Res-π-rar

RES-π-RAR

Estoy nervioso. No me gusta que haya tanta gente. Pero Amanda, la persona a quien oí decir por primera vez la palabra autismo, dice que todo estará bien. Que lea el papel, que ya he demostrado quién soy. Que camine con “paso firme”, que debo estar orgulloso de mí. Me acerco al micrófono, veo las luces, me agobio, pero pienso en π y se me pasa. Sujeto mi diario fuerte y me tiembla la mano. Me planto delante de todos y respiro.
Respiro. Y empiezo:
–Voy a contar una historia que comenzó con el diario que mamá me regaló:

Hola diario, me llamo Ian Byrne Wilson, mi cumpleaños es el 14 de marzo. Tengo 14 años, vivo en el 314 de la avenida Broadway, Galveston, Texas, cerca de la NASA. Hoy es 26 de junio. Mamá dice que es bueno que escriba los problemas matemáticos que veo en las ruedas de las bicis, en las tuberías que transportan los camiones… Me encantan las mates porque todo son mates. Donde mire hay mates: aquí, en la música, en las plantas, en todas partes... Mamá dice que escribirte me ayuda a relajarme.
El número π es mi favorito. Me ayuda a concentrarme. Me sé sus primeros 456 decimales. Es “chulo”. Empieza 3,14159265358979323846 y mucho más. Quiero memorizar más. Es perfecto. Lo engloba todo: mi fecha de cumpleaños, el número de la tarjeta de crédito de mamá, su contraseña… todo. Es un número irracional, y su día es el 14 de marzo por el cumpleaños de Albert Einstein. Yo nací el día del número π , el mismo día que Einstein. Mamá dice que eso “mola”, y también dice que soy un chico súper listo, que voy a ser “uno de los mejores científicos de nuestro tiempo”.
π es el mejor. El día que lo conocí fui corriendo a mi habitación a dibujarlo, tiene una forma muy “chula”. Me gusta por eso, y también porque me ayuda a respirar. Cuando voy por la calle, mire donde mire veo números y los busco entre los decimales de π. Y ya no existe nada más, ya puedo respirar y ser yo, ya no noto que los demás me miren.
A mi psicólogo le parece bien que utilice a π como mi aliado, que estoy haciendo progresos. Mamá dice que eso es bueno, aunque no entiendo muy bien las emociones humanas, solo entiendo al número π. Mamá me dibuja una carita sonriente cuando me ve resolver problemas, porque las mates me hacen feliz. Y la gente, cuando está feliz, sonríe. Yo creo que π me hace feliz, muy feliz. A papá no le gusta que lo use porque me obsesiono, pero mamá le contesta que es mi refugio. Luego hablan alto, mi hermano dice que se pelean. Creen que no me doy cuenta, pero sé que es por mí, aunque mamá dice que todo está bien.
El número π tiene una historia curiosa, que algún día contaré.
Mamá dice que papá y ella están bien, que ya no se pelean tanto. Se preocupan por mí y quieren que esté feliz. A mí el número π me hace feliz. Y a ellos les hace feliz que yo esté feliz.
Ellos creen que conseguiré todo lo que me proponga, creen que soy alguien “grande”, alguien que “merece la pena conocer”. Y dicen también que tenga claro que me quieren, que me apoyan y que están orgullosos de mí. Y eso “mola.”

Creo que este fragmento de mi diario os cuenta mejor que yo quién soy. Siempre se me han dado mal las emociones, entender lo que había detrás de las palabras y comprender lo que me rodeaba. Me llamaban raro y extraño y eso no parecía algo bueno. Pero mamá me decía: “No eres raro, eres extraordinario”. Hoy lo sé: soy diferente y no es malo. Hay más como yo, gente que piensa que no hay lugar para ella. Pero no siempre es así. A veces algo te hace ser tú mismo, en mi caso el número π y las mates. Ellos me marcaron el camino para resolver la conjetura de Hodge.
Ahora que se me da mejor la vida real y conozco lo que hay detrás de algunas palabras, acabo la historia dando las gracias a mi familia y a aquellos para quienes ser diferente y raro también es ser extraordinario.
Doy un paso atrás. Oigo aplausos a lo lejos y a mi sangre sonar como un tambor en los oídos. Una señora se acerca y me pone una medalla, que creo que se llama “Medalla Fields”. Me agarro las manos y pienso “esto mola”.
“Estoy feliz”.
“Estoy feliz de ser yo mismo”.
“Porque soy Ian y me gustan las mates”.
“Me gusta el número π”.
Y respiro.
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