La decisión

La suave brisa de aquella soleada tarde de agosto invitaba a salir a dar un paseo por la playa y a relajarse tomando un té helado. Pero Sofía prefirió quedarse en casa, a pesar de la insistencia de sus amigos y del incesante alud de fotos de gente en bañador cada vez que visitaba su perfil en las redes sociales. La situación por la pandemia de COVID-19 y las recomendaciones de distanciamiento social habían vuelto a Sofía un poco huraña, pero no tanto como para llevarla al extremo de no querer relacionarse más con sus amigos. Era otra cosa lo que la retenía en su casa. En un mes, Sofía debía presentar su tesis ante un tribunal que decidiría si los 4 años entre probetas y ordenadores habían sido suficientes como para otorgarle el deseado título de Doctora en Química. Y en su mente, la temida pregunta que muchos en su situación se habían planteado antes que ella: ¿qué quiero hacer después de graduarme?
Su tesis, aunque apasionante para ella y con un buen historial de publicaciones que acreditaban la calidad de su trabajo, no saldría en los grandes medios. Cómo mucho un par de retweets desde su cuenta personal. No había encontrado la cura para el cáncer, ni había descubierto un combustible libre de emisiones de CO2. Sofía se había dedicado a estudiar el uso de nanopartículas de cobre como catalizadores para formar enlaces químicos en moléculas orgánicas. No era la primera en hacerlo, ni sería la última, pero estaba orgullosa de su pequeña contribución al vasto conocimiento en la materia. Sin embargo, le frustraba no poder expresar toda su pasión cuando sus familiares y amigos le preguntaban que les explicase el contenido de su tesis, ella siempre iba directamente al detalle y usando todo el arsenal de tecnicismos. Fue así pues, que en medio de sus cavilaciones pre-defensa doctoral, empezó a tirar del hilo de los pensamientos y rememorar cómo ella había llegado a entender y disfrutar lo que a sus allegados les sonaba a élfico tolkiano. Se remontó al instituto, recordando el primer postulado de la teoría atómica de Dalton que dice que “el átomo es la unidad elemental y es indestructible e indivisible”. Sofía se quedó en blanco unos segundos, como si tratase de encontrar un poco de silencio ante el torrente de preguntas que se avecinaba. ¿Cómo podía ser que su primer contacto con la química fuese algo tan inexacto como aquello y sin embargo haber llegado a especializarse tanto? ¿Acaso los átomos no están formados por electrones, protones y neutrones? ¿Y acaso los protones y neutrones no pueden dividirse en partículas fundamentales llamadas quarks? Y así sucesivamente, con casi todos los conceptos que ella había aprendido sobre química. No era la primera vez que se había dado cuenta de que lo aprendido en los cursos más básicos estaba lleno de conceptos arcaicos y obsoletos, pero hasta ahora ella siempre lo había visto como anécdotas, curiosidades de la historia de la química, sobre mentes brillantes del pasado que por limitaciones tecnológicas no pudieron llegar a más. Pero ya no estaba tan segura de que el motivo por el cual se enseñase eso en los primeros cursos de química fuera en pro de la cultura general. Había algo más. Acercarse al conocimiento a través de los ojos de los que la precedieron, aun siendo un camino más largo, le sería más fácil que enfrentarse a los conocimientos que se tienen sobre química en la actualidad en el inicio de su formación. Claro, ¿cómo iba a entender a primeras que los electrones no orbitan los átomos cuál planeta a su estrella más cercana, en una órbita bien definida, si no que se distribuyen por una especie de nubes de probabilidad llamadas orbitales?
Toda esta maraña de pensamientos sirvió para responder la primera pregunta de Sofía. Ella quería poder contar su investigación a todas aquellas personas que por una razón u otra no se engancharon a la química como ella. Pero no quería explicar toda la historia de la química para poder luego explicar su tesis. Quería hablar de nanopartículas y de todos los descubrimientos recientes. Quería encontrar un lenguaje que sacrificara tecnicismos, pero que ayudase a sus interlocutores a acercarse al conocimiento. Sofía ya tiene claro que quiere hacer después de defender su tesis. Sofía quiere divulgar.
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