Por todos y por mi, o eso creo.

Invierno de 2977. Camino al campo de ejecución.
La semana pasada se me detalló que tenía que proceder a ir al emplazamiento 13 de la provincia de Navik al sur de la capital. Se preguntarán por qué razón están leyendo este relato. Empecemos… En estos momentos le estoy hablando a mi coche con la grabadora y transcriptora de voz a papel, encendida. Su funcionamiento es fácil: únicamente tiene que hablar y, al terminar, presionas el botón verde y se reproduce todo a papel. Así pues, les explicaré la razón de mi estado actual.

Hace tres semanas me rompí el fémur y, por ende, soy inútil para mi labor puesto que trabajo en una fábrica de metalurgia. Realmente no comprendo el por qué de mi ejecución ya que pueden curarme con esos nuevos nanobots hechos en el sur de Europa de los que tanto hablan. Disculpen, no recuerdo haberme presentado, mi nombre es Alexander H. J y mi codigo de residente es el 11390790. Para poder dejar constancia de mi existencia en este mundo, explicaré mi vida desde que fuí creado hasta ahora.

Yo, al igual que otros conciudadanos, fui engendrado en los laboratorios de Fiurkel, una pequeña provincia de Azur, donde hay un asentamiento científico de clonación. Según lo que me explicaron de pequeño, mis supuestos padres eran criminales condenados a muerte opinar de formas extremadamente opuestas a nuestro magnífico estado.

Recuerdo que de niño, fui criado en Kletka dlya, lugar en el que fuimos educados en diferentes ámbitos del saber. Teníamos muchas asignaturas: matemáticas,física,lengua,conocimiento civil e historia de la nación. Nosotros éramos atendidos por unas afables personas: los vospitateli. Conservo buenas memorias de aquella época. Recuerdo que las clases las hacíamos en unas antiguas pizarras semiolograficas que siempre se estropeaban en el peor momento.

Cuando cumplí dieciséis años me llevaron a mi y a mis compañeros a una ciudad muy grande (tampoco es que hubiéramos visitado ninguna otra), la capital del país. Llegamos a una gran torre en la que nos pusieron delante de una gran màquina. Allí sucedería la parte más importante de nuestras vidas. Se nos asignó un trabajo, uno que no podríamos cambiar nunca y era aleatorio. A mi me tocó como transportador de metales en una empresa estatal metalúrgica, que por suerte, me gustó.
Una vez finalizado el proceso de asignación, me marcó un láser el código 11390790 y en la frente se me puso otro símbolo extraño que asemejan ser tres dígitos sin aparente sentido .

Al día siguiente fui a trabajar y, si os soy sincero, en este lugar nunca ha habido paro, todo el mundo trabaja (por obligación) y, de no hacerlo, pueden ser multados. Os preguntaréis por qué hay tanta oferta de empleo, y es, principalmente, por la escasez de mano de obra (la población muere de hambre).

Continuando con la historia y, dejando de lado esta curiosidad de mi amada nación, el supervisor me enseñó una extraña máquina que servía para transportar grandes cantidades de metales, lo más singular era que el mecanismo de funcionamiento se accionaba utilizando las piernas como si fuesen unos pedales, que hacía que la corriente eléctrica pasase al motor y de este a las turbina magnéticas. Esto hacía que se elevase a través de unos impulsos magnéticos negativos que producía la separación del suelo y fuese hacia delante hasta llegar a su destino.

Hablando de destino, creo que estoy ya a pocos kilómetros del emplazamiento número 13, donde seré fusilado y mi ADN será utilizado para crear personas y mis órganos intactos serán empleados para el bien de los demás. Esto me recuerda a Alexey, un antiguo amigo mío que se lo llevaron también a este establecimiento por tener unas ideas radicalmente contrarias, hablaba de una ideología totalmente diferente a la del estado, decía que después de la muerte había vida y que este gobierno había quemado un gran grupo de estructuras antiguas que se dice que siguen existiendo fuera de la madre patria. Era algo muy extraño, pero en sus palabras notaba que lo que decía era algo totalmente cierto pero él, a los pocos días, se lo llevaron y lo fusilaron. Nos dijeron que era por su propio bien y el de los demás, pero nada bueno nos pasó a nosotros y menos a él, que murió. Ahora que recuerdo moriré de forma muy irónica, fusilado igual que mis supuestos padres y obligado a dar mi información genética para hacer un bucle infinito de vida y muerte.

Bueno pues, creo que ya he llegado, veo la bandera roja.
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