Ese maravilloso día

Tiempo atrás, los oídos de las personas se agudizaban al escuchar “descubrimiento científico”. Era una buena época.
Ahora nuestra vida se reduce a seguir unas normas, una dieta, una rutina… Está escrito qué vamos a ser, qué vamos a hacer y cómo vamos a vivir. Cuando nacemos, un ordenador juega con nuestro destino e introduce unos caracteres que deciden a qué nos tenemos que dedicar y, si no lo cumples, te descatalogan como si fueras un simple robot de limpieza de la temporada pasada y te hacen desaparecer como si nunca hubieras existido.
Algunos piensan que es un buen método de vida, claro está, son los que han tenido suerte con lo que les ha tocado y prefieren permanecer ignorantes del sufrimiento ajeno.
El mundo se ha vuelto muy desigual, está el lado oeste, donde viven aquellas personas cuyo DNI ha sido agraciado con un futuro próspero, y el lado este, donde viven los que trabajan mucho a cambio de un escaso salario.
Nos hemos acostumbrado a sobrevalorar lo material y obviar lo que verdaderamente importa en la vida. No tenemos libertad para decir lo que pensamos y tampoco para decidir por nosotros mismos. Yo me siento diferente, no encajo en esta sociedad tan superficial y materialista, sin embargo, por el momento no puedo hacer nada para cambiar mi situación.
Mis padres han intentado por todos los medios ocultarme un detalle en mi DNI de la Gran Computadora, no obstante, ya ha resultado prácticamente imposible. Era mi turno de ir a la universidad a estudiar lo que me había tocado en aquella ruleta de la fortuna, y, en ese momento, me quedé helada al saber cuál era mi destino.
Hace mucho tiempo, los científicos eran personas muy apreciadas por la contribución de su intelecto a la ciencia, ciencia que servía para avanzar en nuestros conocimientos y en nuestro bienestar…
Actualmente no hay consciencia de qué son o qué han hecho… El gobierno actúa ocultando información sobre nuestros antepasados y de cómo vivían, para que la población no se revele contra él. Sin embargo, ese día, ese maravilloso día era en el que todo iba a empezar a cambiar.
Entré en la inquietante salita en la que tenemos que mostrar nuestro DNI. Allí te dicen a qué universidad ir y el horario de clases. Yo le di mi tarjeta con todos mis datos al encargado con una gran sonrisa de oreja a oreja. Él me miró seguidamente de haber revisado mi tarjeta. Se quedó atónito, no podía ni parpadear.
A continuación, sacó un papel de una estantería con polvo que distaba unos metros de él y me lo entregó con carácter dudoso e intranquilo.
Ya era el momento de que todo fuera diferente, y hacer ver a la gente que es posible luchar por una sociedad mejor en la que podamos ser libres.
Te preguntarás qué había escrito en aquel pequeño papel que tenía mi futura carrera profesional plasmada en unas pocas y escasas líneas. Pues estaba escrito ni más ni menos: Carrera Científica.
Era la oportunidad de mi vida de contribuir a cambiar el rumbo de nuestro planeta.
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