El explosivo poder de la serendipia

La entrada del diario de Louis parecía continuar con la tendencia de las últimas semanas:

- 22 de diciembre de 2042-
- La respuesta había estado siempre delante. 1 nanogramo más y suficiente. Mañana es el día. Años de incansable búsqueda por fin darán su fruto. Tantas noches en vela, tantos planes rechazados. 1 nanogramo de NaNH2 y mi nombre saldrá en los libros de historia. Por fin se empezará a fijar en mí… -

Las páginas de la libreta de papel cuadriculado y tapas negras que el químico llevaba siempre en el bolsillo derecho de su bata, antes llenas de fórmulas y garabatos, durante los dos últimos meses habían empezado a acoger palabras. Al principio misteriosos sustantivos: intriga, nervios, entusiasmo, incertidumbre. Sustantivos que poblaron inicialmente las esquinas de las páginas de la libreta. A ojos de un lector inexperto, estos sustantivos podrían haberse interpretado como los sentimientos que el experimento provocaba en Louis. Nada más lejos de la realidad. Después de más de quince años dedicados al experimento, nada de él era capaz de suscitarle intriga, nervios, entusiasmo o incertidumbre.
Horas antes de pisar por primera vez el laboratorio, allá por noviembre de 2027, Louis había sentido intriga y nervios como nunca antes. Al entrar, instrumentos de todas las formas y colores, pipetas de precisión inimaginable y microscopios de magnitudes inverosímiles le hicieron maravillarse ante el progreso de la ciencia en la última década. Sin embargo, una vez extinta la llama de entusiasmo que de él se había apoderado, percibió algo en aquel laboratorio: una puerta de cristal al fondo de la sala. Al mirar a través del cristal, Louis quedó atónito. Detrás de la puerta había un laboratorio al menos 10 veces más grande y completo que el suyo. La incertidumbre crecía por momentos. Poseído por la curiosidad que caracteriza a todo buen científico, Louis trató de abrir la misteriosa puerta. Retorció el grueso pomo de vidrio y probó con todas las llaves que le habían entregado. Nada.
Louis trabajó en el experimento durante casi quince años sin saber en ningún momento a quién pertenecía el laboratorio contiguo, vacío hasta el momento. El 3 de octubre de 2042, por sorpresa y en contra de toda previsión, se encendieron las luces de la sala. Louis dio un brinco y a punto estuvo de caérsele de las manos la muestra de mercurio líquido que estaba manejando. En ese instante, mientras el mercurio se balanceaba en la placa Petri que sostenía el doctor, una mujer de pelo largo y oscuro entró en el laboratorio adyacente. Sin levantar la mirada para saludar a Louis, se sentó en la mesa central y empezó a trabajar con matraces y microscopios. Louis, incapaz de concentrarse, pasó horas mirando disimuladamente a través de la puerta de cristal que jamás supo cómo abrir. Mientras tanto, ella seguía concentrada en su investigación. Louis probó varias veces a llamar, pero no hubo respuesta alguna. Esa noche, cuando el doctor llegó a casa, escribió en su libreta la palabra intriga.
Se sucedieron los días y nada nuevo ocurría. En las esquinas del diario de Louis se acumulaban palabras como nervios o incertidumbre. El doctor, acostumbrado a pensamientos lógicos y racionales, sentía cómo se le escapaba el control de sus emociones. Su corazón se aceleraba en momentos imprevisibles, cada día le costaba más concentrarse y, poco a poco, los sustantivos que vivían marginados en las esquinas de su libreta empezaron a arrebatarles el espacio central a las fórmulas y garabatos. Progresivamente esos sustantivos se convirtieron en frases y esas frases en un flujo de conciencia a veces ininteligible.
Sin embargo, todo cambió cuando una mañana Louis vio un cartel pegado en la puerta de cristal.

- Yo también he intentado abrir la puerta. Es imposible. -

Aunque todo cambió dentro de Louis, la misteriosa investigadora del laboratorio vecino seguía sin levantar la mirada de sus matraces, placas y pipetas. Hasta el 23 de diciembre, cuando todo dio un vuelco. Louis se disponía a añadir 1 nanogramo de NaNH2 al matraz donde se encontraba la mezcla que le llevaría a la fama cuando, de pronto, la mujer de la sala de al lado le miró por primera vez. Una mirada dulce, enternecedora, explosiva…
En ese momento Louis perdió el control de la pipeta que sostenía y cayeron 10 nanogramos de NaNH2. Una cantidad elevadísima que, en contacto con el agua de la mezcla, provocaría una violenta explosión.





Como resultado de la detonación, la puerta voló por los aires. Cubierto de polvo, Louis entró en el laboratorio adyacente, donde ella le recibía con los brazos abiertos. Permanecieron varios minutos fundidos en un abrazo infinito.
Esa misma noche, Louis escribió con letras grandes en la portada de una nueva libreta:

- Diario del experimento para la fórmula del amor. Volumen 2. -
  • Visto: 28

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN