La historia de una incursión

Aterricé con un golpe sordo. El cercanías ya había puesto pies en polvorosa, dejándonos en aquel tren urbano. Miré a la brigada que se recomponía todavía del esfuerzo del salto.
- ¿Y el novato? - preguntó el capitán.
Un sutil gesto de cabeza por parte de Cuarentaycuatro confirmó mis sospechas, no había logrado saltar a tiempo.

Solo veía luces rojas. Un sonido estremecedor. El vagón a oscuras. Un silencio inquietante.
“Eb! Ahora o nunca”-me reprendió aquella voz molesta. Viéndolo con otra perspectiva tengo que admitiros que posiblemente en ese momento fue mi salvación.
Mis piernas se pusieron en marcha y arremetí contra el vagón del conductor, seguida por todos los pasajeros. En un instante me vi sumergida en una marea de extraños que iban en dirección contraria, hacia nosotros.
Mi mirada chocó con unos ojos grises tormenta, impasibles. “Céntrat..”. Bueno, seamos sinceros, ni ella me podría haber ayudado. Me sumergí en una superficie gelatinosa que rodeaba a una chica de pelo oscuro. El último recuerdo que conservo antes de caer en el estado de inconsciencia, la ironía reflejada en sus ojos grises.

Cogí la toalla que me ofrecía el capitán, una mirada de preocupación asomaba en sus ojos.
-Ocho, dime qué ha pasado allí fuera.
-No lo sé- solté un suspiro, no obstante, aquella mirada despiadada acaparaba mis pensamientos completamente.
-Chico, eres un pilar esencial en la brigada no te puedes permitir errores.
-No volverá a pasar - aseguré con voz monótona.

Aire fresco me rozaba la cara y mi cuerpo se hallaba cómodamente reposado en una superficie mullida. “¡ESPABILA!” Ya estaba tardando en aparecer. Resoplé y abrí los ojos. Me encontraba en un socavón dentro de un jardín rodeado por una tapia, 5 metros de alto mínimo. En el centro había una modesta casa con unos ventanales enormes. Escondida detrás de uno de ellos me observaba la misma chica de pelo oscuro. Una expresión de curiosidad adornaba su rostro. Me sentía incómoda bajo su escrutinio, mas la voz hizo otra vez acto de presencia. “No la asustes”. Dibujé mi sonrisa más convincente y le saludé. Rápidamente una sonrisa sincera se dibujó en sus facciones.

Después de una larga plática, conseguí reunir la suficiente información que se resumía en unas cortas frases: Era una célula dendrítica. El escudo con el que me había chocado era su membrana que inmediatamente le había transportado al jardín y, después, al socavón que ella denominaba fagosoma. Mis horas estaban contadas. Me sumí en una desesperación total, y por una vez su presencia no fue mal recibida “Tranquila, solo tienes que salir de aquí y entrar en la casa, el resto ya sabes cómo hacerlo. ENCANDILALA.”
- ¿Perdona, me puedes traer un manta? Aquí hace frío- Crucé los dedos rezando para que funcionara.

Me tiró una manta desde la ventana, nada más cogerla, hice un nudo en ella y la enganché a una rama que colgaba cerca del socavón. Trepé, corrí hacia la puerta y arremetí contra ella. Entré en una cocina donde había una cuerda rodeando toda la pared de la cocina, rápidamente saqué una cadena que tenía en el bolso y la metí en una bolsa. Cuando volví a echar un vistazo había una cuerda en su lugar la saqué y coloqué entre dos que había cortado.

El vagón de nuestro tren rápidamente se iluminó de rojo, indicando una emergencia. El capitán vino corriendo.
-Tenemos un antígeno en el distrito pectoral, ya ha infectado a la célula.

Me acerqué al salón, por la chimenea salían unas piernas.
-Estoy de vueeltaa- Gritó nada más salir, en su pálida cara se reflejaba su regocijo- Menos mal, esa cabecita tuya me estaba volviendo loca.
-Que respiro- suspiré- ahora ya voy a tener un poco de paz mental.
- ¿Y los demás?
-Están saliendo, mira ahí viene el siguiente.

El metro nos dejó enfrente de la célula, estábamos a punto de saltar cunado hubo un estallido y la célula reventó, dejando a alrededor de diez personas que corrían hacia las células más cercanas. En un abrir y cerrar de ojos estaba todo desierto.
-Es peor de lo que pensaba.
-Lo sé- el capitán parecía estar agotado- Treinta, Cincuentaysiete y Ocho acercaros a esa célula. Ocho confío en ti.
-Vamos
Saltamos y nos sumergimos en el interior de la célula, donde la misma chica del frente estaba arremetiendo contra la puerta. Se giró y se quedó quieta del asombro al reconocerme mas yo saqué mi arma y apreté el gatillo sin más dilación.

Eb había muerto, bueno siempre había sido muy lenta cuando la situación era drástica, seamos sinceros yo la había salvado cada una de las veces. Ahora solo estaba yo.

-Capitán, han escapado.
-Nosotros hemos matado a uno- Comuniqué orgulloso.
-Ahora ya no importa, los demás han escapado. Tenemos las horas contadas.

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