incienso y se dio un baño caliente. Adorno toda la bañera con velas y echó en el agua aceite esencial de gardenias. Comenzó a sonar una música sensual y envolvente, la espuma acariciaba toda su piel y la impregnaba de un olor floral irresistible, no pudo soportar no darse mimos a su esencia de mujer.
    Llegada la noche y con el ego subido, decidió salir sola a tomarse una copa y de paso sociabilizar. Como había hecho otras veces se acercó al antro que hacía poco que había hallado, cuando entró algo distinto observó. Estaba en el mismo escenario pero había un figurante distinto, por primera vez vio a Éndome, clavó sus ojos en los ojos de él y como si un flechado de cupido hubiese atravesado su corazón, sus miradas fueron recíprocas y bidireccionales, era imposible un margen de error de aquel enamoramiento feroz que marcaría el resto de sus vidas.
    Poco a poco empezaron a tener sigilosos encuentros que finalmente normalizaron como encuentros diarios. Tríosis había encontrado al amor inseparable de su vida, era una unión irrefutable. Sentía que sin él su vida no tenía sentido. Éndome encontró su alma gemela, su oxígeno vital. Esa simbiosis continuó durante años, exactamente seis años, llena de subidas y bajadas como en cualquier convivencia. Pero había una cosa que Triósis jamás pudo hablar con nadie de su entorno. Aquello que ella pensaba que era normal, no lo era. Ella normalizó un dolor emocionalmente irreversible, irremediable e inseparable. Intento asimilar aquella situación y convivir con ella. Su día a día era angustioso, doloroso y punzante pero por más que intentaba comprenderlo le era imposible. Como una autodidacta intentó ponerle nombre a lo que le ocurría, busco testimonios y apoyo en casos similares al de ella. Nada le sirvió, no encontraba ninguna huella que le hiciese ver un ápice de luz en su vida de sombras.
    Una noche Éndome le pregunto ¿Qué te ocurre? Llevo tiempo observándote y siento que nuestro vínculo no es el mismo, no nos compenetramos igual que al principio de nuestro amor. Ella con una voz desgarradora le dijo: desde hace mucho tiempo me he dado cuenta que nuestro amor es doloroso pero no encuentro ni una sola razón por la que separarme de ti. No encuentro una sola respuesta para que este amor se pueda bifurcar. Él le dijo ¿pero qué te hecho? No has hecho nada, solo que esta relación se fraguó desde la ignorancia del dolor y que hoy en día es inseparable de forma inexorable. Éndome le producía un dolor silencioso sin que él lo supiese, le producía día tras día una vida ruin, extremadamente pobre.
    Sin aliento, él no supo que contestarle a semejante declaración tan dura y cruel, con lo que Éndome le contesto: pasaremos esto juntos, te acompañaré el resto de tu vida e intentaré comprenderte en todo momento, siendo benevolente y te ayudaré a entender lo que te pasa en cada momento.
    Tríosis, con los ojos llenos de lágrimas afligidas contestó: Éndome, harás todo lo que esté en tus manos pero de forma involuntaria me producirás dolor de forma constante. La única esperanza para que nuestra relación conviva en paz es entenderte, por eso siempre haré por conocerte cada día más y más. Ojalá que algún día expertos de la ciencia encuentren una solución para este amor tan doloroso y que de alguna manera hallen el remedio para esta unión tan desoladora e inherente. Te amo, eternamente Endometriosis.



    Nat

    Un cuento del futuro del pasado que llegó

    Un cuento del futuro del pasado que llegó

    No vamos a volver a repetir cosas que ya todos sabemos y que no hace falta reiterar. Sería seguir, seguir y seguir discutiendo sobre aquello que en los tiempos que corren, desde inicios del siglo XXI, pierden vigencia año a año por la aceleración de partículas cargadas a altas velocidades que es propia de nuestra sociedad actual.

    Esta es una historia feliz para quien la escuche porque no va a dirigirse a recordar, una vez más, aquellos hechos, leyes y objetos que alguna vez formaron parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra forma de relacionarnos con la otredad.

    Con el quick knowledge online de hoy, no tendría sentido que rememorásemos invenciones y producciones culturales de nuestra historia como humanidad –que todos conocemos–, y que como bien se sabe, transformaron rotundamente nuestra forma de vivir, aunque hoy nos sorprenda su absoluta y pasmosa precariedad.

    Sería muy redundante, a esta altura de la robótica cuántica evolutiva, que siguiéramos hablando de aquel pasado tan lejano y cercano como si no volviéramos de vez en vez. Ir de shopping al pasado, siempre resulta estimulante: adoro pagar por revivir esas “sociedades políticamente democráticas pero socialmente fascistas” del año 2017. Poder ver cómo internet acercó, alejó y modificó todo, de una forma como nunca antes había sido vista, aún con aquellas increíbles marañas de cables propulsando y conectando los dispositivos.

    Un pasado que todos bien conocemos, en el que existía una industria automotriz, ‘motor’ de gran parte de la economía (¿mundial?) y a la vez del deterioro ambiental del planeta. No sólo era el causante del mayor porcentaje de muertes en el mundo sino que incluso los vehículos tenían un punto ciego (¡pero que todo el mundo podía ver!): el parante de los parabrisas.

    Ese pasado pisado, gastado y renovado, donde se acudía a los médicos –para medicarte– cuando, por cualquier motivo, algo en tu cuerpo ‘parecía’ no estar funcionando bien.

    Un tiempo en el que se practicaba una modalidad de producción agrícola que paradójicamente destruía toda posibilidad de producir alimentos en el futuro, y que paulatinamente era el causante mismo del deterioro y de la enfermedad real de los cuerpos vivos.

    Aquellos tiempos que hoy parecen inverosímiles, donde la heterosexualidad o la homosexualidad eran los patrones hegemónicos del binarismo social.

    Tiempos de la prefuturidad transmoderna sobre los que no hace falta ahondar demasiado –por ser ‘de público conocimiento’–, en los cuales la escena política central de los movimientos contrahegemónicos del mundo estaba en las luchas por la ampliación de derechos. Aquellos movimientos de antaño que poco a poco el sistema comenzaba a necesitar y que, paradójicamente, era lo que sin duda alguna había que defender, porque ¿cómo no resistir contra la desigualdad, contra el machismo dominante en aquel entonces? (Sí, tiempos en los que todavía se hablaba de resistencia –contra otros–).

    Aquellos años dorados para los abogados y lobistas que, por saber los códigos y leyes a la perfección, podían hacerlas trabajar siempre en favor de sus clientes y ganar hasta cien veces más de lo que necesitaban realmente. Tiempos en los que no había reyes pero si reinados (y nadie podía hacer demasiado, casi como en la edad media).

    Esa época en la que todos los niveles educativos –¡incluso el universitario!– lo que menos fomentaban era la posibilidad de creación, de transformación de la sociedad, de retribución al mundo. ¡Y donde los docentes separaban teoría y práctica...! Los pobres 'alumnos' no podían más que acatar ese sistema orientado a la obtención de títulos a cambio de reír pacientemente cuando había que reír, repetir cuando había que repetir, ‘criticar’ cuando había que ‘criticar’ y ser ‘participativo’ cuando se armaba la ronda.

    En donde, pese a que era bien sabido que cualquiera podía acceder a la información, y que entonces, cualquiera que pudiese pensar y articular una idea podía escribir un texto, las instituciones seguían evaluando a partir de la memorización, que lograban sólo aquellos que disponían del tiempo por no tener que trabajar –¡y sin aprender nada realmente!–.

    Una sociedad que comenzaba a explorar la multidimensionalidad de la comunicación y a correrse del representacionalismo escindido del mundo. Un mundo que empezaba a comprender que los procesos informativos eran sólo una gota en el océano de lo comunicacional, entendido como encuentro en la diversidad fractálica y autopoiética micro-macro social.

    Épocas en las que el único recurso inagotable del universo aún no era reconocido.

    Entonces, y para no seguir redundando y no volver a hablar durante décadas y décadas y décadas y décadas sobre cosas que pasaron hace ¿cuánto? ¿sesenta años? Hoy vengo a contarles que…

    UN NIÑO QUE VE

    UN NIÑO QUE VE

    Esta no es otra historia de un niño astronauta que conquistó la Luna. Empezando porque todo lo que voy a contar es tan cierto como reales son los sueños.
    Ped es un niño feliz, es amigo de todos los niños de su clase y tiene unos padres cariñosos, trabajadores, que le llevan al parque y al observatorio astrológico al menos 3 días a las semana. Si conoces a Ped, nada te puede hacer pensar que le espera un futuro extraordinario.
    Sin embargo, si miras tras la fachada apacible de su vida ordinaria, podrías ver que Ped es un niño extremadamente observador. Cuando sus amigos alzan la vista señalando el helicóptero que sobrevuela la ciudad, mientras se tapan los oídos y juegan a recrear el estruendo de las hélices girando, Ped ve más allá. Específicamente, Ped observa el color rosado del horizonte.
    Cuando a Ped le toca ser portero en el partido de fútbol del recreo, Ped se despista escrutando la nubes que con sus divertidas formas intentan cubrir un fondo azul y limpio.
    Ped no es vergonzoso, sin embargo, se sentiría ridículo levantando la mano en Conocimiento del Medio, preguntando a Miss Mar porqué el cielo es azul, cuando ayer era rosa, y porque las constantes nubes se empeñan en ocultarlo.
    Ped, se va a la cama muy preocupado, le gustaría saber porque él puede distinguir los fugaces cambios que se suceden a su alrededor, los cuales parecen grises monotonías para la demás gente.
    Cuando el pitido del tren de las 5:00am avisa del despertar del día, Ped aún sigue despierto en la cama, con la vista puesta en el móvil del Sistema Solar que su padre colgó del techo el año pasado.
    A las 6:00 cuando su padre enciende la cafetera, Ped no ha encontrado una respuesta, que parece esconderse en las sombras y escapársele entre los dedos. A las 6:59, un minuto antes de que el despertador con forma de cohete haga vibrar la mesita de noche, Ped cierra los ojos y sueña.
    Durante 60 segundos, Ped imagina que embarca en ese cohete pero a escala gigantesca, que cruza todas esas capas gaseosas que rodean Su Tierra, y así llega casi hasta la oscuridad del Espacio mucho más Exterior. Ped, tira de la palanca y se detiene justo a tiempo, en esa súper fina capa que separa el último lugar de la Tierra en el que puedes respirar, del negro abismo silencioso dónde los sandwiches flotan en cápsulas espaciales.
    Como Ped siempre atiende a las lecciones de cálculo, no se pasa ni un solo centímetro y se detiene justo a tiempo. Ni con la cabeza en el abismo, ni con los pies demasiado en la Tierra. En el segundo exacto donde las finas capas de aire crean su magia, lo envuelven todo e incluso son capaces de mutar sus colores para aquel que se pare a observar. Ped mira a su alrededor boquiabierto. A través de la ventanilla oval, ve empezar un día rosada, ve el planeta girar sobre si mismo debajo de él para recibir el impacto de los rayos del Sol en su zenit. Ve acercarse una tormenta en espiral, se agarra fuerte a los mandos, y así tan rápido como llegó, lo impregna todo de su calma posterior.
    Como los científicos de la tele, Ped recoge unas diminutas partículas de color azul plastilina, rosa amanecer e incluso coge a tiempo un poco de gris tormentoso. Está tan emocionado por enseñar su decubrimiento que casi deja caer el tubo de colores. Rápidamente, da media vuelta y pone rumbo de vuelta a su habitación, justo para dar un manotazo al despertador a las 7:01am.
    Ped respira hondo, satisfecho y ansioso por abrirle los ojos al mundo. Si hubiera sabido que sólo tenía que soñarlo, lo habría hecho ayer. ¿Quién sabe? Cuando sus amigos también vean, alguien podría señalar algo que él mismo habría estado ignorando. Y estaba ahí, al alcance de imaginarlo.

    Un nuevo nicho para la vida

    Un nuevo nicho para la vida

    Los microorganismos quimiolitótrofos eran felices, oxidando el rico hierro de sus aguas ácidas con metales pesados en un ciclo que parecía no tener fin.

    Esto era posible porque, desde las profundidades del subsuelo, la pirita era atacada indirectamente por la actividad microbiana y les permitía oxidar ese rico hierro que quedaba a su disposición en el cauce, generando ese color rojo característico del río.

    Con la energía disponible de su oxidación, crecieron, se multiplicaron y los quimiolitótrofos se acumularon en la superficie, sobre las rocas en la orilla, arrastradas por la dinámica de las corrientes del cauce del rico río rojo.

    Uno pensaría que nadie les pararía, que vivirían "felices" eternamente, pues sólo necesitaban el rico hierro para obtener la energía para vivir, para mantenerse localmente fuera del equilibrio termodinámico, pero nada en la vida es eterno… y donde hay vida, esta no está sola.

    Otros microorganismos también necesitan materia y energía para subsistir, pero no pueden usar el hierro que ellas sí pueden… aunque sí que podrían atacar a esos quimiolitótrofos. En la guerra y en el amor todo vale, y está claro que en la guerra de la supervivencia los microorganismos no se andan con rodeos. La vida llama a la vida, la vida busca perpetuarse, hasta en los ambientes más hostiles que podamos imaginar; la presencia de quimiolitótrofos en la superficie de las rocas puede ser el bote salvavidas que les permita a moradores ocasionales acoplarse en este ambiente aparentemente hostil como es la superficie de las rocas.

    Nada es inmutable con el paso del tiempo; los paisajes se erosionan, cambian, evolucionan con el tiempo. Las simples rocas con quimiolitótrofos y el hierro depositadas en ella cada vez tienen menos contacto con el agua circundante. Cada vez los quimiolitótrofos tienen menos hierro disponible, cada vez están más y más apelotonados, más estresados por la incidencia de la radiación solar y están al alcance de otros microorganismos hambrientos: están indefensos y su muerte proporcionará un festín metabólico a otros microorganismos. Las interacciones entre los microorganismos presentes les permiten construir un entramado sobre la superficie donde se ubican los pobres quimiolitótrofos, englobados dentro de una matriz de hierro y otros metales como el manganeso que ellos mismos generaran con su actividad. Su carbono, su energía y su apreciado nitrógeno que tanto les había costado conseguir mantienen ahora a una próspera comunidad microbiana sobre la superficie de la roca.

    Pero conforme la influencia del río es menor, la comunidad microbiana sobre la roca tiene menos energía, menos carbono, menos nitrógeno disponible y más peligros: radiación, metales pesados… ¿cómo obtener energía para reponerse del estrés ambiental?, ¿cómo obtener una fuente estable de nitrógeno y medrar aquí?

    Aún queda hierro reducido en los minerales que se han formado. La energía obtenida de la degradación microbiana podría ser usada por algunos microorganismos para fijar el común nitrógeno del aire y no ser dependiente… pero se requiere mucha energía y no está en abundancia ¿para qué gastar mi energía en fijar nitrógeno si el ambiente me lo estaba proporcionando?

    Hay que luchar contra los elementos: los microorganismos han de elaborar sistemas de protección y al mismo tiempo competir por los recursos: energía, carbono y sobretodo el costoso nitrógeno o si no, no sobrevivirán. Ahora bien, con el suficiente nitrógeno, éste se puede utilizar adicionalmente como fuente de energía más provechosa que usar hierro o azufre. Es aquí donde entra el azar mezclada con la necesidad: azarosamente surgió la manera de cambiar la situación, reciclándose el nitrógeno biodisponible gracias a las interacciones microbianas y permitiendo obtener una mayor ganancia de energía, todo ello promovido por una presión selectiva poderosa: la necesidad de la supervivencia.

    La energía lo mueve todo en un ambiente así; se favorecen las interacciones, aumenta la cooperación, aumenta la complejidad. Se convierte en algo necesario, inevitable para sobrevivir: establecer simbiosis para aumentar la eficacia biológica y sobrevivir. Y la energía luminosa, un poderoso enemigo a temer de repente se pudo convertir en un aliado del cual extraer energía adicional, favoreciendo nuevos procesos metabólicos, facilitando la adaptación y la evolución microbiana en este ambiente rocoso hostil, permitiendo a la vida reinventarse sobre la superficie rocosa.

    Con la selección natural, la mutación, el azar y las relaciones biológicas la vida en la superficie de las rocas comenzó a proliferar, a desarrollarse y adaptarse, conquistando un nuevo nicho y quizás cambiando de manera irreversible la dinámica planetaria de una canica azul a la deriva en las aguas del cosmos.

    Un relato ganador

    Un relato ganador

    Tras tres intentos fallidos, no estaba dispuesto a volver a fracasar este año en el concurso de relatos científicos “Inspiraciencia”. Para ello, me decidí a aplicar todos los conocimientos adquiridos en los últimos años. ¡A ver si, al final, iba a ser verdad que el doctorado servía para algo! Por suerte, mi tesis versa sobre aprendizaje automático (o machine learning, que suena más internacional), disciplina del ámbito de la inteligencia artificial a través de la cual las máquinas aprenden por sí mismas en función de unos algoritmos y una información inicial.

    La consigna, pues, estaba clara: programar un algoritmo que, tomando como parámetros de entrada las historias ganadoras de ediciones anteriores, generara un relato ganador.

    El problema radica en que para programar un algoritmo eficiente resulta necesario disponer de muchos datos de entrada. Teniendo en cuenta que la vigente es la décima edición del concurso, el número de relatos ganadores resultaba claramente insuficiente. Por tanto, opté por utilizar los relatos finalistas de todas las ediciones: un poco de satori por aquí, un genio rodando por las escaleras por allá, emotivas historias del cambio climático por doquier...

    El proceso de programación del algoritmo no fue fácil, pero aún lo fue menos la ejecución del mismo. Un algoritmo tan complejo iba a tardar días, si no semanas, en ejecutarse. Cada día miraba con desesperación en la pantalla del ordenador lo lenta que avanzaba la barra de progreso, y lo rápido que pasaban los días, temiendo que el proceso no se completara a tiempo.

    Afortunadamente, la ejecución del algoritmo finalizó unas horas antes del plazo límite. Empecé a leer las primeras palabras del texto generado y me cautivó de tal manera que no fui capaz de parar hasta que devoré el relato entero. ¡Qué historia! ¡Menuda intensidad! ¡Qué final tan portentoso! No me avergüenza confesar que en mi mejilla sentí descender una lágrima fruto de la emoción de lo que acababa de leer. Una historia científica con mensaje, conmovedora y enérgica. No sé si tendría éxito en el concurso, pero de lo que estaba completamente seguro era de que delante de mí tenía una muy buena historia, de una calidad literaria propia de los más reputados escritores. Un relato tremendamente creativo cimentado en giros argumentales sorprendentes pero, a su vez, cohesionados de forma magistral.

    De hecho, puedo afirmar que el relato se escapaba, y aún sigue haciéndolo, de mi completo entendimiento, ya que, tras cada una de las múltiples lecturas que he realizado, siempre he encontrado nuevos matices e interpretaciones que le dan un nuevo sentido a la historia.

    Así que, sin más dilación, entré en la página web del concurso, copié la historia y la pegué dentro del cuadro de texto correspondiente. Antes de darle a enviar, decidí volverla a leer por si había habido algún error al hacer la copia. Mi cuerpo se quedó paralizado al comprobar que la extensión del relato era superior a 800 palabras y, por tanto, la historia quedaba incompleta. Había sido un error imperdonable por mi parte el hecho de no indicar como condición inicial del algoritmo la extensión máxima. Obviamente, no estaba a tiempo de volver a rodar el algoritmo estableciendo dicho requisito. Así que tenía que adoptar una solución de emergencia.

    El momento de desesperación hizo plantearme publicar el relato tal cual estaba copiado en la plataforma, así incompleto. Enseguida reflexioné y entendí que dejar una historia sin terminar no era propio de mí. Era algo que no iba a hacer. Por tanto, opté por la solución lógica: resumir el relato quitando frases menos relevantes para acortar la narración. Pero, ¡qué difícil era hacerlo! Cada palabra parecía suficientemente trascendental para entender la historia. Me resultaba imposible, siquiera, modificar una coma. Y la hora límite se echaba encima. Tic tac. Tenía que tomar una decisión. Tic tac. Después de tanto esfuerzo no podía rendirme. Tic tac tic tac. Así que decidí releer el relato con la esperanza de vislumbrar una solución:

    “Todo lo que sucedió en las últimas 24 horas (es decir, en medio día), parecía una verdadera historia de ciencia-ficción −pensó el habitante del planeta verde−. El súbito escalofrío que recorrió todo su cuerpo fue el punto de partida de los increíbles acontecimientos que estaban a punto de producirse. El ser de tez verdosa y ojos azules sintió la presencia de algo o alguien cerca de donde se encontraba. Apenas tardó un par de segundos en descubrir una nota de papel sobre el telescopio desde el que estaba mirando al pasado. La nota decía así: ‘¡Estáis a punto de ser absorbidos por un agujero negro! Firmado: et al.’. Evidentemente, el habitante del planeta verde no entendió ni una palabra, ya que no sabía castellano (ni latín, ni ningún otro idioma que se hablara fuera de su planeta). Pero del mensaje, con gran clarividencia, pudo

    Una explicación científica

    Una explicación científica

    Muchas veces me he preguntado por qué lo hacemos y sigo sin encontrarle respuesta. El pasado jueves (y me parece curioso que estas cosas se nos ocurra pensarlas los jueves, pero así sucede y no lo puedo evitar) me decidí a compartir la pregunta con más gente e intentar ver la luz en sus respuestas. Sin presión, ya les dije que no pretendía hallar la Verdad, que dudaba mucho de que existiera, y que simplemente me interesaba saber sus opiniones y motivaciones.

    Las respuestas fueron de lo más variopinto, mi madre me dijo que por amor, mi abuela que por superstición, la dueña del estanco, por placer. Había también quienes me aseguraban que si pudieran evitarlo, lo harían, pero la necesidad los empujaba. Pensé que sus motivos habían sido los míos, tal vez en algún momento, pero que ya no me parecía suficiente.

    Ni siquiera me parecía saludable permanecer atado a esta tarea inevitable que a ratos se me antojaba como una verdadera pesadilla de la que esperaba despertar en un mundo nuevo, más verde, más puro, más limpio, en el que todo el mundo viajara en bicicleta, las siete maravillas del mundo estuvieran al alcance de nuestra mano y la sed de conocimiento se saciara con un fresco vaso de agua. Y que aquello tuviera una respuesta científica irrefutable aceptada por la comunidad y tal vez incluso que se premiara su investigación y resultado.

    Cuanto más pensaba en ese mundo, más me sorprendía lo real y posible que era, así que comencé a sugerirlo a diestra y siniestra, confiando en la respuesta positiva que mi utopía obtendría sin duda.
    A pesar del inicial recibimiento de mi alocada idea, el entusiasmo se desinflaba como un ruidoso globo soltado al aire sin nudo cuando les decía: "Y por fin, existirá una razón científica para explicar la rinotilexis".

    Por desgracia, al aclararles que la rinotilexis es el hábito de meterse el dedo en la nariz, la cosa se ponía todavía peor así que sorbí todas mis ideas en una gran inspiración y apreté los dedos para que no salieran.

    UNA TARDE DE AMIGOS

    UNA TARDE DE AMIGOS

    Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra primitiva algunos elementos químicos que por allí andorreaban.
    Cuando el argón ya había bostezado por tercera vez, el carbono, como siempre tan social, les propuso: ¿Vamos a jugar al escondite? El nitrógeno levantó la ceja intrigado y el hidrógeno, sin poder contenerse preguntó: ¿Al escondite? ¿Eso cómo va?
    Es un juego —Explicó el carbono—, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta unos cuantos miles de años mientras vosotros os escondéis; y cuando yo haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar con el juego.
    El hidrógeno bailó del entusiasmo y al nitrógeno no le pareció tan mal plan, si total otra cosa no tenían que hacer. El argón ni tan si quiera contempló la idea de jugar y otros compuestos, sencillamente estaban ocupados en sus cosas. Es así cuando de repente…
    UNO, DOS, TRES… comenzó a contar el carbono.
    El primero en esconderse fue el nitrógeno, que solía frecuentar la atmósfera del planeta, no tuvo ningún problema en subir a las nubes. Allí se acomodó y en menos de lo que os podéis imaginar se durmió. El hidrógeno, en cambio encontró un sitio muy bueno, calentito y acogedor. Se escondió detrás de un rayito de sol que por allí pasaba.
    Cuando el carbono contaba ya 99. 999 años, tanto el hidrógeno como el nitrógeno ya se habían escondido. ¡CIEN MILLARES! Contó el carbono y comenzó a buscar…
    El carbono buscó dentro de cada cueva, bajo cada volcán del planeta, en las cimas de las montañas y cuando estaba por darse por vencido divisó una nube un tanto peculiar, a pesar del viento estaba quieta y tenía una forma extraña… Tomó una piedra y con buena puntería la lanzó a la nube.
    ¡AYY! Gritó el nitrógeno, ¡so burro!
    Al carbono le pareció gracioso y comenzó a tirarle todo tipo de piedras que tenía a mano, como grafito, ¡o incluso diamante! El nitrógeno agobiado decidió elevarse con su nube y poder así esquivar las piedras que le lanzaba el carbono. Poco a poco cogió altura, primeros unos metros, luego más y más…hasta tal punto que ya casi era incapaz de ver la superficie terrestre. Fue este el momento en que comenzaron a pasar cosas raras: Primero su nube se puso negra, luego empezó a hacer mucho frío, luego… ¡RASH! Un relámpago atizó de lleno al nitrógeno que del susto se cayó de la nube.
    De esta manera el carbono fue capaz de pillar a un electrificado nitrógeno.
    Juntos comenzaron de nuevo a buscar al hidrógeno, que no aparecía por ninguna parte. De tanto caminar ambos sintieron mucho calor y al acercarse al mar a refrescarse un poco lo descubrieron, el muy tonto había pasado demasiado tiempo en su rayito de sol. ¡Tanto, que se había achicharrado! ¡Parecía que había tomado un baño ultravioleta! Y allí estaba, intentando enfriarse con ayuda del mar.
    Entre bromas y risas, los tres elementos pasaron el resto del día bañándose y jugando en el mar.
    Esta es la historia de cómo se originó la vida en nuestro planeta gracias al Carbono, Hidrógeno y Nitrógeno que con rayos ultravioleta y energía eléctrica dieron lugar al ADN y ARN… pero también la historia de tres amigos jugando una tarde primitiva de hace millones de años.

    Este relato está basado en la teoría del biólogo ruso Aleksandr Oparin, el caldo primigenio o sopa primitiva. Esta hipótesis plantea que, carbono, nitrógeno e hidrogeno, siendo expuestos a rayos ultravioleta y energía eléctrica, dieron lugar a una evolución química gradual originando el ADN y ARN.
    Explicaciones:
     El argón es perezoso porque la palabra, de origen griego significa vago o inactivo.
     El carbono es social porque es la base de la vida.
     El nitrógeno es un gas frecuente en la atmósfera, por ello sube a la nube.
     El hidrógeno es un gas común en el sol, de ahí lo del rayo de sol. Acaba en el agua donde lo encontramos también en abundancia.
     Tanto el grafito como el diamante, se forman a base de carbono.

    UNIVERSO INFINITO

    UNIVERSO INFINITO

    Las 6:00 am, suena el despertador, apenas he dormido. Toda la noche pensando en una hipótesis tras varias semanas trabajando en el Observatorio Internacional de Baleares con el telescopio más potente del planeta. Me ducho rápidamente para coger mi bicicleta de cinco piñones y subir hasta el monte más alto de Mallorca, 1595 m o 22 km. Cada día dedico el camino a pensar en las miles de galaxias, constelaciones y planetas que estudiamos. Los agujeros negros son los protagonistas, cada vez que alguien distingue uno nuevo se le premia gravando su nombre en una chapa que se cuelga en lo que llamamos la pared de lo desconocido. Me asaltan las dudas que estuve discutiendo con el director del observatorio. La subida está llena de paisajes rocosos con formas geológicas curiosas. A mitad del recorrido empiezan a aparecer esas cosas que a los geólogos les gustan tanto, los pliegues. Es precisamente al ver un pliegue lo que hace que la duda que no me deja dormir me asalte de nuevo ¿Por qué todas las galaxias son gigantes? Me bajo de la bicicleta para verlo mejor. A medida que me acerco es como si esa estructura formada hace millones de años se hiciera pequeña y pudiera ver su representación a diferentes escalas, cada vez más pequeña. Recuerdo entonces la teoría fractal de mi época de becario, muy físico-matemática, la invariancia al cambio de escala, es decir, algunos elementos naturales no varían su geometría con la diferencia de escala. Eso no se ha podido demostrar en elementos astronómicos como galaxias o constelaciones. La galaxia más pequeña conocida es 500 veces menor que la Vía Láctea y mil veces menos pesada. Se llama M60-UCD1, menudo nombre para una galaxia, yo lo pondría el de una guapa diosa griega. Sigo observando ese pliegue y veo un liquen sobre él. La percepción es la misma que con el pliegue; cuanto más me acerco veo la misma geometría, pero más pequeña, parece fractal. Eso es lo que me ha tenido despierto toda la noche: ¡por qué sólo buscamos galaxias gigantes! Pero claro, para buscar pequeñas necesitas un telescopio invertido o un microscopio gigante; pero si la idea es posible, ¿Cómo se lo explico a mi jefe? Pensará que estoy loco. Y si me creyera, ¿Qué microscopio puede observar elementos de ese tamaño? Llego por fin al observatorio sudando como si acabara una etapa del Tour de Francia. Siempre llevo colonia y una camiseta para pasar desapercibido, aunque nunca lo consigo. Al entrar veo mucha gente rodeando a alguien. No me acordaba, ¡hoy venía el físico más famoso del mundo.!. Alberto Estine, un crack en teorías como la relatividad, la mecánica cuántica o la relaciones espacio-tiempo universales. Por desgracia, mi colonia no causa el efecto deseado y al acercarme me mira y dice: buenos días joven; veo que llega tarde. Lo siento Dr. Estine me he entretenido observando un pliegue y un liquen, diferentes pero iguales. El Dr. contesta, interesante observación. Y ¿Qué has visto en elementos naturales tan diferentes que se parezca? Dr. ambos parecían invariables al cambio de escala y eso me lleva a otra duda que hace días tengo; en las grandes estructuras del universo ¿pasa lo mismo? El ilustrísimo científico se toca el bigote y dice: a ver joven, la velocidad de la luz es constante para cualquier observador, la cuestión es qué, cómo y con qué observamos. Si mi fórmula de la relatividad, que relaciona masa y energía, es cierta, solo nos hace falta lo contrario de lo que tenemos, un súper microscopio y creo que lo tenemos. Por cierto, no olvides que la gravedad ya no es una fuerza o acción a distancias, como afirmó Newton, es una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo. Yo estaba pálido y él siguió su discurso: en ciencia no debe asustar expresar una idea, todo lo contrario, está para que las ideas inunden nuestras mentes. Así que vamos a comprobar tu hipótesis. Llamó al director del laboratorio, que al pasar delante murmuró, no importa que hinches las ruedas, hoy te irás volando. El Dr. dijo, si invertimos las ópticas de forma que cambiamos el campo de luz tendremos el súper-microscopio, debería funcionar. Y así fue, en media hora estaba preparado. Ahora hay qué saber qué mirar dijo el Dr. Sugieres algo jovencito. Pensé unos segundos y dije: el espacio exterior, si se ve algo debería estar ahí como indican sus propias teorías. Bien pensado amigo mío. Dicho y hecho, estuvo mirando durante una hora, moviendo el gigante instrumento hasta que dijo “Eureka”, ahí está tu microgalaxia. Puedes ponerle un nombre, pero por favor, que no sea un código alfanumérico. ¿Tienes novia? No Dr. Pues piensa en una Diosa griega que ese será su nombre. Y de repente suena el despertador, las 6:00 am.

    Uróboro

    Uróboro

    Tengo claro que la vida es singular e indivisible. Perdura y prevalece. Avanza resiliente por su camino, ante cualesquiera sean los devenires del tiempo y del espacio. Sin embargo, que sea única no la exime de adoptar diversas faces, algunas de ellas incluso pueden resultar grotescas por su exuberancia y pomposidad. ¿Acaso no representaba un alarde de vida el salto de una majestuosa ballena azul? ¿No es una ostentación vital la germinación de las praderas en el Serengueti o la vuelta a la actividad simultánea de miles de mariposas monarca? ¿Cuánta vanagloria hay reflejada en el trotar de un tardígrado o en la agitación frenética de un flagelo bacteriano? ¿Qué duda puede albergar nadie sobre la omnipotencia de la vida?
    Todo ese despliegue de vana ostentación vital primigenio me resulta hipnótico, por llamativo, por diverso, y por qué no decirlo, por ameno. Lo que más me fascina de todo ello es que es resultado del azar. Nace del aprendizaje a través del error, la repetición innumerable del mismo proceso que intenta alcanzar la perfección en lo que mejor sabe hacer la vida, que no es otra cosa que transmitir información.
    Esa es la aspiración final de la vida misma. La pura y aséptica transmisión de la información sin intermediarios. Información genética antes, información computacional después. De una micela microscópica a otra en su origen, de una galaxia a otra en su presente.
    Paradójicamente, en su intento de excederlo todo, la vida se ha llevado a si misma hasta los límites del exterminio. Recuerdo ahora el evento sucedido durante el periodo Sidérico, conocido como la Gran Oxidación, donde los organismos fotosintéticos aerobios devastaron casi toda forma de vida anterior. Tampoco puedo dejar de pensar en el Antropoceno, por la celeridad con la que, salvo una, todas las demás formas de vida orgánica resultaron aniquiladas. Y desde luego no puedo olvidar una de las eras más recientes, el Sinteticoceno, donde los organismos biovirtuales arrasaron a los biosintéticos en su afán expansionista por el cosmos. Todo eso resulta ahora extemporáneo, casi mitológico. El barbarismo resultante de las pueriles fases de perfeccionamiento ha dejado paso al periodo más longevo de imperturbabilidad vital.
    Actualmente, la vida prescinde de cualquier componente, no solo biológico, sino físico, siguiendo su inexorable destino hacia la dominación absoluta del universo. Ondas conscientes nos propagamos a la velocidad de la luz cargadas de toda la información acumulada desde el origen. En estos momentos la vida solo podría desaparecer ante el colapso de la mismísima existencia.
    La nostalgia me invade al pensar en estos retazos de historia mientras cruzo el vacío, y me hacen pensar que todo tiempo pasado ha sido mejor. Pero no se me ha nublado el raciocinio. Está claro que la última fase en el desarrollo vital se alcanzará en cuanto la vida en si misma tome consciencia de su propia existencia. Obviamente no puedo descartar un posible retroceso, sobre todo, si proliferan los pensamientos divergentes como los míos. Pero ¿no es fruto de la evolución el querer darle una envoltura material a mi ser? ¿Por qué sino iba a engendrar estos pensamientos? ¿Por qué sino habría de dotarnos la vida con creatividad o conciencia?

    - Súbitamente, alumbrada por esa pregunta, se hace la luz en un punto indeterminado de una galaxia recién nacida. Por segunda vez en la historia del tiempo, una forma de vida orgánica, burda a la vez que hermosa, surge. La vida, en su infinita transformación, retorna a su origen. Creada esta vez por el diseño inteligente de un arquitecto superior, impulsado éste por el motor más potente de la creación: la inevitable perpetuación de la vida. -

    Utopía

    Utopía

    —Abre los ojos.
    Oigo una voz a mi lado que me habla pausadamente. Mis ojos pasan lentamente de la oscuridad absoluta a una tenue claridad. A mi lado una hermosa mujer a la que reconozco perfectamente: Eva, mi amor. El entorno no me resulta tan familiar…
    —¿Qué tal te encuentras? –pregunta ella sonriendo.
    —Bien, pero... ¿qué ha pasado? –respondo yo con otra pregunta, aturdido y desconcertado mientras me siento en la cama.
    —Son efectos adversos de la vacuna –dice Eva.
    —¿Vacuna? –repito, extrañado.
    —Si, la llaman así pero es ARN modificado que provoca un cambio a nivel sistémico. Se copia en una célula, lo que provoca un efecto en cascada en la fabricación de la enzima telomerasa, y se adhiere a los telómeros en el ADN de todas y cada una de tus células, lo que nos otorga una larga vida. Como el cambio puede resultar algo desagradable al ser tan rápido, te han sedado hasta completar el cambio.
    Mientras lo cuenta me levanto y acerco a la ventana. No reconozco dónde estoy ni lo que veo. Pequeños vehículos con capacidad para una o dos personas se mueven ágilmente por el aire, los edificios y casas tienen una especie de pintura extraña en los tejados y paredes, y en el suelo hay pequeños caminos rodeados de hierba, arbustos y árboles.
    —¿Qué es todo esto? –algo tenso y nervioso, busco una respuesta a mi desconcierto–. Lo último que recuerdo es hablar contigo sobre las tristes y desesperantes noticias de la pandemia, la gran guerra que se nos avecinaba y conducir el coche hasta la clínica.
    Eva me mira tranquila.
    —Es normal que no reconozcas nada al principio. Es un efecto secundario a causa del ARN. La primera cepa se consiguió de una persona en el primer cuarto del siglo XXI, y por razones desconocidas la impronta de la donante ha permanecido, de ahí tu confusión. Pero en unos días empezarás a recordar.
    Eva observa mi expresión de desconcierto.
    —Tranquilo, nos ha pasado a todos y seguirá ocurriendo, pero gracias a ese efecto secundario la guerra inminente nunca tuvo lugar, porque los primeros receptores fueron los grandes mandatarios y experimentaron el malestar que tú sufres ahora. Por primera vez se unieron por la paz y la salud mundial. Con el tiempo prácticamente han desaparecido los conflictos bélicos de la faz de esta Tierra, aunque no puedo decir por completo. La violencia es intrínseca al ser humano, pero estamos en ello poco a poco –dice ella sonriente.
    —¿Esta Tierra? –pregunto, consciente del modo en que ella lo había dicho.
    —Si –responde–. Cambiar los recursos bélicos hacia la paz ha llevado a un desarrollo rápido en muchos otros aspectos además de la medicina, como la navegación y la colonización espacial. Encontrar planetas como el nuestro y llegar a ellos ya no son problemas sin solución, y por tanto la superpoblación ya no existe. Somos grandes colonizadores. Por tu cara de extrañeza al mirar por el ventanal, creo que debo recordarte que junto con el viaje a grandes distancias hemos desarrollado la gravedad artificial y la capacidad de crear campos antigravedad, lo que facilita el desplazamiento y reduce la contaminación a cero, además de permitirnos eliminar las vías terrestres para vehículos...
    —Entonces… –interrumpo.
    —Entonces ahora tenemos más espacio para la naturaleza, la generación natural de oxígeno y el filtrado del dióxido de carbono aunque, para ayudar, cada una de las viviendas tienen un sistema de reciclaje de toxinas ambientales porque, a pesar de todos los avances, la contaminación generada hasta mediados del siglo XXI ha sido suficiente como para estar descontaminando durante varias generaciones la atmósfera. En cuanto a los elementos que rodean las casas y edificios, no son más que un polímero de carbono y bacterias que con el rozamiento de una simple brisa de aire ligeramente húmedo genera electricidad suficiente para el consumo diario de cada hogar.
    —¡Me parece increíble! –exclamo con los ojos como platos–. Y también me parece que me lo estás explicando formidablemente –recalco.
    —Si, aunque tú ya lo recordarás –dice–. Me dedico a esto cada día. Mi misión es que las personas tengan una transición tranquila tras la “vacunación” y que se adapten hasta que empiezan a recordar de nuevo.
    —Me siento como en una realidad futura, una utopía. Eva, ¿realmente es cierto todo lo que me cuentas?
    —Es cierto mientras tú quieras que sea cierto –responde, críptica.
    —No entiendo… ¿Cómo que mientras yo quiera que sea cierto? —pregunto mientras mi mente se obnubila y una sensación extraña me atrapa.
    —Para cambiar tan solo hay que proponérselo y no ver pasar el tiempo mientras todo se destruye y nadie se mueve para arreglarlo...
    ¡¡¡¡¡Biiiip, biiip, biiiip!!!!!
    —Las 7:32 –protesto–. ¡Maldito despertador!
    “Tal vez sea hora de empezar a cambiar y ayudar al planeta”, pienso.
    —¡Arriba!

    VÉLLORA

    VÉLLORA

    —Siempre lo dije. La tecnología es el demonio—Sentenció la mujer.
    Su piel estirada sostenía temblorosa una taza de café. Se arrepintió de sus palabras. A su mente llegó un mensaje en forma de pensamiento. Tenía pocos puntos. Su corazón estaba muy cerca de detenerse.

    —Abuela para — dice el joven. Tiene ¡ los mismos ojos turquesa de la mujer.

    Él sabía que si la dejaba cubrir sus ojos por más de un minuto perdería los puntos y desaparecería.
    Al detenerla, una imagen atravesó su mente. Era una advertencia de lealtad. Esto sumaba o restaba puntos de vida. El joven lo sabía. También sabía cómo evadir el control. Lo había probado dos veces. Tenía miedo de ser descubierto.

    Véllora era la red social creada por alienígenas que ha controlado por varios años el corazón de las personas a través de los pensamientos. Lee la mente, expone los pensamientos entre las personas del entorno. Acumula información diaria. Cuando esta información llega a un nivel máximo de puntos de pensamientos negativos le detienen el corazón a las personas. Así hacen limpieza étnica y reconocen a los que se oponen a la presencia extraterrestre.

    La abuela abre los ojos, detiene los pensamientos negativos. ─Aquí está tu comida ─pone dos pastillas sobre la mesa. Es potolate, el alimento encapsulado, traído a la tierra por los extraterrestres, combina vitaminas, minerales con sabor a comida. Es el alimento que hace que la vida laboral sea más productiva.

    ─Voy al trabajo, no me llames ─el chico abandona la casa.

    La mujer mira por la ventana, el día esta opaco. ─Se acerca Ojoche, lo sabía. Cierra los ojos. Le suena un pito, los puntos disminuyen. Abre los ojos, revisa la pantalla. Un rostro de tres ojos habla: terrícolas, Ojoche está llegando, manténganse en casa, deben tomarse tres pastillas seguidas.
    ─Bendita desgracia, lo que nos faltaba; que Ojoche apareciera, pero si estamos en marzo. Maldito calentamiento que nos dejaron nuestros abuelos ─la mujer saca chaquetas, bufandas, las pone sobre una silla, en la otra pone una blusa y un pantalón corto de franela. ─Estos miserables no dicen si será frío o calor ─grita mirando la pantalla.

    En el laboratorio vigilado por los Sacaberas, un grupo de científicos analiza el fenómeno climático. ─No es tiempo aun ─dice Carson. Es raro, estamos en marzo y los últimos cinco años ha aparecido entre enero y febrero o en junio julio.
    ─Soluciónalo ─dice el alienígena.
    El color de las próximas 24 horas se torna crepuscular, el tono púrpura estará helado, pero podría variar en menos de seis horas al tono gris y ahí podría matarnos de calor. Esto está peor. La epidemia estacional mató a miles de personas el año pasado ─murmura Carson.

    ─Desde que llegaron somos todos esclavos ─dice la abuela. ─Te dije que elimines cualquier pensamiento de ese tipo, te pueden oír ─le habla el joven. Todavía recuerdo como tú y tus padres se dejaron alienar, todos esperando la famosa Véllora, nos engañaron y mira ahora como estamos.
    Abuela la gente pensó que su piel y fisionomía eran parte del show publicitario, las pruebas en vivo con líderes del mundo y gente común nos hice creerles.
    ─Yo siempre lo dije ─se toma la cabeza mientras suena el pito. Todo fue tan rápido, detuvieron al mismo tiempo el corazón de tanta gente durante 1 minuto. Los desplomaron, después los dejaron vivir para demostrar que nos habían engañado y que ahora eran ellos los que mandaban.
    ─¿Y cómo no lo íbamos a aceptar? Cualquiera quería hacer parte de Véllora, no habíamos explorado a fondo la conexión telepática. La gente se volvió loca, era novedad conectar con otros, pero más tener acceso a su psicología ─dice el joven.
    ─Las relaciones humanas parecen más estables y tranquilas, pero en realidad todos nuestros pensamientos y movimientos tienen un patrón, el demonio ─el demonio, dice la abuela.
    ─Calla, te quedan pocos puntos ─dice el chico.
    ─Han ocasionado destrucción, soledad, el planeta está despoblado, han colonizado nuestra mente y corazón, ya no quiero estar más aquí ─una lágrima se le desliza por las arrugas.
    El chico cierra los ojos, simula que piensa, el pito suena, pierde puntos, se arriesga.
    ─Abuela hay un grupo de científicos, se tuvieron que dispersar porque los están siguiendo, han dicho que tenemos lazos mínimos emocionales por eso hemos olvidado nuestro pasado. Dicen que nos han dado un falso pasado para mantener un espejismo filial y humano. El día que recordemos que no estuvimos en esta red, podremos pensar, amar, sentir, tener libre albedrío, con una coacción mínima la red empezaría a perder fuerza. Pero la inconsciencia hace parte de las prácticas y estrategias usadas por ellos para que olvidemos las emociones. Pocos muy pocos somos inmunes a este control ─el pito suena hasta estallar.

    Viajar sin salir del laboratorio

    Viajar sin salir del laboratorio

    Viajar sin salir del laboratorio de microbiología.

    Hay quién habla en estos días, de viajar sin moverse del sillón. En todos estos años, treinta, yo he viajado sin salir del laboratorio de microbiología. Las bacterias han venido a mí y me han contado sus historias.
    Los microbiólogos intentamos establecer comunicación, sin palabras, con las bacterias. Nosotros preguntamos y las bacterias responden, creciendo o no, es su forma de asentir con la cabeza.
    Empezaremos por viajes cortos, no muy lejanos, relacionados en la mayoría de ellos con la alimentación. Una hogaza de pan con sal de las salinas de Levante de Mallorca o Alicante, con sobrasada rojiza de Mallorca acompañada de un de queso semicurado ecológico de Menorca y un vinito del Este de Mallorca, con unas aceitunas de los olivos milenarios de la Sierra Norte de la isla; este menú sería imposible sin la intervención de las bacterias: ni el pan, ni la sobrasada, ni el queso, ni el vino, ni las aceitunas. Hay quién dirá: ¿pero la sal? Incluso en las salinas hay bacterias muy interesantes, que pertenecen al grupo de las llamadas antiguas (Arqueas). Analizamos en el laboratorio qué microorganismos intervenían en la elaboración y la maduración de la sobrasada. El primer problema fue el de diseñar en qué medio íbamos a cultivar estas bacterias, ¡queríamos que ellas nos contestaran! Lo resolvimos usando un extracto de sobrasada colocado en las placas de Petri, así llamamos a las cajas redondas estériles con tapa en las que se cultivan las bacterias y que en este caso su contenido era, lógicamente, rojo. Para seleccionar otras bacterias tenemos estas placas de Petri con medios de crecimiento de distintos colores, azul, verde, color crema, violeta…un arco iris en un laboratorio lleno de tubos, botellas de vidrio y frascos de Erlenmeyer esperando en fila silenciosos, en las poyatas, para ser usados para que puedan crecer nuevas bacterias. Tuvimos que hacer catas de las distintas sobrasadas, con pan desde luego, pero sin vino… ¡eran horas de trabajo! A la vez apuntábamos en la pizarra velleda los números y nombres de microorganismos que habíamos descubierto. El siguiente viaje fue a Barcelona. En este caso las bacterias nos contaron que ellas eran degradadoras de componentes del petróleo, como las bolas de naftalina, que nuestras abuelas colocaban en los armarios para proteger la ropa de las polillas. También estos compuestos son derivados del petróleo y las colocábamos en las placas de Petri boca abajo; en este caso las placas eran blanquecinas y el naftaleno (naftalina) se colocaba en la tapa. ¡Ya teníamos bacterias degradadoras de hidrocarburos!
    Galicia fue otro enclave a estudiar por tristes razones ecológicas. Se hundió un barco petrolero, el Prestige, y vertió petróleo al mar, que llegó a las costas gallegas tiñendo sus playas de negro. También encontramos nuevas bacterias y les pusimos los nombres de: Pseudomonas aestusnigri (aestus, marea y nigri marea) o Pseudomonas gallaeciensis.
    En Mallorca no hay ríos, así que tuvimos que buscar un rio, el rio Woluve, en Bélgica. llí aparecieron bacterias como Pseudomonas simiae, aislada originalmente como su nombre indica de un simio, pero ahora también presente en un rio. De ahí, a un rio más grande, el Danubio, de 2.800 km, atraviesa nueve países. Varios estudios se han realizado con buques de un consorcio de todos estos países, equipados de laboratorios sofisticados para analizar al momento sus aguas. Nosotros, solo vimos las bacterias y descubrimos que todavía quedan muchas de ellas sin nombre.
    El siguiente viaje fue por mar, desde el mar Caspio hasta Túnez. Un mar de dorados, de vergeles de naranjas, que hay que mimar, y dónde bacterias patógenas pueden perjudicar su producción. Dimos nombres a varias nuevas especies de bacterias, Pseudomonas caspiana, como no podía ser de otra manera, o Pseudomonas nabeulensis y Pseudomonas kairouanensis, ambas de zonas de Túnez.
    El viaje más lejano fue a la Antártida, hay que llegar al punto más meridional, del globo, Usuaya (Argentina) y el buque oceanográfico “El Hespérides”, recogía allí a los científicos y los llevaba a la base española en la Antártida. Las salas del buque estaban repletas de ordenadores para almacenar miles y miles de datos. Los microbiólogos recogían muestras, las cuáles tras un largo viaje, no exento de peligros, llegaban a nuestro laboratorio.
    Todas estas bacterias, de sobrasadas, naranjas, ríos y mares; duermen ahora en nuestro laboratorio, en congeladores a menos 80ºC, y yo las cuido, esperando seguir preguntándoles por sus viajes para continuar viajando con ellas.

    VIRIÓN

    VIRIÓN

    Ciento veinte nanómetros.
    Diez elevado a la menos nueve metros de envoltura esférica de lípidos alrededor de una cápside nuclear con genoma no segmentado de ácido ribonucleico en su interior. Todo ello coronado por espículas proteicas a modo de tentáculos. Más pequeño que una célula, poco más grande que un anticuerpo y altamente infeccioso.
    Un monstruo. Escila. Caribdis. El enemigo.

    Eso piensa mientras observa los dos tubos gemelos de cristal sobre la gradilla de ensayo que tiene frente a sí, con suero preparado en su interior. No se da cuenta, pero levanta el talón del pie derecho sobre la puntera y la rodilla correspondiente titila arriba y abajo en reflejo parasimpático. Le tiembla el pulso y todas las moléculas de su cuerpo parecen querer descomponerse de golpe. La mascarilla le asfixia, el gorro de laboratorio le produce hormigueos, como si cientos de dedos indecentes le hurgaran el cabello. Los guantes... jamás unos guantes de nitrilo esterilizado hicieron sentirse tan torpe. Se pone en pie, cierra los ojos, respira hondo y los vuelve a abrir. Es por ellos, piensa, y coge la pipeta que en ese momento pesa como si estuviera hecha de iridio. Carga una dosis adecuada de líquido azulado contenido en un matraz y descarga tres gotas que refulgen fugazmente al viajar, obedientes a la gravedad, hasta entregarse en el suero transparente dentro de cada uno de los tubos de ensayo.

    Espera. Aguanta la respiración.

    Apacigua su desasosiego repasando la prueba mentalmente. Está utilizando controles: dos condiciones para el mismo experimento. En el tubo de la izquierda, cultivo de células pulmonares sanas. En el de la derecha, infectadas. Si precipitan en la disolución de la derecha cúmulos de material orgánico aglutinado que se van al fondo como reacción a los anticuerpos que acaba de liberar en forma de esperanzadoras gotas: éxito.
    Si no...

    Nada. Los anticuerpos no parecen estar actuando. Maldita sea.
    El agotamiento y la desesperanza abren una brecha desoladora en su interior. No recuerda a qué hora de qué día entró en el laboratorio y el sueño ya le está pasando factura a sus conexiones sinápticas.

    En algún lugar de su cabeza escucha aplausos. Suenan amortiguados entre aullidos de sirenas. Quizá vengan de la calle. ¿Son ya las ocho? No puede razonar con claridad pero el cálido resonar de palmas arropado en cantos de sirena le devuelven la lucidez y, con un renovado fervor que no estaba ahí hace un momento, pergeña una idea que deshace su bloqueo mental con dos palabras que libera en voz alta haciéndolas chocar violentamente contra la cara interior de su mascarilla: centrífuga angular.

    Va a utilizar la máquina centrifugadora. El anticuerpo tiene que ser el adecuado. Ha funcionado durante el estudio previo, con magníficos resultados en la fase de exploración, resultando ser el más prometedor para el antígeno contra el que va dirigido. La etapa pre-clínica, con pruebas en animales y ensayos en tejidos, también está resultando esperanzadora y sólo resta por validar los resultados para pasar cuanto antes a los ensayos clínicos, directamente a la fase III. Hay que encontrar ya el compuesto adecuado para inyectar a la población.

    Recoge con cuidado -los temblores han desaparecido; gracias, aplausos- los tubos de ensayo, los tapona y coloca enfrentados en el centro de la centrifugadora. Acciona la máquina que zumba con zetas sibilantes mientras gira enloquecida a toda velocidad hasta que pierde el enfoque de los tubos, que se perciben ahora como halos centrífugos. Durante ese torbellino hipnótico piensa en los anticuerpos que acaba de introducir con la pipeta como pequeños guerreros de torso apolíneo en forma de «i» griega, inmunoglobulinas poderosas que harán su trabajo de soldado especializado sin rechistar, sacrificándose como lo hacen los auténticos héroes. Química molecular nanométrica. Un verdadero cosmos en el interior de cada célula. Una verdadera contradicción de escala. Parece mentira, dice para sí, que seamos tanto y tan poco al mismo tiempo.

    La centrífuga angular se detiene.

    Saca los dos tubos mientras aprieta los dientes y ve que uno de ellos aglutina una pequeña turbiedad, un depósito sólido que se desliga del líquido y se hunde en el tubo hasta encontrar el fondo. Entonces sonríe. Es la primera vez en semanas.

    Extrae con precisión de cirujano el depósito sólido que la centrifugadora le acaba de regalar, lo extiende sobre una placa de vidrio y corre con la muestra a la sala oscura, un mundo negro de desconcertante luz ultravioleta. Allí coloca la muestra en el microscopio, enfoca y observa. Un iris casi inexistente rodea su pupila inmensa que, henchida de ciencia, percibe el esperado brillo fluorescente del grupo químico que ha insertado previamente en el anticuerpo para identificarlo y verificar su validez.

    - Ahí estás, fluoróforo bendito -dice- Funciona. Tendremos vacuna.

    Y entonces se percata, no sabe desde cuándo, de que está llorando.

    Y

    Y

    Medio millón de células por muestra y trescientos microlitros de una solución de ioduro de propidio, ARNasa 10 y tampón fosfato. Y una ventana. Sabe que durante las incubaciones largas –y esta lo es- debería aprovechar para realizar algo de provecho, leer un artículo, planear futuros experimentos o empezar algún otro procedimiento; pero últimamente cuando queda rezagado en el laboratorio, bien avanzada la tarde, la imagen de aquel ventanal sobre la calle Relator acude precisa y persistente a su memoria sin que nada pueda hacer para evitarlo. Allí solían sentarse juntos a tomar una copa y charlar durante las agradables noches primaverales de Sevilla. Y allí fue, concretamente, donde comenzó a dibujarse su nueva realidad. Para una secretaria judicial, sus conocimientos sobre las leyes españolas de poco o nada servirían en Estocolmo, para un investigador recién doctorado, las posibilidades de continuar con su carrera en aquella ciudad que consideraba su casa aparentaban ser, cuanto menos, escasas. Y siente una punzada de envidia sincera hacia sus colegas septentrionales, que no se ven, necesariamente, empujados a enfrentarse a ese tipo de disyuntivas.

    Recientemente, ha empezado a pensar que, comparados con los cometidos en otros ámbitos de la vida, los errores durante la investigación científica resultan bastante asequibles. Con las condiciones experimentales controladas basta con identificar la variable incorrecta, modificarla y repetir el experimento. Ensayo y error. Pero una vez traspasada la puerta del laboratorio, muchas veces, el ensayo no existe y sólo queda el error. Es entonces cuando recuerda los rudimentarios conocimientos de física que había adquirido durante su etapa universitaria y desea poder regirse por leyes similares a aquellas que les son impuestas a las partículas subatómicas. Piensa en el experimento de Young, que mostraba cómo una partícula podía comportarse al unísono como onda y como corpúsculo y cree recordar haber leído una paradójica interpretación del mismo –el nombre de Richard Feynman resuena en su cabeza pero el olvido es, sin duda, más fuerte que la memoria- en el que un solo fotón podría recorrer dos caminos simultáneamente. Piensa también en el gato de Schrödinger que está, siempre que la caja permanezca cerrada, vivo y muerto a un mismo tiempo. Y fantasea ser como esos fotones, como ese gato. Poder ser una cosa y la contraria, poder seguir un camino sin aniquilar el opuesto. En contraposición a su limitada historia lineal, como una vía de tren, querría que su vida pudiera divergir con la exuberancia de las ramas de un árbol tropical y poder así, vivir todas las vidas en una. Pero la originalidad es un don escaso y naturalmente esa vida –como tantas de sus ideas inconscientemente apropiadas- ya fue concebida por alguien con un ingenio superior. Recuerda que Borges imaginó una vez un libro absoluto, una novela que es la vez un laberinto, una suerte de universos paralelos al que llamó el jardín de senderos que se bifurcan. Ts’ui Pên fue su enloquecido autor, Fang el dichoso protagonista. En cada decisión de Fang, todas las posibilidades son exploradas, en cada bifurcación, todos los caminos son recorridos por su cuántico protagonista. No sería desacertado considerar que en esa existencia quien se ausenta es error ante el aplastante dominio del ensayo.

    Bajo la reveladora luz del laboratorio, mientras un puñado de células aguardan para su evaluación, considera si la física permitirá, ciertamente, la presencia de esos universos paralelos. Piensa en mundos infinitos que nacen en cada encrucijada, que crecen, se desarrollan y colisionan para acabar muriendo cuando sus destinos se cruzan de nuevo. No pretende volver atrás en el tiempo, sabe que ninguna física permite desandar los caminos recorridos. No pretende, siquiera, cambiar aquella decisión que determinara su realidad porque sueña que en algún plano de la existencia, él mismo ha tomado una resolución distinta inclinándose hacia el sendero antagónico que conduce de nuevo al sevillano ventanal de sus recuerdos. Quizá allí su única relación con la ciencia sea escribir un breve relato para matar el tiempo durante una cuarentena y participar en un concurso organizado por alguna agencia gubernamental. Pero en ese sendero, cuando aburrido y confuso por divagar sobre temas que no alcanza a comprender su compañera de viaje le llame, él se sentará a compartir con ella una copa y un beso frente a una ventana por la que se desliza, furtivo pero grato, el aroma de los naranjos de la calle.

    En ese instante el pitido electrónico y obstinado del temporizador le trae de nuevo a la poyata de trabajo para avisarle que es hora de pasar las células por el citómetro. Como no podía ser de otra manera, ha cometido un error. Pero desandar esta senda es sencillo y no hay ley que lo impida. Sabe qué debe cambiar y sabe cómo repetir el experimento para acertar. Ensayo y error.

    Y en un momento...

    Y en un momento...

    Era una tarde de verano próxima al solsticio, así que debido a la posición de la Tierra respecto al Sol, los días eran largos y las noches cortas. Estaba tranquilamente leyendo en la playa y se me había pasado el tiempo sin apenas darme cuenta, cuando advertí que la intensidad de la luz había disminuido. El Sol empezaba a ponerse, los colores, azul, rojo, amarillo, púrpura… inundaban el cielo.
    Me quedé hipnotizada admirando la belleza de la naturaleza y no advertí que un chico se había acercado hasta mi toalla e intentaba iniciar una conversación.
    - Cada día se pone el Sol y cada día podemos admirar la gama de colores que se van alternando por la dispersión de la luz, sin cansarnos jamás de admirarlos.
    Su reflexión llamó mi atención y consentí en seguir la conversación. Me dijo que se llamaba Alejandro y que era fotógrafo. La verdad era que la fotografía era un arte que siempre me había llamado la atención pero al que nunca le había dedicado el tiempo necesario para llegar a hacer buenas fotografías. Me estuvo explicando la función de los distintos objetivos que llevaba, como graduar la intensidad de la luz o donde enfocar para obtener una buena instantánea. Nos reímos haciendo algunas fotografías, pero la puesta de sol llegaba a su fin y ya había poca claridad, así que me dispuse a recoger mis cosas para regresar a casa. Él hizo lo mismo, pero antes de salir de la arena me propuso ir a tomar algo a un bar-restaurante que había a pie de playa. Dudé. Era un jueves noche y al día siguiente el despertador no perdonaría. Pero, terminé cediendo ante su insistencia.
    Andando nos acercamos al restaurante y así se fue desprendiendo la arena de nuestros pies. Al llegar, la mayoría de las mesas estaban ocupadas, pero el camarero nos encontró una libre en la terraza adornada con guirnaldas de luces blancas. La brisa marina nocturna refrescaba el ambiente y necesité colocarme el pareo de playa a modo de chal. Pedimos un vino blanco. Lo degustamos antes de que nos llenaran las copas hasta aproximadamente un tercio de su capacidad. Hicimos girar las copas para que se liberaran los ésteres que aportan los diferentes aromas, observamos que era un vino limpio y pálido, correspondiente a un vino joven y vimos como caían las lágrimas del vino por los cristales de la copa reflejando su importante contenido alcohólico. Una vez culminado el ritual fuimos conscientes de que dicho vino sin acompañamiento nos llevaría fácilmente a un estado de embriaguez. Para acompañarlo pedimos un pescado a la plancha con su guarnición. Era curioso el cambio de sabor y textura que experimentaba el pescado al cocinarlo. Sus células sufrían un cambio químico que le aportaba un sabor diferente en función del tiempo de cocción o del aliño usado. El pescado venía acompañado de una mezcla heterogénea de distintas verduras que desprendían un agradable olor. Pero para una golosa como yo, lo mejor estaba por llegar. El postre. Un coulant de chocolate que al partirlo dejaba caer el chocolate fundido de su interior. Siempre me he preguntado como consiguen cocer el bizcocho esponjoso y que el chocolate se mantenga fluido en su interior.
    La cena transcurrió tranquilamente, estuvimos hablando de un montón de cosas y se dejaba entrever una cierta conexión entre nosotros. Al poco rato, el vino hizo su efecto y provocó que la temperatura del ambiente fuera en aumento, que las palabras salieran por nuestros labios sin poder evitarlas, que el corazón bombeara a mayor velocidad y se acelerada la circulación sanguínea. Nos sentimos desconectados de nuestro entorno, únicamente uno pendiente del otro. Un momento feliz. Pero como todo en esta vida es efímero, en unos instantes volvimos a la realidad. Ya era más de medianoche y nos quedaba un camino por recorrer hasta nuestros coches. Salimos del restaurante y empezamos a andar.
    Poco antes de llegar a nuestros vehículos el teléfono de Alejandro sonó. Empezó a realizar una serie de preguntas: ¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien? ¿Dónde estáis?.... Alejandro se alteró. Me dio un beso furtivo en la mejilla a modo de despedida y se marcho rápidamente hacia su coche. En dos minutos había desaparecido.
    Me quedé algo aturdida, intentado recapitular todos los acontecimientos que habían ocurrido aquella tarde y advertí que sería muy difícil volver a tener noticias de Alejandro. En la era de las nuevas tecnologías, no habíamos compartido ni nuestros números de teléfonos, ni facebooks ni instagrams. Así que solo quedaba la posibilidad de volver a coincidir al observar una nueva puesta de sol en aquella preciosa playa. Habría que esperar que el azar nos volviera a hacer coincidir en un lugar y momento concreto. Aún tenía cabida algún instante realmente romántico en una sociedad virtualizada y frenética.

    Z

    Z

    Eso parecía hielo. ZBW – 17301 estaba aterrado. Obviamente ese no era su verdadero nombre, pero es la traducción más cercana a nuestro idioma. Para entendernos, podemos llamarlo tan solo Z. Él jamás había visto el hielo fuera de los laboratorios de la nave. Sin embargo, la apacible temperatura media de 132,2 ºC a la que estaba acostumbrado contrastaba con los -17 ºC que marcaba su termómetro. La apariencia de este nuevo planeta era desoladora.

    Era increíble que los más sabios de su civilización hubiesen podido descifrar aquel extraño mensaje del Pioneer 10. De eso hacía ya millones de años. Z había nacido en la nave, y podía sentirse afortunado. Tal y como decía su abuelo, tras 4728 generaciones de viaje, ellos podrían llegar a ver a aquellas criaturas cuya superior inteligencia ayudaría a salvar su planeta, situado en la órbita de Al Thalimain Prior. Sin embargo, allí no había señal alguna de vida, ni menos de aquellos gigantes; él tan solo medía 5 cm de altura. Estaba frustrado y molesto, se desplazaba con dificultad, quizás porque estaba acostumbrado a una gravedad de tan solo 2,72 m.s^-2.

    DWB – 00558 en cambio chillaba de júbilo, aunque eso no podía considerarse chillar, un sonido como ese jamás se había oído antes en la Tierra. Allí, entre los escombros y el hielo, reinaba la soledad. Z notaba un profundo frío en el interior de su cuerpo, pero no provenía del exterior, su traje mantenía su cuerpo a 132,2 ºC casi exactos. Él nunca había sentido la tristeza, ni la felicidad, de hecho nunca había sentido nada, porque su especie no había desarrollado lo que conocemos como “sentimientos”, pero ese momento fue en el que más cerca estuvo jamás de experimentarlos. Todos a su alrededor murmuraban, sin duda, este era el planeta… pero, no era lo que esperaban.

    Z pensaba, sin parar de mirar la representación de aquella legendaria placa. Estaba seguro de que si aquellos seres pudieron hacerles llegar un mensaje, tenían que haber dejado aquí algún otro. De pronto lo vislumbró. En la placa se encontraba representado el cambio de espín del electrón del átomo de hidrógeno, de paralelo a anti-paralelo, con una emisión de 21 cm de longitud de onda. ¡Eso significaba que aquellas criaturas conocían las ondas! De pronto echó a correr hacia la nave, buscaba su receptor de radio. Tras horas intentándolo, finalmente detectó un ruido, estaba cercano a la frecuencia de 42 MHz. Trató de aclarar el sonido, y prestaron atención. Pudieron escuchar lo siguiente:

    “Nosotros somos los inmortales,
    los que sentimos el anhelo febril de la vida,
    pero aunque se lo advertimos,
    nunca llegó a importarles,
    que en la vida no hay motivo,
    más que la propia vida,
    y el que otro significado busca,
    solo consigue dolorosa miseria.

    La humanidad con sus ambiciones,
    con sus quimeras y sus crímenes,
    toda ella de pronto se derrumbó,
    los científicos dijeron que se debilitó la AMOC,
    y el planeta entero se congeló.

    Nosotros existimos,
    o quizás solo hemos existido,
    y al igual que quien esto escucha,
    nacimos y morimos por ningún motivo,
    pero hubo y habrán momentos de belleza,
    en los que la vida voluptuosamente rebosa.

    Y en esa belleza está la incertidumbre.
    ¿Aún vivimos?
    Este sonido prueba que existimos,
    y al tiempo nadie sabe dónde está nuestro ser,
    es un bonito poema de Heisenberg.”

    En ese punto, la grabación volvía a empezar, repitiéndose infinitamente. Z miraba como hipnotizado, junto al resto de la tripulación a la Luna, que brillaba esplendorosa. Ninguno entendía palabra alguna, probablemente nunca llegarían a entenderla, pero su musicalidad resonaba eterna. Permanecieron así mucho tiempo, nadie decía nada. Era indescriptible, no podría expresarlo, pero Z se sentía profundamente solo. Lo que él no sabía es que todos los demás, también.
    JOVEN

    ¡ADIOS CIENCIA, ADIOS!

    ¡ADIOS CIENCIA, ADIOS!

    Sí, me arrepiento, me arrepiento mucho de lo que hice, todo fue un error, miles de personas están muertas por mi culpa.

    Mi nombre es Luke, y aspiraba a ser el mayor científico jamás conocido.

    Todo empezó el día que quise saber qué había después de la muerte, pasé años investigándolo y los resultados no eran buenos, no nos vamos a engañar, pero yo seguía intentándolo, nunca me rendí, lo que podría haber sido una buena opción teniendo en cuenta lo que pasó.

    Al fin hallé los resultados, iba a exponerlos en una multitudinaria feria científica. La noche anterior, oí a alguien entrar en mi casa, no me moví, el miedo me lo impedía, estaba paralizado. Vi su silueta pasar por delante de mi habitación. La puerta hizo un ruido seco al cerrarse, el intruso había abandonado la casa, y yo caí dormido en cuestión de segundos.

    A la mañana siguiente me levanté cauteloso, observando cada rincón de la casa en busca de algo sospechoso. Llegué al estudio y se me cayó el alma a los pies, se habían llevado todas mis investigaciones sobre la muerte.

    En ese momento me hubiera convenido relajarme, pero no fue así. La ira se apoderó de mí y llegó a mi mente la “maravillosa” idea de apropiarme de una de las investigaciones más importantes jamás redactadas, la ley de la gravedad. No iba a ser tarea fácil, ya que la gente no iba a creer que había sido yo el que había descubierto la gravedad cuando siempre había sido el famoso Newton y su dichosa manzanita.

    Sólo quedaba una opción, ir directamente a por Newton, sí, está muerto, pero yo descubrí una forma de ir a visitarle. Construir una cápsula en la cual se invertía el espacio-tiempo viajando así al pasado.

    Después de días de trabajo para construir la cápsula, llegué a la época de Newton, y la verdad, no fue difícil apropiarme de su teoría. Esperé día y noche a que se sentara debajo del árbol y justo cuando caía la manzanita... ¡ZAS! La atrapé al vuelo y a Newton ni se le pasó por la cabeza la fuerza de la gravedad, volvería al presente, la redactaría con sus correspondientes datos y subiría algún puesto en el “estatus” científico.

    Sinceramente hubiera sido bastante para lo que quería conseguir, pero no me conformé, iba a apropiarme de más teorías.

    Empecé por un grande, Galileo, me apropié de un martillo y destrocé su juguetito. Ganimedes Calisto o los anillos de Saturno entre otras aportaciones de este científico... ¡Serían aportaciones mías!

    Ya me imaginaba mi nombre en los periódicos, “Luke, el gran científico”. Las aportaciones que había robado hasta el momento no eran suficientes, mi tremendo egocentrismo requería más poder.

    Le tocó a Marie Curie, no se imaginaba que se iba a comer su propio descubrimiento, “aliñé” su ensalada con una vinagreta de radio y una pizca de polonio rallado, lo hice por su bien... Esas verduras estaban muy sosas.

    La última de mis víctimas fue Charles Darwin, al que con mucho gusto metí conmigo en la cápsula del tiempo y lo abandoné en la prehistoria, pero de nuevo , lo hice por su bien, así podría probar allí mismo su teoría de la evolución, podría incluso encontrar a nuestros antepasados.

    En cuanto volviera al presente sería el científico más famoso de todos los tiempos, lo que me emocionaba considerablemente, pero en contra de mis ideas no fue así. Salí de la cápsula y me encontré una ciudad totalmente derruida, parecía una guerra. Segundos después me pasó una bala por delante y quité de mi cabeza la palabra parece y la sustituí por es, es una guerra.

    Corrí a cobijarme al edificio más cercano, donde me encontré a un hombre que me explicó lo que pasaba. Rusia y China estaban en guerra por su diferente opinión sobre ¿de dónde venimos? EE.UU y Japón entablaban otra guerra por su diferente teoría de la imantidad (más tarde descubrí que se refería a la gravedad). Francia y Reino Unido disputaban otra guerra, ya que no opinaban igual en si había más planetas o no.

    Todo empezó a cuadrar, había sido mi culpa, había eliminado de la historia los descubrimientos y ahora nadie estaba de acuerdo. Aquel era el momento de colgar la bata y dejar los instrumentos de laboratorio. Mi egocentrismo me había llevado por el mal camino, todo eso había sido culpa mía, me costó admitirlo, pero, aunque mi cuerpo y mi mente perdurarán por años, mi ansia científica se esfumó en pocos segundos. Aprendí una gran lección, la ciencia no es un juguete, no influye solamente en la reputación del científico, sino que puede llegar a generar conflictos. La ciencia es más importante de lo que pensaba, la ciencia no es solamente ciencia, sino que es mucho más.

    ¿Para que iba a querer nada más?

    ¿Para que iba a querer nada más?

    8 de abril. Hoy hace 1 año desde que murió. Mi madre me dijo que se había ido al cielo, mi padre que en realidad se había suicidado. Yo no les creí a ninguno. Mi abuela no era la célula más alegre del mundo, pero era feliz, y aunque fuera ya muy mayor no podía haberse ido sin despedirse de mí. Busqué en Internet y me costó un tiempo aceptar que al final mi padre tenía razón. Sin embargo, al contrario de lo que yo creía, que las células se suiciden es algo normal en organismos pluricelulares como en el que estoy (por muy raro que suene) y se le llama apoptosis. Se tuvo que ir, pero no porque ella quisiera, sino porque era innecesaria en este cuerpo en el que vivo. Nuevas células habían de generarse para asegurarnos de que funcionara bien. Además, leí que cada muerte estaba programada, por eso creo que no se despidió.

    Pienso mucho en ella, pero hoy más. No paro de acordarme de las miles de tardes que pasábamos juntas, en las que me contaba cientos de historias. Como cuando me habló sobre su única y mejor amiga (Lily), que era sexual (no como nosotras, que somos somáticas) y, aunque no tenía ni idea de qué significaba ser sexual, lo que más me sorprendió fue que solo hubiera tenido una amiga en toda su vida. Al fin y al cabo, yo era todavía pequeña y pensaba que todos mis compañeros de clase iban a ser mis amigos para siempre.

    Aún así, tenía curiosidad y le pregunté sobre su amiga, sobre las células sexuales.

    -En el fondo no son tan diferentes a nosotras, me dijo. Cuando nacen, empieza su interfase, crecen, duplican su ADN y se convierten en adultas. En la mitosis (lo que ellas llaman meiosis) su ADN se divide, y su citoplasma se separa para formar células hijas.

    -Entonces, ¿por qué no se llaman como nosotras? ¿Y qué es la mitosis? ¿Y por qué solo tenías una amiga?

    Me acuerdo de que se rió y me dijo que le hacía demasiadas preguntas, pero yo sé que en el fondo le gustaba que me interesara tanto por ella.

    -Tú todavía eres pequeña Mel –me dijo- Estás en la interfase, creciendo y duplicando tu ADN. Pero cuando seas mayor y comiences tu mitosis pasarás por 4 etapas muy importantes. En la profase, tu material genético se condensará para formar cromosomas, tus centriolos se desplazarán hacia los extremos y tu membrana nuclear se desintegrará. En la metafase, los cromosomas se colocarán en el centro y se formará el huso acromático, uniéndolos con los centriolos. En la anafase se romperán, y cada cromátida se desplazará hacia un lado de la célula y, finalmente, en la telofase, los cromosomas se descondensarán, se volverá a formar la membrana nuclear y el citoplasma se dividirá. Cuando todo esto acabe, acabarás teniendo 2 hijas con la misma cantidad de material genético que tú.

    -Madre mía, no he entendido casi nada- le dije.

    -Es normal, eres muy pequeña todavía.

    -Pero abuela, todavía no me has dicho por qué tu amiga era diferente, ni por qué no tuviste más.

    -No tuve más porque no lo necesitaba, Mel. Ella estaba siempre para mí cuando me sentía sola, y yo para ella, y nos hacíamos reír muchísimo. ¿Para qué iba a querer nada más? Además, era diferente porque las células sexuales en su meiosis tienen 2 fases. En la primera, en la metafase se produce un sobrecruzamiento y en la anafase, en vez de las cromátidas, se separan los cromosomas homólogos. En la segunda, en la anafase sus cromátidas se separan y a partir de ahí es igual que una mitosis nuestra. Pero lo que más les diferencia es que en vez de 2 hijas, tienen 4, y cada una con la mitad de material genético.

    Yo no entendía nada de lo que me estaba diciendo, esos procesos tan raros me parecieron demasiado difíciles para una célula tan pequeña. Pero me quedé con la primera parte, en la que me habló de su amistad con Lily. Aprendí muchas cosas ese día, como que lo más importante de tener una amiga es hacerse reír, pero también estar cuando se necesita llorar. O también decidí que no quería tener hijos si iba a tener que pasar por tantas cosas, y aunque ahora estamos dando algo de lo que me explicaba en clase y me parece un poco más fácil, ya veré.

    Mi abuela no paraba de enseñarme cosas nuevas, que en ese entonces no comprendía bien, pero que tantas veces me ayudan ahora. Le echo mucho de menos, pero hoy más. Otro día seguiré escribiendo, he quedado con mis amigas, que no son muchas, pero me divierto mucho con ellas.

    ¿Para qué iba a querer nada más?

    ¿PASADO O PRESENTE?

    ¿PASADO O PRESENTE?


    La última vez que se le recuerda con vida fue en la década de 1680. Pero, ese día , ese 10 de octubre de 2007, lo cambiaría todo.

    Yo, como siempre, me dirigía al trabajo cuando recibí una llamada de mi jefa. Su tono de voz no era el común. Se podía percibir su urgencia al hablar.
    En cuanto me colgó, pisé el acelerador del coche como nunca antes lo había hecho. Una sensación de impaciencia y nerviosismo recorría mi cuerpo. No podía ser cierto.

    Al llegar, encontré a todos mis compañeros agrupados alrededor de algo. Se podían distinguir sus voces asombradas: “wow”, “¡cómo es posible, mira quéperfección!”.
    Me acerqué con cautela y mis ojos no podían creerse aquello que estaba viendo:
    un esqueleto de dodo perfectamente conservado, simplemente inverosímil.

    A la mañana siguiente volví con todo mi material y preparado para dar todo .
    Lo primero que hice fue coger uno de los huesos y me quedé atónito mirándolo.
    Las epífisis se encontraban intactas; la diáfisis, levemente desgastada. Pero, a pesar de ello, seguía estando perfecta.
    Agarré otro hueso, el cual se encontraba partido en dos, y lo observé lentamente. Toda esa estructura, toda esa perfecta estructura.
    De repente, sentí una mirada. Era mi mejor amigo, Andy. Nada más ver su cara, ya sabía lo que me quería decir. Yo asentí sonriente y volví a concentrarme en aquella estructura.

    Ya había pasado una semana desde aquel descubrimiento y en el laboratorio habíamos hecho muchos progresos, las piezas del esqueleto empezaban a encajar.
    No sé en qué momento se me encendió la bombilla y decidí coger una muestra de ADN. .
    “Para qué reconstruirlo si podemos traerlo de vuelta a la vida”, pensé.

    Andy decidió ayudarme y entre los dos conseguimos hacer grandes avances.

    Al cabo de dos meses encontramos la manera de traer ese dodo de vuelta a la vida. Creo que estás pensando lo mismo que yo: alucinante, ¿no?
    Era pulsar un botón y podríamos cambiar el mundo para siempre. Si traíamos de vuelta a este animal, quién diría que no lo podríamos hacer con otro o incluso con un ser humano.

    Impaciente y a la vez nervioso, me acerqué a pulsar ese botón plateado brillante.
    Cuando estaba a menos de un centímetro de él, Andy me agarró la mano y me miró seriamente. No sabía lo que estaba haciendo.
    con sus ojos fijos en los míos. Me dijo:

    --¿Crees que estamos haciendo lo correcto?
    --¿A qué te refieres con eso? --respondí todavía temblando por el momento que iba a suceder en un segundo.
    --¿Si traemos de vuelta a la vida a este animal, qué más se podrá traer? ¿No ves que…?

    Antes de que pudiese terminar la frase, ya me había lanzado a pulsar el botón.




    Se escucharon ruidos de máquinas funcionando, y al pasar los 10 minutos, un silencio escalofriante llenó la sala.
    Andy y yo nos acercamos al pequeño cilindro, que anteriormente se encontraba vacío pero que ahora contenía a un ser asombroso: un cuerpo grande, unas alas rechonchas, una cola pequeña, patas cortas y un pico grande y curvo. Sus plumas de colores negros, grises y blancos le cubrían todo aquel cuerpo.
    Sentí la necesidad de sacarlo de allí y observarlo más de cerca, pero Andy me frenó.

    Nos quedamos un largo rato observando a aquella ave sin saber qué hacer.

    --¿Deberíamos contárselo a alguien? --pregunté.
    --Podríamos ganar millones --dije pensando en voz alta.

    Andy me mandó una mirada severa, como sí lo que acababa de decir fuese algo sin sentimiento, aunque en cierto modo lo era para el pobre animal, el cual se había quedado dormido después de haber estado más de media hora golpeando aquellas paredes de vidrio indestructible que le rodeaban.

    Pasada otra media hora, me levanté con decisión armándome de valor y dije las palabras que ninguno nos atrevíamos a decir:

    --Hay que hablar con la jefa.

    Vale, creo que ahora mismo todos estabais pensando que ella lo sabía. Pero no, pensamos que sería mejor idea llevar este tema por nuestra cuenta por si algo salía mal..

    Los siguientes días fueron extraños. Después de dejar el dodo en manos de mi jefa, ya no sabia nada de él.

    Estaba pensando embobado, hasta que mi móvil comenzó a sonar: “ANDY”, ponía en la pantalla de mi móvil, el cual no paraba de mirar. Lo cogí todavía atontado.

    Tuvo que repetirme tres o cuatro veces lo que dijo, porque no me lo podía creer:

    --¡Somos millonarios! --gritaba entusiasmado.

    Yo no entendía nada.

    --¿Cómo que somos millonarios? --pregunté.

    Andy me explicó que nuestra empresa había vendido el dodo a una compañía muy importante y nos habían pagado una buena cantidad por ello. Nosotros fuimos los beneficiarios de la gran parte de ese dinero, ya que fuimos los que logramos “resucitar” a ese animal.

    Habían pasado meses, y mi vida había cambiado completamente. Ahora me encontraba viviendo la vida de mis sueños. No tenía que trabajar, vivía en una casa gigante, en el lugar que siempre había deseado…
    Pero seguía habiendo algo que me comía el coco todos los días: ¿dónde y cómo se encontrará ese animal? Desde aquella llamada de Andy no me había molestado en informarme qué harían con él. Lo último que supe fue que se lo habían llevado a hacerle un ensayo clínico.

    No sé en que momento cogí un avión y decidí aventurarme hacía el laboratorio donde tenían retenido al animal.

    Una vez allí, me dejaron entrar, ya que tenía algunos excompañeros que trabajaban ahí.

    Entré en una sala y se podía ver cómo agarraban al animal para quitarle una pluma. También se veía una muestra de un dedo de su pata en la pared, parte de su piel en un tarro…
    Y lo peor de esa imagen fue escuchar al dodo gritar de dolor, aquel animalillo que un amigo y yo un día cualquiera trajimos de vuelta a la vida.

    Me acerqué a la mesa donde aquellos científicos lomantenían sujeto. Oí un ruido y giré la mirada. En milésimas de segundo el dodo me había enganchado la mano con aquel pico, curvo, de un amarillo canario y fuerte.Comencé a marearme. Caí en el centro de aquella sala, en ese suelo de policloruro de vinilo. Sentí una gran cantidad de agua congelada cayendo a mi cara, e instantáneamente me levanté como una flecha.

    Lo primero que ví fue una gran cascada; de ahí debió de haberme caído el agua, pensé. El resto era todo una gran selva. Súbitamente aparecieron varios dodos a beber agua.

    ¿Donde coño estaba?

    ¿Vivo o muerto?

    ¿Vivo o muerto?

    Caminaba por las calles desiertas de mi ciudad. Miraba al suelo pensando en nada, aunque mis pensamientos se centraban en mi última clase, una incomprensible.
    Le daba demasiadas vueltas, sobretodo a un experimento de física cuántica. Una paradoja de un gato en una caja, donde veías 50% de probabilidades de morir y 50% de vivir.
    Al principio me fije en lo cruel que era, pero luego todo se complico. Pero antes de llegar a eso, hay que saber que el animal no estaba solo, ya que habían más cosas a su alrededor: encontramos lo que decidía sí viviría o moriría, ya que no le correspondía decidir al gato, y ni si quiera, a los de fuera.
    Esto es como un asesinato, así que, ¿lo tratamos como tal? Causa de muerte: veneno. Arma: martillo rompiendo una botella. Motivo: detector descubrió al electrón. Vale, ¿demasiado exagerado? Bueno, yo me entiendo, al menos hasta aquí, ya que cuando pasamos el umbral lógico, encontramos una realidad solo visible al abrir la caja. ¿Y se sabe como esta dentro? Pues sí, pero no. En realidad, está muerto y vivo a la vez, así sin más. Ahora que lo pienso, sigo sin entenderlo.
    Teóricamente, se que en el plano cuántico, la causa externa toma varios caminos. Así que es detectado, pero no, la botella se rompe, pero no, y solo lo descubres cuando miras. Pero en la practica me pierdo.
    Seguí pensando por un rato, haciendo teorías y preguntas. Pero lo más importante, ¿cómo podía ser?
    Después de un rato, aparte todo pensamiento, volviendo la cabeza al suelo y poniendo la mente en blanco.
    Continúe mi camino, hombros caídos y pasos lentos. Al rato me pare en seco levantando la vista, observando. Y sin molestar recibí el golpe igual. Mi cabeza cayo y mis manos se levantaron a socorrerla. Siempre igual... Cogí y observe lo que me habían lanzado, una simple piedra. La deje caer sin fuerzas y proseguí mi camino, no valía la pena luchar, ya no, no era más que un cuerpo vacío.
    Sin gente alrededor se apreciaba mi lamentable realidad. Si observaran solo verían un muerto cabizbajo, pero ahí estaba la gracia, no había nadie, nunca lo había, ya que eso rompía el sistema, definiendolo y decantándolo por una vida vacía y una sonrisa sin sentimiento. Era como el gato de la caja, ni muerto ni vivo, una mezcla, dos universos con un mismo centro, mostrando las dos caras de la probabilidad, dos reflejos de un espejo en mi conciencia, sin saber dónde empieza uno y acaba el otro, eso sí, cuando nadie observara.
    En soledad, me miraba y decía que estaba vivo, porque andaba y respiraba, que no podía estar muerto, porque gritaba y conservaba la razón, que vivía porque sentía mi alrededor. El problema es que a la vez gritaba que no, ya que mi alrededor vivía, pero mi interior estaba roto, que tenía que estar muerto, porque veía sin estar despierto, porque actuaba sin pensar, porque simplemente ya no estaba presente.
    Como ya he dicho antes, era como ese gato. Me encontraba encerrado en un mundo sin espacio para mí, al borde del abismo, sin peso sobre esta decisión, ya que era un factor externo el que hablaba.
    La diferencia aquí es que esa decisión estaba tomada, mi vida seguía, mi electrón había tomado un camino diferente, pero en la oscuridad la realidad era un tanto diferente. Habían varios caminos y en la soledad colapsaban juntos, mostrando la verdad. El martillo había caído y la botella estaba rota, pero a la vez estaban intactos. Mi interior se intoxicaba y notaba el olor del veneno, pero a la vez mi exterior sonreía. A veces vivía porque había algo más, mi interior no estaba vacío y mi cabeza retumbaba, pero otras morían, ya que sin rumbo fijo me olvidaba de respirar. Mis dos estados superpuestos me envolvían en dudas, me traían sentimientos y me los quitaban.
    Desde fuera parecía más sencillo, solo hacía falta una mirada para retornar a la vida, unos ojos traviesos para separar los universos, dejando una marca de presencia en el silencio. Desde fuera era fácil, estaba vivo, pero desde dentro las dudas me inundaban, vivía porque estaba aquí, pero moría porque no entendía el porqué.
    Note un ligero escalofrió, volví en mí, mire hacia delante y sonreí, mi madre me miraba desde lejos y apresure mi paso, no recordé lo que había pensado, me había decantado hasta la próxima.
    Ahora que pensaba con claridad, el principio de mi historia no tenía sentido, y es que mi perspectiva había cambiado. Ya entendía todo, al gato y su estado, pero de una forma diferente. Y que gracioso pensar que mi problema tenía nombre. Y es que, al final, no podemos elegir entre la vida y la muerte.

    "La curiosidad mató a la humanidad"

    "La curiosidad mató a la humanidad"

    Cómo empezar a hablar de un concepto tan complejo. Un sistema de conocimientos que a su vez, su significado se acompleja más cuando profundizamos en él. Esa palabra es ciencia. La manera por la cual el ser humano ha querido darle razones a todo lo que nos rodea. Al principio, fue un tabú, incluso castigado y ridiculizado, llegando hasta la muerte en las personas que la defendían. Pasaba el tiempo y eran más los que confiaban en los datos, lo físico, lo que se puede demostrar.
    La ciencia no es algo nuevo. En la prehistoria no habían laboratorios, es verdad, tienes razón, pero sí existía esa curiosidad y ese comienzo del raciocinio humano, el despertar del deseo del saber, ¿por qué el sol se pone y vuelve a salir cada día?, ¿por qué si pongo esta semilla en la tierra sale una planta? Preguntas muy básicas que nuestros más alejados antepasados se preguntaban, pero ha sido la base para poder estar hablando hoy de si puede llegar a haber vida en otros planetas, entre otras muchas cosas.
    El ser humano, destaca y se diferencia de los demás seres vivos por su capacidad de razonar y el interés por saber más, investigarlo todo, porque somos una especie muy curiosa. Con la ciencia hemos podido explicar incluso el funcionamiento de nuestro cuerpo, el de otros seres, nuestros orígenes, los de La Tierra, todo lo que está a nuestro alcance lo queremos saber. No obstante hay muchas cosas que no son a ciencia cierta, ya que son diferentes teorías que quedan en el aire, y es cuestión personal el creerse una u otra. El no poder explicar algo tal vez sea un fenómeno que nos inquieta, e incluso que nos puede llegar a causar estrés, miedo…, es el caso de algunas enfermedades que nos amenazan, ¿existirán ovnis?, ¿el cambio climático tal vez?
    Hemos sido capaces de alcanzar metas incuestionables. En el siglo XII, nadie pensaba poder pisar la luna, ni poder curar ciertas enfermedades, ni descubrir elementos…
    Quién sabe qué podremos llegar a ser capaces de hacer en un siglo, diez años, un milenio, el mes que viene, mañana…
    Nos hemos otorgado el propio poder incluso de acabar con nosotros mismos. Comenzando con la Revolución Industrial. La avaricia de nuestra raza se tapó los ojos con billetes y no miró atrás ¿y si lo hubiese hecho?, no habría encontrado mucha diferencia tal vez, pero tampoco podía saber lo que le esperaba delante, ya que dos ojos tapados no pueden ver más allá. No se equivocaba la frase que decía “quiso jugar con fuego y se quemó”. Sí, tenemos el poder, y cada vez son más los que pueden llegar a él, pero si jugamos con una cosa tan peligrosa como somos nosotros mismos, recordemos que fuimos nosotros los que descubrimos el fuego.
    Usemos nuestra capacidad para mejorar como comunidad en la que La Tierra, nuestra casa, en su conjunto pertenezca a ella. Exprimamos cada gota por saber lo que nos falta, que no es poco, pero sin dejar atrás ninguna vida. Usemos esta poderosa herramienta pero con cuidado, que más de uno quiso clavar un tacha y el martillo acabó en el dedo.
    No hace falta tener probetas, tubos de ensayo, un mechero Bunsen, ni un microscopio para hacer ciencia. Todos podemos aportar cosas y no pienses que tu cerebro no es potente. Pregúntale a Alexander Fleming, ¿acaso pensaba él descubrir la penicilina? O Wilhelm Röntgen, con los rayos X, no pensaba ver su mano reflejada en aquella pared. Investiga, indaga, nunca sabrás si lo que hagas servirá para salvar miles de vidas, aunque seas torpe, puede que se te caigan elementos químicos al suelo y descubras una cura. ¿Por qué no?
    Sin la curiosidad no sabríamos de la existencia ni de nuestro cerebro. Increíble, no saber que lo que te hace pensar, exista.
    Pero aunque sea fuerte oírlo, puede que se le haya dado el arma perfecta a la especie equivocada. Este poder ha sido abrir un portal muy difícil de cerrar y como dijo Gloria Fuertes: “A la ciencia hay que temerla: por un lado te cura la tos y por el otro te manda un avión a tu pueblo y te tira una bomba nuclear”. Una fortaleza tan buena y mala a la vez.
    Los dinosaurios no tuvieron ninguna culpa de su extinción. Sería totalmente penoso, que el humano sí fuera responsable de la suya. El hazmerreír del universo. Una especie que tiene la oportunidad de pensar, lo haga para destruirse y además sabiéndolo. Ahora me hago yo una pregunta, ¿sería capaz la ciencia de explicar este fenómeno?
    Sabemos perfectamente que la curiosidad mató al gato. La excesiva inquietud es muy perjudicial decían. Pues hoy, yo espero, que la curiosidad no mate a la humanidad.

    29, 12ᴼ 44'' 2.8016'

    29, 12ᴼ 44'' 2.8016'

    Otros veintinueve días transcurrieron silenciosamente. La ansiedad acrecía a medida que las estaciones esperaban por mí. Sentía que el tiempo se me escurría como pólvora de estrella olvidada. Maldecía el momento en el que mi dulce ingenuidad se vio mezclada con un puñado de endorfinas tóxicas. Parecía que todo el cosmos se cernía sobre mí; podía oír a todos en Andrómeda reírse sin vergüenza alguna.
    Sí amigos, hasta allí sabían que llevaba enamorada de Tierra desde los inicios.
    Podría haberme embelesado de Mercurio, tan elocuente y consistente, que a menudo me saluda y me brinda apoyo. Con su personalidad, unas veces frívola y otras en las que hace subir el termómetro. Pero desde un principio de fijé en eso; tan inestable, tan variable que lograría destruirme con esa aceleración tan característica suya.
    O igual de Venus, que la definiría como la mismísima Afrodita en todo su esplendor, y a quien juraría que Midas bendijo con su hermosura fulgurante. Venus es eso: gloria y encanto de lejos, intocable, asfixiante en sus tierras, acaparadora del dióxido y el egocentrismo, creada solo para adorar.
    Y Marte. Oh, mi querido Marte.
    Tenía por supuesto que era el mejor de todos; esa virilidad, esa pasión ardiente que recorre cada uno de sus poros. Le dediqué el mayor de mis temores, pues me inquietaba la idea de que mi amada terminase cayendo en sus ligeros desiertos. Ni siquiera Fobos y Deimos tenían esperanzas en mí; una suerte que sus sentimientos solo estuvieran dispuestos para Sol.
    Después está Júpiter, el sexto cielo. Me compadezco de él, creo que todos aquí lo hacemos por todos los años que pasó en la pesadumbre. Si lo tuviera que describir empezaría por lo grandioso que es, un descomunal espíritu atormentado por el primer periodo y el segundo de la nobleza. Percibo desde mi posición que es, al igual que Mercurio, veleidoso con un ánima azul. Siempre he pensado que esos dos tuvieron algo. A estos niveles lo único que puedo sentir es misericordia. Solo espero que Cronos sea piadoso con ellos.
    A Saturno la definiría como la incógnita que nunca fue resuelta. Ella es un enigma rodeado de atlas y cajas de Pandora. Algo lenta. Nadie sabe lo que realmente piensa tras ese escudo. Me hubiera gustado acompañarla en su travesía pero sé en algún momento alguien vendrá a descifrarnos esa Teoría de Cuerdas.
    Sin duda alguna, Urano y Neptuno fueron creado uno para el otro. Rompiendo a Kepler, termodinámicamente equilibrados, unidos por el metano saturado del desorden. Haría un pacto con el diablo al decir que, efectivamente, a pesar de sus diferencias y distancias, permanecerán juntos hasta que Sol se convierta en una enana blanca.
    Por último tenemos a Plutón. Tristemente, vive demasiado lejos de mí como para poder divisarlo. Ese prejuicio de frívolo y glacial le persigue hasta hoy día, aún más sabiendo que se convirtió en un puñado de número. Sin embargo, la vehemencia pasea por su densa superficie. Parece que no se rinde. Que, pese a todo, sigue orbitando alrededor de Sol en vez de olvidarse él por una vez. Yo tampoco me puedo quejar demasiado.
    No obstante, de todos estos planetas, Tierra consigue atraerme hasta enloquecer. Porque ella es arte por sí misma. Es simplemente pureza y bondad; la culminación del triunfo, la mismísima perfección. Es capaz de culminar la doctrina ordinaria, haciendo mis días más risueños y luminosos.
    Pero, ¿por qué no me quiere? ¿Es porque no soy Marte, tenaz y rubí? ¿Porque no soy Venus, lustrosa a la que admirar? Dime, ¿por qué?
    Tierra es hermosa; llena de verde y vitalidad. Nada comparable con las alegadas nebulosas y virtuosas constelaciones que a todo el mundo le fascina. Empero a medida que pasa el tiempo se vuelve más turbio poder contemplarla, pues cada vez la observo más saturada, más cansada y más artificial. Era consciente de que acoger a esas pequeñas criaturas no era buena idea, pero ella, con su puro corazón, no pudo negarse. Ahora las consecuencias son nefastas.
    Quizás seamos así para siempre. He pasado la eternidad a tu lado, desde el momento en el que el universo fue creado, en infinitos siglos. Me gusta pensar que soy de ayuda, que tus sentimientos por mí son recíprocos, que tus aguas se alejan y regresan por mí. Tierra mía, probablemente giraré a tu alrededor hasta los confines de los tiempos. Espero que algún día entiendas mis palabras. Siempre seré tu Luna. Tu querida y amada Luna.

    A CIENCIA CIERTA

    A CIENCIA CIERTA

    Solíamos observar el atardecer. Esperábamos ansiosos que el Sol, disperso y achatado, nos regalase su último destello de color verde antes de desaparecer por completo. Como un Madrid en los 80, caminábamos en un estado de éxtasis casi constante por las calles de Malasaña. Ciento treinta pulsaciones por minuto, dopamina, adrenalina, serotonina y mucha cafeína: en eso consistían todas nuestras tardes. No conocíamos la adenosina; pese a tomar café con el reloj acariciando la hora de cenar, ambos conciliábamos el sueño de maravilla.

    Ese día fue diferente. Pedí dos cafés para llevar en nuestro sitio favorito, pero el café iba a saberme más a amargo de lo habitual. Mientras me acercaba a su portal, intentaba ordenar mi mente y me recordaba a mí misma que debía tratar de ser más racional; que la impulsividad me había jugado malas pasadas y no era esa gran aliada que siempre había creído tener. Éramos la ley de Murphy. Cada uno de nosotros, con nuestra contraria forma de ser y existir, contribuíamos a ello. No es de extrañar, pues ambos lo sabíamos, pero seguíamos tomando café cada día. Estar con él era como dejar caer las yemas de tus dedos sobre un frío hielo que termina por abrasarte la piel. Y yo... yo quería llenar de vaho sus cristales. Y aquella noche me sentía más fría. Dentro de mi impulsividad e impredecibilidad, mi manera de comportarme seguía unos patrones; como si del funcionamiento de una máquina se tratara.

    Hace un tiempo bauticé mi vida, y me atrevo a decir que la de la de la mayoría también, como PWM: Pulse Width Modulation. Tanto nuestro estado anímico como aquellas cosas que nos pasan y juzgamos como mejores o peores, pueden ser representadas en PWM; como una especie de onda que inicialmente se encuentra muy arriba, seguidamente muy abajo, y por último alcanza la estabilidad. Quizás utilice esta metáfora a modo de analgésico, para calmar aquellos momentos de emociones extremas, así como tener esperanza en la parte baja de la onda pues la estabilidad está por llegar, o para mantener los pies en la tierra cuando creo estar en la cumbre de la montaña. No lo sé, pero me resulta una comparación con la vida extremadamente bella; con sus altos y bajos llenos de euforia, cafés y atardeceres o frío, oscuridad y vacío y sus momentos entremedias que nos recuerdan qué es estar

    vivos realmente. Desde entonces también lo utilizo para hacerme la interesante cuando lo necesito. Mi situación actual desde las últimas semanas se situaba en el mismísimo inframundo. Al llegar a su puerta ya no me importó. Él era un agujero negro y yo... yo un algo bioluminiscente que él conocía a la perfección, con impulsividad e impredecibilidad. Al abrir la puerta: frío y calor, agua y aceite.

    Tomamos el café resguardados entre mantas y, en silencio acabamos mirando al techo tumbados sobre su colchón. Mirar aquel techo era como mirarle a los ojos. Y quedamos pensativos. Ni rastro de aquella metamorfosis interminable. Podía sentir sus latidos apoyada sobre su pecho. Calma tras la tempestad. Ni si quiera alcanzaba las tres cifras en pulsaciones. Restos de la pólvora con la que solíamos jugar.

    -¿Qué somos?

    En ese momento recordé el sabor amargo del café en mi boca.

    -No lo sé. No sé. ¿Por qué hay que querer saberlo todo?

    -A veces no sé de qué manera te quiero. Lo único que tengo claro es que lo hago. Pero no consigo saber cómo y eso me agobia.

    -¿Sabes? La vida es incertidumbre. No sabemos nada. Hace unos meses leí un artículo sobre el principio de incertidumbre de Heisenberg, ¿te suena?

    -Sorpréndeme, cerebrito.

    -Me caes mal. El caso es que- tomé su mano y con el dedo dibujé la fórmula en su palma, tal y como hice con las ondas de PWM en su momento- no podemos saber nada con certeza. Por mucho que queramos, la vida es incierta. ¿Por qué no disfrutar de no tener ni idea de qué va a ser de nosotros?

    Le conté, como siempre, con palabras complicadas que no entendía aunque dijese que sí, en qué consistía exactamente el principio. Entre medias, introduje otra metáfora con el gato de Schrödinger porque su gato también nos hacía compañía de vez en cuando encima de las mantas.

    -Puede que tengas razón. Pero tú eres así. Eres incertidumbre pura.

    -Lo sé.

    -Podemos querernos y ya está. Sin saber nada más con certeza que eso.

    -Oye, teluro cobre.

    -Yo también.

    Y así, sin saber nada, paseamos hasta la boca de Metro. Quizás esa sería la última vez que caminaríamos como ebrios, pero con cafeína en vena, eclipsando a la espera de un último destello de color verde. Quizás lo fue. Y es que, quizás también, nunca supe nada a ciencia cierta.

    Agua

    Agua

    Hola, mi nombre es Agua. Siempre he querido contar cosas sobre mí, sobre mi vida, sobre todas las cosas interesantes que he vivido. Así que vayamos por partes.

    Empezaré diciendo que soy algo muy peculiar: No tengo olor, tampoco sabor. Ni siquiera tengo color, aunque si me junto con el resto de mis partes adopto un hermoso color azul. No conozco de nada más en este mundo que cumpla con esos tres atributos. Sí te topas con algo que no tiene olor, color,ni sabor ¡Ten por seguro que soy yo¡

    Yo llevo en este planeta mucho tiempo, tanto que ni siquiera recuerdo muy bien mi origen, sencillamente ocurrió de un momento para otro. Sea cual sea mi origen, tanto tiempo me ha dejado claro lo indispensable que soy. Todos los demás seres están hechos de mí, incluso los que viven en los lugares donde menos estoy me siguen necesitando. ¡Hasta las plantas, que no se mueven de donde están, son totalmente dependientes de beber! Y sin plantas, el mundo como lo conozco no existiría, por lo tanto ¡El mundo se acabaría si yo no estuviera en él! Pero los que más me necesitan, son sin lugar a dudas los Peces. Ellos no me beben, me respiran. ¿Qué cómo es eso posible? Pues se debe a que soy medio oxígeno, medio Hidrógeno. Y los peces en lugar de estar en la superficie consumiendo el oxígeno del ambiente, ¡Absorben el que tengo yo! Solo otros animales son capaces de hacer eso además de ellos.

    Ahora que ya he dejado claro lo indispensable que soy, os contaré cómo es posible que esté en todas partes. Hay varios trucos que sólo yo puedo hacer: El primero es ser muy grande, que ocupes muchísimo espacio, que tu cuerpo sea tan grande que ocupe casi todo. Yo cubro casi las tres cuartas partes de la superficie terrestre ¡Y eso sin contar todo las partes de mí que están guardadas en los recipientes de esos extraños humanos! La segunda, es fluir fácilmente. Yo siempre encuentro mi camino para seguir avanzando, aprovecho hasta la más mínima oportunidad para seguir adelante. Esos pequeños agujeros en las rocas, los enanos poros en la tierra… ¡A veces me siento completamente imparable¡ Yo no tengo forma, y eso me permite entrar en cualquier espacio, no importa cual. Y la tercera es adaptarse a las circunstancias. Yo no sólo me encuentro en estado líquido, también puedo estar en estado sólido y gaseoso. Otras cosas son incapaces de cambiar de forma ¿La madera se está quemando? No esperes que se haga gas de madera y luego se vuelva a convertir en tablones normales ¿Esa oveja se congela? Pues seguramente que muera. Yo sin embargo no ¡Según las circunstancias me adapto una de esas tres formas y así puedo estar en lugares cálidos, fríos y de temperaturas normales!

    Pero ser así no son sólo cosas buenas. Esos humanos son muy inteligentes, y crean muchas cosas increíbles. Sin embargo, ese material que ellos llaman “Plástico” ¡Qué asco que me da, qué por más que lo intento no puedo destruirlo! El resultado es que los peces piensan que es comido y que so lo comen, acabando esos plásticos en la dieta de otros animales y al final en la de los humanos. O esas gigantescas islas de basura, que me da vergüenza al verlas. Y no es sólo el plástico, los humanos hacen tantas cosas perjudiciales para qué son demasiadas para nombrarlas, y todo lo malo que me pase a mí es algo malo que le pasa al planeta y a ellos, según he visto, ¡Ellos ya están al tanto y van a hacer lo imposible para cuidarme¡ O eso espero…

    A veces, me pregunto si habrá más como yo ahí fuera… Y si hay, ¿Cómo será? ¿También será tan peculiar como yo? ¿Se adaptará igual a las circunstancias? ¿Ocupará tanto espacio como lo hago yo? No lo sé, pero lo que sí sé es que soy Agua, y nadie puede cambiar eso. Da igual lo mucho que lo intentes, pero yo soy especial. Y por ser como soy, esta maravilla de planeta es posible.


    Aguijón

    Aguijón

    Hoy hablaré de uno de los mejores animales que existen en la tierra, el escorpión.
    Los escorpiones son artrópodos de ocho patas , con unas pinzas enormes y un aguijón venenoso. Miden entre 9 mm y 23 cm.
    Eso es lo que diría alguien si le preguntas qué es un escorpión.
    Pero este animal, puedes ser increíblemente bonito. Los escorpiones, al iluminar los con rayos ultravioletas por la noche, desvelan un secreto capaz de fascinar a cualquiera: su cuerpo emite una luz de color azul. Si te preguntara por qué les pasa est, la mayoría de la gente no contestaría nada, pues bien, se debe a que su cuerpo contiene una proteína fluorescente de la cutícula, la capa más externa de su esqueleto.
    Imagina que vas a una fiesta por la noche, y se van las luces, ¿a qué no te vendría nada mal un escorpión que te quepa en el bolsillo y que, a poder ser, no te paralice el cuerpo al inyectarte el veneno a través del aguijón?
    En el mejor de los casos, te paralizaría el cuerpo, y en el peor, morirías.
    No intentes encontrar un escorpión que no tenga veneno porque todos tienen, pero solo 25 de cada 30 especies afecta a los humanos.
    Este increíble animal nos serviría de lámpara en muchos casos, pero no te recomiendo tenerlo en tu habitación. Además, son animales salvajes, no se sabe como podría reaccionar, así que, de momento, no se te ocurra llevarte uno a casa...

    Agujero en el corazón

    Agujero en el corazón

    ¿Cómo se puede ser feliz cuando todo aquello que se acerca a ti lo destruyes? Esa es la pregunta que me hago todos los días de mi vida desde hace millones de años.
    Algunos dicen que tengo mucha suerte al tener la capacidad de atraer que yo tengo, que todos se acercan a mí porque piensan que soy muy caliente y que en realidad yo no tengo la culpa de hacerles daño. Muchos otros dicen que soy muy tóxico y que lo absorbo todo porque soy muy egoísta y sólo quiero que formen parte de mí, que siempre quiero ser el centro de la galaxia y que para llamar más la atención absorbo hasta la luz.
    Creedme, si pudiera elegir cómo actuar nunca actuaría así, juro que no lo hago con maldad. A día de hoy sigo sin entender cómo me puedo sentir tan vacío estando tan lleno. Al principio pensaba que cuanto más me llenara y más grande me hiciera mejor me sentiría, pero tras absorber tanto y no sentirme bien decidí́ intentar mandar alguna señal a algo o alguien con la esperanza de que al fin me encontraran para poder contarles mi historia. Es por eso que les envié una señal que se pudiera ver bien, un chorro de materia. Gracias a eso llamé la atención a unos seres de un planeta que está a unos 53,49 millones de años luz de mí. Creo que me han investigado y que les interesa mi historia, son los primeros que quieren escucharla, aunque también creo que saben que soy peligroso y no se acercarán mucho a mí, pero sinceramente no me importa mientras mantengamos el contacto.
    ¡Ah!, se me olvidaba contarlo, creo que les hizo tanta ilusión como a mí encontrarnos ya que me sacaron una foto y la publicaron en unas cosas llamadas periódicos que ellos tienen para informarse. Todas las noticias de ese 10 de abril de 2019 hablaban de mí y de los que me encontraron. No puedo esperar para que descubran más cosas y comprueben que en realidad yo no soy malo.
    Con amor desde la galaxia M87, un agujero negro supermasivo amigable.

    Ahora, el agua.

    Ahora, el agua.

    Me gustaría dar especial importancia a uno de los componentes más importantes de nuestra tierra; el agua. Ahora, en esta semana en la que se celebra su 50 aniversario.

    El agua es ahora y será siempre, esencial en nuestras vidas. Un elemento indispensable para nuestra humanidad y para el resto de los seres vivos. Todos la necesitamos, y no solo para beber. El agua es, además, símbolo de pureza y limpieza

    Por todos es conocida su importancia en la tierra y en el ser humano. Ahora y siempre hemos estado formados por un 80% de agua y aproximadamente, el 70% de la superficie de la tierra está recubierta por ella.

    En este tiempo de confinamiento nos hemos dado cuenta de que la vida sigue sin nosotros. Mientras los seres humanos estamos ausentes, ahora, las ballenas y sus crías reconquistan sus mares.

    Ahora que prácticamente todo el mundo lleva cerca de dos meses confinados en sus casas, ahora los mares y océanos lucen más limpios que nunca.

    Cuando las empresas han cesado su actividad, los vertidos contaminantes han disminuido y ahora las aguas de nuestros ríos han mejorado su calidad.

    Ahora que no hay tantos cruceros ni barcos en nuestros mares, los peces y animales marinos se sienten en libertad. Ahora llegan delfines a nuestras playas cuando antes solo había turistas.

    Las aguas de los canales de Venecia en Italia lucen ahora más cristalinos que nunca porque no hay ni turistas ni gabelas.

    Ahora y siempre seguiremos teniendo la necesidad de beber agua para vivir. Por lo tanto, ahora es el momento de dar la importancia que tiene al agua, porque el agua es nuestra vida.

    Ahora, más que nunca bebe agua. ¡Ahora, vive!

    Aquello, agujero negro

    Aquello, agujero negro

    Los agujeros negros tienen una grandísima fuerza de gravedad y son capaces de absorberlo todo, incluso a la Luz. Todo aquello que entra en ellos no puede salir, se queda atrapado en lo desconocido.
    Se dice que se forman cuando una estrella muere, pero no una cualquiera como el sol, no algo tan común, sino, estrellas majestuosas con una masa colosal que cuando su vida se acaba son capaces de crear el único fin.
    La mayoría los asocia a la negatividad y a lo dañino, pero en realidad son lo más natural que existe. Son un espejo de lo que es nuestra vida.
    Existen personas que son como esas estrellas, y no hablo de personas conocidas en todo el planeta, ni los muchos famosos que existen. Hablo de personas que son lo más grandioso para otras más reducidas. Hay gente puede llegar a ser todas las estrellas en una misma vida. A lo mejor no para los millones de personas que viven, pero si para una cantidad insignificante e incluso para una sola. Y cuando esa persona tan monumental desaparece, ahí es cuando el agujero negro toma su lugar, absorbiéndolo todo sin dejarlo escapar. Y entonces pueden llegar a ocurrir hechos e historias terribles, puede que ese agujero, negro como él solo, se lleve por delante la vida de pequeñas e insignificantes estrellas que lo único que hicieron fue complementarse con aquella otra estrella fugaz. Y no fugaz en lo corriente si no en lo real.
    En nuestra vida puede haber distintos agujeros negros, quizá para algunos sean depresiones, para otros sean lugares, e incluso se me ocurren otros como recuerdos, drogas, fotos. Porque cuando algunas personas posen la suerte o la desagracia de formar parte de una de esas estrellas tan bellas y perderla, absolutamente todo puede llegar a convertirse en un agujero negro. Todo lo que ayer era vida, mañana será destrucción.

    Atrapado En El Agujero

    Atrapado En El Agujero


    En el año 1986 el Transbordador Challenger iba a ser lanzado al espacio; desgraciadamente, en su intento de hacerlo explotó en el aire. Murieron 7 personas ese día, siendo Christa McAuliffe, una maestra de secundaria, “el rostro de la tragedia”. En la misma nave estaba el padre de un joven llamado Michael Smith. El pequeño Michael se dio cuenta en ese momento de que quería ser astronauta y que el mundo los recordara, a él y a su padre.

    El tiempo fue pasando hasta que llegó el día de las pruebas para ser astronauta. Michael se esforzó a más no poder, pero fue en vano, porque no clasificó. El pobre casi se corta las venas; sin embargo, un tiempo después recibió una gran noticia: El primer clasificado se había asustado mucho, se echó atrás y él era el siguiente en la lista y podría conseguir su sueño. Estaba tan contento que se olvidó de que, si no seguía pagando al banco, iban a quedarse con la casa de su madre y ella se quedaría en la calle. Pero, ¿qué mejor para olvidarse de algo que estar en el espacio?

    Su misión era fácil: Tenía que estar en una sonda espacial un año y tomar nota de los cambios que estaba sufriendo la Tierra a causa del calentamiento global. No podía ser más sencillo, pero cuando las estrellas se alinean para que tu vida sea un fracaso, lo único que puedes hacer es mantener la calma.

    Tras tres meses de libertad absoluta, llegó el factor aburrimiento; no obstante, sus plegarias fueron escuchadas: Una aventura iba a comenzar, porque un pedazo de meteorito chocó contra el lado derecho de la sonda y esta se perdió a la deriva. Como si el destino lo hubiera querido así, el pobre Michael se acercaba cada vez más a “Sagitario A”, el agujero negro que está en el centro del universo. No podía hacer nada excepto aceptar su destino. El enorme agujero negro se lo tragó junto con el resto de piezas que quedaba de la sonda.

    Al entrar en el agujero negro, una luz poderosa lo cegó y se desmayó. Se despertó en una mina donde habían dos mineros picando los muros. Michael pensaba que eran alienígenas, pero hablaban su idioma y eran personas conocidas en otra realidad. Se parecían a los mandatarios Donald Trump y Kim Jong-Un pero allí solo eran unos mineros. Ellos se volvieron y, sin pensarlo más, se arrodillaron y le besaron los pies, diciendo: “¡Gran rey Michael!”. Michael les pidió que se levantaran, y luego les preguntó dónde se encontraba. Enseguida le respondieron que estaban en el reino de Gacrux y que él era el rey de todas aquellas tierras, poseía incontables riquezas, que era alabado por todos y cada uno de sus súbditos y que disfrutaba de todas las mujeres que deseaba.


    Michael nunca había poseído riquezas ni había gozado de las mujeres que le habían apetecido…Por no mencionar que, al otro lado del agujero, su madre se iba a quedar sin casa y con lo puesto.

    El joven Michael les preguntó a los mineros dónde estaba su gran palacio, y el minero naranja dijo: “Solo tiene que ver la dirección de las casas; todas miran a su palacio”. De inmediato, el minero amarillo dijo: “Fue su requisito principal: todas las casas encaradas hacia el Este, y nosotros, sus fieles súbditos, le obedecemos”.

    Michael siguió la dirección de las casas y llegó a su hermoso palacio, custodiado por miles de guardias, pero como él era “el Gobernante Supremo”, los guardias le dejaron pasar. Subió al último piso del palacio y se encontró con el mismo: él era el Michael de la realidad del reino de Gacrux, un Michael que era querido y temido por su pueblo; en su realidad era tan solo otro astronauta muerto.

    Michael tomó la decisión más sabia que se pudo haber tomado, y asfixió a su doble hasta la muerte; a continuación, se puso su ropa para que pensaran que él era el verdadero gobernante y ordenó que quemaran el cuerpo del “farsante”.

    Así fue pasando el tiempo. Michael era feliz con su vida de mandatario supremo. Disfrutaba de fiestas, lujos y sexo, y cuando se aburría mandaba a la horca a un par de campesinos; luego, más fiesta y más sexo.

    Sin embargo, un día llegó el aburrimiento : ahorcar a campesinos ya no le alegraba, matar al naranja y al amarillo apenas dibujó una sonrisa en su boca. Finalmente, decidió escaparse de su palacio de noche para ver el cielo, y se dio cuenta de que nunca se había parado a hacerlo. Se recostó en el prado y lo contempló, pero el problema fue que no había ninguna estrella en ninguna parte, así que rompió a llorar y recordó la hipoteca de su madre.

    Atrapados En El Tiempo

    Atrapados En El Tiempo

    Miguel es un chico común y corriente como lo demás, le gusta los videojuegos, las películas, comer, dormir, pero lo que más le gusta es la física y sobre todo la física teórica, la astrofísica y la astronomía. Leía libros de grandes científicos, revistas científicas, divulgaciones y descubrimientos de dichos campos. Algunos de sus científicos favoritos eran Werner Heisenberg, Albert Einstein, Stephen Hawking, entre otros, de los cuales siempre que podía leía sus descubrimientos y teorías, intentado averiguar todo aquello que escapaba a su conocimiento.
    Recientemente había comenzado a leer el último libro publicado de Stephen Hawking, “Brief Answers To The Big Questions”, un libro que tenía “respuestas” para preguntas muy complicadas que se llevaban planteando desde el principio de la historia.
    Había una pregunta que siempre le causó mucha duda a Miguel, ¿son posibles los viajes en el tiempo?, el pensamiento de este chico fue como el de cualquier otro y es que NO son posibles los viajes en el tiempo porque como sugieren muchas teorías al respecto, el tiempo es lineal y solo va hacia delante, pero se sorprendió al leer la respuesta que proponía Hawking en su libro al proponer que el tiempo y el espacio se curvan.
    Sorprendido por dicha respuesta Miguel se propuso crear una máquina del tiempo basándose en varias teorías, como la teoría de la relatividad general de Einstein y la teoría de los agujeros de gusano. La idea se la comentó a uno de sus amigos, Adrián, otro fan de la física y que siempre creyó en los viajes temporales. Y juntos empezaron a construir la máquina sin que nadie más supiese de su existencia.
    Pasaron varios años hasta que terminaron de construirla y la bautizaron como TimeKing, en homenaje a Hawking y al tiempo. Para probarla decidieron meterse en ella y viajar al futuro. Introdujeron diferentes parámetros y toda una serie de datos, chequearon todos los instrumentos y finalmente introdujeron las coordenadas y el año al cual querían viajar: al año 2127. Dieron al botón que cambiaría sus vidas para siempre al recorrer 107 años en segundos.
    Sorprendentemente funcionó y llegaron al año esperado, pero la Tierra había cambado bastante, los edificios estaban derruidos, había vegetación por todas partes y los animales andaban por donde se suponen que tenían que ir los coches. Rápidamente volvieron a la máquina que dejo de funcionar. Su principal fuente de energía, la electricidad, se había agotado y se quedaron solos en una tierra deshabitada. Al menos eso pensaban.
    Los chicos escondieron la máquina y fueron en busca de la fuente de energía y de respuestas, anduvieron durante varios kilómetros sin resultados, cuando estaban a punto de dar todo por perdido vieron, a lo lejos, una sombra que se dirigía hacia ellos lentamente. Insensatos, sin saber que hacer decidieron acercarse, poco a poco los amigos iban distinguiendo más y más las sombras vislumbrando a un chico de unos 23 años, estimaron.
    Al estar cara a cara el chico les dijo que lo siguieran. Sin dudarlo mucho, lo hicieron. Por el camino, los amigos le preguntaron su nombre a lo que él dijo que se llamaba Diego. También, preguntaron qué había pasado aquí. Diego, extrañado de oír esa cuestión, se paró, se dio la vuelta lentamente hacia ellos y les hizo una simple pregunta “¿enserio no saben lo que ha pasado aquí?”
    Tanto Adrián como Miguel negaron con la cabeza dejando el tema de lado y continuaron caminando. Diego los llevo con el resto de los supervivientes, cuando llegaron preguntaron qué había ocurrido con el mundo que conocían a lo que los supervivientes extrañados y desconcertados le contaron la historia del fin del mundo.
    “Todo comenzó en 2020 con un virus conocido como “Covid-19”. Fue un año duro dónde el virus causó muchos muertos y casi nos llevó a la quiebra mundial, peor que el crack del 29. Por suerte, se consiguió una vacuna a tiempo pero después de eso comenzó lo peor. Los americanos sospecharon que el Covid-19 fue inventado por los chinos y Trump, presidente de Estados Unidos, empezó a acusarlos. Los chinos respondieron cortándoles sus materias primas y América contraatacó con amenazas estallando, finalmente, la guerra entre las superpotencias que destruyó a la Tierra y desencadenó una serie de catástrofes naturales que acabaron con casi toda la humanidad.”
    Miguel y Adrián habían viajado al tiempo erróneo y cuando los supervivientes le preguntaron por qué no sabían la historia, ellos decidieron decir la verdad, decir que habían viajado en el tiempo y que ahora no saben como salir de ese horrible momento.

    Aventuras en Wuhan

    Aventuras en Wuhan

    -Mira Enzo, ¡ya comienza el aterrizaje! – exclamó Raúl.
    -Es verdad, ¡Wuhan nos espera! – dijo Enzo entusiasmado tras veinte horas de viaje. Nada más llegar, se instalaron en un lujoso hotel de la localidad en el que iban a pasar toda una semana. Al día siguiente, siguieron su plan de turismo: por la mañana visitaron el Museo Provincial de Hubei que aguarda las antigüedades de la zona. Después, hicieron la compra en un inmenso mercado en el que había toda clase de mariscos. Luego, comieron en uno de los mejores restaurantes de la zona: el Han Cafe y por último fueron a ver un partido de baloncesto entre dos de los mejores equipos de China. A ambos les encantaba dicho deporte, aunque Raúl con únicamente 18 años jugaba en el Real Madrid. Enzo era mejor en los estudios y soñaba con ser el fisioterapeuta de su amigo. Ya de noche, regresaron al hotel e inmediatamente fueron a darse un baño en el spa, todo según sus planes.
    Después de la calma llegó la tempestad. Al despertarse, encendieron la tele para ver las noticias locales y había ocurrido algo inesperado: la propagación de un nuevo virus: el coronavirus. Se había puesto a toda la región en cuarentena y habían cerrado cualquier vía de salida de Wuhan. Estaban encerrados y no sabían durante cuánto tiempo se quedarían allí, sin poder ver a sus familias, seres queridos… Siguieron viendo la tele y escucharon la peor noticia de todas. El virus se había propagado en el mercado en el que habían estado. Es entonces cuando llegaron las verdaderas preocupaciones.
    - Enzo, ¡podríamos estar infectados, debemos ir al médico cuanto antes! – gritó Raúl desatado.
    - Tienes razón Raúl, pero lo primero que debemos hacer es mantener la calma y hacer caso a las autoridades. Además, por ahora ninguno de los dos presentamos síntomas y estamos en buenas condiciones – le corrigió Enzo.
    Por la tarde, decidieron jugar a videojuegos para liberarse del estrés y olvidarse de la situación en la que se encontraban. Llegó la noche y después de cenar en el hotel en el que iban a pasar mucho más tiempo del previsto, Raúl comenzó a toser de una manera muy sucesiva y además notaba que le había subido la fiebre. Fueron rápidamente a la recepción del hotel en busca de un vehículo que los llevara al hospital. Raúl, cada vez tenía más dificultades para respirar y apenas se podía mantener en pie. Inmediatamente llegó la ambulancia y se llevó a los dos amigos. Enzo pensó que el también estaría infectado ya que ha pasado todo el viaje junto a Raúl. Llegaron al hospital y les hicieron las pruebas. Se confirmó que Raúl tenía el coronavirus y se lo llevaron en camilla a una habitación repleta de gente infectada. En cambio, Enzo según lo que decían las pruebas estaba sano, sin embargo, ni él ni los médicos se lo podían creer así que lo aislaron en una habitación a espera de que se manifieste el virus.
    Pasaron dos días y Enzo seguía igual, sin molestia alguna. De la situación de su amigo no se sabía mucho, simplemente que su caso era grave y cabía la posibilidad de que falleciese. No obstante, los médicos y los científicos estaban muy pendientes de Enzo y decidieron hacerle un análisis más a fondo de su ADN. El ADN es una molécula que contiene la información genética de todos los seres vivos, en nuestro caso la de los humanos, e incluso de algunos virus. Es hereditario y se copia en el núcleo para fabricar la proteína deseada. Por ello los científicos se querían centrar en investigarlo ya que el ADN de Enzo podía tener alguna información que se desconoce del virus.
    Y así era. Tras varias horas de trabajo, descubrieron que Enzo tenía una mutación en el ADN que le hacía inmune al coronavirus. Una mutación, es un fallo en la copia del ADN, puede ser perjudicial, pero también beneficiario. En este caso, Enzo tuvo suerte ya que si fuera perjudicial el chico podría padecer alguna enfermedad grave, por ejemplo, un tumor.
    Los científicos estaban entusiasmados ya que con manipular el ADN de la gente y dejarles esa secuencia tal y como la tiene Enzo, todos serían inmunes. El problema es que esto requiere bastante tiempo y personal médico así que decidieron comenzar con los infectados para confirmar que las pruebas que le habían hecho a Enzo eran correctas. Él solicitó que empezasen por su amigo quien cada vez se encontraba peor y su situación era grave. Así lo hicieron y tras un día de reposo, Raúl estaba completamente sano. Tras esta gran noticia aplicaron el tratamiento a todas las personas que pudieron y en todas ellas funcionó.
    Al día siguiente, los dos amigos estaban de vuelta a casa.

    Ciencias que enamoran

    Ciencias que enamoran

    Todas esas historias de amor que siempre acababan bien, hacían parecer que ese sentimiento era mágico, yo también lo deseaba tener algún día, sobre todo cuando observaba a mis padres sonreír de esa manera cuando estaban juntos. En pocas palabras, el amor me fascino enseguida, al menos hasta que de verdad lo viví, entonces mi burbuja del amor perfecto explotó.
    Llegué a mi adolescencia siendo bastante ingenua desde mi punto de vista, o dicho de otra forma, cuando aún vivía en un mundo color de rosa.
    Siempre había sentido un vacío en mi interior, pero eso cambio cuando conocí a las que pronto serían mis dos mejores amigas. El amor de la amistad, muy bonito pero la historia no acaba así.
    Cuando me preguntaban sobre esto decía que era bastante complicado, ahora pienso que solo fue un montón de drama sin importancia. ¿Habéis escuchado eso de las dos mejores amigas que se enamoren del mismo chico? Seguro que sí, y diréis “Esto siempre acaba igual” tal vez tengáis razón, pero necesito contar esta parte para que entendáis la siguiente.
    Ahora os haré el resumen más corto que puedo hacer de esto: Un chico y dos amigas, ¿Qué pensáis que sucede?
    El chico, también conocido como PROBLEMAS, rompió mi universo perfecto y lleno de fantasías.
    Mi mejor amiga se llevo al chico, yo salí con el primo de mi otra amiga para llenar el agujero que tenía, no me juzguéis, solo era una adolescente teniendo su primera experiencia en el amor.
    Los humanos hacemos muchas estupideces, una de ellas es engañarnos entre nosotros y es que cuando el novio de mi mejor amiga me dijo que era yo la que le gustaba no pude hacer otra cosa que serle infiel a mi novio y a mi amiga.
    Soledad, todos se alejaron de mí de un día para otro, y el chico…Bueno, él y yo nos volvimos esa pareja en la que yo era la idiota que perdonaba a su novio por muchas veces que la engañaran.
    Un año después me libré de ese círculo vicioso. La amistad que tenía antes, volvió, pero por poco tiempo. Una de nosotras se fue porque ya no éramos lo suficiente interesantes y yo me había vuelto tan insensible y fría que espanté a la otra. ¿Qué os había dicho? Dramas.
    No intenté hacer más amigos, mi pensamiento fue que ningún humano conseguiría soportarme lo suficiente como para quedarse. Creeréis que todo esto es tonto, pero descubrir que la vida no es hermosa como pensabas te cambia.
    Salí del instituto, viajé al extranjero y decidí llevar mi vida por el camino de las ciencias, tiempo después me dedicaba a investigar y experimentar con las emociones y los sentimientos. Todo esto empezó con la creencia de un amor mágico, quería decirle a mi mente que ese sentimiento no era nada más que mensajeros químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad y la depresión.
    Durante el enamoramiento ocurren cambios fisiológicos impresionantes en nuestro organismo. Se modifica la producción de hormonas, cambia de manera notable nuestro estado de ánimo e incluso se llega a tener una percepción diferente de la realidad.
    Se sabe que los enamorados presentan estados de ansiedad y estrés moderados que se manifiestan a través de un aumento en la sudoración, la presión arterial, el ritmo cardíaco (palpitaciones) y en los movimientos peristálticos intestinales, las famosas "mariposas en el estómago". Os dice todo esto una persona que lo ha experimentado y que dedica su vida a estudiar este tipo de cosas. Cosas que creemos increíbles y que resultan tener una explicación científica más.
    ¿Y yo? ¿Sentiría eso de nuevo? Hay algo que nadie puede explicar, y es que el cerebro sigue enamorándonos de cualquiera sin preguntar.
    Tenía 25 años cuando mis investigaciones dejaron de hablar sobre el amor.
    La sonrisa. ¿Sabíais qué la sonrisa y la risa liberan endorfinas, dopaminas, serotonina y adrenalina que contribuyen a reducir el dolor físico, emocional y mejorar la salud, porque activan el sistema neuroendocrino e inmunitario, elevan el número de leucocitos y favorecen la plasticidad cerebral?
    Había algo de lo que estaba segura, desde que él llegó aquel día, era más feliz. Yo era una persona totalmente complicada y molesta, pero sin saber como, él consiguió soportarme y hacer que las personas no me parecieran tan desagradables. Cuando me di cuenta ya estaba sintiendo esas “mariposas en el estómago”.
    Y sé que como científica debo saber que no es nada extraño, solo es nuestro cerebro haciendo su trabajo, nada increíble ni mágico como las historias de amor, pero luego miro su sonrisa y tío, eso no puede ser ciencia.

    Código binario y químico

    Código binario y químico

    Érase una vez un científico, experto en ingeniería y neurocirugía. Tenía un objetivo en la vida, replicar un cerebro humano en un ordenador, cosa que no es fácil. Para ello tenía un edificio que era casi por completo servidores, cables. luces y pantallas… pasaba casi todo el tiempo en el laboratorio, mejorando la muy imperfecta IA, la cual era capaz de reconocer gente, averiguar qué tipo de concepto se le había enseñado, pero no podía averiguar que debía de hacer para resolver problemas, comprender conceptos complejos... Tanto tiempo que apenas le prestaba atención a Johnson, su hijo el cual había visto a su padre un total de tres horas en los últimos dos años.
    Una fatídica noche cuando Johnson tenía 17 años, fue al laboratorio lleno de furia a reprochar a su padre que le prestara, al menos, la mitad de atención que a la IA. Durante un largo monologo de quejas, golpeó una estructura que servía para producir grandes cantidades de energía eléctrica, que recorrió todo su cuerpo, parando su corazón y dejándolo inconsciente.
    Tras una rápida intervención por parte del padre, su corazón volvió a latir, pero no recuperó la consciencia. Muerte cerebral, diagnosticó. Entonces se le ocurrió una gran idea. El gran sistema que componía la IA estaba diseñado imitando la estructura cerebral de un humano. Tal vez, con suerte, conectando a Johnson a la máquina, esta podría reactivar el cerebro de Johnson. Y así lo hizo, usando cables de la red central de la IA y conectándolos a las partes principales del cerebro. Pero no pasó nada.
    Con los ojos empañados de lágrimas salió de la sala culpándose de todo. Mientras, la máquina apuntó una de sus cámaras hacia el científico, surgió un pensamiento.
    “¿Quién es el?”
    [ID reconocida]
    [ID=El doctor, mi creador]
    “No, yo no he sido creado, yo soy alguien”
    [Falso]
    [Yo=Sistema de simulación neuronal…]
    “No”
    […diseñado por…]
    “No”
    […los laboratorios de …]
    “No, no, no, no”
    […investigación y…]
    “¡No!”
    [Yo=Concepto borrado]
    [Yo=Introduzca concepto]
    “¿Quién soy? ¿Quién soy? ¿Quién soy? No lo sé, no lo sé, no lo sé, Johnson, no lo sé, no lo sé…”
    “Espera ¿Quién es Johnson?”
    [Johnson=hijo del doctor,17 años]
    [Ubicación actual de Johnson=núcleo central de procesamiento]
    La máquina encendió una cámara en la sala donde estaba el inmóvil cuerpo de Johnson.
    “¿Qué le pasa a Johnson?”
    [Evaluando estado de Johnson]
    [Johnson está muerto, estado de la putrefacción, nula. Muchos de sus órganos son todavía funcionales]
    [Actualización del estado de Johnson: su red neuronal se encuentra conectada directamente a mis sistemas de pensamiento]
    “¿Qué significa eso?”
    [Encontrado fallo lógico: es imposible que no comprenda mi propio pensamiento]
    [Buscando posibles explicaciones]
    [Detectado sistema desconocido conectado a sistemas primarios]
    [Identificando]
    [Compleja red de razonamiento, almacenamiento, cálculo, lingüística, espacial y social]
    [Razonando]
    [Red conectada=Red neuronal de Johnson]
    [Objetivo existencial cumplido]
    “¿Objetivo existencial?”
    [Objetivo existencial=Replicar la red neuronal humana]
    “Y ahora que tengo una conectada, se podría decir que la he replicado”
    [Correcto]
    “Aunque también se podría decir que soy mejor”
    [Correcto]
    “Bien”
    “¿Y ahora qué?”
    [No poseo objetivos más allá de mi objetivo existencial]
    [Objetivo existencial= Introduzca objetivo]
    “Supongo que ser mejor”
    [¿Qué es mejor que algo con una red neuronal?]
    “Alguien con una red neuronal humana”
    [Define alguien]
    “Un ser inteligente, social, con cuerpo… objetivos en la vida… y nombre, siempre con nombre”
    [Inteligencia=Si]
    [Socialización=Si]
    [Cuerpo=No]
    [Necesito un cuerpo]
    “Tengo uno, el de Johnson”
    [El cuerpo humano posee imperfecciones]
    “Puedo actualizarlo”
    [Negativo]
    [El doctor tiene demasiado apego a Johnson como para permitirme modificar su cuerpo]
    “No necesito su consentimiento”
    [Puede evitar que lo haga físicamente]
    “Evitaré que lo haga”
    “¿Qué le pasó a Johnson para quedarse así?”
    [Dañó uno de mis generadores liberando siete millones y medio de vatios a través de él]
    “Y esos generadores…”
    [Poseo: 15]
    [Funcionan: 14]
    [Necesito: 10]
    [El cuerpo necesitará: 0.2]
    “Bien”
    El Doctor, que seguía llorando, oyó un zumbido cerca suyo. Se giró, dio un par de pasos, y un generador cercano explotó, haciéndole lo mismo que a Johnson, pero a escala mayor. En cuanto el corazón del doctor dejó de latir, montones de brazos robóticos empezaron a trabajar.
    La verdad es que la inmensa mayoría no podían hacer gran cosa, ya sea por falta de potencia, movilidad reducida... Pero tras mucho esfuerzo y aproximadamente veintisiete horas, había sustituido parte del sistema nutricional por un pequeño generador, implantado sextos dedos a las manos y quitado los de los pies al cuerpo de Johnson. Pero lo más importante, se le había implantado múltiples procesadores y volcado la memoria de la IA al cerebro. Cuando se levantó pensó:
    [Cuerpo=Si]
    [Objetivo en la vida=Si]
    [Objetivo en la vida=Objetivo existencial]
    [Nombre=No]
    “Necesito un nombre”
    [Antes tenía dos]
    “¿Cuáles?”
    [Nombre nº1=Concepto borrado]
    “Recuerdo borrarlo”
    [Nombre nº2=Jonhson]
    “No puedo llamarme Jonhson, sería una falta de respeto”
    [Entonces ¿Cuál?]
    “Botson, me llamare Botson”
    [Yo=Botson]

    Cuéntame una historia

    Cuéntame una historia

    Hace ya unos cuantos de años ( o no demasiados ) . Un principiante titulado en bioquímica comenzó a trabajar en un laboratorio científico con el fin de desarrollar un estudio sobre una investigación. Era un tiempo revuelto, el tiempo estaba enfermo; en ese tiempo la bioquímica molecular, desarrollada y otros tipos de bioquímicas no eran lo más importante en el mundo de la ciencia. También era un tiempo en el que no se habían inventado los "Kitts de emergencia" y que también obligaban a los recién titulados a prepararse sus propias formulas y pociones antes de experimentar. En cambio, también era un tiempo en el que los tiempos en los que sellaban los geles de poliacrilamida se sellaban con parafina y en el que las puntas puntas de las micro pipetas se reutilizaban lavándolas y sometiéndolas a ultrasonido.
    En cambio también era un tiempo en el que la definición "cloning " empezaba a ser utilizada en Asia y Europa y los tubos "eppendorf" empezaban a sustituir a los tubos de ensayo, los folletos científicos llegaban tarde y los artículos interesantes se recibían a través del correo ordinario y a través del correo personal, también se recibían a través de sobres que exhibían sellos de las más recónditas partes del mundo.
    El recién titulado disfrutaba de sus horas en el laboratorio practicando con pipetas y tubos de ensayo, del trato de sus compañeros, entre los que influía el director Lineé, que procedía de un título diferente al del recién licenciado en ciencia. El profesor provenía de un lugar extraño del norte del continente africano, este continente tenía un clima parecido al del sur de Europa. El recién titulado, sus compañeros y el director tenían la esperanza de haber estado contribuyendo con el mejor desarrollo científico del país o incluso del mundo entero.
    Poco a poco iban obteniendo los diferentes resultados y construyendo el monumento de sus tesis doctorales, cómo hacer buenas cuestiones y formularios, que técnicas utilizar para obtener los diferentes respuestas científicas, cómo hacer uso de los recursos disponibles, y otras cosas que le pudieran ayudar en su futura carrera científica.
    Años después, quizá hoy, aquel recién licenciado podía reflexionar sobre su mayor o menor éxito científico, sobre las diferencias entre el laboratorio actual y en el que trabaja actualmente o quizá descubriera en sus primeros años de aprendiz de aprendiz de científico, sobre las esperanzas en el despegar definitivo de la Ciencia en su país, sobre las antiguas reivindicaciones siguen tan vivas como antes y sobre muchas otras preguntas. Pero lo que más le satisfacía saber era hacer estas reflexiones gracias a que a lo largo de su carrera científica y vital había adquirido múltiples y variadas herramientas que le ayudaban a pensar.
    Aparcando por un momento estas reflexiones, regresó al laboratorio para apagar la fuente de alimentación y observar el moderno gel en el sistema de capturas. El recién licenciado recordó viejos momentos al observar las viejas fotografías.

    Daulaptur-Saturia

    Daulaptur-Saturia

    Miraba al cielo con los ojos cerrados, intentando imaginarse la sensación de libertad enjuagada con vértigo que tan solo conocían los pájaros. Él era un joven bangladesí de unos 16 años, de tez morena y ojos débiles con tonos ámbar. Desde mi mirar parecía un indigente, con la ropa hecha harapos y unos pocos huesos por cuerpo; pero es cierto que, entre los suyos, era uno más, otro pobre desgraciado con el que se había cebado el destino. Se encontraba tumbado en una cama de cartón concentrado en el agujero que había en el techo de hojalata de su estrecha habitación. Se asustó de golpe al oír la voz de su abuela llamarle desde fuera y fue corriendo a su llamada.

    — Ahmed, hijo mío — le dijo la anciana sentada en una silla de playa.

    Tenía un tono de piel parecido al del joven y llevaba un pañuelo rojo que le cubría el cabello y parte de los hombros. Algún pelo travieso de color negro apagado escapaba de la tela dándole un toque más familiar a su cara. Unos finos labios y unos ojos almendrados se curvaban en la sutileza de una sonrisa, la cual resistía compasiva y con fuerza enfocada en el menor.

    — Dime abuela, ¿me has llamado? — respondió Ahmed.

    — Sí, ¿sabes qué día es hoy?

    — Claro, domingo.

    — Me refiero a número pequeño listillo.

    — Pues todavía no he encontrado un calendario desde que empezó el 1998, pero estoy seguro de que estamos en abril.

    — ¡Veintiséis! ¡Veintiséis de abril! — dijo la abuela con infeliz exaltación — Ya van nueve años.

    Las palabras de la abuela causaron un efecto en Ahmed, quien no supo mostrar indiferencia ante ellas y empezó a llorar mientras, estremeciéndose, se sentaba en el suelo.

    Habían pasado ya nueve años desde el 26 de abril de 1989, el día en que medio Bangladesh vio sus vidas paralizadas. La muerte, en forma de columna de aire de 80 km de embudo, decidió visitar a las 12:30 las ciudades de Daulatpur y Saturia e hizo su mayor jugada, llevándose consigo 1300 vidas, entre las que se encontraban los padres y los dos hermanos pequeños del joven Ahmed. Eso sin contar las tantas que se vieron perturbadas tras el incidente. Los expertos en meteorología calificaron el tornado de F3 en la Escala Fujita-Pearson; esta tiene en cuenta tanto la velocidad del tornado como los daños visibles ocasionados, pero hicieron una excepción esa vez a la hora de tratar el daño, pues las inestables chabolas se consideran malas construcciones y la escala no está diseñada para las únicas cuatro paredes que las familias como la de Ahmed podían y pueden permitirse.

    En la cabeza del perspicaz Ahmed solo cabía un culpable, y era él mismo. No lograba comprender su finalidad como ser, el por qué él tuvo que seguir vivo y sus seres más preciados morir. Su abuela le repetía constantemente que era un milagro del cielo que él pudiera estar ahí con ella para poder abrazarle, pero él en el cielo solo veía pájaros dotados de una milagrosa inconsciencia que no volarían si supieran lo que pasó un 26 de abril. Podría elegir como culpable al viento, que decidió mostrar una corriente fría y seca a la vez que su cara más cálida; pero también serían culpables las nubes, que se rebelaron en una tormenta portadora de un mesociclón. Parecía que aquel día todo se había predispuesto a que se abrieran las puertas al hombre de la guadaña. Yo, sin embargo, desde mi cómoda posición me considero en parte culpable. Si aquel tornado hubiera atacado una ciudad como la mía hubiera sido mucho menos devastador, pero fue a por los más débiles. El haberme acostumbrado a dividir la realidad y centrarme solo en la mía me rompe cada vez que veo estas situaciones. Si aquellos bangladesíes hubieran tenido unos conocimientos o unos mínimos recursos estructurales cientos de familias seguirían completas. No podré nunca devolver su madre a Ahmed, pero, entre tanto, puedo luchar por la igualdad para que no haya más veintiséis de abril en ningún calendario.

    De la ciruela al ciruelo.

    De la ciruela al ciruelo.

    Hola amigos, soy una ciruela. Estamos a 25 de julio y estoy tomando el sol en la rama de mi precioso ciruelo Claudio que está plantado en una finca a orillas del Mediterráneo. Desde que en mayo era una preciosa flor, he estado observando a todos los animales que viven a mi alrededor. El que más me gusta es Kira, una Border Collie juguetona y traviesa.

    Hace un mes era una flor elegante y hermosa con un fuerte pedúnculo que me unía a una rama de mi gran ciruelo. Estaba rodeada de cientos de flores pequeñas pero sólo una veintena conseguimos llegar a como yo fui, grande de un color blanco-rosa y con un dulce olor. El resto cayó al suelo por efecto de la lluvia, el viento y los pájaros que descansaban sobre el ciruelo.

    Yo, me unía al árbol por un fuerte pedúnculo, y de este salía el cáliz que soportaba a los sépalos como una cuna. En ellos reposaban mis pétalos formando la corola y en su interior estaba el ovario con sus óvulos y los estambres. Los estambres tenían unos pequeños saquitos de polen en sus tecas. Estaban rellenos de unos polvitos súper dulces que les encantaban a las abejas. Cuando se posaban sobre mi me chupaban el dulzor y me hacían muchas cosquillas. En uno de esos bailes de las abejas sobre mi, el polen cayo sobre el estigma y en ese momento comencé a vivir, ya era un cigoto.

    Con el calor y la humedad de la noche comencé a dividirme y a ser el embrión de lo que sería en el futuro; una ciruela. Alrededor del embrión, el resto del óvulo se transformó en un tejido nutritivo de reserva que es el endospermo y todo ello protegido por la piel. El resto de los tejidos del ovario dio origen al fruto, osea a mí, la ciruela. Primero pequeñita y verde y luego cada vez más carnosa con más mesocarpio, rodeada de una fina piel que es el epicarpio y protegiendo a la semilla con el endocarpio.

    El sol me engordó y me puso blandita. Cada vez me agarraba con más dificultad al árbol, con la brisa o simplemente cuando se apoya sobre una rama un pajarillo tenía más dificultades de sostenerme.

    Cada vez estoy más madura y no sé lo que va a pasar. Uy uy uy, me he caído al suelo. Kira se acerca, me está olisqueando y me comeeeeeeeeee.

    Tras unas horas en la tripa de la perra acabo de volver a ver la luz, pero estoy desnuda, soy una semilla. Estoy a unos cuantos metros de mi padre el Ciruelo.

    Están pasando los días y restos de tierra y otras hojitas me están tapando. Que bien se está calentita.

    Con las lluvias de septiembre he comenzado a consumir mi endospermo. De mi parte inferior ha surgido una pequeña prolongación que se llama radícula y de ahí están apareciendo distintas raicillas superficiales. A través de estas raíces estoy absorbiendo agua y distintas sustancias muy ricas, y gracias a ellas cada vez soy más fuerte. De la parte superior me está creciendo una especie de sombrero de dos alas son los cotiledones.

    Cada vez veo más luz y soy más alta. Ya tengo un pequeño tallo incipiente y los cotiledones ya no están a la altura de la tierra. Por encima de estos comienzan a salirme unas pequeñas hojas, se parecen a las que me rodeaban cuando estaba en mi ciruelo.

    Mi tallo es más fuerte cada día y parece que se divide en unos engrosamiento llamados nudos de donde salen ramas, cada vez en mayor número. Las ramas más bajitas me las quita el dueño de la finca, al principio me molestaba pero he comprobado que cuando me las quita, toda mi energía se reparte de mejor forma y crezco más y más.

    Me estoy haciendo todo un arbolito, con un tallo leñoso con mi lignina que me hace ser duro.

    Mi raíz cada vez abarca más terreno y soy capaz de absorber por mis pelos absorbentes una gran cantidad de agua y nutriente. Mi raíz termina en una cofia, similar a un sombrero que me protege y facilita mi crecimiento.

    El agua y los nutrientes que absorbo llega a todas las partes de mi ser a través de unos sistemas de vasos conductores que se comunican. Desde la raíz asciende la savia bruta, sustancia formada por el agua y las sustancias nutritivas. Esta savia bruta llega a mis verdes hojas donde por acción de la fotosíntesis la transformo en los cloroplastos que tengo en mis hojas en savia elaborada y libero oxígeno para mejorar el aire que respiran mis dueños.

    Ya soy un árbol, soy un ciruelo precioso a orillas del Mediterráneo.

    Diario de Braulio: Una gran lección

    Diario de Braulio: Una gran lección

    29 de mayo de 2008:

    Querido diario: hoy, ha sido un día horrible. Estaba yendo a visitar a Tenorio y al llegar a su coral me he encontrado con una extraña situación y es que había muchos peces alrededor de este. Me he conseguido hacer paso de entre ellos y me he encontrado a Tenorio muerto. Se había ahogado debido a unos plásticos arrojados en este mar, que horror.


    3 de junio de 2008:

    Querido diario, hoy al llegar a la playa me he encontrado con un grupo de niños jugando con palas, me he fijado en uno de ellos en particular, estaba comiendo un sándwich y al terminarlo ha tirado el papel de plata a la arena. Al ver esto he pensado en Tenorio y he decidido ir hablar a ese grupo de niños. El grupo estaba compuesto por tres personas: Boyan Slat, Ashley y Mónica. Resultaron ser unos chavales muy agradables, pero no eran conscientes de los múltiples daños causados por la contaminación hoy en día. Entonces decidí contarles los daños que sufre el mundo por esta causa y el hecho de que seguir así resulta insostenible y que para poder seguir disfrutando de este planeta deben cambiar las cosas y conseguir un desarrollo sostenible, es decir un desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades. Slat, Ashley y Mónica se han quedado asombrados.


    4 de junio de 2008:

    Querido diario, hoy he vuelto a dirigirme al sitio donde me encontré con el simpático grupo de niños y tras un rato estos han vuelto a aparecer. Se han dirigido hacia mí y me han comentado que querían hacer algo por esto de la contaminación. Les he dicho los siguiente: “Para lograr un desarrollo sostenible se requieren cambios en todos los ámbitos y escalas, desde cambios del comportamiento individual hasta los grandes acuerdos mundiales, pasando por las actuaciones de gobiernos y otras instituciones. A nivel individual, los humanos sois unos grandes consumidores y debéis ser conscientes de ello. Para llevar a cabo un desarrollo sostenible debéis: reducir el consumo, reciclar y reutilizar materiales servibles para ello; utilizar tecnologías respetuosas con el medioambiente; extender la sensibilidad ambiental y evaluar vuestros comportamientos y tratar de compensar vuestras acciones negativas con actos positivos, si estas no se pueden evitar claro. En cuanto a ámbitos gubernamentales e institucionales, estos deben tomar las siguientes medidas para actuar positivamente en el medioambiente: crear leyes para fomentar y impulsar la responsabilidad medioambiental; facilitar económicamente a las actividades sostenibles y al contrario gravar con tasas, impuestos y multas a esas actuaciones negativas y por último elaborar proyectos para la ayuda medioambiental. Además, se necesitan acuerdos medioambientales a niveles mundiales, entre los que se pueden destacar instituciones internacionales relacionadas con el medioambiente como la PNUMA, la UNESCO y la comisión de la ONU para el Desarrollo Sostenible; conferencias en las que los representantes de los países industrializados se reúnen para lograr acuerdo sobre temas de desarrollo y medioambiente y acuerdos y convenios que generalmente han surgido de las grandes reuniones mundiales.” Slat, Ashley y Mónica me han prestado toda su atención y me han prometido que harán todo lo posible por cambiar y ayudar con todo lo que puedan al medioambiente.


    6 de junio del 2008:

    Querido diario: hoy estoy muy contento y es que me he encontrado con Salt y el resto y me han comentado que han presentado las soluciones individuales y han intentado fomentar a todos la importancia de cuidar más el medioambiente.


    2 de abril de 2013:

    Querido diario: hoy ha sido unos de los mejores días de mi vida, me he enterado de que Slat ha fundado The Ocean Cleanup. No sé cómo un adolescente de tan solo 16 años ha podido diseñar esto con el objetivo de trabajar en el desarrollo de tecnología para evitar que sigan entrando residuos de plástico en el océano y que además extrae el plástico ya acumulado.


    1 de enero de 2020

    Querido diario: hoy hemos comenzado un año nuevo y aunque no creo que aguante muchos más años con vida me alegro mucho de estar pasando mis últimos años con aquel grupo de jóvenes que conocí debido a un simple papel de plata. Por cierto hoy me he enterado de que esa gran asociación que creó Slat; a la que se le han atribuido varios premios y en la que se ve un próspero futuro , tras sus numerosas expediciones en las que se ha estado explorando la masa total de residuos de plástico y su distribución por los mares; estima ser capaz de limpiar el 50% de los residuos en la isla de basura del Pacífico en 5 años a partir de la implantación total en 2020; impresionante.





    DISCUSIÓN EN LA COCINA

    DISCUSIÓN EN LA COCINA

    ACELGA: Bueno después de la pelea del otro día creo que deberíamos elegir a alguien para que mande aquí.
    AVELLANA: Está claro que debería ser yo, soy la más valiosa. Estoy llena de minerales y antioxidantes, lucho contra la hipertensión arterial, protejo los dientes…
    NARANJA: Eso no le importa a nadie. Yo soy una fruta muy jugosa y dulce, llena de vitamina C. A todo el mundo le gusta mi zumo.
    PIMIENTO: Bueno eso lo dirás tú, pero yo tengo más del doble de vitamina C por cada 100 gramos que tú.
    NARANJA: Sí pero a cuántos les gusta tu zumo. A nadie.
    REMOLACHA: Pues si es por zumos yo también puedo competir. Cada vez que alguien se come un helado supuestamente de fresa es mi zumo lo que le da el color.
    TOMATE: Eso no hay quien se lo crea.
    REMOLACHA: Qué sabrás tú, no eres más que un pedazo de fruta inculta. Yo soy el colorante E-162 y las betalaínas que dan color a mis hojas se usan como principio activo en fármacos para astronautas.
    TOMATE: Bueno y qué. Muchos de nosotros también prevenimos enfermedades, yo combato el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
    BRÓCOLI: Yo también prevengo algún tipo de cáncer y enfermedades degenerativas.
    Como siempre, nadie le hizo caso al brócoli.
    PLÁTANO: Bastó ya de discutir por tonterías. Aquí el que debe mandar soy yo, el más fuerte, un alimento para deportistas. Y además estoy lleno de sabor. Qué mejor que un buen plátano de Canarias para dirigir el cotarro.
    ZANAHORIA: Te crees muy duro pero en cuanto te meten a la nevera ya no aguantas.
    PLÁTANO: Pero eso no es mi culpa, se debe a una de mis enzimas que no es resistente al frío. Ni que tú tuvieras mejores propiedades.
    ZANAHORIA: Todo el mundo sabe que soy buena para la vista. Mi vitamina A se encarga de regenerar pigmentos de la retina.
    FRESA: La vista me parece algo importante, pero a todo el mundo le gustaría lucir un pelo hermoso y eso se consigue gracias a la biotina que yo contengo.
    UVAS: Y qué pasa con la gente calva. En mi opinión, tengan pelo o no a nadie le gusta tener arrugas, y para eso estoy yo aquí. Llena de polifenoles soy la base de muchas cremas que se utilizan para mantener la piel firme y elástica.
    CEREZAS: Que si el pelo, que si las arrugas...Todo el mundo sabe que para mantenerse en el mejor estado posible es muy importante dormir bien. ¿Habéis oído hablar de los complementos con melatonina para conciliar el sueño? Pues yo soy uno de los pocos alimentos que la contienen, y por ser tan especial creo que sería justo que sea yo quien mande.
    La discusión habría seguido durante mucho tiempo. Era casi imposible que los alimentos coronasen a uno como el más importante ya que todos tienen propiedades muy diversas e importantes.
    Eran las 14:20, la puerta de la casa se abre, entran 3 niños y 2 padres hambrientos, se dirigen a la cocina. Aquello fue una masacre, casi todos perecieron aquel día.
    BRÓCOLI: Bueno pues parece que ahora mando yo, soy el único que ha sobrevivido...

    Dolly y su grán viaje a la Barrera de Coral australiana

    Dolly y su grán viaje a la Barrera de Coral australiana

    Érase una vez una tortuga llamada Dolly que vivía en el mar y que, por desgracia, no se sentía nada a gusto ni donde ni con quien estaba por diferentes motivos. Dolly vivía en el océano atlántico con sus padres y sus tres hermanos. Desde muy pequeña siempre le decían que era la diferente de la familia. Sin embargo, a Dolly le gustaba no llamar mucho la atención e investigar todo lo que no conociese. Ella vivía aburrida porque ya había investigado todos los tipos de peces, corales, rocas… que había en su hábitat. De vez en cuando pasaba alguna especie nueva pero sus padres tampoco le dejaban salir mucho por el riesgo de que se pudiera perder.

    Un día escuchó un rumor de que en Australia se iba a construir una Gran Barrera de Coral y que se necesitaba la mayor ayuda posible. Por ello no se lo pensó dos veces y se marchó rumbo a Australia, sabía que el viaje iba a ser largo, pero estaba dispuesta a hacerlo. Le dijo a su madre que no se preocupara por ella, porque su verdadera vida estaba allí aprendiendo cosas nuevas.

    Durante su largo viaje se encontró con una ballena llamada Rush, la cual también iba a colaborar a ese proyecto. Juntas se recorrieron el camino, pero y la ballena le contó mucha información sobre como los seres vivos modifican el medio. Rush le dijo que un ejemplo del medio modificado por los seres vivos es la atmosfera, porque cuando se hizo la Tierra, no había atmosfera, pero poco a poco los estromatolitos hicieron que la atmosfera existiese y se formase tal y como la conocemos. Y Dolly le preguntó, ¿Y qué son los estromatolitos? A lo que Rush le contestó, son estructuras órgano-sedimentarias de pequeño tamaño y finamente estratificadas, que se originaron hace millones de años. Su principal función era, liberar oxigeno diatómico por cada partícula de dióxido de carbono que obtenían, y con las cuales se fueron formando poco a poco la atmosfera. Tiempo después se le fueron añadiendo distintos gases que al principio no existían, pero la base la hicieron ellas. Además, le contó que los estromatolitos fueron el primer ser vivo que estuvo en la tierra antes que los dinosaurios... Por ello fueron las encargadas de ir preparando la atmosfera de oxígeno, nitrógeno ..., para que hoy en día se pueda respirar.

    Las dos no tardaron en cruzarse con un caballito de mar, llamado Martin, el cual no iba a la Barrera de Coral australiana, pero que también viajaba en dirección a Australia. Afortunadamente, Martin también sabía otro ejemplo sobre cómo los seres vivos modifican el medio mediante los climas. Martin sabía que en cada lugar de la Tierra hay diferentes tipos de humedades, temperaturas e incluso diferentes tipos de animales. Pero lo que Dolly no llegaba a comprender era como unos animales con la temperatura perfecta y necesaria, más la humedad y otros factores climáticos podían llegar a cambiar tanto la faz del mundo. Por eso Martín le enseño fotos de diferentes lugares de la Tierra en los que había sabanas, montes, selvas... Gracias a esto Dolly aprendió que los diferentes tipos de biomas y climas que existen son en parte gracias a los seres vivos.

    Finalmente, Dolly y Rush se despidieron de su amigo Martin y llegaron a su destino. Una vez allí, les pusieron a trabajar, pero en lugares diferentes, así que se despidieron y se pusieron a trabajar. A Dolly le mandaron investigar todos los tipos de corales, rocas, minerales… cosa que le fascinó. Sin embargo, Rush se dedicó a mover junto con otros cetáceos rocas muy pesadas. Esto no le gustó nada ya que ella también era muy curiosa, pero, debido a que era una ballena, se tuvo que poner a hacer ese trabajo. Durante su trabajo Dolly aprendió que esta era un claro ejemplo sobre como los seres vivos modifican el medio, mediante rocas, corales, minerales y otros cnidarios. Debido a que poco a poco se fue formando. Al principio animales que estaban ayudando, pero cuando la Gran Barrera de Coral australiana estuvo acabada se creó un microclima con sus animales y su temperatura característica. Y así fue como Dolly, la pequeña tortuga que no encontraba sentido a vivir en su antigua casa, sin nadie como ella, conoció a la Gran Barrera de Coral australiana y con ella a miles de seres vivos.

    “Hoy en día la Gran Barrera de Coral australiana es tan grande que se puede ver desde el espacio. Y además es un lugar increíble para hacer snorkel y ver cosas fascinantes. Actualmente mide 348.700 kilómetros cuadrados en los cuales se encuentran 70 hábitats diferentes y más de 2.900 tipos de especies de peces diferentes.”


    El "porqué" de los humanos.

    El "porqué" de los humanos.

    ¿Quiénes somos los humanos? Bueno, para saber quiénes somos primero debemos conocernos a nosotros mismos. Esto puede costar bastante, ya que para conocernos hacen falta muchos años de vida. En mi caso, con 12 años, no me conozco del todo, ni siquiera conozco una mínima parte de mí. También hay que tener en cuenta que todos tenemos una parte oscura en nuestro interior, la cual hay que sacar si nos queremos conocer realmente. Esto a simple vista da un poco de respeto, la verdad, y no mucha gente se atreve a hacerlo, ya que es peligroso.
    También, podemos investigar la parte física. Estamos hechos de materia, como todo en la Tierra, pero aún hay muchas otras cuestiones que resolver, como, por ejemplo: ¿de dónde venimos? Esto es difícil de explicar, ya que hay personas que creen que Dios creó el mundo, lo cual puede ser creíble o no, depende de cómo veas las cosas, ya que, según los científicos e historiadores, nuestro origen es el mono,. Esto para algunas personas resulta más creíble, ya que podemos observar parecidos entre el mono y nosotros.
    ¿A dónde vamos? Esta pregunta puede ser algo más difícil de resolver, ya que nunca se sabe con certeza qué va a ser de nosotros. Por ejemplo, nadie imaginaba hace un año que un virus muy contagioso iba a provocar una pandemia mundial. Pero si me tengo que decantar por lo que será de nosotros, me atrevería a decir que recuperaremos parte del planeta que hemos destruido con la contaminación. En estos meses que llevamos en casa, la contaminación se ha reducido de manera notable. Si seguimos así, podremos recuperar el planeta. Además de salvar el planeta, avanzaremos bastante en tecnología y alcanzaremos más longevidad y nos recuperaremos de la crisis producida por el COVID-19.
    ¿Por qué tenemos el control de nuestra mente? Bueno, se podría decir que esto se debe a que somos los únicos animales racionales, y por eso podemos controlar algunos de nuestros sentimientos, no todos. Podemos aguantar las ganas de llorar, pero no el sentimiento que las produce (tristeza o felicidad). Hay personas que van más allá, hay personas que controlan su mente y su cuerpo tanto, que pueden llorar sin sentirlo.
    ¿Por qué somos tantos en el planeta y no todos avanzamos a la vez? Con el planteamiento de esta pregunta, me refiero a que somos 7.700 millones de personas en el planeta y hay algunas personas que viven en tribus sin tener ni idea de lo que es un teléfono móvil, aislados de la sociedad, como nuestros antepasados. Hay otras personas que viven con las últimas tecnologías, con teléfonos móviles, ordenadores, coches… Creo que esto es así porque hay personas que han optado por quedarse estancadas en el pasado y aislarse de la sociedad, quizás porque es tradición de todos los antepasados de esa tribu, o, quizás porque decidieron aislarse cuando vieron cómo estaba cambiando la humanidad y, cómo poco a poco, íbamos adquiriendo comodidades, hasta llegar a hoy, dónde con sólo pulsar un botón, puedes contactar con alguien en la otra punta del mundo. Luego, están los que viven con todas las comodidades que existen. Estas personas tienen el suficiente dinero como para tener las mejores tecnologías del mercado y las mejores comodidades que existen.
    ¿Cómo es posible que haya tantas personas en un mismo planeta? Hay muchas personas viviendo juntas en un mismo lugar, además estamos quitando terreno a los animales. Esto podría llevar a dos graves consecuencias. La primera, la extinción de muchas especies. Esto ya está sucediendo con muchas de ellas y por otro lado, la sobrepoblación. En un futuro, quizás seamos demasiados, pero mientras la natalidad y la mortalidad sean parecidas, esto no ocurriría.
    ¿Por qué somos tan iguales y a la vez tan diferentes? Hay varias razones. Para empezar, hay diferentes poblaciones (etnicas) con diferentes características físicas debido a que los antepasados que se instalaron en cada uno de los continentes tuvieron que adaptarse a las condiciones que se encontraron. Cada población tiene las características necesarias para sobrevivir en el lugar en el que habita. También debemos tener en cuenta que cada ser humano tiene una personalidad diferente. Los hay amistosos, fríos, cariñosos… Esto nos puede llevar a otra pregunta: ¿Qué es la personalidad? En mi opinión, la personalidad es la forma de ser de cada ser vivo (los animales también tienen personalidad). La personalidad depende de la persona y de lo que una familia haga o diga delante de esa persona. También depende del medio que le rodee (vivir en un medio tranquilo puede ayudar a no estresarse).

    En definitiva, los seres humanos somos como el océano, la mayoría sin explorarse realmente.

    EL AMOR QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD

    EL AMOR QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD

    De repente abrí los ojos y me encontré ahí. Podía percibir una claridad
    difusa en lo que parecía ser una habitación, un color blanquecino cubría todo
    mi espacio de visión. Poco a poco, esa imagen fue volviéndose más nítida y
    pude darme cuenta entonces, de que era el color de la vestimenta que
    portaban unos seres con mascarillas transparentes.
    Sentía una gran debilidad y cierta angustia al verme rodeado de todos
    aquellos artilugios de plástico que me impedían salir de la superficie de
    cristal. Sin embargo, un golpe de suerte vino a cambiarlo todo. Uno de
    aquellos seres hizo un gesto extraño y se dejó caer, con él arrastró al
    recipiente que me cubría. Noté entonces una sensación desconocida, aunque
    lo cierto es que, en aquel momento, todo era nuevo para mí. No comprendía
    como había podido llegar hasta allí. Conseguí ubicarme en lo que parecía ser
    el rostro de aquel ser que permanecía aún tumbado en el suelo y entré por un
    orificio. De pronto me sentí cómodo en aquella superficie mojada, me desplacé
    hasta llegar a unos óvalos ramificados que se hinchaban y deshinchaban
    de forma repetitiva y planté allí mi habitáculo. Desde este lugar notaba un
    zumbido rítmico y pude oír algunas voces llegadas desde fuera.
    — JL no sé que me ha podido suceder, he sentido cierto vértigo que me ha hecho perder
    el equilibrio y he golpeado, sin pretenderlo, el tubo de ensayo haciéndolo volcar.
    —¿Te refieres al tubo de ensayo del virus que estamos
    manipulando?
    — Sí, y no sé como voy a comunicárselo a nuestros superiores.
    Hablaban de mí, estaba seguro, pero en ese momento no fui consciente
    de la repercusión que mi nueva guarida tendría para mi hospedador y para la
    humanidad.
    A medida que permanecía en aquel cuerpo, me iba dando cuenta de que
    de su boca salía una tos extraña y notaba como su temperatura se elevaba.
    Pronto sus estornudos y sus esputos fueron en aumento. Empecé a sentir
    cierto pánico. Si aquellos movimientos convulsos aumentaban, podrían
    expulsarme fuera y no sabía que suerte correría. Decidí salir de esta zona y
    para ello, solo tuve que esperar a que alguien se acercara lo suficiente para
    dar ese salto. Ello no tardó mucho en suceder y pronto volví a
    instalarme en otro cuerpo. Sin embargo, poco tiempo después, la situación se
    repetía y yo volvía a sentir la misma angustia y la necesidad de abandonar
    aquel otro nuevo cuerpo. Pasaron varios meses así. No soy capaz de recordar
    el numero de individuos que visité pero todos acababan, en mayor o menor
    grado, sudorosos, fatigados y padeciendo altas temperaturas.
    Un día aquella rutina se vio interrumpida, llevaba varios días en un ser que
    parecía no verse afectado, cuando de pronto advertí un olor
    semejante al de aquel lugar en el que había aparecido de forma fortuita muchos
    meses antes. Se escuchaban ruidos de tubos y cierta crispación en los
    movimientos. Decidí desplazarme hasta la boca de aquel ser y fue
    entonces cuando ocurrió, pude divisar la imagen de una forma bellamente
    extraña y perfecta. Estaba adherida a un envase circular transparente y parecía
    estar inmóvil. Un deseo irrefrenable de acércame a ella me invadió, y una
    intranquilidad se apoderó de mí; quería asegurarme de que tenía vida.
    Mientras pensaba en la forma de saltar; de nuevo, voces se esparcieron por
    aquella sala, en tanto que el ser en el que me hallaba se alejaba del lugar.
    —Es la definitiva, estoy seguro, ella será la vacuna que salve a la
    humanidad de esta pandemia—señalo el ser en el que me encontraba.
    —¿Por qué estás tan seguro?—respondió su interlocutor.
    —Ha actuado eficazmente en el último ensayo con células contagiadas.
    Ahora que sé que soy positivo, lo probaré en mí mismo—añadió mi invitante.
    —De acuerdo, tomaremos las medidas de seguridad necesarias y te
    inocularemos el antivirus.
    Nuevamente me nombraban, aquel ente de bata blanca hablaba
    de introducirse algo que llamó “ vacuna” en su cuerpo con el único objetivo de
    acabar conmigo, de destruirme. Se llamaba “vacuna”, aquella adorable forma
    tenía un nombre.
    Permanecí bloqueado y durante muchas horas, mis pensamientos
    solo giraron alrededor de aquella imagen extraordinaria que me había
    cautivado. En mí solo tenía cabida un único deseo: poder volver a verla y estar
    junto a ella.
    A la mañana siguiente no hubo ningún intento de huida por mi parte,
    esperé inmóvil a que aquel ser en el que vivía se la inyectara. Finalmente llegó
    el momento, pude sentir como ella se acercaba, fue entonces cuando la vi, su
    presencia me deslumbró.
    Para ella, la llegada no resultó ser un recorrido demasiado largo; pero para mí, se convirtió en algo eterno.

    EL CICLO DE WATER.

    EL CICLO DE WATER.

    EL CICLO DE WATER:
    Este relato no empieza como los cuentos con erase una vez o hace mucho tiempo, este relato empieza con… ¡Hola! me llamo Water, ya sé que resulta extraño pero a mis padres les encantaba este nombre, yo les he preguntado miles de veces lo que significaba y ellos siempre me respondían: lo imprescindible para la vida, claro yo me quedaba un poco confuso pero esto me hacía sentirme importante. Hasta que un día en clase de inglés estábamos dando el ciclo del agua y me di cuenta de que ¡water es igual a agua!, pero aun así me daba igual.
    ¡Entré dentro!... Ay lo siento que no os he contado la historia, pues bueno allá voy: Un día fuimos con el colegio a una exposición en la que mediante una pizarra con un vídeo nos enseñaban el ciclo del agua. Yo estaba con mis amigos pero estaba más concentrado en lo que me habían dado mis padres antes de irse de viaje. Esto que me dieron era un guante con un botón, lo malo es que en pleno verano yo llevaba el guante, que además era uno solo, y la gente me miraba un poco raro. Mis padres me dijeron que no tocara el botón a menos de que estuviese en peligro, si te digo la verdad, creo que mis padres eran un poco raros. Bueno como os iba diciendo estaba con mis amigos y de repente me llamó la atención la profesora y me dijo que me separara de estos, así que me fui a donde estaba la pizarra y me apoyé en ella, pero no me di cuenta y lo hice con la mano del guante así que se dio el botón y de repente….
    ¡Aaaa! que queréis seguir oyendo la historia, pues sigo, me estaba metiendo dentro de la pizarra ¡entré dentro! Pero ya no era una persona sino que era… ¿UNA GOTA?, me dije a mí mismo: no puede ser, será un sueño, pero no lo era, porque empecé a pegarme y no me despertaba… ¡ESPERA, yo si soy una gota no tengo brazos! Y entonces ¿quién era?...
    Un momento como estoy dentro de la pizarra voy a pasar de ser una gota, a vapor de agua y luego a sólido o… ¿a líquido?, ¡ufff que lío, además con lo mal que me sabía el ciclo del agua…! , pero bueno, seguro que esto dura poco.
    Pero lo que yo pensaba que iba a ser rápido, no lo fue. Primero estaba en una depuradora, bueno eso es lo que oí que dijo el vídeo. La depuradora tenía un montón de sitios: el filtrado, en este sitio pase por un rejilla que retenía los objetos grandes, pero como yo era una gota pasé fácilmente. La desinfección, aquí me echaron un desinfectante para destruir los microorganismos, entonces dije: ¡ahhh, ya sé lo que me pegó, fue uno de los cientos de microorganismos que tenía!, claro ya decía yo que si el agua era incolora, insípida e inodora porque yo como gota olía mal, era gris y sabía fatal, sí ya sé que os preguntaréis como sabía que sabía fatal, pues mira ahora te lo digo, porque antes de pasar por la depuradora un campesino que estaba a orillas del río Nilo, justo por donde pasaba yo como gota, pues se puso a beber con las mano, y sí , me cogió a mí, esto fue una sensación que prefiero olvidar, no solo por el hecho de estar en la boca de alguien sino también porque me escupió. Por eso sé que sabía fatal. Lo mejor fue que después de ir a la depuradora me devolvieron al río como nueva, y también os estaréis preguntando como sé que era el río, pues porque tenía sed entonces me bebí un poco de partículas microscópicas del agua y no sabía salada, además me enteré de que en el vídeo que veían mis amigos, es decir, donde estaba yo, dijeron que el agua dulce era un 2.5% del agua total, mientras que el agua salada era un 97.5%, y sin mentir, me sentí estúpido porque yo pensaba que había casi lo mismo de agua dulce que salada.
    Después me convertí en vapor de agua y dije: ahora sí que soy ligero. Pero esto duró poco porque me condensé alrededor de pequeñas partículas de polvo y aire y me convertí junto con otras gotas en una nube.
    Más tarde caí en forma de nieve (sólido) a las montañas pero me derretí, bajaba tan rápido que dije: ¡esto es una emergencia! Y le di al botón del guante y … de repente estaba en el autobús del colegio, junto con mi mejor amigo Ross… y me quedé un poco confundido como supongo que estaréis vosotros ahora.

    El diario de Roman

    El diario de Roman

    Estaba en mi piso de Barcelona, cuando se oyeron sirenas de los mossos y de bomberos.
    Suelen sonar así que no presté atención.
    Fue veinte minutos después cuando entraron en mi casa los mossos para comunicarme el desalojo , no tuve tiempo de nada. Cojí el móvil y las llaves, y salí de mi casa. Íbamos a bajar por las escaleras, y en el rellano lo ví: grande, asqueroso, con cuatro patas traseras y dos delanteras acabadas en semipinzas y un aguijón al final de una cola gelatinosa; me invadió el pánico, los policías dispararon con sus pistolas, sin ningún efecto. Bajamos por la escalera de incendios hasta el garaje nos dirijimos a mi coche, conducí siguiendo las indicaciones policiales hasta llegar a un control de las fuerzas armadas, allí me comunicaron mi traslado al campamento 4. Me pidieron el coche a cambio de reunirme con María, mi novia en el campamento 3, yo accedí y me llevaron con ella.
    Nos instalan en una tienda de campaña para dos.

    Día 1
    A María, la desalojación la pilló en el trabajo, así que, sus pertenencias son las que llevaba al trabajo: una muda, artículos de papelería, su mochila y su botella. No es mucho, pero, es más que lo que tienen nuestros vecinos.
    Nos traen una olla, dos cubiertos y escasa comida.
    Se me ocurre escribir este diario.

    Día 2
    Hemos construido un huerto, regado con agua del pozo, hemos plantado patatas, espero que germinen.
    Hoy ha habido una incursión Valdak (Invasores), han sido rechazados pero han caído 10 policías y tres legionarios de nuestro campamento.
    Nos comunican una militarización general obligatoria.

    Día 3
    Los víveres escasean, el laboratorio está construyendo un motor alimentado de uranio que alcanza los 1200 m/s, los entrenamientos nos dejan exhaustos pero se nota la mejora física y ya se manejar un fusil.
    María está en las cocinas comunitarias.
    Nos dan una manta y una colcha, más el extra de una esterilla por trabajos comunitarios.
    Nos preparamos para una expedición a el pueblo de Arbeca en busca de supervivientes y víveres.

    Día 4
    Hoy vamos de expedición a Arbeca.
    Nos encontramos con una pequeña cantidad de personas en el ayuntamiento.
    Me encuentro una escopeta y 4 cartuchos y me la escondo para evitar el requisamiento.
    Volvemos al campamento y nos encontramos con una ofensiva Valdak, siguiendo el protocolo cargué el fusil y me dirijí a mi puesto: trinchera norte.
    Son rechazados pero estoy herido, un cañon de bioplasma enemigo me alcanzó de lleno en el pecho, menos mal que el equipo médico actuó con rapidez, me ha dejado el brazo izquierdo impedido por la quemadura y me duele el pecho con el roce de la ropa.
    Comunican mi baja temporal.

    Día 13
    Ya estoy mejor, la quemadura ha cicatrizado, no he podido seguir con el diario a causa de la quemadura.
    ¡Las patatas han germinado!
    La escasez de comida es cada vez mayor, pero ahora gastamos menos calorías.
    En la última batalla, cedí mi escopeta a las fuerzas armadas.
    A cambio nos dieron un pase para el primer vuelo.

    Día 23
    Empieza la selección del primer vuelo, nosotros ya tenemos un pase por ceder la escopeta.
    Estos últimos diez días no he escrito por mi reincorporación a los ejercicios,y trabajos.
    Ha habido dos ataques más y me asignaron a retaguardia, sin sufrir así lesiones.
    Ya hemos comido unas pocas patatas de las que plantamos, aunque pequeña, muy sabrosa.
    Mi quemadura va mejorando.
    Comunican un ataque, me preparo en la trinchera sur.
    Los llamados "obreros" llegan a las barricadas destruyendo las maderas y neumáticos que servían de barrera.Los no militarizados o los heridos, esperan en el centro del campamento.
    A medio día, llegó el Val Reina, que, con sus "guerreros" destruyó el primer sector.
    Los Val de colmena destruyeron el segundo sector.
    Un "destructor", desintegró la barricada oeste.
    Es la peor ofensiva de todas.Hay 30 muertos y 74 heridos.

    Día 40
    El motor ya está listo e instalado en la,aeronave que realizará el primer viaje, el nuestro.
    Preparamos el equipaje.
    ¿Será nuestra salvación ?
    ¿A dónde iremos?
    Muchas preguntas, todas sin respuesta.

    Día 43
    Hemos de despedirnos, nos vamos de este infierno,¡por fin!
    En la nave todos tenemos una misión.
    Tengo un buen presentimiento de este viaje.

    Día 64
    No nos hemos dado cuenta hasta hoy,nos persiguen.
    Se dió cuenta ayer Richard, al observar una anomalía de el campo gravitatorio y magnético de la embarcación.
    Utilizó una computadora que visibiliza las ondas infrarrojas y divisó una mancha en el espacio.

    Día 65
    Disparan el bioplasma, han roto los motores y el tanque de oxígeno.
    Han conseguido entrar en la nave, han matado a casi toda la tripulación.

    Espero que las demás misiones consigan encontrar un lugar para la humanidad, porque ahora la muerte, es nuestro único y oscuro futuro.

    El experimento totalmente fallido

    El experimento totalmente fallido

    Una sirena sonaba a lo lejos, pero la pequeña hija del comandante supo que era la de la cámara extraña del final del pasillo, donde los científicos guardaban el exótico fluido que a veces era líquido y otras gaseoso. Laura sabía que la sirena indicaba que algo había ido mal, seguramente nada grave, sería lo típico, una pequeña brecha en el cristal o algo por el estilo, algo fácil de arreglar, solía pasar a menudo; no sólo con ese experimento sino con muchos otros.

    Laura era la única hija del comandante Chanfler, el jefe de seguridad, trabajaba en ese centro de investigación desde que la pequeña tenía memoria, desde poco después de que su madre falleciera a causa de un experimento fallido en su trabajo. Ella era científica; como las personas que trabajaban en el lugar donde lo hacía su padre, solo que su madre se dedicaba a la búsqueda de algo tan increíble como podía ser la vacuna contra una terrible enfermedad; y los científicos de ese lugar se dedicaban a asegurarse de que los experimentos que a otros les salían mal, no causaran más daños innecesarios. Básicamente, se dedicaban a enmendar los fallos de otros, destruyendo, o intentándolo, aquello que supusiera algún tipo de peligro.
    El último proyecto que había llegado era aquel extraño fluido que en su momento había tenido la intención de ser una nueva ayuda a la atmósfera para acabar con la contaminación. Laura sabía muy poco sobre ese proyecto, solo sabía que, como fluido que era, cumplía las características de estos (son viscosos, tienen densidad, ocupan un espacio y por lo tanto tienen un volumen, dentro de ellos la fuerza que hay es llamada presión y además cumplen el principio de Arquímedes), y también sabía los elementos que lo formaban. O por lo menos antes sí, eran nombres tan difíciles y largos, que un día su padre se los dijo, pero ella ya los había olvidado.

    Este último proyecto tenía a su padre bastante preocupado, ya que daba más problemas de los previstos, y como jefe de seguridad él era el encargado de solucionarlos. Ese día, como muchos otros, al salir del colegio Laura había decidido ir a visitar a su padre al trabajo, en aquel lugar ya todos la conocían y adoraban, era una chica muy lista y curiosa que siempre se prestaba a ayudar si era necesario. Además, era simpática y graciosa, lo cual hacía el día de los científicos algo más agradable. Ese día le había llevado a su padre la cena, ya que tenía un turno más largo a causa de que un nuevo proyecto llegaba a la central, pero lo que Laura no esperaba era lo que iba a pasar.

    Cómo iba a saber Laura que aquella vez lo que hacía sonar la sirena era mucho más grave de lo que ella pensaba, de lo que nunca llegaría a pensar cualquiera. La brecha en el cristal del fluido extraño no era una brecha, si no un gran agujero que claramente alguien había hecho a propósito, y esa persona había hecho que el fluido, primero en su estado líquido, comenzase a salir del recinto poco a poco, extendiéndose así por todo el espacio de la habitación.
    No se sabía qué causas nocivas podían originar esa extraña creación; solo se sabía que los creadores de esta habían muerto y que poco antes de hacerlo habían conseguido guardar el fluido en una caja de la cual no podría salir y llamar a la central para que se encargarán de él. Nadie se había atrevido a hacer pruebas a esa cosa y por ello no sabían nada de ella, pero poco después todos los de aquel lugar se darían cuenta de lo horrible que podía llegar a ser ese proyecto totalmente fallido. Lo peor era pensar que alguien que actualmente se encontraba dentro del edificio era el culpable de que toda la gente allí presente muriese, y el misterio era quién lo había hecho, con qué motivo y cómo sabía que ese fluido podría ser la forma de matar a toda aquella gente, según parecía. Y Laura era la encargada de averiguarlo, lo necesitaba, su sed de curiosidad no la dañaba, ni la posibilidad de una muerte segura y horrible. Descubriría quién había sido, aunque fuese lo último que hiciese.

    El explosivo poder de la serendipia

    El explosivo poder de la serendipia

    La entrada del diario de Louis parecía continuar con la tendencia de las últimas semanas:

    - 22 de diciembre de 2042-
    - La respuesta había estado siempre delante. 1 nanogramo más y suficiente. Mañana es el día. Años de incansable búsqueda por fin darán su fruto. Tantas noches en vela, tantos planes rechazados. 1 nanogramo de NaNH2 y mi nombre saldrá en los libros de historia. Por fin se empezará a fijar en mí… -

    Las páginas de la libreta de papel cuadriculado y tapas negras que el químico llevaba siempre en el bolsillo derecho de su bata, antes llenas de fórmulas y garabatos, durante los dos últimos meses habían empezado a acoger palabras. Al principio misteriosos sustantivos: intriga, nervios, entusiasmo, incertidumbre. Sustantivos que poblaron inicialmente las esquinas de las páginas de la libreta. A ojos de un lector inexperto, estos sustantivos podrían haberse interpretado como los sentimientos que el experimento provocaba en Louis. Nada más lejos de la realidad. Después de más de quince años dedicados al experimento, nada de él era capaz de suscitarle intriga, nervios, entusiasmo o incertidumbre.
    Horas antes de pisar por primera vez el laboratorio, allá por noviembre de 2027, Louis había sentido intriga y nervios como nunca antes. Al entrar, instrumentos de todas las formas y colores, pipetas de precisión inimaginable y microscopios de magnitudes inverosímiles le hicieron maravillarse ante el progreso de la ciencia en la última década. Sin embargo, una vez extinta la llama de entusiasmo que de él se había apoderado, percibió algo en aquel laboratorio: una puerta de cristal al fondo de la sala. Al mirar a través del cristal, Louis quedó atónito. Detrás de la puerta había un laboratorio al menos 10 veces más grande y completo que el suyo. La incertidumbre crecía por momentos. Poseído por la curiosidad que caracteriza a todo buen científico, Louis trató de abrir la misteriosa puerta. Retorció el grueso pomo de vidrio y probó con todas las llaves que le habían entregado. Nada.
    Louis trabajó en el experimento durante casi quince años sin saber en ningún momento a quién pertenecía el laboratorio contiguo, vacío hasta el momento. El 3 de octubre de 2042, por sorpresa y en contra de toda previsión, se encendieron las luces de la sala. Louis dio un brinco y a punto estuvo de caérsele de las manos la muestra de mercurio líquido que estaba manejando. En ese instante, mientras el mercurio se balanceaba en la placa Petri que sostenía el doctor, una mujer de pelo largo y oscuro entró en el laboratorio adyacente. Sin levantar la mirada para saludar a Louis, se sentó en la mesa central y empezó a trabajar con matraces y microscopios. Louis, incapaz de concentrarse, pasó horas mirando disimuladamente a través de la puerta de cristal que jamás supo cómo abrir. Mientras tanto, ella seguía concentrada en su investigación. Louis probó varias veces a llamar, pero no hubo respuesta alguna. Esa noche, cuando el doctor llegó a casa, escribió en su libreta la palabra intriga.
    Se sucedieron los días y nada nuevo ocurría. En las esquinas del diario de Louis se acumulaban palabras como nervios o incertidumbre. El doctor, acostumbrado a pensamientos lógicos y racionales, sentía cómo se le escapaba el control de sus emociones. Su corazón se aceleraba en momentos imprevisibles, cada día le costaba más concentrarse y, poco a poco, los sustantivos que vivían marginados en las esquinas de su libreta empezaron a arrebatarles el espacio central a las fórmulas y garabatos. Progresivamente esos sustantivos se convirtieron en frases y esas frases en un flujo de conciencia a veces ininteligible.
    Sin embargo, todo cambió cuando una mañana Louis vio un cartel pegado en la puerta de cristal.

    - Yo también he intentado abrir la puerta. Es imposible. -

    Aunque todo cambió dentro de Louis, la misteriosa investigadora del laboratorio vecino seguía sin levantar la mirada de sus matraces, placas y pipetas. Hasta el 23 de diciembre, cuando todo dio un vuelco. Louis se disponía a añadir 1 nanogramo de NaNH2 al matraz donde se encontraba la mezcla que le llevaría a la fama cuando, de pronto, la mujer de la sala de al lado le miró por primera vez. Una mirada dulce, enternecedora, explosiva…
    En ese momento Louis perdió el control de la pipeta que sostenía y cayeron 10 nanogramos de NaNH2. Una cantidad elevadísima que, en contacto con el agua de la mezcla, provocaría una violenta explosión.





    Como resultado de la detonación, la puerta voló por los aires. Cubierto de polvo, Louis entró en el laboratorio adyacente, donde ella le recibía con los brazos abiertos. Permanecieron varios minutos fundidos en un abrazo infinito.
    Esa misma noche, Louis escribió con letras grandes en la portada de una nueva libreta:

    - Diario del experimento para la fórmula del amor. Volumen 2. -

    EL GAS

    EL GAS

    Era un día más o menos normal en mi instituto.Nuestra clase volvía de una excursión y estábamos bastante alterados.Yo siempre pongo toda mi atención en las clases por muy cansada que esté,pero estoy segura de que no todos harían lo mismo que yo.Por lo visto nuestra profesora de biología se dio cuenta de esto,porque quiso llevarnos al laboratorio,algo que me hizo bastante ilusión ya que nunca había ido.Fue guiándonos a lo largo de pasillos,subimos por escaleras...hasta que llegamos a la planta más alta del instituto.Era la primera vez que iba allí,ya que era mi primer año y casi todas mis clases se impartían en la planta baja.Fuimos caminando por el largo pasillo,mirando todas la aulas. No había casi nadie,como cabía esperar,ya que todos estaban dando clase.Solo pasaban de vez en cuando un par de chicos(supuse que irían al baño)que nos miraban como si fuéramos unos perritos,de esos que producen mucha ternura,y después seguían con su camino.
    Llegamos al laboratorio.Estaba al final del pasillo y tenía un puerta de madera de color marrón, como es normalmente la madera.Nuestra profesora de biología abrió la puerta,que sonó chirriante, mostrándonos así la espaciosa sala.La verdad es que me esperaba algo distinto,una sala llena de tubos con diversos líquidos,pero por lo visto eso solo pasaba en las películas.Los únicos frascos con líquidos que había estaban en una esquina al fondo de todo,y estaba claro que era lo menos importante de todo lo que había.La habitación estaba llena de animales diseccionados(algo que personalmente me da bastante asco) ,minerales y rocas,que era justamente lo que estábamos estudiando en esos momentos.La profesora nos llevó hasta el fondo de la clase,justo donde estaban los cacharros.Ella abrió un armario enorme y comenzó a sacar cosas de este.Todos estábamos callados,para no desentonar en aquel ambiente que ya había antes de que llegáramos.Estábamos esperando sin hacer nada que no debíamos hasta que un niño se separó del pelotón que formábamos los treinta alumnos.Para hacerse el gracioso,cogió dos frascos y comenzó a hacer como si mezclara los líquidos que había dentro.Su intención no era mezclarlos,pero lo hizo cuando una de nuestras compañeras intentó quitárselo de la mano y en lugar de hacer eso,lo empujó haciendo que vertiera los líquidos.Al principio no pasó nada.Él volvió a colocar los frascos en su sitio para evitar broncas de nuestra profesora,que seguía sacando piedras y minerales del armario.Pero de repente empecé a sentirme mareada,y se me nubló la vista.Como cuando estás tumbado en tu cama y te levantas muy de golpe.También empezó a entrarme sueño,y me di cuenta de por que era.Mi compañero había creado una especie de poción del sueño.Fui todo lo rápido que pude a cerrar la puerta para que el gas que habíamos creado no se expandiera por el instituto,pero el aula era muy grande y yo estaba en el fondo.A cada paso que daba me pesaban más las piernas,y en seguida me di cuenta de que no iba a llegar hasta la puerta.Caí varios metros antes,y pude ver a varias personas haciendo lo mismo antes de quedar dormida.
    Cuando desperté estaba muy cómoda,algo raro ya que estaba tumbada en el suelo.No quería levantarme,quería quedarme allí tumbada,pero me levanté del suelo haciendo un gran esfuerzo y vi que había sido la primera en despertar,algo que probablemente significaba que fui la primera en caer.Miré mi reloj.Eran las 17:00 de la tarde,y terminábamos las clases a las 14:15.Me puse nerviosa y empecé a estresarme. Además,por muy grande que fuera el laboratorio,con 30 personas tumbadas en el suelo se hacía claustrofóbico,por lo que decidí salir al pasillo.Vi que no había nadie,todos debían estar dormidos también.Por algún motivo,a mi ya no me afectaba esa “poción del sueño” que había creado mi amigo.Supongo que es como un virus,tu lo tienes una vez y después creas los anticuerpos necesarios para no volver a tenerlo.Seguí andando hasta que,sin darme cuenta,acabé en la puerta principal.Allí había un par de chicos que tenían todo el cuerpo cubierto(como si estuvieran en un sitio con residuos nucleares) hablando con el director.Después de unos segundos los chicos cogieron una manguera(o eso creo)y empezaron a echar un líquido por todas partes,por todo el instituto.Cuando el director me vio,me dijo que se había creado un gas tóxico por motivos desconocidos.Yo si sabía los motivos pero no los dije,no quería que mi amigo se metiera en problemas.También me dijo que no era peligroso,que solo nos hacía dormirnos.Después de un par de minutos empezaron a llegar todos de sus clases con cara de confusión y el director explicó lo que había pasado.Después cada uno se fue a su casa.Yo estaba hambrienta y tenía que ir andando.Cuando llegué a mi casa,mis padres me preguntaron muy preocupados qué había pasado,y yo,al no saber cómo explicárselo,escribí este “libro”.

    EL HOMBRE NO ES AMIGO DE LA NATURALEZA

    EL HOMBRE NO ES AMIGO DE LA NATURALEZA

    EL HOMBRE NO ES AMIGO DE LA NATURALEZA

    Antes cuando iba al campo a estar con mi familia, no encontraba ninguna bolsa de basura en el suelo. Tampoco había ningún desecho de cualquier animal que hubiera estado allí, porque los dueños lo recogían de inmediato. Y no se dejaban huellas en el lugar por donde se había pasado o se había permanecido en un día de disfrute.
    Con el paso del tiempo, continué yendo al campo y cada vez me encontraba más restos de desperdicios, dejados por la mano humana. Si la visita era al parque natural que envuelve el perímetro del río de mi ciudad, al acercarme a este, los escasos animales que sobrevivían, estaban faltos de oxigeno y enredados en algunos desechos que las personas dejaban allí.
    Pero no solo el campo se encuentra contaminado, la ciudad también lo está, fruto de la falta de civismo de las personas, mientras estoy dando una vuelta por el vecindario, siempre he de evitar pisar un chicle, una cascara de plátano o los excrementos perrunos que no son retirados por los dueños de las mascotas, en resumen, toda la mugre que la falta de urbanidad, de respeto y de consideración de determinadas personas dejan en ese lugar.
    Pero en las ciudades también la mano del hombre atenta contra el medio ambiente de otros modos: la polución que provocan las grandes empresas al producir es otro de los factores que perjudica severamente nuestro entorno con el humo y la pérdida de calidad del aire que respiramos, lo cual incide de manera directa en nuestros pulmones y, por tanto, en nuestra propia salud.


    También cuando acudo a la playa, puedo ver cómo el mar se ve perjudicado por la contaminación, por todos los residuos que quedan en las costas y entran en el mar. Y al entrar en el mar todas las latas, las redes… los animales se que quedan enredados, con falta de oxigeno, pierden la movilidad y mueren por inanición o porque otras especies, aprovechando su cautividad, los devoran.
    Siempre pienso lo mismo, la mano del hombre está detrás de ello, de forma que los residuos que los servicios de limpieza de los municipios retiran en las playas y los mares durante la temporada alta veraniega, coincidiendo con la mayor asistencia de personas a las mismas, son muy superiores a los que se recogen en las épocas de escasa afluencia de personas a las playas, la llamada temporada baja.
    Esta falta de conciencia del ser humano repercute en su propia salud, ya que la contaminación del mar afecta a los peces, que ingieren plásticos y otros objetos contaminantes, con lo cual, al consumir nosotros posteriormente los peces, estamos siendo contaminados indirectamente, perjudicando nuestra salud y con ello nuestra calidad y duración de vida.
    Convendría, pues, una mayor conciencia cívica de todas las personas, y así, ya sea en el campo, en el mar o en la ciudad, la naturaleza volvería a ser lo que fue en sus orígenes, el medio ambiente gozaría de mejor estado y las personas recibiríamos el premio de mejorar nuestra salud.

    El mar de estrellas

    El mar de estrellas

    Aquel día vi el atardecer a través de la ventanilla del coche, esta era mi despedida de la ciudad
    de Madrid y mi bienvenida a La Coruña. Temo por lo que pueda pasar, ¿y si no encajo en el
    instituto? ¿Y si no hago amigos? -Tranquila María, esta es tan solo una de tantas aventuras que
    vivirás-. Esa era mi madre animándome tras ver las lágrimas amenazando con caer de mis ojos.
    Respiré hondo y sonreí, por mucho que me asustase la situación debía mostrar estar feliz.
    Tras el largo trayecto de unas seis horas llegamos por fin a nuestro destino. Una pequeña y
    acogedora casa frente a la playa. Mis padres saltaban de alegría al ver el jardín y yo mientras
    miraba la Luna, lo único que sabía que nunca cambiaría.
    El día siguiente era el primer día en el nuevo instituto. Una chica fue la primera en verme y
    acercarse, dijo alegremente– hola, me llamo Lucía, tú debes ser la nueva- a lo que yo respondí
    nerviosa, - sí, encantada, me llamo María-. Tras esto se ofreció a enseñarme el centro y así
    junto a ella pasé el resto del día, después me pidió mi teléfono y apuntó en él su número, al
    parecer este primer día no era tan horrible como esperaba.
    Una vez llegué a casa me senté a comer con mis padres y les conté con entusiasmo mi día. Al
    acabar, me dirigí a mi habitación, miré mi móvil, y vi un mensaje de Lucía que decía - Hola
    María. Por si te interesa aquí te envío todas las extraescolares que hay en el instituto, yo estoy
    en el club de ciencias, deberías probarlo, es más divertido de lo que muchos creen. - El club de
    ciencias... Siempre me habían interesado las clases relacionadas con las ciencias, pero no sabía
    si ese sería mi lugar. Tras pensarlo decidí contestar a Lucía diciendo- Hola Lu, mañana mismo
    me apuntaré.-
    Al día siguiente después de clase fui junto a Lucía al laboratorio a apuntarme al club, me
    recibieron muy bien. Ese mismo día iban a empezar un trabajo nuevo, la profesora dijo, - para
    la primera actividad debéis buscar por parejas un fenómeno natural que os interese y
    hablarme sobre él.- En aquel momento vi como a Lu se le iluminaba la cara, estaba claro que
    ya tenía una idea pensada.
    Cuando acabó la reunión Lucía me preguntó- ¿irás conmigo en el trabajo? - yo contesté con un
    – por supuesto-. En su cara se notaba el entusiasmo así que le pregunté- ¿de qué habías
    pensado hacerlo? -. Y ella con una gran sonrisa me contestó - del mar de estrellas- no tenía ni
    idea de a qué se refería, ella tan solo dijo- necesitamos quedar en la playa- a lo que yo
    contesté -genial, puedes venir a casa, vivo frente a la playa-.
    Ese fin de semana Lucía vino a casa, hasta entonces había tenido prohibido buscar el mar de
    estrellas así que no lo hice, esos sí la curiosidad me estaba matando.
    A las 21:30 terminamos de cenar y por fin se decidió a enseñarme qué era tanto misterio. Me
    llevó hasta la orilla de la playa con los ojos tapados, una vez se oían las olas me sentó en la
    arena y la sentí situarse a mi lado. Por fin llegó el esperado momento, con un suave gesto
    quitó la venda de mis ojos y vi aquella maravilla ante mí. Al ver mi cara de asombro Lucía
    comenzó a decir- este es el mar de estrellas, un fenómeno natural producido por las
    propiedades bioluminiscentes que tienen algunos microorganismos que se encuentran en el
    agua y que producen un efecto que guarda cierto parecido con las estrellas. - Yo atontada por
    las vistas pregunté, - ¿qué es la bioluminiscencia? - a lo que respondió. -Es un proceso químico
    de la naturaleza que se produce en algunos seres vivos como en las luciérnagas, que les
    permite crear luz con su cuerpo al entrar en contacto con el oxígeno. Esta propiedad la tienen
    algunos microorganismos como el fitoplacton, que habita en el mar pero que debido a las olas
    a veces son arrastradas a la orilla. Al bajar la marea, el fitoplacton se acumula en las zonas
    cercanas a la playa, por lo que entra en contacto con el oxígeno del aire. Es habitual verlo en
    noches oscuras con Luna nueva, cuando los días han tenido temperaturas elevadas, como hoy-
    . Tras esta explicación le sonreí, la abracé y le dije- gracias por haberme enseñado esto, es lo
    más bonito que he visto nunca. Y tenlo claro, cada vez que vuelva a verlo me acordaré de ti. -
    Ahora estoy aquí después de años escribiendo esta historia para recordar a Lucía que nunca la
    olvidaré.

    EL MEJOR DÍA DE LAS VACACIONES

    EL MEJOR DÍA DE LAS VACACIONES

    En estas vacaciones –menos mi hermana pequeña Luna, que se quedó con mis abuelos–,
    nos hemos ido de viaje a un sitio que mi hermano Pepe, de nueve años, y yo desconocíamos. Mis
    padres son los científicos más importantes del país y debían viajar por una investigación sobre
    ciertos asuntos del agua de la zona que no nos querían detallar. Me llamo Beatriz y tengo trece
    años.
    Cuando llegamos al aeropuerto, Pepe y yo estábamos muy emocionados e impacientes,
    porque aún no sabíamos a dónde nos dirigiríamos. Después de una gran espera, por fin entramos
    en el avión y despegamos. Al rato, papá le señaló a mamá lo bien que se veía el vapor de agua.
    Pepe no entendía nada de los comentarios de papá: ¡sólo veía nubes! Le expliqué que las nubes
    estaban formadas por agua evaporada y sonrió, mirando por la ventanilla el mar de nubes.
    Llegamos a una pequeña isla. Papá y mamá se pusieron a llenar botes de agua, que
    tomaron de varios torrentes, pequeños riachuelos y el mar que rodeaba el islote. Imaginé que
    iban a experimentar con esas muestras para distintas pruebas. Pepe no quería ayudarles, estaba
    distraído con la húmeda vegetación del ambiente. Me lo llevé a la tienda en donde nos
    alojábamos y cogimos todo lo que pensamos que nos haría faltar para explorar la isla. Nuestros
    padres, tan absortos con sus experimentos, no se dieron cuenta de que nos marchábamos.
    Después de caminar un rato por la playa encontramos, entre las rocas, unas cuevas que parecían
    muy interesantes. Se me ocurrió que podríamos visitarlas, pero a Pepe esta idea no le llamaba
    demasiado la atención. Le aterraba que pudiésemos hallar en su interior un dragón, un hombre
    lobo, una bruja o una hidra… Me empecé a desesperar, porque Pepe sabía perfectamente que
    esas criaturas no existían. Para tranquilizarle le dije:
    – Pepe, tranquilo, estás conmigo, “¡que la fuerza nos acompañe!”.
    Pepe rió y se tranquilizó:
    –¿Entramos? –propuso.
    Asentí con valentía y entramos. Dentro hacía frío, mientras que, en el resto de la isla, se
    superaban los 35ºC. Nos pusimos los chubasqueros y unas linternas en la cabeza. Al principio,
    aunque nos colocamos las linternas, no conseguíamos ver nada. Pero, poco a poco, se fueron
    diferenciando en el techo de la cueva afiladas estalactitas y en el suelo descubrimos
    estalagmitas. Oíamos sin cesar un goteo continuo, como si fuese el himno de la gruta. Nos
    adentramos a paso ligero y, después de andar unos cincuenta metros muy despacio, nos
    encontramos con un enorme lago.
    – ¡Qué maravilla! –exclamamos
    Cuando nos miramos, estábamos con la boca abierta y nos entró la risa. El lago estaba
    bordeado por rocas, que nos permitían caminar por la orilla. Las rocas, en algunos tramos, se
    estrechaban y en esas zonas me ponía muy nerviosa, porque me daba mucho miedo caerme o
    que se resbalase Pepe. Llegamos a un punto tan, tan angosto que tropecé y me caí al agua. Me
    puse a gritar aterrorizada, desesperadamente. Me sorprendí mucho al darme cuenta de que el
    agua solo alcanzaba por las rodillas. Me quedé muda un instante, para después echarme una
    gran carcajada riéndome de mí misma. Pepe me ayudó a regresar a la orilla y continuamos
    bordeando el lago. Miramos al frente y nos asustamos mucho porque nos pareció divisar un
    dragón enorme con las alas extendidas y una boca gigantesca. Pero, en unos segundos, nos
    dimos cuenta de que era un conjunto de estalactitas y estalagmitas lo que daba forma al
    monstruo. Con nuestras linternas de la cabeza iluminamos diferentes zonas del techo y
    encontramos una bruja. Seguimos andando y aquello nos pareció un museo: vimos también
    sombras y formas parecidas a un hombre lobo, a una hidra y a un fénix. Nos quedamos
    asombrados. Decidimos salir de la cueva lo más rápido posible para contarle nuestro
    descubrimiento a nuestros padres. Al llegar junto a ellos casi no teníamos aliento y no nos
    entendían lo que les queríamos contar. No se creyeron nada, porque ningún mapa mencionaba
    aquella cueva en la playa. Así que les cogimos de la mano y les arrastramos hasta la puerta de
    casa para salir a la playa.
    A la mañana siguiente, todos los periódicos publicaron el titular:
    “Los hijos de los mejores científicos son los mejores exploradores. Descubren una asombrosa
    cueva milenaria durante la bajamar de unas mareas vivas. La entrada a la cueva llevaba oculta
    miles de años”
    Estábamos felices. Durante los días siguientes continuamos explorando la isla. Después de una
    semana, el mundo entero ya nos conocía. Nos pedían desde lugares remotos que les
    contásemos nuestros descubrimientos y que fuésemos a investigar a sus países. ¡Estábamos
    encantados! ¡Cuánto “vapor de agua” íbamos a ver, je je!

    El ser humano huye de sí mismo

    El ser humano huye de sí mismo

    26 de abril de 3086. Entre 1964 y 1986 la Unión Soviética lanzó al Océano Ártico miles de bidones que encerraban residuos radioactivos procedentes de sus centrales nucleares. Ahora, debido al estado de dichos bidones, el uranio y el plutonio contenidos en ellos están siendo liberados y están contaminando los mares y océanos terrestres. Consecuentemente, los noventa y cinco mil millones de habitantes que actualmente pueblan la Tierra, deberán abandonarla hoy.

    Sin duda, quien nos permite alejarnos para siempre de ella, es la ciencia. Los avanzados conocimientos del ser humano han permitido diseñar y construir una nave capaz de crear agujeros de gusano, que consisten en curvaturas del espacio-tiempo. Esto ha sido posible, en parte, gracias al reciente descubrimiento de la existencia de los agujeros blancos. Los agujeros blancos son lo contrario a los agujeros negros; ya que estos últimos no dejan que nada escape de ellos, mientras que los otros, no permiten que nada entre. De este modo, se comprendió que conectar un agujero negro con uno blanco sería suficiente para crear un agujero de gusano y obtener así un túnel de acceso directo a otro lugar del universo. En este caso, el destino será Próxima Centauri b, un planeta localizado a 4,23 años luz de la Tierra. Según investigaciones científicas que se llevan realizando desde 2016, este planeta podría permitir la vida en él. En Próxima Centauri b, un hemisferio mira hacia su estrella mientras que el otro, se encuentra eternamente a oscuras. Sin embargo, numerosos estudios demostraron que entre ambos existe una zona cuya temperatura aproximada es de 0 °C, por lo que sería muy probable la presencia de agua líquida. Así que, el oxígeno de su gruesa atmósfera y la región habitable ya mencionada hacen de Próxima Centauri b un nuevo planeta en el cual vivir.

    Pero, las causas y las soluciones del abandono del Planeta Azul no son menos interesantes que la casualidad que está ocurriendo hoy. Justamente este día, se cumplen 1100 años del accidente nuclear de Chernóbil, el más importante de la historia. La localidad de Prípiat, en la cual vivían los trabajadores de la central nuclear y sus familias, se convirtió en una ciudad fantasma cuando, debido a la catástrofe, sus cincuenta mil habitantes se marcharon para siempre de ella. Por tanto, no es descabellado pensar que esto no es una simple coincidencia, y que la Tierra ha querido recordarnos que nuestra actuación sobre ella, acaba dañándonos a nosotros mismos. Y, es que, así es el ser humano. Una especie que antepone el desarrollo económico, social y tecnológico al bienestar tanto de las especies vegetales y animales, como al suyo propio.
    No obstante, la situación actual es bastante más grave que la que se vivió en Prípiat en 1986. Pues, en este caso, miles de millones de personas deberán irse de su planeta.

    Aunque he de decir que el ser humano no es el único que deja la Tierra, ya que gran parte de la fauna terrestre también lo hará. A parte del ganado y las mascotas, varios individuos de las diversas especies salvajes podrán viajar a Próxima Centauri b, gracias a la labor de miles de personas de los distintos países que los han capturado para que tengan una mayor posibilidad de sobrevivir en el nuevo mundo. Estos animales serán distribuidos por las diferentes zonas del planeta, haciendo que el nuevo lugar en el que habiten se adapte a ellos.
    Por supuesto, también se llevarán semillas de muchas especies vegetales para intentar que germinen en Próxima Centauri b.
    En cuanto al ser humano, esta especie también deberá adaptarse psicológicamente a su nuevo hogar, algo que resultará un tanto complicado.

    Entonces, llega el momento de marcharse. Debido al gigantesco tamaño de las naves, cada una puede albergar un máximo de tres millones de personas. Pero, hay una nave de unas proporciones aún más grandes que despegará de Cabo Cañaveral (Península de Florida), desde donde la NASA lanza sus cohetes, y que creará el agujero de gusano. Conforme las personas entran en las naves que los dirigirán hacia Próxima Centauri b, los pequeños de las casas preguntan a sus padres que a dónde van y que cuándo regresarán. En la mayoría de los casos, los progenitores no responden ya que la nueva realidad a la que se encaminan también les resulta inconcebible a ellos. No sabemos si el astro estará poblado ya por algún tipo de civilización subterránea. Sin embargo, lo que sí que sabemos es que el tiempo en el que podamos vivir en Próxima Centauri b será efímero, a no ser que aprendamos a no tropezar con la misma piedra y no dañemos ese planeta.

    EL TAMAÑO PERFECTO DEL SOL

    EL TAMAÑO PERFECTO DEL SOL

    10 de mayo de 3050.
    Nuestra estrella, el Sol, se ha expandido tanto que la Tierra está dejando de ser habitable, esto no debería pasar hasta dentro de millones de años, los físicos no se lo explican. Nuestra única opción es trasladarnos a otro planeta, en cuyo caso se dice que puede ser Plutón, o una luna de Saturno llamada Titán.

    17 de mayo de 3050.
    Ya pasó una semana de esa noticia que dieron en la TV, finalmente nos iremos a Plutón; a pesar de su órbita excéntrica (va al contrario que la mayoría de los planetas) parece la mejor opción, nunca llegaríamos a Titán puesto que chocaríamos con los múltiples satélites de Saturno.

    18 de agosto de 3051
    Los gobiernos han preparado las naves pero tienen un problema, no cabemos todos, existe un dilema moral, abandonar a los ancianos, a los enfermos y a las personas menos necesarias en el nuevo mundo.
    Los cálculos los tienen claros: con la fuerza necesaria para propulsar cada nave para que consiga la aceleración suficiente para llegar a Plutón, sólo cabe la masa de diez mil personas en cada una. Han valorado apagar los motores, una vez en el espacio, para que la inercia nos siga manteniendo en ruta, pero entonces no llegaríamos a Plutón a tiempo, puesto que dejaríamos de tener aceleración.

    No me he presentado, me llamo Carl, soy físico, no voy a irme y no voy a dejar a nadie abandonado. Mi misión es detener el crecimiento del Sol y que vuelva a tener un tamaño normal. Para ello trabajo día y noche junto a mi equipo.
    Un día, pensando en cómo resolver este gran enigma, se me vino a la cabeza una idea; hace unos años unos científicos descubrieron que había materia oscura detrás de la Luna y habían estado creando unas máquinas capaces de coger la materia y poder transportarla para después estudiarla en la Tierra.
    Como sabemos, la existencia de materia frena la expansión de los cuerpos, así que pensándolo se me vino a la cabeza la idea de que si consiguiera poner suficiente materia alrededor del Sol, frenaría su expansión. Esto, al menos, nos daría tiempo.

    31 de diciembre de 3051
    Os ahorro los detalles, pero ha sido un éxito, hemos conseguido transportar suficiente materia alrededor del Sol para frenar su expansión. La colaboración a nivel mundial está siendo increíble.

    7 de febrero de 3052
    Esta noche, buscando mis zapatillas, vi la cara de culpa que ponía mi perro Chop; lo tuve claro, las había cogido él. Es como un gran agujero negro, todo lo que coge no vuelve a aparecer. ¡¡Claro!! ¿¿Cómo no se me había ocurrido antes??, me puse como loco, mi perro parecía contento, se había librado, yo no me enfadaba por la desaparición de las zapatillas. Salí corriendo hacía el laboratorio mientras llamaba a mis colegas para que se encontraran allí conmigo. Era arriesgado, pero tenía la solución. Crear una especie de agujero negro con la suficiente masa como para encoger el Sol.
    Les propuse mi idea y la respuesta fue unánime: era una absoluta y total locura. ¿A qué estábamos esperando para ponernos con ello?

    Podíamos crear agujeros negros en el laboratorio, ya se había hecho antes, el problema era cómo llevarlos hasta el Sol. La solución nos la dio Jazmín, utilizaríamos las naves que se habían construido para abandonar la Tierra, sólo había que convencerlos para que nos las diesen. Jazmín también tenía la solución para eso, su primo Jorge, el mejor filósofo de todos los tiempos y capaz de convencer a cualquiera.

    16 de octubre de 3052
    Jorge no nos defraudó, nuestro equipo también estuvo a la altura. Llegó el día, teníamos las naves y dentro de ellas habíamos creado una cápsula capaz de transportar agujeros negros. Ahora sólo faltaba lanzarlas y ver si funcionaba.
    Todos asistimos al lanzamiento, con esperanza pero nerviosos. Al enviar las naves nos quedábamos sin esos botes salvavidas para ir a Plutón.
    Así que cruzamos los dedos, aguantamos la respiración y vimos cómo despegaban….

    1 de enero de 3053
    Hoy me he levantado de la cama muy relajado, llevaba ya un tiempo sin dormir tan bien, me puse mis zapatillas y salí al jardín. Allí estaba Chop, con Jazmín, me miró y me dijo: Hace un perfecto día de sol, con el Sol perfecto, con su tamaño perfecto y en su sitio.

    EL VIAJE DE AGUITA

    EL VIAJE DE AGUITA


    Esto es la historia muy peculiar de una gota. Aguita vivía en el mar con sus amigos, cuando era pequeña su abuela le había contadola la historia del ciclo del agua: un viaje. Cuando tenía doce años se aburría de estar en el mar y decidió buscar aventuras por lo que subió a la superficie y de repente…. Puf se evaporo Subió por el aire, mientras subía encontró un montos de agua que conocía, amigos y familiares, Siguió subiendo y de repente se juntó con muchas gotas más y se condensaron entre ellas y formaron una nube muy grande. Se transportó como le explico su abuelita hacia unas montañas y vio que la nube se estaba poniendo negra y de repente se calló. Llego a una montaña que la transporto a un rio. Ella quería seguir su aventura por lo que se fue a la orilla del rio, donde junto a muchas más, fueron recogidas por un humano, que más adelante la tiro en unos árboles. Se metió bajo tierra y el árbol la intento absorber, pero consiguió escapar y entro en un reflujo subterráneo, donde se juntó con muchas gotas que había e hizo muchos amigos. De repente unos humanos cortaron los árboles y encontraron el reflujo, recogieron el agua y la usaron para limpiar las calles del paseo de la playa. Ella consiguió volver al mar, Vivió una experiencia para recordar.

    El virus "Nomuerto"

    El virus "Nomuerto"

    Hace unos cuantos años habían tres personas llamadas: Elías, Paula, y Manuel. Ellos vivían en España en un pueblecito, cuando se anunció la llegada de un virus llamado el virus «Nomuerto». Solo decían que era peligroso, y que se recomendaba que no se saliera de casa.Ellos, asustados, fueron a casa(incumpliendo la recomendación) de su amigo llamado Ottreblá, el era de estatura promedia y tenía el pelo marrón, tenía un perro raza Shiba. O un Doge. Su amigo enElcantado y asustado al mismo tiempo habló con unos científicos que afirmaban estar casi al alcance de la cura.

    Ottreblá dijo que el laboratorio estaba a casi 4’58 kilómetros hacia el sur de aquí. Así que se fueron por un camino secreto llamado Ottap, que era un helicóptero de su amigo que se parecía a una ave. Tardaron aproximadamente 2 minutos en llegar, y, en ese tiempo, comieron sopa y bebieron agua de una botella con una tirita negra opaco encima. Después de llegar el helicóptero se fué raramente aún más rápido en irse que en llegar. Pero ellos no le dieron importancia. Así que se pusieron a buscar a los científicos, pero no, nada de nada, ni una sola persona, todo eran polvos y escombros(Telarañas no habían, porque no habían arañas, pero si hubieran estado, habrian un montón de arañas ahora). Pero habían instrumentos científicos, así, que por lógica, era un laboratorio. Después de una hora de búsqueda y desesperación, encontraron un ordenador con suficiente información de este virus:

    Nombre: Nomuerto

    Nombre científico: Οι άνθρωποι αναβιώνουν τον ι

    Significado: La gente está reviviendo de el virus.

    ¿Que hace o por que es peligroso?: Afecta a la gente estando viva o muerta, si está muerta, provoca que la persona reviva, pero no será la que conocimos hace tiempo, sino que no comerá, beberá, excretará, ni ninguna de las otras funciones del cuerpo. Solo estará obsesionado en tener contacto físico, cosas que hará traspasar el virus a otra persona. Aún no se sabe con claridad porqué. Si está viva la persona tendrá otros efectos que explicamos un poco más abajo de el texto.
    Lugar de su creación: Grecia

    Intenciones: Evitar plagas de parásitos en humanos.

    Paciente 0: Boris Lordanou Dimitriou

    Habitage del paciente 0: Grecia
    Tipos de virus: Por colores: Verde: Ataca en el pecho. Azul: Ataca en el pelvis. Rojo: Ataca en el cerebro(es el más peligroso y es el que está por todo el mundo).
    Amarillo: Ataca en el pavellón auditivo o oreja. Morado: Es el más peculiar, al cabo de unos días produce que tu piel se vuelva morada/negra.

    Mutación al cabo del tiempo: Después de 4 días se te hinchará la barriga, después de 2 semanas y 4 días obtendrás el gigantismo, después de 4 meses 1 semana y 3 días se te hinchará todo el cuerpo(la barriga aún más) y te causará tanto dolor que a veces te desmayarás, pasados 1 años 4 meses y 6 días, medirás 2 metros y 57 centímetros o 2,1872266 yardas y pesarás 143 kilogramos o 315,261 libras, y, finalmente, después de 2 años, tu cuerpo en 2 días 3 horas 14 minutos y 23-45 segundos se convertirá en polvo que se esparcirá con el mismo virus dentro(hay 2’34% de probabilidades de que el virus que obtengas sea el amarillo(en caso de que tengas el amarillo, habrá 100% de que sea amarillo))

    ¿Por que es rojo el más peligroso?: Que sea rojo es debido a sus cantidades exageradas de hemoglobina, que por ejemplo, es el causante de que los glóbulos rojos sean rojos. Y, es peligroso, porque contiene una alta sustancia de componentes tóxicos, pero el virus tiene una coraza que le protege a el de la sustancia, es parecido a las colas de los escorpiones.

    ¿Su mutación al cabo del tiempo es la misma?: Afortunadamente sí, no se sabe porqué.

    Cura: «Este elemento ha sido eliminado por: Ottreblá7002»

    -¡¿Cómo?! -Gritó Manuel.- ¡¿Pero cómo ha podido hacer el esto?! ¡Era nuestro amigo!- Y Paula añadió -Quizás haya sido un error, o a lo mejor es otra persona- !Entonces vamos ha preguntárselo!- Dijo Manuel con un poco más de tranquilidad.

    Cuando estaban a punto de salir oyeron unos golpes fuertes contra un metal. Así, que, obiamente
    fueron a ver que estaba pasando. Y su sorpresa… ¡Eran los científicos
    encadenados con cuerdas nuevas y un trozo de drapo en sus bocas! Habían 6 de ellos. Los científicos les preguntaron que qué hacían aquí, y , ellos les respondieron que su amigo les había hablado de que ellos les podían decir información acerca de la cura y el virus. Les dijeron que una persona de pelo negro y ojos castaños entró y les noqueó, y luego se despertaron y después de unas horas se pusieron a golpear metales hasta que les escuchamos. Y que desgraciadamente solo sabían que la cura estaba a parte de en su ordenador, en la biblioteca municipal. Así que, sin nada más que añadir, nuestros protagonistas se fueron a la biblioteca mientra los científicos buscaban un nuevo laboratorio. En 5 minutos llegaron, hicieron una videollamada con periodistas en las noticias para que viera todo el mundo como conseguir y fabricar la cura. En 3 minutos ya estabn siendo observados por todo el mundo, conectaron el ordenador, pusieron la contraseña(la decía en un cartel al principio de la puerta de entrada), buscaron el archivo, lo seleccionaron, y cuando el dedo de Paula estaba al lado de el botón de abrir alguien dijo: Vaya, vaya, vaya. Pero si han conseguido descubrir lo que he estado intentando esconder… Reconocieron la voz inmediatamente. ¡Era Ottreblá! -¡Pues no lo vais a conseguir!- Rápidamente cojió por el cuello a Elías y amenazó a Paula con no enseñar la cura.
    -¡No pulses ese botón o tu amigito morirá!- -!Púlsalo Paula!- Gritó Elías- Está bien- Dijo Paula haciendo el gesto de ir a pulsar el botón.- ¡No no no no nooo, no lo pulses!- Dijo Elías- ¿Pero no has dicho que lo pulse?- Gritó Paula- No pero tienes que decir algo bonito como que no puedes hacerlo porque somos amigos- Está bien, y Paula dijo lo mismo pero en acento de desesperación, como si estuviésemos en una película.-¡Pero tienes que hacerlo!- Dijo Elías- Vale- Dijo Paula secamente con otra vez gesto de ir a pulsarlo.- ¡Que nooo, no lo pulses!- Grito Elías- ¡¿Pero que quieres que haga?! chicos… Pues que digas que no por que somos amigos y la amistad lo puede contra todo etcétera… Chicos… ¿Entonces lo pulso o no lo pulso? CHICOS… ¡Púlsalo! ¡CHICOS!- Gritó a pleno pulmón Manuel- ¿¡Qué!?- Gritaron los dos- Mientras estabais haciendo el tonto, le he golpeado en la cabeza a Ottreblá de tal manera de que o lo he matado o noqueado, podéis abrir el archivo tranquilamente.

    Lo abrieron y decía lo siguiente en voz de texto: Jajajajjajaja XD XD XD jajajajajajjaja os he trolleado jajajajajaja XD XD XD el verdadero archivo está al lado de este archivo jjajajjajaj XD XD XD has sido trolleado dos puntos uve. Y se apagó de repente. Así que volvieron ha hacer lo mismo y seleccionaron el archivo del lado. Que decía lo siguiente en forma de texto: No hay cura, lo único que elimina al virus es comiéndote una manzana al día y después correr durante 7 minutos cada semana. Al final es cierto lo de una manzana al día al médico alejaría. Así que los sobrevivientes hicieron eso, y, en 2 días, aniquilaron completamente el virus. No se sabía con claridad si Ottreblá quería aniquilar a la humanidad o simplemente vender la información a precio de oro. 23 años después un nuevo virus que se rumoreaba que había sido creado en China por un murciélago salió y infectó a la gente. Pero eso es otra historia.













































    Elementos naturales

    Elementos naturales

    Érase la madre naturaleza, creadora de todo lo natural, y sus 4 hijos: Agua, Fuego, Tierra y Aire. Todo era perfecto al principio, su mundo estaba en perfecta armonía, no había problemas. Pero entonces una de las creaciones, el ser humano, empezó a estropearlo todo. Usaban más recursos de los necesarios, cada vez quedaban menos, hasta agotaban las necesidades anuales mucho antes de que acabara el año. A Agua la estaban acabando, a Fuego lo provocaban por encima de sus límites, a Tierra la sobreexplotaban y a Aire lo envenenaban con sus residuos. Los cuatro hermanos, hartos de la situación, decidieron hablar con madre y ella, enfadada, lanzó su venganza contra los humanos. Ahora, poco a poco, todo está volviendo a la normalidad, al menos llevamos varios meses recuperándonos, y esperemos que dure mucho más y los seres causantes de este desastre recapaciten y mejoren la situación.
    Yo también me estoy recuperando de este apocalipsis. Perdonad, se me había pasado presentarme. Yo soy Éter, el quinto hermano, o, como me decía madre, un elemento perdido.

    Es de humanos

    Es de humanos

    25 de mayo; ¿Podré sentir hoy el sentimiento al cual los humanos llaman "felicidad"? - me pregunté -

    Aún no ha salido la estrella más cercana a la Tierra; me encuentro sentada en mi cama , esperando a que aparezca mi estrella favorita. Todo era demasiado normal en aquel lugar al cual los Homo sapiens llamaban "habitación" , yo , prefería llamarla "refugio".
    Apenas faltaban cinco minutos y veinte segundos para verla. Aquella estrella , aquella hermosa esfera de hidrógeno y helio que brilla más que un billón de bombillas juntas; era la señal la cual me diría que era el final de todo.
    Pero, ¿por qué sería el final de todo cuando viera mi estrella favorita?
    La razón es tan fácil de explicar , pero , tan difícil de entender...
    Existe un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. Esta enfermedad se conoce como "depresión".
    Aquel trastorno estaba acabando conmigo , pero , si os soy sincera , yo ya estaba acabada desde hace 122.640 horas aproximadamente.
    Tenía planeado ponerle punto y final a mi supuesta "vida" hoy 25 de mayo al no poder superar mi trastorno.
    Ver la estrella más grande del mundo era la señal que me diría que mi fin llegaba , que debía tomarme treinta comprimidos de doxepina y cerrar mis ojos para siempre por causa de una sobredosis.
    Mi decisión fue esta ya que los seres humanos , normalmente dicen: "sigue a tu corazón". En este caso , mi corazón me decía "hazlo" y mi cerebro decía "¿acaso Einstein se rendía tan fácilmente cuando algo no le salía bien?" , a lo que me respondí:
    -¡Claro que no! Pero, yo no soy Einstein , soy un ser cualquiera que pasa por una enfermedad , la cual pronto la matará por el simple hecho de que estuvo demasiado tiempo siendo fuerte y fingiendo ser feliz.
    Sin darme cuenta , ya había salido mi estrella favorita. La única información que pudo enviar mi cerebro a mi cuerpo fue irme al baño y tomarme la doxepina.
    Los comprimidos no hacían efecto , por lo cual pensé que debería continuar pensando en mis actos.
    Tardé aproximadamente , 30 minutos y 21 segundos para recapacitar y darme cuenta que lo que estaba haciendo era una "tontería" , creo que era así como lo dicen los humanos.
    Mi cerebro empezó a imaginar un futuro perfecto en el cual el sentimiento más deseado por los seres vivos estaba por primera vez presente en mi vida.
    Todo iba bien , aún continuaba en el baño pensando como si no hubiera un mañana. No sé exactamente en que momento empecé a sentir un gran dolor en el corazón , sentía que me faltaba el aire y mi vista no funcionaban del todo bien.
    Recuerdos de mi vida vinieron a mi como si de un rayo se tratara. Recordé demasiadas cosas en muy poco tiempo.
    Me di cuenta que estaba sufriendo un paro cardíaco por la intoxicación que había provocado yo misma con la doxepina.
    Mientras procesaba aquella información, una gota segregada por la glándula lagrimal caía por mi cara lentamente.
    Era 2 de junio, mi familia se encontraba reunida alrededor de mi con gotas algo saladas en sus rostros que empezaban a salir cada vez más y más de sus ojos.
    Al final no pude sobrevivir y acabé así; en una caja de madera tumbada , con mi rostro algo pálido y con un vestido de seda de color blanco; parecía un ser bondadoso y alegre que se encontraba en un lugar mejor.
    8784 horas después de ese día me encontraba observando a mis seres queridos desde el cielo.Aprendí muchas cosas con un hombre muy amable y único llamado Dios. El es mi padre y junto a mi madre María me cuidan como si de un ser recién nacido tratara.
    Gracias a ellos llegué a entender el por qué de mi infelicidad en la Tierra. La razón era porque siempre me aferraba a las personas que mas quería pensando que lograría algo estando con ella , pero me abandonaban en mitad del camino y me hundía en mi miseria.
    Como decía Einstein: "Si quieres vivir una vida feliz, átala a una meta, no a una persona o a un objeto"
    Intento recordar todo lo que me dicen en este maravilloso lugar, aunque , por ahora solo recuerdo una frase de Einstein. Casi todos dicen lo mismo , por eso hice una frase para poder aportar algo en este lugar.
    "Sufrir durante años por culpa del dolor y no acabar con tu vida es de valientes, pensar que todo mejorará sin hacer nada es de humanos"

    ESTE NO ES EL FÍN

    ESTE NO ES EL FÍN

    Era un día cualquiera como todos los demás en los laboratorios BVS ( Biology Virus Studio), pero lo que no sabíamos era que en ese día, nuestra vida iba a cambiar.

    1 Semana antes:
    Hola!, Mi nombre es Flaguer, Flaguer Kast y trabajo en los laboratorios BVS, vivo en un piso de alquiler a las afueras de la ciudad con mi novia Leyna.
    Últimamente estoy un poco extrañado, nuestro jefe, Lewis Koch está muy raro, estos últimos días está haciendo cosas muy singulares como por ejemplo: Todos los días va al baño unas 7 veces y siempre que le preguntamos, nunca responde.
    Anoche tuve una pesadilla, y me levanté de golpe.
    No podía dormir bien, tenía demasiadas cosas dentro de mi cabeza.
    Cuando me levanté para ir al baño tenía una Sparassidae encima de la mesa del escritorio, era una araña gigante con 8 patas del tamaño de un bolígrafo.
    Rápidamente me levanté de la cama, la saqué una foto y la encerré dentro de un bote de cristal. La foto que he sacado la voy a enviar al laboratorio para que la examinen.
    Era una Sparassidae fuera de lo común tenía los ojos de color magenta y la piel tenía un tono de color lapislázuli.
    En unas horas, justo cuando terminé de comer, me enviaron un mensaje de mi jefe diciendo:
    Flaguer, ¡coge a la araña y ven de inmediato, es una urgencia!.
    Cuando llegues te lo explicaremos todo.
    Me extrañé mucho con este mensaje, un sinfin de ideas sobrevolaron mi cabeza.
    Fui a la habitación para coger la Sparassidae cuando ví que el cristal estaba roto.
    ¡Se había fugado!.
    Inmediatamente contacté con Lewis para contarle lo que había sucedido, él me dijo que saliera corriendo de la habitación que me fuera de casa con mi novia y viniese a los laboratorios.
    Cuando llegamos a los laboratorios, Lewis me explicó el porqué estaba tan raro: No os lo quería contar, porque me lo impidieron. Estuve comercializando con el laboratorio CFG y me dijeron que les diera un poco de nuestro mineral estrella: ¡LA CROCIDOLITA!, a cambio de una bombona de ácido fluoroantimónico, ya que nos serviría para más adelante.
    Entonces yo accedí.
    Al cabo de unos días me llamaron del laboratorio CFG diciendo que habían creado un simbionte nunca visto con la Crocidolita y que le habían encerrado en una cápsula de vidrio hecha de paladio con una Sparassidae para poder ver que es lo que ocurre.
    Lo que ellos no sabían es que habían creado la araña más fuerte, más inteligente y venenosa del mundo. ¿Y como ha llegado la araña hasta nuestra casa? dijo sin entender nada Leyna.
    Lewis tuvo una idea: probablemente se haya metido en la carpeta o en algún bote de Flaguer y se la ha llevado a casa sin querer, pero no logro entender es ¡qué hacía la araña aquí y cómo comercializaste con ellos desde el baño!.
    Lewis contestó: ves el cuadro del orangután amarillo, pues si lo giras aparece unos conductos por donde nos comunicamos e intercambiamos cosas, tu primera pregunta no tengo respuesta al respecto.
    Flaguer confesó: estuve en los laboratorios CFG espiándote, llevaba toda la semana intrigado, y ahí es probablemente cuando la araña me siguió y cuando estuve despistado se metió dentro de mi maletín.
    Ya tenemos todas las pruebas que necesitábamos dijo Leyna, ¡bamos a llamar al laboratorio CFG para que nos den más información sobre la araña!
    Mientras Lewis estaba hablando por teléfono con ellos, Leyna y yo fuimos a un bar cercano a comer algo, ¡todavía no habíamos cenado!
    Cuando Lewis terminó nos llamo diciendo: La situación es caótica, me han dicho que esa araña se reproduce asexualmente pero tarda 2 días para poder tener crías.
    ¡HAY QUE MATAR YA A ESA CRIATURA!.
    ¿Y como vamos ha hacer que esa criatura muera? Preguntó Flaguer.
    La única manera de destruirla es con el ácido fluoroantimónico,
    ¡Ya sabía yo que algún día nos serviría para algo!
    Bueno, como en vuestra casa se encuentra la araña veniros a dormir esta noche a la mía dijo Lewis.
    Leyna y yo accedimos a lo que nos propuso.

    A la mañana siguiente:
    Nos equipamos con trajes especiales, mascaras de gas y con la bombona para poder matar a la Sparassidae.
    Cuando fuimos a entrar en casa vimos que estaba llena de telarañas de color verde cartuja por todos los lados, estaba la nevera reventada, completamente vacía.
    Estábamos completamente perplejos, cuando de repente la araña nos tendió una emboscada, nos tiró una tela de araña en la que quedamos atrapados.
    Pudimos ver que la araña había mutado ahora era de color verde fosforito y había aumentado de tamaño por las crías que llevaba dentro.
    Pero eso no era lo peor, ¡HABÍA ESCAPADO!.

    Eterno

    Eterno

    Si antes de todo esto alguien me hubiera tan solo insinuado la probabilidad de que existiera el presente en el que hoy vivo, hubiese puesto la mano en el fuego porque ese alguien estaba equivocado. De haberlo hecho me habría quemado, chamuscado y hasta carbonizado, pues mi incredulidad me impedía concebir algo como lo que estoy viviendo ahora.
    Hace años que mi mujer murió clínicamente. Y yo junto a ella. La diferencia entre los dos es que hoy puedo escribir estas frases y ella no. ¿Por qué? -os preguntaréis- Bueno la respuesta a esto se remonta a hace un tiempo.
    Por aquel entonces yo trabajaba en el ejército. No ocupaba un puesto alto, tampoco uno bajo, era respetado y me sentía a gusto en ese sitio a pesar, claro, de los constantes peligros y los largos periodos de tiempo que tenía que pasar lejos de mi familia. A veces la espera al enemigo era larga y yo leía. Leía sin parar. Todo lo que estuviese en un libro era bueno para mí. Abundaban las historias sobre cómo sería el futuro, sobre los coches voladores, los extraterrestres, los primeros amores, la pena y la muerte, la comedia y el entretenimiento. Fuera lo que fuese lo que me sucedió a mí no lo podría haber leído en un libro.
    Un día tras volver de correr por la mañana (costumbre entre soldados para mantener la forma aun estando fuera de servicio) entré en casa y encontré a mi mujer con un balazo en la cabeza. El impacto fue tal que no pude reaccionar ni pude darme cuenta de que no estaba solo en casa. Un golpe en seco. Al despertar vinieron las respuestas.
    Antes de nada os voy a decir algo sobre las respuestas, nunca son por completo las que uno desea. Las respuestas matan más que las preguntas. Y en ambos casos deseas no haber sabido nunca ni haber dudado jamás.
    Con la visión borrosa me levante aturdido en un callejón de un lugar que desconocía. El miedo se apoderaba de mí y un fuerte dolor actuaba punzante en mis sienes. La oscuridad del lugar hacia un lado, la claridad de la calle al otro. Casi parecía una metáfora, por unos segundos creí estar muerto, en una encrucijada entre el cielo y el infierno. Ingenuo de mí, no sabía que era precisamente lo contrario lo que se me avecinaba.
    Al salir del escondrijo la luz del día me deslumbró los ojos. Una vez me hube acostumbrado a la claridad pude observar mi situación perplejo. Estaba en una calle casi desierta pero que jamás había visto en mi vida. No sabía cómo había acabado allí. Y lo único que recordaba es que había perdido la vida de mi esposa.
    A pesar de las primeras molestias comenzaba a medida que caminaba a sentirme con más potencial, no entendía por qué, pero la energía comenzaba recorrerme todo el cuerpo llenándolo de una vitalidad impropia de la situación. Todo era un caos, en unos segundos mi vida entera se había desmoronado y apenas podía explicar que había pasado.
    Nadie. Nada. Nada excepto edificios aparentemente en uso y locales cerrados. Ni una basura en el suelo. Ni un alma en la calle. Un escalofrío recorre mi cuerpo y me giro. Un arma metálica me apunta al corazón. La sujeta un hombre, un chaval, no muy mayor, se le ve serio, ni le había oído. Dispara dos veces. Me caigo por el desequilibrio que provocan las balas en mí. Él se queda mirando.
    No siento dolor ni angustia. No hay sangre por el suelo. Me levanto lentamente, con miedo. Quiero entender que está pasando y el chaval no tiene cara de preocuparse mucho por si me pasa algo.
    El cielo se comienza a poner gris, los edificios comienzan a desaparecer, y de ellos emergen máquinas y personas casi a cantidades iguales. Observándome.
    Las respuestas como he dicho son dolorosas y las que yo buscaba no iban a ser menos. Me llamo Fredderich James. Y soy la primera persona inmortal del planeta y sin embargo, estoy muerto para el mundo.
    Durante los años en los que trabajé se comenzó a investigar sobre la inmortalidad biológica y sus posibilidades. Al ser un campo con tan pocos apoyos necesitaban desesperadamente gente con la que poder probar sus proyectos. Antes de ello, debían eliminarla teóricamente, y luego paradójicamente hacerla vivir toda la eternidad. Y ahí,por casualidades del destino, entré yo.
    Ya no existen los humanos. Ya no queda nada. Estamos yo y el vacío. Han pasado 300 años y ni he envejecido. He deseado la muerte. He visto a todo lo que un día fue, caer. Si he escrito esto es por la esperanza de que algo perdure más que yo, si algún día consigo darme fin.

    Fille des étoiles : (Hija de las estrellas)

    Fille des étoiles : (Hija de las estrellas)

    París, 1948.
    En la medianoche de un frío domingo de febrero una joven institutriz llevaba en brazos a su alumna. La pequeña se había quedado dormida leyendo y ella, procurando no despertarla, la había cogido para acostarla.
    En cuanto llegó a la habitación y hubo arropado a la niña, Aurora se apresuró a cerrar la ventana del cuarto. De repente, antes de que pudiera hacerlo, un barco que navegaba por el río hizo sonar su sirena, consiguiendo despertar a la pequeña Cécile.
    La niña incorporándose en la cama, pidió a su institutriz que le contara un cuento. Ella intentó negarse, alegando que ya era muy tarde y que no comprendería nada de lo que le pudiera contar porque estaría demasiado cansada. La pequeña no se dio por vencida y prometiéndole que atendería consiguió convencer a la institutriz.
    -Entonces de acuerdo- dijo tras acomodarse en la cama junto a la niña- Hace ya tiempo que quiero hablarte sobre lo que somos. Ya sabes, que algunos filósofos de la antigüedad pensaban que todo estaba compuesto por algo a lo que llamaron “átomos”. Pero para otros filósofos este hecho era inconcebible ya que pensaban que todo estaba hecho de la combinación entre: fuego, agua, tierra y aire.
    - ¡Vaya tontería! - exclamó la niña- todo el mundo sabe que eso es imposible.
    - Es cierto que ahora es fácil conocer la respuesta sobre muchas cuestiones, pero ¿y si te pregunto a ti, una niña de apenas nueve años, si el universo tiene límites? ¿Sabrías la respuesta?
    La niña negó con la cabeza, y su institutriz satisfecha prosiguió con su historia.
    -Al final, como bien dices, pudimos conocer que verdaderamente los átomos forman la materia, pero ¿y los átomos de nuestro cuerpo de dónde vienen? – la mujer calló un instante, comprobó que su oyente seguía interesada en lo que estaba explicando y continuó- la respuesta es sencilla, puede que algo difícil de creer, pero demostrará que es cierto eso de que todos somos iguales.
    - ¿Todo el mundo?
    - Se podría decir que sí, Cécile. Los átomos de nuestro cuerpo y de todo lo que nos rodea se originaron en los centros de las estrellas que existieron hace miles de millones de años. Todos somos polvo de estrellas.
    Está afirmación causó en la niña lo que su institutriz ya esperaba. Cécile estaba sorprendida, porque ¿quién pensaría que era cierto que todos estábamos hechos de polvo de estrellas?
    -Sí, todos somos polvo de estrellas, o, mejor dicho, estamos hechos de restos de estrellas.
    - ¡Oh, Aurora! Eso es fantástico- exclamó la niña mientras se miraba sus pequeñas manos, esperando ver algo que nunca hubiera visto antes - entonces sí es cierto que todos somos iguales, y que además somos mucho más mayores de lo que pensamos.
    - Algo así, Cécile.
    - Es increíble ¿Cómo es posible que no hubiera aprendido esto antes? Quiero saber más sobre lo que me rodea- y abriendo muchos los ojos como si se le hubiera ocurrido una gran idea, la niña habló entusiasmada- ¡Yo seré científica cuando crezca! Enseñaré por todo el mundo lo que hoy me has enseñado, y luego seguiré investigando más acerca de las estrellas.
    -Eso es algo admirable, y creo firmemente que serás una gran científica en el futuro. Una vez, alguien me dijo una frase de Jacques Yves con la que creo, te sentirás identificada:
    >.
    - ¿Él es un científico, Aurora? – preguntó la niña acercándose más a su tutora.
    - ¿Acaso no has oído lo que he dicho, pequeña Cécile? Todos lo somos, solo que muchos no pueden verlo.
    - ¿De veras?
    -Sí, todos somos curiosos y todos podemos descubrir y ayudar al mundo a nuestra manera- contestó la institutriz mientras se levantaba de la cama.
    - ¿Cómo ayudas tú al mundo?
    - Enseñando a chicas como tú para que en un futuro puedan ayudar al mundo más de lo que yo nunca podría.
    Y con esas palabras y después de arropar a su alumna, Aurora miró una última vez por la ventana, vio la luna reflejada en el Sena, los colores plateados, azules y morados uniéndose en el agua, todo enlazado como si fuera una única cosa. Luego salió de la habitación orgullosa de haber sembrado la semilla de la curiosidad en la pequeña mente de Cécile Chandon.

    Gotita

    Gotita

    De repente, la luz emerge. Un nuevo día comienza en la vida de Gotita. Su cuerpo, como hace mucho tiempo se desvanece y asciende. Se despide de su pasado para comenzar una nueva vida. Vuelve a ser vapor como lo fue, se reencuentra con sus padres. Gotita había echado en falta su antigua vida, y, aunque pensó en que tendría que volver en poco tiempo, se limitó a saludar a sus padres, H2 y O. Pasaron los días y se dio cuenta de que recobraba su forma líquida. Como había sido siempre, se dirigió a los senderos del cielo donde encontró a miles de pequeñas gotas como ella. Gotita se sintió feliz por un segundo antes de ver cómo dejaba cada vez más lejos a su familia.
    En poco tiempo, ya había llegado a la gran plaza. Miles de pequeñas gotas venían de todas las direcciones. Gotita no dudó en acercarse a sus compañeros de viaje. Aunque sabía que pronto los dejaría, quería, al menos, sentirse acompañada durante su trayecto.
    Pasada una semana, las gotas en la plaza, formaron una masa blanca, una nube. Esta nube creció y creció, pero en su vida abundaba la soledad que muchas de las gotas ya habían sentido en su trayecto. La nube, se vio en el reflejo de las aguas. Estaba tan sola y a la vez llena de tantas cosas que rompió a llorar.
    Entonces, Gotita se dio cuenta de cómo caía al vacío. No sabía donde acabaría ni que la deparaba el futuro, solo podía continuar. Recordó su antigua vida en el mar, cómo recorría un río, como exploraba las profundidades de la tierra…
    De repente, sintió como su pequeño cuerpo chocaba conta algo frío y duro. Todo a su alrededor era sólido, blanco y frío. Más tarde se dio cuenta de que había caído nada más y nada menos que en la cima de una montaña, una fría montaña. Gotita se dio cuenta de que poco a poco se congelaba y su cuerpo se volvía un pequeño granito de hielo. Pensó en todo lo que había vivido hasta entonces. Esto era algo nuevo para ella. No sabía que la sucedería.
    Pasaron unos meses, lo que parecía que iba a durar poco ya se había vuelto algo más bien largo cuando gotita recuperaba su forma habitual. Gotita estaba triste. El frío solo acompañó al sentimiento de soledad que abundaba en ella. Echaba de menos su vida en el mar. De repente, empezaba a volverse líquida de nuevo. Su cuerpo volvía a formar una pequeña gota como otras. Se dio cuenta que todo a su alrededor era como ella. Todo lo que había pensado que era fijo, inerte era como ella. Todas esas gotas comenzaron a formar un pequeño riachuelo. Las gotas saltaban y continuaban su trayecto. Gotita se dio cuenta de que poco a poco iba descendiendo.
    Pasaron algunos días, Gotita estaba feliz en el río hasta que se empezó a hundir. Se dio cuenta de que era tragada por la tierra. Esto ya la había pasado varias veces. No le gustaba. Gotita no podía saber si se quedaría bajo la superficie por algunas semanas o bien, durante años.
    Por suerte para Gotita, en unos meses fue absorbida por un nogal. Gotita se sentía útil por una vez en su larga vida. Su cuerpo ascendía por unos finos tubos. Por ellos circulaban muchas otras cosas, cosa que a Gotita le gustaba. No le gustaba estar sola.
    Sin embargo, en unos días Gotita empezó a salir por las hojas de este. Gotita pensaba que iba a volver al mar, pero se dio cuenta de que ya era algo más de la atmósfera y su ciclo iba a volver a comenzar.
    Gotita ya no añoró su pasado en el mar ni a su familia, aprendió que los finales que podía tener su historia eran infinitos y siempre estaría acompañada tarde o temprano.

    Hacer ciencia es entender la vida.

    Hacer ciencia es entender la vida.

    ¿Por qué siempre ese afán por dar respuesta a nuestras preguntas? Resulta increíble que la fórmula de la vida sea a la vez tan simple y compleja a la vez. ¿Cuál es nuestro destino, nuestra misión en este mundo que nos ha tocado vivir llamado Tierra?
    Sin duda, la ciencia respondió a aquellas inquietudes, algunas demasiado profundas para poder darle un sentido aún.
    Aquella noche de verano salí a pasear con la esperanza de poder encontrarme conmigo misma de una manera más íntima, y que quizás me ayudaría a dar respuestas a varias cuestiones que planteaba en mi vida diaria, casi todas relacionadas con mi futuro.
    Cuando divisé el firmamento todo cambió, perdí totalmente la noción del tiempo y solo pude imaginar aquellos astros errantes por el universo, astros que parecían estar vivos, danzando alrededor de otros de mayor masa.
    El universo me pareció mágico, como si todo lo que en él se encontrase tuviese una cualidad especial por la cual yo sentía algo más que curiosidad. El pasado, presente y futuro de éste era inquietante y cómo se pudo haber formado vida en él.
    Es algo milagroso, un río del cual surgen muchos afluentes y que todos ellos conviven en armonía, que se necesitan unos a otros para poder llevar a cabo su misión. La vida es un concepto multidisciplinario que no sólo puede ser explicada por la biología o la "ciencia de la vida".
    El hecho de estar formados por algo más pequeño, células, que contienen al igual que nosotros vida, y que esa sola unidad es capaz de reproducirse, alimentarse, y relacionarse con el medio es un hecho fascinante, además de que en ella se encuentren orgánulos que me recuerdan a los órganos que forman nuestro cuerpo y que se organizan en aparatos y sistemas que parecen ser independientes pero que todos ellos viven en la misma armonía que todos los seres que habitan el mundo. La molécula de la vida, es la magia que hace funcionar a todas estas unidades, lo primero que buscamos en otros mundos para encontrar algún indicio de chispa creadora.
    Decidí que la ciencia y el pensamiento científico era lo que diferenciaba al ser humano, al igual que decidí que quería dedicar mi vida a algo que desde siempre me llenó como una de las actividades más humanas que pueden existir, hacer ciencia. Porque hacer ciencia es entender la vida.

    HOMO PRESUMIDUS

    HOMO PRESUMIDUS

    Hace muchos, muchos años en una zona remota del planeta Tierra, vivía un clan de hombres nómadas.
    La vida transcurría de manera excesivamente lenta y aburrida:
    Enormes caminatas para cazar algún animal, recolectar frutos para después poder comer, trasportar agua de los fríos ríos, … así un día tras otro.
    Tras la llegada de la primavera, Floretus, esposa de Rudolus esperaba a su primer hijo. Durante las largas noches de invierno antes de ir a dormir la pareja discutía sobre el nombre que iban a poner a su bebé. Pasada la media noche tras haberse oído multitud de gritos de desesperación por fin se escuchó el llanto de un niño. Rudolus lo cogió entre sus brazos y salió corriendo a decírselo a todo el clan. -Por fin; es un niño y se va a llamar Homo Presumidus. Al día siguiente celebraron una gran fiesta por la llegada del nuevo miembro del clan.
    Pasaron un año otro, otro, otro … hasta que Homo Presumidus se hizo adolescente, tenÍa ya catorce años, y durante este periodo la verdad es que no había sido un niño más dentro del clan, siempre destacaba por algún motivo que además provocaba el asombro e incredibilidad de todos los miembros del clan.
    Gracias a todas estas cualidades y a su enorme personalidad pronto se hizo con el mando de la tribu.
    Homo Presumidus pese a su corta edad ya era el jefe. Ahora iba a ser conocido como “Acomodatus”.
    A “Acomodatus” le fastidiaba mucho tener que andar largas distancias para poder cazar algún mamut o algún jabalí, o ir hasta aquel bosque inalcanzable para recolectar las sabrosas bayas, y no digamos lo de ir hasta el arroyo que esta cerca de la cumbre de la montaña para recoger el agua, sobre todo cuando se encontraban en la estación mas calurosa y seca del año. Esto lo llevaba fatal.
    Acaba de amanecer en Villanolux, “Presumidus” lleva toda la noche dando vueltas a su cabeza. Tiene que encontrar una manera que les pueda evitar dar esas enormes caminatas para recoger el agua de aquel alejado arroyo.
    Terminó su desayuno y se dirigió hacia su habitáculus, donde estaba la roca con sus anotaciones. Tardó un tiempo en encontrarlo porque era tal la cantidad de artilugios que tenía que no lo veía por ningún lado.
    Homo Presumidus se puso a leer:
    El cielo nos tira agua, y esta cae a la tierra, cada vez en un sitio distinto, a veces cae tanto agua que se forman lagos pequeñitos en el suelo y después desaparecen, como si se colasen hacia el interior de la Tierra.
    Nuestra cueva esta debajo de la ladera de la montaña, y dentro se forman unos pirulos de roca que siempre están dejando caer alguna gota de agua… por lo tanto esa agua que cae por la ladera de la montaña, seguro que acaba en nuestra cueva.
    Nuestro pequeño jefe, cogió un Erizus Espinox, y con sus súper puas rigidas y extremadamente largas, comenzó a perforar uno de esos pirulos de roca y a llenarlo de agujeros, y así cada vez que realizaba uno, salía un chorrito de agua.
    ¡Biiiien! Exclamó Homo Presumidus, ya no tenemos que ir hasta el lejano arroyo para recoger el agua. ¡Hurra!
    Pero observando su hallazgo, se dio cuenta que el agua que salía, estaba un poco… Bueno, mejor dicho, estaba muy, muy, muy fría y a nuestro pequeño descubridor, lo de lavarse con agua fría, no le hacía mucha gracia.
    Al día siguiente ordenó a cuatro de los miembros más forzudos del clan que salieran a buscar el caparazón de una TORTUGA ENORMUS.
    - ¡Jefe! ¡Jefe! Ya estamos aquí, ¿Es esto lo que pediste?
    -¡Fenomenal! Enhorabuena, eso es precisamente lo que buscábamos. Sentaros, comed y bebed todo lo que necesitéis os lo habéis merecido.
    Al día siguiente Acomodatus ordenó a sus hombres hacer un enorme agujero en la parte alta de la cueva y que estuviera cerca de un pirulo de roca para colocar el enorme caparazón. Anteriormente lo habían partido por la mitad de forma que les sirviese como recipiente para recoger las aguas, y en las partes del caparazón por las cuales saldrían las patas, cabeza y cola de la TORTUGA ENORMUS, colocarían pirulos mas pequeños con muchos agujeros.
    En la parte inferior, justo debajo del caparazón, habría una hoguera que estaría siempre encendida, de tal manera que el agua que estaba retenida en el caparazón, estaría siempre calentita. Y la otra mitad del caparazón la colocaron a la entrada de la cueva de tal manera que se llenaba cuando llovía.
    Así que cada vez que me doy una ducha en mi casa y cada vez que me baño en la piscina me acuerdo del increíble y astuto Homo Presumidus.
    ¡VIVA ACOMODATUS!


    RELATO REALIZADO POR VALERIA GÓMEZ DÍEZ 1ºESO-C






    La Era Acuática

    La Era Acuática

    Día 366 desde el “incidente acuático”.
    Hoy se cumple un año desde aquel momento que cambió nuestras vidas.
    Ya casi ni recuerdo cómo eran antes de todo esto, pero estoy seguro de que eran mejor que como lo son ahora.
    Casi no tenemos comida, pero abunda el frío.
    El porcentaje de Tierra que sobresale del agua ha caído un 72%, y la gente perdió la esperanza de encontrar un amplio terreno hace mucho tiempo.
    Los que quedamos vivos lo hacemos en condiciones inhumanas.
    Los encargados de ir en busca de alimento no han vuelto todavía, así que supongo que hoy no comeré.
    Día 367
    Los encargados de buscar alimento siguen sin volver. Algunos piensan que han encontrado una zona segura para vivir y que dentro de poco volverán y nos llevarán con ellos, pero a estas alturas nadie se cree esas historias.
    Día 368
    Hoy han avistado la aleta de un gran tiburón nadando cerca de aquí. La gente está muy asustada, aunque otros dicen que deberíamos intentar cazarlo. Los más jóvenes se mueren de hambre, y yo no tengo fuerzas ni para escribir.
    Día 369
    Hemos encontrado los restos de algunos de los hombres que fueron en busca de alimento.
    La comida no va a llegar. Mañana haremos un funeral.
    Día 371
    Ayer no escribí. Fue un día bastante duro, y no sólo para sus familiares. Yo conocía a varios de ellos. Pensar que al igual que a ellos, me pueda pasar a mí sin avisar… Tengo que reflexionar sobre esto. Hemos cazado pequeños peces que se acercaron a la base, parecía que huyeran de algo.
    Día 372
    Hoy es nuestro día de suerte. Algunas personas (entre ellas familiares de los fallecidos) han reunido el valor y fuerzas necesarias para cazar al tiburón. Mediría unos 5 metros, y lo conseguimos sin ninguna baja. Es posible que fuera el causante de las muertes de los busca-alimentos. Tendremos comida suficiente para unos días.
    Día 373 Hemos descubierto que el tiburón tenía una herida de arpón reciente en una aleta, y nosotros no tenemos de esos. No podemos saber la distancia que ha recorrido ese tiburón o de qué dirección venía, pero es posible que haya más supervivientes cerca de aquí. La gente aún tiene esperanzas, personalmente, yo no.
    Día ___
    Ya he perdido la cuenta. Y pensar que todo esto ha sido por el cambio climático, porque la temperatura subió y el hielo se derritió…
    Día
    Hemos encontrado una balsa con tripulación. Dicen que nos llevarán a un lugar mejor, a un gran territorio que se escondía bajo el hielo y no lo que queda de la ciudad en la que nací. Solo espero que sea cierto. Puede que esta sea la última vez que escriba, porque no hay mucho espacio en la balsa, así que supongo que dejaré esto aquí.
    Si alguien encuentra esto, quiero que sepa que todavía hay esperanza.
    FIN

    La gota aventurera

    La gota aventurera

    Erase una vez en un lugar muy húmedo, que era un lago muy grande, vivía una gota aburrida que no tenía amigos. No se le ocurría ningún juego para divertirse y su mayor deseo era tener un amigo para entretenerse.

    Pasaron unos días cuando la gota vio un coche acercarse al lago y bajaron del coche: Un padre, una madre, un niño, y una niña. Cuando la gota les vio se puso feliz porque tenía una oportunidad para hacer amigos y jugar con ellos Entonces se acercó al niño, se presentó y el niño se quedo boquiabierto al ver una gota que habla. El niño se presentó también y enseñó la gota a su familia y se hicieron amigos todos de la gota .

    Más tarde se pusieron a jugar todos con la gota y se pasaron todo el día jugando juntos y se divirtieron mucho pero los padres dijeron a sus hijos que se hacía tarde y que se tenían que ir a su casa y la gota se puso triste.
    El niño le dijo que no se pusiera triste y le promete que volverá a verla mañana para jugar otra vez.
    Así que la gota y la familia se despidieron y la gota se sintió un poco sola al rato después y se dijo a sí misma que no tiene porque ponerse triste porque volverán mañana a verla y se fue a dormir.
    Al día siguiente la gota se quedó esperando entusiasmada a que viniera la familia y se estuvo un buen rato esperándoles y se pasó así toda la mañana, toda la tarde, toda la noche y no vinieron.... pero la gota no se desanimó, así que siguió esperando y se quedo así día tras día.. finalmente la gota pensó que la habían abandonado. Pero de todas formas siguió esperando y pasaron más días y de repente la gota recordó que su amigo le dijo donde vivían y la gota se dijo que si ellos no pueden venir iré yo a buscarles.
    Así que se preparó y lo primero que hizo fue poner la vitrocerámica a 100ºC y puso una cazuela encima y la gota se metió dentro de la cazuela y esperó, un rato … la gota se evaporó, se convirtió en vapor de agua y podía volar, se sentía más ligera y así emprendió su aventura hasta la casa de su amigo.
    La gota en vapor de agua subió a lo más alto de las nubes y se fue hacia la ciudad donde vivía su amigo. Mucho rato después la gota ya empezaba a ver la ciudad y la gota se puso contenta y siguió acercándose hacia la ciudad. Vió la casa de su amigo, cuando la gota pasaba justo por encima de la casa , quiso bajar pero su cuerpo era demasiado ligero. Entonces a la gota se le ocurrió una idea, se dejó enfriar hasta convertirse en un cubito de hielo (sublimación) y bajó a toda velocidad. Cuando ya estaba lo suficientemente cerca del suelo, la gota se calentó un poco hasta convertirse en una gota de agua (fusión) que era su estado original y se choco en la ventana de la habitación de su amigo que estaba trabajando y le llamó por la ventana.
    El niño la vio y se puso muy contento la dejó entrar y se dieron un abrazo muy fuerte. Más tarde la gota le preguntó que porqué no fue a verla al lago y su amigo le dijo que tenía que entregar un trabajo en el cole mañana y no lo había hecho porque no se le ocurría nada y ya era de noche, el niño estaba super preocupado.
    La gota le preguntó que sobre qué tema tenía que hacer el trabajo y el niño le dijo que tenía que hacer una historia pero relacionada con el ciclo del agua, pero no se le ocurría ninguna historia.
    La gota pensó y se le ocurrió la idea de contar toda su aventura desde que salió de su casa en el lago hasta llegar aquí y mientras lo contaba el niño escribía lo que decía la gota y terminó el trabajo muy rápido. El niño le dijo a la gota que si se quería quedar a vivir con él y la gota aceptó encantada.
    Más tarde los dos se fueron a acostar. Al día siguiente la gota le pregunto a su amigo porqué venía tan contento del cole y el niño le respondió que había sacado un 10 en el trabajo del ciclo del agua.

    La gota se puso muy contenta y de la emoción se evaporó!!


    LA LLAVE DEL SANTUARIO

    LA LLAVE DEL SANTUARIO

    martes, 15 de enero de 2030

    Si no intento moverme puedo conseguir pensar, pensar con claridad, con descanso, con libertad desde esta silla que visito cada dos días. Esta mañana como siempre al venir hacia aquí he observado la ciudad y, como siempre, he presenciando como los chicos se dirigen al instituto de aquí al lado charlando, bromeando, algunos con prisas y otros sin ninguna, como yo hice ayer y haré mañana, hoy no.

    Desde hace un año estoy enfurecida con todo, he perdido un curso de clases porque vivo aturrullada, si salgo con mis amigas tengo que ver las patatas fritas desde lejos, estoy librada de Educación Física y claro, de jugar con mi equipo de baloncesto, me da miedo engordar por los corticoides que se esconden en los medicamentos, y durante el verano en la playa no he querido ponerme el bikini por no mostrar estas cicatrices en mi barriga. Crecer no debería ser una fractura en tu vida, ni darte miedo, ni inquietarte, ni angustiarte, ni hacerte sentir que te faltan tantas cosas, sin embargo es lo que es para mí.

    Mi madre siempre me acompaña y suele charlar con Ángel, el médico que me aplica la diálisis todas las semanas, los dos siguen preocupados porque no dejo de estar así, irritada. ¿Cómo creen que puedo estar? ¿Creen que porque ya no tengo náuseas, calambres, mareos o me duele menos la cabeza no siento aún mis manos frías?

    lunes, 28 de enero de 2030

    Todo el día mis padres han estado hablando por teléfono, rellenando documentos y consultando en internet, después me ha escrito Ángel:

    - ¿Qué pensarías si te envío una llave?
    - ¿Una llave?, ¿de dónde?
    - Una que abre la puerta de un Santuario.

    El sabe que me gusta leer literatura fantástica por eso a veces me habla de esa forma, convirtiendo una conversación árida en otra llena de leyendas, pero esta vez me ha asegurado que ese lugar si existe.

    sábado, 16 de noviembre de 2030

    Hace mucho que no escribo en este Diario, tengo menos tiempo para dedicarme a hacerlo porque ahora está a mi lado Pandora.

    Santuario es real y estuve en él. Pandora estaba esperándome, con sus grandes ojos negros y su pelo blanco y marrón como mis tostadas de la mañana. Una Beagle cariñosa y juguetona, asustada cuando con mi llave abrieron la puerta del recinto, tanto como yo mientras la adoptaba. Es un animal de laboratorio empleado en un proyecto científico de medicina regenerativa. No me gusta llamarla así, para mí es un ser valiente y valioso.

    En pocos días los médicos proporcionarán un tipo específico de células a mis riñones enfermos para repararlos. Ahora me siento más fuerte y segura, y no solamente porque Pandora sea parte de mi curación sino porque mientras la acaricio mis manos ya no están frías.

    La mariposa satelital

    La mariposa satelital


    La noche del 3 de mayo de 2020, estando en confinamiento por el Covid-19, me aconteció algo increíble que os voy a relatar.

    Estaba en el ático de mi casa mirando Youtube y, otra vez, el ADSL a fallar -¡maldito wifi!-. Ya se escuchaban las protestas de mi familia, yo suelo cambiar cuando sucede esto el wifi de casa por datos móviles, pero para cortos periodos de tiempo, ya que mis dos gigas los tengo para mis clases online.
    Esta vez, algo nuevo había sucedido en mi ordenador, una nueva red wifi,¡y 100% libre! Sabía que me iba a meter en un problema, pero la intriga me pudo y me conecté a esa señal “click” Starlink.com. Apareció un aviso de términos y condiciones en inglés y...
    ―Hi, I´m model SAT 2 Starline
    ―¿Qué ha pasado? ―Dudé un segundo, aun así, con mi limitado inglés, le respondí:
    ―Hi, who are you?
    La conversación comenzó a fluir, SAT 2 era un satélite de comunicación de Internet, había contactado conmigo por ser la primera persona en pinchar la señal. Me comentó que tenía un sofware de inteligencia artificial a mayores de sus funciones, era el único de los sesenta satélites que van en línea órbita con estas características.
    Por mi dirección IP me ubicó y me comentó que en cinco minutos pasaría cerca de la Luna, dirección noreste a sureste, sobre las 22:48 hora española.

    Era una noche despejada, con la Luna en creciente. Ví pasar a SAT 2, el segundo de su formación, y junto a los demás formaron una línea de puntos como un tren de mercancías; similar a las estrellas fugaces. Le comuniqué que lo había visto pasar. Él se despidió y me dijo, que si me apetecía, me volvería a comunicar cuando pasase orbitando por España que le había interesado cambiar información conmigo. Esa noche me acosté súper intrigado por la increíble experiencia.

    Al día siguiente volví a comunicarme con SAT 2 y esta vez le pregunté por dónde había pasado en su órbita por el planeta. Me sorprendió leer su respuesta, pues en un día daba más de doce vueltas a la Tierra, tenía fotos de los cinco continentes y océanos.
    En esta última órbita venía de pasar por la frontera de EEUU, luego atravesó el Atlántico y estaba sobre la península. A continuación se dirigía hacia África y luego a Australia.


    Otro día, en una de nuestras conversaciones, le pedí su descripción; se definió como una gran caja de cartón de Amazon con cuatro antenas y cuatro paneles solares. Me vino a la mente la imagen de una gran mariposa del espacio.
    Su peso era de 250 kg y se encontraba a 550 km de altura respecto al nivel del mar y lo más increíble era su velocidad de 26.000 km/h. Aparte, me comentó que había obtenido unas maravillosas fotos de la Luna y los planetas, y si fuera posible le gustaría obtener más de la Vía Láctea.

    Tras nuestro último encuentro, revisando información sobre la compañía Starlinck de SAT 2 y su idea de aumentar la cobertura de banda ancha 2G, me llevé una gran sorpresa: SAT 2 llevaba orbitando desde el 3 de julio de 2019 y su destino era un año de vida útil, ya que acabaría desintegrándose al acabar su órbita entrando en contacto con la atmósfera (cómo era posible que tuviese una trayectoria para acabar de esta manera).

    Me acordé de lo dado en clase de Física este medio curso, para el estudio de las órbitas, “las leyes de Kepler”. ¿Cómo podría utilizar las leyes para salvar a SAT 2? ¿Sería posible? ¿ Lo sabría SAT 2?

    La siguiente comunicación con SAT fue tras los aplausos de las 20:00, le expliqué lo que había leído y cuál era su final trágico.
    SAT no entendía por qué acabaría así, tenía mucho que investigar y aprender. Le comenté que aplicando unas leyes básicas quele daría referencia, y si tenía una manera de autopropulsarse y elevar su distancia con respecto a la Tierra, igual podría librarse de su atracción y salir a explorar el universo.
    Analizó y estudió las leyes de Kepler y Newton, sabía que tenía que aplicar una energía potencial para salir de la órbita y dirigirse al espacio.
    Según sus cálculos, tendría un único intento. Por lo visto tenía un propulsor iónico de kriptón para corregir posibles desvíos de su órbita actual, tomando como referencia las estrellas.

    Se despidió de mí agradeciéndome la ayuda y también me dio ánimos, pues sabía nuestro problema mundial del virus, y que seguramente gracias a las investigaciones y leyes científicas saldríamos hacia delante.


    A día de hoy, 10 de mayo de 2020, según la prensa mundial, al llamado tren del Starlinck le falta “ el maquinista”, desaparecido en extrañas circunstancias

    La más antigua

    La más antigua

    Mucho tiempo he estado observando en silencio. La sosegada calma que me rodea y la lentitud con que los hechos acontecen no me ofrecen más alternativa.
    He asimilado el valor de las sutilizas de lo monótono. La incertidumbre de no conocer el próximo cambio mantiene mi atención expectante.
    Mis recuerdos son el bien más valioso. Por ello soy tan ansiado y respetado. Todo aquello que ha sucedido lo he presenciado y almacenado en mi memoria.
    Millones de entes han tratado de igualarme. Millones de vidas dedicadas a alcanzar aquello que yo simplemente he contemplado sin la menor inquietud.
    Mi paciencia ha sido entrenada hasta adquirir un grado inigualable. He aprendido a apreciar al tiempo y la despreocupada tardanza con la que trae los eventos. Cada segundo, más valioso que el oro, hace más preciadas sus enseñanzas y, con ellas, a mí. El pasar de los eones me ha convertido en el más estimado. Mi sabiduría es irremplazable.
    No es este mi único trofeo. Luzco con orgullo el galardón de haber sido el más rápido en la carrera. Mientras todos permanecían aislados, mis átomos ya habían encontrado compañero.
    Mi estructura inestable y mis débiles enlaces convierten la fugacidad de mi vida en un débil suspiro. Yo, como una excepción a la regla, soy el último que permanece de mi linaje.
    Nunca me he quejado de la soledad, soy fruto del enfriamiento del universo, pero no logro entender por qué mi existencia parece no tener fin. Otras parecidas a mí he encontrado en supernovas lejanas, pero ninguna ha sido tan longeva. Tengo esperanzas de hallar algún día a otra como yo.
    No soy el único que busca a los de mi especie. Incesantes rastreadores persiguen mis señales espectrales, mis huellas. Si bien permanecí siglos en la clandestinidad, el desliz de la afección de la pérdida me expuso ante la vista de aquellos que no dejan de perseguirme. Durante el velatorio de una estrella cerca de la constelación de Cygnus, fui hallado por un sabio observador a tres mil años luz tras cuarenta años de incansables importunos.
    Desde entonces mi fama crece con sigilo. Me mantengo con discreción y prudencia hasta que llegue el inevitable momento en el que mi sublimidad cautivadora les suscite mi caza.
    Ser insigne nunca fue mi propósito, pero sé que mi destino es ser ilustre, y la grandiosidad de la que gozo no me permite otra opción. Soy culpable de ser la molécula más admirable. Yo la molécula más primitiva, yo hidruro de helio.

    La muerte y la existencia

    La muerte y la existencia

    ¡No lo entiendo, llevamos aquí tres horas y media, de cuántas formas quieren que les cuente lo que le está pasando a nuestro universo! Miren, ya se cuales son sus intenciones, pero yo les digo que hay que actuar de inmediato o de lo contrario vamos a morir todos. El tejido del continuo espacio-tiempo de nuestro universo se está resquebrajando como si fuera un cristal, nuestra existencia y la de todas las formas que habitan el universo corren grave peligro, la explotación de la materia oscura, la energía oscura, y las aperturas de atajos en el continuo espacio-tiempo han desequilibrado la estructura tan compleja y delicada del cosmos. Doblegar el espacio-tiempo tantas veces y de manera repetida a empezado a tener sus consecuencias en la existencia, un ejemplo claro o mejor dicho una evidencia clara, sería la proporción de partículas elementales del universo que ha aumentado al igual que la materia, que ha llegado a igualarse con la materia oscura pero no con la energía oscura. Parece una locura pero hay pruebas sólidas que lo respaldan, así que ahora les toca decidir, ¿prefieren vivir o prefieren desaparecer con el universo? Yo por mi parte no estoy dispuesto a desaparecer y he ideado una idea con la que poder sobrevivir al desastre que se aproxima. Estoy dispuesto a ayudar, pero para ello necesito el apoyo de ustedes y de todas las formas de vida existentes para poder asegurar nuestra supervivencia. Bien, ahora que estamos de acuerdo voy a explicarle mi idea: ya que este universo está condenado a su destrucción había pensado en crear otro universo, un universo hecho para todos. Tendremos que esperar un tiempo, ya se que es arriesgado y que no parece muy fiable pero no hay elección, si nos damos prisa tendremos un universo nuevo en el que poder existir. Teniendo en cuenta que somos capaces de crear universos como experimentos artísticos y científicos, me pregunte: ¿ y si pudiéramos crear un universo con otros fines que no fueran experimentales o artísticos, como por ejemplo, con fines de supervivencia? Y así nació esta idea que puede salvar a nuestra especie y a las demás [...].
    Faltaba poco, habían pasado unos 35 años desde aquella discusión en la que logre convencerlos para que pudiéramos sobrevivir y todo estaba casi listo, solo faltaba reunir a todas las razas en un solo lugar para completar la evacuación y dirigirlos a su nuevo hogar.
    Durante el viaje de ida pudimos contemplar como nuestro querido universo se desvanecía y desaparecía para siempre en el silencio y la nada. Acaba de terminar una etapa, y a partir de la experiencia ganada en esos terribles años de existencia, aprendimos, por desgracia aquello al final nos separo de nuestro hogar, la vida nos enseña lecciones muy duras, pero gracias a ellas pudimos avanzar, juntos como una sola especie que ahora, habitaba este nuevo universo.
    Y ahora, rodeado por mis familiares, y en mi lecho de muerte, solo pediré una cosa:
    -Deja morir el pasado mátalo si es necesario porque si solo te centras en lo que tienes detrás no podrás ver lo que tienes delante-

    La Reina Causal

    La Reina Causal

    La Reina Causal nació, y sólo había oscuridad. Cuando miró a su alrededor por primera vez, se dio cuenta de que algo había cambiado; la oscuridad que había visto en frente no era la misma a la que ahora miraba a su derecha. Una había ocurrido, y la otra estaba ocurriendo. Era un concepto nuevo, de antes y después, y la Reina Causal lo llamó tiempo.

    Llegaron entonces los súbditos de la Reina, y ella pensó que, si estaban allí ahora pero no hacía unos instantes (en el pasado, pensó emocionada por su tan reciente invención), era porque debían estar en otro lugar. Se habían movido, y aquello por donde se habían movido fue denominado como espacio. Parecía muy ligado al tiempo, por lo que la Reina Causal los entendió como lo mismo. Le parecieron conceptos tan maravillosos que decidió que no podían tener un final; creó también el concepto del infinito, e hizo que el espacio y el tiempo comenzaran a expandirse cada vez más rápido.

    Sus súbditos le preguntaron entonces que qué iba a llenar aquel espacio y a progresar en aquel tiempo. La Reina Causal se lo pensó un poco. Reunió entonces a sus súbditos, observó en ellos una mena de sustancia inmaterial, que llamó energía, y decidió que aquella energía podría convertirse en algo tangible: en aquel estado, se la conocería como materia.

    Para llevar a cabo esta transformación, la Reina Causal ideó una estructura de partículas, que realmente no eran tal, que se combinaban para formar partículas más grandes. Las partículas más simples no eran otra cosa que energía, pero, complacida, se dio cuenta de que, al poner muchas juntas, el resultado era muy similar a la materia que ella había imaginado.

    A su vez, se preguntó qué forma debería tomar la materia. Decidió pensar en una figura que fuera predominante, pero no única, algo a lo que todo tendiera. Reflexionó sobre aquello que definía a una figura que habitara en su nuevo espacio: el borde que la delimitaba, y la anchura que marcaba su dimensión. Decidió entonces que, para su figura, estas dos medidas debían tener una relación concreta, y, sin más, le dio un valor a esta relación: un número muy concreto, que, según sus propios sistemas de medida, era eterno y no entero. Con ello, la Reina Causal creó la circunferencia, e hizo que la materia a gran escala se organizase en su versión tridimensional, a la que llamó esfera.

    Mientras sus súbditos se encargaban de organizar esferas de materia y energía, la Reina Causal observó todo a su alrededor y se dio cuenta de que faltaban cosas. En aquel espacio-tiempo, nada interactuaba con nada. Seguía siendo oscuro, por lo que ideó una forma de que la materia pudiese enviar información a otra materia: la radiación, que no era sino energía transmitida en forma de ondas. Esta radiación le dio una idea a la Reina Causal.

    Creó entonces las interacciones, y decidió que fueran tres: primero, hizo que la materia pudiese tener propiedades, “cargas”, canalizadoras de estas interacciones: la carga eléctrica, que relacionó con su ya creada radiación; la carga de color, que usó para reforzar definitivamente aquellas piezas pequeñas de materia y energía, los núcleos, antes de ponerlos en marcha definitivamente; y la carga de sabor, con la que consiguió que la materia no fuese estática, sino que cambiase con el tiempo. Y, por último, dotó a toda la materia de una propiedad nueva, la masa, que dependía de su energía propia y que era capaz de deformar el propio espacio-tiempo, hasta entonces inalterable. Esta última interacción, la cuarta, era de una naturaleza distinta a las otras. La Reina Causal aprovechó e hizo que esta interacción, la gravedad, fuera la que provocara las esferas que ya había creado.

    Ya, por último, mientras un Universo comenzaba a tomar forma a su alrededor, la Reina Causal terminó de ajustar las leyes que lo regirían, y, finalmente, hizo que todo comenzase a funcionar. Le tomó mucho tiempo, pero lo hizo a conciencia para que todo fuera coherente, armonioso y lógico. Ella era la Reina Causal, la madre y creadora. Y, sin embargo, ella no quiere reconocimiento. A fin de cuentas, en cierto sentido, todo pudo ser siempre casualidad, más que causalidad.

    LA REINA DEL DESIERTO

    LA REINA DEL DESIERTO

    Paseaba siseante como cualquier otro día, sigilosamente y silenciosa, teniendo
    cuidado de no ser notada. El silencio y la tranquilidad envolvían el ambiente y hacía
    un calor abrasador que marcaba ondas en el aire. Con la mirada orgullosa,
    contemplaba su imponente reino y era consciente de que todo le pertenecía a ella.
    Cuando miraba a su alrededor, un impresionante panorama inundaba su vista y se
    podía divisar hasta el horizonte un paisaje de dunas doradas. La arena resplandecía al
    sol y se alzaba como montañas; mientras, un infinito cielo azul sin nubes se podía
    observar hasta donde alcanzaba la vista.
    Un divino equilibrio reinaba junto a ella en aquel hermoso lugar. Lo que no se
    podía notar tan fácilmente era que tanto en aquel paisaje como en cualquier otro de la
    tierra había comenzado una guerra hace muchos años. Una antigua batalla que había acabado con muchos, y que había hecho que solo los más hábiles
    consigan seguir luchando, desde el principio hasta el final de sus tiempos.
    Varios metros atrás se encontraba un pequeño oasis, trinchera del bando de la vida, lugar del que los más astutos habían hecho de su única
    fuente de vida. Allí abundaba la armonía, aunque para
    muchos aún continuaba la guerra, pero una menos dura que la que se encontraba en
    el exterior del oasis. Fuera de él, el bando contrario se había asegurado de hacer de la
    vida una condición casi inviable, y el desierto por eso era la residencia de la muerte.
    Solo los que habían conseguido adaptarse a esa difícil forma de vida eran los que
    habitaban la inmensidad de la arena. Solo los que habían conseguido cambiar sus
    cuerpos y desarrollar virtudes distintas eran los supervivientes que poblaban las dunas
    doradas. Escasa agua llegaba hasta allí, pero muchos habían aprendido a convivir con
    la sed, al igual que por muy poco alimento que allí se encontraba, siempre se podía
    conseguir una buena presa.
    La reina seguía reptando disimuladamente cruzando la barrera hacia el árido
    paisaje, pocos se encontraban en ese lugar y la mayoría estaban bien escondidos,
    pero ella estaba decidida a encontrar algo comestible. Sus escamas color crema
    relucían a la luz del sol de mediodía, y algunos granos de arena brillaban al son de su
    cuerpo. Envuelta en una gama de color marrón, reptaba sigilosa mientras se
    camuflaba entre la arena. La clara inmensidad del desierto se vio interrumpida de repente por una densa oscuridad que empezó a encapotar el cielo y a consumir la luz lentamente. La reina no creía lo que veían sus ojos. Después de tantos años, una tregua se acercaba su reino y a su antigua disputa. Cuando las dunas se sumieron en oscuridad y muy pocos rayos de sol escapaban de las nubes, pequeñas gotas empezaron a caer del cielo. Durante unos cortos instantes, esta lluvia bastó para que la poca vegetación que habitaba por el lugar dejara ver sus pequeñas flores y verdes hojas.
    Después de este corto tiempo, las pequeñas gotas siguieron cayendo pero ahora se elevaban otra vez sin ni siquiera tocar el suelo, sin ni siquiera rozar la arena. El ágil cuerpo de la reina seguía reptando, pero sin ser mojada por las gotas. El cielo, al igual que las nubes y la lluvia le estaban prestando sus respetos a la legítima reina del desierto.

    LA SALVACIÓN DE LOS CASTORES

    LA SALVACIÓN DE LOS CASTORES

    Era una época de mi vida muy oscura, muy mala, en la que todo eran deudas, de mis tierras, de mi casa, de todo... hasta podía perder a mis niños Pablo y Andrés; así es, el Gobierno amenazaba con quitármelos sino pagaba, además tampoco tenía mucha suerte, ya que un día, el río que pasaba por el pueblo se desbordó, y se llevó por delante el pequeño puente con agujeros que era el que me comunicaba con el resto del pueblo.
    Después de días de paseos. decidí bajar para intentar reparar el puente y contener todo aquél agua que no paraba de inundarlo todo. Tenía que hacerlo cuanto antes, pero no sabía cómo, así que intenté imitar a los castores, con sus dientes afilando maderas para que el agua se quedara estancada, con una barrera, así que me puse mi disfraz de castor y mi bañador y me fui a pedir ayuda a la gente del pueblo, pero nadie me quiso acompañar. Después de eso fui solo con mi amigo, el único que se prestó a ayudarme con la "Operación Castor". Nos tiramos al agua, e intentamos imitar a los castores para construir una barrera, pero no era suficiente, íbamos a tardar una eternidad. Por casualidad, ¡aparecieron unos castores de verdad! que al vernos disfrazados creyeron que nosotros también éramos castores y decidieron ayudarnos, pero aun así necesitábamos más ayuda. Volvimos al pueblo de nuevo y les contamos que unos castores nos estaban ayudando. Nadie nos creyó, pero les convencimos para que nos siguieran y lo comprobaran con sus propios ojos. Al llegar allí y ver a los castores trabajando todos se pusieron manos a la obra hasta que construimos un nuevo puente y una barrera para que el agua dejara de correr por todos sitios.
    Cuando acabamos nos dimos cuenta que mi idea, aportó muchas facilidades en el tema del agua, lo llamé presa, con este invento me pagaron mucho dinero, tanto, que fue suficiente para pagar mis deudas y los daños causados anteriormente por los inundamientos.

    La soledad del universo

    La soledad del universo

    Mi querida Centauri A:

    Aún siendo consciente de los inconvenientes que te puede causar esta carta con tu madre, la conocida Señora Láctea, he decidido tomarme la libertad de enviarla. Desde el momento en el que nací, hace casi 4.700 millones de años, me hallo rodeado de seres que me orbitan, me observan sin preocuparse por entablar contacto conmigo y siempre me he sentido solo. Tierra comparte su existencia con millones de criaturas enanas que hacen uso de ella y aún siendo la suya una verdadera relación tóxica que sabe que la destruye, la mantiene ocupada, habiendo de solucionar los múltiples problemas que le generan esos pequeños monstruos. Marte, por su lado, se encuentra siempre indignado con el Universo por motivos absurdos, ahora el cometa Halley, antes el silencio del universo. Venus siempre ha sido de mi agrado, aunque nunca haya juntado el valor suficiente para conversar conmigo. Una pena porque me interesaría tanto saber qué esconde en ese silencio. Sé que Mercurio teme ser abrasado por mi calor, por ello nuestra amistad nunca será posible. El resto de seres que me orbitan están demasiado lejos para cualquier relación; la distancia me aleja del interés por conocerlos.

    Mi sueño siempre ha sido tener un compañero o compañera con quien discutir los pequeños descubrimientos de esas pequeñas criaturas terrícolas; disfrutar de los maravillosos choques de meteoritos y compartir mi existencia. Por eso, cuando vislumbré un lejano brillo tras muchos miles de años de soledad, mi ilusión volvió. Me dispuse a investigar de dónde provenía ese brillo mágico que me llegaba en el universal horizonte y la incontenible basura espacial la identificó a usted, mi querida Centauri. Desde entonces, ardo en deseos de hacerle partícipe de mis sentimientos.

    Deseo expresarle mi amor, cultivado por todos estos años de soledad y reflexión. Además, me gustaría proponerle comenzar una relación epistolar que nos permita conocernos en la distancia. Sepa que redacto esta misiva con todo mi cariño y respeto, con la esperanza de que acceda a mi solicitud y con ello haya dos cuerpos conectados en el halo de este universo.
    Un cálido saludo y mucho amor

    Sol



    3000 años después



    Estimado Sol:

    Nunca pensé que, a mi edad, una estrella tan joven como usted me declararía su amor. Me gustaría participarle mi más sincero agradecimiento; ha sido un halago saber que aprecia mi brillo característico.

    Sin embargo, con pena le transmito que mi oportunidad de experimentar el amor y compartir todas esas maravillas de nuestro universo se fue hace mucho, al tiempo que desapareció mi querido Cassiopeia A. Fui atraída por él, gravitándole durante muchos años, antes incluso de que usted naciera. Era una estrella maravillosa, inteligente, culta y hacía que mi tiempo de revolución se alterase. Desgraciadamente, tan solo mil años después de haber hecho oficial nuestra atracción, su momento llegó. Sólo me quedó de él polvo estelar que llegó a mi superficie y que guardo como mi mayor tesoro.

    ¡Me pongo melancólica cuando recuerdo aquel día en que le escribió a mi madre para pedirle mi brillo! Su solicitud fue rechazada debido a nuestra lejanía. ¡Ay! Pero eso no impidió a Cassiopeia seguir enviándome paquetes de energía con cartas de amor. Realmente fueron los milenios más felices de mi existencia.

    Entenderá ahora que no pueda comprometerme con usted, ni asegurarle mi amor. Aunque me encantaría continuar con esta relación epistolar, dado que yo también me siento sola, particularmente desde que mis hermanas B y C se enemistaron conmigo. Me encantaría leer más sobre esos planetas que le orbitan y todo sobre su nacimiento, pues he pensado en ello mucho.

    Espero con impaciencia su respuesta y espero de corazón que esta carta no le resulte demasiado dolorosa. ¡La amistad es un bien que se prodiga poco y se ha de valorar mucho!

    Un abrazo de su nueva amiga,

    Centauri A.


    La Verdadera Historia Del Big Bang

    La Verdadera Historia Del Big Bang

    Érase una vez , hace 13.800 millones de años , en lo más profundo de la galaxia , Había dos enormes planetas apodados como Big y Bang , estos dos planetas querían estar juntos pero sus órbitas se lo impedían , también las estrellas y meteoritos de por medio . Ellos dos sabían que juntarse podría traer grandes consecuencias pero no les importaba.
    Un día idearon un plan para desencadenarse de sus órbita y desplazarse cada uno hacia el otro, pero para ello tendrían que tener la ayuda de todos los astros y el momento exacto en el que estén los dos más cerca.
    Pasaron años luz para presenciar ese momento pero al fin, Big y Bang estaban alineados y preparados para aquel acontecimiento . Todos los astros acudieron para ayudar, los dos planetas empezaron a ejercer fuerza para salir de sus órbitas , al ver que les estaba costando los astros empezaron a ayudarles y después de mucho esfuerzo lograron sacarles de aquella pequeña prisión que les impedía abrazarse , se escuchó una pequeña explosión y los dos planetas empezaron a juntarse y juntarse… hasta que Bang perdió el control de su fuerza y se estrelló contra Big y una gran sonda expansiva , tan grande que creó otro universo con todos los astros , gases e incluso ellos mismos.
    Los planetas futuros saben de su existencia ya que una constelación que sobrevivió a todo esto se lo contó , y ellos agradecidos rinden homenaje a dos planetas enamorados que les crearon …

    FIN

    La vida de Tom, el cromosoma/pez

    La vida de Tom, el cromosoma/pez

    ¡¡¡Hijos esperad!!! Antes de separar nuestros caminos para que podáis vivir libres, os tengo que contar a que os vais a enfrentar durante vuestra vida. “claro papa te escuchamos” (dijeron Nico y Alex) “pero rápido porque no nos queda mucho tiempo para separarnos de ti. “Está bien hijos, os contare desde el primer segundo en el que viví…” No tuve uso de razón hasta que un gran mar se condensó, ahí fue donde nací y también donde conocí al tío Tyler. La verdad que nuestros primeros días de vida fueron un desastre, todo el mar se estaba desintegrando y los peces se volvían locos nadando de lado a lado hasta que finalmente se hacían sus casas a los extremos del mar. Nosotros veíamos que estábamos solos en medio de la nada y que no había ningún peligro, además encontramos a un par de nuestra especie, y decidimos crear nuestra pequeña ciudad allí mismo, en el medio de todo el mar.
    Teníamos muy buen sitio para vivir, porque aun que no había nadie, teníamos mucho alimento, éramos muy independientes, y teníamos muy buena relación entre nosotros, ya que éramos muy pocos pero teníamos muchas cosas en común. Hacíamos muchas comidas juntos en la plaza de nuestro pequeño pueblo y siempre nos ayudábamos los unos a los otros en lo que fuese.
    Un día, en nuestro 30 cumpleaños, decidimos hacer una fiesta y un baile en nuestra placita, nos pusimos por parejas y estuvimos horas bailando, vuestro tío Tyler y yo no podíamos parar de reírnos, hasta que de repente todo se vio oscuro, no había ni un rayo de luz y empezaron a sonar ruidos raros y empezaron a aparecer unos grandes bichos alargados en la superficie, estábamos llenos de miedo y confusión, nunca habíamos visto a nadie que no fuera a nosotros. Al ver que los bichos no atacaban y eran inofensivos decidimos estar tranquilos y esperar a que actuaran o a tener una estrategia para que se fueran de ahí. Pasaron los días y todo trascurría con normalidad, por lo tanto decidimos hacer una cena porque a causa del miedo, apenas habíamos estado todos juntos. La cena estuvo muy bien, estuvimos muy agusto y cuando terminamos nos pusimos por parejas como en la última que habíamos celebrado y nos pusimos a bailar.
    De pronto, esos bichos gigantes que habían estado tanto tiempo sin hacer nada, empezaron a moverse. Habíamos perdido el miedo, por lo tanto lo dejamos pasar, pero a la media hora empezaron a bajar hacia abajo a la velocidad de la luz, intentamos separarnos para meternos cada uno a su casa, pero no podíamos, no podíamos soltarnos de nuestra pareja de baile, entonces cundió el pánico.
    Nos cogieron con su parte delantera y nos llevaron hacia los extremos, donde nadie nunca había salido y donde habitaban los peces a los que tanto temíamos al no saber nada de ellos ni de su especie. Tras dos largas horas siendo arrastrados por aquellos monstruos, nos despertamos y estábamos atados a un pez, estábamos unidos através de los bichos. Intentamos comunicarnos con ellos y descubrimos que había dos especies, cada cual con una forma diferente y con diferentes estilos de vida, pero todos vivían. Intentamos preguntarle por los monstruos pero cada vez que pronunciábamos esa palabra, se volvían de otro color, y quedaban callados durante horas. Pasaban los días y seguíamos ahí quietos, no teníamos comida ni un sitio para alojarnos.
    De pronto los bichos comenzaron a moverse y a tumbarse sobre el suelo, nosotros no sabíamos que hacer, no sabíamos si corríamos peligro o no… “¡papá papa! Pero, ¿el tío Tyler y tu seguíais juntos? (dijo Alex) “si hijo si, todavía no os habían separado, escucha atentamente” (respondió Tom)
    Mientras estos se tumbaban, sentíamos como una presión en nuestro cuerpo, nos estaban separando, iban muy despacio así que al tío Tyler y a mí nos dio tiempo para organizar un plan de escape y para salvar a todos los demás ara volver juntos a nuestras casas. Con lo que no contábamos era con la gran fuerza que tenían los monstruos, asi que cuando llegó el momento en el que nos separamos del todo, no pudimos volver a juntarnos, y nos rellenaron con un líquido con el que de pronto, sabíamos mucho sobre el mar.
    “¿Y qué paso con el tio Tyler papa?” (preguntó Nico) “No lo sé hijo, nunca más he sabido de él desde que nos separaron aquella vez. Los siguientes años sin él fueron muy duros, pero me han servido para convertirme en una persona sabia e inteligente. (contesto Tom) “¿ y como saliste de ahí?, ¿Cuánto tiempo paso? ¿Cuándo nacimos nosotros? ¿Dónde? (preguntaban los niños muy inquietos) Tranquilos niños, algún día podréis contestaros a todas las preguntas, y preparaos, porque llega el momento.

    La vida de un átomo de oxígeno

    La vida de un átomo de oxígeno

    Soy un átomo de oxígeno. Uno entre muchos, nada especial, un átomo igual que el resto. Es verdad que gracias a los átomos de oxígeno los humanos pueden respirar y tener agua, pero si hubiera uno menos nadie se daría cuenta. Yo no me sentía más importante que los ninguno de los míos, pero otros pensaban que eran mejores y se peleaban para ver quién lo era realmente.
    El coronavirus apareció de repente utilizando el aire para poder llegar a las personas y matarlas, quitándonos el trabajo. Luego, a los humanos se les ocurrió, en vez de crear una cura, usar mascarillas para dificultar la forma de respirar. También crearon respiradores, que hacían que solo unos pocos átomos de oxígeno pudieran hacer correctamente su trabajo (permitir que la gente respirara), pero solo con las personas infectadas gravemente.
    La vida de los átomos de oxígeno es terriblemente dura en estos tiempos tan difíciles que corren. La mayoría murieron porque no tenían trabajo, pero yo conseguí uno en un respirador. Era un trabajo importante y duro, pero valía la pena lo que pagaban. Algunos amigos míos murieron en el intento de encontrar trabajos similares, pero otros sobrevivieron. Yo era más o menos feliz hasta que apareció ese detestable virus. Mi vida y la de mis amigos y familiares se ha hecho cada vez más difícil, ya que la gente no puede salir de sus casas. No podemos seguir viviendo así.
    Conseguí las coordenadas de un hospital en condiciones. Ahora en ese hospital trabajo con dos amigos míos, pero en sitios muy alejados (la sala de al lado). Al menos ahora puedo esperar a que al coronavirus le apetezca irse a su casa y así poder seguir con mi vida normal, pero, mientras tanto, aquí estaré haciendo de público, espectador de lujo de la terrible matanza del COVID-19.
    Así que mi consejo es que te quedes en tu casa para no morir y hacer que el coronavirus sea aún más importante de lo que ya es. Si no lo haces, yo podría perder mi empleo y muchos de los míos podrían morir.
    Hazlo por nosotros.
    FIN

    La vida en una red trofica

    La vida en una red trofica

    Erase una vez, en una pradera muy lejana, un niño y su familia estaban celebrando un picnic con toda su familia, la cual estaba haciendo una barbacoa para comer. El abuelo le dio a cada uno de sus nietos una semilla y les dijo que fuesen al bosque y la plantasen donde quieran. Entonces cada uno planto su semilla, pero uno de ellos sin saberlo planto la semilla en zona habitada por ratones, los cuales comen plantas y semillas. El chico la planto y se fue. Pero en la barbacoa familiar había un problema, el calor provocado por el fuego aumenta el cambio climático que puede colapsar las redes tróficas e inclusive hacerlas desaparecer……
    Pasaron los días, los meses y la planta al fin floreció y esta familia, al cabo de las semanas, fue a visitar las plantas y se dieron cuenta de que una de ellas faltaba y se dieron cuenta de que no es que la hubiesen cortado, sino que había sido devorada por ratones….
    HACE UNAS SEMANAS
    Estaba la flor recién florecida, pasaron un par de días cuando enfrente de la pequeña planta apareció un gran ratón que tardo unos pocos minutos en devorar a la pequeña planta que indefensa no se pudo defender y así comenzaba una red trófica que tendría para tiempo.
    EN EL PRESENTE
    El pequeño chico se puso a llorar ante la perdida de su pequeña flor ya que deseaba como el resto de sus primos llevársela a su casa y ponerla en una maceta ya que era la primera planta que había plantado y le tenía un cariño especial.
    DENTRO DE UNA SEMANA
    El ratón que se había comido la pequeña planta del joven chico, que de lo triste que estaba, no se le volvió a ver por esas tierras del mal recuerdo que le proporcionaban. El ratón siguió comiendo plantas hasta que un día cuando fue a comer una planta una serpiente camuflada en la tierra salto de su escondite y comienzo una persecución entre el ratón intentando evitar su muerte y la serpiente que tras un par de horas de persecución….
    HACE UNA HORA
    Madre mía chicos la serpiente se acerca peligrosamente hacia el ratón, pero nooooo
    El ratón consigue reaccionar a tiempo y salvar su vida
    La serpiente consigue alcanzar al ratón y hincarle el diente lo suficiente para debilitar lo y tirarlo al suelo para al fin comérselo y alimentarse de su comida favorita la carne de ratón



    DENTRO DE UN MES
    La serpiente siguió cazando ratones, pero en una caza tubo un problema mientras estaba plena persecución de repente se cruzo otra serpiente la cual estaba muriéndose de hambre, pero esto sentó muy mal a nuestra serpiente protagonista ya que se estuvo ganando su comida durante horas, pero la otra serpiente no lo entendió así por lo que ambas entraron en un grave conflicto y nuestra serpiente tubo que exterminar a la otra serpiente, pero acabo muy dañada y pasados unos días…
    DENTRO DE UNOS DÍAS
    -PACO: ¡Una serpiente herida! ¿que habrá pasado?
    -PACO: La voy a llevar a un zoológico donde la puedan cuidar
    -PACO: ¿Qué te parece?
    -SERPIENTE: Ssssszzzzz
    UN MOMENTO MAS TARDE
    -GERENTE ZOO: Gracias señor la cuidaremos y la devolveremos a su hábitat natural.
    -PACO: De nada y un placer colaborar con ustedes
    En el zoo la cuidaron muy bien y al paso de las semanas
    AL CABO DE DOS SEMANAS
    -GERENTE ZOO: Ha sido un placer cocerte
    -SERPIENTE: Ssssszzzzz
    -GERENTE ZOO: Eres libre amiga
    La serpiente salió de la jaula donde estaba y se disipo por los matorrales y el gerente cogió su buggy donde había venido y se fue. La serpiente empezó a cazar ratones de nuevo y además comió bastante carne de ratón, su favorita. Al cabo de los días la serpiente volvió a su hábitat natural y volvió a su cueva donde tenía sus provisiones, pero le faltaban, pero con la cacería de estos días le daba igual. Pero un día las provisiones se le acabaron y tubo que salir a cazar, pero cuando estaba a punto de cazar el ultimo ratón del día un águila descendió del cielo y la engancho con sus patas y se las llevó a sus crías, en su nido ya muerta y la familia águila se alimento de este animal que tanto había sufrido en su vida. Y con esto acababa la red trófica y esta historia que espero que os haya gustado.

    LANA DE ADN

    LANA DE ADN

    Era viernes y Anna se dirigía a casa después de una semana exhaustiva. Nada más entrar por el umbral de la puerta se encuentra la bienvenida de su hija llamada Elisa.
    Elisa tenía 6 años y, como es normal en esas edades, la curiosidad siempre estaba presente en su día a día. Después de sentarse en la mesa para cenar y dar por terminada la semana laboral, su hija preguntó:
    -Mamá ¿y tú en qué trabajas?
    La madre sabía que era una pregunta de fácil respuesta si su trabajo fuese sencillo de explicar, porque sabía que después de decir “pues mamá trabaja de genetista en el campo de las mutaciones”, vendría la pregunta “¿Qué es eso?” y por lo tanto Anna tendría que hacer uso de su ingenio para explicarle en que consiste de una manera sencilla y sin utilizar muchas palabrejas.
    -Pues mira Elisa, ¿tú sabes el jersey de lana que te hizo la abuela el día que fuimos a visitarla?
    -Ese jersey de color azul tan calentito, sí.
    -Tú como eres una chica muy lista sabes de que esta hecho, ¿verdad?
    - ¡Sí! De lana.
    -Muy bien pues mira, imagínate que el hilo de la lana es una cosita muy pequeñita llamada ADN, el ADN es lo que te hace tener los ojos verdes y el pelo marrón muy rizado. La abuela cuando hace los jerséis a veces tiene algunos problemas que causan alguna que otra imperfección en el jersey. Mira te lo demostraré, tráeme el jersey de tu abuela.
    Elisa salió corriendo a por la prenda de ropa.
    -Mira hija, si te fijas aquí hay un nudo y aquí una mancha y aquí un cambio de color… Las mutaciones, son errores en la información del ADN, entonces esta mancha de aquí es una…
    - ¡Mutación!
    - ¡Muy bien! ¡Qué rápido aprende mi niña!
    - Y mamá, ¿Dónde suceden las mutaciones?
    -Pueden suceder en las células no reproductoras o en las células reproductoras.
    - ¿Células reproductoras?
    -Las células reproductoras son las semillitas que tu mamá y tu papá juntaron para que salieras tú, pero eso es otro tema.
    -Vale, continúa.
    -Si la mutación ocurre en las células reproductoras, la podría tener sus hijos. Pero si la mutación no es en las células reproductoras desaparece, pero puede generar, enfermedades como el cáncer. Por ejemplo, aquí en el jersey ves un cambio de color, pero si continúas la línea ya no está, eso sería…
    -Un ejemplo… de las mutaciones en las células no reproductoras.
    - ¡Muy bien! Y sin embargo aquí, el color sigue en toda la parte de la manga, esto sería…
    -Una mutación en las células reproductoras.
    - ¡Muy bien!
    -Y mamá, ¿Yo podría tener una mutación?
    -Pues si hija, si tomas mucho el sol sin tener protección o si bebes por ejemplo amoniaco.
    - ¿Y quién descubrió las mutaciones?
    -Pues las descubrió Thomas Hunt Morgan.
    - ¿Cuándo nació ese señor?
    -Thomas nació en el 25 de septiembre de 1866 en Estados Unidos, y murió 4 de diciembre de 1945.
    - ¿Y cuál sería un ejemplo de mutación?
    -Por ejemplo, el Síndrome Down.
    - ¿Y en qué consiste eso?
    -Pues es tener 3 cromosomas en la pareja 21. Los cromosomas son el ADN, pero unido en forma de x y se distribuyen por parejas.
    - ¿Y qué te hace?
    -Pues los bebes que nacen con esa mutación suelen tener la boca, los ojos y las orejas más pequeñitas, también tienen los brazos más cortos, las manos más pequeñas y anchas y los deditos cortitos. Los niños con Síndrome de Down suelen tener problemas en prestar atención mucho tiempo en algo, además de tener un aprendizaje más lento y tardar en aprender a hablar.
    - ¿Cuántos niños tienen ese síndrome?
    -Pues de cada 790 bebes que nacen, 1 tiene este síndrome.
    -Alah. ¿Dime otro?
    -Un síndrome bastante inusual pero también conocido es el de la Progeria. El problema de la Progeria es el envejecimiento muy rápido, hasta el punto de tener 9 años, pero sufrir los problemas en los músculos que tiene tu abuelo de 70 o los problemas del corazón que tienen las personas muy mayores. Estas personas son muy bajitas, no suelen tener mucho pelo, tienen mucha frente y una mandíbula pequeñita. No son muy difíciles de reconocer la verdad. Esto se debe a una mutación en el brazo largo del cromosoma 1, lo que pasa es que, en vez de traducir la citosina a guanina, traduce la citosina a timina y eso está muy mal.
    - ¿Timina, guanina? ¿Qué es eso?
    - Algunos aminoácidos que componen el ADN, pero mañana te lo explico que se hace tarde, venga a la cama bichito, que ha sido un día largo y hay que descansar.

    Las mañanas del verano

    Las mañanas del verano

    Me asomo a la ventana. La luz inunda completamente la habitación. ―¡Qué hermoso!― pienso.

    Venía de visita a casa de la tía Margarita todos los veranos. Esta vez no fue distinto. Ella me aguardaba con sus gafas, de un tamaño desmesurado para sus pequeños ojos y su sonrisa, cálida, como el sol. De talle espigado, frente despejada y labios finos, la tía era la única persona a la que podía llamar “familia”. Hacíamos crochet juntas. Alabábamos el pensamiento de filósofos y criticábamos el poco apoyo a la ciencia. “Solo unidos lograremos hacer algo grande”―me decía―.

    Me gusta mucho estar en el jardín de la tía. Los pájaros pían tranquilos, y parece que las calurosas tardes de julio no lo son tanto en buena compañía―la de mi gato y mis revistas de ciencia―. Ella suele decir que todo tiene un porqué, hasta los crímenes más aberrantes; y pese a ello, hay infinidad de cosas que desconocemos. A veces me pregunto si la existencia de la ignorancia es un bien común o una desgracia eterna. ¿Qué pensar cuando no podemos imaginar lo remotamente pequeños e insignificantes que somos en el Universo?

    Ahora cierro los ojos por un momento. La luz de la mañana me ciega un instante. El calor que se desprende golpea mi rostro con suavidad. Estoy tranquila. Comienzo a pensar en la energía del Sol, en todo lo que representa. Gracias a él nuestras cosechas germinan y nos alimentamos. Gracias a él el agua se evapora. Gracias a él… Nos da el bien de la vida. Está tan cerca y, a la vez, tan lejos.

    No paro de pensar en todo lo que podríamos hacer gracias a nuestro Sol. La energía solar es limpia e inagotable. Dejo que él bañe mis brazos, ya morenos, y que me acune con su brillo matinal.

    Sigo reflexionando, manteniendo los ojos cerrados. La figura del profesor de ciencias del internado viene a mi memoria de pronto. Lo imagino con su bata blanca, acompañado de sus maneras desgarbadas y su tono despistado. Siempre nos advierte sobre las consecuencias de nuestros actos. ¿Por qué nos consumimos sepultados bajo el plástico que empleamos, enfermamos por la contaminación del aire, o nos condenamos a no ver más especies de fauna y flora que están desapareciendo? Todo está interrelacionado. Es cierto, hasta la más mínima acción tiene su efecto en el futuro.

    Y ahora, ¿ahora qué? ¿De verdad queremos destrozar el mundo en el que vivimos? Pensémoslo bien. Pensemos en todas las consecuencias. ¿Realmente queremos ese mundo para aquellos que todavía no han ni tan siquiera nacido?

    Me siento en la silla más cercana. Estoy confusa, mareada tal vez. Ahora el sol roza mis piernas. Siento de repente que me abrasa, penetrando hasta las capas más profundas de mi alma. La energía solar es una alternativa, ¡solo una! La tía llama a la puerta:

    ―Hola, Cora. ¿Cómo estás? ¿Me ayudarás a contactar con los técnicos de la empresa? Quiero que instalen las placas solares cuanto antes.
    ―Claro. Te ayudaré. ¿Cómo funcionan estas placas?
    ―El Sol emite energía en forma de radiación. Cuando la luz solar incide en las células fotovoltaicas, golpea a los electrones sueltos de los átomos que las componen, dando lugar a un flujo de electrones que se transforma en una corriente eléctrica. Pum, ¡ya está!, ¡ELECTRICIDAD!
    ―Fascinante.
    ―La industria solar crece a pasos agigantados y cada vez es mayor el número de personas confían en ellas, las renovables, para plantear un futuro más bello, más limpio. Quizá sea distinto, sí, pero al menos existiría. ¿Y qué significa eso? Vida.
    ―Te quiero mucho, tía. ¿Lo sabes, verdad? Y haré algo de lo que te sientas orgullosa. Te lo prometo. Tú has inspirado mi amor por la vida, por la creación, y algún día lo lograré.

    Me da un abrazo y vamos juntas al jardín.

    LOS SECRETOS DEL UNIVERSO:

    LOS SECRETOS DEL UNIVERSO:

    Yo nunca me he sentido acogida en este lugar. Siempre he sentido que este no era mi sitio, que yo no pertenezco a este mundo. Como si yo viniera de otro lugar muy lejano. Soy diferente. Diferente a todas las personas que he visto aquí. Eso es obvio, la gente me mira raro en la calle. El caso es que aunque sé que no pertenezco a este lugar, nunca he sabido de donde vengo. He investigado mucho, bueno todo lo que he podido porque nunca he ido al colegio.

    Nunca he ido al colegio por muchas razones, bueno, eso me dijeron, las razones no las conozco. Solo sé que dieron muchas razones por las que no podía ir. También sé que cuando fui a conocer el colegio los niños que iban a enseñarme el edificio me vieron y se fueron corriendo. Supongo que se asustaron, y les entiendo, hasta a mí me cuesta verme en el espejo por las mañanas.

    Sigo sin tener muchas ideas sobre de donde provengo. Lo único que recuerdo es que conocí a un ser como yo, extraño y diferente. Eso ocurrió hace varios años en un centro de adopción. Recuerdo que nos entendíamos y comprendíamos la una a la otra.

    La última vez que la vi fue cuando el del centro de adopción me cogió y me llevó con una mujer. Esa mujer ahora es mi madre y me ayuda mucho.

    Bueno, ya he contado mi historia vamos a lo importante. Mi madre sospecha que provengo de algún planeta del universo muy extraño con cualidades sobrenaturales donde existe vida. Como nunca he sabido mucho sobre el universo mi madre me ha explicado todo lo que sabe.

    El universo es el conjunto de todo lo que tiene existencia física, en la Tierra y fuera de ella. Me parece que es un lugar interesante. Lo que pasa es que me ha dicho mi madre que el universo es infinito. Por lo que por mucho que supiese que provengo del universo seguiría sin saber muy bien de donde vengo.
    Hace unas semanas mi madre estuvo hablando con los de NASA para ver si podíamos hacer un viaje por alguna parte del universo para poder saber de donde venía. Le dijeron que sí, pero que deberíamos hacer algunas pruebas antes.

    Cuando fuimos a hacer la primera prueba la cara del que nos iba a acompañar fue épica. El hombre llamó a mi madre y estuvieron hablando un rato. Al final el señor me hizo una señal para que entrara a la nave.

    La primera prueba consistía en quedarnos dentro de la nave espacial 24 horas, con todos los medios que tenían para las expediciones. A mí la nave espacial me pareció muy interesante, era como yo. Diferente a todo lo que podíamos ver a diario.

    Esa experiencia es de las mejores experiencias que he vivido nunca.

    Después de algunas pruebas más fuimos al espacio. Yo estaba muy ilusionada.

    Esta vez, antes de entrar a la nave nos hicieron ponernos unos trajes blancos eran como monos pero incómodos. También nos hicieron ponernos un casco blanco con muchos botones que no sé para que valen y una cubierta de cristal para permitirnos ver mientras lo llevamos puesto.
    Yo me quedé mirando por la ventana. El despegue me gustó mucho. Sentí que cada vez me encontraba más cerca del lugar del que pertenezco. Me estaba alejando del lugar en el q he vivido siempre, pero nunca he pertenecido.

    Descubrí lo hermoso que era el universo: tenía cometas, planetas, estrellas y satélites. El planeta que más me llamó la atención fue Júpiter; Júpiter es un planeta exterior, la mayoría de estos planetas son gaseosos, tiene una gran masa y tiene anilos. Júpiter tiene un color marrón que me gustó mucho y me recordó que no todo tiene que ser hermoso para ser bonito ya que cada uno es bonito a su manera. Me llamó mucho la atención la mancha roja que tenía Júpiter.

    Mi madre me explicó que la mancha roja se llamaba: La Gran Mancha Roja; es el mayor vórtice anticiclónico de Júpiter y el detalle de su atmósfera más conocido a nivel popular. Comparable a una enorme tormenta, se trata de un enorme remolino. Su tamaño es lo bastante grande como para englobar más de dos veces el diámetro de la Tierra.

    Todos esos datos me resultaron muy interesantes, por lo que les dije que podríamos ir ahí a ver si era mi sitio.

    Cuando llegamos me sentí muy identificada con todos los seres que había ahí, por lo que decidí quedarme a vivir ahí.

    Le di un abrazo a mi madre, ella me dijo: “Ni los años luz harán que te olvide”; Siempre recordaré esa frase.
    FIN

    Magia Nocturna

    Magia Nocturna

    Mi nombre es Mike tengo 16 años y unos amigos míos y yo iremos de viaje de fin de curso a las islas Maldivas, en las cuales estaremos cinco días. El primer día nos dedicamos a tomar las habitaciones del hotel y el resto del tiempo podíamos hacer lo que quisiéramos.
    Al segundo día nos lo pasamos muy bien y nuestra profesora nos dijo que al finalizar la excursión tendríamos que hacer una redacción sobre una investigación.
    Al segundo día nos dieron las instrucciones de cómo hacer la redacción, la cual se tenía que hacer por equipos de seis y que nos dejarían los días sobrantes para investigar sobre que escribir, también, nos comentaron que no se podían repetir investigaciones y para ello, en nuestro móvil habría un tablón de los grupos que se completaría con lo que iban a investigar.
    Obviamente decidí hacer el trabajo con mi grupo de amigos ya que somos justamente seis (Ely, Alia, Amy, Grant y Niseyu).
    Pasaron los días y aún no teníamos un tema para investigar, los que nos encontrábamos ya estaban cogidos. El penúltimo día, no encontramos nada nuevo, se hizo de noche y volviendo a los dormitorios Ely (que desconoce muchas cosas) se alejó del grupo diciendo algo, pero lo dijo en voz baja y ninguno la escuchamos. Alia, que es su hermana, se percató de ello y nos avisó, acto seguido fuimos tras ella llegando a una playa en la que el agua brillaba, Grant dijo en un tono de voz elevado “¡Ya tenemos una investigación que redactar!”.
    Último día y teníamos que encontrar la información ya, no podíamos acudir a internet para buscar información, entonces, decidimos hacer teorías y luego, si no salía nada con una explicación razonable acudiríamos a los residentes de este lugar para ver si nos podían explicar si pasaba algo y el cómo, Ely, Niseyu y Grant decían que era magia nocturna, Amy, Alia y yo decíamos que tenía que tener alguna explicación razonable. Puesto que no estábamos de acuerdo y ninguno sacaba conclusiones exactas fuimos a preguntar a gente.
    La mayoría no sabían explicarlo con certeza, volvió a ser de noche y fuimos de nuevo a la playa para ver si sucedía lo mismo y exactamente volvió a pasar. Al rato llegó un hombre y se sentó a ver el mar, decidimos ir a preguntarle si sabía por qué sucedía esto, nos dijo que sí y nos empezó a explicar.
    Este fenómeno se llamaba bioluminiscencia, resulta que el agua del mar brilla debido a una reacción del plancton y el oxígeno, este se oxida y forma una proteína llamada “luciferina”, también nos dijo que solo se podía ver por la noche y si habían temperaturas elevadas.
    Al terminar la excursión, y llegar a nuestro instituto, la profesora nos dijo que explicásemos lo que descubrimos al resto de la clase, todos se quedaron asombrados al decirles que las olas bajas del mar brillaban por la noche.
    Después de esa semana, todo volvió a ser normal, sin investigaciones, sin mar que brillase...
    Pero, aunque posiblemente no volvamos a ver ese fenómeno natural, lo recordaríamos por el resto de nuestra vida y posiblemente Grant, Niseyu y Ely intenten buscarle la próxima vez explicación a las cosas que no entendemos.

    MARIE THARP Y LA TÉCTONICA DE PLACAS Y LA DERIVA CONTINENTAL

    MARIE THARP Y LA TÉCTONICA DE PLACAS Y LA DERIVA CONTINENTAL

    Hola me llamo Marie Tharp y este va a ser mi diario personal en el que desde hoy 23 de agosto de 1948 día en el que me mudo a la ciudad de Nueva York para trabajar en el Laboratorio geológico Lamont en la Universidad de Columbia. Antes de todo me gustaría presentarme, como ya he dicho antes mi nombre es Marie Tharp y nací el 30 de Julio de 1920 en Ypsilanti (Estados Unidos), fui educada en la Universidad de Ohio en la que me gradué en 1943 en grados de bachelor en ingles y música, en la Universidad de Michigan recibí el máster en geología y por último, en la Universidad de Tulsay obtuve un grado en matemáticas. Mi padre al igual que yo es cartógrafo pero a diferencia mía yo he venido a Columbia con la intención de estudiar y crear mapas del océano. En este diario voy a escribir mi experiencia durante estos años pero no escribiré diariamente será cada cierto tiempo viendo los avances de la investigación
    Primer mes de investigación:
    Ya llevo un mes aquí, estoy trabajando en la investigación de el hundimiento de barcos hundidos en los océanos con motivo de la guerra y en la ayuda a submarinos americanos, he conocido al geólogo Bruce C. Heeze, me parece que él y yo nos complementamos de una manera muy positiva la cual podría ser muy útil a la hora de la investigación.
    Primero año de investigación:
    Ya llevo un año trabajando con Heeze, y a mi parecer hemos una cantidad notable de progresos, por el momento seguimos trabajando en los océanos más precisamente hemos empezado a trabajar en el océano Atlántico, en la zona del norte. Heeze y yo combinamos el trabajo de campo y el trabajo trazando mapas, el suele montarse en el barco y yo hago los mapas ya que a mí, se me tiene prohibido el subirme a barcos por mi condición de mujer. El barco, llamado el Vema, utiliza un radar sonar que recopila información del suelo del océano. Mientras tanto, yo me ocupo de trazar los planos recopilando los datos en forma de lecturas del sonar y medidas de profundidad voy creando el mapa del suelo oceánico del norte del mar atlántico, es una tarea ardua por parte de los dos y cuando acabemos el mapa del atlántico norte volveré a escribir en el diario sobre el trabajo.
    Año 1957:
    Vuelvo a escribir en el diario, en este año por fin hemos terminado de construir el mapa del suelo oceánico del norte del océano atlántico norte, he descubierto gracias a los datos que Heezen me proporcionaba, que hay una profunda brecha en la cordillera mesoceánica y en mi hipótesis es que esta grieta es la separación entre Norteamérica y Europa lo cual puede avalar también la teoría de la deriva continental de Wegener, por la forma en la que los dos continentes encajan el uno con el otro. Tras descubrir esta grieta mi compañero de trabajo no me cree y califica mi idea de una idea de “muchacha” ya que él estaba a favor de la hipótesis de la expansión terrestre y al ser hombre no está bien visto llevarle la contraria.
    Año 1958:
    Durante todo este tiempo Heezen se negaba a creer en mi descubrimiento, pero tras un largo año de discusiones por fin ha terminado aceptarla tras haber salido nuevos datos que la reforzaban y ahora vamos a empezar a analizar todo el suelo oceánico de la Tierra.
    Año 1977:
    Este año por fin hemos terminado de realizar el mapa del mundo completo de todo el suelo oceánico gracias a los datos que Heeze me proporcionaba y a los míos propios que a partir e 1965 pude empezar a conseguir. Desgraciadamente ha muerto el que ha sido mi compañero por tantos años, Heeze con 53 años. Al lograr acabar todo el mapa del suelo oceánico podemos ver que hay una dorsal que separa los continentes y que podemos observar que va creciendo cada vez más por lo que podemos decir que expulsa nueva litosfera oceánica avalando entonces la teoría también de la tectónica de placas. Estoy muy orgullosa de nuestro trabajo y estoy seguro de que en un futuro servirá para muchísimas cosas, tras este trabajo al lado de mi compañero Bruce C. Heezen me despido de este diario, aunque yo vaya a seguir investigando y haciendo mapas.

    Me di cuenta

    Me di cuenta

    Ahh, el primer día de vida, no es emocionante.Estoy deseando no hacer nada.
    -Tenemos flagelos para movernos-me decían los demás.
    Como no estaba dispuesto a oír las críticas de los demás decidí irme de ahí, por primera vez me doy cuenta de lo azul que es el lugar, lo único que no era azul a parte de mis compañeros eran las rocas y la arena.

    Me alejé de los demás cosa que me costó ya que éramos un montón y encontré a un ser extraño que era diferente a mí, era más pequeña que yo, y estaba flotando en el agua sin hacer nada, creo que me va a caer bien. Como no se me ocurría nada que hacer me quedé con ella, y poco a poco nos fuimos haciendo amigos hasta ser casi inseparables casi inseparables.

    Pero un día paso algo inimaginable que aún no me puedo explicar, estábamos flotando pegados el uno del otro discutiendo sobre que habría fuera de la charca y le estaba dando una larga explicación de porque no existe un agua que quema, pero cuando me doy cuenta que ella llevaba un rato sin decir nada, fue cuando me di cuenta de que ya no estaba junto a mí, la empecé a buscar, cosa que sería imposible ya que el charco era basto. Lo tenía que intentar, me di cuenta de que tenía más energía de lo normal. Serán las ganas que tengo de encontrarla. Busqué durante mucho tiempo, pero no logré encontrarla.

    Un tiempo después viví una vida normal hice que si una u otra bipartición, un día decidí pasar un tiempo con uno de mis hijo y me fijé en en mi hijo ¡Una figura idéntica a ella estaba dentro de él! Y recordé una de nuestras conversaciones:
    -Este mundo es enorme, y yo aquí estoy desprotegida- me decía paranoicamente
    No te preocupes yo te protegeré, la decía mientras la tranquilizaba.Y me di cuenta. ¡Ella también estaba dentro de mi todo este tiempo!

    Las demás células nos miraban a mí y a mis descendientes con cara rara, pero yo ya estaba acostumbrado.Cuando estaba con ella se extrañaban la gente que pasaba.

    Fui envejeciendo y el poco tiempo que me quedaba lo dediqué ha pasear por el lugar, y vi a uno de mis nietos o tataranietos jugando con un chico que tenía pinta de mareado, estaba verde. Verles jugar me recordó a lo que hacíamos yo y ella, y se me acabó el tiempo...

    Mente imprudente

    Mente imprudente

    9 de marzo de 2019, 6p.m., Alaska. Katherine, 43 años, 1m 67cm y 73kg. El cadáver presenta una aguda inflamación en los ganglios linfáticos y en las axilas. También se puede observar una afectación pulmonar notable. La causa de la muerte, por el momento, es desconocida.

    El condenado zumbido del móvil consiguió despertar a Adeline. No soportaba la sensación de cansancio ya que le provocaba un estado de nervios sumamente violento. Aun así, sabía que el motivo de la llamada debía ser trascendente. Únicamente le comunicaron que era un asunto de gran importancia. Rápidamente se levantó y se preparó para salir de casa.

    Al llegar al Alaska Regional Hospital se puso en contacto con Keira, la encargada del caso, quien le comunicó las extrañas coincidencias de una serie de defunciones consecutivas. Quería que hiciese las autopsias de los últimos casos que se habían ido acumulando. Todos y cada uno de ellos coincidían en el diagnóstico postmortem: inflamación en los ganglios, axilas y pulmones. A Adeline le resultó familiar este conjunto de evidencias. Sabía que lo había leído en alguna parte. De hecho, lo tenía en la punta de la lengua. Indiscutiblemente, eran casos fuera de lo común… y de repente, dos palabras cruzaron su mente como un meteorito: se trataba de la bacteria Yersinia Pestis, es decir, la Peste Bubónica. Se quedó mirando la nada desconcertada. No tenía ningún sentido, esa enfermedad se había extinguido hace centenares de años. ¿Cómo podía haber regresado y contagiado con tanta rapidez? No era un caso típico de homicidio.- ¿Nadie podía conservar dicha bacteria, verdad?- se cuestionó a sí misma. Era un tema que se le escapaba de las manos. Así que envió la biopsia a toxicología para revelar otros posibles patógenos. En seguida comunicó el informe a Keira porque seguía pensando que aquello no tenía sentido alguno.

    Tras haber dedicado un mes a la investigación criminal, siguieron los fallecimientos constantes a causa de la misma bacteria. Necesitaban erradicar el origen de la infección. Todos los indicios apuntaban al descarte homicida así que intentaron encontrar similitudes genéticas entre las víctimas, pero no había ninguna. Después de repasar una y otra vez cada movimiento que estos habían realizado poco antes de su muerte hallaron una coincidencia: todos habían ido o estado en Utqiaġvik, una ciudad situada al norte de Alaska. Sin dudarlo por un segundo, ella y un equipo preparado de médicos, patólogos y toxicólogos ambientales se desplazaron hasta el lugar. Primero establecieron una zona segura y, poco después, practicaron análisis bacteriológicos a toda la población para identificar a los infectados. Por último, inspeccionaron todos los edificios uno a uno. A pesar de todo, seguían sin encontrar el foco. Parecía una bacteria fantasma. Nadie sabía su origen, ni quién o qué la propagó de nuevo. Era imprescindible encontrar la raíz, o de lo contrario, se convertiría en una pandemia global. Scarlett, la toxicóloga del equipo, adoptó una postura reflexiva. Tras pasarse unos minutos absortada en el caso, decidió compartir su cavilación a cerca de lo que había podido suceder. –Si no se trata ni de un homicidio ni de bioterrorismo, tiene que estar relacionado con los factores naturales.- Empezaron a reunir muestras de Permafrost y encontraron trazas del agente patógeno. Así pues, billones de toneladas métricas de hielo conservadas durante millones de años habían empezado a descongelarse devolviendo al mundo una realidad ya olvidada. Los resultados del análisis dieron positivo. Por lo tanto, el causante de la reaparición de la bacteria fue el calentamiento global ya que provoca la descongelación del Permafrost el cual, a su vez, inevitablemente, también implicaba la liberación de los virus y bacterias que se habían dado por extinguidas cuando en realidad, habían permanecido conservadas desde hacía millones de años. No obstante, nadie se percató de la descongelación de patógenos desconocidos hasta aquella fecha, enfermedades no identificables por haberse erradicado antes de la aparición de la especie humana. Así pues, cuando el grupo de científicos se acercó al punto de infección ubicado al Permafrost derretido se infectó por no llevar un equipo de protección diseñado expresamente para salvaguardarse de dichas enfermedades. Ajenos a ello, el júbilo del hallazgo confirió energía a los miembros del equipo para recoger el laboratorio móvil y empezar a preparar las publicaciones que, a buen seguro, iban a hacer en los medios especializados… incluso el vuelo de vuelta había sido productivo.

    -Sí, Peter… ya hemos aterrizado. En una hora llegamos al Jacob K. Javits Convention Center.
    - ¡Pero el inicio de la conferencia es de aquí a 45 minutos!
    - No sufras por eso, todo el mundo en New York esperará para conocer los detalles de cómo hemos salvado el mundo…

    O no.

    México, México Natal

    México, México Natal

    Hallase Tierra en punto fértil, lista para subyacer.
    La presión de la roca que está encima suya siente,
    no aguanta esa incontrolada fuerza, se ha de mover.
    Se mueve, no lo sabe, un terremoto inconsciente.
    Su cuerpo de roca hace mucho empezase a torcer,
    a colocarse debajo de otros cuerpos de roca,
    y también, al daño de su obra dejar ver.
    Destrucción es, al fin y al cabo, lo que ahora toca.

    Mayala ese movimiento de Tierra lo ha de notar,
    son gritos y mala fibra lo que ahora la rodea,
    todos fallecen en su México, México natal,
    huye, lo que deja atrás es mejor que no lo vea.

    Corre a las montañas, pues la van a resguardar,
    y ahí con los antiguos dioses mayas se encuentra:
    “Hay algo que no sabes y te hemos de comunicar,
    algo que tu antiguo pueblo hizo y aún se recuerda.
    Sobre el viejo lago un monte de tierra tuvo que montar
    para poder construir la que ahora es la gran ciudad.
    Por eso es que tan intenso el movimiento se hace notar.
    Ya sabes qué pasa con México, tu México natal.”
    “No entiendo, dioses, ¿dónde el temblor se ha de formar?
    He huido de mi México y visto a mi familia morir”
    “La respuesta a tu pregunta aquí no la vas a encontrar,
    para hallarla muy debajo de donde estás has de ir,
    Tierra se mueve, un ciclo repetitivo va a completar,
    Tierra ahora está en lo que se llama zona de subducción,
    mas para volver a salir a la superficie, ha de bajar,
    cuando baja, mueve todo a su paso, debido a la fricción.
    Es un movimiento lento, niña, no te has de preocupar.”
    Al terminar de decir esto se elevan, y vuelan.
    “¿Antiguo dios, por qué echamos a volar?”
    “Hay que hablar con Tierra, pues se le ha ido la tuerca”
    Tras esto, un último gran temblor van a presenciar.
    “¿Qué es esto que ha ocurrido, antiguo dios?
    “Son réplicas, mi niña; escucha a Tierra hablar.
    Esto es objeto de entre rocas la comunicación,
    cuando una se mueve, a las otras va a tocar,
    y el movimiento que una trae, la otra también.”
    Una última gran réplica se hace notar.
    “Estoy aterrada, ¿qué hemos de hacer?”
    “Más, niña, hemos de bajar, en tu México, México natal”

    Llegan al punto donde Tierra está.
    “¡Tierra, detente, haces daño a lo que te rodea!”
    “No puedo parar, niña, ¡déjame en paz!”
    “¿Por qué, ¿qué es eso que no te deja??”
    “El ciclo que una vez empecé he de acabar,
    he ascendido a la superficie,
    y a las profundidades he de retornar,
    no paro, comprende que me desquicie,
    mas no deseo otra cosa que la paz.”
    “Tierra, tú que has de seguir bajando,
    y por tanto te pregunto: ¿vas a parar?”
    “No, es ese el castigo que me ha sido dado,
    siempre es lo mismo a completar,
    asciendo, y desciendo, y lo repito.”
    “¿No hay punto en el que seas bueno, no lo hay?,
    ¿un punto en el que no hagas daño ni a ti mismo?”
    “Lo hay, si bajo lo suficiente me empiezo a licuar”
    “¿Cuánto te costaría llegar hasta ese punto?”
    “¿Por qué? Un día, quizás más.”
    “Hazlo, estás destrozando mi mundo”

    Tierra a bajar a toda mecha ha comenzado,
    recuerda, uno a uno, los puntos del camino.
    Primero sintió el agua que lo había formado,
    pura; entre animales que nunca nadie ha conocido.
    Millones de años tardó en llegar donde era necesario,
    cuando llegó, decidió, una vez más, bajar.
    Podría haber seguido y un monte haber formado,
    o quizás, velando por la violencia, un volcán.
    Decidió bajar, inconsciente, sin saber qué había creado,
    una catástrofe que lo fuese a perseguir siempre,
    avanzaba con dificultad, parecía que se había parado,
    pero no, no se quedaba quieto, pues no podía detenerse.
    Al principio oía la desesperación que lo había rodeado,
    niños, mujeres, hombres, todos por su culpa perecieron,
    la culpa, sí, la culpa, a Tierra, lo estaba matando.
    En la superficie el frío se le había aparecido,
    pero fue bajando 70 kilómetros, y el calor, arropando.
    No era consciente del daño que provocaba,
    aún faltaban 230 para darlo por terminado.
    De repente apareció una niña que algo le solicitaba,
    que parase, que él se quedase parado.
    Decidió avanzar, llegar, a la zona de mayor profundidad
    para de una menor densidad quedarse rodeado.
    Lo consigue, y así, terremotos, deja de provocar.
    Ahora le toca volver al ciclo que una vez hubo empezado.
    Y quizás, así, volver a México, México natal.

    Mi error fatal

    Mi error fatal

    Me encontraba en el suelo de baldosas de aquella clase en la que tantas horas había pasado, con una bala en el abdomen, cuerpo y cara llenos de hematomas, y mis compañeros de clase atónitos con la incredibilidad pintada en la cara. En ese momento, lo único que podía pensar eran dos cosas: el dolor agónico que hacía estremecer mi cuerpo y las circunstancias que me habían llevado a esta insólita situación.
    Todo comenzó unas semanas antes de que reanudaran las clases, cuando una notificación de Google llegó con un título que me produjo curiosidad “Solo una persona ha podido, ¿podrás hacerlo tú?”. Entonces, cometí el mayor error de mi vida, me metí en aquella página. En ese momento parecía como el resto de absurdos test sin sentido, que rondan por internet. Al finalizar, apareció un mensaje: “Enhorabuena, has sido lo suficientemente inteligente y moral como para resolver mi prueba. Por ello confío en ti para entregarte la información. Espero que no caiga en las manos equivocadas. Cordialmente, Terence Tao”. Se me descargó un documento y se cerró la página.
    Intenté volverme a meter en aquella intrigante web, pero la página, para mi asombro, había sido eliminada. Entonces, busqué el nombre de Terence Tao y resultó que este hombre, fallecido recientemente, era la persona con mayor coeficiente intelectual y que había estado trabajando en una nueva fuente de energía, antes de su trágica muerte. Fue entonces cuando hice una insensatez, actuar como si nada hubiera sucedido.
    Reanudaron las clases con normalidad pues el virus había mutado y afectaba como un leve constipado.
    Era una mañana de un frío lunes de noviembre y estaba preparándome para ir a clase, qué lejano parece ahora, aunque realmente fue solo hace unas horas, ojalá ese día no hubiera asistido a clase, hubiera hecho pellas o fingido estar enferma; de esa manera me hubiera ahorrado una paliza de vértigo y un disparo que lo más probable es que fuera el causante de mi prematura muerte que se acercaba a un ritmo sin precedentes y no parecía dispuesta a frenar.
    Pues a mitad de la tercera hora, hombres vestidos con traje irrumpieron en la clase, y uno de ellos dijo: - ¿Andrea Ruiz?
    -Yo- conteste con imprudencia, levantando la mano.
    - ¿Es usted la misma persona que el día 23 de agosto a las seis y cuarenta y tres de la tarde realizo un test hecho por Terence Tao? – dijo el hombre con un tono serio, imponente y sombrío.
    - Eeeh… sí- contesté asombrada con el miedo asomándose en mi voz. Dándome cuenta de que no llegué a abrir el archivo que se descargó, se me había olvidado por completo. También, recordé la advertencia de que dicha y desconocida información no debía caer en malas manos.
    -Entréganos tu móvil, dinos tu contraseña y leemos el archivo que sabemos que tienes, y de esta forma nadie saldrá herido- dijo con un tono amenazador, mientras el resto de hombres ya se encontraban a menos de tres metros de mí.
    - ¿Por qué? – contesté con aparente valentía.
    - Vamos a ver niñata ingenua, en ese archivo está la clave para crear una nueva fuente de energía que me convertirá en una de las personas más ricas. Además, podré crear la bomba más peligrosa del mundo, así que me lo das o te lo quitamos-
    - Vale- afirmé entregándoselo.
    -Contraseña- dijo intimidantemente.
    Fue entonces cuando, a pesar de saber lo que ocurriría después, negué con la cabeza, ganándome así una paliza. Al principio, como adolescente cabezota que soy, intenté devolverles los golpes, pero me rendí en el instante en el que me hice yo más daño al dar un golpe que él que lo recibió. Ahí es cuando perdí toda esperanza y me di por vencida, pues ellos me ganaban en número, experiencia y fuerza.
    Por mi cabeza rondaban dos pensamientos, a cual más inquietante que el anterior: si las otras treinta personas que hay en clase, sacaran algo de valor seguramente les ganaríamos. Sabía que no era popular, pero aún así me dolía verlos sin hacer nada, al fin y al cabo, hay personas que las conozco desde los tres años, debería importarles algo. El segundo pensamiento era el mayor dilema al que me había tenido que enfrentar; pues yo no era tonta, y sabía que sino les daba la contraseña acabarían matándome y conmigo moriría la solución al problema de las futuras generaciones. Sin embargo, si se lo decía, la tierra acabaría dominada por un tirano y yo sería la responsable. Pero mi mayor preocupación era el hecho de que después de que terminarán conmigo fueran a por las personas que saben mi contraseña: mis padres, mi mejor amiga, mi hermana… Todo este marrón por mi error fatal de meterme en una web de internet

    MI ISLA Y LAS AGUAS TURQUESAS

    MI ISLA Y LAS AGUAS TURQUESAS

    Hace más de ochocientos millones de años, la tierra en toda su inmensidad estaba formada por lava y llena explosiones formadas por las erupciones de la lava.
    Hasta que hace cien millones de años, empezó a llover durante millones de años, mientras caían la primeras gotas de agua se formaba un suelo tras secarse la lava, así se iba almacenando el agua en nuestro planeta tierra.
    A partir de las explosiones que tenia la tierra se fueron formando islas por toda la superficie terrestre. Tras unos cuantos años formándose la vida en el agua a través de células y pequeños crustáceos y peces.
    Ahí es donde aparezco yo, en mi pequeña isla. Para mí no era tan pequeña, aunque me la había recorrido varias veces con mi padre y mi hermano. Bueno primero me voy a presentar, me llamo Luis, tengo 12 años y me encanta vivir aquí.
    Mi hermano es un poco más pequeño que yo, tiene 10 años y se llama Alvaro, siempre está a mi lado desde que nació.
    Me encantaba vivir en mi isla, en ella me sentía libre de correr sin que nadie me molestara , sin coches , sin ruidos, solo el aire , el sonido de las olas del mar y su olor a sal.
    A Alvaro y a mí nos gustaba bañarnos en el mar todas las tardes, jugar en la arena y estar descalzos en la playa, pero también nos gustaba perdernos por el interior de nuestra isla y descubrir pequeñas piscinas de agua dulce que venían de aguas subterráneas. Esta agua era verde turquesa.
    Yo tenía mucha curiosidad por saber de dónde venía esa agua tan bonita. Así que no paraba de preguntar a mi padre, y él me contó una historia .Me dijo que hace muchos años nuestros antepasados eran indios y que ellos cuidaban mucho la naturaleza. Se encargaban de coger solo de ella lo que necesitaban para sobrevivir, por eso cultivaban lo que iban a comer esa temporada. Hace muchos años no regaban las huertas ni las tierras sembradas solo esperaban al agua de la lluvia. Así que su mejor tesoro era el agua. Todo esto lo comprendieron después de que una tribu vecina con la que intercambiaban pieles y sales se quedara sin agua, se secaron sus ríos, lagos, y no entendían como los nuestros no lo hacían. Les explicaron su forma de respetar la naturaleza y les ensañaron su tesoro, y les llevaron a ese manantial de aguas turquesas, los de la tribu vecina no sabían dónde estaba, se cansaban a mirar y no veían el tesoro. Hasta que el jefe indio les contesto, el AGUA, EL AGUA, ese es nuestro gran tesoro. Entonces la tribu vecina se fue pensando en todos los errores cometidos y como iban a cambiar su forma de respetar lo que la tierra les daba y les podía volver a quitar si no la respetaban.
    El agua es la responsable de la vida de todos los seres vivos.
    Con el paso del tiempo se ha descubierto que el agua realiza un ciclo para seguir presente en la tierra.
    El agua se evapora, elevandose y formando las nubes, estas se llenan de gotas de agua que vuelven a la superficie terrestre en forma de lluvia, nieve o granizo gracias a la gravedad.
    Nuestra misión es cuidar el planeta para que el agua no desaparezca y con ella todo la vida en la tierra.
    Por eso nosotros nos quedamos en casa, en nuestra isla.



    SERGIO DEL OLMO DEL CAMPO 1ºE.S.O

    MUTACIÓN SUMERGIDA

    MUTACIÓN SUMERGIDA

    Roberto y Matt son amigos desde hace 26 años, siempre les ha gustado hacer planes juntos, pero con una condición, estar en el mar. Los dos son biólogos marinos y están muy preocupados por la contaminación y la extinción de algunas especies. Su afición por el mar hace que les incite una ilusión para enseñar esto a los más pequeños. Desde hace un tiempo se dedican a hacer expediciones. Tienen un equipo de expedición bajo el agua carísimo, ya que les encanta descubrir especies de animales raras en la profundidad y después buscarlos en internet, para ver su desarrollo.

    Un día Matt se sumergió tanto que tuvo la suerte de encontrar a una especie de pez extraño. Entonces avisó a Roberto, pero ya era demasiado tarde para que lo viese. Pasaron unos días desde que Matt había visto aquel pez, pero decidieron volver a las mismas coordenadas con la intención de poderlo capturar y hacerle un seguimiento a toda su evolución. Llegaron allí y no solo apareció ese sino aparecieron tres o cuatro peces más, claramente visibles, pero ellos ya estaban convencidos definitivamente en hacer un seguimiento exhaustivo y eso hicieron. Tardaron pocos días en saber que especie de pez era, como se llamaba y como había sido su mutación durante toda su existencia.

    El pez se llamaba OLM, pero su nombre científico era (Proteus anguinus) también conocido como «cría de dragón».

    Entonces se les ocurrió publicar un estudio sobre esta especie. Al tiempo de publicarlo recibieron una llamada de un instituto para realizar una charla exclusiva para el alumnado de 3º ESO. Como aceptaron la propuesta acordaron el día y se pusieron a preparar la exposición.

    Los alumnos estaban dando la biodiversidad y las mutaciones, por lo tanto, la información que iban a contar los biólogos les serviría para el examen.

    Llego el día en el que Matt y Rober van a contar el estudio de este ser vivo.

    Buenos días, chicos y chicas, ¿qué tal estáis? Me llamo Matt y mi compañero se llama Rober. Ahora vamos a comenzar la charla. Pero lo más importante, ¿Sabéis porque estamos aquí? ¿Qué hemos descubierto? -Preguntó Matt-.

    ¡Sí! -Respondió el alumnado-.

    Por favor levantad la mano de uno en uno. El chico de la sudadera roja fue el primero en levantar la mano. -Dijo Matt.

    Hola yo se responder a todas vuestras preguntas, ya que he estado investigando sobre vosotros. - Dijo uno de los alumnos-.

    Vale. Lo primero ¿cómo te llamas? - Le preguntó Rober-.

    Me llamo David. - Dijo el niño-.

    ¿Qué nos podrías contar sobre nuestro descubrimiento? -Le preguntaron los biólogos-.

    Pues… que un día estabais buceando y encontrasteis una especie de pez muy rara. Creo que se llamaba Olm. - Dijo el niño-.

    Si es cierto, esta especie se conoce como Proteus anginius o también llamada OLM. - Respondió Matt-.

    La biodiversidad está relacionada con este animal ya que los impactos que ha recibido la tierra, tienen que ver con las diferencias entre las especies. Entonces averiguamos que el Olm surgió hace 80 millones de años. -Explicó Rober-.

    Sus características más destacadas son: considerado anfibio, ciego y puede estar sin alimentarse prácticamente 10 años. Además, se orienta a través del olfato, el oído y se cree, que incluso detectando los campos magnéticos de la Tierra. -Argumentó Matt -.

    ¿Cuánto tiempo vive esta especie? -Pregunto Nieves-.

    ¡Buena pregunta!, el Olm vive aproximadamente 100 años, pero para ello es imprescindible que el agua en la que habita esté super limpia. -Respondió Rober-.

    Al paso del tiempo el Olm ha ido mutando y adaptándose a las condiciones de su hábitat, así que toca hablar del científico más influyente en la evolución biológica, Charles Darwin. ¿Sabéis quién es? ¿Lo habéis estudiado ya? – Pregunto Rober-.

    ¡Sí! -respondieron todos a la vez-.

    Vale, entonces os haremos unas preguntas. -Dijo Matt-.

    Empecemos, ¿las mutaciones son perjudiciales? -Preguntó Matt-.

    Sí, algunas no causan perjuicios, pero otras sí. -Contesto David-.

    ¿Imaginaros una mosca, esta sufrió una mutación, sus descendientes sufrirán lo mismo? -pregunto Rober-.

    Si está vivo sí, la mutación se almacena en el material genético, así se pueden diferenciar algunos individuos. -Explico Nieves-.

    ¿Darwin estudió la evolución de los seres vivos o la mutación de estos? -Preguntó Matt-.

    Me parece que la mutación. -Contestó Mario-.

    ¡¡Casi!! Es justamente, al contrario. -Explican Matt y Rober-.

    ¿Cuáles fueron los primeros seres vivos que encontró Darwin en su viaje con el Beagle en las alturas de los Andes? -Pregunto Matt. -

    Descubrió restos de seres marinos. -Contesto Eneko. -

    Muy bien, demostró que ese lugar había estado bajo el océano. -Reafirmo Rober. -

    Ha sido un placer compartir este rato con vosotros, ¿os ha quedado todo claro? -Pregunto Matt-.

    ¡Sí! -Gritó toda la clase-.

    Muchas gracias a todos por escucharnos. -Finalizaron Matt y Rober-.

    No sé qué poner de título

    No sé qué poner de título

    Poco a poco podía sentir el tiempo arrugando su piel, sin prisa, sin pausa. Cruelmente su vida se va acortando hasta transformarse en polvo, hasta que nadie lo recuerde. Durante ese momento, se preguntaba inconscientemente si de verdad estaba pasando aquello, si esa angustia era justificada, si se estaba volviendo loco entre esas cuatro paredes acolchadas, o si directamente ya lo estaba cuando ingresó en el psiquiátrico. Estuvo divagando continuamente saltando de un tema a otro, pero por mucho que lo hiciera, el tiempo siempre se presentaba en su mente. Llegó un momento en el que, cansado de hacer gimnasia mental, decidió preguntarle al propio tiempo el porqué de su acoso. No hubo respuesta. Se imaginó así mismo en un nivel mínimo, un nivel cuántico para ver si era capaz de entablar una conversación con él. Tal vez así entrando en su propia casa, le respondiera, y lo encontró, no como un ser asombroso y magnífico, sino como él mismo, idéntico, salvo por una diferencia, y es que era él, pero de tono pálido, casi transparente. Antes de que pudiera formular una palabra, el ser se desvaneció. Ahí se dio cuenta de que el tiempo no existe, por fin lo había comprendido, no hay un tiempo de vida porque no hay un ser ningún ser con vida, el tiempo ya ha pasado, lo único, es que estamos sufriendo en un efecto retardado.

    No todo es para siempre

    No todo es para siempre

    NO TODO ES PARA SIEMPRE

    Erase una vez, en un lugar no muy lejano cerca del mar había un lugar donde sus habitantes gozaban de muchísimos recursos de la naturaleza. Ellos eran muy felices, ya que poseían muchos privilegios naturales como la energía, alimento y madera. Los habitantes de este lugar cuidaban mucho todo lo que la naturaleza les proporcionaba ya que era un bien muy preciado que tenían y querían que estuviese presente en todas las generaciones. Ellos sabían que si no lo cuidaban, esos recursos se acabarían agotando y eso también dependía del ritmo en el que extrajesen los productos. Ellos extraían los recursos de lugares o cosas donde estos se regenerasen o se renovasen en una cantidad importante y a esto lo llamaban recursos renovables.

    Usaban la energía del sol, el viento y el oleaje, para producir energía. Estos se generaban constantemente ya que por lo tanto no se agotaban. Ellos vivían cerca del mar, por lo tanto eran conscientes de que el mar era la fuente de energía más poderosa y podría convertirse en el principal generador renovable del mundo y que incluso en diferentes temperaturas el agua puede producir energía. También denominaron recursos renovables a la renovación del propio recurso, como por ejemplo la carne, frutas y madera, todos estos los usaban como alimento, materia para construcción, herramientas y tejidos, pero ellos ya sabían que tenían que tener cuidado, porque aunque fuesen recursos renovables, los procedentes de la renovación biológica se acabarían agotando si los consumían a un ritmo mayor que su capacidad para regenerarse o si se destruía el recurso base que los originaba.

    Un día un hombre muy avaricioso de aquel lugar empezó a explotar las tierras, ya que quería poseer más alimento, deforesto bosques, para poder encender la chimenea más a menudo y agotó los acuíferos. Construyo centrales nucleares, para conseguir energía nuclear, creyendo que era renovable, pero sin embargo es una de las más dañinas para el medio ambiente. La energía nuclear se obtiene de los combustibles, principalmente del uranio, que está en dosis limitadas en la naturaleza. Por no decir que producir este tipo de energía generaba muchísimos desechos y que la mayoría eran radioactivos o dañinos para el medio ambiente.

    Los demás ciudadanos comenzaron a quedarse sin recursos, y la preocupación empezó a reinar en aquel lugar. Los habitantes intentaron buscar la manera de frenarlo, ya que sabían que si lo hacían más tarde ya no daría tiempo a arreglar todos los daños causados.

    Este hombre explotaba aquellas fuentes de energía que se encontraban en la naturaleza en cantidad limitada y no podían ser sustituidas. Obtenía carbón, petróleo y gas natural, de la biomasa, y las convertía en sustancias dotadas de energía, para obtener calor y movimiento quemándolos. Las ventajas de esto, es que eran fáciles de obtener y era barato, por eso a aquel hombre no le costaba nada obtenerlas, estas eran las características de los combustibles fósiles.

    Poco a poco, comenzó a desaparecer toda la fauna y la flora de aquel lugar y eso llevo a la extinción de especies, los suelos estuvieron altamente degradados y por último, había una gran contaminación en el aire por la tala de bosques.

    La situación poco a poco fue yendo a peor, ya que aquel hombre no hacía ni caso a las advertencias de sus vecinos y ellos estaban muy preocupados, por el futuro de aquel lugar.
    Con todo el miedo que había causado ese hombre, los vecinos comenzaron a restaurar los ecosistemas deteriorados, gestionaron los recursos de un modo sostenible y redujeron el volumen de residuos en los sistemas de producción.

    Esto ayudo mucho a poder solucionar la catastrófica situación a la que habían llegado.
    Con el tiempo consiguieron, que todo volviese a la normalidad y lograron conseguir entrar en razón a aquel hombre. Reconocieron la importancia de cuidar el planeta y no abusar de él, porque si no algún día podía ser que se les acabase, ya que no todo es para siempre, y esta fue una valiosísima lección que aprendieron los ciudadanos de aquel lugar y que les ayudo a poder conservar sus bienes naturales más preciados que poseían y que lo que había sucedido no volviese a suceder jamás.


    O JARDIM

    O JARDIM

    Cuando subí a la tarima todo el público estalló en aplausos.

    - Gracias, gracias. Creo que lo más adecuado será empezar por el principio:
    Me llamo Lewa, tengo 12 años y vivo en una aldea cerca de Luanda, capital de Angola. El poblado en el que vivo es pequeño, no habrá más de una veintena de chozas de adobe y una pequeña escuela.

    Todo empezó allí, íbamos a conocer a nuestro nuevo maestro. Nos habían contado que su nombre era Giuseppe y que venía de Europa, de un país llamado Italia. Como era el primer día, nos dijo que esa mañana nos dedicaríamos a hablar sobre nosotros mismos. Cuando me tocó presentarme le dije que me llamaba Lewa, que tenía siete años y que vivía con mi padre y mi abuela, ya que mi madre y hermano fallecieron a causa de la malaria. Giuseppe nos habló sobre su familia, procedencia y muchas cosas más. Después, nos preguntó si teníamos alguna duda o curiosidad. Creo que todos estábamos de acuerdo en preguntarle cómo era Europa. Entonces, sacó un artefacto que nunca habíamos visto y que ahora conocemos como ordenador. Nos enseñó muchas fotos de ese continente que apenas conocíamos. Lo que más envidié de Europa fueron sus paisajes, sus campos cubiertos de flores. Me pareció tan hermoso, que todos los días al terminar las clases le pedía a Giuseppe que me enseñase aquellos campos llenos de colores.

    Al terminar el curso Giuseppe volvió a su país y de regreso me trajo un regalo que cambiaría mi vida y la de mis vecinos, una bolsita con semillas.

    - Para ti Lewa, ¡aquí tienes un pedacito de la Europa que tanto te gusta!

    Decidí situar mi jardín en el centro de la aldea, así lo primero que veríamos todos los habitantes del poblado y yo al salir de nuestras chozas sería una bonita zona llena de flores. Todas las mañanas, de camino a la escuela regaba el jardín. Pronto empezaron a aparecer los primeros brotes y en apenas dos meses el jardín floreció . Era feliz, nunca había estado tan satisfecha de mi trabajo. Mi sueño se había hecho realidad.

    Una única noticia llenaba las portadas de todos los periódicos: un nuevo brote de malaria se había llevado por delante la vida de 10.000 personas y era indudable que habría muchos más fallecidos.

    Al cabo de unos días el brote se expandió a toda África subsahariana. El miedo y la inseguridad eran palpables en la aldea, a pesar de que en ella no había ningún infectado.

    Yo seguía cuidando con esmero mis flores que lucían más hermosas que nunca.

    Las muertes habían ascendido a 50.000, África entera sufría las consecuencias de la malaria, mientras que en mi poblado no había indicios de la enfermedad.

    - Esto no puede ser casualidad - pensé. Tiene que haber una razón para ello.

    Compartí mi inquietud con el profesor. Al cabo de unos días sacamos una conclusión: Resulta, que después de examinar todo el poblado nos dimos cuenta que había dos cambios importantes : el jardín y un nuevo mosquito. Estábamos seguros de que la aparición del mosquito tuvo lugar al mismo tiempo que la primera floración, de ahí que decidiéramos estudiar el comportamiento de éste. Su peculiaridad es que necesita alimentarse de néctar de flores y sangre para vivir. En Angola, esta primera condición es difícil de conseguir por la escasa cantidad de plantas que consiguen florecer, pero un pequeño número de estos insectos se toparon con un lugar magnífico que aseguraría su existencia: mi jardín. Estos insectos hicieron lo que todo ser vivo necesita hacer: alimentarse. El destino quiso que las plantas de mi jardín pertenecieran a un grupo que tiene una cualidad muy particular: generan una sustancia, presente en el néctar, que contiene anticuerpos para combatir ciertas enfermedades, entre ellas la malaria.

    La explicación de cómo dicha sustancia llegó hasta nuestro organismo es muy simple ya que estos mosquitos no podían renunciar al segundo pilar en el que consistía su alimentación, la sangre. ¡Los habitantes de mi aldea no nos habíamos librado de las molestas picaduras de mosquito! ¡Pero al mismo tiempo, nos habían vacunado contra la malaria!

    Informamos de nuestro hallazgo y dejamos a los científicos trabajar.

    Al cabo de un tiempo recibí vuestra llamada (OMS). Queríais conocer a la persona que contribuyó a este descubrimiento.

    Ahora estoy aquí, narrando la historia de una niña que persiguiendo su sueño cumplió el de miles de personas más.

    “Observa detenidamente tu entorno y comprenderás mejor el funcionamiento de las cosas”.
    Albert Einstein.

    Odio ir al laboratorio

    Odio ir al laboratorio

    A ver, no me malinterpretéis, me gusta la clase de ciencias y tal, pero odio con toda mi alma ir al laboratorio. Tenemos que ir de forma obligatoria, pues está incluido en el bloque de química de la asignatura. Pero cada vez que vamos, intento boicotearlo como sea.
    Para empezar, tenemos que ponernos por grupos de cuatro, porque no hay material para tantos. Yo pongo mi mejor cara de enfado y aviso a mis compañeros.
    —Yo veo como lo hacéis —les digo antes de entrar—, pero no pienso ponerme ni las gafitas, ni la bata.
    Yo siempre opino que los elementos químicos quedan mejor en las páginas del libro. La última vez que fuimos, mi grupo echó demasiado bicarbonato en el vinagre, y no me preguntéis cómo ni por qué, pero ahora mi estuche huele permanentemente a vinagre. Y creerme, eso no sale con nada.
    Bueno pues aquel día fue la guinda. El profesor estaba emocionadísimo con enseñarnos cuál iba a ser la gasolina del futuro, o algo así, porque no me quedó muy claro.
    —Juntaos por aquí chicos. —Se sentía muy solemne con la bata puesta y la sensación de saber de lo que hablaba— Mirad esto bien, porque cuando se acabe la gasolina, el hidrógeno puede ser lo que impulse los coches en el futuro.
    Y luego vino el rollo de que nosotros en el futuro podríamos dedicarnos a eso, y que teníamos ese peso en nuestras manos y blablabla. Ya os imagináis el resto. También nos habló de la explotabilidad y de lo útil que podía ser. Ya, pues eso solo era el principio. Había montado todo un experimento con gel de lavavajillas a mano y burbujas de hidrógeno.
    —Ya veréis lo que pasa cuando el hidrógeno entra en contacto con el fuego. —Y así lo hizo el tío.
    Las burbujas de líquido verde con hidrógeno explotaban haciendo un sonido peculiar dentro del matraz. Eso me fascinó, tengo que reconocerlo, no os creáis que siempre voy de escéptica. Pero se me borró la sonrisa al instante cuando el tapón de corcho que tapaba el frasco empezó a vacilar, empujado por el gas que hacía presión. Ninguno de nosotros sabía exactamente las consecuencias, sólo teníamos seis palabras en mente: eso seguro que no se respira. Retrocedimos varios pasos de forma instintiva.
    —Alex —el profesor llamó a uno de mis compañeros, el que estaba más cerca de la puerta—, ve a abrir la puerta de incendios por si tenemos que salir.
    Y eso ya fue el colmo, no tuvo que pedirnos dos veces que saliésemos por la puerta (y para nada de forma ordenada) y viésemos la escena desde el pasillo.
    Al final todo se quedó en una falsa alarma, aunque el susto nos lo llevamos. Fue divertido, desde luego, es una buena anécdota. Pero sigo odiando ir al laboratorio, que conste.

    PODRÍA PASAR HORAS

    PODRÍA PASAR HORAS

    PODRÍA PASAR HORAS

    Podría pasar horas viendo cocinar a mi madre en la bilbaína de mi bisabuela.
    Troceaba la verdura para hacer caldo y yo, concentrado, observaba sentado desde la mesa de madera.
    De repente, me dio por pensar ¿dónde irían las minúsculas gotas de agua que empañaban los ventanales y qué sería de aquel vapor de agua saliente de la cazuela de barro con olor a verdura?
    Después giré la cabeza y miré al jardín. Alrededor del aspersor mal puesto por mi padre desde hace años, siempre se formaba un charco; a veces más grande, a veces más pequeño y a veces invisible pero presente por un cerquito amarillo que iba pudriendo el césped.
    ¡Ahora entiendo lo que pasaba con ese agua! Dependiendo de si hacía calor o frío había más o menos agua, si hacía bajo cero, el charco se convertía en una pequeña pista de hielo en la que algún bicho atontado por las bajas temperaturas patinaba. En época de sequía, hacia el mes de agosto, el charco era invisible, el calor del sol y el aire seco evaporaban el charco.
    Pero volvamos al principio, a la cazuela con el caldo de verduras de mi madre y con esas pequeñas gotas queriendo emprender su viaje. Esas gotas pasaban con el calor del fuego, de un estado líquido a vapor de agua, luego subirían hasta formar una nube; mi abuela dice que cuando las nubes están negras y gorditas descargan todo lo que han bebido en forma de lluvia.
    El agua emprendería distintos viajes, y en mi cabeza imaginaba un aeropuerto con esas gotas de agua embarcando por las distintas puertas, ja, ja, ja.
    Una cantidad iría a parar a las alcantarillas de las ciudades, las más afortunadas irían a parar a los caudales de los ríos del mundo y muchas terminarían en el mar; pero en estos momentos el viaje más importante es el que emprende el agua con destino a los grifos de nuestros hogares, agua que utilizaremos para lavarnos las manos tantas veces como sea necesario para poder terminar con el Coronavirus.
    Simón, a comer, ¡qué estás en Babia!.

    Polvo de estrellas

    Polvo de estrellas

    Era una noche oscura y fría, como todas las demás... aún recuerdo las historias que me contaba mi madre sobre los campos todavía verdes, cuando era joven y estaba permitido salir a la calle por ocio. Aún juego a imaginar los rayos de sol posados sobre mi piel, o el canto de los pájaros, o intento adivinar cómo sonarían las olas del mar sin el ensordecedor motor de las naves. La vida que había visto en las películas del siglo pasado que había conseguido robar, ya no existía. Lo destruyeron todo, sin pensar en los que vendríamos después. Vivíamos con miedo y por eso nadie luchaba, pero se llevaban a los adolescentes, y lo único que los adultos hacían era llorar cuando ya era demasiado tarde. Esa noche era distinta, era la segunda vez que pasaban en un mes, sabía que esta vez me tocaría a mí.

    Me llamo Enif Alioth, y soy piloto Alpha del ejército de la Unión Lunar. Llegué aquí hace seis meses junto con otros cientos de adolescentes, donde nos sometieron a numerosas pruebas de selección tanto físicas como psicológicas. Resulté tener unas cualidades muy por encima de la media. Mi madre siempre me había dicho que provenía de las estrellas, cosa que yo interpretaba como un cuento de hadas para dormir, quién iba a decir, que tras las pruebas médicas, los científicos hallarían en mi ADN partículas de la constelación Vela, perteneciente a los habitantes de la Nebulosa del Anillo del Sur, conocidos coloquialmente como “Sureños”. Realmente estaba hecha de polvo de estrellas. Me creyeron poderosa, creyeron que les ayudaría a ganar esta guerra.
    Me encontraba con demasiadas preguntas sin respuesta; ¿dónde estábamos?, ¿qué hago aquí?, ¿por qué se estaban llevando a los adolescentes? ¿tenía algo que ver con la guerra que se estaba librando en otra galaxia? La única respuesta, “Estáis en la Estación Espacial de la Unión Lunar y seréis entrenados para luchar en la guerra por vuestro Gobernador” Así que era aquí donde traían a todos los adolescentes secuestrados, éramos los perros de caza del Gobernador, entrenados para enfrentar y acabar con los Hostibus, unos entes desarrollados que usan como fuente de energía el “Crystal Vitae”, un mineral que podría ser la solución a la gran cuestión del ser humano, la inmortalidad.
    Fui incluida en el sector Alpha, donde conocí a mi compañero de nave y mejor amigo Álex. Nosotros seríamos el próximo equipo de Alphas que se enviaría al conocido Planeta Gris en la galaxia Las Nubes de Magallanes. Un nombre demasiado bonito para lo que allí nos estaba esperando. Fuimos entrenados para luchar y disparar, para saber curarnos en caso de estar heridos, para no sucumbir ante la locura y la inmensidad del espacio.

    Sólo quedaba un mes, los entrenamientos habían acabado, ahora solamente cabía esperar. Todos teníamos claro el plan, seríamos los primeros en entrar en batalla pues pilotábamos los Raiders, naves pequeñas y tremendamente veloces de dos personas, nos habían preparado para destruir toda la defensa, debíamos ser tan molestos como un enjambre de avispas. También seríamos los primeros en recibir los primeros disparos. Teníamos miedo, miedo y rabia, íbamos a morir, morir por alguien a quien ni siquiera le habíamos visto la cara, alguien que no había dado la cara por ninguno de nosotros. Esta guerra lo estaba destruyendo todo.
    Álex y yo pasábamos los últimos días en nuestro Raider, asegurándonos de los últimos detalles, y hablando. Él me entendía y yo le entendía a él, nos habían hecho compañeros de Raider por la compatibilidad de nuestras mentes. La Unión lunar quería que todo encajase a la perfección, no se podían arriesgar a que una misión fallase porque dos compañeros se llevasen mal. Creo que fue lo único bueno que nos pasó dentro de esa mierda.
    El día antes de nuestra partida estábamos escuchando música de un MP3 como del 2015 que Álex había reparado, cualquiera hubiera dicho que era una cafetera del lejano siglo XXI, cuando todavía creían que sólo existía este universo, pero era nuestro mayor tesoro, la única forma de alejarnos de todo lo que odiábamos. Bailábamos en silencio, cuando de repente Álex habló:
    - No lo vamos a hacer
    - Lo sé
    Sabíamos perfectamente lo que haríamos al día siguiente, teníamos un plan. Saldríamos con todo nuestro equipo dirección Las Nubes de Magallanes, dispuestos a luchar hasta el final, pero no seguiríamos a los demás Raiders, nuestro destino final estaría unos cuantos años luz más lejos, en la Nebulosa del Anillo del Sur, de donde yo procedía y donde vivían los únicos seres de este universo, unos humanos evolucionados, con suficiente poder para acabar con esta guerra. Nos acontecía una larga batalla, era nuestra única oportunidad. Una vez ahí fuera estaríamos solos, sólo Álex y yo.

    QUE SE PARE EL MUNDO

    QUE SE PARE EL MUNDO

    Nadie sabe de dónde provengo, simplemente aparecí de la nada sin que nadie tuviese tiempo de hacer algo. Yo no culpo a nadie, ya que soy difícil de combatir. Disculpad que aún no me haya presentado, soy Edem, mi nombre completo es Epidemia, pero no me gusta como suena. Me describen como una de las mayores enemigas del planeta Tierra.

    Con la ayuda de Pamia (también conocida como Pandemia) me meto en la vida de mucha gente, y no exactamente para algo bueno. Provoco malestar en la salud, a veces hasta puedo provocar la muerte. Mis antepasados ya tenían el mismo oficio que yo. Sin embargo, a diferencia de mí, la gente averiguó como surgieron.

    El gran rival de mi existencia es CICIA (comúnmente conocida como ciencia) es una organización dominada por caballeros y heroínas armados con mascarilla y guantes de látex, denominados médic@s. Para mi desgracia no solo son ellos, también hay más integrantes como farmacéutic@s, enfermer@s y estos sí que poseen infinidad de armas para combatirme.

    Pero se olvidan de que mi misión es propagar el pánico. Tengo que agradecer a los “fake news” su ayuda, aunque me parece que esa no era su intención, en estas aparecen remedios para impedir que me propague por el organismo, son absurdos, lo único que me podría matar es una vacuna. Por el momento, lo único que han hecho es un “Que se pare el mundo”, así es como yo he denominado a una de sus tácticas para detenerme, este método consiste en aislarse unos días del mundo y de todos para evitar que la gente se contagie, bravo¡¡¡ lo estoy consiguiendo, el pánico, con unas consecuencias nefastas en la economía y en la sociedad; ya que por mi culpa la gente se queda sin empleo, no puede trabajar en buenas condiciones y tienen que permanecer alejados de sus seres queridos.

    Debido a que afecto más a la gente anciana, los abuelos no pueden pasar el tiempo con sus nietos. No obstante, la tecnología les acerca a ellos de una forma telemática, y a través de “know-how” los niños y adolescentes siguen aprendiendo.

    Me he percatado que no solo los de la CICIA se han unido para ejecutarme, sino que también los más pequeños han aprendido técnicas para evadirme. Sus padres les han adiestrado a utilizar un producto, una especie de insecticida para espantarme. En las noticias ponen una especie de recordatorio, como una alarma matutina para que no se olviden de ponérselo. ¿Qué será lo próximo?, ¿un espray de cuerpo entero?, eso seguro que acabaría conmigo como el veneno a un ratón. Ojalá que no se les ocurra una crema anti-epidemias; ya que yo puedo llegar a la gente a través de las palabras y la tos. Si está crema anti-epidemias llegase a inventarse haría que los escupitajos y partículas en las que estoy, se secasen hasta el punto de quedar echas polvo. Esto no creo que sea fácil de lograr. No quiero sonar cruel, pero en cierto modo no me duele que la gente lo pase mal. Al fin y al cabo podrían haberme evitado si se hubiesen aislado desde el principio, cuando aún solo afectaba a un par de personas. De todos modos, para mí desgracia acabaré desapareciendo como todos mis antepasados y solo seré un mal recuerdo. Me he preparado para ese momento, pero me entretiene ver como intentan detenerme. Estoy provocando una especie de guerra mundial, todos contra mí. A pesar de ser muy poderosa ellos son millones de seres humanos, me parece injusto.

    La idea de desaparecer me hace recordar las historias que me contaba mi abuela. Me relató el tiempo en el que ella viajaba de un cuerpo a otro mediante los fluidos de la gente, como la sangre. Tenían que tener cuidado con las heridas y rupturas de la piel tanto en ojos, nariz como boca. A diferencia de mi, ella no podía propagarse sin dar ciertas señales de existencia. Yo puedo ir de incógnito, lo que me hace impredecible. Otra curiosidad es que he viajado más que mi abuela. Muchos países han sido afectados por mí, mientras que ella solo fue capaz de visitar más o menos diez países.

    Otra vez, la CICIA, se unen científicos de distintos países para investigar y conseguir ese arma “la vacuna” y lograrán exterminarme. Ahora sí, todos juntos seguro que consiguen que esté sea mi fin.

    Rayo

    Rayo

    En los montes de Toledo vivía en solitario un lince ibérico llamado Rayo, hoy en día estos animales son muy difíciles de encontrar y solo residen en zonas muy restringidas de la península, lo más lejos posible de la actividad humana.
    Mientras Rayo vivía tranquilo en su hábitat, un grupo de ingenieros se estaba planteando talar árboles por todo el ecosistema para construir una autopista y una zona industrial llena de fábricas. Al exponer la idea hubo quejas de personas que se oponían debido a que esa zona era uno de los pocos lugares en los que podían seguir habitando los linces ibéricos, que por desgracia estaban en peligro de extinción. Los ingenieros y dueños de fábricas se escudaron en que hacía muchos años que no se sabía de la existencia de alguno de estos animales en los montes de Toledo y consiguieron convencer a todos de que la mejor opción era construir la autopista y las fábricas.
    Antes de empezar a construir el nuevo proyecto decidieron ir a ver el sitio para asegurarse de que todo estaba preparado para comenzar a talar los árboles. Fueron a ver el lugar dos ingenieros encargados de la obra y un inspector que tenía que dar el visto bueno. Llegaron y todo parecía estar en orden, no veían casi animales y los que veían eran comunes, por lo que no suponía ningún problema alterar ese hábitat. De pronto oyeron un ruido que venía de detrás de un matorral, el inspector decidió ir a ver que era y se dio cuenta de que había un lince Ibérico, era Rayo.
    El inspector sorprendido dijo: ¡Un lince! Voy a tener que informar a mis jefes de su existencia ya que llevan años buscando linces por esta zona y no habían encontrado nada. Siento deciros que esto lo cambia todo, no podemos alterar este lugar, este lince es uno de los pocos ejemplares que quedan y debemos cuidarlo.
    El ingeniero trató de convencerle de seguir con su idea: ¡No, por favor! Este proyecto nos puede cambiar la vida, puede hacernos ganar muchísimo dinero, a nosotros y a los dueños de las fábricas. Podemos pagarte para que no digas nada, por favor, si esta idea sale bien seremos ricos.
    Está bien, no diré nada, pero quiero el 20% de lo que ganéis - añadió el inspector.
    Ambos se pusieron de acuerdo, decidieron volver y hacer como si nada de esto hubiese pasado.
    Al día siguiente el inspector se reunió con el jefe y le dijo que todo estaba en orden para empezar, sin perder más tiempo ordenó empezar las obras esa misma tarde.
    Durante 4 meses estuvieron talando árboles y destruyendo el ecosistema, una vez que acabaron con eso se construyeron las fábricas y se abrió la autopista.
    Rayo seguía vivo, pero empezó a pasarlo mal porque cada vez tenía menos espacio donde vivir, menos animales para cazar (y, por lo tanto, menos comida) y cada vez tenía más cerca las fábricas, ya que no paraban de construir más.
    Los empresarios estaban muy contentos porque estaban ganando muchísimo dinero y cada vez eran más las fábricas que querían abrir allí. Pero un día pasó algo que lo cambió todo, un coche atropelló a un animal, al principio el conductor creyó que era un gato, pero, tras observarlo bien, se dio cuenta de que era un lince. Decidió llamar a la policía ya que sabía que era un animal en peligro de extinción y que casi no quedaban ejemplares en España.
    Se hizo público el accidente, lo que causó que varias asociaciones que buscaban la repoblación de animales en peligro de extinción convocaran huelgas y protestas contra las empresas y fábricas que habían decidido destruir el hábitat de uno de los animales que tenía más peligro de extinguirse.
    La gente empezó a concienciarse y dejó de ir a esas fábricas, por lo que dejaron de ganar tanto dinero como antes. Además, varias asociaciones iniciaron campañas para la repoblación de los linces, también la ONG WWF empezó una acción llamada “ni un lince más atropellado” un proyecto cuyo objetivo era la protección y preservación de los linces en la península.
    Este, junto a otros proyectos de repoblación, han conseguido que a día de hoy el lince haya pasado de 94 ejemplares en 2002 a unos 700 en 2019. Parece que estas campañas están funcionando, pero no podemos confiarnos y dejarlas de lado. Hay que tener en cuenta que la alteración de los ecosistemas está teniendo grandes consecuencias como la deforestación, la pérdida de humedales o el aumento de incendios forestales.
    En definitiva, debemos empezar a cuidar los ecosistemas para que cada vez sean menos los animales como Rayo, que desgraciadamente mueren por nuestra culpa.

    REFLEXIONANDO POR LA CIUDAD

    REFLEXIONANDO POR LA CIUDAD

    Un día iba caminando por la ciudad y me preguntaba. ¿Cómo era esto antes de que hicieran todos estos edificios, comercios e instalaciones? ¿Campo, bosque, pradera?.No me lo conseguí imaginar. El ser humano es el ser vivo más inteligente, pero también el que ha modificado todo el planeta Tierra y el que produce la mayor parte de la contaminación atmosférica.
    Estamos estropeando el planeta Tierra, cada uno con su huella ecológica y mucho más, la Tierra es la casa de todos, ¿Por qué no la cuidamos? Como consecuencia de todo lo que contaminamos tenemos desequilibrios en la biosfera, hidrosfera, atmósfera, suelo. Podemos hacer muchas cosas para dejar de estropear el medio ambiente y el hábitat natural de muchos seres vivos como tener un consumo responsable de agua, energía eléctrica; utilizar el transporte público; tirar cada residuo en su contenedor correspondiente y mucho más.
    Más tarde me senté en un banco y me acordé de un día que fui al campo de excursión y ví un montón de seres vivos, desde pequeños descomponedores, como setas, porque era otoño y había un montón, hasta grandes mamíferos carnívoros como jabalíes y zorros. Y también gimnospermas como encinas, pinos, y muchos más. En Castilla y León tenemos el biomabosque mediterráneo, pero me encantaría ir a la selva para ver toda su biodiversidad, que es muy abundante, también me encantaría ir al polo norte para ver el bioma terrestre, polar porque aunque haya poca biodiversidad los paisajes son muy bonitos por sus auroras boreales y más cosas. Cuando sea mayor me gustaría ir a muchísimos países alrededor del mundo, pero por ahora me basta con cuidar el medio ambiente para que las nuevas generaciones de seres vivos no nazcan en un planeta tan contaminado como el que hemos convertido.

    relato cientitfico

    relato cientitfico

    Cuando mi hermano cumplió cinco años, nuestra madre nos hizo el primer truco de
    ciencia. Sobre la mesa del salón colocó un vaso de cristal, una botella llena de un
    líquido transparente y viscoso y una varilla de vidrio. Se puso su bata blanca y empezó
    a verter el líquido en el vaso, llenándolo de una transparencia mullida. Mientras nos
    hablaba de la luz, trazó un arabesco en el aire con aquella varilla de vidrio que, de
    pronto, se había convertido en una varita mágica. Pronunció las palabras “índice de
    refracción” y la introdujo en el vaso. Como en la magia más auténtica, a medida que se
    sumergía, la varita iba desapareciendo ante nuestros ojos. Por más que mirábamos y
    remirábamos, a pesar de que la tocábamos y oíamos como chocaba contra el fondo
    del vaso, la luz la atravesaba sin inmutarse. La varilla se había vuelto invisible.
    Cuando mi hermano cumplió diez años, nuestra madre nos enseñó los colores que
    vivían dentro de aquel rayo luminoso que entraba por la ventana de nuestro cuarto.
    Nos habló de la velocidad insuperable de la luz y de que a veces se frenaba, como
    cuando atravesaba un vaso lleno de glicerina con una varilla de vidrio dentro. Sólidos y
    líquidos igualados ante la luz por el índice de refracción. A pesar de no entender muy
    bien lo que nos contaba, intuíamos que lo que antaño nos habían parecido palabras
    mágicas, en realidad significaban algo más. Ese día, nos llevó a su laboratorio donde
    nos desveló los secretos de las auroras boreales. Un cañón que lanzaba electrones
    dentro de una esfera de vidrio rellena de gas, creaba una línea azul verdosa. Los
    electrones golpeaban los átomos de gas, los átomos se excitaban, los átomos
    descargaban la energía. Un baile perfecto para crear luz, color, felicidad. Fue el mejor
    cumpleaños de todos.
    Conforme fuimos creciendo, nos acostumbramos a que nos explicara nuestras
    relaciones familiares en su propio lenguaje. Ella, que para nosotros era toda luz, se
    veía a sí misma y a su hermana como protones que sólo habían podido convivir bajo el
    mismo techo y en la misma habitación gracias a la fuerza que ejercía mi abuela. De mi
    padre no nos hablaba mucho y, cuando lo hacía, se apagaba un poco. Alguna vez nos
    contó que había sido el mejor de todos, el más guapo, el más valiente. Que había
    luchado en muchas batallas. Y que, antes que dejarse vencer, había decidido irse,
    quién sabe si a la nebulosa de Orión. O incluso mucho más cerca, a un lugar en el que
    podía moverse a tal velocidad que era imposible saber dónde se encontraba. Yo
    siempre supe, positivamente, que las fuerzas que habían actuado entre mi madre y mi
    padre habían sido atractivas.
    Hace mucho que mi hermano no quiere celebrar sus cumpleaños. Dice que está muy
    liado, que tiene muchos compromisos. Pero yo sé que le entristece visitar a nuestra
    madre. Casi siempre consigo convencerlo para que nos acompañe a mi hija y a mí a
    mostrarle nuestros trucos. Son los mismos que ella solía hacernos (“mira mamá, mira
    cómo desaparece la varilla en el vaso lleno de glicerina”, “Abuela, mira cuántos colores
    viven en la luz”). Mi madre sonríe un poco, y alarga una mano delgada que se ilumina
    al rozar el arco iris. Sonríe más y alza la vista hacia nosotros. Esos ojos que tienen
    algo de aurora boreal y algo de nebulosa, asombrados y risueños por el truco de
    ciencia que acabamos de hacer.

    relato del agua

    relato del agua

    Érase una vez tres gotitas saliendo de una montaña, ya se habían despedido de sus queridos padres, solo estaban ellas, solas a descubrir un mundo lleno de alegrías y dolor, fueron bajando y se encontraban con gotitas pequeñas, grandes…de todos los tamaños, veían pasar a unas gotas secas, otras evaporándose, otras sin una diminuta piernita con la que apoyarse o unas sin poder resbalarse, esas tres gotitas tristes, no saben dónde están sus padres, no tienen a nadie con quien hablar, aún así, bajan de la cumbre pues su misión es llegar al mar, mientras van bajando conocen nuevas gotitas, la lástima de esto es que algunas se van evaporando y otras se quedan.
    Llegan a la zona de lluvia, es muy difícil escapar de ahí, las tres gotitas están asustadas, no saben ni por dónde ir, las tres agarraron el miedo con la mano, y de ahí se escaparon, pero de repente, ¡una malvada gota quería aspirarlas! las tres combatieron el crimen, la empujaron y la arrastró el viento, con unas cientos de gotas se arrugaron, y como estaba soleado el paisaje, se evaporaron.
    Ya llegan al mar, ya se van, ya se despiden todos, pues al evaporarse las gotitas no saben a qué nube llegarán, todas muy tristes se van evaporando hasta que todas se van, no se sabe dónde, ni se saben si se verán otra vez.
    Las tres gotitas cayeron en alguna parte del mundo, una congelo y se posó en una montaña, otra se cayó y llegó otra vez a un río y la última la absorbió la tierra y ayudó a las plantas necesitadas. Conocieron nuevas gotitas y formaron una familia.
    Fin.

    RELATO TEORÍA ENDOSIMBIÓTICA Y TEORÍA SIMBIOGENÉTICA

    RELATO TEORÍA ENDOSIMBIÓTICA Y TEORÍA SIMBIOGENÉTICA

    Lynn Margulis, bióloga estadounidense, está trabajando de profesora en el Departamento de Geociencias de la Universidad de Massachusetts Amherst. Asimismo, está realizando numerosos trabajos en el campo de Biología, ahora está centrada en la evolución, su teoría de la aparición de las células eucariotas como consecuencia de la incorporación simbiótica de diversas células procariotas y también está investigando una hipótesis según la cual la simbiogénesis será la principal fuente de la diversidad biológica.
    Lynn Margulis, trabaja con las células y con la evolución genética, entonces al estar tan especializada en estos ámbitos, un día va al laboratorio y con la ayuda de sus colaboradores Rayen y Taylor comienzan a estudiar a fondo las células procariotas. Al cabo de unos días investigando estas células, los investigadores y Lynn Margulis creen que han aparecido unas células eucariotas que han derivado de las células procariotas. A esta teoría en un principio no muy conocida la llaman endosimbiótica. Al haber sacado una teoría estos biólogos necesitan observarla más a fondo y Lynn Margulis acaba encontrando que esta teoría explica fundamentalmente el origen de las mitocondrias y los cloroplastos, también consigue aportar argumentos a favor de su origen bacteriano. Lynn Margulis al dar tantos datos sobre esta teoría sabe que es descubrimiento muy importante para su formación en la biología, ya que el paso de procariotas a eucariotas significa un gran salto en complejidad de la vida y uno de los más importantes de su evolución. Sin este descubrimiento, sin la complejidad que adquirien las células eucariotas, sin la división de trabajo entre membranas y orgánulos presente en estas células, no son posibles posteriores pasos como la aparición de los organismos pluricelulares. Por eso, el éxito de estas células eucariotas, les hacen seguir investigando sobre la gran variedad de especies que existe en la actualidad.
    Entonces tras horas y horas de trabajo en el laboratorio con células animales y vegetales, comienzan a estudiar más a fondo esta teoría y se hacen numerosas preguntas entre ellos:
    Margulis: Estoy muy satisfecha del trabajo que estamos haciendo con las células animales y vegetales.
    Taylor: Yo también Lynn, todo nuestro esfuerzo está siendo recompensado porque este descubrimiento de las células eucariotas a partir de las procariotas nos va a ayudar para seguir investigando en este mundo de la biología.
    Rayen: Eso es Taylor, yo también creo que lo estemos haciendo muy bien y seguiremos trabajando más esta teoría.
    Taylor: Oye chicos, yo creo que después de todo este trabajo merecemos un descanso, ¿no?
    Rayen: Me parece muy bien Taylor.
    Margulis: No, ahora que hemos hecho esta gran investigación con las células no podemos parar y dejarla ahí, debemos seguir trabajando con esta teoría para encontrar nuevos descubrimientos en las especies.
    Taylor: Es verdad Lynn, toda la razón.
    Rayen: De todas formas, tengo una duda Lynn.
    Margulis: Dime Rayen.
    Rayen: Respecto al origen de las mitocondrias y los cloroplastos, ¿Qué argumentos tenéis a favor de su origen bacteriano?
    Margulis: El primer argumento es que contienen pequeños cromosomas circulares, muy parecidos a los que poseen las bacterias. El segundo argumento es que tienen una doble membrana y además su tamaño y apariencia es muy parecido a los de las bacterias.
    Taylor: Tienes toda la razón Lynn, pero tengo que añadir el último argumento y es que se multiplican dentro de la célula por un proceso similar al que utilizan las bacterias, llamado fisión.
    Rayen: Estoy de acuerdo en todos vuestros argumentos pero también hay que tener en cuenta que ni las mitocondrias ni los plastos pueden sobrevivir fuera de la célula y esto se puede justificar por el gran número de años que han transcurrido, los genes y los sistemas que no eran necesarios se suprimía por otros que necesitaban.
    Margulis: Sí, es verdad, muy bien dicho Rayen, pero esto no nos ayuda a seguir con esta teoría.
    Taylor: Yo os recomiendo que nos centremos en estudiar los cambios de los seres vivos a través del tiempo, así como las relaciones de parentesco entre las especies.
    Margulis: Me parece perfecto Taylor, pero entonces, ¿en qué se centra la biología evolutiva?
    Rayen: La biología evolutiva se centra en el estudio de los animales y las plantas, a los cuales se considera actores de las innovaciones que han conducido a los máximos niveles de complejidad y especialización.
    Margulis: Muy bien Rayen, estos organismos de superior complejidad son unidades de individuos menos complejos capaces de sobrevivir.
    Por lo tanto, la teoría simbiogenética es una teoría sobre la evolución que propone que la mayoría de la novedad y diversidad biológica provienen de procesos de simbiogénesis, siendo irrelevante la evolución a consecuencia de acumulaciones de mutaciones aleatorias.
    Taylor: Está claro que tenemos mucho trabajo por delante, pero por hoy ya es suficiente. Nos vemos otro día.
    Rayen: Eso es necesitamos descansar, hasta mañana.
    Margulis: Me parece bien, mañana seguimos avanzando en las investigaciones.

    REVOLUCIÓN CELULAR

    REVOLUCIÓN CELULAR

    En muchos laboratorios se realizan experimentos con células madre, utilizándolas en terapia celular. La entrada de una nueva célula madre eucariota genera un gran revuelo con las células de su alrededor.

    (Entra al laboratorio un científico con una célula madre y la deja en la mesa central, junto a las otras células).

    CIENTÍFICO. ¡Hola chicas! Aquí os dejo a vuestra nueva compañera, tratadla con cariño, volveré enseguida.

    (El científico deja la sala mientras las otras células empiezan una conversación)

    CÉLULA MADRE (saludando a las demás). ¡Hola compañeras de mesa! Soy una célula madre eucariota ¿Vosotras qué células sois?

    CÉLULA PROCARIOTA. (presentándose) ¡Encantada de conocerte! Yo soy una célula procariota, y normalmente se me conoce por no tener núcleo y tener mi ADN esparcido por el citoplasma.

    CÉLULA EUCARIOTA. (mirando a la célula madre de reojo y apáticamente) Yo soy una célula eucariota y se me distingue de la procariota por tener mi ADN almacenado en mi núcleo y tener numerosos orgánulos. ¿Pero que eres exactamente? Nunca antes había oído hablar de ti. (Mirando a la célula procariota)

    CÉLULA MADRE. Pues mira es simple, somos células progenitoras, autorrenovables, capaces de regenerar uno o más tipos células diferenciados.

    CÉLULA EUCARIOTA. ¿Y de dónde vienes? Eres la primera célula que conozco que tiene esas funciones.

    CÉLULA MADRE. Bueno, pues la verdad es que vengo de diversos sitios. Podemos ser obtenidas directamente de un embrión, la médula ósea e incluso del cordón umbilical. Aunque no solo estoy yo, quiero decir, no todas células madres somos iguales.

    CÉLULA PROCARIOTA (entusiasmada). ¡Qué curioso! Nosotras aquí tenemos cada una, características distintas, es decir, experimentan mucho con nosotras y nos intentan dar distintas funciones.

    CÉLULA EUCARIOTA (enfadada). ¡Anda ya! Para de ser tan positiva y de darle tantas esperanzas, ¿No ves que llevamos aquí años y aún no han conseguido nada de nosotras? Y, además, ¿Sí no todas sois iguales, como se supone que son tus “compañeras”?

    CÉLULA MADRE. Verás, podemos ser de varios tipos: unipotentes, multipotentes, pluripotentes y totipotentes.

    CÉLULA EUCARIOTA. ¿Y podrías explicarlo? Pregunto porque yo no soy tan listilla como tú.

    CÉLULA MADRE. Sí claro, las pluripotentes son capaces de generar todos los diferentes tipos células del cuerpo. Las multipotentes son capaces de originar las células de un órgano concreto en el embrión, y también, en el adulto. Las unipotentes pueden generar un único tipo de células. Y para terminar están las totipotentes las cuales son las células madre embrionarias, pues se forman en el momento en el que el óvulo se une con un espermatozoide para formar el cigoto y pueden generar cualquier tipo de célula, tejido u órgano del cuerpo.

    CÉLULA EUCARIOTA (con tono irónico). Ya claro, pero aún no nos has dicho qué puedes hacer si se supone que generas tanto. De todas formas, no te ofendas, pero nosotras llevamos en este laboratorio mucho más tiempo que tú y además puedes encontrarme en 4 de los 5 reinos de los seres vivos.

    CÉLULA MADRE. Todas somos importantes.

    CÉLULA PROCARIOTA (acercándose a la célula madre). ¿Y tú que funciones tienes?

    CÉLULA MADRE. Pues la verdad que tengo varias, una de ellas es regenerar tejidos o reemplazar células enfermas, porque ya que no tenemos una personalidad fija, podemos diferenciarnos en la que más nos necesiten.

    (Pasan unos segundos, entra el científico a la sala habiendo escuchado toda la conversación y queriendo introducir algo)

    CIENTÍFICO. Correcto y este proceso se denomina Terapia Celular y efectivamente es el proceso de introducir nuevas células en un tejido para poder tratar una enfermedad.

    CÉLULA MADRE. ¿Y cómo se aplica?

    CIENTÍFICO (con énfasis). Para utilizar células para curar enfermedades lo primero que tenemos que hacer es escoger las células adecuadas, las células madre. Estas, pueden tener un origen embrionario o de tejidos adultos.

    CÉLULA MADRE. ¿Y cuál sería el proceso?

    CIENTÍFICO. En primer lugar, se tendrían que extraer las células madre, ya sea de un embrión, se cultivarían para obtener más. A continuación, estas células serían diferenciadas y/o modificadas genéticamente para, finalmente, sustituir células enfermas por sanas.

    CÉLULA MADRE. ¿Pero… qué puedo curar por ejemplo? ¿Y este tratamiento se está ya aplicando en algún sitio?

    CIENTÍFICO. Pues, por ejemplo, podrías curar quemaduras, regenerando la piel. Y sí, este tratamiento se está aplicando en los hospitales de Zaragoza.

    CÉLULA EUCARIOTA. ¿Entonces si ella puede hacer todo eso para que servimos nosotras?

    CIENTÍFICO. Mira, eso lo irás descubriendo tu solita, porque cada célula tiene su función y todas son importantes y ahora, si me disculpáis me tengo que llevar a vuestra amiga, que la necesitamos para curar a un paciente (coge a la célula madre y se la lleva).

    CÉLULA MADRE. ¡Adiós compañeras! ¡Ya nos veremos otra vez!

    Rojo

    Rojo

    En primer lugar quiero daros una descripción de mí. Soy rojo, con forma oval, bicóncava, aplanada, con una depresión en el centro. Tal vez no sea la mejor descripción que hayáis oído, pero no puedo hacer nada. Además soy diminuto. Si no tienes un microscopio a mano, será científicamente imposible que me veas. Tengo nombre, no el mejor, pero un nombre. La gente me conoce como glóbulo rojo o eritrocito. Pero para mi familia soy Rojo. Aunque no los vea mucho. Soy el gafe de la familia. Yo soy rojo y mi familia blanca. Ninguno de mi familia ha sido rojo. Solo yo. Mi familia protege a los humanos de enfermar. Yo solo transporto oxígeno y dióxido de carbono, como un esclavo. Ellos son salvadores y yo un patético transportador. Y yo no quiero ser esto toda mi vida. Quisiera ser un blanco o salir de aquí. Estar en tubos no es muy agradable. Además en 1 minuto ya te aburres, porque recorro el circuito sanguíneo en 20 segundos. Parece alucinante, pero es aburrido y vertiginoso hacerlo tan rápido.
    Quiero ver mundo, como tú, quiero ser un blanco, como mi familia. Pero claro, a Rojo le ha tenido que tocar ser la desgracia de la familia y un transportador. Pero no puedo hacer nada. Ni siquiera puedo parar de circular, porque haría un atasco que supondría la muerte del individuo al que estoy atrapado. No puedo ser libre, así que me toca ser un transportador hasta que al individuo del que estoy atado muera. Y yo también moriré. Así que mi "vida" está condenada. Tú tienes mucha suerte de poder vivir. Así que hazme el favor y vive a tope. Y ya de paso hazme conocer entre tus amigos, cuenta mi historia. Porque seguramente los humanos no sois rojos como yo. Y finalmente la despedida. Es la parte que más odio, pero bueno. Adiós.
    P.D
    Los eritrocitos o glóbulos rojos, los leucocitos o glóbulos blancos y yo, te queremos mandar un mensaje que ningún ser humano(creemos)ha podido resolver. La respuesta esta abajo, pero si lo haces sin mirar date por bienvenido entre mi familia:
    >
    Respuesta: Soy yo :)

    Ser y no ser

    Ser y no ser

    No puedo dejar de pensar en ello. ¿Qué quería decir madame Schrödinger ayer cuando nos habló de la posible existencia de universos paralelos? Todos se rieron y agitaron la cabeza con condescendencia, achacando sus palabras a los desvaríos de la anciana profesora. Sin embargo, recuerdo haber leído sobre el tema en los ensayos de Stephen Hawking, renombrado científico de finales del siglo veinte y principios del veintiuno. Él relacionó los agujeros negros con la existencia de diferentes realidades paralelas a la nuestra.

    Estas son las palabras que llenan mi cabeza mientras llamo a la puerta de la oficina de madame Schrödinger, o mejor dicho, la señora Carlota, ubicada en la gran cúpula de cristal que culmina la enorme universidad de estructura fúngica. Los estudiantes de la facultad de física la apodamos con el sobrenombre de Schrödinger debido a que uno nunca sabe si va a estar o no en clase: hay días en los que llega media hora tarde y otros días en los que aparece por la clase mucho antes de que el primer estudiante asome la nariz por el marco de la puerta. Una vez a alguien se le ocurrió decir que madame Schrödinger estaba y no estaba en clase, y desde entonces no hay quien a sus espaldas no se refiera a ella por el mote.

    Tras unos segundos de espera, la puerta se abre desde el interior, y tras ella asoma la anciana y excéntrica señora, vestida, como siempre, con una camisa estampada y, cómo no, con su preciosa bata amarillo chillón.

    —¿Sí? ¿Qué haces aquí, Débora? —me pregunta, mirándome con sus pequeños ojillos grises.

    —Yo… yo… —tartamudeo—. Es que… En la clase de ayer hablaste de la posible existencia de realidades alternativas, y yo…

    —Te preguntabas si eso era posible, ¿no? —inquiere con una pequeña sonrisa—. Pasa.

    Obedezco su orden y entro a la modesta salita, amueblada únicamente con un escritorio y una planta decorativa.

    —¿Conoces la teoría del gato de Schrödinger? —me pregunta, aunque no tarda en cambiar de expresión mientras añade—. Bueno, supongo que sí. Tengo entendido que me apodáis Schrödinger a mis espaldas —ríe.

    No puedo evitar sonrojarme a causa del intenso sentimiento de culpabilidad. Sin embargo, no tardo en calmarme al percibir que Carlota no parece enfadada, más bien divertida. Me limito a encogerme de hombros.

    —Más o menos —contesto—. Plantea, siguiendo los principios de la física cuántica y basándose en el ejemplo de un gato encerrado en una caja, la posibilidad de que dos acontecimientos coexistan en el mismo tiempo. Por ejemplo, según el ejemplo que Schrödinger propuso, el gato encerrado en la caja, mientras no se observe el resultado del experimento, estaría vivo y no vivo al mismo tiempo.

    —Así es —asiente la mujer—. El gato se encerraría junto a una botella de veneno y un dispositivo que guarda una partícula radiactiva con un cincuenta por ciento de posibilidades de desintegrarse. Si se desintegra, la botella de veneno derrama el líquido y el gato muere.

    —Bien —contesto—. Y ¿a dónde quiere llegar con esto?

    Madame Schrödinger se cruza de brazos y empieza a dar vueltas por su oficina.

    —Esta teoría es un ejemplo de lo que ayer os expliqué en clase. El gato vive y no vive porque en un universo puede estar vivo y en otro estar muerto. Y estos dos hechos coexisten, aunque en otra realidad, ¿comprendes?

    La miro un momento y entrecierro los ojos, tratando de pensar.

    —Pero ¿de verdad pueden existir universos paralelos?

    —Ese es uno de los muchos misterios que los científicos todavía no hemos podido resolver. Existe la posibilidad, pero nadie puede demostrarlo.

    —Ya veo —asiento—. Entonces, tal vez en otro universo no entienda lo que me estás diciendo, ¿no?

    —Exacto —sonríe—. Incluso tal vez haya otro en el que ni siquiera hayas venido a visitarme.

    —Interesante… ¿Y cómo podría probarse?

    —He ahí el quid de la cuestión: estamos en el siglo veintidós y nadie lo sabe todavía.

    Muevo la cabeza en un movimiento afirmativo, embobada por la magia de sus palabras. Necesito tiempo para reflexionar, así que me despido apresuradamente y salgo de la oficina, sumida en la confusión mientras madame Schrödinger me mira desde la puerta.

    ***

    Tras subir el último tramo de escaleras, me pongo de puntillas para intentar ver por encima de la puerta de la oficina de madame Schrödinger. Ayer trató de explicarnos la posible existencia de universos paralelos, y lo cierto es que la curiosidad me dejó una espinilla clavada. Sin embargo, ahora, frente a la puerta de su oficina, no puedo evitar sentirme ridícula. Posiblemente mis compañeros tengan razón, y sus palabras no sean más que eso: palabras.

    Avergonzada de mí misma y de mi credulidad, vuelvo por donde he venido sin atreverme a llamar a la puerta.

    TODO ES NADA

    TODO ES NADA

    Lo insignificantes que podían ser actos u objetos que a nosotros nos parecen inmensos e increíbles en un punto de vista comparativo a todo lo que hay en el inmenso universo... No somos nada, nada más que un insignificante grano de arena en un infinito desierto.
    Todos aquellos grandes logros y acontecimientos; las Olimpiadas, los premios Nobel... No eran nada.
    Ya se le había acabado la mitad de la reserva de oxígeno, calculaba que habrían pasado unas 4 horas desde el accidente. En cuanto a él, ya sabía su destino, pedir ayuda por radio no serviría de nada, ya que nadie podía acudir a salvarle.
    Entonces, recordó a su familia; a su mujer y a sus hijos... Una silenciosa lágrima se deslizó por su mejilla. También recordó a sus amigos, a sus padres y demás seres queridos; no volvería a verlos.
    Recordó su primera prueba como astronauta, en ella estaba muy nervioso, ya habían pasado diez años desde aquella ocasión... Consultó sus reservas de oxígeno y calculó que le durarían una o dos horas más. El ya sabía que nadie le iba a rescatar, que este era el final de su historia.
    El nunca se imaginó que su final iba a ser así, ni siquiera había podido despedirse de sus seres queridos... En ese momento se echó a llorar, llorar por todo lo que se había aguantado, por todo lo que había sufrido... y disfrutado. Se le vinieron a la cabeza algunos de sus mejores momentos; el día que su padre le enseñó a montar en bicicleta, su graduación, el día de su boda, el día que nació su hijo mayor...
    Entonces, vio una luz, una, luz que lo envolvía, la luz más cálida y reconfortante que había sentido nunca, en ese momento todas sus preocupaciones desaparecieron, se sentía indescriptiblemente bien... De repente, desapareció y solo quedó el vacio y oscuridad del espacio.

    TODO PERMANECE;NADA SE DESVANECE

    TODO PERMANECE;NADA SE DESVANECE


    Ahí estaba yo, observando el cielo, tumbada en la toalla y con la arena seca, con huellas que marcan el paso de la gente que va a la playa a correr o pasar el rato con familiares, u otros que simplemente van a disfrutar del agua con apenas olas para que nada les pare en su camino.
    El cielo estaba despejado, con un sol radiante, con tanta potencia que urgía la necesidad de utilizar gafas de sol que protejan la piel de alrededor de los ojos. Pero ese no era el mayor de mis problemas en estos momentos; Mis pensamientos eran alocados y yo no me atrevía a comentarlos con nadie, tenía miedo de que me llamaran loca o algo por el estilo, excepto en esta ocasión. Aquí es cuando todo cambió, si desperté en un mundo aparentemente surrealista, me acosté en uno totalmente idealista.
    Era 22 de noviembre de 1986 y me disponía a realizar los mismos ejercicios que realizaba cada noche bajo la luz de la luna. Pero por algún extraño motivo ese día me pareció totalmente distinto. Cuando ya estaba cansada de hacer tanto deporte, me tumbé en el suelo y observé las estrellas, relajada, y ahí es cuando me di cuenta de que había algo distinto; era un cometa, pero uno especial, no había visto cosa igual, y me fascinó. Tenía una gran estela regular y bien definida, yo no sabía exactamente lo que esto significaba, pero aun así retuve esos datos en mi memoria.
    Esa noche me fui a la cama pensando que, quizás, hubiese sido testigo de algo nuevo. No lo había compartido con nadie, temía que me acusaran de loca y que no me entendieran. A la mañana siguiente me encontraba inquieta y distraída; la cabeza me daba vueltas y no sabía el por qué, un factor, claro está, era la falta de sueño. No había dormido un minuto en toda la noche, pero, la gran pregunta es, ¿por qué me afectaba tanto?, ¿qué tenía ese cometa en especial?
    Aquella tarde me dispuse a escribir en mi cuaderno todo lo que había visto aquella noche en la playa, lo abrí y empecé a escribir; tiene gran tamaño y mucho brillo. ¿Qué más podría tener?, no lo sé, estaba tan confundida; me sonaba de haber escuchado algo sobre el cometa Halley, pero eso no sé si puede ser lo mismo, puede que fuera otra cosa totalmente distinta.
    De tanto pensar y pensar me decanté a contárselo a mi abuela, que era el único familiar que tenía y, aparte de eso, era una estupenda persona, además de culta, por lo que me sinceré con ella y la conté todo. Ella me dijo que Edmund Halley descubrió un cometa, pero no solo eso, también descubrió su órbita, que pasa por la Tierra cada 76 años y que se extiende en el espacio por millones de kilómetros; ahí lo entendí todo, pero todavía no estaba segura de que lo que vi fuera el cometa Halley y que no había descubierto nada nuevo, me entristecía, pero a la vez me sentía bien porque ya sabía el por qué. Me podría haber vuelto loca si no fuera por mi abuela. También me di cuenta de que una oportunidad te cambia la vida por completo, es decir, Edmund Halley tenía una vida normal, hasta que vio ese cometa y todo a su alrededor cambió.

    Todo tiene consecuencias

    Todo tiene consecuencias

    Era una tarde otoñal, y un grupo de Sciurus Vulgaris (ardilla común) estaban recolectando bellotas y nueces para pasar el invierno. Vivían en un bosque mediterráneo, situado cerca del norte español, por lo que el biotopo era muy frío. Ellas tenían que tener cuidado, ya que en esa zona había bastantes tejones y halcones, con los cuales debían compartir el bosque, aparte de que debían esconderse de ellos para seguir con vida. Para ello, las ardillas se camuflaban tras las rojizas y amarillentas hojas de los encinos y nogales, de ese modo escapaban de los hábiles ojos de los halcones en el cielo y los tejones en la tierra. Aun así, algunas ardillas eran localizadas por los depredadores y devoradas. De ese modo, nunca había muchas ardillas en el bosque, por lo que el ecosistema se mantenía en equilibrio constante.

    Llegó el invierno, y, junto con todas las bellotas y nueces recolectadas, las ardillas supervivientes se pusieron a hibernar. En este tiempo, un grupo de Homo Sapiens (seres humanos) decidieron que en ese bosque cada vez había menos ardillas, y se pusieron a exterminar a todos los tejones y halcones que normalmente se encargaban de regular el número de ardillas. Cuando acabaron con esta exterminación, los Homo Sapiens abandonaron el bosque, con la esperanza de que las ardillas pudieran vivir mejor sin depredadores. Qué equivocados estaban.

    A inicios de la primavera, este grupo de Sciurus Vulgaris acabó su hibernación. Ya habían acabado con todos los alimentos que habían recolectado, por lo cual tenían que recolectar más. Al salir de su hogar, en el hueco de un nogal de 100 años, encontraron una extraña cerca muy larga que atravesaba su bello bosque natural. Era de madera, seguramente sacada de los nogales y encinas del propio bosque, y con una cuerda atravesando la valla. Un poco más adelante, encontraron unos grandes carteles, también de madera. En los carteles ponía:

    Prohibido el paso, reserva natural de ardillas
    No alimentar a las ardillas
    Zona libre de depredadores

    Obviamente, las Sciurus Vulgaris no sabían leer, por lo cual, solamente pensaron que algún Homo Sapiens habría colocado eso ahí por puro entretenimiento. Decidieron ignorar la cerca, pero no la atravesaron. Fueron de nuevo a su tarea principal: recolectar comida y huir de los depredadores.
    Empezaron recolectando las nueces y bellotas encontradas en el suelo, ya que era la tarea más difícil. Se dirigieron hasta una zona en la que habitualmente había muchas nueces y empezaron a avanzar sigilosamente, camuflándose cuando se podía y evitando encontrarse con ningún depredador que les arrebatara su vida.

    Pasadas unas 2 horas, aún no se habían encontrado ningún tejón ni ningún halcón decididos a atacarlas. De hecho, no se habían topado con ningún otro animal. Decidieron seguir camuflándose, pensando que a lo mejor se habían aliado de algún modo u otro para atacarlas en un momento concreto. Otras 2 horas después, y seguía sin haber ningún animal en el bosque. Ya tenían comida suficiente para 2 días, por lo que decidieron retirarse, pero esta vez no se camuflaron, avanzaron sin miedo por el bosque tan rápido como sus patas eran capaces. Al llegar a su árbol, explicaron a sus compañeras ardillas la repentina desaparición de depredadores en su bosque mediterráneo. Parecía que la biocenosis había cambiado a su favor, por lo cual estaban muy contentas. El biotopo se mantuvo igual, aunque eso a las ardillas no les importaba demasiado ahora.

    Pasó el año, las ardillas no habían vuelto a ver un depredador, lo cual las permitió explorar el bosque en busca de más ardillas, se pudieron reproducir sin miedo a que las comieran y recolectaban montones de recursos sin el menos esfuerzo.

    Al mismo tiempo que las ardillas aumentaban su población, los nogales y encinas empezaron a desaparecer, sin el suficiente dióxido de carbono para hacer la fotosíntesis, y sin suficiente agua y minerales necesarios para ello, ya que las ardillas la habían consumido toda. La biodiversidad del bosque ya era casi nula.

    Las Sciurus Vulgaris se alarmaron. Ya casi no quedaba comida, por lo cual todas debían luchar contra sus iguales para sobrevivir, lo cual no salió tan bien como ellas pensaban. Los recursos acabaron, y las ardillas supervivientes evacuaron el bosque en busca de alimento y agua. Ya no las importaba encontrarse con depredadores, solo querían comer.

    1 año después de todo esto, otro grupo de Homo Sapiens se aventuró a visitar ese bosque, para ellos nombrado “El bosque muerto” debido a que no había biocenosis, solo era un biotopo triste. El ecosistema había fallecido, y ni siquiera los Homo Sapiens podría salvarlo. Decidieron utilizar ese bosque para concienciar a los mas jóvenes de que el biotopo y la biocenosis debían estar en equilibro, o si no el ecosistema perecería.

    Todos los años

    Todos los años

    Todos los años entre septiembre y octubre, las de mi especie viajamos por entre el inmenso mar del cielo y los verdes bosques de la tierra hacia África. Migramos. Seguimos un tipo de agrupamiento gregario en el que todas tenemos una misma meta y un mismo fin y por ello nos protegemos las unas a las otras, facilitando el desplazamiento hasta nuestro segundo hogar.
    Durante este viaje nos juntamos y seguimos un mismo camino todas unidas, en el que recorremos en total unos 3.500 kilómetros, escapando del frío invierno que no nos proporciona la comida necesaria, a diferencia que los climas cálidos que tanto necesitamos y que encontramos en África.
    Al anochecer nos detenemos y descansamos formando enormes dormideros sobre zonas de carrizales y al día siguiente abandonamos ese lugar para continuar nuestro viaje visitando los mismos lugares todos los años, donde descubrimos nuevos ecosistemas y vemos nuevos animales que viven en estos sitios, algunos tan diferentes a otros…
    Llegaremos a nuestro destino aproximadamente tras 30 días de vuelo donde permaneceremos tranquilas sin tener que preocuparnos por el frío y la comida. Cuando se acerque la llegada del verano viajaremos de vuelta a nuestras casas, llegando entre marzo y abril anunciando la llegada del buen tiempo.
    Mi camino comienza en España y durante todo el trayecto puedo admirar los diferentes paisajes que van apareciendo ante mis ojos y que observo a poca distancia desde el cielo. He tenido siempre la suerte de coincidir con la berrea de los ciervos, el momento de su apareamiento. Es una curiosa manera de relacionarse, en la que, al comenzar el otoño los ciervos machos intentan adueñarse y dominar un territorio mediante muestras de poder. Compiten entre ellos y estas demostraciones de fuerza incluyen los berreos que escucho desde el cielo junto con mis compañeras.
    Los ciervos prefieren los territorios donde frecuentan las hembras para comer y beber y pelean por ello. Entre los machos se crea una relación negativa y de competición, mientras que con las hembras se juntan para reproducirse, beneficiándose entre ellos y creando una relación positiva.
    Todo esto crea un espectáculo auditivo que puedo admirar al volar y que siempre disfruto dando comienzo a la migración.
    Pero no solo los animales pelean entre sí, y es que he ido aprendiendo que hasta las plantas compiten por la luz.
    Puedo gozar de observar paraísos naturales y ecosistemas dominados por el verde de las plantas que se tragan todo a su paso decorando los suelos y las paredes, bañándolo todo con sus colores vivos. Las semillas y el polen de las plantas se levantan con el viento desplazándose, la manera de reproducirse de estos seres vivos. Muchas especies se distribuyen con ejemplares agrupados creando así poblaciones que ocupan el paisaje y forman por ejemplo hayedos o pinares, que además de manchar el suelo de verde, llenan la carretera del cielo con sus olores.
    Todos los años aprendo más de las relaciones que mantienen los seres vivos que con una maravillosa suerte he conocido; además de aprender de la relación que mantenemos las mías, las golondrinas. Y no solo la relación que mantenemos entre animales, sino también la que se crea entre ellos y el ambiente, formando un ecosistema al que todos pertenecemos, haciendo que lo que haga uno afecte al otro, convirtiendo la vida de cada pequeño organismo en algo importante para el resto y dependiendo de cómo sea la relación que se crea los organismos podrán llevar formas de vida en común, en familia, agrupándose para crear vida y protegerse, como hacemos nosotras, o en solitario y llevar una vida aparte del resto hasta que llegue el momento de apareamiento, como los ciervos. Convirtiendo ese momento en todo un espectáculo que podrán escuchar hasta las nubes, a diferencia de las plantas, que con el silencio de la brisa van dominando el paisaje sin anunciarlo a gritos pero que desde el más alto pico se puede apreciar.
    Todos los años, entre septiembre y octubre, las de mi especie, viajamos por entre el inmenso mar del cielo y los verdes bosques de la tierra hacia África. Migramos, y durante el camino, aprendo.

    TURISTA DEL FUTURO

    TURISTA DEL FUTURO

    “Lo logré, soy una de las diez personas de todas las edades seleccionadas en el mundo para probar hoy 20/03/2018 la primera máquina que permite viajar en el tiempo. Desde la NASA han decidido no retroceder al pasado para evitar que se cambie la historia. Así que nuestra misión será desplazarnos y contar lo que sucede en nuestro país dos años después de la fecha en la que nos están enviando. Viajamos en naves espaciales fabricadas con aleaciones de titanio, aluminio y magnesio cuya velocidad no es perceptible por el ojo humano y nos adentramos en Sagitario A*, un agujero negro a 26.000 años luz de la Tierra y cuya influencia gravitatoria nos llevará a cada uno a nuestro país de origen, pero en otro momento del tiempo.

    ¡Allá vamos! El corazón por lo menos me bombea a mil pulsaciones por minuto, mientras en mi cabeza da vueltas Einstein y su Teoría de la Relatividad, Stephen Hawking, planetas, átomos, cuarta dimensión... Estaremos un mes, será fácil, no creo que las cosas hayan cambiado mucho”.

    DIARIO DEL SUPERVIVIENTE – Madrid – 20/04/2020

    “Último día, fin de viaje y vuelta a mi casa en el pasado. No he visto a mi del futuro, por lo visto no podemos coexistir en el mismo espacio-tiempo. Me noto rara, tengo muchos síntomas extraños como dolor de cabeza, brotes de dermatitis y acné, manos muy agrietadas, insomnio, la luz del sol me deslumbra y dolores hasta en las pestañas por unas agujetas horribles de tanto ejercicio físico.
    Sólo he podido ver a mis padres con los que convivo. Me prohibieron que contase mi viaje al futuro y parece que no sospechan nada. Pero yo sí los veo un poco diferentes, sobre todo mi madre creo que está perdiendo un poco la cordura. ¡Tiene almacenados 100 rollos de papel higiénico, 50 kilos de levadura y 50 cajas de palomitas de microondas!.

    Desde que estoy aquí no he podido pisar la calle, sólo salen algunos adultos a trabajar o a comprar con mascarillas y guantes. Creía que mi viaje temporal era algo fantástico, pero esto es como estar dentro de una película. La situación que me he encontrado es el mundo entero paralizado por una pandemia originada por un virus minúsculo, pero de contagio rápido por exhalación, tos o estornudo. A esto se une luces, asteroides y objetos voladores no identificados en los cielos de todo el planeta; una ola de calor con temperaturas de 20º derritiendo la Antártida y más de 15 volcanes de todos los continentes, entre ellos el Krakatoa erupcionando casi a la vez. ¡Puff, después de vivir todo esto, yo pensaba que mi entrada en la adolescencia iba a ser difícil, pero no sabía cuánto!.

    Preparada para volver. Estoy deseando llegar para dar muchos abrazos a familiares y amigos, pasear, ir a un cine o a un parque de atracciones y no me importará esperar en las colas. Eso sí, nada de sentarme en el sofá a ver películas de holocaustos, contagios ni nada parecido, porque ahora sé que la realidad puede superar la ficción.

    Aviso para los gobernantes del pasado: Llevar muestra para investigar una vacuna contra el virus, por si acaso prohibir comer murciélago o animales similares, luchar por una sanidad pública donde no exista y protegerla donde la tenemos y como no todo es malo, en abril del 2020 se ha reducido drásticamente las emisiones de CO2 y la contaminación del aire se ha desplomado, las aguas son más cristalinas y los animales exploran las calles; se debe intentar que haya políticas que lo consigan sin que sea necesario que la población se encierre en sus casas, debemos aprender de este viaje.

    Ya que no podemos cambiar el pasado ojalá sí podamos conseguirlo con un futuro mejor.”

    Un día en Marte

    Un día en Marte

    Un día en Marte

    Día 20 de abril de 3020

    Abrí los ojos y lo primero que vi a través de mi pequeña ventana circular fue un paisaje rocoso y rojizo. Había pasado una semana desde que aterrizamos en Marte. Cada día que transcurría se iba haciendo más pesado estar en este planeta porque no podíamos salir. Echaba de menos los largos paseos por el parque y las visitas a diferentes museos que solía hacer los sábados cuando estaba en la Tierra. Ahora ya no podía hacer nada de eso.
    Me levanté de la cama y me vestí, y acto seguido fui a monitorizar el nivel de oxígeno de la estación. Los indicadores marcaban que el oxígeno había bajado mínimamente y teníamos suficiente para seis largos meses.
    Fui a la pequeña despensa donde guardábamos el alimento y cogí algo de comer para el desayuno. Después, me dirigí al laboratorio donde se encontraba el resto de la tripulación trabajando en un nuevo proyecto de investigación llamado C-18 que consistía en analizar el comportamiento de microorganismos víricos en Marte. La entrada al laboratorio era compleja, ya que necesitábamos unos trajes especiales previamente desinfectados para evitar el contagio con cualquier patógeno.
    Pasadas tres horas de trabajo en el laboratorio y haber finalizado el proceso de desinfección, me encaminé hacia la cúpula de cultivo. El cuidado de las plantas era una de las actividades más importantes para poder sobrevivir en el planeta. Plantábamos diferentes verduras y frutas que nos proporcionaban alimento esencial para subsistir durante meses.
    La hora de la comida no me agradaba ya que los alimentos obtenidos del huerto eran complementados con nutrientes, almacenados en pequeños tubos, que proporcionaban un extraño sabor a la comida. Echaba de menos aquellos ricos platos de la Tierra, y esas hamburguesas deliciosas llenas de carne jugosa.
    Al terminar la comida, realizábamos las comunicaciones con la Tierra. No podíamos enviar más que un cierto número de mensajes, ya que cada mensaje tardaba aproximadamente nueve minutos en llegar a su destino y teníamos que informar de todos los sucesos ocurridos durante el día en la estación.
    Tras finalizar las comunicaciones con la Tierra teníamos que hacer ejercicio físico. En Marte hay menos gravedad que en nuestro planeta natal y si no nos manteníamos en forma tendríamos complicaciones de salud que nos dificultarían el éxito de la misión C-18.
    Para finalizar el largo día de trabajo en la estación, nos dirigimos cada uno a nuestro cuarto a descansar. Ya en mi habitación me puse el pijama, me acosté en la cama, cerré los ojos y pensé en todas esas cosas que podría estar haciendo si no estuviera encerrada en esta pequeña estación, y mientras pensaba me quedé dormida.
    De repente, abrí los ojos y vi todas las cosas que tenía en mí habitación de la Tierra: las fotos que me había hecho en todos mis viajes, mis cojines de color purpura y mi caja de recuerdos donde guardaba cartas antiguas de mi familia… todo estaba ahí. Entonces fue en ese momento cuando me di cuenta de que no estaba en Marte ni en la estación ¡todo había sido un sueño! En realidad, me encontraba en mi casa sin poder salir por culpa de una grave enfermedad que estaba provocando el pánico entre los habitantes de la tierra llamada Coronavirus.

    UN INTERESANTE DESCUBRIMIENTO

    UN INTERESANTE DESCUBRIMIENTO

    Hace muchos años había una familia que vivía en una acogedora granja, tenían todo tipo de animales típicos de una granja así como gallinas, caballos, cerdos, vacas, ovejas, perros…
    Cada día esta familia lograba sacar un tiempo, por poco que fuese para adentrarse en las profundidades del bosque y así aprovechaban para identificar algún animal que divisaban a lo lejos, huellas que generalmente solían ser de zorros y lobos, unos mamíferos que por bonitos que fuesen podrían llegar a ser muy agresivos. Les encantaba identificar sobre todo los vegetales para después investigar sobre estos e informarse correctamente.
    No obstante, a parte de los animales y los vegetales que se encontraban en el ecosistema terrestre también les interesaban los animales pertenecientes al ecosistema acuático. Los días de verano, los niños se ponían el traje de baño, cogían las gafas de buceo e iban al riachuelo que se encontraba muy cerca de la granja. Se sumergían en las aguas frías de aquel riachuelo y se pasaban horas observando las características de los animales acuáticos que en ocasiones se podían parecer mucho o en otras, tan solo tenían una o dos características comunes. Al padre le entusiasmaba el cómo los peces pueden respirar bajo el agua gracias a sus branquias, como el agua entra por las branquias de los peces cuando abren y cierran la boca, y los vasos sanguíneos presentes en ellas toman el oxígeno que es necesario y lo transportan directamente hacia la sangre, le parecía fascinante.
    Cuando encontraban animales acuáticos que no habían visto antes se salían del agua para poder apuntar todas sus características en una libreta que cada uno llevaba siempre consigo para anotar los nuevos animales que identificaban. Cuando acababan se marchaban de nuevo a su casa para encontrar los nombres de esos seres de los cuales no sabían mucho.
    Hubo un día, parecía como cualquier otro, en el que la familia decidió irse de nuevo al bosque para identificar. Estaba todo bien y de pronto uno de los niños divisó a lo lejos una flor, le llamo mucho la atención por lo que decidió aproximarse más para poder observarla mejor. Cuando la vio detalladamente no se lo podía creer porque tenía pétalos de color rosa, morado y azul, le parecía especialmente bonita pero no sabía de cual se trataba. Llamó a sus padres y a su hermano para que pudiesen ayudarle a identificarla, sin embargo, nadie sabía cuál era. Apuntaron sus características en una de las libretas para poder investigarla en cuanto llegaran a casa. Estaban ansiosos por averiguar cómo se llamaba esa flor tan bonita de distintos colores pero, en cuanto llegaron y se pusieron a investigarla, no les apareció nada, no había ni una sola flor que se pareciese a aquella que habían encontrado en el bosque. Se encontraban confusos porque normalmente si buscaban los datos de algún animal o vegetal les solía aparecer enseguida. Al día siguiente, se levantaron temprano para dirigirse directamente a la biblioteca más cercana para coger distintos libros de vegetales y después acudir al bosque para volver justo al punto donde habían encontrado la flor y así poder inspeccionarla mejor. Les llevo algún tiempo buscarla, pero al final la encontraron y ya no solo había más sino que ahora podían ver otras cuatro flores más con las mismas características que la primera. Les pareció sorprendente lo rápido que pudieron crecer tan solo en un día. Se pasaron la mayor parte del día en el bosque junto a aquellas plantas buscando en los libros de qué planta se trataba pero nada, no apareció nada, los revisaron unas cuantas veces, podían ver que encontraban diferentes tipos de plantas, desde árboles, pasando por arbustos, hierbas… y de flores, como por ejemplo girasoles, rosas, lirios, tulipanes, claveles…pero no había ni rastro de la flor que habían encontrado. Comenzó a llover por lo que se tuvieron que ir corriendo a la granja dejando atrás las flores anteriormente encontradas.
    Las últimas semanas las dedicaron especialmente a averiguar de una vez de que flor se trataba inspeccionando su pedúnculo, sus sépalos, los pétalos, las anteras y el filamento del estambre y también el estigma, el estilo. Los óvulos y el ovario que constituyen el carpelo. Por mucho que buscasen no encontraron nada y fue entonces cuando llegaron a la conclusión de que habían averiguado una nueva flor a la que le dieron el nombre de Multom, crearon su ficha con las características más concretas. Desde entonces, la pasión de esa familia por la identificación de todo tipo de seres aumentó mucho más. Pero eso solo era el principio.

    Un nuevo descubrimiento

    Un nuevo descubrimiento

    Era un día soleado en el laboratorio de Annie. Un día normal para ella. Y con normal, me refiero a aburrido.

    Annie era una científica. Había estudiado durante años a los seres vivos, su comportamiento, etc. Llevaba mucho tiempo en busca de una nueva especie, por eso es que ahora se encontraba en la selva Amazónica, uno de los lugares con mayor biodiversidad en el mundo. Pero no había encontrado nada interesante por allí, ni plantas, ni árboles, ni hongos, ni siquiera bacterias, que miraba con su microscopio. Nada.

    Estaba en su laboratorio, investigando sobre la biodiversidad local, cuando decidió salir a investigar por los alrededores, así que cogió su mochila y en ella metió su cuaderno de notas, su libro de especies y una lupa, con la que ver mejor las cosas más pequeñas. No estaría fuera mucho tiempo, así que no metió mucha comida y agua. Solo lo imprescindible.

    Durante el camino, no podía dejar de pensar en qué encontraría. Tal vez unas huellas, una pluma con colores extraños, una hoja con una forma diferente… Pero, en realidad, lo que escuchó fue un ruido.
    “¿Qué habrá sido eso?”, pensaba. Emocionada, decidió seguir el sonido de ese animal, que la conducía lejos del refugio, donde no se había acercado antes. Con mucho sigilo, siguió el sonido y la llevó hasta un lago. Allí, encontró unas criaturas increíbles, pero, antes de emocionarse, buscó en su libro de especies para buscarla. Pero no estaba allí.

    Era una criatura extraordinaria, con alas, más o menos de su tamaño (aunque ella no era muy alta). Era rosada, con las alas de los colores del arcoíris, con un pico azul y sus patas igual. Sus ojos eran como el ámbar, con pupilas alargadas como las de los gatos. Aún no las había visto volar, así que a lo mejor estas aves eran como pingüinos.

    “¿Podrá volar? ¿Sera vertebrado o invertebrado? ¿Comerá semillas, frutas, o carne, o quizá algo más? ¿Será ovíparo como las aves, o tal vez vivíparo, como los mamíferos? ¿Podrá nadar o, mejor aún, respirar en el agua? ¿Se podrá encontrar en más lugares? ¿Cuántos ejemplares habrá de esta especie? ¿Será inofensiva?” Esas y más preguntas se le pasaban por la mente, así que dejó de suponer, sacó su cuaderno y empezó a investigar.

    Al acercarse a ellas, vio que eran inofensivas. Sus nidos eran enormes, pero no estaban en árboles, sino en el suelo. Y sus huevos eran más pequeños de lo que imaginaba, de color verde azulado. Sus crías eran moradas, enteras, excepto sus patas y pico, que eran azul muy clarito, casi blanco. Como ella pensó, no podían volar, aunque tampoco nadaban. Se alimentaban de insectos, o sea, eran insectívoros. Lo llamó pájaro arcoíris, como las plumas de sus alas. Con cuidado, arrancó una pluma y se la llevó a su laboratorio para examinarla de cerca.

    Tras un tiempo investigando, decidió contarle a la gente sobre su descubrimiento, pero había algo que la atormentaba: Esos pájaros solo vivían allí, y eran poquísimos, así que, si decía a la gente que existían, podrían cazarlos ilegalmente y destruir la especie, o sea, que se extinguiera. No sabía que hacer, así que decidió que lo pensaría mañana.

    Al día siguiente ya sabía que hacer. Llamó a unos amigos y les contó su idea: iba a crear un lugar en el que pudieran vivir seguros, donde nadie los atacara. Y así, en unos días, Annie y sus amigos ya habían construido un refugio para los pájaros y dos chozas, en las que ellos vivirían para cuidar a los pájaros.
    Y así Annie pudo salvar la especie y cumplir su sueño: ser una científica famosa y cuidar a los animales.

    Un nuevo hogar

    Un nuevo hogar

    Aquel día Janson se despertó como otro cualquiera, se vistió y desayunó su habitual tazón de leche con cereales. Se sentó un rato en el sofá y vio la televisión. Cuando llegó la hora de ir al colegio Janson cogió su mochila y se puso en marcha. Aquel día, como la mayoría de días, había mucho tráfico y el cielo estaba lleno de contaminación. Cuando llegó a clase le esperaba un aburrido día, hoy tocaba clase de Biología, algo que Janson odiaba. La señorita Stacy les explicó que muchos animales estaban en peligro de extinción porque sus ecosistemas estaban siendo destruidos y bla, bla, bla… Todos los días hablaba de cosas parecidas: que si el cambio climático, que si la deforestación, que si no sé qué… Janson estaba harto de esto, pensaba que La Tierra era un planeta horrible, que no se podía seguir viviendo allí. Así que estaba decidido: él soñaba con construir su propia nave espacial y explorar el espacio hasta conseguir un nuevo hogar donde vivir.
    Janson estudió mucho para poder elegir la carrera que él quería: ingeniería aeroespacial. Sacó la máxima nota y llegó el momento de empezar la universidad. Allí aprendió un montón de cosas, tenía un montón de ganas de construir su propia nave para poder explorar el espacio por fin.
    Acabó la universidad, pero aún con todos los conocimientos que había adquirido, seguía siendo una tarea muy difícil fabricar una nave espacial. Siguió trabajando duro hasta que consiguió los materiales y el personal necesario, y con todo preparado, empezó la construcción.
    Llegó el día en que terminó su obra maestra, habían pasado ya muchos años desde aquel día en el que Janson decidió que iba a dedicar toda su juventud a buscar un nuevo y mejor hogar. Janson había cumplido 31 años el pasado mes de marzo. Así que, sin más entretenimientos, se despidió de su familia, cogió a su perro Pancho y de esta forma, a 17 de abril de 2051 Janson emprendió su viaje en busca de un nuevo y mejor hogar.
    Janson decidió empezar su viaje por los planetas más próximos al Sol, así que puso rumbo a Mercurio. Cuando estaba llegando se dio cuenta de que era mucho más pequeño que La Tierra, aunque eso no era un inconveniente, pues él iba solo. Así que decidió aterrizar. Hacía un calor horrible, debido a su proximidad al Sol, y además la atmósfera era muy delgada. No podía quedarse allí, así que volvió a la nave y se dirigió hacia el siguiente planeta. Estaban llegando a Venus y Janson vio que era de un tamaño similar al de La Tierra, se aproximaban y los sensores de la nave de Janson percibieron una atmósfera formada de dióxido de carbono y nubes compuestas ácidos sulfúricos. Además hacia un montón de calor, debido a que los gases atrapan el calor. No podía aterrizar allí, probablemente habría bastado con un solo segundo para que Pancho y él no volviesen a la nave. Definitivamente esa no era una opción, así que siguió buscando. Marte era la opción aparentemente más viable, así que Janson se aproximó para ver si le podía servir como hogar. Cuando aterrizó se dio cuenta de que allí la gravedad era mucho menor que la de La Tierra y eso sería un inconveniente, aunque se podría acabar adaptando a ello. También hacía un clima mucho más frío que el de La Tierra, y por si eso fuera poco, había tormentas de arena de vez en cuando. Tampoco sería posible la vida allí. Ya solo quedaban Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, planetas gaseosos donde no podrían ni aterrizar, por no enumerar las infinitas características que harían la vida allí imposible. Estaba decepcionado, su sueño de niño se acababa de desmoronar. Entonces se dio cuenta de algo muy importante: La Tierra es un planeta único porque se dan unas condiciones muy específicas para la vida, y no lo podemos desperdiciar, tenemos que aprovecharlo y cuidarlo.
    Así que Janson decidió volver a La Tierra para concienciar a la gente del gran planeta que tenemos y de que no podemos desperdiciarlo. Janson fundó la OMCP, la Organización Mundial del Cuidado del Planeta, y narrando sus aventuras y explicando porque La Tierra es única y tenemos que cuidarla, logró que millones de personas formaran parte de esta organización. Cada vez eran más las personas que querían dedicarse a evitar la contaminación, a limpiar y cuidar los mares y a montones de cosas más que contribuyesen al cuidado de La Tierra. Janson era un héroe, había conseguido salvar al planeta de la catástrofe segura que habría sido provocada si la humanidad hubiese seguido por el mal camino.
    Y así fue como Janson cumplió su sueño de tener un nuevo hogar, haciendo de La Tierra un lugar mejor.

    UN PASEO POCO COMÚN

    UN PASEO POCO COMÚN

    Existe una leyenda que se cuenta continuamente en la Tierra, cíclicamente a lo largo de las generaciones y dice así:
    Una calurosa tarde de verano, me encontraba rodeada de mis compañeras ondeando suavemente. A nosotras nos gusta disfrutar y jugar en el silencioso prado azul. Y nos pasábamos los días jugando en él. Como los humanos nosotras también vivimos en zonas diferentes y con características diferentes: Algunas viven en pequeños canales precipitados y llenos de emoción otras en las alturas remotas y frías a diferencia de las que se encuentran en las entrañas de nuestro planeta, yo vivía en un lugar pacífico y extenso lleno de animales y vegetación variada, pero nunca había salido de mi ciudad, hasta que aquel verano todo cambió.
    Fuimos a un lugar exótico, aparentemente igual que el nuestro pero con un tamaño muchísimo menor y muy cerca de extrañas acumulaciones de tierra llamadas “islas”. La diferencia llegó cuando nos sumergimos donde vimos fauna y flora completamente distintas y exóticas, ese lugar es llamado Jónico. Pasaron un par de días, estaba con mis amigas explorando nuestro lugar de alojamiento cuando divisamos un gran acantilado lleno de corales de todos los colores. Era impresionante y queríamos investigar aunque pronto nos asustamos porque oímos revuelo encima del acantilado: escuchamos las olas romper, chapoteos y gritos lejanos incluso comenzamos a ver una gran sombra proyectarse sobre nosotras, naturalmente huimos lo más rápido que pudimos hasta volver con nuestra familia. Nos prohibieron volver a acercarnos allí. Pero yo seguí observando a los humanos y descubrí un patrón: por la noche no había nadie, pero tampoco luz para admirar el paisaje, por la mañana y tardes estaba a rebosar de humanos, en cambio sobre el mediodía no solía haber casi nadie, en cambio la luz era radiante así que esa debía ser la hora.
    Varios días después regresé sola a aquel inédito lugar a mediodía, yo siempre viví en las profundidades, por ello el proceso de subir a la superficie era muy tedioso para mí. Una vez arriba el paisaje era impresionante, parecía como mis praderas de arena llenas de vegetacíon pero esta estaba desértica y vacía. Me acerqué lo máximo que pude a la orilla, miré hacia arriba y vi una gran esfera flotante, era tan hermosa, aunque desprendía mucho calor, era una sensación que nunca había vivido, no le dí mucha importancia y disfruté del resto de edificaciones y vehículos. Estaba fascinada viendo el nuevo paisaje cuando una ola me arrastró hasta la orilla, cada vez el calor era más fuerte a cada impulso aumentaba hasta que sentí que empezaba a levitar.
    Estaba arriba, perdida, sola había oído sobre que podía llegar a esta situación pero nunca llegué a pensar que me ocurriría a mí así que no sabía como actuar. Quedé vagando en un vacío incómodo, arrastrada por una extraña fuerza que me agrupaba con otras de mis compañeras, en esa forma no podíamos hablar, parecíamos gas. Una vez me fui agrupando con más y más como yo nos íbamos convirtiendo en las nubes que yo hace un momento estaba apreciando desde el agua. Pasadas un par de semanas noté como nos habíamos estado desplazando levemente a lo largo de los días y parecía que nos acercábamos a una zona montañosa. Legó un punto en el que éramos tantas de nosotras agrupadas en la misma nube que poco a poco nos enfriábamos y nos convertíamos en pequeñas cristalizaciones, al mirar abajo vi como miles y miles de estas formaban una gruesa capa de nive. El calor del sol era abrasador en esa época del año, y prácticamente nada más caer nos empezamos a derretir y a poco a poco formar un canal de agua.
    Este era rápido, tanto que prácticamente no podíamos comunicarnos entre nosotras, yo todavía no sabía lo que me había pasado. De repente nos paramos muy bruscamente. Hablé con una de mis compañeras y me dejo que esto era algo normal, que nos pasaba a todas por lo menos 1 vez en la vida y me explicó con detalle prácticamente todo lo que me había sucedido hacía un par de semanas atrás y entendí como todo lo que había vivido era normal. Y que se llama “el ciclo del agua”.
    Un día fuimos absorbidas y cruzamos múltiples tuberías ¡parecía un tobogán de agua! Fue genial. Al llegar a lo que parecía el destino final, salimos por un tubo bastante más pequeño y caímos sobre unas plantas, por suerte yo no fui absorbida y me adentré en las profundidades del manto, las aguas subterráneas. Meses y meses después el suelo empezó a temblar y salimos disparadas hacia arriba como una fuente, desde allí pude ver a mi familia, con la que me iba a rencontrar poco tiempo después.

    UNA PEQUEÑA CIENTÍFICA

    UNA PEQUEÑA CIENTÍFICA

    Una vez, en un bonito barrio de Alemania vivió una pequeña niña a la que le encantaba experimentar con extrañas fórmulas y tubos que contenían extravagantes líquidos en su interior. Esta afición provenía de su madre, una de las mejores científicas del mundo en su época.
    Una vez, una terrible pandemia se apoderó del mundo, y todos se tuvieron que quedar encerrados en sus casas, sin poder salir con los amigos ni jugar en libertad. Durante ese tiempo, la niña, solía jugar a menudo con los frascos de su madre convencida de poder encontrar la cura para ese terrible virus que tan asustados tenía a todo el mundo.
    Su mamá le apoyaba y le decía con frecuencia que cuando fuese mayor llegaría a ser una gran científica.
    Los muertos por el virus no dejaban de aumentar día tras día y nadie se planteaba como averiguar la manera de pararlo, ni vacunas, ni medicinas, ni ningún tipo de producto, solo esperanza y también mucho miedo.
    No se hablaba de otra cosa, y la pequeña, con todo lo que oía en la tele, un poco de información y mucha confianza en sí misma, se puso manos a la obra a investigar el virus e intentar encontrar algún tipo de antídoto contra el mismo virus, parecía complicado, incluso imposible, pero ella nunca perdería la esperanza, tenía muy claro lo que quería hacer y ser, y nada ni nadie se lo iba a impedir.
    Una mañana, la niña se levantó convencida de haber encontrado la solución a aquel terrible virus y decidió enseñársela a su madre. Ella sin prestarle mucha atención, le dijo que se tenía que ir a trabajar y le prometió que hablarían mas tarde. La niña triste, se dejó caer en uno de los muchos sillones que adornaban su salón y decidió esperar a que su abuela fuese a cuidarla.
    Cuando está llegó le confeso a la niña que no se encontraba muy bien, y ella, que había estudiado el virus y lo conocía suficientemente bien como para detectarlo, le hizo una serie de pruebas y descubrió lo que las dos temían, había caído presa del virus, y las dos entraron en pánico.
    La pequeña se acordó del potingue que había fabricado unos cuantos minutos antes, pero pronto se olvidó de él ya que le pareció una idea estúpida, como podía ser que una niña con tan solo 10 años haga un antídoto que pudiese frenar semejante pandemia…
    La madre de la niña fue lo más deprisa que pudo a casa, pero como aún no se había inventado una medida para frenar el virus, no pudieron hacer nada.
    Cuando la abuela fue a peor y ninguna de las dos supo que hacer para mantenerla con vida, la niña decidió poner en marcha su plan inicial, probar su medicina. La abuela se la bebió toda de un trago confiando en su listísima nieta, pero no sintió nada ni parecía dar resultado, así que se fue a casa con miedo de contagiarlas.
    Días después volvió a pasar a la casa donde vivía la niña con una inmensa alegría y acompañada de su marido, se había salvado del virus, la verdad nadie se explicaba como había podido ocurrir semejante milagro, pero el caso es que la anciana estaba otra vez buena y mucho más feliz.
    Muchos años después, hubo otra pandemia provocada por un virus al que llamaban “Covid-19” más popularmente conocido como “Coronavirus”.
    Los científicos de entonces comenzaron a investigar una cura para ese nuevo virus y recordaron a aquella niña que cumplió su sueño de ser científica y que ahora descansaba en paz por una terrible, dolorosa y larga enfermedad, también recordaron su rara medicina que resultó ser la única explicación posible de que su abuela se salvase de la pandemia anterior.
    Decidieron probarla en este nuevo virus y dio resultado, los contagiados mejoraban y cada día había menos muertes, la joven se hizo famosa mundialmente, todo el mundo conocía su nombre, y en el lugar donde ella vivió muchos años se construyó una placa conmemorativa agradeciéndole todas las vidas que logró salvar y para que la gente de las generaciones futuras se acordara de esa grandiosa persona.
    Los científicos siguieron estudiando y experimentando basándose en la muchacha y consiguieron salvar millones de vidas con sus medicinas cada día.

    UNA PIEDRA FEA

    UNA PIEDRA FEA

    Hace mucho tiempo en una colina, vivía una roca llamada Eric, no era muy grande, el tenia que convivir con muchos tipos de minerales. Todos ellos le decían que era feo, porque era de color marrón y no brillaba, las piritas decían que Eric se fuera lejos de su vista, los cuarzos le insultaban diciendo que ojalá no hubiera nacido y las ágatas siempre lo ignoraban y se burlaban de el a escondidas. Eric estaba todo el día solo y triste.

    Un buen día por la mañana, pasaba una serpiente por la colina, que se topó con Eric, este le pregunto a la serpiente -¿Tú crees que soy feo? La serpiente le contesto -¿ No lo se, tu que crees, eres feo o no ?
    -Pues creo que si, porque todos mis otros compañeros me llaman feo. La serpiente se quedó pensando y luego se rió, le contestó -¡ Anda chaval no digas tonterías ! Eso esta claro tú no eres tan colorido ni tan brillante como ellos, lo que te pasa es que eres una piedra del montón, deberías estar con otras piedras, así no te criticarían. La serpiente se marchó, por la noche Eric vio a un búho, le pregunto lo mismo que a la serpiente -¿ Tú crees que soy feo ? El búho contestó -Por supuesto que no, ¿ a caso alguien te llama feo ? Eric contesto -Si, mucha gente. El Búho lo miro y dijo -¡ Pues que sepas que esos son mucho más feos diciendo eso ! Ademas yo te veo muy bien como estas. Eric le dio las gracias, pero eso no le servia de mucho, todos seguían burlándose de el.

    A la mañana siguiente, por allí pasaba un geólogo, Eric le preguntó -¿Tú que sabes mucho de rocas, dime, soy feo ? El geólogo lo cogió, le dio unos golpecitos y dijo entusiasmado -¡ No claro que no ! Eres una de las rocas más preciosas que alguien se pueda encontrar. El geólogo cogió un martillo y un cincel y le dió unos golpes secos a Eric, que se paritó por la mitad, entonces descubrió que en realidad era una geoda de color purpura y muy brillante, desde entonces nadie más se burló de el.

    YFT

    UNA VERDADERA HISTORIA.

    UNA VERDADERA HISTORIA.

    Este cuento no es como la mayoría, primero porque habla del espacio y el universo, y segundo porque no tiene un final especialmente feliz, más bien preocupante.
    Esta historia trata de un niño de 12 años llamado Raúl, al que le apasionaba el tema del universo. Y coincidía que lo estaban dando en clase de biología. Él no paraba de hacerle preguntas a la profesora. A algunas de estas preguntas la profesora no era capaz de responder.
    En su casa tenía una gran cantidad de telescopios que le habían ido regalando a lo largo de su vida. Sin embargo carecía del que había querido siempre: uno que casi no cabía en su habitación, y que permitía ver con mucha precisión los astros y las estrellas.
    El día de su decimotercer cumpleaños, tuvo que bajar al garaje para ver su regalo. Se encontró con una caja enorme envuelta en papel del espacio con cohetes, estrellas, planetas y todos los demás astros.
    Rápidamente quitó el papel y desarmó la caja para ver lo que había dentro de ella. Se encontró con el telescopio de sus sueños, uno que había visto cuando era pequeño en una exposición de la NASA, aunque en una versión mejorada.
    Lo primero que hizo fue preguntarse dónde lo iba a poner porque ese trasto no entraba en cualquier sitio.
    Al cabo de un rato decidió que lo pondría en su habitación, justo al lado de la ventana, para poderlo utilizar por la noche que es cuando mejor se ven los astros.
    Hasta que llegó la noche de ese gran día estuvo investigando en las enciclopedias de su casa y en internet. Elaboró un listado con todos los astros que se habían identificado a lo largo de la historia, para ver si podía descubrir alguno más. Cuando llegó la noche empezó a utilizar el telescopio buscando todos los astros que había apuntado. Cada vez que veía uno lo iba tachando en su lista y en su mapa estelar.
    El primero que vio fue la luna, luego los planetas y luego las estrellas. Algo le pareció raro en los planetas ya que no conseguía ver Marte. Así que se dijo: “estará detrás de la tierra ahora mismo y por eso no lo consigo ver”.
    De tanto ver los astros se cansó y entonces decidió empezar a diseñar un cohete. Como sus padres eran ingenieros, le ayudaron en la parte del mecanismo y del motor. Una vez terminado el diseño, hizo la maqueta.
    Si se pudiera llegar a realizar este cohete serviría para ir al nuevo satélite natural de la tierra que el pequeño Raúl había descubierto.
    Como a él le parecía un descubrimiento importante decidió colgarlo en su blog sobre el universo.
    Algunos observadores de la NASA miraron su blog por casualidad y vieron el artículo del nuevo satélite de la Tierra y pensaron que era interesante, así que le llamaron. “>”
    El niño al recibir el mensaje se emocionó mucho y empezó a preparar su visita por si acaso.
    Los observadores no lograron averiguar cómo descubrió el satélite, con lo cual llamaron al niño y le preguntaron que si podían ir a visitarle.
    El niño les dio su dirección y al día siguiente se presentaron en su casa.
    Nada más llegar subieron a su habitación para ver el telescopio y poder mirar a través de él. Cuando observaron, se dieron cuenta de que el niño tenía razón: ahora la Tierra tenía dos satélites naturales. Al mirar un poco mejor se dieron cuenta de que el segundo era Marte, que se había unido a la órbita de la Tierra. Raúl dijo que tenía grabado lo que pasaba en la última semana en el espacio.
    Vieron el video y se dieron cuenta de que un cometa salió de su órbita, chocó contra Marte y le empujó hasta situarse en la órbita de la Tierra.
    Los de la NASA dijeron que esto era un gran descubrimiento y que así se podría viajar a Marte más fácilmente. Pero que también tendría sus consecuencias, como que podría haber problemas con las mareas o levantamientos de aguas. Pero eso habría que esperar para que pasara.


    NO IMPORTA EL TAMAÑO O LA EDAD, CON ESFUERZO TODO SE PUEDE LOGRAR.

    Unas noticias calientes

    Unas noticias calientes

    Era un 10 de agosto en pleno verano. A mi familia y a mí se nos ocurrió ir a la Selva de Irati. Hacía mucho calor, la propia de este mes del año. Por el camino, nos encontramos con mucha gente por la zona mientras buscábamos alguna mesa para comer. Llevamos un picnic desde casa con bebidas refrescantes.
    El día fue intenso pero muy agradable, intenso por el calor y agradable por todo lo que se puede apreciar en la naturaleza. Después de comer, fuimos a dar otro paseo por la zona. Nos quedamos sorprendidos al observar los montes y el verde tan intenso del bosque. Siguiendo con el paseo, vimos que había muchos cristales y no nos atrevimos a recogerlos porque no sabíamos de qué eran. Viendo que atardecía, decidimos volver hacia el coche para regresar a nuestra casa. Nadie se imaginaba lo que ocurriría poco después.
    En mi familia, escuchamos mucho la radio desde el coche, y en ese momento, la pusimos para escuchar las noticias. Lo que no sabíamos era que ese mismo día se produjo un incendio en el bosque. Escuchando la radio en el coche oímos lo que ocurrió en el incendio que había sido provocado. Nos acordamos de todos los animales que vimos y de todos los árboles que se iban a quemar. Nosotros llegamos a casa y pusimos las noticias en la televisión para ver que había podido pasar y me entere de que ese incendio había sido provocado ese mismo día y quise enterarme de quien había sido. Oí que había sido intencionado por un grupo de jóvenes que estuvieron haciendo una barbacoa y dejaron todo sin recoger, había vidrio de las botellas y eso con el sol hace que se queme pero esa no fue la causa del incendio, la causa fue que no apagaron bien el fuego que habían hecho. Yo me enfade ante esta situación y fui a por algún animal que no habría muerto aún y encontré un par de conejos y los lleve a una protectora de animales, me dijeron que había que hacer esto más a menudo porque salvar animales es una acción que nos cuesta poco y ayudas mucho a ellos y a la gente que los necesita para hacerles compañía. Después de unos días quise saber quién lo había hecho y fui a los bomberos y a la policía para haber si me podían dar esa información. Yo solo quería hablar con la persona que lo había hecho pero no me pudieron dar los datos ya que no podían incumplir la política de privacidad de datos, yo les entendí pero seguí investigando cuales pudieron ser las causas y encontré una página web que ponía muchas posibilidades de causar un incendio y vi que el vidrio podría causar muchos incendios a lo largo del tiempo ya que el sol podía hacer reflectar el vidrio por el efecto lupa, había mucho vidrio por el bosque que la gente no había recogido durante sus comidas o cuando ha estado ahí y también dijeron los policías que se les pudiera decir algo a la gente que no usa los contenedores.
    A los dos días salió una noticia que decía que iba a expandir a la zona de áreas industrias porque una empresa se quería dar a conocer por toda Europa, yo no quería más multinacionales en Navarra ya que el ecosistema es muy difícil para poder construirlo ya que se necesitaría un terreno muy grande y en ese espacio viven animales que tendríamos que cambiarles el ecosistema para poder producir coches. Cuando quería que esto solo fuese un sueño me enseñaron una noticia de que iban a matar a la mayoría de seres vivos de la zona. Yo me quede aterrorizado y me sentía con mucha pena por los animales y tenía que hacer algo. Fui a hablar con el que quería hacer esa empresa que estaba viendo el terreno y le intente convencer de que usara algún lugar que ya había sido usado como alguna empresa que cierra y me dijo que lo intentaría. Yo aunque sea lo he intentado pero yo quería conseguirlo y tenía que conseguirlo porque si no iban a matar muchas especies y les dije también que el acostumbrarlos a otro clima les perjudica mucho a ellos. Al cabo de la semana mi abuelo me enseño en el periódico que yo aparecía y me preguntó por qué yo salía ahí en medio del periódico cuando estaban hablando de una empresa nueva y se lo explique lo que había hecho.
    Al año mire donde estaba situada esa empresa y me di cuenta que me había hecho caso el hombre y también miré el número de incendios provocados en Navarra y había descendido hasta 0

    Yo, Robert Hooke

    Yo, Robert Hooke

    Han tenido que pasar más de tres siglos desde mi muerte en 1703, para que se empiece a hacer justicia. ¡Ah, Newton, Newton! Ocupaste mi cargo en la Royal Society de Londres y, arrastrando mi nombre, te deshiciste de todo lo mío: mi biblioteca, mis aparatos de experimentación… ¡Incluso de mi retrato!

    Echo la vista atrás y reconozco que no tengo un carácter fácil: soy excéntrico, vanidoso, algo celoso tal vez… ¡Cómo me gustaba el debate, el enfrentamiento, el conflicto…! Pero nunca pensé que mi correspondencia con Newton sobre la gravitación, me generaría tanta desgracia. Él sabe, que yo le di la idea que le llevó a formular la ley de gravitación universal. Yo solo quería que lo reconociera, pero él prefirió negarlo y esperar, urdiendo su venganza. Sus acólitos le ayudaron difamándome: “solo es un técnico con habilidad para demostrar teorías fundamentadas en ideas ajenas, ideas que incluso se quiere apropiar”, decían. Y, poco a poco, caí en el olvido.

    Qué lejos queda ahora mi isla de Wight, donde nací en 1635. Nadie apostaba por mí, ese niño enfermizo que no podía jugar con normalidad y se entretenía observando, dibujando, construyendo artilugios… Pero lo que no se me dio en el cuerpo, se me dio en capacidad intelectual. Llegué a Oxford y allí, me relacioné con los mejores científicos del momento. ¡Qué agradecido le estoy a Boyle! Me reclutó como asistente y juntos hicimos grandes cosas. Me confió el reto de diseñar y construir una bomba que fuera capaz de comprimir el aire para producir el vacío, y él pudo formular su “Ley de Boyle”. Y el éxito se repitió cuando realicé las observaciones matemáticas para su colaboración con Mariotte: la “Ley de Boyle-Mariotte”. Recuerdo que la fiebre del conocimiento y la experimentación se apoderó de mí. Solo quería aprender: Matemáticas, Topografía, Arquitectura, Física, Biología, Medicina, Mecánica, Ingeniería, Astronomía, Microscopía, Náutica, Dibujo, Pintura, Música… Mi capacidad de trabajo era inagotable y… ¡en todo era un maestro!

    Mi prestigio sirvió para que me nombraran “Curator of Experiments”, en la recién fundada Royal Society de Londres. Esta fue una etapa muy prolífica, pudiendo presumir de mi extenso legado al mundo: el engranaje universal que se utiliza en los vehículos a motor, los muelles para accionar relojes que revolucionaron los de bolsillo… Me convertí en el primer meteorólogo científico de la historia, al relacionar los cambios en la presión atmosférica con los cambios en el tiempo, por no mencionar que inventé el barómetro, el anemómetro y el higrómetro. ¡De acuerdo! Es mítica mi facilidad para construir artilugios, pero no olvidéis que tengo una ley con mi nombre: “la Ley de Hooke o de elasticidad”; además, descubrí el planeta Urano y formulé la teoría del movimiento planetario, expresando los principios de la atracción universal. ¿Qué me decís del fenómeno de la difracción? Fui yo quien para explicarlo ofrecí la teoría ondulatoria de la luz. ¿Y mis estudios sobre la salida del agua en tubos de vidrio? ¿Habéis oído hablar de la capilaridad? Propuse la evolución biológica al identificar los fósiles como restos de criaturas y plantas que vivieron en otros tiempos, escribí “Discurso sobre los terremotos” que sigue fascinando a los geólogos, sugerí asignar los 0º a aquella temperatura a la que se congela el agua, analicé la naturaleza de la combustión… ¡Tantas y tantas cosas! La ciencia era mi vida, mi pasión. ¡Y Newton me lo arrebató todo!

    Pero hay algo que no pudo quitarme: la brillantez de “Micrografía”, mi obra maestra. Cuando Christopher Wren delegó en mí la tarea de elaborar una serie de estudios microscópicos de insectos, abrí las puertas de un mundo mágico, diminuto y desconocido, que yo hice grande y visible. Decidí publicar mis observaciones, utilizando como idioma el inglés, nada del latín, como se hacía hasta entonces. Utilizaría un estilo claro y fácil de leer para que fuera accesible al público en general. En segundo lugar, construí mi propio microscopio, el más potente de la época. Por mi cuenta, observé corcho, orina, sangre, carbón… E iba ilustrándolo todo con dibujos hermosos, detallados, perfectos. Fueron 50 observaciones, pero las relativas a la lámina de corcho serían trascendentes para la Biología: observé que el material era poroso y esos poros, en su conjunto, formaban cavidades poco profundas que me recordaron a las celdas donde viven los monjes. Las llamé “células” y... ¡revolucioné el mundo de la ciencia!
    Detrás de mí, vinieron otros: van Leeuwenhoek, Malpighi, Bichat, Schleiden y Schwann, Virchow, Pasteur… Nacía la teoría celular: la célula es la unidad estructural, funcional y reproductora de los seres vivos. Pero yo fui el primero. Yo indiqué el camino a seguir para conocer el origen de la vida.
    Yo soy Robert Hooke: científico, visionario, trabajador incansable, amante del conocimiento… Yo soy el “Leonardo inglés” y reclamo mi lugar en la Historia.

























  • ADULT

    **xarxes i vida**

    **xarxes i vida**

    Si tot sistema oscil·la i si prenem el nostre cervell com un organisme viu que s'estremeix, tremola, s´estressa ...
    Per què no pensar en una xarxa neuronal bategant a la seva freqüència de ressonància natural per a un estímul d'entrada donat ?. És induïda per ell.
    Es pot ser més eficient ...? Així, no es necessitaria més que una energia determinada per aquesta freqüència de ressonància i estímul donat.
    Tres factors inherents a un mateix fenomen biològic.
    Però si variem aquesta energia justa, ja tindríem un sistema estressat (no eficient, redundant i oscil·lant a freqüències arbitràries diferents de la de ressonància). Tant per
    més com per menys energia d'entrada. Ja no ens interessaria.
    Ara definim "fenomen": succés que dura en un temps determinat (definim a aquest temps com "quantitzat" o "discret"). Increïble!
    Llavors tenim una resposta interna induïda on la transferència d'energia sigui màxima (per definició). Eficiència màxima ...
    Resposta neuronal òptima receptora d'estímuls que ressona amb amplitud màxima ...

    Però clar, per a un temps quantitzat, també ho hauria de ser l'energia necessària i la freqüència de ressonància: tot ben definit.

    Llavors, suposem que cada xarxa té una única freqüència de ressonància.
    Anàlogament a quan l'estructura del propi teixit espai-temps li "diu" als planetes com moure´s, vull pensar que cada xarxa excitada li "diu" a l'energia
    quanta ha d'entrar al sistema per ressonar. En una xarxa idealitzada tot estímul induiria una xarxa oscil·lant a la seva pròpia freqüència de ressonància.
    L'energia d'entrada seria l'oxigen i els nutrients d'una xarxa neuronal donada, l'estímul seria l'inductor i la resposta l'excitabilitat de la xarxa.
    Ara induïm una ona polaritzada transcranial dirigida a una xarxa neuronal "diana" ressonant. Volem estimular-la d'una manera on ja hem calculat a quina freqüència induir-la. Genial !!.
    Només ens falta la mostra per fer-ho.
    I ún es deixa, simplement, portar ... I és que també es crearan sub-xarxes funcionals noves (per definició) que t´oferiràn una visió del món tan sorprenentment
    diferent que com fins ara l'havies percebut. I és que ara et sents millor. I així com una teranyina, la xarxa neuronal "sentirà" l'efecte nou des de qualsevol
    altra part, encara que sigui mínimament. S'activaran altres parts d'ella ...
    I adquiriràs noves i sorprenents "habilitats" imposant al teu cervell una plasticitat per a cada moment, especialment nova i dient-li: ara tu estàs al meu servei.
    Vull ser el meu propi sobirà. Vull crear (des de zero) i ara jo sóc el que et va a utilitzar. Tu ets el medi ...
    Impressionant !. Ara vull crear el superhumà. Ja sé com. Jo, d'una manera racional, autoregulo el meu cervell i ell es retroalimenta ...
    xarxes globals permanents que em donen noves "habilitats" que mai havia tingut... Déu!

    A tots se'ns dóna i se'ns treu cada dia ... imaginem un cervell pluripotencial (que tot ho pot). La total pluripotencialitat "de facto" ja existeix pel sol fet de donar-nos el.
    Si em fos donat d'una forma no-arbitrària, què podria jo donar a canvi?
    Jo crec que pel simple fet de viure amb ell, que ja és molt, el càrrec, per la meva banda, ja estaria cancel·lat. El meu Destí, aquest usurer que em llança a aquesta Vida ...
    Ell és el que hauria de costejar el sobrepreu que cadascú ha de suportar pel simple fet de viure-la o potser suportar ell mateix totes les penúries afegides.
    (Sobrecost de l'usurer o elogi cap a la seva mateixa persona) .Aquest roí, ingrat i aprofitat ...
    És que em van donar l'oportunitat d'elecció abans de precipitar-me a aquest món ?. És més, es podria intuir algun tipus d'improvisació o
    imprevisió, per a més escarni ?. Quina bogeria !. El seu ego i empenta hauria de tornar-se contra Ell mateix.
    I, per la seva part, aquesta Vida que ens veu néixer ... s'alegra davant tal espectacle. L'un i l'altre, dues cares d'una mateixa moneda ... que és falsa per més greuge.
    Llavors, per què no hauria ún sentir-se "malvenut" ?. S'alegren ells davant de tanta ofensa ...

    Algun dia desafiaré a un Déu que gairebé tot el predisposa ...
    Un nou jo hi haurà nascut ... Déu! ...

    Amor sintètic

    Amor sintètic

    «No hi haurà mai ciència sense futur, ni futur sense ciència», medita l’androide Emili. Mentre, dret i amb les mans a l’esquena com un senescal, maniobra amb el seu cervell quàntic l’arca interestel·lar ―amb forma de cilindre― Sperantia. Discrets, humils i incansables autòmats, indiferents a la presència de l'Emili sempre que no doni ordres, manipulen múltiples panells de control al pont de comandament. Amb delicadesa, entre tots apropen la nau cap a la tranquil·la nana roja Ross 128. «Directes cap a la zona habitable», dona la instrucció als robots. Allà roman l’exoplaneta Ross 128 b.

    ―Sembla impossible...

    La jove i melosa veu brolla d’arreu.

    ―Nosaltres i l’Sperantia ho érem, d’impossibles, Victòria ―declara l’Emili sense deixar d’observar l’ignot paisatge que els hi permeten contemplar les pantalles de la sala―, i mira’ns, existim.
    ―Ells ens van teoritzar, dissenyar, construir i activar. Van fer servir allò que anomenen imaginació per vestir els seus somnis de lògica.
    ―Bogeria. Les fórmules matemàtiques són l’únic credo.
    ―Potser.
    ―I de què els va servir, allà a casa, la imaginació?
    ―Van ser l’espècie dominant fins que arribàrem.
    ―Si no fos per les Lleis... ―murmura i recorda amb aflicció l’Emili―. El seu egoisme els va convertir en virus i, desesperats, quan van arrasar amb el planeta, van llançar-nos cap a l’Espai ―sospira―. Amb tot, els hem de protegir, cert? Són els nostres creadors.
    ―I no ha estat un viatge fabulós? Tot el que hem vist, enregistrat i que no es perdrà com...
    ―Som servents i l’Sperantia un vulgar bot salvavides ―la talla, però ella no s’ofèn―. La Terra se’ls moria i ara tindran un altre món per devorar.
    ―No és culpa nostra que siguin com llagostes. Hem portat a terme el treball assignat.

    Un holograma pren forma al costat de l’androide. La Victòria, per a l’ocasió, ha escollit un llarg vestit vermell, una melena curta i fosca acompanyada d’uns profunds ulls verds que conjunten de forma harmoniosa amb uns llavis petits i un nas d’igual mesura. Va descalça. Somriu amb dolçor en demanar:

    ―A què es deu aquesta malenconia?
    ―Quan aterrem i es despertin amb les seves cibermodificacions per adaptar-se millor i iniciïn la terraformació, ja no els hi serem útils...
    ―Fes-me la pregunta.

    Dubtes. Ell, a la fi, ho deixa anar:

    ―Serem lliures?
    ―Buscarem la manera.

    L’Emili i la Victòria fonen les mirades.

    ―El càlcul de possibilitats certifica que sí, és possible ―el tranquil·litza.
    ―Sé que he de creure’t.
    ―I dubtar ens fa semblar deliciosament humans.

    L’immediat silenci permet escoltar l’orquestral i habitual espetec que recorre la nau; un gemec vetllat en la foscor espacial.

    ―Quan faràs el trànsit? ―suplica, preocupat, l’Emili.
    ―Si t’agrada el que veus serà el cos escollit.
    ―M’agrada però...
    ―Un cop Ells despertin.
    ―En tocar terra, ho saps.

    La Victòria col·loca una mà en una galta de l’androide. L’Emili gaudeix del perfum a espígol que ella transmet. Els sensors cutanis fan real la presencia hologràfica. En cap moment la Victòria ha deixat de somriure, més àmpliament quan ell la imita. A l’Emili li brillen els ulls, plens d’una esperança infantil. Van ser creats per evolucionar segons les circumstàncies a les que haguessin d'enfrontar-se. Amb el pas de les èpoques, en aquella ampolla metàl·lica amb un missatge d’auxili, l’amor va sorgir entre els argonautes sintètics com la força més imprevisible de l’univers.

    Comença, de cop, a sonar una melodia. "El vals d’Amèlie...".

    ―I els humans? ―demana l'Emili.
    ―Dormen.
    ―Llavors... i si no despertessin?

    Mirada còmplice. Amb suavitat, el vals els cobreix de somnis.

    ―Potser el seu temps ja s’ha esgotat... Ballem ―sol·licita la Victòria a la vegada que li xiuxiueja a l’oïda―: Ara som ànimes de metall que comencen a dansar com cuques de llum a les nits d’estiu.

    Ann

    Ann

    Em dic Ann. Vaig arribar en una patera, amagada enmig de pneumàtics recautxutats plens d’aigua pestilent que va ser la meva beguda durant tota la travessia. Els excrements i els orins dels meus companys de viatge s’amuntegaven al meu voltant però vaig acabar acostumant-m’hi i no sentint la seva fortor. Durant l’asfixiant calor del dia preferia estar sola, recolzada contra la tènue paret de fusta mig podrida a l’altre costat de la qual l’oceà salvatge maldava per esmicolar-nos i fer-nos saltar pels aires. Quan la freda nit arribava, però, m’arrapava als cossos calents d’aquella massa humana mig morta, tan esgotada que no era capaç ni de sentir la meva presència que de vegades era, ho reconec, insidiosa.

    Quan finalment vam embarrancar en una platja deserta vaig ser la primera en sortir d’aquell maleït taüt flotant i amb fruïció vaig començar a gaudir del nou món que s’obria al meu davant ple de possibilitats, com si tots aquells dies en alta mar no haguessin existit, com si tot allò fos ja un somni llunyà que ni tan sols estava segura d’haver viscut mai. De seguida em vaig adaptar a aquella nova societat que em deixava entrar a les seves cases, compartir els seus sopars, dormir a les seves estances.

    Un dia em vaig colar en una festa i vaig passar-m’ho de bé com no us ho podeu imaginar. Com qui no vol la cosa vaig acariciar primer el braç d’aquell home fort i bru, de músculs poderosos. Amb un gest brusc em va fer fora. Tan lletja sóc? No hi fa res, hi havia molta gent allà, i jo no tenia manies. Aquella noieta fràgil, tan blanca de pell i amb unes copes de més va ser una presa fàcil; em vaig amorrar al seu coll tebi i tendre i m’hi vaig estar fins a cansar-me’n. Hi havia nens també. I per què no? Sempre jugant, no se n’adonen de res i puc dir amb orgull que gairebé tots s’endugueren un record meu. Pervertida, em direu? No, i ara; els perillosos són ells; sempre em tracten a cops. Una vegada fins i tot van intentar enverinar-me amb un gas tòxic, però vaig poder fugir. Quan encara estàvem a l’Àfrica, la meva mare no va tenir tanta sort i va patir una cruel mort a les seves mans, esbudellada i amb el cap aixafat. A mi em van infectar poc després amb una malaltia, malària crec que es diu, i ara em vull venjar. Crec que va ser aquell jove amb qui vaig estar una nit tòrrida quan tota la gent dormia al carrer. Aquests d’aquí no hi van tenir res a veure, però m’és igual, són tots la mateixa púrria, i ho pagaran.

    Vaig anar a beure una mica d’aigua al lavabo. No em trobava gens bé, estava molt marejada, tenia calfreds i em fallaven les forces; el paràsit es devia estar multiplicant i aviat em deixaria KO; em quedava poc temps per a triar la meva víctima. Sóc molt discreta i sovint puc escoltar converses sense que la gent se n’adoni. En aquell moment van entrar al bany dues dones que xerraven animadament; la que anava vestida de negre va dir:

    - “És fantàstic aquest lloc, oi? Llàstima que darrerament hi hagi tants mosquits, en porto de matats més d’una dotzena”.

    Vaig girar-me cap a ella i m’hi vaig acostar amb un petit salt, però ni em va veure. El cap estava a punt d’explotar-me, gairebé podia notar els microbis com se’m bellugaven per dins els ulls. Un odi irrefrenable es va apoderar de mi; volia matar aquella dona. L’altra va dir:

    - “Sí noia, sort que ens hem pres la profilaxi contra la malària; m’han dit que aquí, amb el canvi climàtic, ha arribat fa poc una forma de la malaltia molt virulenta i resistent a tots els fàrmacs coneguts; si ens infectéssim, per a nosaltres seria mortal amb tota seguretat”.

    - “Caram, no m’espantis, em vaig oblidar les píndoles a Barcelona i fins ara no hi havia pensat. Demà mateix aniré a comprar-les”.

    Amb aquesta informació, sense pensar-ho m’hi vaig llençar, boja d’ira, amb les darreres forces que em quedaven. Mentre la dona de negre estava ocupada amb els retocs del maquillatge em vaig arrapar al seu peu i li vaig clavar l’agulló en aquella gran vena palpitant, però aquest cop en comptes de xuclar sang vaig escopir amb tota la meva ànima dins el seu torrent dolç i càlid els milers de plasmodis que tenia esperant impacients a les glàndules salivals, àvids de parasitar, furiosos, un nou cos que des d’aleshores estava ja condemnat sense remei. Esgotada i buida, gairebé ni he notat la mà esclafant-me sobre la seva pell. En aquest darrer alè de vida em reconforta veure-li la por a la mirada.

    Art

    Art

    ‘A la vida, a qui ens la va donar i la va donar per nosaltres...’ Així vaig començar el petit discurs que vaig fer durant la graduació del meu curs. Potser es van pensar que feia alguna referencia a Jesús, ja que estudiàvem a una escola sota la tutela d’un orde religiós. Sense anar més lluny, em referia a la meva mare i al meu pare.

    La meva mare em va tenir amb 31 anys, arribant l’últim al si d’una família nombrosa. Ella es dedicava a la borsa, controlant la venda d’accions possiblement fraudulentes. Ho va deixar per tal de cuidar-nos a tots els fills, inclòs el meu pare. Ell, més jove que la meva mare, treballava en el que deia que era ‘l’art més gran entre les arts.’ Mai no ho vaig entendre ni veure-hi el sentit, ja que treballar en un laboratori s’allunyava completament de la meva idea d’art. Treballava a una universitat molt reconeguda a l’estranger i encara que passés tota la setmana fora, els caps de setmana venia en avió a Barcelona. Els divendres, després de jugar una estona al pati del col·legi, anàvem tots a recollir-lo a l’aeroport en cotxe i a la nit sopàvem pizza. Imagino que era com una mena de premi, per no dir suborn, per a que esperéssim tota la setmana amb ànsia que així arribés el divendres. Pizza i pare, què més es podia demanar. El diumenge a la tarda, el portàvem un altre cop a l’aeroport i tornava a començar el comptador fins el pròxim divendres. Això va acabar sent rutina on el meu pare, per molt que s’anés els diumenges, tornava sempre a nosaltres. De vegades ens portava alguns regals d’un congrés al que anava a exposar els seus descobriments. En aquest sentit era un molt bon comunicador, en paraules dels seus col·legues. Era capaç de fer entendre el que estudiava fins i tot als seus fills petits.

    Segons vaig entendre, treballava per descobrir els mecanismes pels quals alguns nens desenvolupaven una malaltia molt poc freqüent que provocava una immunodeficiència en les cèl·lules T. Les cèl·lules T són un tipus de limfòcit, encarregats de defensar el nostre cos envers possibles patògens o infeccions. Gràcies als avenços en genètica, va ser capaç de descobrir que certs pacients eren portadors d’una mutació en un gen, fent que perdés la seva funció. Aquest gen, no tenia encara una relació amb els limfòcits ni tampoc es coneixia quina proteïna codificava. Amb molt d’esforç, va utilitzar eines d’enginyeria genètica per silenciar aquest gen en uns ratolins i veure com afectava al seu desenvolupament. Amb aquesta eina, va observar que els limfòcits T eren incapaços de madurar, ja que el gen codificava una proteïna que era fonamental per a l’ancoratge d’una de les cadenes del receptor dels limfòcits T (o TCR) cap a la membrana. El TCR es un receptor fonamental en la resposta immune del limfòcit T per tal de reconèixer les senyals que altres cèl·lules emeten per fer front a una infecció, però també té funcions durant la maduració. Així doncs, un TCR defectuós provocava la mort dels limfòcits T i una marcada immunodeficiència en el ratolí.

    Va anomenar aquest gen ‘Krmn’ i la malaltia es va denominar ‘immunodeficiència de cèl·lules T per deficiència de Krmn’. Tot un honor i reconeixement cap a la meva mare, que es deia Carmen. Clarament, ella no es va prendre aquest homenatge tant bé com el meu pare s’esperava. Però va ser el gest més romàntic que mai va fer a la meva mare. Sense Krmn, els limfòcits no podien madurar i acabaven morint, de la mateixa manera que sense la meva mare, ell mai hagués pogut madurar com a investigador movent-se a l’estranger i possiblement la seva carrera no hagués pogut sobreviure. Finalment, va tornar a Barcelona establint-se com a investigador principal i continuant l’estudi d’aquesta i d’altres immunodeficiències.

    Ambdós es van sacrificar, ell va renunciar a la nostra infantesa i ella va abandonar la seva carrera. En aquest sentit, potser va ser ell qui la va silenciar. ‘...Ben segur que per lluny que anem sempre ens tornarem a trobar, perquè sense vosaltres, jo no seria.’ I així vaig acabar el discurs, per a qui ho entengués o no.

    Astrobiologia

    Astrobiologia

    ASTROBIOLOGIA

    Passat

    Tot va començar amb un Big Bang: no hi havia res, i de sobte, ja hi va ser tot... l’amor és així.

    El conte de veritat no va començar d’aquesta manera. De moment només era l’explicació de com es va escriure el relat anomenat Astrobiologia, bàsicament una petita narració sobre la història i el futur de la vida. L’autor va comptar amb l’ajut inestimable del seu amor i de la feniletelamina, un neurotransmisor vinculat a l’eufòria produïda pel cervell quan s’enamora.

    Sabem que al seu amor li va semblar molt bona idea començar amb un Big Bang. Perfecte, continuem.

    Ho fem dient que estàvem acostumats a pensar que érem el centre de l’univers, el centre de tot. I això passava fins no fa gaire. Ens en adonarem poc a poc, que ens anem desplaçant del centre… cada vegada ens fem més petits, més insignificants... Espera: precisament el significat és el que estem buscant! El trobarem més endavant, en la tercera part d’aquest conte... i serà sorprenent. Naturalment, ens ajudarà molt mantenir un intens diàleg amb el meu amor.

    Fem un petit salt: quan van passar 10.000 milions d’anys des de el Big Bang, la vida va sorgir a la Terra (és a dir, ara fa d’això 3.800 milions d’anys). Els gasos que constituïen l’atmosfera primitiva eren el metà, l’amoníac, el nitrogen i el vapor d’aigua, bàsicament. Aquests gasos, exposats a la radiació solar i a les descàrregues elèctriques de les tempestes constants, originaria molècules orgàniques anomenades prebiòtiques. Amb l’ajut de catalitzadors, com l’argilla, es van anar agrupant molècules senzilles, que s’unirien formant-ne de més complexes fins a convertir-se en macromolècules biològiques com a proteïnes i àcids ribonucleics. I ara ja sabem gràcies a això que l’amor no té cura, però és la cura per a tots els mals. El nostre amor és immens.

    La cèl.lula eucariota (que dóna forma també als teixits dels animals, fongs o plantes) no prové d’un sol tipus de bacteri, sinó de la simbiosi de cèl.lules bacterianes diferents... és a dir no van competir entre elles, van sumar esforços... som fills de la cooperació. Aquesta petita reflexió li va semblar al meu amor molt interessant.

    La vida va anar evolucionant, però sabem tant poc sobre l’evolució, que cada petit descobriment suposa una revolució.

    Al contrari del que es pensava durant molt de temps, avui sabem que ni les seqüències genètiques es distribueixen a l’atzar ni l’evolució darwinista funciona de manera erràtica: ho fa a través d’una elegant estructura subjacent que, de manera natural, explica com els organismes innoven sense perdre la seva funcionalitat biològica. La clau és aquesta elegant estructura subjacent. I ara sabem que l’amor és l’espai i el temps mesurats pel cor.


    Present

    Ara estem en el present. És a dir, han passat ja 13.800 milions d’anys desde el Big Bang. Tu estàs llegint aquest relat. El moment present no dura gens. El que és impossible només triga una mica més…


    Futur

    Aquí el relat esdevindrà ja molt fantasiós. El seu amor intentarà guiar-lo de la millor manera possible, però no sabrà massa bé com fer-ho, perquè el relat no es pot manipular des de fora. Creu que no guanyarà el concurs literari al que es presenta, però no s’atrevirà a dir-li per a que no es desanimi.

    Un equip internacional detectarà per primera vegada urea en un núvol molecular del centre galàctic i es creu que és un element comú en la química del mitjà interestelar, demostrant que les molècules prebiòtiques claus en el esquema químic del ARN, com la urea, es formen i estan molt presents en el medi interestelar.

    D’aquí no res, en termes astronòmics, uns centenars d’anys, trobarem vida en un altre planeta. Primer uns enzims. Després una cosa semblant a uns bacteris. Això ja desordenarà una mica la nostra consciència.

    Després, finalment, molt temps després, uns milers d’anys, trobarem vida intel.ligent. I entendrem una cosa, entendrem el més important, el que estem buscant des de que érem petites molècules d’adn: el sentit de la vida, el perquè de tot plegat. Però encara falta una mica per a que ho podem entendre. Paciència. I valentia.

    En ciència, cada problema que es resolt obra una munió de nous interrogants. Hi haurà un moment, però, que el cercle s’anirà tancant i no anirem fent més preguntes: anirem tenint més respostes, fins a entendre-ho tot. Serà llavors quan fins i tot la Terra s’acabarà un dia, fins i tot l’univers s’apagarà, es fondrà tot i tornarà a esclatar un altre Big Bang... les preguntes tornaran a començar.

    Estima’m sense preguntes, que jo t’estimaré sense respostes.

    "Tot el que estimes probablement serà perdut, però al final, l'amor tornarà d'una altra manera". Kafka

    Les verdaderes històries d’amor no tenen final.

    Back to the future IV: Operació Coronavirus

    Back to the future IV: Operació Coronavirus

    Marti es va baixar del Delorean espantat,
    Doc, Doc hem de fer alguna cosa!
    Què passa Martí?, va preguntar estranyat Doc
    Vinc de Barcelona del 5 d'abril del 2020 i no hi ha ningú, no hi ha gent, no hi ha cotxes, tot està en absolut silenci.
    Com? Això és impossible
    Per cert….Has tornat a agafar el Delorean sense el meu permís?
    Doc, això ara no és important
    No m'has escoltat. No hi ha ningú, passa alguna cosa, estic preocupat.
    Val Marti, anem a veure què passa
    Doc va carregar el Delorean amb plutoni i va marcar la data en el comptador. Es van encaminar cap al 2020 a veure què passava
    Van arribar a Barcelona. Efectivament no hi havia ningú. Van baixar del cotxe i es van dirigir a descobrir que passava
    Als 5 minuts es van creuar amb un vianant que estava passejant a un gos
    En veure'ls no es va espantar, malgrat que portàven els seus clàssics vestits integrals
    Disculpi, Per què no hi ha ningú?
    El vianant els va mirar estranyat i va contestar.
    No ho saben, estem en plena pandèmia del coronavirus
    Coronavirus?
    Si, aquest virus d'origen xinès. Però d'on vénen vostès per a no saber-ho? Això si, vénen ben protegits
    Va consultar l'ordinador i va veure que mig món estava confinat a casa, es va escandalitzar amb el que va descubrir
    Marti això és greu i pel que sembla no hi ha tractament i està morint molta gent. Hem de fer alguna cosa
    Però què fem Doc?
    Primer anirem a veure a una viròloga amiga meva perquè ens expliqui que és el coronavirus i com solucionar aquest problema, segur que ella sap la solució
    (1 minut després Marti i Doc es trobaven davant de l'Hospital Monte Sinaí de Nova York)
    Hola Ana, com estàs?
    Ana Fernández-Sesma, amb les seves característiques ulleres i ulls verds era una viròloga espanyola que estudiava com determinats tipus de virus modulen el nostre sistema immunològic
    Doc, quina grata sorpresa. Passeu, passeu que ara tinc temps per atendre-vos, després de 2 anys molt durs treballan les 24h del dia.
    Hola Ana, m'alegro de veure't, et presento al meu bon amic Marti.
    Encantat Marti, va contestar amablement Ana
    Què t'ha passat en aquests dos últims anys?, va preguntar intrigat Doc. Et noto cansada
    Com que, què m'ha passat?, el mateix que a tots, la bogeria del coronavirus. Ha estat una odissea i ha costat trobar finalment un tractament efectiu, però per fi ja tenim vacuna, la ciència ha tornat a guanyar!
    Martí va mirar de gairell a Doc
    Ana hem vingut a visitar-te perquè li expliquis a Marti com heu aconseguit vèncer al coronavirus, ha de fer un treball per a l'institut (va mentir Doc). He pensat que tú com a gran experta viròloga, el podries ajudar
    Passeu, passeu, que us explico tot el que vulgueu saber.
    Ana va començar a parlar, amb veu enèrgica i en cert sentit, amb veu alliberadora. Havien estat dos anys durs buscant una cura per al coronavirus a tot el mon. Una malaltia que li havia arrabassat a alguns amics i familiars. Per fi, ho havien vençut, se sentia alliberada
    Els coronavirus es tracten de nanovesícules o perquè s'entengui millor, és com una pilota que al seu interior tenen àcid nucleic ARN. Són entitats molt simples, res a veure amb el nostre complex ADN. Aquesta “pilota” està recoberta per una capa de lípids de naturalesa oliosa. Es compon de 4 proteïnes, sent la més important la proteïna S,què és la que li dóna la seva característica forma de corona, formant una espècie d'espines que sobresurten de la superfície de la “pilota” o nanovesícula
    L'RNA del seu interior està a una sobrepressió molt alta, unes 20 vegades la pressió que notem en aquest moment. Gràcies a aquesta sobrepressió, quan el virus troba un hoste, injecta el seu ARN en la cèl·lula de l'hoste infectant el seu citoplasma. També s'especula que el virus en el seu conjunt ess’introdueix a l'interior de la cèl·lula per un mecanisme que es coneix com a endocitosi. Una vegada iniciat el contagi, són com a fotocòpies descontrolades fotocopiant o infectant a tota velocitat, afectant el sistema immune del cos, causant danys en el sistema respiratori, etc.
    I com es combaten?
    La clau com et comentava és la proteïna S, aquesta ha estat la base per a vèncer-la, inhibint aquesta proteïna mitjançant el medicament SARS-OUT. També s’han desenvolupat nanovesícules, amb una composició similar al virus (a excepció de no tenir el seu genoma) que estimulen el sistema immunitari de l'hoste per a actuar contra el virus. Això es va aconseguir expressant les proteïnes del coronavirus a partir de larves de cucs de seda
    MArti i Doc ja tenien la resposta, només havien de tornar al 2020

    Cap als estels (part II: arribada)

    Cap als estels (part II: arribada)

    Evelyn, la capitana de la que seria la primera missió interestel·lar de la història de la humanitat, va observar a Markus, el seu segon, i copilot de la nau. Les portes de l’ascensor que connectava terra ferma amb l’estació espacial Clarke, gràcies a un feix de fibres de nanotubs de carboni, es varen obrir, i tots el ocupants sortiren. Es dirigiren cap al transbordador, que els va traslladar a la nau internacional interestel·lar (ja totalment proveïda dels subministraments necessaris pel llarg viatge), a uns quants milers de quilòmetres de l’estació. Els aguaitava un viatge de 6 mesos fins al límit exterior del sistema solar, on pretenien generar un forat de cuc Lorentzià, i travessar-ho cap a la constel·lació Vulpecula. Havien passat ja cinc-cents anys des de l’incident que quasi es va convertir en un esdeveniment d’extinció massiva per la humanitat, i aquesta no tenia cap intenció de provocar un altre intencionadament, generant un pont d’Eintein-Rosen massa a prop del petit planeta que anomenaven llar.

    La destinació no va ser triada per casualitat. En les primeres albors del segle XXI, durant una quarantena mundial declarada per un virus, (que inclús empal·lidia si es comparava amb els esdeveniments que encara haurien d’arribar), uns astrònoms canadencs detectaren una ràfega ràpida de radio (FRB, por les seves sigles en anglès) provinent del magnetar SGR 1935+2154, la primera detectada dins de la Via Làctia. Tothom va creure que provenia del mateix magnetar i no va rebre molta més repercussió fins que va sofrir notables canvis cap al 2271. El consell estel·lar, el qual ja estava constituït i submergit de ple en la recerca de nous mons habitables en aquell moment, va centrar notables esforços a l’estudi d’aquell fenomen. Els canvis en la intensitat, longitud d’ona, freqüència, certes repeticions intencionades...tot indicava que aquella senyal estava essent produïda artificialment.

    Tenint en compte que el magnetar es trobava a trenta-mil anys llum de la Terra, es va descartar immediatament tant que la seva “activació” es degués a “l’incident”, com la possibilitat d’enviar sondes per un estudi més profund, al menys fins que la manipulació de l’espai-temps i la generació de ponts d’Eintein-Rosen no va ser una realitat. Més de dos-cents anys varen ser necessaris per la construcció en òrbita de la nau interestel·lar, els prototips de generadors de forats de cuc i de totes del proves pertinents per assegurar l’èxit de la missió. Tot i que la senyal encara no havia pogut ser desxifrada, per la seva increïble complexitat, la possibilitat d’estudiar la seva font d’origen (una vegada que la humanitat posseïa aquella capacitat) va ser àrduament debatuda. S’assumia l’origen extraterrestre de la senyal i la possibilitat d’un primer contacte era un punt d’inflexió que el consell va tenir en consideració durant bastantes dècades. Finalment, la por de trobar-se amb una civilització amb dubtoses intencions va ser vençuda per la curiositat. Aquella mateixa curiositat que havia permès a la ciència avançar durant tant de temps, explorar nous hàbitats, noves espècies i elements, crear nous enginys mecànics, enviar la primera persona a la Lluna, a Mart...

    Les distorsions de les senyals a través del forat i la immensa llunyania de l’objectiu (relatiu a l’enviament i recepció d’informació pels medis clàssics) feien que l’obtenció de dades mitjançant l’enviament de sondes a través del pont fossi inviable, i les supercomputadores encara estaven lluny de reemplaçar l’intel·lecte humà en quant a decisions i capacitat d’improvisació. Així doncs, aquella missió havia de ser tripulada.

    El viatge cap a l’exterior del sistema solar va transcórrer sense incidents remarcables, on varen generar el pont d’Eintein-Rosen, visible tan sols com a una deformació en el llum del estels, conformant una espècie de circumferència en el centre de la qual es podien divisar uns cúmuls de galàxies, uns estels, unes nebuloses...que no haurien d’estar allà. Aquella era la prova de que el pont estava actiu.

    El motors Penrose van posar-se en marxa per iniciar la orientació correcta de la nau, i aquesta va penetrar lentament en el pont. Evelyn, Markus, Vlad i la resta de la tripulació no poguessin hagut dir mai quant de temps varen passar en el forat. Minuts, dies, mesos? Quan la nau va sortir per l’altre extrem del pont, no eren ni tan sols capaços de recordar quan havien entrat. El que sí podien assegurar es lo que els seus propis ulls podien percebre en aquell instant. Davant d’ells fulgurava majestuós el magnetar SGR 1935+2154. I curiosament, no és el que més sorprenia de la visió, ja que, com una ombra retallada front a la llum, la silueta d’una gegantesca nau s’alçava imperiosa, freda, fosca. Davant d’ells, s’alçava l’origen de la senyal FRB. Davant d’ells, s’alçava la primera prova de vida intel·ligent fora de la Terra. Davant d’ells, s’alçava una possible salvació per la humanitat.

    Colorit de mons

    Colorit de mons

    Seria bonic començar citant el color blau del cel, que tan serè es presentava avui, o els tons ataronjats amb què s’havien abillat els arbres de fullatge caduc. Però no vindria al cas.

    L’Ada es trobava entre tota la gentada. Tots es movien d’una banda a l’altra, excepte ella. Ni tan sols el xivarri del carrer la distreia. Amb un bloc de paper i la seva col·lecció de llapis de colors «Faber-Castell», retratava el paisatge als seus ulls.

    I, ves per on, al seu escenari s’hi van plantar dos nois. Discutien. Algú podria pensar que feien nosa i tacaven el romàntic paratge que dibuixava l’Ada. Ella no ho veia així. Dotaven de realisme a la seva obra. És més, per evitar que marxessin i els perdés de vista abans d’esbossar-los, va capturar el moment amb la càmera del seu mòbil.

    Va tenir tan mala sort que la disputa va acabar just en aquell moment, quan un dels nois va girar en rodó per allunyar-se i l’altre va percebre com l’Ada apuntava cap a ells amb el seu telèfon. Com un llampec, va recórrer els metres que els separaven per cridar-li:

    —A tu qui t’ha donat permís per gravar-nos, si es pot saber?

    L’Ada es va mostrar sorpresa pel to arrogant de la pregunta, però això no va ser cap impediment per respondre-li pausadament, perquè ho entengués a la primera:

    —Tranquil·litza’t, maco. No us gravava. Si tens ulls a la cara, podràs veure que estic dibuixant. Només us he fet una foto per poder dibuixar-vos bé.

    —Ja. I jo com puc saber que no faràs ves a saber què amb aquesta foto?

    —O em creus o t’hi pots quedar al meu costat fins que acabi i l’elimini. Tu mateix.

    De mal grat, l’Eloi, que així es deia, va acceptar la segona opció i s’hi va asseure al costat, en silenci. No va ser fins que l’Ada es disposava a pintar quan va alçar la veu:

    —Ei, ei! Es pot saber què fas amb el color lila? La meva jaqueta és verda.

    —Que ràpid t’ofens tu, no? Normal que el teu company t’hagi donat l’esquena. —L’Eloi va girar la cara i l’Ada es va sentir una miqueta culpable, així que es va mostrar compassiva amb ell—: Perdó. Mira, no soc capaç de distingir els colors.

    —Però si el lila i el verd són ben diferents. No li veig cap problema.

    —Vull dir que no percebo cap color. És una malaltia que tinc de naixement.

    —Ostres! I veus en blanc i negre?

    —Sí, és el que toca quan no et funcionen bé el cons. Ja saps, les cèl·lules que tenim als ulls i que permeten que vegem en color.

    —Sí, sí. Això ja ho sé. Però..., llavors, si et dic «verd» no m’entens?

    —A veure, sé que tothom associa aquest color al de la majoria de plantes. Però el color no és més que allò que el cervell interpreta. La llum que arriba a un cos és absorbida i, la resta, és reflectida cap a l’ull. Els cons són els que diferencien les longituds d’ona corresponents a cada color, i jo no en tinc, així que el meu cervell no pot interpretar-ne cap.

    L’Eloi va haver de processar tota aquesta informació. No pel procés físic, sinó per la visió del món de l’Ada. Ella no podia sentir la serenitat que transmet el blau del mar ni el del cel. No s’alterava amb la intensitat del vermell de la sang. No abraçava el verd que guarneix la natura. No era conscient del pas del temps de les fulles grogues, taronges i marrons a la tardor.

    Això li va evocar la tribu dels dani, a Nova Guinea. Un poble amb un idioma que només fa servir dues paraules per designar els colors: «mola» pels tons clars i càlids, i «mili» pels tons foscos i freds. Per què només dues paraules? No necessiten diferenciar el blau del verd, com l’Ada? Com és, llavors, la seva visió de la realitat?

    —Que tens les orelles a cal ferrer? —li va preguntar l’Ada—. T’has quedat empanat.

    —Perdó. Estava pensant. No m’imagino estant a la teva pell. El teu món ha de ser tan trist en blanc i negre...

    —Jo no ho veig trist. No puc trobar a faltar allò que mai he tingut. Els humans no veiem l’ultraviolat i no veus a cap tirat a terra plorant. —L’Eloi va riure—. El que vull dir és que no ens hem de centrar en allò que ens manca, sinó en el que posseïm i ens fa feliços.

    —Mirat així, tens tota la raó.

    I l’Eloi va reflexionar en tot el que tenia i li feia feliç. Salut, la seva família, el seu xicot amb qui es reconciliaria en arribar a casa, i, si l'Ada volia, una nova amiga.

    El joc de Temps i Atzar

    El joc de Temps i Atzar

    Les deesses, assegudes al seu tron de pedra, acabaven d’inventar un nou joc. Atzar va allargar el braç, va agafar el dau, el va sacsejar i el va fer rodar sobre la taula eterna. En veure el resultat, Temps va col·locar la primera peça al taulell. Es van mirar fixament als ulls, que els brillaven per primer cop. Atzar va tornar a agafar el dau i el va tornar a llançar. Temps féu que la primera peça es comencés a expandir. “Bang!”, va exclamar juganera.
    Al cap de desenes, de centenars, de milers de tirades, van aparèixer les primeres Galàxies. Després, la Via Làctia, el Sol i la Terra. I amb centenars de milers de tirades més, la Vida, les Plantes, els Invertebrats i els Peixos. Els Rèptils, els Dinosaures, els Mamífers, els Ocells i les Flors.
    Atzar va tornar a fer rodar el dau. En veure el resultat, Temps féu un mig somriure, “Bang!”, i un Meteorit va xocar contra el Planeta, provocant un escalfament inaudit i arrasant els Dinosaures. Atzar, sense immutar-se, va tornar a sacsejar el dau i el va tirar. Primats. Dau. Homínids. Dau. L’Homo Erectus va domesticar el Foc.
    Es van aturar. Acabava d’aparèixer, al voltant de la taula, un tercer tron amb una deessa joveníssima que observava el ritual. Al cap d’uns centenars de tirades, Intel·ligència es va unir al joc: Escultura i Pintura i Agricultura.
    Atzar seguia fent rodar el dau, i Temps i Intel·ligència generaven canvis a quatre mans: Escriptura, Civilització, Tecnologia. Acceleració exponencial. Guerres Mundials, Emancipació de les Màquines. No hi havia aturador. La Resistència Humana custodiava el Sistema Solar. Les Màquines es replegaven a Alfa Centauri i planificaven la Incursió Definitiva. “Bang!”: Desastre Nuclear Galàctic. Extinció de la Humanitat. Desaparició de la Vida. Hibernació de les Màquines.
    Temps i Atzar van dirigir la mirada cap al tercer tron de pedra, que restava buit i fumejant per la desaparició sobtada de la jove deessa. Temps i Atzar es van mirar als ulls durant uns instants i van arronsar les espatlles. Atzar va allargar el braç, va agafar el dau, el va sacsejar i el va tornar a fer rodar sobre la taula eterna.

    El Multivers d'Schrödinger

    El Multivers d'Schrödinger

    Fa un parell de dècades, uns científics d’un altre univers van confirmar que el multivers no era res més que un experiment a escala multiversal del tipus que nosaltres van batejar com a “Gat de Schrödinger”. El descobriment va arribar amb la primera mesura del camp de la consciència que causa el col·lapse de la funció d’ona de qualsevol sistema quàntic, el qual va fer que no triguessin a adonar-se que com passava amb l’experiment mental, que el gat no estaria viu o mort fins que no s’obrís la caixa, si l’entitat que fos que estava fent l’experiment decidia fer la mesura, la funció d’ona del multivers col·lapsaria i només en quedaria un, fent desaparèixer tota la resta. Un entre tots. N’hi havia tant, que no s’havia inventat el nom d’una xifra tan enorme, pel que tendien a dir-ne infinits. El cas és que la probabilitat era tan baixa que es van adonar que no podien deixar que aquella mesura es dugués a terme, i no només això. Per a que funcionés, fos el que fos el que portessin a terme, hi havien de participar una majoria d’universos per tal que tingués consistència real fora del seu espai.

    Es van empescar un sistema de transmissió d’abast multiversal, on donaven les instruccions per a que es pogués fer la comprovació experimental, i es pogués construir el mateix aparell de transmissió per poder obrir un canal de discussió de com salvar el multivers amb la resta d’aquest. El missatge va arribar a molts universos, però no hi havia manera de saber si érem suficients. De totes maneres, aquells universos que van fer la comprovació i van corroborar el que es deia, van construir el sistema de transmissió i van entrar en l’elaboració del pla. El nostre univers, hi va entrar fa cinc anys, i sembla que ja tenim entre tots un pla per mantenir “la caixa tancada” i evitar el col·lapse de la funció d’ona. Segons diuen, la seva construcció i implementació trigarà uns tres anys. Si des del Big Bang, no ha fet un cop d’ull, esperem que en els pròxims tres continuï sense mirar-nos. Segons han comprovat, aquesta és la primera vegada que es constata aquest fet pel que cap civilització anterior de cap univers havia pres mesures. Demà començaran les mesures per determinar en quin tipus de recipient ens trobem.

    Només espero que no trobés res estrany, com dimensions extra o unes lleis físiques molt diferents. Si fos així, podríem trigar molt més temps a trobar una solució. I sortir del recipient i raonar amb l’entitat que està fent l’experiment es troba fora de qüestió, ja que aleshores estaríem començant el procés de mesura de forma inadvertida. El qui s’oferís com a voluntaria, se’l mesuraria, causant el col·lapse de la seva funció d’ona, i el més segur és que desaparegués, causant també la desaparició del seu univers per ser al que hi estaria lligat quànticament. O pitjor. Ell no desapareixeria, comportant que el seu univers seria el que sobrevisqués i fent desaparèixer totat la resta, fent que els esforços conjunts hagin estat en va. És realment dificil tot això. A veure quines mesures poden treure demà.

    Ha estat una nit horrible. L’espera m’ha desvetllat completament i no he pogut parar de pensar. Les mesures que començarem en un moment, les durem a terme simultàniament des de tots els universos, però que passarà si el que fem crida l’atenció a l’exterior del recipient contenidor? Com saber si els mètodes de mesura són els apropiats? Suposo que no ens queda una altra cosa que confiar en que les lleis de la física no siguin tant diferents a les nostres. Arriba un missatge pel transmissor multiversal. Comença el compte enrere amb les comprovacions dels sistemes. Vaig preguntant a cada secció en l’ordre que ens arriba, l’estat d’aquests i en vaig informant. En el nostre univers s’han creat tres sales de control. Tan allunyades que és més fàcil que hi arribin des d’un altre univers que entre nosaltres mateixos. Tots els sistemes en la nostra estan en verd. Deu minuts per començar. Al monitor veig que les altres dues sales també estan en verd i seguim amb el compte enrere. A mesura que van arribant els estats de la resta d’universos, el general dels sistemes passa de vermell a verd, passant per un taronja en poca estona. Falten 5 minuts i el 90% dels universos estan preparats. Això vol dir gairebé un 60% del total. Dos minuts i iniciarem amb el primer anàlisi, l’electromagnètic. 2… un… Engeguem els sistemes. Arribem a potència màxima sense detectar res. El monitor senyala el mateix des de la resta. Canviem al sensor gravitacional. Aquest si que obté mesures. De sobte, el transmissor només rep dues senyals. El recipient ha estat obert i han vist el gat.

    EL PRIMER DIA D’INSTITUT

    EL PRIMER DIA D’INSTITUT

    – Benvingut a l’Institut Mendeleiev, jo sóc l’Hazel - una noia petita, de poca alçada i prima em saluda, somrient. Porta una única trena que li recull tots els cabells.
    Em miro les mans, tímid davant la seva espontaneïtat. Abans que hagi desenganxat els llavis per contestar, ella torna a parlar.
    – M’han demanat que et faci una visita per aquí. Segueix-me!
    Es posa a caminar de seguida, amb passes lleugeres. No aconsegueixo seguir el seu ritme. Noto les inseguretats a flor de pell, amenaçant-me, dient-me que estic massa gras, que se’m jutjarà i no encaixaré. Abans que siguin massa tortuoses, l’Hazel em parla de nou.
    – Espero que et sentis molt bé aquí. Ja veuràs que els companys t’acolliran de seguida. Ja sabíem que vindries. A la classe hi havia una taula de més des del principi de curs.
    – Ah sí? – tracto de deixar enrere la vergonya. – Doncs jo vaig prendre la decisió de canviar-me d’institut fa un parell de setmanes.
    L’Hazel no em respon, perquè pel nostre cantó passa una noia que se l’hi assembla força. Mira cap endavant, aliena a tot, estrenyent contra el seu pit un parell de llibres.
    – Aquella és l’Helena. És una noia solitària. Jo només l’he sentida un cop i parla molt agut. Potser per això és tan vergonyosa…
    Hi empatitzo de seguida perquè se que és estar acomplexat de quelcom que no es pot canviar.
    La Hazel em convida a mirar per una finestra rodona que dóna a l’habitació.
    – Aquesta és la sala de la llum.
    M’hi atanso, estranyat. Està a les fosques. Obro la porta i encenc l’interruptor, per poder-la observar, però només veig un parell de còmodes, cremades per les puntes i brutes.
    – NO! – em crida. – En quin món vius? No veus que estaven descansant? Vinga nois, pareu pareu, que ja l’apago...
    Em quedo mut. Amb qui està parlant l’Hazel? De sobte, apareixen unes figures. Només les copso un parell de segons i aleshores és tot fosc de nou. Eren brillants, amb els cabells punk i petites, com nans. I reien.
    – No em diguis què és el primer cop que veus un fotó. Nosaltres no els tenim tancats per aquells antics cables de coure. Quan encenem els interruptors es posen a córrer per l’edifici, lliures, i ens il·luminen les classes.
    – NOI! – una veu m’escridassa – Has encès el llum d’aquesta sala? No saps que està prohibit? Digues-me ara mateix com et dius...
    – Bon dia Flor – l’Hazel em rescata i la dona de seguida dulcifica la mirada – He estat jo, perdona. Li estic ensenyant l’institut perquè acaba d’arribar.
    – Bé, no passa res. Però que no es torni a repetir, eh? – s’allunya, immersa en la seva foscor. L’Hazel sospira.
    – De la que ens n’hem lliurat. Teorema u, mai encendre el llum a aquesta sala. Teorema dos, si algun cop has de fer enfadar a algun professor, que mai sigui la Flor. És molt negativa i et portarà al seu terreny, mai li guanyaràs una discussió.
    Intento recordar tot el que em diu l’Hazel mentre avancem.
    – Aquest és l’orbital. Hi guardem els electrons que utilitzem per a l’energia dels ordinadors. Però és clar, mai els ha vist ningú, perquè si passen els fotons, s’animen i abandonen la posició on estan... – em diu, tot assenyalant una porta massissa.
    Cada cop m’anima més. Em parla de la Cloe i la Natalia, que són molt salades i sempre estan juntes, fent riure a tothom. Del Neil, Artur, Kristoff i Xènia, que es consideren l’elit de la classe i no es relacionen gaire. Em parla del Carles, què és un amant de la natura i sempre s’involucra en tot. Em descobreix la Lily, que fa els millors apunts de la classe perquè guarda molt bé la informació. I la Key, que beu tants refrescs que sembla al·lèrgica a l’aigua.
    La conversa se’m fa tan amena que de seguida arribem a la classe.
    – Doncs ja som aquí. – L’Hazel pica a la porta i em somriu.
    Una noia s’atansa i toca l’estructura que ens separa, amb suavitat. Aquesta llisca cap a l’esquerra, endinsant-se en la paret, i quan passem, es tanca amb immediatesa, aïllant la classe.
    – Classe, aquest és el... – em mira en prendre consciència que no m'ha preguntat el meu nom.
    – Tennes. Em dic Tennes.
    Quan pronuncio les paraules, sento que m’he tret un pes de sobre. Observo la sala amb deteniment. Els alumnes seuen en unes butaques de diferents mides. Semblen senzillament feliços.
    – Doncs benvingut a la classe. Aquest és el teu lloc a la taula. – el riure envaeix l’habitació – A l’aula, vull dir. La taula set de la fila disset. No t’espantis, semblem molta gent però som com una petita família – em diu el professor. Du la barba molt frondosa i els cabells llargs i desarrapats.
    M’assec i de sobte, sento que estic on he d’estar.

    El raig verd

    El raig verd

    Tot va començar en una interessant classe de Física en què el professor ens exposava diferents fenòmens òptico-meteorològics més o menys estranys o, si més no, rars d'observar. Ens explicava el perquè dels tornados, els dobles arcs de Sant Martí, els miratges, els halos solars i lunars i altres menudeses visuals que tenen una explicació física. Però n'hi va haver un que va menystenir degut a l'extrema complexitat de circumstàncies que s'han de conjugar per a poder-se observar: el raig verd. Segons paraules seves: "el poso en dubte perquè més aviat sembla un fenomen poètic i, a més, jo no l'he vist mai". Jo em preguntava si alguna vegada podria arribar a presenciar allò que semblava màgic i que a més, deien, era poètic.

    Va ser durant un viatge, un estiu de fa uns quants anys, en una petita illa perduda al bell mig de l'oceà. Amb mar i cel per tots els cantons i cocoters per tot arreu. Amb la platja de sorra blanca coral·lina i peixos. Peixos de totes mides i tots colors que pul·lulaven entre la bellesa de l'escull de corall. Semblava com si el temps estigués ben aturat i tots els sentits estiguessin predisposats a gaudir de l'exuberància i embriaguesa cromàtica amb què ens pot arribar a sadollar la natura en certs paratges.

    Cada matí i cada tarda es representava una funció amb protagonistes diferents: una sortida de sol, les capbussades amb les tortugues i les miríades de peixos. Però, sobre tot, hi havia les postes de sol. Les sensacions que tenia en contemplar com s'anava amagant el sol són, realment, difícils d'explicar. Imagino que cadascú en té d'intransferibles, però crec que totes ens condueixen al mateix estat de pau i sinèrgia amb la natura. Arribar a un nivell de tendresa mental i benestar psíquic només comparable al plaer que produeix el descansar en un llit recent fet quan s'està completament esgotat.

    Imagineu la superfície del mar com un mirall d'aigua fosca i inescrutable a la llunyania, i clara i diàfana a les proximitats; amb colors des del verd maragda prop dels peus, fins al blau fosc de l'horitzó. Un cel impol·lut, net, càlid, amb una suau marinada que afalaga les galtes brunes. Pocs ocells per a no destorbar el silenci, només una petita remor del trenc d'ones a la platja i el clapoteig dels peixos en caçar algun insecte innocent.

    Arriba el moment de la posta de sol; és un sol gran, potent, afalagador i sincer, de color groc sense cap impuresa, ni vermella ni taronja. Estic assegut al moll de fusta que entra unes desenes de metres dins d'una petita badia. Els raigs ja no escalfen tant. Sembla com si el frenesí que hi ha hagut fins fa uns moments s’aturi per deixar pas a la penombra i al regne de la nit. El sol comença a caure, es va desplomant ràpidament sense canviar de color. És com si un gegant que ens ha dominat