El milagro de la ciencia

A María le desconciertan los resultados cuando abre el sobre, mucho más que
aquellos que le leyeron hace doscientos años. En ellos se especificaba de forma
despiadada: tumor en etapa IV, metastásico. Las pupilas titilantes de su padre, el
célebre Doctor Serrano, le dijeron el resto: esperanza de vida seis meses.
—Suficientes para criogenizarse y despedirse —confirmaron los eruditos.
Un escalofrío le recorre la columna al evocarlo. Aquella remota mañana, mientras
introducían su cuerpo en nitrógeno líquido a –196C, las preguntas se fueron
congelando con ella: ¿Merece la pena existir sin aquellos que amas? ¿Se puede decir
que has vivido sin haber alcanzado la mayoría de edad? Ahora con doscientos
diecisiete años se responde que tiene muchos por delante para descubrirlo.
La joven inspecciona su futurista habitación y reconoce que es un bonito gesto que
la empresa Cryon Universe haya decorado la estancia al estilo ochentero. Incluso han
tenido el detalle de enviarle una carta por correo postal en lugar de un holograma.
María baja la mirada y relee incrédula el documento: test de embarazo positivo.
Imaginado un futuro en el que ya no estará sola, hurga en su memoria para recordar
qué sucedió la última vez que una virgen se quedó embarazada.
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