Teoría de cuerdas...locuras

Pura teoría física. Y mental.
En mi caso, todo ocurrió como hace un mes, o mes y medio. Más o menos. Un día normal, como otro cualquiera. Como el anterior, o como el anterior al anterior. Iba en el coche, al trabajo, cuando me fijé en la aguja que marca el nivel de combustible. Estaba en las últimas rayas. Se me hizo raro, raro, raro ya que no hacía tanto tiempo que había estado repostando. En un ejercicio de cordura, que ya se sabe que la cuerda locura ata y desata a la loca cordura, no me dejé llevar en caliente por indemostrables teorías conspiranoicas. En vez de ir y pensar que el de la gasolinera, a la que llevo acudiendo hace muchos años, me había timado, lo achaqué a lo que parecía más lógico, más empírico, a lo primero que cualquiera hubiera pensado en una relación directa causa efecto. Alguien, con un tubo de goma y mediante el sistema de succión, lo había dejado seco.
De todas formas decidí que lo mejor era dejarlo pasar. Volverlo a llenar como si no hubiese pasado nada. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. A relativizar los problemas. Y a elegir las batallas. Descarté, fíjate, incluso, hacer guardias nocturnas para atrapar al infractor o infractores con las manos en la masa si lo intentaban de nuevo.
Pero, hace una semana, o y media, como en un déjà vu, me encontré sentado de nuevo en el coche enfrentándome de nuevo a la misma situación. En vez de pensar que el de la gasolinera, a la que llevo acudiendo hace muchos años, me había timado, lo achaqué a lo que parecía más lógico, más empírico, a lo primero que cualquiera hubiera pensado en una relación directa causa efecto. El indicador analógico, de aguja, del combustible se había estropeado. De hecho, juraría que conforme pasaban los kilómetros subía en vez de bajar. Luego el coche, en cualquier momento, podía pararse en seco.
De todas formas decidí que lo mejor era dejarlo pasar. Volverlo a llenar como si no hubiese pasado nada. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. A relativizar los problemas. Y a elegir las batallas. Seguramente al llenarlo de nuevo se arreglaría solo. Como cuando apagas y enciendes a lo bruto, un reset, el ordenador atascado.
Pero, hace unos minutos, tras repostar y poner en marcha el coche, me he encontrado una vez más sentado en el coche enfrentándome a la misma situación. Peor. No solo estaba en las últimas rayas, estaba a cero. La vida, con los años, te enseña a ver las cosas desde otras perspectivas, desde otros puntos de vista. Así me he dado cuenta de que llevaba mes y medio mirando el indicador de combustible del coche al revés. De todas formas, relativizando, he decidido que lo mejor era dejarlo pasar. Y no contárselo a nadie. Que tampoco tengo muy claro a qué venía todo esto...
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