La Apuesta

Estaba enfadado conmigo mismo a pesar de que estaba a punto de ganar la apuesta. Eran las seis de la tarde del día de Nochevieja y el termómetro marcaba veinte grados. No iba a nevar, tal y como yo había dicho.
Recordé la discusión de aquella tarde, hacía más de un año, en la celebración del cumpleaños de mi amigo Salva.
- ¡Que no tío! Que el cambio climático es algo que os habéis inventado los científicos. Seguro que nuestros gobernantes no son tan ignorantes o malvados. Y si la humanidad ha sido capaz de inventar el teléfono móvil y llegar a la luna, algo inventará que pondrá remedio al cambio climático, si es que al final tienes razón y el clima está cambiando por nuestra culpa.
- No seas burro. Que todos los datos indican que la temperatura media de la tierra ha aumentado en las últimas décadas y hay mucha certeza de que van a seguir aumentando.
- Sí, hombre. Aun admitiendo que la temperatura de la Tierra haya aumentado los últimos años, eso no significa que vaya a seguir haciéndolo en el futuro. Hay también científicos que aseguran que estamos dirigiéndonos hacia una nueva glaciación y, por tanto, cada vez va a hacer más frío.
- ¡Anda ya! ¿Dime qué científicos son esos? ¡Muéstrame sus datos!
- ¡Me dan igual los datos! Vas a ver como yo tengo razón y antes de que el año que viene acabe, nevará en la ciudad. ¡Me apuesto una paella!
- ¡Paella! ¡Paella! coreó el resto de la pandilla, que no habían perdido detalle de nuestra discusión. En mi pandilla es frecuente que, antes de acudir a las fuentes de información, se cierren las discusiones apostando una paella que paga quien pierde la apuesta y comemos todos juntos.
- ¡De acuerdo, acepto la apuesta!
Aquel día, de camino a casa me di cuenta de que había caído en la provocación. Me había equivocado apostando y daba igual que ganara o perdiera, esa no era manera de intentar convencer a nadie y había perdido la oportunidad de convencer usando argumentos.
Una de las características del razonamiento de quienes niegan el cambio climático es, precisamente, considerar que un acontecimiento aislado, el que nieve en la ciudad el año que viene, necesariamente refuta la existencia del cambio climático. Y yo, aceptando apostar había usado su mismo razonamiento, que un hecho aislado, que el año que viene no nevara en la ciudad, apoyaría necesariamente que la temperatura de la Tierra está aumentando por culpa del cambio climático.
Al tiempo nos reunimos para comernos la paella que pagó Salva. Al llegar a los postres, pedí la palabra.
- Escuchadme. Ya sé que he ganado la apuesta, pero esa victoria no me da la razón. Yo nunca debería haber aceptado apostar, porque que no haya nevado no prueba la existencia del cambio climático y que hubiera nevado tampoco probaría lo contrario.
- ¡Pues si no tenías razón, páganos tú otra paella! Gritó alguien en el fondo de la mesa.
- ¡Eso, eso! Corearon los demás.
- Dejarme explicarme. Como indica su nombre, la temperatura media es un promedio, y éste se obtiene sumando una serie de valores y dividiendo el resultado entre el número de valores que tiene la serie. Así, la temperatura media diaria se obtiene sumando las temperaturas mínima y máxima alcanzadas en un día y dividiendo el resultado entre dos; la temperatura media mensual se obtiene sumando las temperaturas medias de todos los días del mes y dividiendo entre el número de días de ese mes; y para la temperatura media anual se suman las temperaturas medias de todos los meses del año y se divide entre doce. Esta manera de calcular tiene una característica importante para la discusión sobre el cambio climático que teníamos Salva y yo. Y es, que se puede obtener un mismo resultado a partir de datos muy distintos. Así, un valor de temperatura media diaria de 8ºC se puede obtener un día en el que la temperatura mínima sea de 6ºC y la máxima de 10ºC, pero también un día con una mínima de -2ºC y una máxima de 18ºC. Y lo mismo ocurre con las temperaturas medias mensuales y anuales.
Salva y el resto atendían atentamente mis explicaciones.
- Que hubiera nevado como decía Salva –continué–, hubiera implicado que uno o varios días de invierno hubiesen tenido temperaturas mínimas muy bajas, y ello puede ocurrir sin que implique necesariamente una disminución de la temperatura media anual.
Acabamos la velada entre risas, bromas y brindis, como siempre. Mientras los observaba pensé que quizá no había sido con los argumentos científicos con lo que había logrado convencerlos, sino que había sido gracias a la amistad que nos une.
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