Día de Universidad

— ¿Cómo dices?
—Una fiesta IPod.
—Y qué es eso?
—Una fiesta donde toda la gente está escuchando música con cascos, de manera sincronizada, es decir… la misma música. Y en la sala se está en silencio.
—... ¿Ésta es tu propuesta final...?
—Sí.
Se hizo una pausa. Joan Torres, el jefe, se apoyó a su silla de cuero negro de su despacho, cogió aire mientras miraba hacia arriba, levantando las cejas, llenándose de paciencia con la mirada lejana al cuadro “Gato del rector”. Bajó la mirada, suspirando aire aún con las cejas alzadas, y mirando al joven Alex, comentó:
—De acuerdo, este será tu proyecto. De primeras veo difícil que puedas encontrar datos experimentales suficientes como para poder validar alguna hipótesis con la que puedas ganar el concurso, pero bueno. ¿Qué tienes pensado? — se acostó un poco — Cuál es tu hipótesis? – y con rintintín prosiguió—: Sorpréndeme.
Alex frunció una sonrisa, y dijo con orgullo:
—La variación del canto del individuo durante su relación con una pareja potencial en ambientes festivos intrasonorificados.
Joan puso los codos encima de la mesa, apilando una mano encima la otra, y, mirando a Álex, hizo una de sus habituales pausas en las que parecía que se hubiera quedado congelado. Dejaba de respirar y miraba de un modo tan quieto que parecía que un hechizo le hubiera inmovilizado. Alex se percató del momento. Esas pausas que hacia Joan eran famosas entre las clases, y los alumnos habían incluso llegado a realizar un estudio que relacionaba el tiempo de pausa con la subjetiva gravedad del asunto que precediera a ésta, y con el momento del día. El recordar dicha situación sobresaltó a Alex, y tuvo que barrar en seriedad las ganas de reír que le producía ver la famosa imagen congelada de Joan, a lo que apretó los dientes y frunció la boca, a modo de contienda, intentando inevitablemente no reír. En ello, y por costumbre, se puso a contar los segundos de la “empanada”, dado que Joan en estas situaciones tampoco decía nada, y eso apaciguó la incontinencia emocional que tenía Alex en ese momento, aplanándose en seriedad. Al segundo seis, el segundo medio según el estudio, Joan, con su larga cara regordeta, a continuación de sus pensamientos, dijo con tono plano:
—Espero que hagas de las tuyas, y saques conclusiones como bien sabes.
—Sí – dijo Álex, con certeza y respeto.
Joan apartó la mirada a un lado, miró la máquina de té nueva que tenía al lado, y con una excentricidad e ilusión también contenida, con la mirada fija a la máquina, dijo:
—¿Quieres un té?
Alex hizo balance sobre la cantidad de “síes” y “noes” que podría tener en su historial de respuestas y pensó en todos los alumnos y alumnas que quizá no aceptaron “sí o sí” el té durante las últimas reuniones de personal alumnado.
—Sí, – dijo Alex — ¿por qué no? — “Después de haberme tomado un café, ¿por qué no?” se dijo en ironía, sabiendo que sobre las ocho de la tarde estaría como una moto. En consuelo, pero, en aquel entonces estaría jugando a futbol o escaqueándose con Nati.
—No me mientas ¿eh? – dijo Joan. Joan era un tipo muy asertivo, muy directo, de estos tipos esbeltos a lo que gordos, que en su cuerpo albergan un sinfín de energía para un sinfín de tareas no relacionadas directamente con todo lo que sea movimientos a distancia, como podría ser jugar a básquet, bici estática, o, potencialmente, soltar una galleta. – Que lo sé yo, si no se quiere café. Si no quieres no pasa nada.
Alex sabía que, tras esta pregunta, de forma inherente, había el estudio que su primo le había encargado para determinar el agrado a un tipo de té por parte de un alumnado de la Universidad en reuniones de ese tipo. Todo ello, claro está, con tal de evaluar el potencial de consumo de la máquina de té. El aparato lucía un rojo metálico que lo hacía parecer atractivo, pero en realidad no era más que un producto mínimo viable, una chapucilla de electrodoméstico de dos botones.
—¿Cuál quieres? – Dijo Joan, de manera directa.
—¿Cuál tenéis?
—Emmm, creo que… – Joan se levantó de la silla — verde manzana… verde trigo… verde uva verde… - dijo rumiando.
—¡Jaj! ¿verde uva verde…?
—Sí, por lo que se ve encontraron un tipo de flavonoide que va muy bien para la digestión.
—Ah. Pues ponme este, por favor.
— De acuerdo.
Joan se levantó, cogió una cajita de madera, y sacó una bolsita de té.
– Sí… — añadió de nuevo a la conversación anterior— El artículo se llama – y con un inglés tremendamente limpio, dijo–: Assesment of grape flavonoids in … ahora no me acuerdo. Está en novedades, de la biblioteca Vegetales. Por cierto, ¿cómo llevas el tema de las mariquitas…?
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