Malos tiempos para la lírica

-Estamos en el año 2119, Martín. Ya no puedes decir ciertas cosas de los androides.
-Tampoco creo que sea para tanto, ¿no?
-No es el lenguaje que se espera de un presidente del gobierno.
-Exageras.
-Llamaste máquina al entrevistador.
-Es que es una máquina.
-Esa palabra los incomoda, les hace sentirse reducidos a su condición mecánica, te lo he explicado cientos de veces.
-Qué barbaridad, últimamente no se puede hablar sin molestar a nadie.
-Sólo piden un poco de respeto.
-¿Respeto? ¿Insinúas que yo no los respeto? Claro que los respeto. De hecho, algunos de mis mejores amigos son androides.
-Ah, ¿sí?
-Por supuesto, lo que pasa es que tú no los conoces. Y, ¿sabes qué? Entre ellos no tienen reparos en llamarse máquinas los unos a los otros.
-Ya, pero tú no eres un androide, así que hazme caso y no emplees términos que puedan causarnos problemas.
-¿A ti no te agota esta era de ofendidos?
-Oye, no me malinterpretes. Yo opino igual que tú, pero ahora estamos en una posición pública y debemos tener cuidado.
-Qué difícil es todo. En ocasiones pienso que habría sido mejor vivir hace un siglo. Seguro que entonces no andaban preocupándose con estas tonterías.
-Bueno, te recuerdo que en esa época los humanos estaban a punto de cargarse el planeta.
-Es cierto. Menos mal que los delfines nos hicimos cargo de la situación.
-Sí, menos mal. Menos mal.
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