29, 12ᴼ 44'' 2.8016'

Otros veintinueve días transcurrieron silenciosamente. La ansiedad acrecía a medida que las estaciones esperaban por mí. Sentía que el tiempo se me escurría como pólvora de estrella olvidada. Maldecía el momento en el que mi dulce ingenuidad se vio mezclada con un puñado de endorfinas tóxicas. Parecía que todo el cosmos se cernía sobre mí; podía oír a todos en Andrómeda reírse sin vergüenza alguna.
Sí amigos, hasta allí sabían que llevaba enamorada de Tierra desde los inicios.
Podría haberme embelesado de Mercurio, tan elocuente y consistente, que a menudo me saluda y me brinda apoyo. Con su personalidad, unas veces frívola y otras en las que hace subir el termómetro. Pero desde un principio de fijé en eso; tan inestable, tan variable que lograría destruirme con esa aceleración tan característica suya.
O igual de Venus, que la definiría como la mismísima Afrodita en todo su esplendor, y a quien juraría que Midas bendijo con su hermosura fulgurante. Venus es eso: gloria y encanto de lejos, intocable, asfixiante en sus tierras, acaparadora del dióxido y el egocentrismo, creada solo para adorar.
Y Marte. Oh, mi querido Marte.
Tenía por supuesto que era el mejor de todos; esa virilidad, esa pasión ardiente que recorre cada uno de sus poros. Le dediqué el mayor de mis temores, pues me inquietaba la idea de que mi amada terminase cayendo en sus ligeros desiertos. Ni siquiera Fobos y Deimos tenían esperanzas en mí; una suerte que sus sentimientos solo estuvieran dispuestos para Sol.
Después está Júpiter, el sexto cielo. Me compadezco de él, creo que todos aquí lo hacemos por todos los años que pasó en la pesadumbre. Si lo tuviera que describir empezaría por lo grandioso que es, un descomunal espíritu atormentado por el primer periodo y el segundo de la nobleza. Percibo desde mi posición que es, al igual que Mercurio, veleidoso con un ánima azul. Siempre he pensado que esos dos tuvieron algo. A estos niveles lo único que puedo sentir es misericordia. Solo espero que Cronos sea piadoso con ellos.
A Saturno la definiría como la incógnita que nunca fue resuelta. Ella es un enigma rodeado de atlas y cajas de Pandora. Algo lenta. Nadie sabe lo que realmente piensa tras ese escudo. Me hubiera gustado acompañarla en su travesía pero sé en algún momento alguien vendrá a descifrarnos esa Teoría de Cuerdas.
Sin duda alguna, Urano y Neptuno fueron creado uno para el otro. Rompiendo a Kepler, termodinámicamente equilibrados, unidos por el metano saturado del desorden. Haría un pacto con el diablo al decir que, efectivamente, a pesar de sus diferencias y distancias, permanecerán juntos hasta que Sol se convierta en una enana blanca.
Por último tenemos a Plutón. Tristemente, vive demasiado lejos de mí como para poder divisarlo. Ese prejuicio de frívolo y glacial le persigue hasta hoy día, aún más sabiendo que se convirtió en un puñado de número. Sin embargo, la vehemencia pasea por su densa superficie. Parece que no se rinde. Que, pese a todo, sigue orbitando alrededor de Sol en vez de olvidarse él por una vez. Yo tampoco me puedo quejar demasiado.
No obstante, de todos estos planetas, Tierra consigue atraerme hasta enloquecer. Porque ella es arte por sí misma. Es simplemente pureza y bondad; la culminación del triunfo, la mismísima perfección. Es capaz de culminar la doctrina ordinaria, haciendo mis días más risueños y luminosos.
Pero, ¿por qué no me quiere? ¿Es porque no soy Marte, tenaz y rubí? ¿Porque no soy Venus, lustrosa a la que admirar? Dime, ¿por qué?
Tierra es hermosa; llena de verde y vitalidad. Nada comparable con las alegadas nebulosas y virtuosas constelaciones que a todo el mundo le fascina. Empero a medida que pasa el tiempo se vuelve más turbio poder contemplarla, pues cada vez la observo más saturada, más cansada y más artificial. Era consciente de que acoger a esas pequeñas criaturas no era buena idea, pero ella, con su puro corazón, no pudo negarse. Ahora las consecuencias son nefastas.
Quizás seamos así para siempre. He pasado la eternidad a tu lado, desde el momento en el que el universo fue creado, en infinitos siglos. Me gusta pensar que soy de ayuda, que tus sentimientos por mí son recíprocos, que tus aguas se alejan y regresan por mí. Tierra mía, probablemente giraré a tu alrededor hasta los confines de los tiempos. Espero que algún día entiendas mis palabras. Siempre seré tu Luna. Tu querida y amada Luna.
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