¿Y si ...?

Marie Curie cogió con delicadeza la pechblenda con unas pinzas y la colocó en el porta muestras. Se sentó en un taburete de madera y comenzó a ajustar el instrumento para medir la radiación de la muestra. Pierre se acercó a ella lentamente, sin hacer apenas ruido y se colocó a su derecha.

—Marie, ¿y si no?
—¿Y si no? ¿A qué te refieres?
—Bueno, me refiero a: ¿y si no hay ningún elemento más en la pechblenda y nos estamos obstinando en una quimera?
—Pierre —dijo Marie mirándole intensamente a los ojos—, esto ya lo hemos hablado antes. La pechblenda contiene solo una parte pequeña de uranio y es más radiactiva que el propio uranio puro, tiene que haber algo más. No puede ser de otra manera.
—Pero ¿y si hemos medido mal el uranio puro? ¿Y si nos hemos equivocado?
—Sinceramente, no lo creo; hemos medido el uranio puro decenas de veces con el mismo resultado y apenas hay variaciones. Lo hemos comprobado reiteradamente, hemos sido metódicos.
—Pero ¿y si la muestra está contaminada? ¿Y si el instrumento se ha descalibrado?
—Seamos serios. Nada de eso está pasando. La muestra está bien y el instrumento está calibrado. Estamos siguiendo la hipótesis más razonable, no es un absurdo.
—Pero ¿y si nos equivocamos? ¿Y si hacemos el ridículo presentando un nuevo elemento donde no lo hay?
—Pierre, ¿desde cuándo te ha importado a ti lo que piensen los demás? ¿Qué te pasa?
—No lo sé, Marie, no lo sé. Tengo miedo por ti, no por mí. Es tu tesis doctoral, yo quiero que seas doctora, que tengas una oportunidad como investigadora.
—Sé más que nadie en este mundo lo difícil que es abrirse camino siendo mujer, pero quiero dejar una cosa clara: los científicos tenemos derecho a equivocarnos. Si no, la ciencia nunca hubiese existido y estaríamos aun confabulando si la naturaleza puede explicarse o no. No es nuestro orgullo lo que está en juego, es la ciencia. Y negar a la ciencia esta oportunidad es volver a la caverna, a mirar las sombras de la pared. Y para ese viaje no hacían falta estas alforjas.
—Pero ¿y si...?
—¿Y si sí, Pierre? ¿Y si estamos en lo cierto? ¿Y si la pechblenda contiene un elemento mucho más radiactivo que el uranio? ¿Y si este nuevo elemento tuviera aplicaciones que fueran imposibles de imaginar? ¿Y si este descubrimiento cambiase el mundo?

Marie se levantó airada y se dirigió hacia el porta muestras, para colocarlo en una posición ligeramente más inclinada.

—Marie.
—Dime, Pierre.
—¿Qué haría yo sin ti?
—No lo sé, Pierre, no lo sé. Pero ten por seguro que no te dejaré averiguarlo —sonrió Marie con una mirada pícara en sus ojos.
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