Aventuras en Wuhan

-Mira Enzo, ¡ya comienza el aterrizaje! – exclamó Raúl.
-Es verdad, ¡Wuhan nos espera! – dijo Enzo entusiasmado tras veinte horas de viaje. Nada más llegar, se instalaron en un lujoso hotel de la localidad en el que iban a pasar toda una semana. Al día siguiente, siguieron su plan de turismo: por la mañana visitaron el Museo Provincial de Hubei que aguarda las antigüedades de la zona. Después, hicieron la compra en un inmenso mercado en el que había toda clase de mariscos. Luego, comieron en uno de los mejores restaurantes de la zona: el Han Cafe y por último fueron a ver un partido de baloncesto entre dos de los mejores equipos de China. A ambos les encantaba dicho deporte, aunque Raúl con únicamente 18 años jugaba en el Real Madrid. Enzo era mejor en los estudios y soñaba con ser el fisioterapeuta de su amigo. Ya de noche, regresaron al hotel e inmediatamente fueron a darse un baño en el spa, todo según sus planes.
Después de la calma llegó la tempestad. Al despertarse, encendieron la tele para ver las noticias locales y había ocurrido algo inesperado: la propagación de un nuevo virus: el coronavirus. Se había puesto a toda la región en cuarentena y habían cerrado cualquier vía de salida de Wuhan. Estaban encerrados y no sabían durante cuánto tiempo se quedarían allí, sin poder ver a sus familias, seres queridos… Siguieron viendo la tele y escucharon la peor noticia de todas. El virus se había propagado en el mercado en el que habían estado. Es entonces cuando llegaron las verdaderas preocupaciones.
- Enzo, ¡podríamos estar infectados, debemos ir al médico cuanto antes! – gritó Raúl desatado.
- Tienes razón Raúl, pero lo primero que debemos hacer es mantener la calma y hacer caso a las autoridades. Además, por ahora ninguno de los dos presentamos síntomas y estamos en buenas condiciones – le corrigió Enzo.
Por la tarde, decidieron jugar a videojuegos para liberarse del estrés y olvidarse de la situación en la que se encontraban. Llegó la noche y después de cenar en el hotel en el que iban a pasar mucho más tiempo del previsto, Raúl comenzó a toser de una manera muy sucesiva y además notaba que le había subido la fiebre. Fueron rápidamente a la recepción del hotel en busca de un vehículo que los llevara al hospital. Raúl, cada vez tenía más dificultades para respirar y apenas se podía mantener en pie. Inmediatamente llegó la ambulancia y se llevó a los dos amigos. Enzo pensó que el también estaría infectado ya que ha pasado todo el viaje junto a Raúl. Llegaron al hospital y les hicieron las pruebas. Se confirmó que Raúl tenía el coronavirus y se lo llevaron en camilla a una habitación repleta de gente infectada. En cambio, Enzo según lo que decían las pruebas estaba sano, sin embargo, ni él ni los médicos se lo podían creer así que lo aislaron en una habitación a espera de que se manifieste el virus.
Pasaron dos días y Enzo seguía igual, sin molestia alguna. De la situación de su amigo no se sabía mucho, simplemente que su caso era grave y cabía la posibilidad de que falleciese. No obstante, los médicos y los científicos estaban muy pendientes de Enzo y decidieron hacerle un análisis más a fondo de su ADN. El ADN es una molécula que contiene la información genética de todos los seres vivos, en nuestro caso la de los humanos, e incluso de algunos virus. Es hereditario y se copia en el núcleo para fabricar la proteína deseada. Por ello los científicos se querían centrar en investigarlo ya que el ADN de Enzo podía tener alguna información que se desconoce del virus.
Y así era. Tras varias horas de trabajo, descubrieron que Enzo tenía una mutación en el ADN que le hacía inmune al coronavirus. Una mutación, es un fallo en la copia del ADN, puede ser perjudicial, pero también beneficiario. En este caso, Enzo tuvo suerte ya que si fuera perjudicial el chico podría padecer alguna enfermedad grave, por ejemplo, un tumor.
Los científicos estaban entusiasmados ya que con manipular el ADN de la gente y dejarles esa secuencia tal y como la tiene Enzo, todos serían inmunes. El problema es que esto requiere bastante tiempo y personal médico así que decidieron comenzar con los infectados para confirmar que las pruebas que le habían hecho a Enzo eran correctas. Él solicitó que empezasen por su amigo quien cada vez se encontraba peor y su situación era grave. Así lo hicieron y tras un día de reposo, Raúl estaba completamente sano. Tras esta gran noticia aplicaron el tratamiento a todas las personas que pudieron y en todas ellas funcionó.
Al día siguiente, los dos amigos estaban de vuelta a casa.
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