De alga a isla de plástico.

Voy vagando por el mar, verde me ven, verde soy. Muchos animales intentan comerme ninguno lo consigue, porque me hundo en el mar y allí millones de años permanezco. Hasta que un día vuelvo a ver la luz del día. Pero no vuelvo a ser lo que era, ahora soy una masa y todas las algas que me rodeaban ya no se distinguen en donde me encuentro. De repente veo un gancho que sube y baja, se encuentra muy cerca de mí, intento moverme, pero resulta inútil. Hasta que de pronto estoy lo más cerca que voy a estar nunca del cielo, y me doy cuenta de que el gancho ya me ha cogido. Empiezo a pensar que va a pasar conmigo.
Me sueltan en un barco, rodeado de cosas como yo, negras y repugnantes. El barco empieza a moverse y se mueve durante tiempo, durante el camino veo montañas de plástico, y pienso que a lo mejor yo voy a acabar igual. Cuando el viaje acaba me depositan en un gran contenedor y me suben a un camión, hasta que llegamos a una refinería y me doy cuenta de que este es mi final.
Me transportan hasta un horno y empieza a hacer calor, mucho calor. Y tengo que ir haciendo las despedidas: “adiós hidrocarburos saturados o, hidrocarburos etilénicos, hidrocarburos acetilénicos, hidrocarburos cíclicos ciclánicos, hidrocarburos aromáticos, compuestos oxigenados, compuestos sulfurados, compuestos nitrogenados; que en algún momento todos juntos como un equipo a mí, el petróleo, me formasteis”. Me van quemando hasta que algunos se vuelven gases y se van. Pero mi camino continúa.
Ahora soy polietileno, empiezan a calentarme, comienzan a malearme hasta que… ¡Casi me derrito! Me empiezan a remover y remover. Hasta que empiezo a caer por un tubo y me estiran… Me van cortando en trocitos. Y me trasportan en una cinta muy larga. Veo una máquina muy grande ¡Que miedo! Cuando me voy acercando me doy cuenta de que me va a hacer daño, mucho daño. Y sentir para creer; la primera cuchilla me corta un asa y gritó: ¡No me hace falta ningún asa! Pero en vano. La segunda cuchilla ya la tengo encima y no viene con buenas intenciones. Rápidamente me corta la segunda asa y pienso: “Por lo menos soy simétrica” La cinta continúa, de pronto miro y no hay cinta, estoy volando, pero esta sensación dura poco, no llego ni a tocar el suelo, cuando alguien me coge y me lleva a una caja.
Me encuentro encerrada en una caja con más bolsas como yo.
Después de mucho tiempo, abren la caja y veo unas manos que me cogen y me clavan en un gancho ¡Que dolor!
Al rato me cogen y me llenan de cosas que huelen muy bien; creo que los humanos les llaman melocotones. Me cogen otras manos y me empiezan a transportar. Por el camino a un destino desconocido, veo una ciudad repleta de gente, personas de aquí para allá, con mucha prisa y cargados de cosas como yo, las bolsas de plástico, y entonces es cuando pienso: ¿Qué harían los humanos sin mí? También veo unos cubos amarillos que hay bolsas como yo dibujadas y pienso que ahí es donde debería acabar mi vida. La persona que me llevaba se detiene saca unas llaves y abre una puerta. Sube una escalera y abre otra puerta. Al abrir la puerta me dejan sin cuidado sobre una mesa y la persona se va. “No hay moros en la costa”.
Las siguientes horas pasan sin sobresaltos. Hasta que la persona vuelve, me coge bruscamente me vacía y me hecha al cubo de la basura. Me paso metida en esa bolsa de plástico unos días. Hasta que al tercer día cierran la bolsa la hacen un nudo. Durante un rato noto movimiento y un lanzamiento, luego, nada.
Al tiempo veo que algo está rompiendo la bolsa, lo que la está rompiendo es un pájaro. Este coge unas migas de pan que había a mi lado y se va. Empieza un aire muy fuerte y me levanta, pero para y caigo fuera del cubo de basura en el que me encontraba. Vuelve a soplar el viento y esta vez vuelo lejos, muy lejos. Empiezo a sobrevolar una ciudad llena de gente, paso por encima de un río y el viento cesa. Caigo sobre el río y sus corrientes me arrastran y me voy alejando del cubo de basura. Después de días navegando sin control por el río acabo en un mar. Y en el mar hasta mil años me quedo y me amontono en islas que nadie ha ido, islas de plástico.
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