Aquellos eran otros tiempos

En cuanto encendió su aparato de inmersión, Vera se vio envuelta de gente extraña, en una ciudad extraña. Le sobresaltó la cantidad de personas transitando por las calles, las ropas excéntricas y seguramente incómodas que vestían. Asimismo, circulaban muchos vehículos ruidosos y vistosamente pesados por una carretera oscura y llena de peligrosas grietas. Tanto ella como sus compañeros de clase tardaron unos segundos en habituarse a ese particular escenario. Su profesora de historia, que estaba delante de ellos esperando a que las reacciones de asombro se atenuaran para que le prestasen un poco de atención, había decidido que experimentasen cómo eran las ciudades 500 años atrás, es decir, en el año 2022.
- Muy bien niños, desconectaré todos los aparatos en dos horas. Recordad: debéis observar y registrar en vuestras pulseras todo lo que os sorprenda y luego lo comentamos juntos.

Dicho esto, la profesora desapareció y todos los niños empezaron a correr como caballos desbocados. Vera tomó una calle menos transitada para huir del ruido. Era bastante estrecha y algo oscura, y a los laterales había grandes ventanales donde se podía ver el interior de las casas. En ellas, vio algunas personas pasando un gran objeto de plástico con una base de metal sobre piezas de ropa, otras parecían preparar ellas mismas su comida. Pero le generó un especial impacto un hombre consumiendo lo que parecía ser tabaco, pues nunca había visto tales conductas de autodestrucción. Pensó que los avances tecnológicos y científicos de los últimos siglos habían facilitado mucho la vida, haciéndola más práctica y saludable.
Continuó caminando y explorando la ciudad, pero se dio cuenta de que muchas calles eran similares y le parecía estar viendo las mismas cosas una y otra vez, de modo que decidió moverse en línea recta, dirección a unas montañas cercanas, para alejarse de la ciudad. En seguida se encontró con un paraje bucólico. Extraordinariamente cerca de la ciudad, se desplegaban unas grandes extensiones de árboles frutales, campos de hierbas que no conocía, e incluso vio a lo lejos un grupo de lo que parecían ser ovejas, pastando tranquilamente en una ladera. Era como un sueño. Únicamente lo podía comparar con algunas imágenes que aparecían de vez en cuando en la pared de su habitación, cuando quería relajarse. No obstante, visualizar el paisaje en esa inmersión no tenía nada que ver con las pobres imágenes en dos dimensiones. Se dio cuenta de que había un hombre cerca recolectando albaricoques y decidió acercarse. Era algo mayor, debía tener unos 140 años, pensó.
- ¡Hola! ¿Todos estos árboles son suyos?
- Sí, claro...-dijo girándose lentamente y mostrando un rostro arrugado y castigado por el sol, cubierto de una tupida barba blanca-. Pero no es tan bonito como parece, ¡apenas puedo vivir con lo que me dan!
- A mí me parecen muy bonitos. De hecho no había visto nunca nada igual.
- ¿No habías visto nunca esto? ¿Pero tú de dónde eres?
- Bueno, en realidad soy del futuro, señor.
- Ah, claro, ¡del futuro! -exclamó mofándose-. ¿Y no tenéis árboles en el futuro?
- La verdad es que no. Hay algunas islas que todavía tienen, pero no los necesitamos con los purificadores de aire.
- ¡Ja! Pero los árboles no solo limpian el aire. También sirven para que nos asombremos. Eso que sientes ahora mismo al ver todo esto es mucho más importante que el aire que respiras, ¡aunque te cueste creerlo! De esa sensación nace la poesía, la magia, una mirada tierna. Gracias a esa sensación podemos recordar quiénes somos, podemos volver a conectar con lo más esencial de nosotros. Dime, ¿tenéis tiempo para eso en tu futuro? -dijo mientras mordía generosamente un albaricoque y sonreía maliciosamente.
Vera se enfadó muchísimo. Se dio la vuelta y caminó de regreso a la ciudad, dando grandes pasos y frunciendo el entrecejo. No obstante, en seguida empezó a reflexionar sobre lo que sentía. No estaba enfadada con ese señor, estaba enfadada con ella misma y con su mundo. Pese a todas las comodidades que había traído consigo el progreso tecnológico, muchas veces se sentía triste sin saber porqué. Anhelaba algo que desconocía. Quizá, pensaba ahora, ese "algo" fuera la naturaleza y las cosas que había mencionado ese señor.
Al desconectarse de la inmersión estaba algo consternada. Escuchó muchas preguntas y comentarios de sus compañeros, enfatizando lo atrasados que estaban en el 2022 en muchos aspectos. En medio del griterío de sus compañeros, Vera dijo a su profesora:
- Yo he visto un gran campo, animales, muchos árboles, y un hombre cuidando de ellos.
- Oh, sí, ya hace tiempo que nos las arreglamos sin eso, es todo más higiénico, ¿a que sí? Aquellos eran otros tiempos.
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