Un día en Marte

Un día en Marte

Día 20 de abril de 3020

Abrí los ojos y lo primero que vi a través de mi pequeña ventana circular fue un paisaje rocoso y rojizo. Había pasado una semana desde que aterrizamos en Marte. Cada día que transcurría se iba haciendo más pesado estar en este planeta porque no podíamos salir. Echaba de menos los largos paseos por el parque y las visitas a diferentes museos que solía hacer los sábados cuando estaba en la Tierra. Ahora ya no podía hacer nada de eso.
Me levanté de la cama y me vestí, y acto seguido fui a monitorizar el nivel de oxígeno de la estación. Los indicadores marcaban que el oxígeno había bajado mínimamente y teníamos suficiente para seis largos meses.
Fui a la pequeña despensa donde guardábamos el alimento y cogí algo de comer para el desayuno. Después, me dirigí al laboratorio donde se encontraba el resto de la tripulación trabajando en un nuevo proyecto de investigación llamado C-18 que consistía en analizar el comportamiento de microorganismos víricos en Marte. La entrada al laboratorio era compleja, ya que necesitábamos unos trajes especiales previamente desinfectados para evitar el contagio con cualquier patógeno.
Pasadas tres horas de trabajo en el laboratorio y haber finalizado el proceso de desinfección, me encaminé hacia la cúpula de cultivo. El cuidado de las plantas era una de las actividades más importantes para poder sobrevivir en el planeta. Plantábamos diferentes verduras y frutas que nos proporcionaban alimento esencial para subsistir durante meses.
La hora de la comida no me agradaba ya que los alimentos obtenidos del huerto eran complementados con nutrientes, almacenados en pequeños tubos, que proporcionaban un extraño sabor a la comida. Echaba de menos aquellos ricos platos de la Tierra, y esas hamburguesas deliciosas llenas de carne jugosa.
Al terminar la comida, realizábamos las comunicaciones con la Tierra. No podíamos enviar más que un cierto número de mensajes, ya que cada mensaje tardaba aproximadamente nueve minutos en llegar a su destino y teníamos que informar de todos los sucesos ocurridos durante el día en la estación.
Tras finalizar las comunicaciones con la Tierra teníamos que hacer ejercicio físico. En Marte hay menos gravedad que en nuestro planeta natal y si no nos manteníamos en forma tendríamos complicaciones de salud que nos dificultarían el éxito de la misión C-18.
Para finalizar el largo día de trabajo en la estación, nos dirigimos cada uno a nuestro cuarto a descansar. Ya en mi habitación me puse el pijama, me acosté en la cama, cerré los ojos y pensé en todas esas cosas que podría estar haciendo si no estuviera encerrada en esta pequeña estación, y mientras pensaba me quedé dormida.
De repente, abrí los ojos y vi todas las cosas que tenía en mí habitación de la Tierra: las fotos que me había hecho en todos mis viajes, mis cojines de color purpura y mi caja de recuerdos donde guardaba cartas antiguas de mi familia… todo estaba ahí. Entonces fue en ese momento cuando me di cuenta de que no estaba en Marte ni en la estación ¡todo había sido un sueño! En realidad, me encontraba en mi casa sin poder salir por culpa de una grave enfermedad que estaba provocando el pánico entre los habitantes de la tierra llamada Coronavirus.
  • Visto: 31

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN