UN PASEO POCO COMÚN

Existe una leyenda que se cuenta continuamente en la Tierra, cíclicamente a lo largo de las generaciones y dice así:
Una calurosa tarde de verano, me encontraba rodeada de mis compañeras ondeando suavemente. A nosotras nos gusta disfrutar y jugar en el silencioso prado azul. Y nos pasábamos los días jugando en él. Como los humanos nosotras también vivimos en zonas diferentes y con características diferentes: Algunas viven en pequeños canales precipitados y llenos de emoción otras en las alturas remotas y frías a diferencia de las que se encuentran en las entrañas de nuestro planeta, yo vivía en un lugar pacífico y extenso lleno de animales y vegetación variada, pero nunca había salido de mi ciudad, hasta que aquel verano todo cambió.
Fuimos a un lugar exótico, aparentemente igual que el nuestro pero con un tamaño muchísimo menor y muy cerca de extrañas acumulaciones de tierra llamadas “islas”. La diferencia llegó cuando nos sumergimos donde vimos fauna y flora completamente distintas y exóticas, ese lugar es llamado Jónico. Pasaron un par de días, estaba con mis amigas explorando nuestro lugar de alojamiento cuando divisamos un gran acantilado lleno de corales de todos los colores. Era impresionante y queríamos investigar aunque pronto nos asustamos porque oímos revuelo encima del acantilado: escuchamos las olas romper, chapoteos y gritos lejanos incluso comenzamos a ver una gran sombra proyectarse sobre nosotras, naturalmente huimos lo más rápido que pudimos hasta volver con nuestra familia. Nos prohibieron volver a acercarnos allí. Pero yo seguí observando a los humanos y descubrí un patrón: por la noche no había nadie, pero tampoco luz para admirar el paisaje, por la mañana y tardes estaba a rebosar de humanos, en cambio sobre el mediodía no solía haber casi nadie, en cambio la luz era radiante así que esa debía ser la hora.
Varios días después regresé sola a aquel inédito lugar a mediodía, yo siempre viví en las profundidades, por ello el proceso de subir a la superficie era muy tedioso para mí. Una vez arriba el paisaje era impresionante, parecía como mis praderas de arena llenas de vegetacíon pero esta estaba desértica y vacía. Me acerqué lo máximo que pude a la orilla, miré hacia arriba y vi una gran esfera flotante, era tan hermosa, aunque desprendía mucho calor, era una sensación que nunca había vivido, no le dí mucha importancia y disfruté del resto de edificaciones y vehículos. Estaba fascinada viendo el nuevo paisaje cuando una ola me arrastró hasta la orilla, cada vez el calor era más fuerte a cada impulso aumentaba hasta que sentí que empezaba a levitar.
Estaba arriba, perdida, sola había oído sobre que podía llegar a esta situación pero nunca llegué a pensar que me ocurriría a mí así que no sabía como actuar. Quedé vagando en un vacío incómodo, arrastrada por una extraña fuerza que me agrupaba con otras de mis compañeras, en esa forma no podíamos hablar, parecíamos gas. Una vez me fui agrupando con más y más como yo nos íbamos convirtiendo en las nubes que yo hace un momento estaba apreciando desde el agua. Pasadas un par de semanas noté como nos habíamos estado desplazando levemente a lo largo de los días y parecía que nos acercábamos a una zona montañosa. Legó un punto en el que éramos tantas de nosotras agrupadas en la misma nube que poco a poco nos enfriábamos y nos convertíamos en pequeñas cristalizaciones, al mirar abajo vi como miles y miles de estas formaban una gruesa capa de nive. El calor del sol era abrasador en esa época del año, y prácticamente nada más caer nos empezamos a derretir y a poco a poco formar un canal de agua.
Este era rápido, tanto que prácticamente no podíamos comunicarnos entre nosotras, yo todavía no sabía lo que me había pasado. De repente nos paramos muy bruscamente. Hablé con una de mis compañeras y me dejo que esto era algo normal, que nos pasaba a todas por lo menos 1 vez en la vida y me explicó con detalle prácticamente todo lo que me había sucedido hacía un par de semanas atrás y entendí como todo lo que había vivido era normal. Y que se llama “el ciclo del agua”.
Un día fuimos absorbidas y cruzamos múltiples tuberías ¡parecía un tobogán de agua! Fue genial. Al llegar a lo que parecía el destino final, salimos por un tubo bastante más pequeño y caímos sobre unas plantas, por suerte yo no fui absorbida y me adentré en las profundidades del manto, las aguas subterráneas. Meses y meses después el suelo empezó a temblar y salimos disparadas hacia arriba como una fuente, desde allí pude ver a mi familia, con la que me iba a rencontrar poco tiempo después.
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