EL PÉNDULO

Hoy ha amanecido un día gris y triste pero para mí es un día especial, me voy de excursión a la
Casa de las Ciencias con mi curso, no es que sea la primera vez que lo visito, de hecho, es el
típico museo que visitas desde pequeña, pero aun así me encanta.
Cuando nos bajamos del autobús llega nuestro guía, un personaje extraño, lleva gafas y una
barba larguísima, la verdad es que parece salido de un relato de otra época, asusta un poco.
Nos empieza a explicar nuestra visita y lo que vamos a hacer y ver, cuanto más habla menos
me gusta y más miedo me da, le veo algo raro.
Lo primero que veo al entrar en el museo es un enorme péndulo, siempre me han gustado, su
movimiento rítmico, lento y continuo, me tranquiliza… nunca se para. Reconozco que los
péndulos me atraen mucho, tengo un magnetismo especial con ellos, me quedo embobada
viéndolo, cuando me doy cuenta, nuestro guía está detrás de mi, mirándome fijamente, se
acerca y me dice: “cuando cruce el portal tendrás que volver a ponerlo en movimiento.” Me
asusto y voy corriendo para alcanzar a mis compañeros, que ya van mucho más adelante que
yo. Durante toda la vista estoy nerviosa y me siento observada, la profe me llama la atención
un par de veces, no estoy atendiendo… tiene razón. Llevamos ya media hora de la visita, nadie
entiende lo que dice nuestro guía, tiene un vocabulario muy extraño, como si fuese de tiempos
pasados, parece sacado de una novela medieval.
Ahora viene una de mis partes favoritas de la visita, vamos al planetario, la verdad es que nos
encanta a todos, es como si te transportase a otro universo. Nos vamos sentando, como yo
entro de última me tengo que sentar al lado de la puerta. Se apagan las luces y empezamos a
viajar por el universo.
Llevamos como unos cinco minutos de película cuando se ve que un meteorito va a impactar
con la Tierra, en ese momento hay un temblor muy fuerte y todo queda a oscuras, lo primero
que pienso es: wow, que efectos especiales tan realistas, pero no oigo nada, la película no
avanza y nadie habla, todo está en silencio y a oscuras. Yo me asusto y le intento hablar a mi
compañero de al lado, pero nada, no contesta. Entonces decido coger mi móvil y encender la
linterna, está todo el mundo quieto, con la mirada fija en un punto, busco al guía, pero no lo
encuentro. Siento pánico y salgo a pedir ayuda, no veo a nadie y todo está en silencio. No sé
porqué, pero tengo la intuición de que debo bajar a donde está el péndulo. A medida que me
voy acercando más frío hace, antes de llegar, me doy cuenta desde lejos que el péndulo está
completamente parado. Cuando llego veo un resplandor es como un portal a otra dimensión,
me acerco y veo que el guía está del otro lado, mirándome y sonriendo, se le ve feliz, parece
otra persona.
De repente el portal se empieza a cerrar y en ese momento el guía me dice “Acuérdate de lo
que te dije, y muchas gracias”, el portal se cierra de todo, me quedo pensando unos segundos
y me doy cuenta de lo que tengo que hacer. Me acerco al péndulo, que tiene una bola enorme
y pesada, intento empujarla para que se mueva, tengo que hacer uso de todas mis fuerzas, no
me podía imaginar que pesase tanto, pero al final consigo moverla. Poco a poco el péndulo
recupera su ritmo normal de movimiento, ese que tanto me gusta. Subo corriendo las
escaleras, voy a ver que pasa con mis compañeros. Cuando llego están todos como si no
hubiese pasado nada y mi profesora me riñe por haber salido sin permiso.
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