Skip to main content

El plan

Miércoles, 17 de julio. En esos días tan calurosos, Jorge siempre se replanteaba haberse dedicado a la arqueología. Pese al avance tecnológico que se había producido en distintos sectores, el trabajo de campo continuaba siendo el pilar fundamental de cualquier excavación arqueológica.

Armado con su inseparable paleta y su gorro estilo tuareg, Jorge contaba los minutos restantes para la pausa de la comida, que le diera un respiro en esa infructuosa y sofocante mañana de verano. Si al menos hubiera encontrado algo en la cuadrícula que tenía asignada… El caprichoso destino quiso que el hallazgo se produjera cuatro minutos antes de la hora de comer.

Una luz cegadora, amplificada por el fuerte sol, fue la señal inequívoca del descubrimiento. El destello provenía de la luz que reflejaba un objeto de cristal. Con sumo cuidado, mediante movimientos realizados armónicamente a través de una pequeña brocha, Jorge desenterró un fragmento de lo que, en su día, debió ser una botella de vidrio.

Al contemplar con detenimiento el hallazgo, observó que tenía una inscripción grabada. Se podían detectar con claridad 5 letras: E, P, L, A y N, en ese orden, con un pedazo de vidrio que faltaba entre la E y la P. Había una distancia suficiente entre esas últimas letras para que el fragmento faltante contuviera otra letra y un espacio de separación entre ellas. Como si fuera un participante en un concurso de televisión, pronto dedujo el mensaje incompleto: “EL PLAN”. Aunque pasó gran parte de la tarde buscando más trozos de la botella que le ayudaran a “resolver el panel”, no apareció el fragmento con la L grabada por ningún sitio.

En cualquier caso, el pedazo de vidrio encontrado aportaba información de gran interés. En primer lugar, el mensaje indicaba que provenía de una cultura hispanohablante. Asimismo, teniendo en cuenta que el tiempo medio de descomposición del vidrio es de unos 400 años, era posible realizar una datación preliminar de dicho objeto en un rango entre el siglo XX y el siglo XXIII.

Pero, más allá de dicha datación, su intuición y limitada experiencia le decían a Jorge que, con casi toda seguridad, debía de tratarse de un objeto del siglo XXI, ya que la mayoría de hallazgos obtenidos en las últimas décadas databan de dicho siglo. El siglo en el que el consumismo alcanzó su auge y que derivó en una crisis medioambiental sin precedentes en la historia de la Tierra, provocando la desaparición de gran parte de la superficie terrestre, así como de los seres humanos que habitaban dicha superficie. Este hecho supuso, inevitablemente, un cambio de paradigma en el estilo de vida de toda la humanidad: un estilo mucho más sostenible y alejado del consumismo y de la tecnología. Sin embargo, cumpliéndose el dicho de “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, en el último siglo parecía que el ser humano había olvidado ya dicha catástrofe, retomando viejos hábitos nocivos.

Aquella noche a Jorge le costó conciliar el sueño. A la cabeza se le venía continuamente la imagen del tesoro hallado. El continente, de vidrio, le hacía pensar que “el plan” se referiría a algún tipo de bebida de dicho periodo pese a que, según su opinión, no resultaba un nombre demasiado comercial. Su último pensamiento antes de dormir fue solicitar ayuda a algún colega.

A la mañana siguiente acudió a hablar con Elena, una experta historiadora que colaboraba asiduamente con el centro de arqueología. Al ver el fragmento de vidrio, Elena llevó a Jorge a una sala en la que se encontraban decenas de objetos similares. La historiadora le explicó que dichos fragmentos correspondían a trozos de botellas de vidrio de una conocida marca de refrescos de la época.
- ¿Entonces la marca de refrescos se llamaba “El plan”? -preguntó Jorge-.
- No, que va. Nuestras investigaciones apuntan a que al final del primer cuarto del siglo XXI, con el objetivo de conectar con el público más joven, dicha compañía lanzó una agresiva campaña de “marketing” con expresiones utilizadas por la juventud en aquella época -contestó Elena-.
- ¡Qué curioso! ¡Y qué poco sostenible!
- Desde luego -ratificó Elena-.

Jorge se acercó a ver algunos de los fragmentos descubiertos. Los diferentes grabados parecían jeroglíficos de la época egipcia, por la dificultad de descifrar el significado: “shipeo”, “crush”, “periodt”... ¿Habría una “piedra de Rosetta” para ello?

Justo al lado del vidrio que llevaba grabado “to flama”, Jorge detectó un pequeño fragmento con una forma peculiar. Y cual príncipe al calzar a la Cenicienta, no pudo ocultar su entusiasmo al descubrir que acababa de encontrar la pieza que andaba buscando, aquella que encajaba en el fragmento de vidrio que descubrió el día anterior. Pero la pieza no tenía grabada una L. ¡Era una N! ¿Qué diablos significaría “en plan”?
  • Visto: 117