El Cuerpo del Mañana

—La tendencia ha vuelto a cambiar: ya no serán rosas y amarillos, sino verdes y azules. Al menos para el cabello. Para los ojos no habrá patrones establecidos, o serán, como de costumbre, excesivamente breves. Lo más seguro es apostar por los tonos claros. Suelen resaltar más. Creo que los labios se mantendrán con su asimetría habitual: superiores carnosos y redondeados, acompañados de unos inferiores más tersos y finos. La nariz, en cambio, se ha vuelto más céntrica que nunca. Aunque siempre agradan las extravagancias, conviene ser especialmente creativo. Un puente prominente y bien recortado, combinado con orificios pequeños y una punta levantada de las que facilitan la respiración, por ejemplo. Para los pómulos es mejor mantener el modelo actual, siempre que lo acompañemos de hoyuelos en las mejillas. A ser posible de cierta profundidad. La piel siempre es una incógnita: hemos pasado rápidamente de tonos pálidos a ocres, y de la uniformidad absoluta al expresionismo más abstracto. Es imposible acertar con el color o la textura, por lo que mejor no hablar de grabados. Aquí lo más apropiado es decantarse por la originalidad, pero sin grandes inventos. Por poner un ejemplo: un tono muy pálido con “brochazos” de pigmentación carmesí sobre los contornos más gruesos, o “salpicaduras de pincel” para decorar los más finos. Si se prefieren a la vista, los antojos deben acabar en el cuello, la nuca o las muñecas. Nunca en el rostro o las manos. En estos, lo efectivo son detalles discretos y poco más. Sobre la complexión, la inclinación general es decantarse por cuerpos esbeltos con una musculatura bien definida. Está comprobado que una ligera desproporción de los glúteos llama la atención, así como de las manos. Pero el equilibrio es delicado, no conviene exagerar. En cuanto a la estatura tampoco es conveniente sobrepasar los márgenes aceptados. Hay quien se aprovecha de la tendencia para rebasar el estándar unos centímetros, pero esta decisión no resulta del todo saludable. Las recomendaciones están por algo. De las partes íntimas no hablaremos. Para eso hay otros asesores con los que también conviene entrevistarse. Por último, está la cuestión más delicada y circunstancial: la edad. Para mantener el máximo grado de belleza, lo ideal es mantenerse dentro del rango de máximo rendimiento estético. Pero hay un factor a tener en cuenta: debemos saber si queremos conservar la carga genético o no. Los genes adjudicados por herencia suelen ser caprichosos e impredecibles. Podrían desplazar ligeramente los rangos de máximo rendimiento estético, aparte de causar otros efectos no deseados.
—¿Qué recomienda en mi caso?
—Yo siempre recomiendo dejar atrás el pasado y archivar la carga heredada como recuerdo.
—Podría empezar completamente desde cero, pero, ahora que lo pienso, no ha dicho nada de la cuestión sexual. ¿Qué marca la tendencia al respecto?
—Es mejor ser prudente y no sexualizar nuestro cuerpo de manera categórica.
—Pero, durante mi última encarnación pude ver mujeres y hombres claramente definidos.
—Solo en apariencia. En realidad, se trata de meras personalizaciones superficiales.
—Comprendo —meditó la voz un instante—. Creo que necesitaré algo de tiempo para decidirme.
—Naturalmente. Si le parece, podríamos empezar por esbozar una imagen humana cualquiera y la vamos personalizando progresivamente. Así podrá visualizar mejor su cuerpo del mañana.
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