Un amor eterno

Un día, tan tranquilo como cualquier otro estaba Lucía en su habitación viendo la televisión. Siempre ella había querido ser como las famosas que salían en las pelis y series, ya que tenían una vida maravillosa y no tenían que preocuparse por nada, eran muy conocidas y tenían la vida solucionada con tan solo salir en las pantallas.
Lucía no era la chica más guapa del mundo, que se pudiera decir, pero su personalidad hacía mucho. Ella era una niña que tenía un corazón enorme y siempre miraba por los demás. A ella no le importaba el físico de una persona sino como era en su interior y como le trataba.
Desde hace unos años que le gusta Borja, uno de los chicos más populares de su instituto, pero nunca se había lanzado a expresar lo que sentía por el, aunque fueran muy amigos por miedo de que ese gesto pudiese romper su amistad.
Ella estaba acabando Segundo de bachiller en un instituto de Barcelona y desde bien pequeña que había soñado con ser inventora, pero no quería inventar cosas simples que cualquiera supiera hacer, sino algo que pudiese cambiar el punto de vista de las personas y cambiar el mundo.
Como todos los días, escribía en su diario todas sus posibles creaciones en un futuro temprano pero nunca encontraba la idea perfecta.
Al poco tiempo investigó un poco acerca de unas galletas que mezclando una serie de ingredientes y químicos podría conseguir que Borja se enamorara de ella. Al principio creía que sería todo mentira, y que no funcionaría.
Al día siguiente fue al patio, donde Borja jugaba a fútbol siempre en los descansos y le ofreció las galletas, cosa que al final no funcionó lo que Lucía había creado. ¿Y porque no funcionaba? Se preguntaba ella. No sabía que podía haber fallado en su invento.
Al cabo de 3 meses, ella decepcionada porque nada le funcionaba bien, se puso a ver un día las noticias, por si alomejor le pudiese llamar algo para poder crear.
Justo en esa misma tarde anunciaron que la fábrica de robots de su ciudad iba a cerrar porque no encontraban nada que pudiesen crear y la fábrica se estaba yendo a la ruina.
Al poco tiempo decidió ir y hacer una visita a esa fábrica para ver si a ella se le podría ocurrir algo para cambiar el mundo.
Pasaron semanas y el 14 de abril decidió ir a investigar un poco sobre esa fábrica tan famosa que había sido durante mucho tiempo. Cuando entró vio que toda la sala estaba llena de robots, y que eran similares a los humanos porque podían realizar cosas muy similares.
Lucía habló con el fabricante Freddy y le contó la idea que ella había pensado, aunque fuese imposible de crear.
Al principio le pareció un poco locura pero luego aceptó el reto. Se trataba de poder crear a tu chico ideal y que pudiera hacer de todo, tal y como los humanos.
Una vez creado, Lucía ni se dio cuenta de que podría ser un robot, parecía una persona normal. ¡Lucía al fin había encontrado al amor de su vida!
Todas las chicas del instituto la miraban con envidia porque su chico ideal era demasiado atractivo y guapo. Se llamaba David, tenía el pelo rubio con ojos verdes y era muy buena persona.
Cuando Borja lo vio pasar por el pasillo se quedó de piedra, y cuando apareció Lucía con el, se puso celoso. Eso quería decir que las galletas habían hecho su efecto y ahora si que Borja estaba enamorado de Lucía pero a ella ya no le gustaba Borja, ya que estaba centrada en su nuevo chico.
Unos meses después surgió una tragedia que cambiaria la vida de Lucía por completo…
Nadie supo que pasó pero que David dejó de funcionar y suponen que fue debido a la lluvia, que se mojaría y estropearía el motor. Freddy le dijo que era imposible de reparar y que había llegado a su fin. Lucía lo paso muy mal, nunca encontraría a otro chico mejor que David.
Borja al enterarse de la noticia, fue a visitarla a su casa. Lucía no se esperaba la visita de Borja, y empezaron a hablar de lo ocurrido y justo después Borja decidió expresarle sus sentimientos.
Parecía mentira de creer pero en el fondo el amor que habían en ellos dos era insuperable.
Le confesó que sabía lo de las galletas y que el al final no se las comió, porque en el fondo el también sentía lo mismo por Lucía pero nunca se había atrevido a decírselo, por miedo de que ella no le aceptara. Al contarse lo que sentían, decidieron dar el paso y convertirse en la pareja más bonita de todo el instituto hasta muchos años más.
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