La soledad del universo

Mi querida Centauri A:

Aún siendo consciente de los inconvenientes que te puede causar esta carta con tu madre, la conocida Señora Láctea, he decidido tomarme la libertad de enviarla. Desde el momento en el que nací, hace casi 4.700 millones de años, me hallo rodeado de seres que me orbitan, me observan sin preocuparse por entablar contacto conmigo y siempre me he sentido solo. Tierra comparte su existencia con millones de criaturas enanas que hacen uso de ella y aún siendo la suya una verdadera relación tóxica que sabe que la destruye, la mantiene ocupada, habiendo de solucionar los múltiples problemas que le generan esos pequeños monstruos. Marte, por su lado, se encuentra siempre indignado con el Universo por motivos absurdos, ahora el cometa Halley, antes el silencio del universo. Venus siempre ha sido de mi agrado, aunque nunca haya juntado el valor suficiente para conversar conmigo. Una pena porque me interesaría tanto saber qué esconde en ese silencio. Sé que Mercurio teme ser abrasado por mi calor, por ello nuestra amistad nunca será posible. El resto de seres que me orbitan están demasiado lejos para cualquier relación; la distancia me aleja del interés por conocerlos.

Mi sueño siempre ha sido tener un compañero o compañera con quien discutir los pequeños descubrimientos de esas pequeñas criaturas terrícolas; disfrutar de los maravillosos choques de meteoritos y compartir mi existencia. Por eso, cuando vislumbré un lejano brillo tras muchos miles de años de soledad, mi ilusión volvió. Me dispuse a investigar de dónde provenía ese brillo mágico que me llegaba en el universal horizonte y la incontenible basura espacial la identificó a usted, mi querida Centauri. Desde entonces, ardo en deseos de hacerle partícipe de mis sentimientos.

Deseo expresarle mi amor, cultivado por todos estos años de soledad y reflexión. Además, me gustaría proponerle comenzar una relación epistolar que nos permita conocernos en la distancia. Sepa que redacto esta misiva con todo mi cariño y respeto, con la esperanza de que acceda a mi solicitud y con ello haya dos cuerpos conectados en el halo de este universo.
Un cálido saludo y mucho amor

Sol



3000 años después



Estimado Sol:

Nunca pensé que, a mi edad, una estrella tan joven como usted me declararía su amor. Me gustaría participarle mi más sincero agradecimiento; ha sido un halago saber que aprecia mi brillo característico.

Sin embargo, con pena le transmito que mi oportunidad de experimentar el amor y compartir todas esas maravillas de nuestro universo se fue hace mucho, al tiempo que desapareció mi querido Cassiopeia A. Fui atraída por él, gravitándole durante muchos años, antes incluso de que usted naciera. Era una estrella maravillosa, inteligente, culta y hacía que mi tiempo de revolución se alterase. Desgraciadamente, tan solo mil años después de haber hecho oficial nuestra atracción, su momento llegó. Sólo me quedó de él polvo estelar que llegó a mi superficie y que guardo como mi mayor tesoro.

¡Me pongo melancólica cuando recuerdo aquel día en que le escribió a mi madre para pedirle mi brillo! Su solicitud fue rechazada debido a nuestra lejanía. ¡Ay! Pero eso no impidió a Cassiopeia seguir enviándome paquetes de energía con cartas de amor. Realmente fueron los milenios más felices de mi existencia.

Entenderá ahora que no pueda comprometerme con usted, ni asegurarle mi amor. Aunque me encantaría continuar con esta relación epistolar, dado que yo también me siento sola, particularmente desde que mis hermanas B y C se enemistaron conmigo. Me encantaría leer más sobre esos planetas que le orbitan y todo sobre su nacimiento, pues he pensado en ello mucho.

Espero con impaciencia su respuesta y espero de corazón que esta carta no le resulte demasiado dolorosa. ¡La amistad es un bien que se prodiga poco y se ha de valorar mucho!

Un abrazo de su nueva amiga,

Centauri A.


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