EL VIAJE DE NOA

Son las dos y media de la tarde, y salgo del instituto. Hoy nos han dado otra charla sobre el cambio climático. La cuarta. Si al menos variaran un poco el contenido… Pero es que siempre es lo mismo: que si los gases contaminantes, que si los polos se están derritiendo… y para terminar: “reciclad y ahorrad agua y energía, que es muy importante”, dicen siempre.
Llego a casa. Como. Hago los deberes, y escucho música un rato. Cojo mi cuaderno de dibujar y bajo las escaleras.
-¡Noa! ¡¿A dónde vas?!
-¡A donde siempre, mamá, al parque!
-Vale, pero no vuelvas muy tarde, y no te metas en el bosque.
-Siii, ya lo sé mamá.
Llego al parque al lado de mi casa. Como siempre, está vacío.
Me siento en la hierba, y abro mi cuaderno. Entonces veo una mariposa en la entrada del bosque. Tiene colores muy vivos y brillantes. Se queda parada en el aire, aleteando, casi parece que me mira. Luego se mete de nuevo entre los árboles. Sé que no debo, pero sigo un impulso y me adentro en el frondoso bosque.
Sigo a la mariposa, y veo que se mete en un árbol seco y hueco, enorme. Me meto yo también, pero la pierdo de vista. El tronco es más grande de lo que parece desde fuera. Entonces tropiezo y caigo al suelo, saliendo al exterior por el otro lado del árbol.
De repente, el cielo azul y despejado se ha vuelto gris y oscuro, y hace mucho frío. Empieza a tronar, y salgo corriendo de allí.
Cuando salgo del bosque me quedo anonadada: el parque está destrozado, y las casas, o lo que queda de ellas. Los campos de cereales que hay alrededor están devastados, y veo humo y casas quemadas en el horizonte.
No entiendo nada.
Veo a un hombre con una mochila y aspecto de vagabundo. Me acerco a él.
-Disculpe, ¿sabe qué ha pasado? Esa de ahí es mi casa, o al menos lo era, ¿sabe dónde está la gente que vivía ahí?
-Ahí no vive nadie desde hace años, al menos que yo recuerde. ¿Qué haces aquí sola? ¿No ves que es peligroso?-me pregunta él.
En ese momento veo una camioneta que se acerca, llena de hombres con armas y cara de pocos amigos.
El hombre se alarma.
-¡Vamos, tenemos que irnos!-dice, cogiéndome del brazo.
-¿Qué? ¿A dónde?
-¿Quieres vivir? Pues sígueme.
Se mete entre los árboles, y le sigo. Pasamos por delante del árbol seco, y un poco más allá, el hombre se para y se agacha en medio del trayecto. Aparta un poco la tierra y tira de una cuerda, abriendo una trampilla.
-Vamos, entra, aquí no nos encontrarán.-dice.
-¿Por qué tendría que fiarme de ti?-pregunto, recelosa.
-¿Prefieres fiarte de ellos?
Me giro y escucho a los hombres gritar, cada vez están más cerca.
-Está bien.-digo. Y entro detrás de él.
Después de cerrar bien la puerta, enciende una luz, y veo que estamos en una especie de cabaña bajo tierra. Miro a mi alrededor y me fijo en un calendario colgado en la pared: año 2072.
-¿Qué es esto?-digo señalando el calendario.-Estamos en 2019.
Entonces él se queda quieto, se gira y me mira, confuso.
-No puede ser…-dice.
-¿El qué?
-¿Entraste en el árbol seco? ¿Fue ahí donde todo cambió?
Entonces me di cuenta.
-Sí, ¿cómo lo sabes?
-A mí también me paso, hace mucho tiempo. No me creerás, pero ese árbol es una especie de portal en el tiempo. Y sí, realmente estamos en el año 2072. Te pondré al día; ahora mismo el planeta es una causa perdida. La población ha aumentado de tal manera que hemos agotado casi toda el agua potable, y los recursos, por lo que ha estallado una tercera guerra mundial, la más devastadora de todas, con casi cuatro mil millones de muertes. La temperatura ha aumentado más rápido de lo que imaginábamos, los polos se han derretido completamente, y miles de especies se han extinguido. Los que hemos sobrevivido simplemente tratamos de que no nos mate gente como los que has visto antes, mercenarios, delincuentes.
-No hay esperanza.-dice, mirándome con tristeza.
Coge un aparato similar a una tablet, y me enseña fotos de todo lo que me acaba de contar. Me cuesta asimilarlo.
-¿Recuerdas aquello llamado cambio climático? Pues así acaba. Y todo por el egoísmo y la estupidez humana.
Me quedo parada, sin saber qué decir.
Entonces él se acuerda de algo, y se pone nervioso.
-Tengo que salir un momento, me he dejado algo.
Abre la trampilla y sale. Voy detrás de él. Necesito tomar el aire. De repente escucho un crujido, y un disparo.

Entonces suena la alarma, y me despierto de golpe, sudando.
  • Visto: 133

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN