EL CANTO DE LAS BALLENAS

Aún no se podían apreciar los primeros rayos de sol, y el canto de las ballenas me despertó.
Estamos en época de migración, las ballenas yubartas vienen buscando aguas tropicales, donde reproducirse y dar a luz a sus crías, eso quiere decir que nos encontramos en época de invierno.
Tenemos la suerte de que no suelen acercarse a las cittubles, (puesto que sino, las destruirían con su prominente aleta caudal; sin olvidar las pectorales, que llegan a medir 5 metros), ya que estas se encuentran en la región oceánica, lejos de donde normalmente nos encontramos. Aún así, su canto es inconfundible, hasta a 32 kilómetros de distancia conmueve.

Una vez, Elora, nos contó cómo hace milenios, en los tiempos en los que el sol tostaba las pieles y los hombres conocían las sequías; los hombres salían de estaciones llamadas puertos, en barcos de madera y vela para cazar con afilados palos asesinos, llamados arpones, grandes cetáceos y así poder alimentar a la gente e iluminar sus ciudades. Suena extraño la verdad, yo tampoco lo entendí bien la primera vez. Pero resulta, que con la grasa de estos gigantescos del océano sacaban un aceite que prendía con fuego. Ya lo sé, parece que me estoy inventando un sinfín de palabras, pues no. El fuego era la principal manera de obtener calor, hay que tener en cuenta que la vida ha cambiado mucho.

A veces, cuando me despierto intento pensar lo que sería vivir sobre la corteza continental. En el “Centro de adiestramiento y estudios” estudiamos que desde ahí se veía el cielo, y las estrellas, como el sol, que incluso tenían depresiones y altos, como las fosas o los guyots. Que ahí, corrían brisas de aire, que las luces boreales teñían la oscuridad de las noches, que incluso a veces caía agua del cielo, agua acumulada en grandes reservas flotantes de agua, pero no líquida, sino evaporada, nubes, así las llamaban y cuando hacía mucho mucho frío, podían ser bolitas de hielo o estructuras congeladas… la superficie debía de ser una maravilla. Tenían hasta animales, increíbles y de todos los tamaños, formas y a demás se desplazaban de maneras muy curiosas, es más, cuando nos llevaron a visitar el “Gran almacén” nos enseñaron los archivos y nos dejaron investigar por nuestra cuenta, ¡y qué delicia!
Los grandes avances a lo largo de los siglos son admirables y verdaderamente extraordinarios, pero nada que ver con la maravilla de la biología. Aves e insectos voladores, mamíferos con extremidades, reptiles que se arrastraban por el suelo, plumas, pelo, escamas de brillos metálicos al brillar el sol, festivales de diversidad en todos los sentidos para todos los sentidos… Sin embargo, lo más impresionante debían de ser los árboles, las flores, las frutas. ¿Qué habrá sido de ese radiante paraíso?

Al principio, el mar, los océanos constituían más de dos tercios de nuestro planeta, y su volumen era quince veces superior al de las tierras emergidas. No obstante, el cambio es constante e inevitable, para bien o para mal, y las grandes pandemias, el egoísmo y el bien propio descuidando al resto de coexistentes, la contaminación, la desertificación, la irresponsabilidad de muchos hombres… acabó con el primer día de la era “水” (Shuǐ). Cuando se dieron cuenta de que el agua invadía ciudades, que la Tierra no iba a ser habitable en un tiempo próximo… entonces, fue cuando los científicos, las empresas, los diseñadores, la tecnología, los gobernantes y los civiles… todo aquello que el hombre había creado se puso mano con mano, para salvar a la humanidad.
Múltiples hipótesis empezaron a surgir, ¿dónde se podría vivir? Existían antiguas teorías que planteaban la posibilidad de vivir bajo tierra. Grandes suburbios iluminados con luz artificial con dificultades para encontrar agua potable y de conseguir alimentos. Había algunos, descabellados, y cegados por la ilusión de la evolución y tecnología, que veían y aseguraban que la mejor posibilidad de supervivencia para la humanidad era trasladar la vida terrestre a una vida interestelar, no me lo puedo ni imaginar, ¡hay cada insensato! Poco a poco, las ideas se fueron descartando, siempre acababa apareciendo un inconveniente…
De este modo, surgieron las cittubles, los submarinos de uso simple, los trajes de nitrógeno, las casas de humedad-aislamiento con movimientos hidráulico, la electricidad waterproof, los dispositivos branquias... así, el hombre pasó de ser un ser terrestre a un habitante del medio acuático.

Desde entonces hemos aprendido de los animales y gracias a ellos, hemos adaptado y desarrollado métodos de supervivencia y adaptación a este medio. Mi madre es una IID (Ingeniera de Inspiración y Desarrollo), en general, a esto se dedica; crea y diseña nuevos instrumentos que nos pueden ayudar a llevar una vida más cómoda y similar a la que nuestros antepasados llevaron en los hábitats secos. Inspirándonos en las cualidades que encontramos en los animales y también, gracias a las propiedades que hacen del agua una sustancia única y vital para la vida; las aprovechamos al máximo para vivir.

Vuelvo a oír el maravilloso canto de los cetáceos. El color de las medusas, la diversidad de los peces, y los secretos que nos quedan por descubrir, hacen de esta parte del “Planeta azul” un paraíso digno de conservar, un hogar del que estoy orgullosa de pertenecer.
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