Esperanza en llamas

El fuego era símbolo de amor para Luz. Había decidido que su boda estaría decorada con fuego rojo intenso. A Margarita no le importaba la decoración y no objetó nada.
-¡Quedan pocos días! -gritó emocionada.
-Cállate Luz, estás desperdiciando los momentos que nos quedan juntas.
-Cuando vuelvas nos casaremos, o ¿prefieres casarte en el Kepler-186f? -preguntó a Margarita enfatizando el nombre del planeta extrasolar.
-Ya veremos. Puede que me pierda por el espacio y no encuentre la Tierra.
-Siempre tan cínica. No te preocupes que te guiaré a la Tierra, desprenderé luz roja desde mi corazón en llamas de amor.
-Quien dijo que una ingeniera se casaría con tal poeta como tú.
Margarita, la capitana del proyecto Kepler, iba a despegar hacia lo que esperaban que fuese la segunda Tierra. El cambio climático apenas permitía la vida humana. A ella le hervía la sangre solo de pensar que tenían que esperar a una situación tan extrema para recibir financiación. El proyecto se podía haber llevado a cabo décadas atrás, pero la burocracia fue demasiado lenta, parecía la construcción de la Sagrada Familia.

El día de marcharse llegó, se despidió de Luz con un beso y se dirigió a la nave Apolo 73, la cual alcanzaba casi la velocidad de la luz. Los tripulantes, Flora y Tim, estaban junto a ella preparados para despegar y la Agencia Espacial Europea dio la señal.

-Capitana, confirme plan de viaje.-Dijo Flora.
-Conduciremos hasta Kepler-186f. Una vez comprobado la habitabilidad pasaremos por la Estrella 314 para recargar energía solar y nos dirigiremos de vuelta a la Tierra.

Pasados ya miles de asteroides por la ventana, podían visualizar el exoplaneta. Después de muchos comandos, Flora y Tim consiguieron bajar y confirmar que era habitable. Con ayuda del seguimiento de la órbita consiguieron volver a la nave y comunicarle la buena noticia a Margarita.
-Ya tenemos todo preparado, es hora de volver a casa. -comentó entre lágrimas de felicidad-. Rumbo a la estrella 314.
Margarita no podía dejar de pensar en el momento de la vuelta, podría explicarle a Luz lo bonito que era Kepler-186f para que ellas y sus futuros hijos viviesen allí. La echaba mucho de menos, ahora estarían disfrutando de los paisajes de Barcelona.

Quedaban pocas horas para llegar a su parada y lograron ver la estrella 314, sin embargo, no estaba donde debería y en su lugar, un agujero negro masivo. La 314 estaba orbitándolo. Las lágrimas de felicidad se convirtieron en ansiedad. Margarita no se lo podía creer. Los cálculos eran erróneos. Tanta espera por los recursos económicos había causado la oxidación de éstos.

Mientras, Luz intentaba conseguir noticias sobre su prometida, pero cada vez le concedían menos información hasta que un día los operadores de la Agencia Espacial se escondieron detrás de la confidencialidad.
Había pasado ya mucho tiempo y el horizonte de eventos se aproximaba. La naturaleza humana y la situación de supervivencia en la que se encontraban despertaba sus caras más crueles.
-Llevamos días intentando buscar soluciones, estamos estancados en el espacio. No hay salida, ni tenemos suficiente combustible para sacarnos del agujero negro y volver. El tiempo en la Tierra sigue pasando. Si salimos ahora todos allí tendrán 11 años más, pero si seguimos esperando ya estarán todos muertos.-advirtió enfadado Tim.
-¿Y qué quieres?¿Te vas a rendir? Flora, ¿Has mirado los cálculos para gastar el combustible en direccionarse hacia la Tierra y viajar con la inercia?
-Sí, pero por mucho que hagamos eso no tendremos suficiente combustible como para hacer ningún cambio de dirección más.
-Cuando los hombres eran capitanes no pasaba esto.-Soltó Tim.
-¿Acaso estás en el siglo XXI? -exclamó Margarita.
Habían pasado días, la exasperación ya no cabía en la nave. Tenían que echar todo a una. No había tiempo para más esperanzas. Margarita dio la señal y gastaron todo el combustible para direccionar exactamente la nave Apolo 73 hacia la Tierra, cruzaron los dedos como si la apostasía de la suerte ya no importase.
El tiempo libre lo pasaban mirando la ventana con la esperanza que los asteroides pasarán más rápido y esa pesadilla terminase. Margarita pasaba el rato pensando en Luz y en la familia que quería crear con ella. Nunca hubiese podido imaginar que una persona tan dulce como Luz se hubiese enamorado de alguien tan sarcástica.

Llegaron al Sistema Solar contra todo pronóstico, pero toda la suerte que habían tenido en el viaje de vuelta era demasiado pedir. Todo lo que se veía era el Sol que ya era una gigante roja y se había tragado la Tierra. La dilatación del tiempo jugó en su contra. El agujero negro había manipulado sus cálculos temporales. Y entonces Margarita lo vio: el fuego rojo intenso del que Luz siempre hablaba, pero esta vez, en forma de bola enorme y desolación.
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