EL CAMBIO DE NUESTRA SALUD POR LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Somos un grupo de tres adolescentes de la generación M. Nos conocemos del instituto. Por la mañana vamos a estudiar y lo pasamos genial. Por la tarde, nos encanta salir a pasear (después de haber realizado los deberes y de estudiar). María es una chica de 13 años (la más pequeña del grupo). Una joven amigable, responsable y activa. Tiene un hermano mayor y siempre pasa tiempo con él. A María nunca le han llamado la atención las redes sociales. Águila es una chica de 14 años. Una mujer fuerte, deportista y dormilona. Vive con su madre y sus hermanas. A ella le encanta salir a pasear con su mascota para hacer deporte y desconectar un poco. Águila tiene algunas redes sociales, pero no son preocupación para su madre, ya que no abusa de ellas. Por último, yo soy Marina, una chica de 14 años. Una joven limpia, ordenada y sana. Convivo con mi familia y todos amamos el deporte y la salud. Marina tiene redes sociales ,pero tampoco abusa de ellas.
No imaginábamos lo que cambiarían nuestras vidas cuando un día en las noticias vemos que al día siguiente no había colegio por causa de una pandemia: COVID 19. Nosotras, alertadas, nos lo contamos unas a otras.
El mundo ya lleva tres semanas en casa y nosotras ya no nos hablamos y desgraciadamente nuestras vidas han empeorado:
María aquella chica activa, responsable y amigable, lleva en su habitación toda la semana junto a las videoconsolas, móvil, ordenador... Solo sale de ella para comer y para ir al baño. Por la mañana se levanta a las 12 del día, y directamente va a buscar su móvil. Si no lo encuentra, grita por su casa y tiene un carácter horroroso con sus padres y su hermano. Después no desayuna y tan sólo almuerza unas patatas fritas. Más tarde, intenta empezar a hacer deberes, pero para ella es imposible concentrarse, ya que el día anterior, se acostó a las 4 de la mañana con el móvil. Al percibir la luz de la pantalla en la oscuridad, su cerebro creyó que era de día y consideró que no era el momento de dormir. En ese instante dejó de producir melatonina (la hormona necesaria para un sueño profundo). También tiene mucho dolor de cabeza y siempre está cansada porque durante el día su cuerpo produce neurotoxinas (compuestos orgánicos que pueden ser tóxicos para su sistema nervioso). Su cuerpo quiere eliminarlas durante la noche, pero, como la melatonina no se produce, su sueño se rompe y se acumulan las toxinas.
Águila, esa niña fuerte, dormilona y deportista, se ha convertido también en una joven perezosa; sólo sabe mirar su móvil, ordenador, tele… Ella ya no hace deporte, ya que piensa que es innecesario. Cuando su móvil se queda sin batería, sufre ataques de ansiedad constantes. Ella ya no habla con sus amigas e incluso ha llegado a entrar en depresión por tener menos “me gustas” que ellas. Ella también se acuesta tarde y tiene insomnio. Su madre se preocupa por ella y por su alimentación y ella no se lo agradece para nada. Si sigue con esa adicción puede tener problemas mentales y neurológicos. Águila tiene más concentración, pero, como lleva mucho tiempo con el mando de la tele y de los videojuegos, tiene problemas en los dedos, manos y muñecas para escribir. Le ha comentado a su madre que, tras mirar la pantalla del ordenador durante horas, y muy concentrada, al apartar la vista hacia la pared, por ejemplo, ve la imagen de la pantalla proyectada.
¡Y que será de mí! … Esa joven, limpia, sana y ordenada…Ahora soy como mis amigas. Yo también me llevo todo el día sentada con una mala postura frente a una pantalla, por lo que me duele mucho la espalda y puedo tener problemas en la columna vertebral. Tengo falta de higiene, sólo como comida basura y no hago nada de deporte. Sufro unos fuertes dolores de cabeza por causa de las pantallas. Me quejaba de los ojos y mis padres decidieron llevarme al médico. Éste me dijo que, al estar tanto tiempo frente a las pantallas, mis parpadeos por minuto disminuyen, dando lugar a la sequedad ocular, que me podría llevar a ciertas lesiones. Mis padres le confesaron el estilo de vida que estaba llevando, y el médico me preguntó si me ponía el teléfono en el lado derecho de la cabeza, y yo asentí. El doctor me dijo que la acumulación de radiaciones me podría afectar a la memoria figurativa, ya que se encuentra en el lado derecho del cerebro.
Ahora me doy cuenta, y me arrepiento de haber perdido tanto tiempo descuidando mi salud.
Espero que no cometáis el mismo error.
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