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UN PLANETA HABITABLE

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-Tres, dos, uno... Despegue –escuché por el comunicador- Buena suerte capitán.

Este es el día. Este es el día en el que me jugaré la vida en un experimento. Este supuesto planeta debería sustituir la Tierra, en cambio, no creo que fuese necesario mandar a un principiante al viaje más importante de la historia.

Según lo que mi jefe me contó, este viaje tardaría más de cincuenta años y que la máquina de mi derecha ayudaría a que todos esos años pasasen automaticamen...

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-Hmmm, parece que ya vamos a aterrizar.

Desde la ventana de la nave se podía apreciar la superficie de aquel planeta. Había grandes lagos y un terreno casi inestable. A simple vista no parecía que hubiese alguna existencia de vida.

Y... - empecé a decir por el comunicador- Aterrizamos en nuestra posible Tierra 2.0.

Escuché aplausos por el altavoz

Rápidamente me puse el traje especial ante algún peligro y abrí la puerta de salida.

Al salir, lo primero que percibí fue la gravedad. Me sentí algo más ligero que en la Tierra, aunque no hubiese tan poca gravedad como en la Luna.

El cielo era diferente. Este tenía tres lunas diferentes tamaños con un cielo de fondo bicolor. Era rojo y azul pasando por el violeta. El paisaje a primera vista me recordó me recordó al desierto, aunque a penas tuviese un parecido con uno. El suelo era anaranjado y áspero. Eran espigones de tierra sobre un gran lago de agua. Esta agua era muy cristalina. Se podía ver un fondo prácticamente llano sin ningún rastro de vida.

Después de haber llegado, para terminar la misión, me quedaba tomar unas muestras (y volver, obviamente). Me encargaron de llevar dos frascos, uno de líquido y otro de piedra o arena del suelo.

Primero, traté de escarbar algo el suelo por si conseguía algún fragmento sólido de tierra, pero solo pude rascar algo de arena. En cuanto al agua, tuve que deslizarme por un barranco para llegar a ella y obtuve algo de agua igualmente.

Ya era la hora de volver así que volví a subir ese barranco con cuidado y subí a la nave. Ya allí, guardé los frascos y activé el modo automático de la nave. Luego entré en la máquina y esperé a que pasaran los 50 años. No me preocupaba que hubiesen pasado cien años desde que salí de la Tierra ya que nos habían implantado unos chips para ralentizar el envejecimiento.

Al llegar, me desperté y vi algo que no quise descubrir. La Tierra estaba completamente destruida.

Altafría
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