LA BALANZA DE KIBBLE

–¡Entonces es un estado donde los electrones se aparean! –decía sorprendido Unai mientras leía sobre el efecto Josephson superconductor mientras un autobús sin conductor lo transporta a la planta de producción de la farmacéutica en la que trabaja.
–Estas leyendo sobre superconductividad, ¿verdad? –preguntó Catherine a Unai después de haberse dormido unos de minutos en el autobús.
–Sí, sobre su historia y como se ha llegado a aplicarla en la industria –respondió Unai–. Por ejemplo, en la nueva balanza de Kibble. ¡Se ve que cuando los electrones se aparean, pueden surgir nuevas propiedades!
–Así es. –contestó Catherine–. Es debido a que se genera un nuevo estado de la materia… la superconductividad.
–Fue Josephson quien predijo que al aplicar un voltaje constante en el tiempo en un superconductor se crearía una corriente oscilatoria. ¿No te parece impresionante? –respondía Unai.
–¡Y tanto! De hecho, creo que lo tildaron de loco. –respondió Catherine–. Y pensar que años después sería galardonado con el Premio Nobel. Recuerdo que un profesor en la universidad decía que la diferencia entre la locura y la genialidad radica en si consigues el éxito. Por cierto, Me gusta que te intereses por otros campos de la ciencia en tu tiempo libre. Últimamente esta sociedad me recuerda la apatía a la ciencia que describía Asimov en su libro Fundación, ¿No te parece?
–No exageres, hoy en día se gradúan más científicos e ingenieros que hace un siglo. –contestó Unai–. Lo que pasa es que tú sigues más la filosofía de Feynman, que eleva la ciencia por encima de todo mientras que yo tengo una visión más crítica de la ciencia, algo parecido a lo promulgaba Feyerabend. Por ejemplo, el descubrimiento de la superconductividad fue por serendipia, un resultado obtenido de forma accidental por investigadores que quería condensar gases y por casualidad se encontraron con una resistencia eléctrica igual cero.
–Sí, la superconductividad fue descubierta de forma serendípica al igual que la penicilina, pero luego la ciencia encuentra más cosas, da explicaciones. Que la resistencia eléctrica sea cero no te dice nada de lo que está pasando internamente. Han sido otros científicos los que se han dado cuenta luego que los electrones se tienen que aparear para que la superconductividad surja. A mí me parece impresionante que los electrones se puedan juntar a pesar de tener la misma carga eléctrica. ¡Así de extraña es la mecánica cuántica! –exclamaba Catherine.
–¡Tienes razón! –respondía Unai con un tono apaciguador para no extenderse en la discusión–. Ya veo porque te dedicaste a la física. Te gustan las respuestas complejas jejejejeje.
–Me gustan las respuestas, si son sencillas mucho mejor. –contestó Catherine, reafirmando lo dicho con un movimiento de cabeza–. Solo me impresionaba el hecho de que a ti, siendo bioquímico, te interese este campo de la superconductividad.
–No soy físico como tú, pero quizás tenga la misma curiosidad.
Minutos más tarde, el autobús llega al centro de producción y ambos compañeros descienden del autobús.
–Cuando tengas un minuto libre pasa a verme que estaré en el laboratorio donde se encuentra la nueva balanza Kibble de ultra alta precisión –le dice Unai a Catherine.
Al cabo de un rato Catherine pasa a ver a Unai.
–Hola, Catherine. Gracias por venir. Quiero que me ayudes a medir por primera vez en la balanza de Kibble. Dicen que con este nuevo equipo podremos pesar cantidades de masa muy pequeñas con una precisión nunca vista. Tenemos que pesar con el más alto grado de precisión la cantidad de componente activo del medicamento que estamos usando para un tratamiento contra el cáncer. De esta forma podremos tratar de forma personalizada y más efectiva a cada paciente, es decir con la cantidad óptima de componente activo, evitando los efectos adversos en las personas por exceso de medicamento o perdida de eficacia por suministrar menor cantidad.
–¡vaya! eso sí que es un avance. –exclamó Catherine–. Mira, lo primero tienes que hacer es medir la corriente de forma exacta usando un primer voltaje Josephson dividiéndolo por la resistencia cuántica de von Klitzing. Después se debe medir un segundo voltaje Josephson; al multiplicar la corriente por este segundo voltaje Josephson tendrás la potencia. Dicha potencia la divides por el valor de la gravedad y la velocidad de oscilación de la bobina determinadas por unas medidas de interferometría y listo, ya tienes el valor de la masa de tu componente activo con una incertidumbre de diez partes por mil millones, aproximadamente.
–¡Ahora pesar es todo un arte!
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