HASTA LOS HUESOS: La química de la sustancia Amor.

"El fuego es íntimo y universal[…] Sube desde las profundidades
de la substancia y se ofrece como un amor” Gastón Bachelard.

Era Julio cuando realizamos en la clase de dinámica de sustancias sentimentales y alimenticias, un laboratorio sobre viscosidad dinámica. Se midió la viscosidad del amor, en relación con la miel y la jalea. La unidad en que se mide la viscosidad dinámica es centipoise; fue evidente en todos los ensayos que la viscosidad del amor es equivalente a 80.000 centipoise, siete veces más viscosa que la miel que solo midió 10000 centipoise. Solo el calor del cuerpo humano (el nuestro u otro), es el que permite que el amor se disemine con mayor facilidad hasta la última de nuestras coyunturas, la presencia del calor hace que su viscosidad baje. La miel halla su momento de mayor fluidez a los treinta grados, en cambio el amor lo hace a los treinta y siete grados.

La química del amor es variable. Es una de las sustancias más estudiadas, versátil y definitivamente peligrosas. Ha existido desde siempre un gran presupuesto para su investigación, financiado desde el gobierno y las entidades privadas, pero ¿Qué pasaría si pudiéramos controlar el amor?, si con un solo compuesto químico se pudiera destilar fácilmente el amor de nuestros huesos y manejarlo a voluntad. ¿Qué marca no pagaría porque el amor, que habita en nuestros huesos, se dirigiera a ellos? Controlar el amor, esta terrible y dinámica sustancia, sería la cumbre de todas las ciencias sentimentales y químicas.

La inestabilidad en su composición es tan indeterminada como la diversidad en su concentración. Algunos ensayos clínicos presuponen que reacciones metabólicas han otorgado una mayor medida de amor a algunos sujetos, el gramaje total es siempre imposible de conocer. Casi todas las pruebas se tienen que realizar con personas que han muerto, es la única forma de sacar todos los huesos y realizar un delicado procedimiento de laboratorio establecido, en el que se vuelven una masa del que se extraen las diferentes sustancias- sentimientos, finalmente destilarán el amor. Pero, se cree que el rigor mortis ha intervenido en las mediciones y todas las cantidades son desacertadas.

Siempre ha creído que la edad hace variable el tipo y la cantidad de amor. No será la misma concentración de amor, la que encontraríamos en los huesos de un pequeño que abraza a su madre con sus dos brazos como si tuviera cien, a la que encontraríamos en los huesos de un viejo que abraza su dinero como si tuviera mil brazos.

La peor cualidad del amor, sobre todo para quienes son estudiosos del asunto, es su capacidad de mezclarse tan bien con otros sentimientos generando mezclas homogéneas casi perfectas, esto hace imposible que uno sepa diferenciar amor de ambición o amor de pasión, o amor de tristeza.

Siguen abiertas las discusiones y preguntas sobre este tema tan medular, incluso luego de más de doscientos años de juicioso estudio de las ciencias sentimentales, permitiéndonos poseer a esta altura toda una serie de protocolos establecidos para el estudio de las sustancias-sentimientos. Se mantienen incluso los aportes realizados por Newton sobre el asunto, hasta los últimos artículos de las más reconocidas universidad y centros de investigación en el asunto. Ejemplo de ello son la gran estructura de laboratorios en la Universidad de Yale especializados en el estudio de las sustancias- sentimientos.

Para continuar en la comprensión del asunto en otros artículos se hará énfasis en otros sentimientos- sustancia, especialmente del dolor y la pasión, aunque todos los asuntos que tratemos terminarán llegando- como siempre- a la sustancia que habita hasta el último de nuestros huesos: la sustancia Amor.
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