20 de diciembre de 1973

Imaginad que vuestro país sigue en el siglo XXI bajo una dictadura. Pero que además se haya convertido en una de las primeras potencias mundiales aislándose del resto de países del mundo. Han conseguido establecer una colonia en Marte, eliminar por completo los residuos dañinos para la atmósfera, regular el efecto invernadero y tener la mejor tecnología como unos chips localizadores para protegernos y detener a todos aquellos que quieran atentar con el régimen.

Bien pues todo esto que habéis imaginado en verdad es mi realidad por muy utópica que parezca.
Mi nombre es Martín Calvo Sotelo, bisnieto de José Calvo Sotelo ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera y asesinado a manos de unos rojos. Mi familia y la de Carrero Blanco son tan cercanos que han hecho un acuerdo de matrimonio para casarme con una de sus hijas.

Como cada año, después del primer día de clases nos juntamos en total 5 chicos y 3 chicas en un parque al lado del colegio.
Cuando llegamos Luís nos dice que Mark ha sido arrestado por formar parte de una revuelta antifranquista. Ninguno nos lo podíamos creer, nuestro amigo se había convertido en nuestro enemigo de la noche a la mañana.
Como no me lo podía creer decidí ir a casa de Mark para hablar. Cuando llegué a su casa me lo explicó todo y me dijo que le habían abierto los ojos, ya que aunque nos convencían de que era una utopía perfecta, la verdad era todo lo contrario a esta.
Cuando estaba a punto de irme de su casa me pidió ir al barrio de Vallecas a hablar con una tal Paula sobre su situación. Una chica de la resistencia.

Aunque dentro de mi sabía que no era buena idea la verdad es que tenía mucha curiosidad por saber como era la vida allí. Esa misma noche me escapé de casa y no me inyecté el chip como me dijo Mark. Cuando llegué pude ver la miseria, la pobreza y la enfermedad con mis propios ojos, pero aun así la gente seguía sonriendo por la calle. No me lo podía creer, también puede ser porque siempre había vivido la otra parte de la historia y se les había olvidado contarme esta.

Encontré a Paula y cuando le dije lo de Mark se sintió culpable ya que él la había salvado de acabar arrestada. Le tranquilicé y decidió contarme el cuento completo.
Me enseñó las calles, a la gente y la ideología que tenían todos ellos. Además me explicó que los chips lo que hacían además de “protegernos” era mantenernos sumisos para no rebelarnos y ellos encontraron un modo de evitar eso.

En ese momento lo vi claro y comprendí porque Mark había decidido cambiar de bando. Y de este mismo modo yo también lo hice y me uní a la causa aunque eso significase estar en contra de mi familia.
Ocupé su puesto para un plan que llevaban organizando desde semanas atrás. Arruinar el despegue de la primera tripulación que viviría en Phobos.

El día llegó y todos estábamos bastante nerviosos, pero lo hicimos igual.
El plan era ir allí, quedarnos con nuestra familia hasta que empezara a hablar el caudillo, y en ese momento excusarse al baño. Pero cuando nos escapamos mi padre nos descubrió. La cara que se le quedó fue una mezcla de decepción y horror, pero parecía como si ya lo supiera de antemano.

-No me puedo creer que lo que sospechaba estos meses atrás fuera cierto.
Sabía que pasar tanto tiempo con ese chico, Mark, no era bueno para ti. Si hasta te ha comido la cabeza con sus ideas de rojo.-

-¡Qué estás diciendo papá! A mí nadie me ha obligado a hacer nada de esto.
Es más yo mismo lo he decidido.-

-Pero, ¿cómo es posible si te hemos dado la mejor educación posible? - mi padre seguía sin creérselo por mucho que se lo repitiera una y otra vez.
Mientras tanto, se empezaron a oír los gritos de mis compañeros en la calle. Yo empecé a correr fuera del edificio, pero me cogió del brazo y me dijo.

-Te juro que como salgas ahora mismo con ellos no voy a hacer nada para salvarte el culo.-
Después de que mi padre dijera eso me solté de su agarre, le miré a los ojos y empecé a caminar a la salida para unirme con los demás.

-¡Libertad, democracia! ¡Libertad, democracia! ¡Libertad, democracia!- Ese fue el último día de mi vida que me sentí vivo y supe que tenía que seguir la lucha que comenzó un 20 de diciembre de 1973.
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