¿Vivo o muerto?

Caminaba por las calles desiertas de mi ciudad. Miraba al suelo pensando en nada, aunque mis pensamientos se centraban en mi última clase, una incomprensible.
Le daba demasiadas vueltas, sobretodo a un experimento de física cuántica. Una paradoja de un gato en una caja, donde veías 50% de probabilidades de morir y 50% de vivir.
Al principio me fije en lo cruel que era, pero luego todo se complico. Pero antes de llegar a eso, hay que saber que el animal no estaba solo, ya que habían más cosas a su alrededor: encontramos lo que decidía sí viviría o moriría, ya que no le correspondía decidir al gato, y ni si quiera, a los de fuera.
Esto es como un asesinato, así que, ¿lo tratamos como tal? Causa de muerte: veneno. Arma: martillo rompiendo una botella. Motivo: detector descubrió al electrón. Vale, ¿demasiado exagerado? Bueno, yo me entiendo, al menos hasta aquí, ya que cuando pasamos el umbral lógico, encontramos una realidad solo visible al abrir la caja. ¿Y se sabe como esta dentro? Pues sí, pero no. En realidad, está muerto y vivo a la vez, así sin más. Ahora que lo pienso, sigo sin entenderlo.
Teóricamente, se que en el plano cuántico, la causa externa toma varios caminos. Así que es detectado, pero no, la botella se rompe, pero no, y solo lo descubres cuando miras. Pero en la practica me pierdo.
Seguí pensando por un rato, haciendo teorías y preguntas. Pero lo más importante, ¿cómo podía ser?
Después de un rato, aparte todo pensamiento, volviendo la cabeza al suelo y poniendo la mente en blanco.
Continúe mi camino, hombros caídos y pasos lentos. Al rato me pare en seco levantando la vista, observando. Y sin molestar recibí el golpe igual. Mi cabeza cayo y mis manos se levantaron a socorrerla. Siempre igual... Cogí y observe lo que me habían lanzado, una simple piedra. La deje caer sin fuerzas y proseguí mi camino, no valía la pena luchar, ya no, no era más que un cuerpo vacío.
Sin gente alrededor se apreciaba mi lamentable realidad. Si observaran solo verían un muerto cabizbajo, pero ahí estaba la gracia, no había nadie, nunca lo había, ya que eso rompía el sistema, definiendolo y decantándolo por una vida vacía y una sonrisa sin sentimiento. Era como el gato de la caja, ni muerto ni vivo, una mezcla, dos universos con un mismo centro, mostrando las dos caras de la probabilidad, dos reflejos de un espejo en mi conciencia, sin saber dónde empieza uno y acaba el otro, eso sí, cuando nadie observara.
En soledad, me miraba y decía que estaba vivo, porque andaba y respiraba, que no podía estar muerto, porque gritaba y conservaba la razón, que vivía porque sentía mi alrededor. El problema es que a la vez gritaba que no, ya que mi alrededor vivía, pero mi interior estaba roto, que tenía que estar muerto, porque veía sin estar despierto, porque actuaba sin pensar, porque simplemente ya no estaba presente.
Como ya he dicho antes, era como ese gato. Me encontraba encerrado en un mundo sin espacio para mí, al borde del abismo, sin peso sobre esta decisión, ya que era un factor externo el que hablaba.
La diferencia aquí es que esa decisión estaba tomada, mi vida seguía, mi electrón había tomado un camino diferente, pero en la oscuridad la realidad era un tanto diferente. Habían varios caminos y en la soledad colapsaban juntos, mostrando la verdad. El martillo había caído y la botella estaba rota, pero a la vez estaban intactos. Mi interior se intoxicaba y notaba el olor del veneno, pero a la vez mi exterior sonreía. A veces vivía porque había algo más, mi interior no estaba vacío y mi cabeza retumbaba, pero otras morían, ya que sin rumbo fijo me olvidaba de respirar. Mis dos estados superpuestos me envolvían en dudas, me traían sentimientos y me los quitaban.
Desde fuera parecía más sencillo, solo hacía falta una mirada para retornar a la vida, unos ojos traviesos para separar los universos, dejando una marca de presencia en el silencio. Desde fuera era fácil, estaba vivo, pero desde dentro las dudas me inundaban, vivía porque estaba aquí, pero moría porque no entendía el porqué.
Note un ligero escalofrió, volví en mí, mire hacia delante y sonreí, mi madre me miraba desde lejos y apresure mi paso, no recordé lo que había pensado, me había decantado hasta la próxima.
Ahora que pensaba con claridad, el principio de mi historia no tenía sentido, y es que mi perspectiva había cambiado. Ya entendía todo, al gato y su estado, pero de una forma diferente. Y que gracioso pensar que mi problema tenía nombre. Y es que, al final, no podemos elegir entre la vida y la muerte.
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