Buenos días

Estaba revisando la máquina para buscar el puerto de conexión, por arriba, por abajo, un lateral, el otro y finalmente "¡ah! sí, ¡cómo no!", la conexión se encontraba en la parte posterior. Conectó el cable y procedió a realizar un análisis del sistema. Todo bien. "Repite de nuevo", le dijo, "¿cuál es el problema?"

"Sí, como le conté ayer", le respondió la persona aún en pijama rascándose la coronilla de forma pensativa, "se lo repito desde el principio".

"El caso es que me levanté tarde por segundo día consecutivo" recordó tornando su gesto desde la pasividad del cansancio hasta la frustración. "Aunque esta vez era mucho más tarde que el día anterior" recordó y puntualizó "sí, una hora". El técnico comprobó la configuración y los cambios realizados. "Todo bien", concluyó "los cambios fueron realizados desde la IA", ambos quedaron pensativos, "¿no habrá solicitado esos cambios en sueños o mientras hizo alguna otra cosa y no lo recuerda?", inquirió el técnico.

No tuvo más remedio que aceptar el problema y despedir al técnico, "lo que no está roto no se puede arreglar" había dicho este antes de despedirse y marcharse.

Alex tornó a su interfaz, no sabía exactamente cómo controlar el sistema, había sido adquirido hacía un par de días por consejo de su hermano y aún le costaba encontrar la sección de configuración. Aunque pensándolo más detenidamente, incluso si hubiese estado con el mismo sistema durante años le habría costado encontrar la configuración. Según una compañera de trabajo hacían las interfaces (UI lo había llamado) cada vez más difíciles para que interactúes con el sistema de IA por voz.

"Vale", concluyó, "me rindo, oye Xena", había dicho para activar el comando de voz. Cada vez que decía eso pensaba en su héroe de infancia "Xena" y esperó a que el dispositivo le indicara que estaba escuchando. "¿A qué hora te pedí configurar el despertador?", preguntó y esperó por la respuesta. "A las 9 de la mañana". quedó pensando un momento e inquirió, "¿entonces por qué sonó a las 11?", mostrando su enfado. "Tu cuerpo necesita 8 horas de descanso, tu reloj indica el inicio del sueño a las 3 de la madrugada".

Su enfado se tornó estupor. "Yo no he configurado nada en mi reloj", pensó en voz alta, "correcto, es la configuración por defecto". Fue el momento en el que recordó las preguntas, inicialmente sin sentido, que el sistema le realizó, aquella típica instalación: siguiente, siguiente y siguiente.

Quedó pensando sobre las implicaciones de lo sucedido. El sistema había decidido cambiar la hora del despertador para acomodar sus horas de sueño. "De acuerdo", pensó y tomó su tiempo para construir la frase adecuada, "¿puedes deshabilitar las acciones de consejos para mi salud?". Era inviable tener ese sistema configurado debido a sus exigencias laborales actuales. Hoy se había librado argumentando problemas de salud, pero debía acabar con esa dinámica.

"No es recomendable", increpó Xena y continuó, "debo tener una confirmación en dos horas". ¿¡Cómo!? Debía ser una broma. Quizás su hermano estaba detrás de todo y estaba riéndose en estos momentos a su antojo. "¿Por qué ese tiempo de espera?", preguntó sin aún creer que estuviese replicando a una máquina. "Tu nivel de enfado no me permite aceptar ese comando", determinó la máquina.

El estupor crecía por momentos y entonces comprendió, "¿llevas dos días cambiando mi despertador para acomodarlo a una vida más saludable?", preguntó con visible enfado, "¿y crees que funciona?" La máquina tomó un momento y comenzó a dibujar un gráfico, Alex visualizó la pantalla: "Análisis de ritmos cardíacos" y una gráfica donde se mostraba un gráfico que se aceleraba solo el día de ayer. Durante la mañana, cuando recordó ir corriendo para no perder el autobús y la sensación agradable de encontrar espacio para sentarse y no como en días anteriores.

También vio un nivel mayor al mediodía, cuando alguien le hizo una llamada durante una reunión, recordó que no había nadie al otro lado. "Se habrán equivocado", pensó pero también sintió satisfacción al poder omitir la reunión durante esos dos minutos que permaneció fuera.

Fue entonces cuando cayó en la cuenta, en ese mismo momento de que esos fallos, esos momentos, habían hecho que se moviese y tuviese un poco más de actividad que en muchos otros días anteriores, había podido hacer otras acciones y al parecer, por el reloj de su muñeca, Xena sabía de todo eso y más. Conocía su agenda y tenía acceso a su teléfono. De repente se preguntó, ¿debería esta máquina tener acceso y controlar esos aspectos de mi vida? Pero no pudo más que sonreír porque pese a todo, el día de ayer no fue tan mal y hoy estaba en pijama sobre su cama con una sonrisa en su cara y pensando qué haría cuando pasaran esas dos horas.
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