Corazón de Acero

Inspirado escribía silente inmiscuido entre mis fantasías un bosquejo de carta que jamás tendría destino ni destinatario, descolocado como un pájaro en medio del mar sin palo en que apoyarse ni arboles con semillas de las cuales comer, así me sentía yo, un muchacho escuálido, pequeño y en ocasiones torpe por no decir lento, que su obstáculo más grande era memorizar las nuevas lecciones del colegio que nos introducían al mágico mundo de la mecánica cuántica, un tema básico para los grados inferiores de bachillerato en las escuelas corrientes de por aquí, lo más difícil, lo necesario para construir una tesis aceptable de ultimo grado ya refería algún tema que intentara dar explicación a la teoría unificada de cuerdas, que a su vez comprendía la conjunción maravillosa que explicaría todo el cosmos, otras cinco teorías más, cada una mas complicada que la anterior.
En cambio yo escribiendo a mano cuando las computadoras ya son un servicio más que un producto, el colegio renueva el aguar con nuevas tecnologías cada cuatro años, este ya era el tercero contado, pero yo fiel a lápiz y papel, cosa que ya no se veía comúnmente, seguía persiguiendo esa letra, esa frase, esa carta que al terminar este completa, mientras los demás me miraban extrañados, mientras toman sus apuntes en un archivo que nunca se perderá ni borrara ya que estará guardado en la nube, esa que nadie ve pero todos usan.
Los carros no vuelan, eso aun es imposible, pero ya no utilizan ni una pizca de gasolina ni petrolíferos, toda la energía que utilizan los carros, las instituciones, la electricidad, todo es generado por las reacciones químicas de desintegración de átomos, el mismo proceso que se utilizó en un entonces doscientos años atrás en la segunda guerra mundial en la creación y utilización de la primera bomba nuclear, juraban las personas de esa época que esa sería la ultima y míranos ya vamos por la cuarta, pero claro la energía de la explosión ya es controlada y se usa para todo.
Yo me encontraba perdidamente enamorado de Samantha, una compañera del salón, ella quería ser ingeniera astro-náutica y yo lo más cercano al interés de profesión que tenía era la escritura, pero de que iba a vivir, ya nadie la practicaba, y mucho menos le pagaban por ello.
Roger, un amigo del curso interrumpió mis cavilaciones saludándome con una palmada en la espalda, enfurecido le pregunte el porque de su llegada, este me abordo preguntándome acerca del amor, cabe aclarar que Roger era un robot de la ultima generación, ya hace cuarenta años que ellos eran también conciudadanos y habitaban la tierra como cualquier otra persona en nuestras sociedades, yo sorprendido por su incógnita no sabia como explicarle muy bien que era el amor, pero estaba claro que lo comprendía en mi inexperiencia mucho mejor que él, nada más que un amasijo de cablerío y pistones.
Que mejor manera de empezar a despejar la penumbra que rodea nuestras dudas mas esenciales que las representaciones que a largo de la historia la humanidad a ejemplificado, yo como habido lector y aficionado a las letras, le recomendé que descargara en su disco duro desde “Romeo y Julieta” hasta “Orfeo y Eurídice” pasando por grandes poemarios que descifran el enigma deconstruyendo cada peldaño del cariño, del placer, de la sensualidad y de la nostalgia que encierran tanto como lo puede ser el amor.
Él, muy inteligente con grandes aptitudes para el estudio me pregunto por la carta, yo evidentemente apenado la quise guardar con disimulo en mi maletín justificando su inocua importancia pero él ágilmente la agarro del escritorio, la leyó con detenimiento y me pregunto si no me molestaba que se la llevara a su casa como otro gaje de estudio para esa inquietud que tanto me recalco que le estaba carcomiendo por dentro debido a la ignorancia, y sí, los robots habían llegado a un punto de evolución donde podían asimilar algunos rasgos como personalidad o temperamento pero yo no sabia hasta qué punto podrían comprender en si las diversas realidades humanas que nos aquejan y regocijan.
No le di reproche a su petición, igual la musa que había sido fuente de inspiración estaba abnegada a recibirla debido a mi incontrolable pena y temor a dársela, Roger se fue obediente y contento por mis palabras.
Al siguiente día lo vi con aire de galán y con una sonrisa de oreja a oreja regalarle un bello sobre cerrado con un listón rojo a Samantha.
Ya llevan dos meses de noviazgo, recuerdo que lo único que ella dijo fue—Nadie me había escrito algo con tanto sentimiento. Seguido a eso abrazo gustosamente a Roger y juntó su pecho a ese corazón de acero, que ahora latía por ella.
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