El tabernario marciano

A los doce años su padre preso lo encerró en una fortaleza con fuente propia de agua y electricidad. La casa con un halo magnético impedía la intrusión electrónica del mejor hacker del mundo.
A los catorce, solo, padre detenido y madre por el mundo sin poder moverse por riesgo de captura. Prohibidos amigos digitales, virtuales o informatizados.
En varias oportunidades vio a su “Superhéroe”, el constructor del fortín domótico. Le rogó le enseñara sus secretos. En la última visita comenzó a instruirlo por el afecto paternal que le tenía y el presentimiento de que sus delitos lo meterían en la cárcel a corto plazo: no quiso arriesgar al muchacho a pasar toda su vida cautivo en la bóveda de lujo.
Cada recámara es independiente con espacioso baño, cocina, sala de espera y cuarto de trabajo. La comida a la carta llega desde la planta recolectora subterránea que recibe los avioncitos teledirigidos no tripulados. Aves, carnes y pescados traídos por camión refrigerado de repartos, sin chofer, entrega a domicilio (50 kms. distantes del bunker) cuyo destino, también por drones, es la planta clasificadora de alimentos y bebidas que envía los platos a cada solicitante. Desechan la basura por túneles autolimpiables cuyo destino es la planta de reciclaje.
Libros y discos bajados por programas con perfecta encriptación. Una pequeña impresora en 3D trabaja al gusto de cada lector. Medicinas son enviadas por sistema idéntico al utilizado para la alimentación. Un novedoso programa de salud asume el papel de tutor médico. En caso de imágenes o biopsias sofisticadas, utilizan el helipuerto para traer al operador: un médico vanguardista y equipo a la altura del mejor hospital.
La instrucción se inició con dos horas diarias que luego fueron diez y quedaron en veinte al día. Alumno indaga por su cuenta sobre el destino de su mami, y la ubica. No se comunica para no perjudicarla. Jaquea al organismo judicial y cambia el delito de su padre. Años después su padre es liberado pero no consigue a su colaborador ni a su hijo. Su esposa desapareció de la faz de la tierra. Y lo que para él es peor: sus inconmensurables fondos esfumados sin dejar huella.
En Marte se ha incrementado el número de habitantes. Una familia de tres personas trata de construir su universo paralelo privado, destinado a la formación de los mejores piratas informáticos del cosmos. Los descendientes se dedicarían, con los recursos birlados al recluso, a intervenir los sistemas judiciales y bancarios del mundo, especialmente en regiones con regímenes dictatoriales y así vencer en una guerra donde fracasaron las armas y la violencia.
Eso creían…
Sus hijos marcianos no lograron el objetivo. En los sucesores se enfatiza entonces la cultura de derechos humanos, tecnología y arte. Las enfermedades degenerativas disponen de terapia genética específica y los trastornos crónicos alcanzan altísimos índices de supervivencia. Muy pocos fumadores en el planeta rojo.
Inventaron tantos artilugios que el trabajo mecánico era del dominio de la robótica, pero los autos voladores, por ejemplo, son reparados bajo la dirección de ingenieros especialistas.
Mejoró mucho la calidad de vida de los nietos. La educación dirigida a específicas habilidades y destrezas sin los angustiantes exámenes se traduce en tiempo libre para emplearlo en la esencia del propósito original.
Esta generación hace un descubrimiento: los bares. Encuentran las mejores tabernas del mundo en España. Diseñan y construyen el tabernario marciano según modelos de cantinas españolas, desde los ejemplares en cada gran ciudad hasta las cafeterías de los pueblos más pequeños.
Gran impacto humano produjo esta medida y los resultados no se hicieron esperar: mediante artificios cibernéticos modificaron el sistema bancario y los tribunales en la mayoría de los estados fallidos logrando la salida de los actores. Aún falta mucho por aprender sobre democracia y la fortaleza de las instituciones. La gente sabe que la libertad es un chasquido de dedos. Si no se cuida el espíritu ciudadano, Marte será solo una mancha roja en el espacio.

Onyx
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