Entre tú y yo...¡Vaya si hay química!

Recuerdo aquella historia de una joven que pensaba que lo inalcanzable era imposible, no sabré los detalles con certidumbre, pero la intentaré contar para vosotros. En la ciudad de Nometal- City se vivió la más peculiar de las historias de amor, pero para que una historia tenga sentido hay que empezar por el principio.
En la calle 3-17 vivió la familia Cloro. Eran una familia normal, la señora Cloro, Clarinda, fanática del orden, el señor Cloro, Claudio, gerente en la fábrica de productos de limpieza y su hija, Chlorine, que la llamaban Clair, alumna del Instituto Nometal-Learning. Nunca desobedecía a sus padres, se levantaba temprano y se tomaba su rutinario desayuno de bocadillo rico en azufre acompañado de un delicioso zumo de argón. Clair era muy puntual y siempre llegaba a las 100 oC, además, siempre quería llegar temprano por alguien. Sodium, o Som, hijo de la familia Carbonato de Sodio.
Desde los ocho y cuarto de años a Clair siempre le ha magnetizado Som, pero sus familias se llevaban como el agua y el aceite, o sea, ellos eran técnicamente incompatibles.
Un día común Clair llegó temprano al instituto, entró a la clase de Historia de la Evolución Química, y se sentó en su asiento. La clase se fue llenando, pero ella solo prestaba atención a una persona, la cual no había llegado. Terminó la clase, recogió sus cosas y se fue a su siguiente asignatura, Educación Química, Clair la odiaba pues decía que un día de estos se iba a romper el único enlace que tenía, pero su consuelo era que Som siempre acudía a esa clase. Durante esta, el entrenador decidió que jugaran al Quemado, así que se dividieron por grupos, metales y no- metales y como siempre a Clair le tocó en el grupo de los no-metales, mientras que a Som le tocaba con los metales. Cuando el juego estaba llegando a su fin, Som tomó la pelota y la lanzó hacia Clair tan rápido que parecía sobrepasar los límites del MRUA, pero Clair logró atrapar la pelota, donde más tarde impactaría en la cara de Som, haciendo que Som se sobara la nariz, al verla este le dijo.
- Creo que deberías llevar un cartel de peligro, Chlorine.
El resto del día pasó bastante rápido y cuando terminaron las clases Clair salió del instituto para esperar a que la recogieran, pero para su mala suerte entre los tres metros de distancia que había entre el coche y ella, estaba Som. Avergonzada de antes quiso pasar desapercibida, pero los ojos de Som la atraparon y por largos segundos mantuvieron la mirada de las que corrientes electromagnéticas parecían irradiar.
El resto de la tarde la pasó como si en una columna de aire se encontrara, pues la presión y los nervios que tenía de lo sucedido en el instituto no se los podía quitar de encima así que decidió salir al parque. Clair estuvo admirando los bonitos árboles de Fluor ya que durante esa época del año irradiaban un verde pálido precioso, además de que se comió su helado favorito, uno de O2 y H2O con doce virutas de Carbono, veintidós de Hidrógeno y once pepitas de Oxígeno. Más tarde decidió sentarse en un banco a descansar, pero el sueño le pudo y sin notarlo se durmió. Cuando despertó, en vez de encontrarse a un cielo nitrogeado encontró un par de esferas verdes mirándola como ya se habían mirado antes, con una intensidad y magnetismo que podrían haber provocado descargas eléctricas a cualquiera a un radio de un metro. Ambos parecían haber sido rociados por nitrógeno líquido, estáticos e inmóviles y con una mirada peculiar, entonces fue que los labios de Som se movieron para decir.
- No sé tú, pero creo que entre tú y yo...¡Si que hay química!
Y fue desde entonces que estos dos jóvenes empezaron su tan peculiar historia de amor. Desde entonces solo se sabe que juntos fundaron un pequeño pueblo al que llamaron Covalent City, donde todo tipo de familias convivían en paz. Las familias de Clair y Som hicieron las pases y ahora hacen comidas familiares todos los findes de semana, así que creo que la cosa no nos salió tan mal como esperaba, Som decía que nunca se llevarían bien pero yo nunca lo dudé. Ahora vivimos en nuestra propia casa, junto a un niño de 2 años y tres cuartos que nos está dejando agotados, pero ya nos lo habían advertido que los Cloros con los Carbonato de Sodio no suelen ser los más acertados, pero no cambiaría para nada mi familia, así que chicos, no olvidéis que todo lo inalcanzable es posible y que todo lo imposible es alcanzable, miradme a mí, quién iba a decir que entre él y yo....¡Vaya si hay química!
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