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Cosmología familiar

En el centro, hay una madre.
En ocasiones se trata de un sistema doble con dos estrellas centrales, es decir, con el padre; aunque este puede estar flotando en el espacio exterior en algún punto incierto (son habituales los agujeros negros trabajo o bar).

A veces de improviso, otras con cálculos meticulosos, aparece un nuevo cuerpo celeste tras acciones combinadas de fusión y de fisión. Acostumbra a permanecer junto a la madre por un tiempo bastante prolongado; la primera parte, de hecho, bien pegado a ella como atraído por un poderoso campo gravitacional.

La recién creada entidad del sistema familiar irá creciendo y tomando forma propia. Habrá besos, risas y juegos con los astros originadores y con otros elementos del entorno.
Luego será golpeada por el meteorito de la adolescencia, que la separará de ellos de manera brusca.

Superadas las turbulencias, de duración variable, los hijos acaban orbitando a su alrededor cual cometas, y regresan muchos domingos para comer con sus universos ancestrales y llevarse tápers.

El proceso de apagado de una estrella central pasa por diferentes etapas. En una de ellas, cual enana blanca se enfría y se vuelve invisible para propios y extraños a pesar del amor en emisión continua durante tantas décadas. Llegado el fin, las lágrimas y los lamentos por los intervalos cada vez mayores entre los perihelios ya no sirven de nada.
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