Ay, Diario, si tú supieras

21 de marzo de 2073

Diario, hoy se cumplen ya dos años desde que empezó esta guerra. Quién iba a pensar que, tras dos guerras mundiales, el ser humano iba a volver a caer en esta rutina de destrucción, dolor y muerte. Pero aquí estamos, qué le vamos a hacer.

Como bien sabes, mi misión aquí, en Pionyang, es conseguir información acerca de los próximos bombardeos, ataques, planes importantes…. Si consigo algo que considere crucial, lo notifico al gobierno estadounidense, ellos me hacen una transferencia de varios ceros y todos contentos. Ellos siguen su vida y yo la mía. Al menos, eso me dijeron, porque los tres meses que llevo trabajando para ellos, han sido más bien relajaditos: un par de ataques con bombas de neutrinos y poco más. Pero tranquilo, Diario, te mantendré informado de todo lo que descubra.


30 de marzo de 2073

No te lo vas a creer. Hoy, por fin, tengo algo que notificar. Si te soy sincero, siento una mezcla de nervios y emoción. Pero ya me conoces, Diario, la emoción en estos aspectos siempre acaba venciendo esos nervios que, mientras escribo esto, me parecen cada vez más insignificantes.

El procedimiento para transmitir el mensaje es sencillo. Lo primero de todo es crear un canal de comunicación. A través de él, nos mantendremos en contacto y les contaré mis nuevos descubrimientos y posibles amenazas. La forma de transmisión de estos datos es lo que me sedujo cuando acepté el trabajo: usaremos qubits (o bits cuánticos). Pero, ¿qué tienen de especial? Ay, Diario, si tú supieras.

Verás, a diferencia de un bit clásico, los qubits no solo están en un estado 0 o en un estado 1, sino que pueden estar en una superposición de estos. ¡Las probabilidades son infinitas! ¿No te parece maravilloso? A ver, para hacerlo más fácil, con la máquina que (nótese mi orgullo) ayudé a diseñar mientras estudiaba mi doctorado de Física Cuántica en Boston, vamos a trabajar únicamente con cuatro estados, que, mi equipo y yo definimos por aquel entonces como 0-0, 1-1, 0-1 y 1-0. Otra diferencia (quizá mi favorita) entre los bits clásicos y los cuánticos es que, un bit clásico es siempre o 0 o 1, da igual lo que le hagas, siempre tendrá el valor que el emisor le haya asignado. Esto con los qubits no pasa. Cuando tú mides (bueno, tú no, tú eres sólo un conjunto de hojas, pero ya me entiendes) un bit cuántico, alteras el estado en el que se encuentra: le “obligas” a determinarse como un valor u otro. No solo afecta el hecho de que los midas, sino que el cómo también es importante. Es por eso que tenemos cuatro valores, Diario, si lo mides de una forma, te puede dar o 0-0 o 1-1; si lo mides de la otra forma, te dará o bien 0-1 o bien 1-0 ( solo hay cuatro opciones porque, cuando lo diseñamos, decidimos que hubiera solo dos formas de medirlo para hacerlo más sencillo).

Pero bueno, sigo, que me enrollo más que las persianas. Yo, como voy a ser el emisor, me voy a encargar de iniciar el código. Para ello, y aquí es donde entran los qubits, voy a cambiar de manera aleatoria el valor de una serie de unos 100 qubits. Estos cambios serán detectados instantáneamente por los americanos (gracias al entrelazamiento cuántico, que suple a un canal físico) y ellos los analizarán, sin saber cuál de las dos formas de medirlos usar. De alguna manera (no me preguntes, porque no lo sé), me harán llegar sus resultados, los compararemos y, en caso de que no haya casi qubits coincidentes, sabremos que hay alguien espiándonos, ya que el valor de mis qubits habrá sido alterado.

En caso de que el código sea seguro (y esperemos que lo sea, porque, en una guerra, el tiempo vale más que el oro), les informaré del inminente ataque en Pearl Harbour (qué cliché, ¿no?). Si no lo fuera, no sé qué podría pasar, si te soy sincero. Obviamente, el mensaje del ataque no iría en esa primera toma de contacto, pero temo que, pese a lo segura que es la encriptación cuántica, me descubran.

Ahora no es momento de pensar en eso, tengo un mensaje cuántico que escribir. ¡Qué emoción!


1 de abril de 2073

Diario, malas noticias. Hoy he recibido sus resultados (que, por cierto, estaban escondidos entre las páginas de mi revista Nature de este mes) y hay demasiadas diferencias. Está claro que el código no es seguro. Lo volveré a intentar más tarde, pero tengo miedo de que nos hayan interceptado de alguna manera y me descubran. Te mantendré informado de todo lo que pase. Por ahora, he pedido un rescate que no sé si llegará.

Hasta pronto, Diario.

O quizá hasta nunca.
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