El Evento

Sus botas chapoteaban al son de la melancólica armonía de los primeros pájaros de la mañana, mientras el petricor de la lluvia inundaba sus fosas nasales junto con un olor a rancio. Caminaba a paso ligero, pero desprendiendo una estela de elegancia a medida que se adentraba en las tumultuosas calles de los suburbios de Fallendock, una pequeña y acomodada ciudad alejada de las grandes metrópolis. Aunque se sintiera fuera de lugar, la gabardina beige que casi le llegaba hasta los talones, le permitía mimetizarse con el entorno de los desvencijados barrios.

Sin previo aviso se paró en seco con una precisión milimétrica, si no llevara aquellas gafas detectivescas puestas, seguramente se habría percibido un atisbo de ímpetu en su mirada. Sin embargo, nadie la prestó atención, como si fuera una sombra moviéndose en la clandestinidad, al igual que nadie advirtió el momento en el que se agazapó para obtener una muestra del agua que empapaba el suelo, proyectando el reflejo de lo que una vez fue y ya no podría ser. Un mundo colorido del que emanaba felicidad y paz. Cuando introdujo la muestra de agua en una proveta con un guante de piel sintética para no contaminar la muestra, su mirada transitoria recorrió sus alrededores para identificar visitantes indeseados.

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 7%

Se guardó la proveta en un bolsillo de la gabardina, que estaba a pocos centímetros de tocar suelo, y reanudó la marcha. Entonces, recordó la primera regla: “Cuando vaya a ocurrir un Evento debes alejarte lo máximo posible. Nosotros los evaluamos, no nos ponemos en riesgo.”

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 29%

El programa informático que había diseñado le narró el siguiente paso a través del pinganillo. Si el Evento se trataba de un Dientes de Sable debía de buscar un techo bajo el que esconderse inmediatamente.

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 63%

Aceleró el paso, la gente, consciente de su inquietud, empezó a meterse en sus casas.

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 87%

Fue acorralada por un grupo de 5 personas, que por el gesto de sus facciones contraídas por la rabia, no daban una sensación necesariamente acogedora.

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 98%

Casi sin percatarse fue atacada por las espaldas por el primero de ellos. Casi.

ANÁLISIS DE MUESTRA AL 100%: NIVEL DE SOLIDIFICACIÓN ELEVADO

Se agachó en el momento justo para que el golpe pasara rozando su cabeza y aprovechó el impulso del atacante para tomarlo por el brazo y lanzarlo sobre su cabeza. Sin más reparos, lo tomó por el cuello torciéndole el brazo contra la espalda y lo inmovilizó formando un escudo humano contra los otros agresores.

—Se acerca un Dientes de Sable —dijo con despreocupación, como si fuera algo cotidiano que estuvieran a punto de caer del cielo estalactitas gigantes de hielo—. ¿De verdad queréis estar aquí cuando llegue? Pensaba que los cazarrecompensas de Ping eran más audaces, ¡qué decepción!
—Entonces, uno de los pandilleros dio un par de pasos al frente, parecía el líder.

—Déjame decirte una cosa, bonita… —Antes de que terminara la frase una estalactita cayó entre ellos, dándole el margen suficiente de tiempo para propulsar el hombre que sostenía hacia ellos y salir corriendo.

Mientras huía de allí, liviana como una pluma, se dio cuenta de que en su antebrazo derecho había una brecha que crepitaba como la madera recién encendida de una chimenea. La habían herido durante la refriega y la IA que la acompañaba como su lazarillo no la había advertido de la apertura que se había producido en su brazo biónico. Farfulló unas palabras de fastidio, pues los injertos de piel no eran baratos y nadie podía fiarse de los matasanos de hoy en día.

Cuando paró en una estación de bus abandonada, tuvo tiempo para reorganizar sus ideas. Aquel había sido un Evento sin precedentes, así era como denominaba su agencia a las catástrofes climatológicas que sacudían la Tierra, cada una con un nombre particular. Pero no eran nombres casuales, se les acuñó el nombre de aquellos animales extintos que regresaban para vengarse de la raza humana. Como un «poltergeist». Sin embargo, Mia lo veía como una excusa para eximirse del hecho de que todo ello era únicamente culpa suya, porque sentían la irracional necesidad de echar la culpa a lo inexplicable. Como una vez fue con Dios.

Y, para colmo, aquellos cazarrecompensas de Ping. Porque no le gustaban los accidentes ni los cables sueltos, y ella era el mayor error que había cometido, se lo haría saber. El sabotaje de su vehículo, el accidente, la pérdida de su brazo, y la muerte de su hija. Tenía una bala preparada en la recámara por cada crimen, por mucha reputación que tuviese, ella y la IA de su hija que aún le hablaba por el pinganillo acabarían con su tiranía.
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