Los niños que cambiaron la sociedad

LOS NIÑOS QUE CAMBIARON LA SOCIEDAD
Hola, me llamo Candela y esta es mi historia.
Nací en Valladolid en 2008. De pequeña me encantaba estar al aire libre, jugar con mis amigos... lo que normalmente hacen los niños pequeños. Crecí, y cada vez empecé a darme cuenta de todos los problemas del medio ambiente. Esto me produjo muchísima intriga y empecé a investigar.
Al principio, no se hablaba ni se sabía mucho de estos problemas, pero según pasaba el tiempo, este tema se hacía cada vez más conocido: salía en periódicos, en el telediario... Aun saliendo en casi todos los medios de comunicación, había mucha gente que no les prestaba nada de atención y no estaba concienciada con lo que estos problemas podían producir.
En el verano de 2019, mis padres me apuntaron a un campamento, y ahí fue donde descubrí que eran la mayoría de los adultos y de los ancianos los que no eran responsables con sus acciones. En el campamento empecé a hablar en los tiempos libres con un grupo de niños, empezamos cuatro, pero cada día se unía más y más gente, seis, diez, quince…hasta que en el sexto día del campamento casi todos los niños pasábamos los tiempos libres hablando de mi mayor preocupación, la degradación del medio.
Tras unos días hablando de esto, decidimos actuar. Lo primero que hicimos fue hablar con los monitores sobre nuestra idea, para concienciarlos, y para que ellos, personas adultas, a las que se escucha mucho más, nos ayudaran.
Los monitores, estuvieron encantados de ayudarnos, y como estábamos todos de acuerdo, tanto monitores como niños, el campamento cambió de ser actividades y deportes al aire libre a dedicarnos a concienciar a los mayores del cambio climático.
Los primero días, solo íbamos de una casa a otra del pueblo, pegando carteles que previamente habíamos hecho nosotros mismos y hablando a los adultos. También empezamos a regar con los restos de agua de la comida, ducharnos sin tardar mucho tiempo para gastar menos agua, en las excursiones del campamento intentábamos ir andando, en bici en vez de en autobús… Los monitores vieron que estábamos muy animados y decidieron darnos una sorpresa: ¡nos llevaron a la radio a hace un anuncio!
Todos estábamos súper emocionados con lo del anuncio y ninguno pudimos dormir la noche anterior, para entretenernos pasamos toda la noche hablando de otras acciones, que podíamos hacer cuando el campamento se acabara. A una niña se le ocurrió una idea; cuando volviéramos al colegio, todos hablaríamos con nuestros profesores y compañeros para que nuestra idea llegara a más gente.
A mí, se me ocurrió pedir a todos los niños un número de teléfono, bien el suyo propio o bien de sus padres, para que cuando estuviéramos en el colegio pudiéramos seguir en contacto y hablar sobre la evolución de la propagación de buenas prácticas para salvar el medio ambiente.
El anuncio de la radio fue todo un éxito, nos lo pasamos genial, y el resultado final, fue muchísimo mejor de lo que nadie se podía imaginar. El anuncio era muy simple, pero pegadizo: “¡Tú y yo, podemos hacerlo!”
Tras la vuelta a casa del campamento, lo primero que hice, fue crear con los teléfonos de los niños o sus padres un grupo para estar todos en contacto.
Pasó lo que quedaba de verano, y me empecé a dar cuenta que por la calle en la ciudad, mucha gente había cambiado mucho sus hábitos; no había tantos coches, la gente tiraba los residuos a su contenedor… y lo que más me sorprendió era que había bastante gente que hablaba de un anuncio de unos niños en a radio. ¡Esos éramos nosotros!
Llegó septiembre y con él, el inicio de las clases y el momento en el que iba a hablar con mis compañeros y profesores para actuar. Como en todo, había gente que estaba a favor de ayudarnos, pero también había gente en contra. Tras un mes de colegio conseguí convencer a todos de reciclar el papel. ¡Y el director había conseguido contenedores amarillos!
Los demás niños también lo habían conseguido, y según pasaba el año, más se hablaba del grupo de niños que cambiaron la sociedad y menos de los problemas, porque éstos se habían reducido significativamente.
Llegó mayo y les dije a mis padres si podían apuntarme al campamento donde todo empezó, y ellos me dijeron que sí, pero que el campamento había cambiado de actividades, ahora se dedicaban a las buenas prácticas y a concienciar del cambio climático.
Hoy, tengo treinta años, y soy la directora del campamento donde hace unos años un grupo de niños cambió el punto de vista de la sociedad y el rumbo del planeta.
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