Iluminar la oscuridad

ZenoSia sólo tenía un deseo: ser más grande. Todos sus compañeros de la nanoscuela medían más que ella: alumoso, silicasto o titanión. Y ella no acababa de crecer, siempre había sido de las más pequeñas de la clase. Hasta su nombre real era pequeño: ZnS, aunque todos la conocía por ZenoSia. En la nanoscuela el tiempo se le hacía eterno, quería ser adulta y poder ir al médico para que arreglara su problema de tamaño. ¿Cómo iba a tener una vida normal si el resto casi no la veía?

Su madre, la señora CodSen, siempre le decía que ellos venían de una familia especial, Que ella podría hacer cosas increíbles que ahora ni se imaginaba. Pero ZenoSia no se creía ni una palabra. ¿Qué iba a tener de especial su madre, que trabajaba todo el día en esa tienda de televisores a las afueras de la ciudad? La verdad es que no le había contado mucho sobre su trabajo, porque decía que ya lo entendería cuando fuera mayor. Un día, presa de la curiosidad, ZenoSia decidió seguir a su madre hasta la tienda.

El plan era arriesgado. El establecimiento estaba en la periferia y tendría que arreglárselas para llegar hasta allí sola, La ciudad de Nanotown no era especialmente grande y podría cruzarse con otros nanotenses conocidos en cualquier momento. Si alguien la reconocía, estaba perdida porque a esas horas debía estar en clase. Por eso, necesitaba disfrazarse. Encontró una capa antigua en el armario de su madre que le vendría perfecta para ocultarse. Al probársela se dio cuenta de que le permitía caminar más rápido con poco esfuerzo. "Cuántos secretos guardas, mamá", pensó mientras la doblaba apresuradamente.

El día que había elegido para la visita, actuó con normalidad. Después de desayunar, dirigió sus pasos hacia la habitación y cogió su mochila para irse a la nanoscuela. Se despidió de su madre y, al salir de casa, se ocultó detrás de una esquina suficientemente alejada de la puerta. A la media hora, observó a su madre salir en dirección a su trabajo. Ya bajo su capa mágica, comenzó a seguirla hasta que la señora CodSen subió a un autobús. ZenoSia esperó en la misma parada unos diez minutos y cogió el siguiente autobús hacia la tienda. Recordaba haber ido alguna vez allí cuando era muy pequeña.

Tras atravesar toda la ciudad, apareció entre ella el edificio de ladrillo rojo que recordaba de su última visita. Se alzaba imponente en un barrio de casas pequeñas y humildes. Tenía unas diez plantas y se asemejaba a una gran lengua de fuego que emergía de lo más profundo de la tierra. La tienda de televisores ocupaba toda la superficie de la planta baja, era enorme. Decidió otear el interior a través de las grandes cristaleras desde una posición segura para no ser descubierta. Después de algunos minutos, vio a su madre en una cola de quantumos, la estirpe a la que ellas pertenecían. Estaban en la zona de la tienda que tenía los televisores más grandes y modernos. De pronto, la señora CodSen desapareció de su vista. Siguió mirando aquella fila de quantumos y reparó en que cada uno de ellos iba entrando por pequeñas rendijas situadas en el canto de las pantallas.

ZenoSia se sintió desconcertada, ¿qué clase de trabajo era ese? ¿por qué tenían que entrar ahí? No parecía el sito más acogedor del mundo. Uno de los empleados había salido a fumar por una de las puertas de emergencia. Decidió aprovechar la ocasión para entrar al local y averiguar qué estaba pasando allí dentro. Su capa mágica le ayudó a atravesar la puerta a la velocidad del rayo en un despiste del empleado.

Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad que había, se dio cuenta de que se encontraba en un pequeño almacén. Entreabrió una puerta y vio que estaba muy cerca de la zona donde vio a su madre por última vez. De pronto, la luz se encendió y apareció el empleado fumador. Ya no había posibilidad de escapar, estaba acorralada...

La siguiente imagen que observó fue a su madre mirándola con cara de preocupación. De los nervios de haber sido "cazada", se había desmayado y estaba tendida en el suelo.

- Por fin has despertado, pequeña ZenoSia. Te diste un golpe fuerte en la cabeza al caer. ¿Qué hacías aquí?
- Mamá, no me riñas, yo...quería saber cómo era tu trabajo. Te ví en la cola pero luego desapareciste, ¿dónde estabas?
- Ay mi nena curiosa. Ya te dije que nuestra familia era especial. Tenemos el poder de brillar en la oscuridad. Y mi trabajo es dar mi luz para que las pantallas funcionen. De lo contrario serían completamente negras e inservibles.
- Qué trabajo tan bonito mamá, iluminar la oscuridad. ¿Me enseñarás a hacerlo tan bien como tú?
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