Después de la muerte

No quiero seguir viviendo, sintiéndome como una persona controlada por su cerebro, quiero volver a ser yo. Quiero volver a reír, a llorar y a amar, no quiero seguir sintiéndome como un robot. Ahora ya entiendo a aquellos robots de las películas de ciencia ficción, no pueden reír, no pueden llorar y lo peor de todo no pueden amar. Solo están ahí para servir a los demás, para hacerles la vida más fácil a los humanos, para que ellos puedan disfrutar mientras los robots hacen todo por ellos sin nada a cambio. Para que entendáis de lo que estoy hablando, será mejor que recapitulemos.
Yo soy Mario, tengo 20 años y estoy estudiando enfermería, bueno, o al menos eso intento. Si os soy sincero, no es que me esfuerce mucho por sacarme la carrera, más bien me paso la vida viajando y de fiesta, es lo único que se que se me da bien. Una mañana estaba en la universidad cuando me llegó un mensaje de mi amigo Iker, invitándome a su villa en Ibiza ese mismo fin de semana, así que al salir de la universidad me fui a casa lo más rápido que pude para comprar un billete de avión para ir a Ibiza. Una vez compré el billete, me preparé la maleta para salir a la mañana siguiente para el aeropuerto. Cuando llegué allí, Iker estaba esperándome para llevarme hasta su villa. Llegamos y me enseñó mi dormitorio y el resto de la casa, bueno “casa”, aquello parecía una mansión de lo grande que era. Tenía de todo; tenía una piscina, cinco dormitorios, un comedor enorme, una cocina con una isleta, una sala de cine, tres baños y lo más impresionante de la casa, una sala de juegos.
Esa misma noche, nos fuimos al centro de Ibiza, donde estaba el puerto con unos barcos enormes, aquello era impresionante. Una vez allí, decidimos acercarnos a una discoteca que había cerca, ya que Iker me dijo que iban a estar unos amigos suyos que me quería presentar. Así que fuimos a la discoteca donde estaban y me los presento, la verdad que todos fueron muy majos conmigo. Tomamos unas cuantas copas y también nos dieron a probar otras cosas, en resumen, cuando salimos de allí, estábamos cruzando y me atropelló un taxi. Quedé totalmente inconsciente y llamaron a la ambulancia lo antes posible, pero cuando llegué al hospital morí por unas horas, o eso me dijeron.
Me implantaron un cerebro artificial controlado por un mini robot, por lo tanto, cuando desperté de mi operación, no recordaba nada de lo ocurrido. Dijeron que tenía que ser paciente, que tenía que esperar a que se terminara de instalar en mi nuevo cerebro todos mis recuerdos. Cuando me dijeron aquello, quería llorar, pero no pude, era como si ya no tuviera ningún sentimiento, como si ya no fuera un humano y me hubieran convertido en un robot.
Llevo más de un año con mi nuevo cerebro y no me acostumbro a él. No puedo llorar, nada ni nadie me hacer reír y no puedo amar a nadie, no siento nada, tengo un vacío enorme y no se como volver a ser yo. Él es el que me controla a mi no yo a él, y según el doctor, tendría que haberme acostumbrado hace ya medio año. No quiero seguir viviendo, sintiéndome como una persona controlada por su cerebro, quiero volver a ser yo. Quiero volver a reír, a llorar y a amar, no quiero seguir sintiéndome como un robot. Ahora ya entiendo a aquellos robots de las películas de ciencia ficción, no pueden reír, no pueden llorar y lo peor de todo no pueden amar. Solo están ahí para servir a los demás, para hacerles la vida más fácil a los humanos, para que ellos puedan disfrutar mientras los robots hacen todo por ellos sin nada a cambio.
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