Esteban y las Olimpiadas

-Y allí se encontraba él, en las olimpiadas de Río, en la carrera de los 400 metros. A su lado podía observar a personas que le sacaban desde dos cabezas, hasta 25 kg más de masa muscular. Y entre todas esas mentes corredoras, se encontraba Esteban, un señor más parecido a un científico que a otra cosa, pero que le salvaba un físico capaz de terminar la carrera, aunque no mejor que cualquiera otro de los que estaba allí. De hecho, cualquiera podía decir que era un fan infiltrado para pedir un autógrafo. La carrera iba a empezar, Esteban, en su puesto, esperó los 1,5 segundos que sabía que tardarían en dar para el comienzo, y ni se paró a comprobar si de verdad habían dado el pitido inicial, él solo corría y corría. A los cien metros, efectivamente, estaba en el tiempo calculado, por detrás de algún corredor pero eso ya lo esperaba. A los doscientos iba en su tiempo justo, ya solo tenía que esperar a que el cansancio y el rozamiento hicieran de las suyas. Efectivamente, como Esteban había deducido, el primero empezó a aflojar el ritmo, cosa que le dejaba con una ventaja favorable para superarlo debido a la energía que no había transformado todavía y que tenía de reserva. Así fue que adelantó al primero y se encabezó. Todo estaba saliendo a la perfección y la gente flipaba del giro de acontecimientos que había ocurrido. Y finalmente, como Esteban había calculado, llegó a los 43 segundos justos, sin margen de error. ¡Había conseguido ser el primer medallista científico de las olimpiadas!
Unos meses antes, cuando le propusieron participar en campeonatos pre-olimpiadas para competir, no se imaginaba que la ciencia pudiese serle de tanta ayuda. Esteban llevaba mucho tiempo siendo profesor de ciencias y se le conocía mundialmente por sus cálculos relacionados con los deportes y como jugar de manera óptima. Pero nadie pensaba que llegaría tan lejos. Le dijeron que podría llevar sus cálculos a la vida real, siendo él mismo el conejillo de indias. Pues no se lo pensó dos veces y empezó a practicar una rutina ejemplar para poder llevar a cabo sus estudios sin dificultad. Después solo tenía que aplicar en el campo sus teorías. La primera era jugar con su propia capacidad, tenía que saber cómo optimizar su cuerpo, para ello, decidió llevar a cabo algunos procesos biológicos de reacciones químicas en su cuerpo para potenciar el uso de una molécula que mejora el aguante de la energía cinética. Después de esto, trabajaría en cómo serían las respuestas respiratorias en cada fase de la carrera, para saber cuándo adelantar y cuando esperar. Esteban también observo las respuestas cardiovasculares para determinar con cuanta energía quedarían después de haber realizado el calentamiento y cuando sería el máximo y el mínimo de la frecuencia cardiaca. Para terminar solo tendría que hacer unos pequeños cálculos sobre su propia energía cinética y cuanto debería tardar en llegar a cada punto clave de la pista. Claro que todo esto no lo explicaría en la rueda de prensa; “un señor gana las olimpiadas antes de llegar a la propia carrera” pensaría la gente. Así que solo respondió con la típica frase de, “gracias al entrenamiento diario y un poco de suerte”.
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