EL GRAN VIAJE DE LOS ELECTRONES

Alba estaba muy emocionada, aquella noche apenas había podido dormir. El día que llevaba tanto tiempo esperando había llegado. Su clase tenía una visita a uno de los lugares más mágicos que ella nunca podría haber imaginado, el sincrotrón Alba. Desde muy pequeña, su pasión por las ciencias era abrumadora, inclusos sus padres, se sorprendían de la capacidad de su hija por aprender cosas nuevas en ese ámbito.
El despertador sonó varias veces, pero Alba se hizo la remolona y no se levantaba. Su madre tuvo que ir a despertarla a su habitación.
- ¿Alba, estás bien?
- Sí.
- Hija, son las 8:00, hora de levantarse para ir al colegio.
- Voy mamá, Alba dio un salto y en 5 minutos estaba preparada, estaba tan nerviosa que apenas no había podido dormir durante aquella noche.
- Tranquila Alba, la visita irá muy bien y tú y tus compañeros os divertiréis mucho.
- Gracias mamá.
Alba cogió su mochila y salió decidida a pasar un día lleno de aventuras.
La llegada al sincrotrón fue muy rápida, todos estaban en fila y en silencio esperando para entrar. Alba estaba la tercera de la fila con sus dos mejores amigos: Cristina y Joan, eran inseparables y cuando de ciencias se trataba eran los más aplicados de la clase.
Los recibió una chica muy amable que los llevó al interior del recinto donde se encontraba el sincrotrón. Les mostró un par de maquetas a pequeña escala con las que les explicó que era la luz sincrotrón y para que se utilizaba. Llegó la ronda de preguntas y Alba contestó:
- “la luz es un tipo de onda electromagnética que se propaga a través de la materia y a través del espacio vacío”
- Muy bien Alba, dijo la profesora.
Siguieron caminando por la sala hasta que se pararon en un poster en el que pudieron observar el espectro electromagnético, en el que estaban representadas todas las radiaciones, desde las ondas de radio hasta los rayos gamma, como todos ellos sabían - el sincrotrón utilizaba para los experimentos que allí se llevaban a cabo la radiación de rayos X hasta la radiación infrarroja.
A continuación, había una gran sala en la que por fin pudieron ver el gran acelerador de partículas. Alba, Cristina y Joan se quedaron largo rato admirándolo, apenas unos minutos después se encontraban los tres solos en la gran sala. No se escuchaba nada y no tenían idea de por donde habían seguido la visita sus compañeros. Decidieron dirigirse hacia la izquierda y encontraron una gran puerta abierta, entraron y al momento se encontraban en un lugar totalmente diferente en el que apareció un pequeño ser redondito con un signo negativo en el centro. Los tres niños se sorprendieron y se miraron viendo que ellos mismos tenían el mismo aspecto.
- Hola amiguitos, ¿Cómo estáis?
- Cristina y Joan no cambian en su asombro. En cambio, Alba estaba encantada.
- Disfrutar del viaje y espero que no tengáis miedo a la velocidad.
Alba fue la primera en ser propulsada siguiendo al nuevo amiguito que habían encontrado allí dentro. De golpe Alba dio un gran grito, al cual le siguieron los gritos de Joan y Cristina que como bien Alba dedujo venían detrás de ella impulsados a gran velocidad, ellos 4 formaban un paquete de electrones que circularían durante un largo tiempo por el acelerador de partículas.

El circuito a través del que se movían Alba y sus amigos estaba formado por unos grandes imanes de color azul (imanes de direccionamiento dipolares), que cada vez que pasaban por ellos les redirigían para que siguieran en la misma curvatura del anillo en el que se encontraban. Muy cerca de estos imanes, se encontraban los imanes deflectores cuadripolares, éstos eran de un color beis clarito y servían para concentrar el haz de luz, por lo que cada vez que pasaban por ellos los cuatro amiguitos resplandecían como una estrella. Por último, entre los imanes había unas zonas de aceleración (formadas por cavidades de radiofrecuencia y campos eléctricos) que hacían que en ningún momento perdieran velocidad. Además de sentirse un tanto mareados de tanta vuelta a velocidad increíblemente alta, casi a la velocidad de la luz, se sentían encantados. Después de unas cuantas horas dando vueltas fueron proyectados hacía un tubo en el que se mantuvieron unos segundos hasta ser enfocados por un pequeño aparato del que brotaron con un gran brillo, de forma pulsada (con los cuatro amiguitos como un paquete emitiendo un pulso de luz), de forma polarizada incidiendo como rayos X en la proteína que tenían delante. En ese mismo instante Alba escuchó un gran estruendo dándose cuenta que el despertador no paraba de sonar en su mesita de noche, se despertó y se dio cuenta que todo había sido un sueño.
  • Visto: 43