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Buscando los objetos robados

Esta mañana me ha despertado un inusual ruido procedente del museo Geominero de rocas y minerales que hay al lado de mi casa, en Madrid. Me he asomado a la ventana y ¡qué sorpresa al ver un numeroso grupo de policías a la entrada del museo! Me he vestido rápido y he bajado para ver qué pasaba. Aparte de los policías, también había muchos periodistas y una multitud de gente. Mi hermano Rodrigo trabaja en este museo, así que he conseguido entrar y le he preguntado qué estaba ocurriendo.

Esta noche han entrado unos ladrones al museo y han robado uno de los diamantes más grandes conocidos. Acabábamos de recibirlo y estábamos estudiándolo en el laboratorio – dijo.

El diamante es el mineral más duro, ¿no? – pregunté.

Sí, y es un cristal transparente de átomos de carbono enlazados tetraedralmente, único en la naturaleza.

Disgustada la noticia del robo, he preguntado a mi hermano si podía ir al laboratorio a investigar, y me ha dicho que sí.

De camino al laboratorio he pasado por la parte de las rocas plutónicas, donde he visto granito, sienita, gabro y peridotita. También he pasado por la de las rocas volcánicas, donde estaban el basalto, la piedra pómez y la obsidiana, y varios fósiles, entre ellos el ámbar, que es resina fósil.

Llegando al laboratorio, me he parado en la puerta, porque he visto a Marcos, un nuevo empleado del museo que ayuda con la vigilancia de las cámaras de seguridad. Él todavía no me ha visto, pero me ha extrañado su actitud sospechosa, así que he decidido quedarme en la puerta vigilando.

Cuando se ha ido del laboratorio, he entrado para revisar que todo estaba en orden. Sin embargo, había desaparecido un fósil de dinosaurio muy antiguo que se encontraba allí la semana pasada, pues mi hermano me lo estuvo enseñando. Rápidamente se lo he comentado a Rodrigo y me ha dicho que esta mañana estaba todo en orden, excepto el diamante robado.

Es muy extraño – me dice – no sé cómo han podido desactivar las cámaras de seguridad.

Tras una hora buscando pruebas hemos dado con unas huellas dactilares en la vitrina donde estaba el fósil. Rodrigo ha llamado al jefe de policía y tras realizar un estudio han identificado a la persona que dejó la sospechosa huella. Afortunadamente tenían su dirección. Nos hemos puesto en marcha hasta llegar a una lujosa mansión junto al río Manzanares.

Todas las luces estaban apagadas, pese a que solo eran la siete de la tarde, por lo que el dueño de la mansión debería estar fuera. Hemos entrado sigilosamente en el amplio jardín, llegando a la puerta de entrada. Los policías han abierto la puerta, accediendo todos al interior. Estaba todo completamente oscuro. Al encender las luces nos hemos visto en un amplio recibidor del cual salían varios pasillos. El oficial de policía nos ha dividido para registrar con detalle los diferentes lugares de la casa. Mi hermano, un policía y yo hemos ido por el pasillo central, hasta desembocar en una amplia sala iluminada con una tenue luz.

Al encender el interruptor, ¡nos hemos quedado alucinados! Se trataba de una sala enorme con un montón de vitrinas en las que había muchos objetos de colección robados: huesos de dinosaurios, piezas de ámbar, joyas de todo tipo, minerales y rocas valiosas… ¡y también estaba el diamante y el fósil de dinosaurio desaparecidos! Rápidamente hemos llamado al resto de policías para que se reunieran con nosotros.

Justo en este momento el ruido del motor de un coche nos ha alertado. Dos sombras se encaminaban hacia la entrada de la mansión. Los pasos venían hacia nosotros. Preparados con sus pistolas, los policías esperaron pacientes a que entrasen en la sala. Cuando traspasaron la puerta, Rodrigo y yo no pudimos evitar ahogar una exclamación. ¡Era David, el encargado de las cámaras de seguridad, acompañado de su pupilo Marcos!

¿Por qué habéis robado todas estas cosas? – preguntó mi hermano.

¡No sirven para nada en un estúpido museo! – exclama David

Y tú, Marcos, ¿qué has tenido que ver en todo esto? -insistió Rodrigo.

David me dijo que si lo robaba me daba 100.000€, así que decidí hacerlo – contestó Marcos.

Al cabo de algunas preguntas más, los policías comentaron que Marcos tendría que pagar una gran multa, pero David seguramente acabaría en la cárcel. Mientras que los policías pensaban cómo iban a transportar todos los objetos robados a sus respectivos sitios, yo le dije a Marcos:

Es mejor tener las riquezas culturales al alcance de todos para poder aprender sobre nuestro pasado que quedártelas tú solo para admirarlas y privar de su vista a todas las personas.

Gracias por el consejo, no repetiré lo que he hecho.
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