El arcoíris de la sangre

Amanecía y el niño salió a pasear por el camino del río, aquel camino cubierto por un conjunto de almeces con tanta sombra que los lugareños lo llamaban el Bosque. Sobre cada cosa que encontraba, se interrogaba y la respuesta era siempre la misma: qué hermosa es la naturaleza.
Cuando atravesó el Bosque, levantó los ojos y contempló un paisaje muy bello, con colores diferentes. Sobre el verde que seguía primando, pudo encontrar en el firmamento una mancha rosa, violeta y azulada que se extendía, más allá el color blanco de los molinos, el amarillo albero del suelo y el azul de un pavo real espectacular.
Ver tanto colorido diferente le hizo pensar cuál de ellos le parecía más atractivo. ¿Cuál es mi color preferido? se preguntaba el niño.
Un perro, con aspecto de ser un perro abandonado o vagabundo, estaba solo en un rincón, débil y herido y de sus heridas manaba un hilo de sangre, de color rojo oscuro.
Era un nuevo color que se sumaba a los que ya estaba viendo, lo que hizo pensar al niño: ¿habrá sangre de otros colores distintos al rojo? ¿habrá sangre de colores?
La duda no duró el tiempo de pensarlo, sino que lo acompañó durante todo el paseo y, al llegar a su casa, se fue directo a una enciclopedia que siempre resolvía sus interrogantes.
Empezó a leer con entusiasmo y cuál fue su sorpresa cuando aprendió que había sangre con colores distintos al rojo. Había sangre de colores.
Lo primero que aprendió es que los pigmentos respiratorios son los que provocan los diversos colores que puede tener la sangre. Los pigmentos respiratorios son proteínas que transportan oxígeno de un lugar a otro y que tienen color, al menos, en algunos momentos. Por eso, son pigmentos.
Siguió leyendo y también aprendió, aunque eso ya lo sabía, que la mayor parte de los seres vivos tiene la sangre de color rojo. Y este se le debe a la hemoglobina, que es una proteína que posee asociados átomos de hierro, los cuales se unen al oxígeno. La oxidación del hierro, al unirse al oxígeno, le da el color rojo.
El niño continuó interesado en saber qué otros colores tendría la sangre. Siguió leyendo su enciclopedia y descubrió que el segundo color más presente en la sangre es el azul. Es el color que circula por moluscos y algunos artrópodos: arañas, escorpiones, cangrejos…. y se debe al pigmento llamado hemocianina, una proteína que se une al cobre. El cobre, al oxidarse, presenta, un color azulado.
Pensó en el verde, que era el color que lo había acompañado durante su paseo matinal. ¿Habrá animales con fluidos de color verde? Los había, muchas familias de gusanos poliquetos los tenían. En este caso, la causante del color de la esperanza es la clorocruorina, un pigmento que también posee hierro asociado. Pero más sorprendente es aun la mutación de color: es verde claro cuando tiene poco oxígeno y se vuelve de color rojo cuando tiene altas concentraciones de oxígeno.
Siguió sorprendiéndose cuando leyó que otros seres vivos presentan la sangre con color rosa-violeta. La sangre rosa, pensó. El pigmento que origina este color se llama hemeritrina, el cual toma un color rosa-violeta al oxigenarse. ¿Cuáles son esos animales que nunca he visto ninguno? se preguntó. Entonces leyó que eran los braquiópodos, animales que se hallan en los fondos marinos, los gusanos poliquetos y todos los gusanos sipuncúlidos, popularmente conocidos por gusanos cacahuete. Si están tan al fondo del mar, es natural que nunca los haya visto, comentó.
Ya solo le quedaba uno de sus colores favoritos, el amarillo. No creo que haya sangre amarilla, musitó. No obstante, su curiosidad le hizo continuar leyendo y cuál fue su sorpresa cuando las viejas hojas de la enciclopedia le anunciaron que el pepino de mar tiene la sangre amarillenta debido a una proteína que contiene vanadio, la vanabina. Y, más aun, las cucarachas hembras presentan la hemolinfa naranja.
Le pareció asombroso, pero más asombroso le pareció aun que existiese un pez cuya sangre es transparente, Chionodraco rastrospinosus, un pez que habita las aguas heladas de la Antártida, cuya sangre carece de hemoglobina y otras proteínas respiratorias, a lo que debe su transparencia.
Del pensamiento inicial de su paseo, sustentado por las maravillas que se abrían a sus ojos, tan diversas en sus colores, había llegado a este descubrimiento en su saber.
No podía creer que la sangre se presentase con tantos colores: rojo, azul, rosa, violeta, verde, amarillo, incluso sangre incolora o transparente.
Pensó en el arcoíris y cayó en la cuenta de que la sangre de tan diversas especies de seres vivos forman un arcoíris: el arcoíris de la sangre.
Y colorín (de la sangre) colorado, el relato se ha acabado….
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