Alice

- ¡Ya lo he acabado! - exclamó Bastian tras haber terminado de colocar los últimos preparativos de su gran obra. Ante él, el proyecto en el que había estado trabajando los últimos cinco años, una robot de apariencia plenamente humana, con una melena corta oscura, una piel broceada con leves toques metálicos, una pequeña nariz y unos ojos cerrados con unas largas pestañas a la que había llamado “Alice”, por fin había sido terminado.

- ¡Es increíble! - exclamó a su vez su mujer y compañera de proyecto Sandra – Vamos a encenderla ya.

Tras meter unos códigos en su ordenador, la robot abrió los ojos, que desprendieron una leve chispa que se apagó al instante.

Sandra y Bastian la metieron en el coche y la llevaron hasta el hospital con el que tenían el contrato. Una vez allí, la cargaron hasta la sala de reuniones donde un gran grupo de médicos los estaban esperando.
- Esta es Alice – comenzó explicando Bastian – ella tiene implantado un archivo de conocimientos médicos, lo que le permitirá daros todos los detalles de cualquier pregunta que tengáis y que puede realizar un escaner del paciente y transmitiros todos los datos al momento.

- Es decir, como un ordenador – dijo con el ceño fruncido un médico sentado al fondo.

- Exactamente – prosiguió con la presentación Sandra – salvo por un detalle, lo que hace especial a Alice es que a diferencia de un ordenador cualquiera, ella observa tareas (u operaciones en este caso) , las cataloga en su archivo, y tiempo más tarde, si se le ordena, puede replicarlas.

- ¿Y cómo sabemos que eso es verdad? Que de verdad puede hacer lo que ustedes nos dicen – preguntó a la vez que se levantaba el médico del fondo.

- Podemos realizar una pequeña demostración ahora si queréis. - comenzó diciendo Bastian con una sonrisa - Alice ha estado encendida y observando durante toda la exposición, ahora, si miramos en el archivo de memoria desde mi tablet, podemos observar que hay un archivo en el que pone “beber taza de café”… ¿Alguien ha bebido café durante la exposición? - pregunta mientras observa a los presentes -

Un médico levanta la mano, y Bastian aprieta el botón del archivo. Alice se levanta despacio y se dirige caminando hasta el asiento del médico, que aún está con la mano levantada, agarra la taza de café y comienza a beber de ella a sorbos.

Un murmullo se extiende por la sala, mientras todos los presentes la miran. El médico de la taza pone una cara de asombro mayor que el resto, ya que la robot no solo está bebiendo de la taza, si no que con los exactos movimientos que que él había realizado antes.


Ya finalizada la exposición, firman el contrato en el que se dictamina que durante un año, Alice estará todas las mañanas en el hospital observando las operaciones y aportando sus cualidades de ordenador andante, mientras que por las tardes estaría descansando y asimilando todo lo aprendido en la casa de Sandra y Bastian.

Alice pues, empezó al siguiente día, siguiendo a los médicos, dictaminando veredictos, realizando análisis, observando operaciones, … En unos meses ya fue capaz ella sola de realizar operaciones sencillas, siempre con supervisión, que llevaba a cabo a la perfección. Los médicos se fiaban ciegamente de los diagnósticos que ella decretaba y seguían los consejos que ella aportaba. Por las tardes, Sandra y Bastian la dejaban sentada en el sofá para que descansase y revisase sus archivos.

Era un gran avance. El hospital quería ampliar el trato para que Alice permaneciese más tiempo en el centro y les ofreciese su ayuda y sus conocimientos.

Pero Bastian y Sandra a pesar de ser unos brillantes científicos, se olvidaron de algo. Nunca apagaron a Alice. Ella pudo observar sus rutinas por las tardes, sus movimientos, escuchar sus ideas y opiniones, y poco a poco fue desarrollando una mentalidad y una autonomía propias, y las ganas de vivir su propia vida.

Por tanto una mañana, ellos al bajar al salón, se encontraron con el sofá vacío. Alice se había marchado, camuflándose entre la gente, observando y experimentando.
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