Pese al otro

Además de la lluvia, este otoño derramó un triste gris entre los relieves del paisaje. El tren corre firme sobre las vías de acero; y en los vidrios de sus ventanas resbalan extraviadas gotas de agua; que luego de apiñarse, se arremolinan en los bordes de las molduras.
Miguel es un adolescente de pelo castaño y de ojos rasgados, color celeste. Su abuelo, que fuera jefe de la estación del ferrocarril del pueblo, le enseñó algunas letras del abecedario morse; y en su último y definitivo traslado, le mejoró el significado de la palabra “ausencia”.
“Ele”…Las ruedas del tren van tecleando en morse la letra ele: “Tá clan tá tá”: Punto/Raya/Punto/Punto. - “Tá clan tá tá” - “Tá clan tá tá” – Una y otra vez … y otra vez. Ele… de sus rojos labios; ele de la locura de amar por vez primera.
En este bar en donde antes la ha esperado; en donde antes de antes siempre la esperó y rieron hasta llorar; es el mismo bar en que hoy le ha confesado que la ama. Y es donde ella está diciendo que “No”; poniéndole fin al principio.
Se detuvo a mirarla con esos ojos de interrogación con que se mira a un acertijo. No se trataba de que ella no le empujase un salvavidas hasta los escombros de su naufragio; se trataba de que su impiadoso “ni nunca” le arrastra hacia el fondo como un ancla.
Como es natural, Miguel ya había soportado otros momentos dolorosos en su vida; esos que tras ocurrir, le definieron. Fueron eventos que tras escindir su propio tiempo, le apartaron del tiempo del otro mundo, con sus risas y serpentinas.
Decidió no atrincherarse en el enojo. No lejos de ahí, la antesala de otro mundo ostentaba para él una enorme cantidad de futuras lunas, mares y atardeceres. Esperaría.
Esperaría por la llegada de aquel duende sin nombre; porque cuando él lograse manifestarse, letra por letra, le construiría una hermosa epifanía.
En su última visita, la luz crepuscular de la tarde había dejado una hora de azul sobre el campo. Él dispuso entre ellos y el horizonte todos los relieves y configuraciones de las posibles palabras, y le dijo:
– “La vida es como una tela de trama ancha, y cada uno de nosotros caminamos sobre alguna de sus hebras. Puedes viajar en cualquier dirección, pero no podrás detenerte. Encontrarás intersecciones, confluencias, u otro hilo que se te atraviesa. Por poco que le acompañes, antes de retomar la dirección de tu destino, estarás caminando por otro espacio, otro universo, y serás ahora quien nunca antes ibas a ser.” –
Ella murmuró un: “No”… Suave y preciso.
Él continuó dilatando el tiempo, porque ya sabía suficiente...: “De cada camino que se bifurca, solo haremos realidad al único que elijamos”.
Secretamente, por debajo de la mesa ofreció el borde de su zapato a un escarabajo que intentaba voltearse. Cuando lo logró, el insecto quedó inmóvil un instante, acomodó su sistema de posicionamiento y emprendió una veloz carrera. Deseó que escapara al bichocidio de algún pie anónimo, y…
Regresó otra vez hasta el vuelo de su boca roja mariposa: . - Se te pasará; como un viento, dijo. -
Y entonces comenzó a ocurrir. Ella miró la sonrisa de Miguel con la misma confusión conque se regresa a la página más complicada de un libro; y sopesó atentamente aquella última proclama:
“Si supieses que ya te pertenecen todas las estrellas que he visto con mi telescopio, mi voluntad y mis sueños; si tan solo pudieses comprender que si me faltas, perderé lo más valioso de mi vida en este laberinto; que esperará en vano mi nombre por tu voz; que habitarás en el gesto de alguien ahora por mi desconocido; y que no podré regresar al sitio en donde te deseo; porque de ser aún este lugar, será quimera de otro tiempo”.
Tal revelación les humedeció a ambos los ojos.
Y entonces, por fin ella otra vez se lo dijo… Suave; como un suspiro…
Es por eso que ahora él, ya no es quien antes iba a ser. Solo algunas veces (o día por medio), para no permitir que el otro se vengue con intenso olvido, levanta la vista y sus manos hacia el cielo, y recita como una letanía: Y aún te amo… Graciela.
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